He aquí un nuevo capítulo después de siglos sin actualizar, no es una historia demasiado larga pero espero que os guste ^^
Había una vez, hace muchos muchos años una princesa solitaria que vivía encerrada en un enorme castillo. La princesa tenía un sueño. Algún día conocería a una persona que la amaría por como era y no por su título. Algún día entregaría su corazón solo a esa persona y nunca se separaría de ella. Pero la princesa era muy tímida y vergonzosa, por lo que le costaba mucho hablar con los príncipes que visitaban su castillo.
Un día la princesa fue hecha llamar por su padre. Se había decidido que su país formaría una alianza con el país vecino. Para ello el príncipe heredero y ella deberían casarse. La princesa, al verse obligada a casarse sin amor corrió a llorar a su cuarto.
No importó lo mucho que la joven suplicó y suplicó, su padre no le hizo caso y el compromiso siguió adelante.
Pocas semanas después su prometido llegó a palacio para conocerla. La princesa estaba tan nerviosa que no podía controlarse y que incluso pensó en correr y esconderse, pero no tuvo tiempo de hacerlo. El hombre al que iban a unirla y sus escoltas entraron en la sala. En cuanto vio al príncipe la princesa recupero todo su esplendor pese a que en su interior era presa del pánico. Había sido educada como una dama y así se comportaría por muy asustada que estuviese. Lo que no esperaba fue que su prometido estuviese tan nervioso y asustado como ella. Parecía temblar y tartamudear pero cuando habló lo hizo con una voz clara y segura. La princesa quedó sorprendida por la determinación del joven pero eso no fue suficiente para que fuese feliz con el arreglo de su vida.
Esa tarde la princesa corrió a su lugar preferido, el pequeño establo donde dormía su pony. Subida a él se dirigió a un hermoso prado lleno de flores cercano al palacio y se sentó bajo un enorme árbol.
Descansando contra el árbol no se dio cuenta de que alguien se acercaba. Se trataba del príncipe, que al verla y deslumbrado por su belleza no pudo evitar acercarse.
Ninguno de los dos dijo nada durante un rato, pero derepente el príncipe se levantó y se dirigió hacia un enorme rosal, cuando volvió llevaba en la mano una hermosa rosa de color rosa. Se la colocó en sus rubios cabellos y le dijo:
-Como me figuraba, el color rosa resalta tu belleza.
Desde ese momento la princesa cayó profundamente enamorada del príncipe y siempre se aseguró de llevar algo rosa puesto.
-Eso está muy bien Feliks, ¿pero por qué me lo cuentas?
-Cállate Liet, ósea estoy intentando contarte un cuento antes de dormir. Deberías como que agradecérmelo.
-De acuerdo
Pocos días después se celebró la gran boda. La princesa no podía ser más feliz por pasar los días junto a la persona que amaba pero deseaba saber que sentía el príncipe por ella. Un día armada de valor se dirigió a sus aposentos para hablar con su esposo pero no tuvo la oportunidad de preguntarle. La princesa descubrió que acababa de proclamarse la guerra contra un poderoso país cercano y su marido debía ir a luchar.
La princesa sufrió mucho durante la batalla, desando que su amor estuviese a salvo pero su destino no hizo más que empeorar cuando recibió la noticia de que habían hecho prisionero al príncipe y perdido la guerra.
La princesa debió ocuparse de su reino, pero por las noches lloraba y lloraba por la pérdida de su amado y rezaba porque se encontrase bien. No importaba cuanto tiempo pasase hasta que el príncipe fuese libre, ella siempre lo esperaría. Sin importar cuantos siglos pasasen.
-Feliks, esa historia… Esa historia se parece un poco a la nuestra. El compromiso entre los dos países, la guerra contra Rusia y como nos separamos.
Polonia no respondió, únicamente miraba la pared opuesta, impidiendo a Lituania ver su rostro. Toris se acercó al joven, y cual fue su sorpresa al descubrir que sus mejillas estaban húmedas.
-Feliks, ¿por qué lloras?-, preguntó el lituano situándose frente a él y enjuagando sus lágrimas con su dedo.
-Aún no te das cuenta, tonto. Esa princesa como que soy yo, yo soy el que estaba asustado de la unión de los países, al que le encanta el rosa solo por que tu dijiste que me quedaba bien, soy el que lloró todas las noches esperando que volvieses a mi lado, yo soy el que lleva desde que nos conocimos perdidamente enamorado de ti. Seré estúpido, como que no sé ni por qué he empezado a contarte esa tonta historia.
Pero Feliks no tuvo tiempo de pensar por qué había comenzado su relato. Toris se tiró sobre él, empujándolo sobre la cama y abrazándolo con fuerza.
-Yo también estaba asustado cuando nos conocimos, pero estar junto a ti todos los días acabó haciéndome la persona más feliz del mundo. Durante esos años separados nunca dejé de pensar en ti, en tu rostro, en tus ojos, en tu risa, siempre estabas en mi mente.
-¡Cómo que podrías haberlo dicho antes!-, gritó Feliks, apretándose más contra Toris.
Las dos naciones se miraron el uno al otro con toda la pasión y el amor que habían estado guardando desde hacía siglos y sin decir ninguna palabra más unieron sus labios en un beso, perdiéndose en los brazos del otro.
Esa noche, antes de dormirse, Lituania susurró a su amor:
-Hubo un detalle en tu historia que faltaba.
-¿Cuál?
-El momento en el que al conocerse la princesa le dijo al príncipe que le enseñase el pene.
Cómo única respuesta la nación se rió, cerró los ojos recordando ese momento, y se durmió abrazado a la persona a la que más amaba en el mundo.
Porque la princesa y el príncipe volvían a estar juntos y nunca volverían a separarse.
¿Y qué tal? ¿Un poco cursi? Decidme si os gusto!
