CAPÍTULO VII

Las cosas habían cambiado alrededor. Aunque la ciudad no estaba enterada del todo. Los civiles continuaban con su vida tranquila, yendo de aquí para allá. Pero las personas como él tuvieron que bajar la cabeza ante la situación que acarreaba a St. Canard.

¿Y cómo no iban a cambiar? Sus compañeros eran criminales independientes. Al igual que él. No recibían órdenes de nadie. Experto, quizás, de un mallard. un villano de sangre fría que hacía meses que no aparecía.

Y él mismo, que a veces cometía actos criminales, estaba aterrado de lo que estaba ocurriendo. Si, cometía actos criminales. Pero no lo hacía por gusto, como sus compañeros. Lo hacía como un mecanismo de defensa. Después de todo, él no quería hacerle daño a nadie. Él trataba de no hacerle daño a nadie. Pero ahora estaba obligado a hacerlo. Eso, si quería seguir viviendo.

Reginald Bushroot no era el único criminal independiente de St. Canard que fue "reclutado" a la fuerza por agentes especiales de la agencia F.O.W.L. Ante los líderes de la agencia, Bushroot, como otros criminales antes y después de él, recibieron una propuesta que no podían rechazar.

Al parecer, la agencia estaba desarrollando lo que ellos llamaban el "Proyecto Último". Obviamente, tenía que ser algún tipo de súper arma destructiva que destruiría la ciudad, buscando la dominación mundial por vías de amenazas. Y si Bushroot y el resto de los villanos querían vivir, tenían que contribuir con la agencia, aunque no pertenecieran a ella.

Las primeras tareas eran sencillas. Robar numerosos bancos para crear fondos para la agencia. Pan comido. La policía de la ciudad no era demasiado lista para atraparlo.

Pero la asignación que le dieron después iba más allá de lo que esperaba. Era cierto que algunos de los otros miembros de su grupo comenzaron a cumplir con tal tarea, principalmente Quackerjack y Liquidator. No había problema con ellos. Aunque para Bushroot sí lo había.

- ¿Y qué pasa si… me… niego? – preguntó tímidamente el pato mutante a las tres sombras que se hallaban al otro lado del teléfono público en una de las zonas bajas de la ciudad.

- ¿Por qué habrías de hacerlo, Bushroot?

- Es que… no quiero dañar a nadie… - respondió con un susurro el pato.

- No hay que dañar a nadie – explicaron las sombras con tranquilidad -. Nadie tiene por qué salir herido si haces bien tu trabajo, Bushroot.

No tenía opción. Si no cumplía con lo que le pedían, le iban a exterminar. La agencia había colocado un aparato traqueador, que rastreaba todos los movimientos del mutante. Si no cumplía las órdenes, ellos se iban a enteraar. Aceptando finalmente la asignación, Bushroot colgó el teléfono y se fue a su invernadero a paso lento.

En la agencia F.O.W.L., los superiores notificaron el comportamiento del villano a su director, quien se los quedó mirando desde la oscuridad de la habitación.

- Está bien que por ahora el doctor Bushroot nos ayude. Pero siento… cómo su juicio flaquea ante nosotros. Cuando llegue el momento indicado, nos desharemos de él. Después de todo, no nos servirá para nada cuando el Proyecto Último esté finalizado.

Un par de días pasaron, y Bushroot aún no cumplía con su asignación. Tenía que poner manos a la obra cuanto antes.

Colocándose una chaqueta marrón larga encima y un sombrero fedora sobre su cabeza, Bushroot salió de su invernadero rumbo a la parte oeste de St. Canard.

Su misión no era tan complicada al momento de escucharla. Pero cuando Bushroot llegó al lugar indicado, llegó a la conclusión de que iba a ser algo complicado cumplirla.

Por esa semana, se celebraba en St. Canard lo que se conoce a nivel nacional como "Simposio Científico Universitario". No sólo asistían profesores y estudiantes de varias regiones del país. Sino que también estarían figuras importantes de la ciencia experimental en todas sus áreas, desde la matemática pura hasta la física cuántica. Todo lo que tenía que hacer Bushroot era secuestrar el Centro Científico por un día, no importaba cuál, y buscar una especie de algoritmo que el artefacto que F.O.W.L. le había entregado sabría encontrar en la mente de las personas.

