Capítulo 10
Baile y visión
El nuevo caos que se suscitó tras aquel final de subasta, se prolongó un par de minutos, durante los cuales la habitación volvió a recuperar una buena iluminación, al tiempo que decenas de conversaciones se suscitaban. Cuando de nueva cuenta las voces bajaron un poco el tono, Eriol, aún aturdido pero alegre, volvió a tomar el micrófono.
-Muchas gracias a los compradores por sus aportaciones de esta noche –la sala entera aplaudió, mientras Eriol les sonreía amablemente-. Les aseguramos que Helping Oriental Asia, A.C., utilizará estos fondos para ayudar a nuestras comunidades más necesitadas. En especial a los niños, que son el futuro de nuestro país, y el motor que impulsa nuestro programa. Y hablando de programas, como el que manejamos durante esta noche, nada hubiese sido posible sin la dirección, coordinación y organización de nuestra anfitriona. Desde los vestidos, la decoración del lugar, hasta la comida, y la música, la velada entera se la debemos a nuestra Directora, Daidouji Tomoyo.
De nueva cuenta se escucharon los aplausos, los cuales se intensificaron cuando Tomoyo subió lentamente, con ayuda de Eriol, a la plataforma que hacía de escenario. Saludó a un par de invitados con una sonrisa, y a Sakura le dedicó un alegre movimiento de muñeca, antes de cruzar todo el escenario, y detenerse detrás del podio.
-Muchas gracias a todos ustedes por asistir –dijo la muchacha, aún sonriente-. El haber organizado esto no hubiese servido de nada sin ustedes, dispuestos a apoyar nuestra buena causa. Un agradecimiento especial a nuestros principales donantes, el señor Li, y el Presidente D. Flourite. Les aseguro que su dinero será utilizado de la mejor manera, y espero que sus doncellas disfruten de sus nuevos vestidos, tanto como yo gocé al diseñarlos. Ahora, para no aburrirlos más, los invito a pasar a nuestro salón de baile, donde podremos conversar animadamente, y porque no, bailar durante toda la noche.
Mientras los aplausos volvían a escucharse, Tomoyo bajó de la plataforma, acompañada por Eriol. Al instante, fueron abordados por la animada acompañante del Director Shirou. Sakura, aún aturdida por lo ocurrido con aquel vestido de boda, se giró para hablar con Syaoran. Sin embargo, el muchacho, al igual que algunos otros invitados, se había puesto ya en pie, y con paso tranquilo, se dirigía a las puertas de la habitación.
¿Se marchaba a casa? ¿O se dirigía al salón? No pudo evitar pensar en aquello que le había dicho, hacía apenas una hora… Le había pedido un baile.
Sakura sintió que se le aceleraba el corazón de nueva cuenta. Si quería hablar con Syaoran, parecía ser que bailar con él sería su única oportunidad. Se sintió tentada a seguirlo, pero sintió como la mano de Yukito volvía a estrechar la suya. Un poco confundida de ver allí a su novio, clavó sus verdes ojos en los grises de él.
-Se dice que las subastas siempre son interesantes –dijo el hombre de cabellos grises-, pero nunca esperé algo como esto. Hay que agradecer a Tomoyo por habernos invitado.
Yukito se puso en pie, y ayudó a su novia a hacer lo mismo. Sakura estaba por responder al comentario del hombre, cuando sintió una sombra detenerse junto a ella. Se trataba de Eriol.
-Aquello ha ido espectacular –dijo apenas conteniendo su emoción-. Tomoyo se encuentra ya ocupada platicando con el Presidente D. Flourite, así que creo que lo mejor sería que nos adelantemos al salón de baile.
De ese modo, los tres salieron de la sala de conferencias, y caminaron por el pasillo del ala este, dirigiéndose a la habitación ubicada en el fondo de aquel. En el salón de baile, las luces se habían atenuado un poco, y en un rincón, cercano a las puertas que llevaban al patio, una banda de instrumentos clásicos había comenzado a tocar canciones tranquilas y románticas. En el lugar se encontraban ya la gran mayoría de los invitados y sus acompañantes. Mientras algunos conversaban, y otros comían, unos más se encontraban ya bailando al compás de aquellas canciones, que parecían haber salido de otra época.
