Just Made To Touch


Notas de la Autora: Bueno, mucho tiempo después del último capítulo, aquí tenéis unos nuevo. Lo encuentro flojo flojísimo, y me ha costado una barbaridad hacer la última escena, pero pensad que me he tirado meses sin tocar esta historia, así que me liaba mucho intentando recordar detalles de lo que había pasado. Lo siento si ha quedado raro!

Rinoa Haatirii: Como verás, el capítulo que sigue también tiene conversaciones extrañas, pero aún no se pone demasiado serio! Siento que sea tan cortín, a ver si para el próximo puedo alargarlo algo más.

HarukaIs: así es, pero con lo que no cuenta Rinoa es que Seifer puede resultar más molesto que útil!

Neko-Tachi: Tomarme el tiempo y la molestia de leer vuestros reviews es lo que más me anima a no olvidarme del todo de estas historias! Realmente siento en el alma tardar tanto en actualizar, pero os aseguro que les doy más vueltas de lo que pueda parecer y trabajo más en estas historias de lo que se ve en las actualizaciones! Lo de Quistis y Rinoa encerradas en algún sitio estrecho para dar esquinazo a Selphie... si te soy sincera, también se me ha pasado por la cabeza, y no descarto que termine pasando algo por el estilo. Muchas gracias por los ánimos, y espero que este capítulo no resulte mucho más flojillo que el anterior.

Hikki- chan: Pues la racha no me duró tanto, pero al final salió algo más! Una vez más me disculpo por el retraso, y espero que lo paséis bien leyendo este nuevo capítulo =3

Aliethz: Siento no haberlo subido antes! Pero si sientes curiosidad, sigue leyendo!

Layla Scarlett: Pues aguanta porque está por encima del resto de los mortales XD


CAPÍTULO X: CONSPIRACIONES.


- No tienes que intentar nada físico – continuaba repitiéndome – Todo ha de ser verbal. A las mujeres se las conquista sutilmente, no sois tan simples como nosotros.

Yo rodé los ojos hacia un lado, aún sentada sobre la mesa de los instructores, mientras Seifer seguía a mi lado, dándome consejos sobre como seducir a otra mujer.

- Si te acercas demasiado, o si intentas cualquier otra tontería, la incomodarás – decía esto mientras hablaba casi a mi oído.

- Seifer, mi intención es precisamente esa – Si seguía sus consejos seguramente no conseguiría nada – Lo que quiero es ver si se pone nerviosa en situaciones así.

Seifer rió por lo bajo, y miró de reojo al resto de alumnos que había en la clase, sentados en sus escritorios o hablando entre ellos, formando algún que otro pequeño corrillo, mientras esperábamos a Quistis.

- Pero este juego no funciona así, pequeña – me aseguró con una sonrisa confiada – Si te acercas de esa manera, Quistis se pondrá a la defensiva, y lo último que sabrás es qué pasa por su cabeza. Sois así ¿sabes? Capaces de ocultar el mayor crimen imaginable en vuestro interior y jamás lo sabría nadie. ¡Inescrutables!

Yo lo miré como si no me creyese una sola de sus palabras. Sabía perfectamente que yo no era capaz de ocultar nada, así que de alguna manera me sentía un poco extraña al oírlo hablar de las mujeres en general de esa manera.

- Bueno, a ti no se te da muy bien eso, pero por norma general el resto de mujeres son más así – se defendió cuando vio la cara con la que lo estaba mirando –. Y Quistis es más así que ninguna otra mujer.

- ¿Y por qué tengo que hacerte caso? - le pregunté cruzándome de brazos.


Porque sería mucho más divertido si lo hacía a mi manera, que si lo hacía a la suya.

- Tan solo tienes que bromear con ella – le dije – Hacerle algún que otro comentario que se pueda entender de manera sexual, pero tiene que ser sutil, que sólo sea capaz de entender lo que le estás diciendo por tu sonrisa y cómo la miras.

- Eso ya lo he probado – dijo ella.

- Pero antes tienes que conseguir que baje la guardia – le aseguré.

Realmente era así de fácil. Conocía bien a la instructora, y sabía que por norma general no era nada fácil hacerla perder los nervios. Pero había momentos, pequeños lapsos de tiempo en su día a día, donde podías conseguir cogerla casi desprevenida. Tiempo atrás había sido bastante fácil dejarla sin palabras contraatacando cuando pensaba que no lo haría. Si ella intentaba dejarme en mi lugar y la rabia la hacía perder un poco su calma y templanza habitual, bastaba con un ataque directo y algo más agresivo para que vieses hasta qué punto podía perder la paciencia.