Gente iba y venía por la calle, pasándole por al lado al pato mutante, sin tomarlo en cuenta. Bushroot sabía que necesitaría de la asistencia de sus queridas plantas para lograr su cometido.

Una patrulla de policía cruzó la esquina de la calle, estacionándose frente al Centro Científico. Bushroot, entrando en pánico, caminó rápido hacia el otro lado de la calle, buscando salir de allí lo antes posible sin ser visto.

Con lo que no contaba era con su poca capacidad de prestar atención en su estado de nerviosismo. Al estar viendo a los policías en lugar de hacia delante, Bushroot chocó contra una persona, cayendo ambos al suelo, incluyendo la cantidad de papeles que la otra persona llevaba en la mano.

- ¡Ay! ¡Lo siento mucho! – comenzó a disculparse el pato, recogiendo los papeles apresuradamente.

- No te preocupes. Fue mi culpa – comenzó también a excusarse la otra persona, quien a su vez recogía un sombrero marrón -. Oye, esto se te cayó…

La otra persona se cortó al ver con quién había chocado. Bushroot levantó su mirada, y notó la expresión de sorpresa de su interlocutora. Otra expresión de sorpresa apareció en su propio rostro al ver su sombrero en la mano de la joven.

Le había descubierto. Atrás de ellos, los dos agentes de la policía se estaban acercando a donde ellos estaban. En un solo movimiento, Bushroot le tapó la boca a la joven, y la arrastró a un callejón cercano. Reteniéndola entre sus manos, el pato mutante se escondió tras un contenedor de basura esperando a que los oficiales pasaran de largo.

Cuando fue así, Bushroot bajó sus defensas, soltando un suspiro de alivio.

- Eres Bushroot… - susurró la joven entre sus brazos.

El pato se volteó a verla con una expresión asustada. Esperaba que la joven comenzara a gritar, que le dirigiera una mirada de odio o de espanto. Pero lo único que recibió fue una mirada triste, cosa que Bushroot no entendía de dónde provenía tal sentimiento. Nunca antes había visto a esa joven.

- ¿Me conoces? – preguntó el pato.

¿Conocerte? – respondió la joven, mirándolo más directamente al rostro -. Eres uno de los criminales más buscados en todo St. Canard.

Ante aquello, Bushroot bajo el rostro con una expresión de derrota.

- Si, un criminal…

- Pero también sé que antes eras Reginald Bushroot – agregó la joven, tomando por sorpresa.

- ¿Cómo…?

- Doctor Reginald Bushroot. Uno de los egresados con mayor nota de la Universidad de St. Canard. Estudiaste Botánica y Química Pura – siguió la joven, dándole al pato una sonrisa condescendiente -. Mi mejor amiga estudia Biología, es una de tus mayores fans. Claro, que después de que te convirtieras en villano…

- No fue así exactamente lo que sucedió – contestó bruscamente el pato, comenzando a alejarse, pero fue detenido por la joven que le tomaba el brazo.

- Supongo que no – respondió, acercándole su sombrero marrón -. ¿Te parece si hablamos?

Minutos después, Bushroot se vio en una situación que no se esperaba. Estaba en el Parque Central de St. Canard, sentado en uno de los bancos viendo a los niños jugar. Y a su lado estaba una joven que, curiosamente, no le tenía miedo.

- ¿No me tienes miedo?

- ¿Debería? – preguntó la joven. Bushroot sentía curiosidad por saber quién era ella.

- Oye… ¿Cómo sabes mi historia?

- Soy estudiante de la universidad. Mi trabajo esta semana es ser reportera del Simposio. Tuve que investigar a varios científicos importantes egresados de la universidad para ayudar a mi amiga, quien va a hablar sobre ellos. Tú estás incluido. Como te dije, ella admira tu trabajo – la joven se volteó a verlo con amabilidad -. Y a decir verdad, yo también.

- ¿Qué? ¿Convertir a la gente en mutantes? – dijo con rencor el pato.