-Ah, justo lo que necesitamos –exclamó Eriol. Un mesero había pasado cerca de ellos, sosteniendo en una bandeja varias copas con champaña dorada y espumosa. El muchacho de cabello azulado se apuró a tomar tres, y repartirlas entre sus amigos-. ¿Un brindis?
-¿Por qué brindamos? –preguntó Yukito, pese a que ya tenía su copa en el aire, esperando. Sakura lo imitó.
-Oh, yo que sé –bufó Eriol, realizando un ademán de desdén-. ¿Por tantos años de amistad? ¿Por el éxito de la subasta? ¿Por el excelente trabajo que hace Sakura en el estudio? ¿Por tu impecable desempeño en hospital? ¿Necesito más excusas?
-Por los años de amistad, entonces –rio Yukito. Los muchachos chocaron las copas, y bebieron. Eriol con especial apuro, pues en aquel momento, una bonita muchacha de largo cabello pelirrojo, sujeto en una alta coleta, y con un hermoso vestido color miel se acercó a saludarlo.
-¡Monsieur Eriol! –dijo en un acento claramente francés. El aludido sonrió a Sakura, guiñó un ojo a Yukito, y susurró:
-Si me disculpan… ¡Mademoiselle Fenette! –Eriol había colocado su copa vacía en la charola de un mesero que pasaba por allí, y esquivando a Yukito, se dirigió hacia la mujer, quien sonreía de manera coqueta. La sujetó por la cintura, y así, ambos se perdieron entre el gentío.
-Algo me dice que no volverá muy pronto –comentó Sakura, mientras Yukito sonreía.
-Si nos quedamos a esperarlos, pasaremos toda la noche junto a la mesa de bocadillos –terminó de tomar su champaña, y del mismo modo que Eriol, la colocó en una bandeja a manos de un mesero que pasaba por allí-. ¿Te apetece bailar?
-Seguro –respondió una alegre Sakura, quien dejó su copa a la mitad en la mesa de bocadillos que tenía detrás de sí, y tomando la mano de su novio, también se perdieron entre la gente que atiborraba ya la pista de baile.
Caminaron un poco hasta encontrar un punto no tan atestado. Yukito rodeó la cintura de Sakura con su mano izquierda, acercándola hacia ella, sujetó su mano derecha en el aire, mientras ella colocaba su otra mano en su hombro. Y comenzaron a bailar aquel delicado vals.
-Yukito, sobre lo ocurrido en la subasta…
-Yo también estoy impresionado por la manera en que el señor Li se aferró a ese vestido. No sabía que tenía planes de casarse. Me pregunto por qué habrá venido solo.
-No, no hablaba de eso. Hablaba del otro vestido. Del que compraste tú.
-¿Qué pasa con él? ¿No te gusta?
-Claro que me gusta, sabes que los diseños de Tomoyo son simplemente hermosos. Pero… No debiste comprarlo.
-¿Por qué? –Yukito se había separado un poco, aunque aún bailaban, y miraba ahora el rostro abochornado de Sakura, con expresión confusa.
-No me malentiendas –se defendió ella-. El vestido es hermoso y realmente me encanta, pero, no tenías que malgastar tu dinero así. No fue nada barato…
-Sakura quizá no sea un multimillonario como Eriol o Tomoyo, pero tampoco soy pobre. Pudiste comprobarlo cuando te invité a vivir conmigo, y cuando te compré el auto.
-De eso justo hablo –la muchacha sonaba un poco irritada. Se sentía como una niña a la cual regañaban por hacer algo que era "demasiado peligroso"-. No me siento cómoda recibiendo regalos tan costosos de tu parte. El departamento y el auto fueron otra cosa. Me hizo muy feliz el saber que querías que viviésemos juntos, y el vehículo era necesario pues tenía que ir no solo a la oficina, sino a las locaciones para tomar las fotografías. Pero este vestido…
-Mira, ¿qué te parece si lo ponemos así? No es solo un regalo para ti. Sino para mí también. Tal como dijo Eriol, es hermoso de verlo puesto, pero también es bonito ver cómo te lo puedo quitar.
Lo que estaba por decir, se esfumó de su mente a la velocidad de la luz. Sakura sintió como sus mejillas se sonrojaban, y aquel tono rojizo se extendía por todo su rostro. No supo que contestar. Era como si hubiese olvidado como se hablaba. A diferencia de Tomoyo, a ella se le complicaba hablar de temas sexuales. Yukito estaba por hacer otro comentario, cuando un mayordomo se detuvo junto a él. Al instante, los muchachos dejaron de bailar. El hombre de pantalón negro y camisa blanca, se inclinó sobre el hombre de cabellos grises, y susurró algo en su oído. Yukito asintió, con lo que el joven realizó una reverencia y se retiró velozmente.