En este caso ese ejemplo no le serviría de mucho a Rinoa, pero estaba convencido de que el funcionamiento de aquella mujer era bastante parecido en cualquier situación.

- Procura tratarla como siempre durante unos días, que crea que todo vuelve a ser normal – le aconsejé – Deja que baje la guardia, y entonces, el día que la veas tan tranquila que sea capaz incluso de reír al oír alguna chorrada... Si es que es posible hacerla reír... - maticé – aprovecha.

- He oído reír muchas veces a Quistis – dijo ella frunciendo el ceño –. No es tan borde como la gente cree.

- ¡No te pierdas en los detalles y hazme caso! – le regañé – Deja que se relaje un poco estando contigo, y cuando menos lo espere, hazle algún comentario raro.

Por primera vez parecía sopesar aquella posibilidad, y un minuto después cierta sensación de dejà vú me invadió.


- Seifer, ¿Qué haces aquí? - preguntó Quistis en cuanto entró.

Yo me giré hacia ella, y ni siquiera me miraba. Tenía un par de libros y algunos papeles bajo uno de sus brazos, y su expresión tranquila, aunque algo extrañada, era toda para Seifer. Él se limitó a sonreír con arrogancia, bajar del escritorio, y plantarse frente a ella.

- Echaba de menos a la mejor instructora del Jardín – dijo, pronunciando la palabra mejor con aire de burla.

- Pues lo siento por ti, pero no estás en esta clase – dijo ella simplemente, acercándose a su asiento y dejando sus cosas a mi lado, sobre su escritorio – Baja de la mesa, Rinoa...

No parecía enfadada ni molesta. Simplemente me pidió que bajase de allí, y yo obedecí con calma.

- ¡A sus órdenes! - contesté al tiempo que bajaba, y ella me miró por un segundo.

Tal vez habría esperado que me comportase de alguna manera más arisca, o que volviese a atacarla aprovechando la proximidad. De alguna manera parecía sorprendida por que hubiese actuado como si tal cosa. Miró de nuevo a Seifer, y éste metió ambas manos en los bolsillos de su gabardina y le devolvió la mirada.

- ¿Quieres algo? - preguntó levantando una ceja.

- Volver a tus clases – contestó él sin más – El resto de instructores son aún más aburridos que tú, y tienen menos curvas.

- Pues lo último que yo quiero es tener que sufrirte de nuevo como alumno – contestó ella – Así que, por favor...

Señaló hacia la puerta, y Seifer sonrió de nuevo antes de dirigirse hacia ella. Antes de desaparecer sin embargo miró hacia mí y me dedicó una expresión decidida, mientras sentía una sola vez. Quistis no vio nada de esto, claro está, y yo me senté en mi sitio sin cruzar una sola palabra con nadie.

Miré por la ventana por un instante, al tiempo que ella comenzaba a hablar, y suspiré mientras me resignaba a aceptar que Seifer estaría en lo cierto. Cuando llegas a un punto en el que has liado demasiado un puzzle, lo mejor es deshacerlo y volver a empezar.


Me dijeron que las encontraría allí, y allí estaban.

Di un par de pasos hacia ambas, y a medida que me acercaba empecé a oír su conversación.

- Si la usas así no mejorará tus parámetros – decía Quistis mientras señalaba la página de un libro – Siempre es más beneficioso que las uses en el enlace de suerte que directamente en el de ataque de estado.

Rinoa estaba frente a ella, mirando fijamente lo que señalaba.

- Poder matar a un enemigo de un solo golpe es bastante beneficioso... - murmuró ella con cara de inconformismo.

- Pero no todos los enemigos serán tan susceptibles a ese efecto como un arqueosaurio – contestó la instructora –. Muchos son incluso invulnerables.

- Invulnerables a la muerte... eso es como si fuesen inmortales, ¿no? - bromeé yo, haciendo que me prestasen atención por fin.

Quistis me miró por encima de sus gafas, y después se recostó un poco sobre el respaldo de su silla.

- Muerte es una magia de estado que puede fulminarte sin más – explicó, como si se hubiese tomado al pie de la letra lo que yo había dicho – Cambia tu estado de ser vivo, a lo contrario. Pero aún siendo inmune a dicho estado, puedes morir por un ataque, una enfermedad o cualquier otro tipo de agresión.

Se hizo un silencio por un instante, y acto seguido oí como Rinoa escribía algo apresuradamente en un pedazo de papel.

- Ya lo sé, Quis – le aseguré mientras tomaba asiento – Sólo bromeaba.