- No. Ayudarlos. Tu ilusión era acabar con la miseria del hambre del país – comentó la estudiante -. Y eso es algo digno de nombrar.

- ¿Y cómo explicas esto? – preguntó enojado el pato, mostrando sus manos en forma de hojas.

- ¿Los accidentes ocurren? – sugirió la joven -. Pero eso no significa que no pudieras seguir con tu trabajo.

El pato se quedó callado unos momentos. Las palabras de la joven no lograban apaciguar el resentimiento que tenía por dentro.

- La gente me odió por lo que me convertí… Cada vez que alguien me mira, veo el miedo y el asco reflejado en su rostro. No soy más que un monstruo para todos los que "quise ayudar".

Más silencio. A Bushroot le hacía bien ir al parque, aunque hacía tiempo que no lo visitaba por miedo a ser descubierto. Los rayos del sol ayudaba a su piel, y sentir la grama fresca bajo sus raíces le tranquilizaba. Le hacía sentirse en casa. Y sentado allí, con una joven estudiante, le hizo sentirse normal otra vez.

- No soy una persona que le gusta dañar a otros. Nunca he dañado a nadie. Siempre mis ataques han sido para que me dejen tranquilo. Y mi búsqueda de un amigo es imposible. Todos me tienen miedo.

La estudiante lo miró con soslayo.

- Supongo que no eres malo. No creo que lo seas. Quizás solo eres alguien… incomprendido.

La joven apoyó su mano sobre una de las del pato, sonriéndole con agrado.

- Nunca es demasiado tarde para ser bueno, Bushroot.

Una alarma sonó en el reloj de la joven, quien tuvo que despedirse apresuradamente para ir a la universidad.

Bushroot se quedó sentado un rato más en el banco, viendo a las personas ir y venir, sin prestarle atención. Respirando hondo, el pato mutante disfrutó un poco más de los rayos del sol. Y parándose del banco, sonrió con malicia. Estaba consciente de que nunca iba a poder ser bueno otra vez. No mientras hubiera personas que lo miraran como un monstruo.

Y el monstruo iba a atacar el Centro Científico al día siguiente.

El día había llegado. Tenía que dar una especie de charla sobre los grandes científicos egresados de la Universidad St. Canard. Y gracias a la ayuda de su hermana y mejor amiga, Lucy logró conseguir la información necesaria, y con una redacción impecable. Como futura bióloga, Lucy no sabía redactar muy bien. Cosa que Luni, futura comunicadora, sabía hacer perfectamente.

El Centro Científico estaba rebosante de gente de todo el país, contemplando proyectos universitarios, propuestas científicas e intercambiando ideas. Lucy estaba más que emocionada al tratar con varias figuras famosas del mundo experimental. Luni estaba más que aburrida de tener que trabajar como prensa de la universidad. Ella y otros compañeros suyos de carrera.

Siendo casi las doce del mediodía, los invitados comenzaron a entrar en el auditorium del centro para la charla de las grandes figuras egresadas de la USC. Entre el público se hallaba una figura vestida con chaqueta larga y fedora color marrón.

Momentos después, el rector de la Universidad St. Canard hizo las presentaciones, y agradeció la presencia de todos los invitados.

- La señorita Lucianne Lorens, estudiante de Biología, les dará una pequeña charla de los grandes egresados de la prestigiosa Universidad St. Canard.

Una pata con rizos rubios y lentes subió al escenario, agradeciendo las palabras del rector. El extraño entre el público miró un reloj-cronómetro que llevaba en su bolsillo. Cuando fuera el momento adecuado, daría la señal para que varios de sus colaboradores entraran en acción.

Las áreas de Física y Química pasaron de largo. Los presentes estaban encantados con el desarrollo de la charla. Hasta que llegaron al personaje egresado en…

- Botánica y Química Pura – dijo la voz de la pata -. Un científico con grandes expectativas en su investigación. Su ideal era ayudar a la población a través de la ciencia. Hablo nada más y nada menos que del doctor Reginald Bushroot…

El discurso se cortó por los gritos de reclamos de los invitados al Simposio. Lucy sólo podía ver con ojos desorbitados a todos los presentes que le insultaban.