-¿Ha pasado algo? –preguntó Sakura, confundida.
-La compra de tu vestido es un negocio después de todo –fue la respuesta de su novio-. Me necesitan para que examine mi adquisición, defina mi forma de pago, apruebe el empaque y provea una dirección de envío.
-Te acompaño.
-Descuida –Yukito se negó prontamente-. Tú diviértete, yo me encargaré de esto. No creo que tarde demasiado –y besando la mano de Sakura, finalmente la soltó-. Ya regreso.
El hombre de ojos grises salió con paso calmado de la habitación. Del mismo modo, Sakura se decidió a abandonar la pista. No tenía caso estar de pie, sola, estorbando a las personas que sí tenían con quien bailar, y querían hacerlo. Así, la muchacha se decidió a esperar a su novio junto a una de las mesas de bocadillas, mientras bebía otra copa de champaña. Quizá hasta probara los bocadillos de camarón que Tomoyo le había mencionado a Syaoran…
Y hablando del rey de roma…
Sakura había llegado al borde de la pista de baile, y frente a la mesa de bocadillos a la que se disponía a llegar, se encontraba el muchacho de cabellos castaños. Recargado contra la pared, bebiendo lentamente de aquella copa de espumosa champaña, se veía relajado. La muchacha sintió como sus piernas no respondían. Una parte de su cerebro le indicaba que debería alejarse y fingir que no lo había visto, mientras que la otra le decía que debía acercarse a él y conversar un poco.
No tuvo que esperar a que su mente se decidiera por una opción, pues Syaoran la había visto ya. Terminando su bebida de un solo trago, dejó la copa en la mesa, y separándose de la pared, se acercó a la muchacha de ojos verdes.
-Pensé que te habías marchado –fue el comentario de Sakura, cuando Syaoran finalmente se detuvo frente a ella.
-Tuve una llamada importante qué realizar.
-¿Le informaste a tu prometida que conseguiste su vestido? –Syaoran no pudo reprimir una risita. Aquello le sonaba a que la muchacha de corto cabello castaño estaba celosa.
-No, no hablé con ella-. Se apuró a negar-. Hablé con mi madre. Y aunque sí hablamos sobre el vestido, la conversación giró un poco más alrededor de un agradecimiento.
Sakura frunció el entrecejo, un poco confundida. Le parecía extraño que la futura suegra sugiriera comprar un vestido tan hermoso, y tan caro. Por naturaleza, se suponía que la suegra y la nuera nunca se llevaran bien. Y en caso de Syaoran, sonaba como si aquellas dos fuesen muy buenas amigas. Syaoran pareció notar lo que pensaba, pues al instante agregó:
-Mi madre tiene mucho aprecio por Mei Lin.
-¿Ese es el nombre de tu prometida? –el muchacho asintió, mientras tomaba un bocadillo de camarón y se lo llevaba a la boca. Sakura no supo qué más decir, así que esperó a que el muchacho terminase de masticar, y ofreciera algún tema de conversación.
-Entonces… -dijo finalmente el señor Li, con aquel tono tranquilo-. ¿Qué tal ese baile?
-¿Qué?
-No veo a tu novio por ningún lado –y el muchacho fingió que buscaba por toda la pista-. Y dada su personalidad tranquila y serena, no creo que le moleste que te tome por un par de minutos.
-Yo… -pero Syaoran había extendido ya su mano, esperando que la muchacha la tomase.
-Es solo un baile.
Sakura no supo cómo rebatir aquel argumento, por lo que (aún no muy convencida) colocó su mano sobre la del muchacho, quien la sujetó con gentileza, y del mismo modo, la condujo a la pista. Igual que había ocurrido con Yukito, buscaron un punto algo libre entre el gentío, y después de sujetar su cintura, y de que ella tocara su hombro, comenzaron a bailar lentamente.
-¿Contenta por tu nueva adquisición? –preguntó Syaoran, mientras giraban lentamente. Sakura lo miró, y le dirigió la misma expresión incómoda que le había dado a Yukito, cuando hablaron del vestido que acaba de comprar.
