Los nombres de los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, pero la historia me pertenece.


Mi chico vive en tonos fríos.

Pero no puedo arreglarlo, no puedo mejorarlo.

Y no puedo hacer nada respecto a su extraño clima.

No puedo traspasar tu mundo.

Tú corazón es irrompible.

Tu eres invencible.

Shades of Cool - Lana Del Rey.

...

...


Sólo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder.

Friedrich Nietzsche.


Edward es...

La sensación de hormigueo se ha apoderado de mi cuerpo entero, puedo percibir su tacto en todas partes, es sofocante. Me quedo de pie, inmóvil, delineando mí labio inferior con el pulgar… Su sabor continúa intacto.

Trago saliva, la acidez del caramelo sigue machacándome la lengua.

- ¡Ven!

Me dice, abriendo la puerta de súbito.

Asiento una vez sin mirarle. No estoy segura de lo que estoy sintiendo, de hecho es la primera vez que tengo la mente completamente en blanco.

¿Será éste el beso perfecto? No podría describirlo del todo; no es el tipo de beso que te hace escapar de la realidad, es más bien el tipo de beso que te hace escapar de ti mismo. El tipo de beso que te hace sentir verdaderamente libre, pero como ya todos saben… Tanta libertad es en extremo asfixiante. Es más, si no fuera capaz de mirarme las palmas de las manos en éste instante seguramente pensaría que alguien me ha dado un fuerte golpe en la cabeza y que he perdido la conciencia, eso sería lo más lógico, pero no. He sido besada. No por primera vez desde luego, pero… Sin duda alguna es la primera vez en que realmente he sentido lo que es un beso.

Exhalo para relajarme, siento el cuello acalambrado.

- Hice espacio en mi agenda.

Me dice con tranquilidad, jalando un hilito suelto de uno de los cojines redondos de la sala. Estoy tan consternada que ni siquiera me he dado cuenta de cómo he llegado aquí.

- Humm…

Murmuro. Su respiración es apacible, tanto que me ayuda a volver a mis sentidos.

- Mañana podríamos hacer cualquier cosa.

¿Está diciendo que quiere salir? ¿Conmigo? ¿Cómo a una cita? ¿Una cita real?

Niego rápidamente. No lo creo.

- Podemos quedarnos aquí, ver una película, leer cómics, jugar algún videojuego, no sé…

Habla en un tono de voz pausado como si temiera que no pudiera comprenderle. Debe ser por las cámaras, no se siente cómodo cuando estamos rodeados de gente extraña.

Me aclaro la garganta, trago saliva y me atrevo a hablarle.

- Parque de diversiones.

Murmuro por debajo. Nunca había ido a uno, y no podía perder la oportunidad. Además, Edward necesitaba deshacerse del estrés. ¿Qué mejor lugar que un parque de diversiones?

- Es un lugar público.

Dice.

Lo miro por el rabillo del ojo, se le ve preocupado. No sé porqué.

- Ahh.

Es verdad. Lo había olvidado por completo, no podía exponerse en éstas circunstancias, y esos lugares siempre suelen estar repletos de personas. Imposible.

La desilusión brota por mis poros, me hubiera gustado ir pero debo entender… Ya será la próxima vez.

- Entonces hagamos lo que dijiste.

- Si.

Acepta de inmediato sin culpa alguna.

No me atrevo a mirar el lugar en dónde se que se encuentra Ángela y el equipo de cámaras. Sé que lo han visto todo; nada más de recordarlo un escalofrío me recorre la espalda. Antes nos besamos en varias ocasiones frente a los medios, pero ahora no sé. Sigo pensando que todo esto es una broma pesada, que en algún momento Edward estallará en risas y se burlara de mí, de mi ingenuidad…

- Esme vendrá en un rato, un amigo mío hizo una mezcla de música para el nuevo disco. Haremos un dueto.

¿Un dueto? Eso me llama la atención. Edward nunca ha hecho uno.

- ¿Y la letra de la canción?

Niega.

- No te la mostraré.

Ya lo sabía.

- Al menos dime de qué trata.

Le pido.

Lo medita por medio segundo mientras enarca una ceja. – Cuando esté listo serás la primera a quien se lo muestre; la primera después de mi amiga Alice, mi casi hermano, mi mejor amigo y…

Ruedo los ojos, se está burlando de mí. Por cosas como estas pienso que sólo se está divirtiendo, que sólo está jugando…

- Por cierto, mi casi hermano vendrá el sábado a cenar, ya tiene tiempo que no nos reunimos.