- ¡Booo! ¡Fuera!

- ¿¡Cómo se atreven a hablar de ese sujeto aquí!

- ¡Es un criminal! ¡Eso es lo que es!

Bushroot no aguantó la rabia. El rector de la universidad hizo aparición, pidiendo nerviosamente a todos los presentes que se calmaran. Pero era inútil.

- ¡Con que un criminal!, ¿eh? – exclamó en voz alta una figura entre el público, haciendo que todos se voltearan a verlo.

La figura se quitó la chaqueta y el sombrero, revelando su verdadera identidad. El público ahogó un grito, contemplando a la figura con pavor.

- ¿Bushroot? – susurró con sorpresa Lunizabeth desde el público.

- ¡Ahora verán qué tan villano puedo ser! – gritó el pato, presionando un botón de un reloj que tenía en la mano.

El centro entero comenzó a temblar violentamente. Las paredes comenzaron a resquebrajarse, y varias raíces y árboles comenzaron a entrar al complejo, capturando a todas las personas presentes.

Luni tomó del brazo a Lucy, y comenzó a correr saliendo del auditorium. Esquivando a varias personas y plantas, Luni se abrió paso hasta llegar al vestíbulo del centro. Pero una figura se interpuso en su camino.

- Nos volvemos a encontrar – comentó el pato a las jóvenes, mientras se arreglaba las hojas de su mano.

- ¡Doctor Bushroot! – exclamó asustada Lucy, siendo callada por una mirada ruda de Luni, quien se volteó a ver al pato seriamente.

- Veo que nuestra conversación de ayer no sirvió para nada – dijo con desdén -. Creí que no querías hacerle daño a nadie.

El pato le dedicó una sonrisa maliciosa, y acercó su rostro al de la loba, mirándola con burla.

- Y no lo haré. Si colaboran conmigo, claro está.

Con un chasquido de sus dedos, un árbol amarró a las dos amigas contra su tronco.

- ¿Por qué habría de ser bueno con la gente que me odia? Ya oíste los insultos en el auditorium.

- ¿Por qué tendrías que ser malo con las personas que no te hicieron nada? Pude haberte reportado ayer a la policía, y sin embargo no lo hice. Y mi amiga aquí te admira, ya te lo dije.

Bushroot se quedó viendo a la pata con curiosidad.

- I am the terror that flaps in the night…

Un humo azul comenzó a expanderse por todo el centro. Luni miró hacia el techo, creyendo que de ahí provenía la voz. Un suspiro de alivio salió por su boca.

- "Al menos Darkwing Duck podrá detenerlo…" – pensó la loba.

- ¡Soy la bacteria viral que infecta tu cuerpo enfermo!

- "¿Pero por qué tiene que decir frases tan ridículas?" – pensó Luni.

- I am Darkwing Duck!

El mallard enmascarado había aparecido justo detrás del pato mutante, dándole una patada en su espalda, enviándolo al otro lado de la sala, estampándose contra la pared de mármol.

- ¡Darkwing! ¡Sácanos de aquí!

El pato se volteó a ver a su interlocutora, y se sorprendió al ver de quién se trataba.

- ¿Qué haces tú aquí?

- ¿Acaso sabes quién soy? – preguntó de regreso la loba -. Cierto que me salvaste una vez, y te lo agradezco. Pero si no nos sacas de aquí cuanto antes, el centro caerá sobre nuestras cabezas.

Y era cierto. Las plantas no sólo habían destruido el techo y las paredes, sino también las columnas que sujetaban a todo la construcción como tal. El mallard tenía que actuar con rapidez.

- ¡Ni se te ocurra moverte!

Los tres jóvenes vieron hacia arriba, captando la figura del Alcalde, quien fue atrapado por una de las dianas de Bushroot.

- ¡No te metas en esto, Darkwing Duck! ¡Ya has traído muchos problemas a la ciudad para tener que hacerlo aquí con personas de todo el país!

Tanto Luni como Darkwing iban a protestar, pero alguien se les adelantó.

- ¡Es Darkwing Duck! ¡Estamos salvados! – gritó alguien por algún lado.