- ¿Qué haces aquí? - me preguntó justo después, y yo me encogí de hombros buscando una buena excusa.

- No os vi por ningún lado y pregunté por vosotras – dije sin más.

Irvine y Zell andaban en una misión, y yo no podía estar más aburrida. Así que recordé a mis dos queridas amigas, y comencé a buscarlas. Cuando me dijeron que las habían visto yendo juntas hacia la biblioteca me interesé más aún, y decidí que mi lugar estaba allí.

De nuevo volví a mirar hacia Rinoa, que volvió a rebuscar entre aquellos papeles sin levantar siquiera la vista hacia ninguna de las dos.

- Es cierto que el otro día, en el centro de entrenamiento, conocías a tu enemigo de antes y sabías que tenías muchas posibilidades de que un solo golpe te bastase para acabar con él – continuó explicándole Quistis, ignorando mi presencia -. Pero si haces algo así en cualquier examen o prueba, te restará muchos puntos.

Era posible que durante días me hubiese olvidado de aquel asunto de Quistis y Rinoa, pero a veces había momentos en los que lo veía todo tan claro...

Bueno, no lo veía nada claro, la verdad, pero la expresión de Rinoa era algo con lo que nunca podías equivocarte, y por mucho que ambas lo negasen, la cara de la chica seguía diciéndome a gritos que algo pasaba cada vez que lo insinuaba.

- Lo tendré en cuenta – contestó Rinoa asintiendo.

- Qué aplicada – observé yo mientras me apoyaba con ambos codos en la mesa, y la barbilla entre mis manos - ¿Tienes examen o algo así?

- No, pero ando algo perdida estos días, y le he pedido a Quistis que me eche una mano.


Se había puesto algo nerviosa cuando vio entrar a Selphie, pero aún así mantenía la calma.

Me había asustado un poco que me hubiese pedido ayuda así de repente, pero supuse que quedaría aún más extraño negársela, así que acepté.

- En ese caso tampoco te corre tantísima prisa, ¿no? - dijo Selphie.

Parecía aburrida, y la forma en que miraba a Rinoa solo podía significar una cosa.

Tengas lo que tengas en mente, no me apetece – contestó Rinoa antes de que Selphie pudiese proponerle nada.

Continuaba con los ojos clavados en sus apuntes, y Selphie se dejó caer sobre el respaldo de su silla cruzándose de brazos.

Mi atención sin embargo acababa de dividirse entre lo que ocurría en nuestra mesa, y lo que pasaba junto a un par de estanterías que había al otro lado de la habitación. Desde allí, Shu nos observaba en silencio. No sé cuánto hacía que había aparecido, pero en cuanto se fijó en que la estaba mirando me dedicó una extraña sonrisa y continuó disimulando, mirando de tanto en tanto algún que otro libro.

Rinoa volvió a preguntarme algo, y yo devolví mi atención a los libros que teníamos sobre la mesa. Me extrañaba muchísimo que la actual comandante suplente no tuviese nada más apremiante que hacer que estar allí entreteniéndose con lo que pasaba o dejaba de pasar en mi vida, pero aún así sabía que no se movería de la biblioteca así como así.


Lo estaba haciendo todo justo al revés.

Rinoa parecía estar realmente concentrada en aquella clase extraoficial de apoyo académico, pero yo le había dejado bien claro que dejase pasar unos días de normalidad antes de mover ficha, y sin embargo ella no se despegaba de la instructora.

Cambié la posición de mis pies, ambos cruzados sobre la mesa, y pasé la página de aquella revista. Ni siquiera la estaba leyendo, y las chicas de la biblioteca lo sabían perfectamente. Llevaban más de media hora mirándome con cara de pocos amigos desde el otro lado del mostrador, pero al parecer no se ponían de acuerdo sobre cual de las dos debía venir a llamarme la atención.

Pasé otra página más, y por fin, Rinoa volvió a mirarme.

Me había colocado tras la instructora, varias mesas más atrás, de manera que Rinoa pudiese verme bien claro cuando moviese los labios para decirle que dejase de hacer idioteces. Aún así, siempre fruncía el ceño y volvía a centrarse en sus papeles y libros. La otra pesada parecía resistirse también a dejarlas solas, pero cada minuto que pasaban ignorándola parecía más impaciente. La siguiente vez que habló fue Quistis la que le contestó, y por la expresión enfurruñada de la chica, diría que no le gustó lo que oyó.

Mientras esto pasaba, Rinoa volvió a mirarme con cara de pocos amigos, y yo le hice un gesto con la mano frente a mi cuello, indicándole que era hora de abortar aquella estúpida misión de hacer de alumna aplicada para llamar la atención de su instructora.