-El contento deberías de ser tú. O tu prometida. O tu madre.
-Creo que todos los invitados a la boda estarán muy contentos por la elección. Después de todo, mi madre sabía lo que hacía al sugerir algo elaborado por la señorita Daidouji.
-¿Es que acaso tu madre siempre quiso tener una hija, y por ello la aprecia tanto?
Al instante se arrepintió de haber formulado su pregunta. ¿Qué le daba derecho de hacer cuestionamientos tan personales a un hombre que casi no conocía? Sin embargo, su paranoia se vino abajo, cuando Syaoran volvió a reír, un poco más fuerte.
-Mi madre no necesita añorar una hija. Es decir, tengo cuatro hermanas mayores. Y ellas también tienen un gran cariño por Mei Lin. Además, olvidas el punto clave: estoy por realizar negocios con la señorita Daidouji. El comprar su vestido más caro y especial, es parte de una estrategia empresarial. Que resulte ser que fue un vestido de novia, justo cuando voy a casarme… Bueno, supongo que el destino a veces nos juega bromas pesadas.
Aquello último que Syaoran había dicho, Sakura apenas y lo escuchó. Después de todo, en su mente seguía girando aquel primer comentario, que había opacado el resto del discurso. Le costaba trabajo imaginarse a aquel imponente hombre de negocios, como el hermano menor. Se preguntó si sus hermanas serían igual de imponentes y decididas como él. Pero se contuvo de preguntar.
-¿Si tu madre no hubiese sugerido el vestido… lo hubieses comprado? –allí estaba de nueva cuenta su curiosidad. Al instante volvió a arrepentirse por haber formulado aquella nueva pregunta. Sin embargo, Syaoran parecía estar tan de buen humor, que no tuvo reparo en contestar.
-Muy probablemente. Y no solo porque sea un gran visionario de los negocios, sino porque también quiero lo mejor para Mei Lin. No por nada me voy a casar con ella.
-Pensé que los ricos se casaban por negocios. Es decir, tu prometida también es partícipe de tus empresas, y la ha expandido mucho…
La mirada que Sayoran le dirigió en ese momento, la hizo enmudecer. Ya no estaba bailando, aunque el muchacho aún sujetaba su mano y su cintura. La acercó más hacia él, y Sakura no pudo evitar sentirse un poco asustada. Estaba demasiado cerca. Si Yukito, Tomoyo o Eriol les veía…
-Nunca me casaría con alguien, por algo que no fuese amor –dijo el muchacho en tono de voz bajo, pero perfectamente audible. Era como un susurro alojado directamente en el oído de Sakura-. Y yo a Mei Lin la amo de verdad.
Se quedaron así, aun tocándose el uno al otro, mirándose directamente a los ojos, con los rostros y los cuerpos extremadamente juntos. Sakura sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, desde la nuca, hasta los dedos de los pies. Aquella mirada era tan penetrante y profunda, que sentía como si pudiese leer sus pensamientos. Tenía que desviar la mirada, pero no podía. No sabía cómo. Había algo en aquellos ojos avellana que le hacían querer mirarlos más y más. Perderse en ellos. Era como si el tiempo se detuviese cuando miraba aquellos ojos.
Entonces, aquellos ojos avellana se desviaron de los suyos, y aterrizaron en sus labios. Sintió cómo se le humedecía la boca. ¿Es que acaso Syaoran planeaba besarla? Ella también desvió la mirada hacia los labios del joven, y un escalofriante pensamiento le llenó cada rincón de su mente. ¿Estaba deseando aquel beso?
Sus párpados se habían vuelto pesados, sentía como se cerraban sus ojos, y sus labios se separaban un poco, lo justo para inhalar lentamente, esperando aquel contacto de piel con piel. Y entonces, cuando sentía que el alma se le salía por aquel pequeño espacio que formaba su boca…
-¿Señor Li?
Tuvo que apurarse a abrir los ojos y buscar la fuente de aquella desconocida voz. Se trataba de uno de los tantos mayordomos que se encontraban en el lugar. Syaoran, quien parecía no haber notado lo que acababa de ocurrir entre él y Sakura (o que era demasiado bueno fingiendo que no pasaba nada) miró al joven detenidamente.
-El asistente de la señorita Daidouji lo espera en el despacho para que revise el vestido…
-Ah, claro. Claro, gracias.