- ¿Ese payaso? ¡Estamos perdidos!

- Genial. Tengo fans y personas a las que no les agrado.

- Y tendrás a dos personas más si no nos sacas de aquí – dijo Luni.

Darkwing iba a decir algo más, pero fue atrapado por una planta carnívora, que lo mantenía sujeto con un agarre fuerte. El mallard trató de luchar, pero no podía soltarse. Bushroot se le acercó, riendo maliciosamente.

- Veo que les gustas a mis plantas, Darkwing. Pero como aperitivo…

- ¡No te saldrás con la tuya, Bushroot!

El mutante acercó su rostro peligrosamente a los del mallard, dirigiéndole una mirada de odio intenso.

- Eso ya lo veremos…

¡BOOM!

Una explosión se escuchó en la entrada del centro. Varios soldados Eggmen hicieron aparición, junto a un gallo bien vestido para la ocasión. Bushroot se volteó a verlos confundido.

- ¿Pasó algo en F.O.W.L.? – preguntó el mutante, preocupado.

El gallo le dirigió una sonrisa maligna con su pico de metal.

- ¡Oh, para nada, Reginald! Sólo que ahora… - comenzó a decir el gallo, presionando un botón. De repente, Bushroot se vio atrapado por una de sus plantas, sin posibilidad de escapar -. …ya no estás bajo el control de la misión.

- ¿¡Qué! Pero, no entiendo…

- Claro que no entiendes – respondió el gallo -. Resulta que vieron tu incompetencia. No eres un verdadero villano. La verdad es que les das lástima.

Los ojos de Bushroot se abrieron a más no poder. Varios soldados Eggmen entraron al centro con numerosas replicas del Brain Scanner, colocándolas en las cabezas de las personas capturadas.

- Me ordenaron que, luego de que fracasaras en tu misión, yo entrara en acción. Buscara el algoritmo, y destruyera todo el centro.

- ¡Pero no fracasé! ¡Logré apoderarme del centro! ¡Hasta logré capturar a Darkwing Duck!

Steelbeak miró con curiosidad al pato mutante. Era cierto que el pato había logrado apoderarse del centro. Y lo más sorprendente es que había capturado al héroe enmascarado. El gallo no podía permitir que sus superiores se enteraran de aquello. De lo contrario, no le darían su nivel dos.

- Mato a dos pájaros de un solo tiro. Me libro del tonto mutante, y de Darkwing Duck. Los de F.O.W.L. estarán complacidos conmigo.

Un oficial Eggman se acercó al gallo y susurró algo en su oído.

- Al parecer estos "mentes brillantes" tampoco tienen el algoritmo. Muy bien. Vuelen el lugar.

Y sin más preámbulos, los Eggmen colocaron una bomba de gran magnitud a la mitad del vestíbulo. Luego, los villanos desaparecieron.

Bushroot trató de hablar con sus plantas para que lo liberaran, pero no lo consiguió. Steelbeak había logrado controlarlas de alguna forma que él no podía descifrar.

- Bushroot…

El pato mutante volteó su rostro, encontrándose con la de la loba. Bushroot no pudo más que bajar la cabeza con tristeza.

- Tenías razón. No quería hacerle daño a nadie. Esto se salió de control.

- ¿¡Que no querías hacerle daño a nadie! ¡Eso no te lo crees ni tú mismo, villano!

- ¡Darkwing! – gritó la loba, mandándolo a callar. Luego, dirigió su mirada a la loba -. El momento es ideal. Esta es tu oportunidad de ser bueno, Bushroot. De demostrar quién eres en realidad.

- ¿Estás loca? ¡Soy un villano a ojos de todo el mundo! ¡Nadie va a defenderme!

- Yo lo haré – le aseguró la loba con seguridad -. ¿Querías un amigo? Me tienes a mí ahora.

El mutante se la quedó viendo sorprendido. No podía creer ni una palabra. Pero la mirada que le dirigió la loba expresaba la verdad de sus palabras.

- También… me tienes a mí… - dijo tímidamente Lucy al lado de su amiga, recibiendo expresiones de sorpresa por parte de la loba y del pato -. Yo te admiro, doctor Bushroot. Puedes contar con mi apoyo.