- ¿Os estáis burlando de Quistis?

Si Trenmaldí hubiese irrumpido por la puerta de la biblioteca a toda velocidad en aquel preciso instante, no me hubiese asustado tanto. Bajé los pies de la mesa y arranqué una página de aquella revista del mismo sobresalto, y Shu ni siquiera se inmutó.

- ¿Qué? - conseguí balbucear al cabo de un minuto.

- Llevo un buen rato observándoos ¿sabes? - dijo, mientras agarraba una silla y la aproximaba a la mía – veo que le estás haciendo gestos a Rinoa, y... se me ha ocurrido una idea bastante molesta.

Nunca me habían importado demasiado las amenazas de aquella examinadora, si no más bien al contrario. Creo que si su voz sonase un poco menos sexy al enfadarse, no habría suspendido tantas veces mis anteriores exámenes.

- Yo no... - dije, algo perdido.

- Es que me parece muy curioso – me cortó –. Rinoa empieza a hacer cosas un tanto extrañas, y de repente te veo a ti mandándole señales sospechosas... ¿Y sabes qué creo...?

Se acercó un poco más, y no sabría deciros si sonaba más amenazadora o más sensual.

- Me parece que a alguien se le ha ocurrido aprovecharse de los sentimientos de una chica encantadora para divertirse un rato... - ahí me perdí un poco, no entendía a quién se estaba refiriendo exactamente.

- Creo que te estás equivocando – contesté, intentando componer mi sonrisa más confiada.

- Eso espero – dijo levantándose de la silla – Porque si tienes algo que ver con el comportamiento de Rinoa, tendré que aligerar el poco peso que sostienen tus pantalones.

Me llevé una mano de manera instintiva a la entrepierna, pero lo hice sólo porque mi mente estaba tan ocupada en lo que Shu había dicho sobre Quistis, que no me di cuenta de lo que hacían mis manos.

- Espera – susurré, agarrándola de la muñeca antes de que terminase de girarse - ¿La chica encantadora es Quistis? - De ser así, confirmar si la instructora era lesbiana iba a resultar mucho más fácil de lo que Rinoa pensaba - ¿Qué sabes tú de todo esto?

Se zafó de mi agarre sin muchas complicaciones, y me miró durante un minuto más con el ceño fruncido antes de contestar.

- Hasta ahora, que Rinoa está haciendo cosas muy raras que sólo consiguen confundir a Quistis – dijo girándose poco a poco – Y que al parecer tú tienes algo que ver, por lo que podría ser todo una broma de muy mal gusto.

- Siéntate un segundo ¿quieres? - le pedí – Tal vez no te lo creas, pero Rinoa no se está burlando de nadie... creo.

El último "creo" le restaba credibilidad al resto de la frase, pero aún así Shu se sentó y se cruzó de brazos.

- ¿Crees? - preguntó levantando una ceja - ¿Quieres decir que tus gestos no tienen nada que ver con Quistis?

- Lo tienen todo que ver, pero no como tú piensas – aclaré – Rinoa me dijo que quería saber si a Quistis le gustan las chicas, y yo me ofrecí a ayudarla.

Ante mi última palabra, Shu dejó escapar una sonora carcajada. Tanto las bibliotecarias como las tres chicas sentadas en el centro de la biblioteca se giraron para mirarnos, y yo hice todo lo posible por disimular.

- ¡Las revistas de armas también son lectura! - fingí defenderme en voz alta, y Shu me miró como si fuese un bicho raro – Si Quistis se entera de lo que estoy haciendo... - murmuré entre dientes.

- Por lo que sé, Quistis ha dejado bien claro lo que pretende, y Rinoa le había dejado bastante claro que no quería nada con ella – dijo Shu bajando la voz – Así que esa excusa no te sirve, Almasy.

Fruncí el ceño, y procesé aquello durante un buen rato. Esa versión de los hechos era bastante más detallada y confusa que la que Rinoa me había dado.

- Pero... - dije, confuso – eso no es lo que Rinoa me ha contado...

Shu me miró de manera suspicaz, y por lo visto, tomó mis palabras en serio por primera vez.

- ¿No estás haciendo todo esto para joder a Quistis? - preguntó, sin creérselo.

- No... - contesté sinceramente – Quería ayudar a Rinoa...