El mayordomo realizó una fugaz reverencia, y del mismo modo que había hecho con Yukito, se apuró a retirarse. Syaoran volvió a mirar a Sakura (quien no pudo evitar dar un pequeño respingo), y finalmente soltó su cintura.
-Un placer haber bailado contigo esta noche –musitó el muchacho, aunque aún sujetaba la mano derecha de la joven-. Espero que nos volvamos a encontrar. En especial porque, si mal no recuerdo, aún me debes una cena.
Realizando una corta reverencia, besó el dorso de la mano de Sakura, y finalmente la soltó. Le dedicó una fugaz sonrisa, y mientras la muchacha de brillantes ojos verdes sentía como se le coloreaban las mejillas, el joven de cabello castaño había salido ya de la habitación.
-¡Sakura! –no tuvo mucho tiempo de admirar cómo el joven desaparecía de su vista, pues al instante, la alta y estilizada figura de Tomoyo había hecho aparición. La muchacha de cabello negro le sonreía alegremente, al tiempo que le hacía leves señas, indicándole que se acercase. Sakura así lo hizo, y prontamente se descubrió como parte de un grupo de tres personas, que conversaban animadamente.
Tomoyo se encontraba acompañada por un hombre ya mayor, de cabellos blancos, ojos cafés y piel amarilla, que tomaba de la cintura a una elegante señora de corto cabello rubio, sujeto en un par de palillos chinos, enfundada en un bonito vestido color verde seco, y que poseía unos brillantes ojos azules. Sakura no pudo evitar preguntarse quiénes eran ellos, y a qué se debía la invitación de unirse a la conversación.
-Qué bueno que te encuentro, Sakura –fue el saludo de Tomoyo, quien de nueva cuenta se apuró a besar a su amiga en la mejilla-. Justo estaba por mandar a alguien a buscarte.
-La señorita Daidouji ha hablado tan bien de usted, que estaba comenzando a impacientarme por conocerla –dijo el hombre. Su sonrisa era tan sincera y amable, que Sakura no pudo evitar sonreírle de vuelta.
-Sakura, quiero presentarte a Shigeo Otsuka, el director de la revista de National Geographic. Y parece ser que está dispuesto a realizarte una entrevista.
-La señorita Daidouji nos ha comentado de su pasión por la fotografía de la vida silvestre –esta vez fue la mujer rubia quien habló. Su voz también era alegre- Mi marido y yo nos preguntábamos si pudiese mostrarnos su portafolio. Estamos ansiosos por ver su trabajo, para definir si es usted lo que NatGeo busca.
Los ojos de Sakura se abrieron como platos. Por un instante se quedó sin habla. ¿Aquello iba en serio? Miró a Tomoyo, aunque rápidamente volvió a mirar al director Otsuka.
-Encantada de conocerlo –fue lo primero que vino a su mente, al tiempo que realizaba una torpe reverencia-. Será un honor para mí que usted revise mi trabajo, y sería un honor mayor el poder trabajar para usted.
En aquel momento, Sakura no podía pensar en nada, que no fuese como el sueño de toda su vida estaba tan cerca de volverse realidad. De su mente se habían borrado todas sus preocupaciones, y solo había espacio para aquella absoluta felicidad. Era como si se hubiese olvidado del vestido que Tomoyo le había regalado, del vestido que Yukito le había comprado, y del vestido con el que Syaoran iba a sorprender a su prometida.
-Adelante, señor Li –indicó el mayordomo mientras abría la puerta para él. Syaoran agradeció con un simple movimiento de cabeza, y se deslizó al interior de la habitación. La puerta se cerró detrás de él, dejándolo solo.
El lugar en el que se encontraba ahora era un amplio despacho ubicado en el ala oeste de la mansión. La habitación era alargada hacia los lados, adornada con un par de estantes llenos de figuras de plata, un par de sillones de tela rojiza acolchada, además de bonito escritorio de madera oscura ubicado en la parte central del lugar, y una enorme pintura de un paisaje invernal, colocado en la pared detrás de éste. Sin embargo, lo que llamó la atención del joven, no fue la exquisita decoración del despacho, sino la fila de elegantes vestidos que se encontraban cada uno dentro de una vitrina iluminada interiormente, y colocados en fila, ocupando prácticamente todo el lugar. Parecía una exhibición de museo.