La loba le hizo un signo de asentimiento con la cabeza. Bushroot, sintiendo nuevamente confianza en sí mismo, utilizó su fuerza natural para deshacerse de las ramas que lo aprisionaban. Cuando estuvo libre, miró con desesperación a la loba.

- ¿Y ahora, qué?

- Tú y Darkwing han de trabajar juntos. Saquen a todas las personas de aquí, antes de que el centro se desmorone.

- ¡Si ese fenómeno se acerca un centímetro más a mí, voy a arrancarle todos los pétalos de la cabeza! – gritó exasperado el mallard.

- Por favor, Darkwing. Él no es tan malo como parece.

El enmascarado se quedó viendo a la loba por un rato, hasta que soltó el aire que estaba conteniendo. Bushroot se acercó a él, y lo soltó de las amarras.

- La forma más sencilla de sacarlos a todos es con ayuda de tus plantas – dijo Darkwing.

- Pero no sé qué ocurre. Ninguna me escucha. Sospecho que F.O.W.L. hizo algo al respecto.

Darkwing comenzó a ver a su alrededor, deteniendo su mirada en el sensor metálico que el mutante llevaba en una de sus piernas.

- Este debe de ser el problema.

Ambos patos trataron de deshacerse del sensor, pero no podían romperlo. Hasta que Bushroot tuvo una idea. Lanzando un silbido al aire, se escuchó un ladrido llegar a su lado. Se trataba de Spike, la planta carnívora mascota de Bushroot, quien al parecer le seguía haciendo caso. Y cómo no. La pequeña planta quería mucho a su amo.

Con sus poderosas mandíbulas, Spike logró romper la banda metálica de su amo, quien logró verificar con gusto el poder que volvía a tener sobre las plantas. Con su ayuda, la del mallard y el mismo mutante, lograron sacar a todas las personas antes de la explosión.

Bushroot y Darkwing habían desaparecido. El Centro Científico fue reducido a cenizas. Luni se quedó ayudando a las personas, cuando de repente fue arrastrada por alguien a un lugar más privado. La loba sonrió al encontrarse cara a cara con Bushroot. Se abalanzó sobre él para abrazarlo con fuerza.

- ¿Ves que sí eres una buena persona? – le comentó.

- Si. Supongo que tenías razón.

De la nada, Luni se vio separada por Bushroot, cuando éste recibió un golpe que lo mandó al suelo. Frente a la loba, apareció Darkwing con su pistola de gas, apuntando al otro pato.

- Tus días de oscuridad se acabaron, Bushroot.

- ¡Darkwing, espera!

La loba se abalanzó contra el pato, tratando de detenerlo. Mientras que Bushroot se hallaba tirado en el suelo, cubriéndose el rostro con las manos, viendo como el mallard trataba de quitarse a la joven de encima.

- Señorita Barker, debería dejarme hacer mi trabajo – reclamó el pato.

- ¡Por favor, escúchame!

Darkwing dejó de luchar, y se volteó a ver a la joven.

- Él nos salvó. Lo viste. Te ayudó a ti también. Escuchaste todo lo que dijo – comenzó la loba con desesperación, mientras el mallard la miraba con atención -. Él no es malo. Por favor, Darkwing. Sólo necesita amigos.

El pato enmascarado se volvió a ver al mutante. Y luego de varios segundos, bajo la pistola.

- Supongo que tendré que creer en sus palabras, ¿no, Reginald? – dijo el mallard, captando la atención del mutante, quien se lo quedó viendo con terror.

Sin dejarle responder, el mallard desapareció en una nube de humo azul. En seguida, varios policías aparecieron, capturando a Bushroot, y llevándolo ante el jefe de policía.

Allí, varias personas comenzaron a gritarle cosas terribles al mutante.

- ¡Déjenlo en paz! ¡Él no es tan malo!

Una voz desconocida se oyó entre el público. Sorprendidos, los presentes se quedaron observando al rector de la USC defendiendo al criminal.

- ¿Señor? – preguntó incrédulo el jefe de policía.