¿Casi hermano? Seguramente se trataba de alguien muy importante para que él le considerara de ésa manera. Edward es capaz de hacer amigos por montón pero nunca confía en ellos ni un poco. Un casi hermano eran palabras mayores, definitivamente era alguien importante.

- ¿Cenar? ¿Debería preparar algo?

De pronto me encuentro pensativa. Miles de recetas revolotean en mi cabeza.

- ¿Quién si no tú? ¿Eres mi novia no?

Me da un golpecito en el hombro de manera amistosa, aunque debo confesar que me ha dolido un poco. Tiene la mano dura, dura como una piedra. ¿Qué ha sido eso? ¿Ahora me tratara como si fuera su colega? Lo había visto hacer eso con Alec y Paul un par de veces pero nunca con una mujer. De hecho siempre se comportaba atento y amable con las chicas. Que sea así conmigo se siente extraño.

- Le gusta la comida japonesa.

Continúa hablando sin importarle mi expresión. Ha logrado arrancar el hilito con el que jugaba. Está inquieto, no deja de moverse.

- ¿Sushi?

- Sí, pero no hagas eso porque yo lo odio.

Sonríe a medias, sigue incómodo; aún así, su sonrisa logra dejarme perpleja. Difícilmente alguien podría sonreír igual que él, es imposible. Sé que ya lo he dicho antes, pero no puedo parar de decirlo.

- ¿Entonces?

Le pregunto. Sinceramente a mí tampoco me gusta el sushi. La idea de comer pescado está bien, pero crudo… Ni hablar. Bueno, quizá el salmón tiene posibilidades.

- No sé. Buscaré una receta en Internet para dártela.

Wow.

Estoy desconcertada. ¿Para dármela? ¿No sabe pedir las cosas con amabilidad o qué? ¿Por qué no puede tratarme como a su estilista o como a la chica de vestuario?

Resoplo molesta sin que él lo note.

Me muerdo el labio inferior y sacudo la cabeza completamente contrariada.

¡Está bien! ¡Está bien! Lo haré. Tengo que armarme de paciencia. Sus múltiples personalidades no pueden dominarme.

- Lo del dulce de hace rato, si sabía que era.

Confiesa de un momento a otro.

Me giro para mirarlo. ¡Idiota!¡Cabrón! ¡Estúpido!

- Por culpa tuya se me hará un agujero en los intestinos.

Niega. No sé si alegrarme o enfurecerme por la repentina confianza que nos envuelve, de cualquier forma no puedo confiarme. Él podría cambiar de humor en segundos.

- Te dije que comería el resto, pero... No lo haré.

- ¿Cómo que no?

Ruedo los ojos. Un hombre se coloca frente a nosotros con una cámara, debe estar haciendo algún tipo de acercamiento. Edward mira para otro lado y se acomoda el flequillo con nerviosismo. Murmura algo por debajo pero no logro comprender que.

- No lo haré.

Chasquea la boca.

- ¿Quieres que enferme? La gente te culpará si algo malo me sucede.

Señala con el dedo índice la cámara y no puedo evitar echarme a reír. Es verdad, sus fans son de cuidado.

- Está bien, no lo hagas.

Cruzo las piernas y él me imita.

¡Oh! ¡Rayos y centellas Batman!

En otro hombre consideraría ése gesto un poco femenino, pero en Edward… Ésa posición lo hace lucir realmente bien. Su espalda está erguida y mantiene su rostro en alto, es un chico con estilo.

- Tengo hambre.

Murmura.

- ¿Tienes hambre? – Su voz ha adquirido un leve tono inocente, suena igual a la de un niño que llega cansado de jugar y lo único que quiere es comer, un buen baño y la cama lista.

Asiente.

- ¿Ustedes también tienen hambre?

Me dirijo hacia Ángela y el equipo.

- No, gracias. Comimos antes de venir.

Edward asiente de una forma graciosa. Creo que tararea una canción en su mente o algo así. Ha asentido con ritmo. Todos se comienzan a carcajear menos yo.

- Entonces vamos.

No me responde pero se levanta.

Volvemos a la cocina. Nos encontramos en una situación embarazosa. Él mira el lugar en donde me ha besado y oculta su rostro mirando hacia el suelo, yo hago lo mismo. La envoltura de los caramelos se burla de nosotros desde una esquina, mi sonrojo no puede ser mayor.

