(A/N): Si algo tengo en común con Levi son las escasas horas de sueño... SIento haber tardado tanto en subir este capítulo, pero no he tenido mucho tiempo para escribir. ¡Espero que les guste!.


Una sonrisa relució en los labios de Hange cuando reconoció las alas de la libertad en los tres jinetes que se aproximaban hacia el refugio. Sin embargo, una parte de ella se estremeció al intuir lo que había sucedido con el resto de su escuadra. Al parecer, tendría que esperar algunos minutos antes de saber quienes habían sido el trío de afortunados supervivientes, aunque estaba totalmente segura de que Levi iba a la cabeza.

Avisó a Sasha, que se encontraba a su lado en el tejado, para que diera la buena noticia del regreso de esos tres soldados a los demás reclutas, especialmente a Eren.

Por fin tendrás tu respuesta, muchacho. Pensó la mujer.

No obstante, intentaría hablar con Levi primero, ya que, después de haber visto lo afectado que estaba el joven debido a su ausencia, lo que menos necesitaba era que el cabo lo recibiera de malos modos.

Quería tantear primero los sentimientos de su amigo porque, conociéndolo como lo había llegado a conocer durante esos años, sabía que el cabo antepondría lo que considerara correcto a sus propios deseos, cosa que quería evitar en ese caso.

Ni siquiera Erwin hacía eso.

Suspiró y se dirigió hacia el establo, había llegado a pensar que ese día tampoco llegarían, ya que en unas horas anochecería de nuevo.

No le sorprendió ver que los tres presentaban un aspecto horrible, además de oler a estiércol. Una sonrisa mal contenida se dibujó en el rostro de Hange al deducir lo encantado que estaría Levi con eso.

La piel de los tres estaba surcada de magulladuras y Nifa tenía un corte bastante feo en uno de sus brazos. Afortunadamente, en el refugio contaban con todo lo necesario para tratar debidamente la herida.

El rostro de cada uno de ellos reflejaba el agotamiento extremo al que habían sido expuestos sus cuerpos, por lo que Hange les dio permiso inmediato a sus subordinados para retirarse y descansar lo que restaba de día.

Cuando Levi terminó de desequipar las monturas, Hange se acercó para conversar un rato más con él.

—Siento lo de tus hombres, Hange —la disculpa del cabo llegó antes de que ella despegara sus labios—. Solo pude traer de vuelta a dos.

Ella agitó una de sus manos en el aire, dándole a entender a su amigo que no debía culparse por ello. Después de todo, ella misma había visto con sus propios ojos las condiciones tan desfavorables en las que habían luchado, bastante sorprendente era el hecho de que hubieran regresado ellos con vida.

—Aquí muchos se temían ya lo peor —explicó ella—. Yo estaba tranquila, eres difícil de matar —añadió tratando de impregnar su voz con la impasibilidad que tanto caracterizaba al más bajo, ganándose un ceño fruncido por parte de su interlocutor.

Ante el silencio de su compañero, Hange prosiguió hablando.

—¿Sabes enano?, existe un antiguo dicho que dice algo así como, bicho malo nunca muere

Levi la miró quedamente. Lo único en lo que pensaba el cabo era en las ganas que tenía de darse un buen baño para quitarse de encima ese penetrante olor a mierda. No estaba dispuesto a permanecer más tiempo en el establo escuchando las ocurrencias absurdas de aquella mujer.

Al menos no se ha puesto a hablar de titanes, pensó el cabo. Mientras giraba sobre sus talones para dirigirse hacia el interior del refugio para tomar su deseado baño.

La mano de Hange se posó sobre su hombro, deteniendo el avance del hombre.

—Un momento, Levi —él se detuvo, pero continuó dándole la espalda.

Como se atreva a pronunciar la palabra titán una sola vez…

—Sabes que me agrada que hayas vuelto —la mano de Hange apretujó un poco el hombro sobrecargado del cabo, en un gesto que demostraba el afecto que guardaba por su amigo—. No quedan muchos veteranos, estamos cayendo como moscas desde que hemos descubierto tanta información acerca de nuestros enemigos.

Ambos recordaron en ese momento a Mike, un gran soldado con el que habían combatido codo con codo. Sabían que había muerto la noche en la que el titán animal hizo su aparición por primera vez dentro de los muros, aunque nadie había sido capaz de localizar su cuerpo, o lo que quedara de él.

—Lo sé —contestó Levi de forma escueta, decidido a zanjar aquella conversación cuanto antes.

Hange tomó aire antes de abordar el principal tema que quería comentar con su amigo.