-Señor Li, gracias por venir –saludó una grave voz masculina. Fue entonces que Syaoran se dio cuenta que junto a uno de los vestidos (el modelo que Yukito había comprado a Sakura) se encontraba un hombre alto y fornido de corto cabello negro y ojos oscuros. Vestía un sencillo pantalón de vestir negro, y camisa de manga larga a juego, con una corbata roja. Junto a él, había una delgada y bajita mujer, de aspecto delicado, con un largo cabello negro, y ojos tan oscuros como el hombre, que sujetaba un cuadernillo entre las manos, y anotaba en él rápidamente. Ella usaba un vestido negro de mangas cortas abombadas, que llegaba por debajo de las rodillas, además de portar un moño rojo en el pecho.
El hombre se acercó prontamente a Syaoran y estrechó su mano, en un saludo cordial pero firme.
-Monou Fuuma –se presentó-. Y esta es mi asistente Monou Kotori.
La mujer emitió una corta reverencia. A Syaoran no le pasó el hecho de que se apellidaban igual. Considerando aquellos rasgos que compartían (pese a uno ser muy masculino y la otra muy femenina) supuso que ambos eran hermanos.
-Un placer –fue su respuesta, mientras respondía a la reverencia.
-Si gusta acompañarme –el hombre y la mujer caminaron por delante de aquellos vestidos, en dirección hacia la derecha, recorriéndolos todos, hasta llegar a la última vitrina. Syaoran los siguió de cerca. Se detuvieron junto a esta, y mientras la mujer ponía la libreta a punto, el hombre indió a Syaoran que se acercase a ver lo que había en el interior de la caja. El señor Li se acercó lentamente, mirando aquel alto contenedor.
Allí se encontraba el Eternal. Encerrado en su caja de cristal, iluminado tenuemente desde el interior de ésta, daba la idea de ser una pieza de cientos de años de antigüedad, conservada perfectamente, esperando a ser admirada por el resto del mundo.
-El protocolo indica que debe revisar su pieza, y firmar un aviso de conformidad, antes de que podamos aceptar su pago –comenzó a explicar en aquel momento la mujer, Kotori-. Aunque por motivos de seguridad, no podemos sacarlo de su exhibición.
-No hay problema –respondió Syaoran, tranquilamente. Pese a que la habitación estaba perfectamente iluminada, la suave y delicada voz de Kotori creaba un aire soporífero en el ambiente.
-Una vez que termine de examinar su compra, y esté conforme con ella, podemos proceder a registrar su pago, y nos prepararemos para empacarlo y enviarlo a donde nos indique.
Syaoran asintió en silencio. Los dos hermanos se retiraron un poco, dando espacio a que el joven examinara el vestido. Sin embargo, él no se movio de su lugar. Al contrario, en vez de centrar su mirada en la exhibición, miró a sus acompañantes.
-¿Podría… revisarlo a solas?
-El protocolo de seguridad indica… -comenzó Kotori.
-Que no puedo sacarlo de la vitrina -se apuró a contestar Syaoran.
-Estoy seguro que el señor Li se apegará a las reglas –intervino Fuuma. Su hermana lo miró, y mientras se sonrojaba un poco, musitó:
-Disculpe, señor Li. No era mi intención ofenderlo.
-No hay problema. ¿Podría…?
-Seguro, seguro –ambos realizaron una corta reverencia, y se apuraron a dirigirse a la salida. Al llegar a la puerta, Kotori salió sin entretenerse, mientras Fuuma se detuvo para agregar-. Lo esperaremos aquí afuera. Avísenos cuando esté listo.
Y así, finalmente, dejaron al muchacho solo.
Syaoran se llevó las manos a la espalda, y se acercó con paso lento a la vitrina. Con aquellos focos colocados en el borde de la caja, y dirigidos especialmente a iluminar el vestido, los diamantes brillaban románticamente. Sin embargo, al mirar aquella obra de arte por segunda ocasión, a su corazón no llegaba un sentimiento de tranquilidad y amor por la persona y la ocasión en la que se suponía, sería usado.
Lo que sentía era miedo.
Rondando la vitrina, miró la cola del vestido, y mientras caminaba en círculos alrededor de él, siguió subiendo la vista. Admiró en silencio la fina línea de flores negras, el adorno de flor en la cadera, la seda que rodeaba el torso, y los cristales que cubrían el pecho. Era cierto que el trabajo de Daidouji Tomoyo era exquisito. Sin embargo, había algo en aquel vestido, que lo hacía sentirse nervioso. Volvió a recorrer el vestido con la vista, pero al mirarlo en su completo, pensando en la persona que lo usaría el día de su boda, no pudo ver a Mei Lin, por ninguna parte.