Edward se aclara la garganta, provocando un sonido extremadamente fuerte que me sobresalta.

- ¿Qué fue eso?

- De repente sentí que me ahogaba.

Pongo los ojos en blanco, su franqueza es insoportable. Ha sido por el beso, y no le ha costado trabajo admitirlo. Eso es algo nuevo en un hombre, por lo menos yo jamás lo había visto.

Jala una de las sillas y se queda quieto justo a un lado de ella sujetándola del respaldo, sin embargo pareciera que es él el que necesita un punto de apoyo para no caer. ¿Qué le pasará?

- Siéntate.

Murmura, esforzándose en que su pedido no suene como una orden.

- ¿Ah?

Da un par de golpecitos en el asiento y sonríe.

Me acerco con cautela, no sé porque pero últimamente siento que cualquier cosa puede suceder.

- Vi una receta en un canal de comida internacional. Lo haré para ti.

Me cubro el rostro con ambas manos para ocultar mi involuntaria emoción y el tipo de la cámara que nos ha seguido hasta aquí, comienza a acosarme con sus nada sutiles acercamientos. Ángela le ha pedido que capte mi expresión. ¡Diablos!

- ¿Debería ayudarte?

Le pregunto con inseguridad en la voz.

Él permanece de espaldas, sacando cosas de la alacena, del refrigerador…

- No. Yo lo haré.

Asiento aunque sé que no puede verme.

Ha colocado una olla onda en la lumbre, agregó un poco de aceite y después… Zanahorias, cebolla, mucho ajo, papas, ¿pepino? No estoy segura, pero creo que ha sido pepino y algo más. No puedo distinguir bien los ingredientes desde aquí.

Lo prepara todo en silencio, actuando como si yo ni nadie más estuviera aquí. Su nivel de concentración es increíble.

Luego de un rato abre de nuevo el refrigerador, ha sacado un paquetito de unicel que se encuentra cubierto por papel film. ¿Será el calamar que trajo Esme ayer? Me estiró para asegurarme y finalmente lo compruebo. Estoy comenzando a preocuparme. ¿Irá a tener buen sabor?

Transcurren veinte minutos más, estoy inquieta.

- Se te ve asustada. ¿Te preocupa el sabor?

Me pregunta Ángela.

- Un poco.

Admito.

Hemos usado un tono muy, muy bajo de voz para que él no pueda escucharnos.

- Creo que le ha agregado demasiado picante.

Me susurra de nuevo.

- Terminé.

Edward se gira e inmediatamente Ángela da varios pasos atrás, alejándose de mí. Nos mira con extrañeza y desconfianza pero no pregunta nada.

Cuando me doy cuenta él ya ha colocado los dos platos servidos sobre la mesa. Se acomoda en la silla contigua y comienza a comer.

- Come.

Trago saliva.

No tiene un buen aspecto, el color es rojo, rojo, totalmente rojo. Algo flota, debe ser el calamar y algunas verduras… Sonrío y doy la primera cucharada. Él me mira expectante.

El sabor es intenso, muy picante, pero no es malo.

- Está rico.

Miro hacia la cámara estupefacta. No esperaba que supiera bien. De hecho nadie lo esperaba.

- ¿De verdad te gustó?

Me pregunta Ángela sin creerme del todo.

Asiento, dando dos cucharadas más.

- Es picante y muy bueno, aunque hay varios sabores que no reconozco.

- Pueden comer si gustan.

Les dice Edward todavía con la boca llena.

Ángela prueba el platillo que él ha preparado por primera vez y da su aprobación.

- Realmente es bueno en todo.

Dice.

Él escupe lo que masticaba y comienza a toser. Rápidamente se cubre la boca con la mano derecha y se disculpa ante la cámara.

- ¿Eres tímido?

Le pregunta Ángela con escepticismo.

- No.

Niega, pero es obvio que lo es.

- Esto es revelador, nunca se te vio de ésta manera. Edward seguro de sí mismo, Edward con un perfecto autocontrol… Así es como yo esperaba que fueras, lo digo por las entrevistas y tu habitual comportamiento ante las cámaras.

Él asiente y continúa comiendo. Yo también lo hago.

- Eso es porque no quería defraudar a nadie. – me observa por un par de segundos. – Pero una persona me dijo que debía ser yo mismo, y he pensado que quizá tenga razón. Quizá las cosas sean más fáciles de ésa manera.