—Intenta no ser tan duro con Eren —Al escuchar estas palabras, Levi se giró para mirarla irritado, apartando de forma brusca la mano que ella tenía apoyada sobre su hombro.

—Lo sabías, ¿verdad?. Tú lo sabías y dejaste que se arriesgara a volver. ¡Joder, Hange!, ¿desde cuándo actúas con tan poca cabeza? —estaba enojado, pero se notaba que el agotamiento estaba aplacando considerablemente su ira.

—Dale un respiro, Levi —contestó ella encogiéndose de hombros, como si todo aquello no tuviera tanta relevancia—. El pobre chaval lo está pasando realmente mal. No solo siente que nos está decepcionando al no saber utilizar su poder, si no que encima se ha enamorado de un hombre —Hange hizo una breve pausa—, mayor —añadió—, con mucho carácter.

La mirada de Levi se iba volviendo más afilada con cada nueva palabra que pronunciaba la castaña.

A pesar de la evidente molestia del cabo, Hange utilizó un tono de voz bastante calmado en todo momento, convencida de que así evitaría que el otro perdiera los nervios con ese asunto.

No le pasó desapercibida la perturbación de Levi al escuchar la palabra enamorado.

—Solo te pido que le dejes los dientes en su sitio —dijo finalmente.

Escuchó a Levi maldecir por lo bajo y entendió algo en las líneas de que mas da, si le van a volver a salir, pero dejó que avanzara unos pasos en dirección contraria antes de añadir algo más.

—Levi —lo llamó empleando un tono que él conocía bastante bien.

El cabo la observó de soslayo. Ella le estaba lanzando aquella mirada. Esa que tanto detestaba porque era la única capaz de ver realmente dentro de él, de leer sus sentimientos más ocultos, aquellos que incluso él mismo ignoraba a veces.

A través de las gafas, esos ojos castaños tan observadores advirtieron el tumulto de emociones que se ocultaban detrás de esos iris grisáceos. La tensión en la mandíbula de Levi, el roce de una de sus botas contra el suelo y el lenguaje corporal del hombre dejaban a las claras que el enamoramiento de Eren había removido algo en su interior.

Ella comprendió el dilema por el que él estaba pasando en aquel momento, aunque seguía sin poder anticiparse a cual sería la reacción de su amigo.

Por supuesto, nadie que contemplara al cabo sería capaz de percibir esa agitación en la actitud aparentemente impasible que siempre mostraba. Pero lo conocía demasiado bien como para pasar por alto esas señales que a ella no se le antojaban tan sutiles.

A él lo estaba sacando de quicio esa mirada escrutadora. Ella sabía.

—No hagas eso —le dijo, mirándola con más desdén del que ya había demostrado antes.

Hange estaba segura de que el ceño fruncido en el rostro de su amigo había alcanzado el límite de lo posible. Esa piel no podía estar más arrugada.

—Ay enano… —suspiró ella—. Jamás pensé que te vería así.

Una sonrisa mal disimulada, con el objetivo de incomodar al más bajo, se dibujó en el semblante de la castaña.

Sus gafas emitieron un brillo que ocultó los ojos que enmarcaban.

—Tch —Levi se dio la vuelta y salió del establo para dirigirse al interior del refugio, donde esperaba poder tomar su baño sin que nadie lo molestara.

Hange lo siguió con la mirada, mientras meneaba la cabeza sonriendo.


A pesar de sentirse ligeramente culpable, debido a que algunos hombres de Hange habían muerto, Eren era incapaz de disimular la euforia que sentía al conocer la noticia del regreso de Levi.

El castaño había llegado a convencerse de que algo malo le había pasado al cabo, ya que llevaban dos días sin saber nada de ellos y no se tardaba tanto tiempo en llegar hasta el refugio desde su antigua posición. Por fin, el castaño podría conciliar el sueño…o eso pensaba, pues los nervios no habían abandonado del todo su cuerpo, simplemente había cambiado el motivo que los producía.

Armin y Mikasa habían tenido que soportar las intensas conversaciones de Eren consigo mismo mientras caminaba de un lado a otro del dormitorio cual animal enjaulado. Cada hora que pasaba, su ansiedad aumentaba. Ni siquiera Jean había tenido el ánimo de querer pelear con él, simplemente no soportaba toda aquella verborrea incesante.

Eren había repetido mil veces que prefería que el cabo le propinara una paliza todas las mañanas por estar enamorado de él, a que muriera en aquella batalla con los excéntricos.

Ahora que Levi había regresado, le preocupaba sobremanera que la reacción del cabo fuera precisamente esa.

Mikasa bufó.

—¿No lo querías de vuelta? —preguntó entre dientes—. Ya lo tienes aquí.

