Disclaimer: nada de esto es mío.
Notas: sí, lo sé, no tengo vergüenza alguna. Primero no subo durante un tiempo muuuuy largo, y luego, justo cuando digo que no voy a subir, voy y actualizo así porque sí, porque me da la venada. Qué vamos a hacerle; caprichos de autora. Pero aquí estamos otra vez, con Peter -a ver si sale de una vez por todas, que al fin y al cabo este es su fic.
Un verdadero Gryffindor
Veneno
Casi no puede -no quiere- creerlo. No volverá a molestarnos, dice Sirius, y se ríe, y Peter ríe con él, porque casi todo lo que suelta Sirius es gracioso, a menos que te pares a pensarlo.
Esto no lo es.
James golpea antes de gritar. ¿Puedes ser más gilipollas, Black?, le espeta; Canuto le mira desde el suelo, el labio partido y una expresión arrogante, venenosa -Black- en los ojos. ¿Qué quieres? ¿Matarnos a todos? Y se va, dando un portazo y casi corriendo, y Peter se queda paralizado porque no sabe de qué va, todo esto.
Ayuda a Sirius a levantarse, aunque algo le dice que no debería hacerlo, que es justamente eso -el tener una mano amiga siempre, siempre, no importa lo que haga- lo que los ha llevado a esto. Sea lo que sea.
Se pasan la noche en silencio. Sirius intenta hablar, un par de veces -dice cosas así como Él se lo ha buscado, o Se merece lo que le pase; dice frases crueles sin pararse a pensar-, pero Peter no puede siquiera mirarle a la cara.
Y luego, de pronto, cuando casi le vence el sueño, Pet lo escucha. Sollozos.
Sirius Black está llorando.
A la mañana siguiente es él el único Merodeador en clase. Tampoco va Snape, claro, y, por una vez, Peter le echa de menos. Podría fingir que no ha pasado nada, si estuviera. Podría seguir con su vida, ser un chaval, una vez más, y no sólo un cuerpo flojo y tembloroso, ausente.
Peter está asustado. Está terriblemente asustado, con todas las letras, y no sabe qué hacer. Sólo esperar; siempre se le ha dado bien.
El primero en aparecer es James, a la hora del almuerzo. Tiene una herida horrible cruzándole la espalda; Peter no lo sabe. Tiene también un humor de perros.
¿Estas son horas de llegar?, pregunta Evans. James casi le muerde.
Y eso que es herbívoro.
Peter traga saliva. ¿Cómo ha ido?, dice, aunque no quiere saber. No, no quiere escuchar nada.
James le lleva aparte, se lo cuenta.
Casi no llego a tiempo, le explica. Luego No he estado más acojonado en toda mi puta vida. Y tiene los ojos llenos de lágrimas, y le tiemblan las manos, y Peter sabe que esta mañana, frente a todos, ha tenido que hacer de héroe, y que no puede más.
¿Sirius?
Ahí, James no dice nada.
Sirius Black va a pasarse castigado el resto del curso, escuchan después. A Peter no le parece justo, claro -cualquier otro habría sido expulsado, probablemente-, pero Canuto es su amigo, y no tiene sentido protestar.
Gilipollas, es lo primero que dice James cuando el otro chico entra por la puerta. Se le ve aliviado, de todas formas; Sirius puede ser un casi asesino, sí, pero, ante todo, es su hermano. Es algo que Peter nunca comprenderá, por supuesto.
Remus también entra en la habitación, justo detrás. Está más pálido que de costumbre, demacrado; parece a punto de echarse a llorar, también. Peter no sabe qué tendría que hacer ahora, como amigo. ¿Qué se dice cuando has estado a punto de matar, de morir?
Toma, susurra, al final, y le tiende un libro. Lo traje de la biblioteca.
A Remus no le quedan fuerzas para sonreír, así que sólo asiente.
La semana siguiente es simplemente horrible.
Remus y Sirius no se hablan. Es lógico, supone Peter, pero siente cómo se le desgarra algo dentro cada vez que están los cuatro en una habitación.
James no sabe por quién tomar partido. Peter, sí.
Sirius Black le da miedo, pánico, terror. Sirius Black puede ser su amigo, sí, pero también es un demonio, un Black en toda regla, cargado de veneno.
Peter no quiere que le ataque.
Así que sigue con él, le acompaña, como antes, a todas partes. Y se siente mal consigo mismo -se siente un traidor, un arrastrado-, pero sabe que Remus le comprenderá, llegado el momento. Él, al fin y al cabo, siempre ha hecho lo mismo.
Todo se ve diferente, ahora que son sólo dos.
La gente susurra a su paso -dicen los rumores que han peleado, según unos, por culpa de una chica, y Peter casi se echa a reír, la primera vez que lo oye, porque si sólo fuera por eso. La gente murmura a sus espaldas, también, y hablan de cómo James Potter no parece saber qué hacer, de cómo el prefecto Lupin ha debido pasarse de la raya, quizás cumpliendo el deber. Lily Evans se acerca un día a Remus, le felicita. Él parece a punto de gritar.
Y Peter... Peter se deja llevar. Sirius masculla cada vez que escucha algo de esto, gruñe y ladra y golpea -en cualquier otra ocasión, Snivellus se habría llevado la peor parte. Y besa a chicas porque sí, algo que no había hecho nunca, antes, como intentando probarse a sí mismo, definirse. Como si tuviese miedo a desaparecer, si los demás -si Remus- no notan su presencia.
Peter entiende muchas cosas, entonces.
Una noche, el heredero de los Black desaparece. Dos días antes de la luna llena, cuenta Peter; James declara que ya se encontrará él solo, y Colagusano coincide. Remus, no. Remus necesita buscarlo, quizás porque teme que vaya a hacer algo, de nuevo, algo de lo que todos se arrepentirán, después.
Sirius lo hace, aunque ni James ni Peter lo sepan. Pero son cosas que se ven.
Los Merodeadores vuelven a ser uno, después de esa noche. Vuelven a estar juntos, los cuatro, amigos inseparables separados de por vida. Peter lo nota en las miradas, los gestos, ese control obsesivo que mantiene Sirius Black de ahí en adelante, el temor casi invisible en los ojos de Remus. Los Merodeadores vuelven a ser cuatro, en apariencia, pero -Peter lo sabe- el daño está hecho, y el veneno se extiende, poco a poco.
Danny
¿Críticas, comentarios?