Uh. ¿En verdad considero lo que le dije aquella vez? Pensé que había olvidado todo tan pronto como se lo había dicho.

- ¿Una persona?

- Si.

Estoy terminando de triturar un cuadrito de papa cuando ella comienza a cuestionarme.

- ¿Es complicado sobrellevar los celos, Bella?

- ¿Eh?

Me encuentro a medio comer ¿Qué tiene eso que ver? ¿Trata de provocarme muerte por asfixia?

- Ah, lo de la persona. Ella es la persona.

Edward me señala con gesto preocupado.

- ¿Eso es cierto?

Él me mira suplicante. ¿Qué piensa que voy a negarlo? o ¿cree que mentiré? ¿Por qué lo haría? Él ha dicho la verdad, yo sólo debo corroborarlo.

- Es cierto, fui yo la que se lo dijo.

Ángela sonríe con ternura.

- ¿Puedo hacer una pregunta más personal?

Se dirige únicamente a Edward. Estoy tan avergonzada que estoy comiendo casi dentro del plato.

- El beso de antes…

La cuchara se me resbala de las manos, salpicándome el rostro y la ropa.

- Oh.

Le escucho murmurar.

Edward se levanta, camina hasta dónde me encuentro, se quita la sudadera y me limpia con ella el rostro. Lo hace de una manera brusca, sin detenerse. Intento apartarlo pero no me lo permite.

- Estoy bien.

Le aseguro.

Por fin cede, debo tener la piel roja, completamente roja. En vez de frotar para limpiarme ha tallado. Tallado realmente fuerte.

Ángela guarda silencio, simplemente nos observa. Él vuelve a su sitio y yo recojo la cuchara. Me debato en si usarla o ir por otra…

- Entonces, el beso de hace un rato… Por alguna razón intuyo que ha sido diferente a los demás. Ustedes han sido titulares de varias revistas debido a sus demostraciones de afecto en público, pero al convivir con ustedes me di cuenta de que estaban un poco distanciados. ¿Eso es cierto?

Él se encoge de hombros. – Creo que el comienzo de nuestra relación ahora se siente muy lejano. Considero que somos nuevas personas, hemos madurado un poco, lo hemos hecho juntos, por eso creo que algo podría sentirse diferente entre los dos. – Hace una pausa. – Pero sin duda, es para mejor. Estamos siendo más sinceros con nosotros mismos, mostrando nuestras verdaderas personalidades… ¿Verdad?

Edward comienza a ponerse nervioso, no quiere seguir hablando y por eso me ha echado a mí la bolita.

Me muerdo el labio inferior discretamente, maldiciendo la obstinación de Ángela al querer sacarnos información.

- Tiene razón. Al principio era más cómodo estar con él porque tenía una imagen definida de lo que él era, pero después conocí a ésta nueva persona y… Es difícil – Ángela suelta una risita – pero creo que él está esforzándose. Es un chico muy honesto, con varias personalidades… - Resoplo. – Llegué a la conclusión de que eso va bien conmigo. Edward es el tipo de persona con la que nunca te aburrirías, en cierta forma es divertido. – No he comprobado eso del todo pero seguramente es verdad. - Me mantiene alerta. ¿Qué hará ahora? ¿Qué dirá? Suelo pensar eso constantemente… Y al final, él actúa completamente distinto a como yo creía. Eso me gusta, conocer esta parte de él que nadie había visto, que él mismo no quería admitir que tenía… No muchos lo entenderán, pero yo puedo hacerlo.

Mi sinceridad me tiene mareada. Simplemente al comenzar a hablar ya no pude detenerme. Edward está analizando mis palabras.

- ¿Le harás las cosas más fáciles a Bella?

Él frunce el ceño. ¿Por qué lo haría? Sé que eso es lo que se está preguntando.

- No. No creo poder hacer eso. - Ángela ríe abiertamente ante su respuesta. - Pretendo ser alguien que hace lo que quiere cuando así lo siente, no quiero ser hipócrita. Estaba tomando el camino equivocado, así que no lo haré más. Lo que más le agradezco es el tipo de libertad que me da, las mujeres no suelen ser así. Por eso es más sencillo sentirse cómodo con ella, no es aprensiva.

Ella asiente y yo también. ¿Así que es eso? La cuestión de la libertad es muy importante para él y yo no lo había notado.

- Es asombrosa tu cambiante forma de ser. Hace unos años acompañe a una amiga mía a hacerte una entrevista, no sé si lo recuerdes…

Él niega una vez sin pensarlo.