A quien veía era a Sakura.
No pudo evitar dar un brinco hacia atrás, extendiendo los brazos, como si temiese caerse y esperara sujetarse de lo primero que encontrara. Pero no cayó, sino que se quedó en aquella posición de susto, mientras su boca formaba una ligera "O" y sus ojos se abrían de par en par. ¿Qué estaba pasando?
Eternal era un vestido exquisito, y estaba seguro de que a Mei Lin le encantarían las flores y los cristales. Sin embargo, le era imposible (por más que se esforzaba) imaginársela usando aquella obra de arte. No era que el vestido fuese demasiado largo, demasiado cargado, o que no se ajustara a su figura, pero había algo allí que no le permitía visualizar a su prometida usándolo. Y por más que lo pensara, seguía sin saber qué era. Era como si el vestido no hubiese sido hecho para ella.
Sino para Sakura.
La veía como un ángel, con aquella sonrisa brillante imposible de ser superada por los diamantes. Con aquella suave piel que aquella seda se aferraría a abrazar. Con aquel caminar fresco que se vería aún alegre, pero sofisticado, cuando la cola del vestido la siguiera susurrante.
Incapaz de manejar su propia visión. Syaoran tuvo que dar media vuelta, y sujetándose al librero que tenía ahora frente a él, cerró los ojos con firmeza. Lentamente su visión fue desapareciendo hasta dar paso a la oscuridad, y aquellas lucecitas que brillaban dentro de sus párpados.
Sin poderse contener mucho más, se soltó del librero, y caminó con paso veloz hasta la puerta, la cual abrió de un tirón.
Necesitaba salir de allí. Necesitaba aire fresco.
Hola a todos y todas, ojalá y estén pasando un bonito domingo ^^!
Primeramente, espero y hayan pasado una muy bonita Navidad en compañía de sus seres queridos. Que Santa les haya traido lo que pidieron, y que hayan comido lo que les gusta XD!
Segundo, les agradezco mucho todos sus reviews, el tiempo que se toman para leerme, y escribirme unas líneas. También gracias a los que agregaron a favoritos y dieron follow. Significa mucho para mí, gracias de verdad.
Tercero, cruzo dedos porque el capi de hoy les haya gustado. He tenido un momento complicado después de leer el review de alecartas, por como menciona que a Syaoran no se le nota muy interesado en Sakura. No me había dado cuenta de cómo me he estado concentrando en lo que ocurre en la cabeza de ella, que he dejado fuera un poco lo que piensa y siente Xiao *inserte risa malvada*. Creo que por ello el fin de este capi les puede tomar un poco por sorpresa. ¿En qué está pesando Syaoran? ¿Le gusta Sakura si o no? Tranquilos, pequeños saltamontes. Que roma no se construyó en un día, el amor tampoco llega así como así.
Cortándole a mi rollo para no dar spoilers, les invito a que de nueva cuenta me dejen un review, me digan qué fue lo que les gustó, lo que nó, y lo que se pueda mejorar. Para los que ya me conocen, reitero (y para los que no, les informo), que me encanta meter personajes extra de otras series de CLAMP. Le da un toque muy "universo paralelo". Lo digo por un review que llegó hace tiempo donde preguntaba si D. Flourite tendría algún papel importante en la trama de Sakura. Así como apareció también "Shirou", "Kotori" o "Fuuma", lamento decir que realmente no creo que aporten mucho. Solo era el gusto por mencionar un par de nombres en la fiesta XD!
Hablando de nombres, el director de NatGeo si es una persona real (ya saben como me gusta hacer "investigaciones" XD).
Como despedida (que el coment está quedando ya kilométrico), les informo que MUY probablemente, la próxima semana no haya up. Como saben, el jueves-viernes es la celebración de año nuevo, y como no voy a trabajar desde el miércoles hasta el lunes, es muy probablemente que salga de la ciudad a pasear con mi familia, en una especie de mini vacaciones :v Así que si resulta ser que no tengo internet, pues no habrá up. Una disculpa de antemano.
Les mando abrazos, y besos (dejen review), y sigan bellos!