De nuevo, la palabra ayudar dicha en mis labios no parecía encajarle del todo. Se giró hacia la otra mesa, y observó durante un buen rato lo que ocurría en ella. Las tres muchachas volvían a dedicarse a sus cosas. Rinoa seguía concentrada en sus libros, y Quistis intercalaba su atención entre ella y Selphie, explicándole cosas a Rinoa mientras contestaba desganada a lo que la otra muchacha iba diciéndole de rato en rato.

- Hasta donde yo sé – dijo Shu de repente, sin dejar de mirarlas – pasó algo entre las dos, y Quistis se hizo ilusiones... Después... debieron hablar, porque Quistis me dijo que Rinoa le había dejado bien claro que no le interesaba. Y ahora, de repente, Rinoa ha empezado a irle detrás, y Quistis no sabe muy bien como tomárselo.

Yo volví a fruncir el ceño, y de nuevo pensé en lo que me acababa de decir.

- Cuando dices que pasó algo... - indagué – te refieres a que Quistis besó a Rinoa ¿verdad? - al menos eso era lo que Rinoa me había contado.

- No tengo ni idea – me confesó encogiéndose de hombros – Yo le dije a Quistis que continuase intentándolo, que no se rindiese... Espera, ¿Rinoa te ha dicho que Quistis la había besado?


Al principio estaba convencida de que había descubierto por fin qué estaba ocurriendo. Todo apuntaba a que Rinoa y Seifer habían descubierto lo que Quistis sentía por Rinoa, y se habían propuesto reírse a su costa. Eso explicaría por qué Seifer andaba haciéndole gestos extraños, y por qué Rinoa intentaba seducirla después de haberle dejado bien claro que no le interesaba lo más mínimo. Ahora sin embargo dudaba de todo aquello, y lo más importante, me había dado cuenta de que Seifer podía tener acceso a una información que yo no habría conseguido jamás por mis propios medios.

- Rinoa me contó que Quistis la había besado – me dijo -, y después oyó por ahí lo de aquellos rumores sobre Quistis, hace un par de años... - todo el mundo los conocía, así que sabía perfectamente de qué hablaba – Así que le entró nosequé duda existencial sobre quién es realmente Quistis Trepe, y decidió investigar por su cuenta si le interesan o no las mujeres.

Y por eso llevaba días haciendo aquellas aproximaciones innecesarias, y tentándola a cada oportunidad.

- Mira, te seré sincero – aclaró, volviendo a inclinarse sobre la mesa – Los temas amorosos de los demás me importan más bien poco, pero esta academia vuestra es mortalmente aburrida si no me dejáis martirizar a nadie...

- Así que lo haces por divertirte... - dije.

- Y tú por ayudar a tu amiga del alma ¡cuán noble examinadora eres! - exclamó de manera exagerada - ¿A que Quistis no te deja hacer nada al respecto? - Estaba en lo cierto – Por muy buena amiga que seas tú, no puedes hacer nada por ayudarla. Pero yo sí.

De repente no discutíamos qué sabíamos de lo que ocurría entre ellas dos, ni las intenciones egoístas de aquel alumno; en su lugar, Seifer me estaba ofreciendo la posibilidad de tomar cartas en el asunto en mi lugar.

- Tú dale los consejos adecuados a Quistis, y yo haré que Rinoa no pueda sacársela de la cabeza – me aseguró.

Le prometí que no le diría nada a nadie, y que no intervendría de ninguna manera. Pero aquel mendrugo tenía acceso a una información a la que yo no podría llegar sin incumplir esas promesas. Él sabía qué pasaba por la cabeza de Rinoa, o mejor dicho, podía llegar a saberlo.

- De acuerdo, ahora escúchame con atención – le dije, y me acerqué un poco más a él – Dices que Rinoa sólo quiere saber qué le interesa a Quistis, pero sigo sin creérmelo. No puede ser tan tonta como para no saberlo ya. Así que ya puedes sacarle la verdad.

- Está claro que nos falta información... - dijo, mordiéndose una uña.

- Y de Quistis no la conseguiremos nunca – le aseguré – Tienes que sacarle todo lo que puedas a Rinoa, y... después decidiremos qué debemos hacer.

Selphie se levantó de golpe al otro lado de la sala, y los dos miramos hacia ella. Parecía enfadada, y después de decir algo hacia las otras dos chicas, se fue.

- ¿Crees que sabrá algo? - me preguntó Seifer, señalando con la cabeza hacia la muchacha.

- Si lo supiera, ya se habría enterado medio Jardín – le aseguré.

Selphie Tilmitt no gozaba de muy buena fama guardando secretos, y cruzaba los dedos para que los de Quistis no llegasen nunca a sus oídos, porque entonces sí que estaría todo perdido.