Ángela se siente cohibida ante la rapidez de su respuesta, parece que ni siquiera se esforzó en recordar.

- Bueno, ése día te notabas diferente. Amable, seguro de ti mismo, atento…

Él asiente varias veces.

- ¿Qué fue lo que te hizo esconder a tú verdadero yo?

Mi boca forma una "O" gigante, la pregunta es en extremo directa, no sé cómo reaccionará él.

Edward se encoge de hombros y oculta la mirada. – Digamos que fui lastimado en el pasado, y a partir de ahí estuve preocupado por mantener contentos a todos. Por llenar las expectativas. Creo que me dediqué a hacer lo que los demás esperaban que hiciera. Era una buena manera de protegerme.

- Entonces, ¿Bella te ayudó a salir de eso?

Él levanta la mirada y se gira para verme. Sus ojos me observan con curiosidad, está sopesando su respuesta.

- Más bien fue el querer hacer las cosas correctamente con ella. La verdad es que no soy el tipo chico que te baja la luna y las estrellas,- hace una mueca, completamente horrorizado - espero que Bella jamás me pida hacer una cosa así, - me lanza una mirada amenazadora y al final sonríe - pero puedo protegerla. Cuidarla cuando enferme, hacerla sonreír siempre… Eso es lo que quiero hacer, eso fue lo que me impulsó a dar el cambio.

No sé cuando ha sucedido, pero estoy cubriéndome el rostro con las palmas. Otra vez.

- Gracias por su honestidad, sé que las preguntas no estaban previstas pero se veían relajados y pensé que era una buena idea.

Ambos asentimos.

Su conducta alienígena me vuelve loca. ¿Cómo ha sido capaz de decir ésas cosas?

Me besa, se comporta ansioso, cocina para mí, me cuida muy a su tosca manera y… Habla así.

- ¿Qué signo eres?

- ¿Eh?

- Tu signo, nunca me lo has dicho.

Recupero la movilidad y me dispongo a seguir comiendo pero no hay cuchara, sólo está la que se ha caído. No recuerdo cuando fue la última vez que limpiamos. Lo mejor es que no la use.

- Aries. ¿Y tú?

Le digo. ¿Será raro para los televidentes que nos preguntemos ése tipo de cosas hasta ahora? Espero que no.

- Géminis.

- ¿Sabes si somos compatibles?

Niego.

- No sé.

¿Edward cree en esas cosas? Qué raro.

Me lanza una mirada de desaprobación, sujeta su cuchara y la sumerge en mi plato para después sacarla completamente repleta. ¿Qué está haciendo? Niega nuevamente y la coloca a la altura de mis labios.

Abro la boca y él introduce la comida. Lo ha hecho muy rápido, el metal casi me ha tocado la garganta pero no me quejo.

Se dispone a repetir la acción pero se lo impido.

- Yo lo haré.

Le digo en tono suplicante. No es agradable sentir la comida hasta la campanilla.

Él me mira por medio segundo y sonríe. Sus ojos están brillantes, brillantes y cansados.

Es tan difícil y confuso que no puedo resistirlo. Tengo que admitirlo, Edward tiene su encanto muy personal.

- Ya terminé, esperaré a Esme en mi recámara.

No busca respuesta alguna, pues únicamente se levanta y camina hasta la puerta.

Quiero disfrazar mi sonrisa pero es imposible. De verdad me ha hecho sonreír. Darme de comer en la boca como sólo él lo haría…

Edward no es un príncipe blanco, Edward es…


Hola!

Muchas gracias por sus Reviews!

Yoliki, gracias, gracias por el consejo de la melatonina. Me ha ayudado bastante!

Un saludo gigantesco a todas, me hacen muy feliz con sus comentarios. Quiero mandar un saludo en especial a mis lectoras de Chile, espero que todas se encuentren bien. Mis mejores deseos para ustedes desde México.

Igualmente un súper saludo a Betk Grandchester, tus comentarios me alegraron el día, de verdad que no tienes idea. Y respecto a tu pregunta de los especiales, no sé si haré más... Eso ya depende de ustedes, así que... Si les gustaría volver a leer otro Edward POV. Sólo avísenme y ya yo les diría para cuando lo subiría.

Espero le tengan paciencia a nuestro Edward y que continúen leyendo ésta historia.

Besos a todos y un gran abrazo.

Anabelle.

(Probablemente mañana suba capítulo también)