- Lo conozco. Fue mi estudiante en la universidad. Reginald es incapaz de herir a nadie. Es un buen muchacho.

- ¡Pero es un monstruo!

- ¿¡Y lo van a culpar por eso! – gritó una muy disgustada Lunizabeth Barker, obteniendo la atención de las personas -. ¿¡Lo van a condenar sólo por ser diferente! ¡Él es una persona más! ¿¡Acaso no tiene sentimientos!

Las personas alrededor se quedaron calladas.

- Le salió mal un experimento. ¿Y qué? – continuó la loba -. Eso no es razón para menospreciarlo. Hay muchas personas que quedan con heridas y cicatrices luego de accidentes. ¿Los van a repeler sólo por eso? – les preguntó más tranquila.

- Estoy de acuerdo contigo.

De entre el público, apareció un pato joven, que se acercó a la situación. La loba se quedó sorprendida viéndolo. Al igual que el rector de la universidad y el mismo Bushroot.

- ¿Y usted quién es? – preguntó de mala gana el jefe de policía.

- Mi nombre, oficial, es Drake Mallard. Egresado de la Universidad de St. Canard.

Al principio, Drake parecía reacio, por alguna razón, a acercarse al mutante. Pero luego de varios segundos, colocó su brazo sobre el hombro del pato.

- Mi querido compañero Reginald y yo somos contemporáneos en nuestros cursos. Un chico tan tímido, ¡ha, ha! – rió el mallard, desarreglando cariñosamente el cabello del mutante -. Cuando tuvo ese accidente, sentí lástima por él.

Muchos de los presentes comenzaron a apoyar a Bushroot. Sobre todo los profesores que le dieron clase, y algunas personas que fueron rescatadas personalmente por él. Pero la policía no estaba convencida. Tampoco muchas otras personas.

- Siempre fui un mal villano – comentó el mutante -. Nunca quise hacerle daño a nadie. Todo lo que quería era un poco de comprensión. Un amigo.

Nuevamente el silencio. Lunizabeth se acercó al pato, colocando un brazo al otro lado de los hombros del mutante, mientras le sonreía.

- Pues tienes una amiga en mí, ahora.

- En mí también, Reg – comentó el mallard al otro lado.

- ¡Y en mí! – exclamó alegremente Lucy.

Los profesores de la USC se unieron. Y muchos estudiantes también. Hasta que todos los presentes comenzaron a vitorear a favor del pato mutante, quien les sonreía con lágrimas en sus ojos.

- ¿Qué dicen? ¿Dejamos que el pequeño Bushy reingrese a la sociedad? – gritó Drake al público.

- ¡Siii! – respondieron todos con entusiasmo.

- ¡Un momento! – bramó el jefe de policía -. ¡No podemos permitir que deambule por allí! ¡Tendrá que pagar por los últimos daños que ha causado!

Drake y Luni iban a protestar, pero Bushroot se les adelantó. Acercándose un poco más al oficial de policía, alzó sus muñecas juntas.

- Estoy dispuesto a pagar mi condena por todo lo que hice. Con tal de que después, cuando sea libre, pueda volver a ser quien era.

Todos los presentes, incluyendo el policía, se sorprendieron del acto del mutante. Con inseguridad, el jefe carraspeó y colocó las esposas en las manos del pato.

- No hay problema, señor Bushroot.

Y a partir de allí, las cosas cambiaron para Reginald Bushroot. Seguía viviendo con sus queridas plantas en el invernadero. Pero ahora podía pasear tranquilamente por las calles de St. Canard.

El rector de la USC le había dado trabajo como profesor en las carreras de Biología, Botánica y Química Pura. A su vez, el pato ayudaba a mantener limpias las áreas verdes, y le daba consejos a los jardineros y amas de casa.

Ahora sí tenía amigos. Los estudiantes le buscaban para aprender más. Los profesores le respetaban. Y ya nadie lo miraba con miedo.

Pero lo que más agradecía era los nuevos amigos que había hecho. Aquellos que en verdad confiaron en él todo el tiempo. Y por eso, pasaba su tiempo libre con la familia Mallard, y su huésped loba, y su hermana la pata. Bushroot era finalmente feliz.