—Mikasa —Armin le dedicó una mirada de reproche—. Eren, en algún momento tendrás que enfrentar las consecuencias de tus actos. Quizás el cabo decida hacer como si no hubiera pasado nada y ya está.

—Que se atreva a pegarle… —la voz de Mikasa había salido en un susurro, pero a sus amigos no se les escapó el tono amenazante con el que habían sido pronunciadas aquellas palabras.

Eren se llevó las manos a la cabeza y se dejó caer en la cama, mareado de tanto caminar en círculos en un espacio tan reducido.

—La verdad Armin, no sé qué me dolería más —contestó el castaño clavando su mirada en las vigas del techo—. Creo que manejaría mejor su enfado que su indiferencia.

El rubio le dedicó una mirada apenada, pero no dijo nada más. Realmente creía que Eren había realizado un movimiento arriesgado y tendría que lidiar con las consecuencias, fueran cuales fueran. Detestaba ver a su amigo pasar un mal rato, pero tampoco podía hacer nada más para ayudarlo. Se limitó a escucharlo, tal y como había hecho momentos atrás, para demostrarle que, cualquiera que fuera el resultado, ellos estarían a su lado apoyándolo como siempre.

Jean apareció en la habitación en ese preciso instante. Con solo observar la actitud de sus amigos, supo que Eren estaba de nuevo dramatizando la situación. Cerró la puerta al tiempo que soltaba un sonoro suspiro.

—De verdad que creía que no podías caerme peor, pero estando enamorado eres un auténtico dolor en el culo, Eren —soltó Jean.

Mikasa se recolocó la bufanda disimuladamente. Eren había aprendido a descifrar el significado de ese gesto, cuya finalidad era ocultar las sonrisas de la morena.

—¿Qué coño quieres, Jean? —le respondió el castaño de malos modos.

—Cenar. Y dejar de escuchar tus lamentos —Jean había avanzado unos pasos en su dirección en un claro movimiento de provocación.

Mikasa lo tomó de la mano y lo obligó a retroceder de nuevo hacia la puerta.

—Tengo hambre —declaró ella, zanjando de ese modo la disputa antes de que diera comienzo.

Jean siguió a su novia sin rechistar, aunque le dirigió una mirada socarrona a Eren que éste no consiguió descifrar.

¿Qué te propones?, pensó el castaño cerrando sus puños.

—Vamos, Eren —la voz de Armin lo sacó de sus cavilaciones—. Ya tendrás tiempo de hablar con el cabo mañana. Tenemos que reponer fuerzas.


Hange les había transmitido lo agotados que estaban Moblit, Nifa y el cabo Levi, en un intento de que los reclutas tuvieran cuidado para no hacer excesivo ruido mientras preparaban la cena. Por ese motivo, Eren y sus amigos habían dado por sentado que ninguno de los tres aparecería aquella noche en el comedor para cenar con los demás.

Una suposición totalmente errónea.

Eren contuvo el aliento mientras bajaba el último tramo de escaleras, al observar la nuca rapada de la persona que estaba sentada presidiendo la mesa.

Los nervios se apoderaron de él una vez más, paralizándolo en el sitio. Solo el empujón que le propinó Armin fue capaz de moverlo de aquella posición.

Cuando el rubio pasó de largo y se sentó al lado de Sasha, Eren supo que sus amigos no estarían dispuestos a colaborar en evitar que viviera una situación incómoda. Ya que, el único asiento que había quedado libre, era el que se situaba en el lado derecho del cabo.

Eren se acercó con cautela y solo alzó la vista un segundo para dirigirle una mirada dolida a sus amigos. Después, volvió a hundir sus hombros y ocultó su expresión tras los mechones castaños que enmarcaban su rostro.

El joven juró que podría morir de vergüenza en ese instante, sentado tan cerca de Levi, sin atreverse a mirarlo directamente a la cara.

Aquello no se lo iba a perdonar a esos tres, seguro que había sido idea de Jean.

Si, definitivamente había sido idea suya. Ya que las comisuras de sus labios estaban ligeramente levantadas, intentando disimular una sonrisa.

Menudo cabrón, pensó Eren.

Sin embargo, el cabo no le prestó ni la más mínima atención, ya que estaba enfrascado en una conversación con Hange acerca de algo que habían descubierto el día anterior.

—¿Has oído eso, Eren? —exclamó la castaña, sobresaltando completamente al joven—. ¡Los excéntricos estaban ahí observando nuestros movimientos!. ¡Maldita sea, debí quedarme con vosotros para poder verlo con mis propios ojos!.

Eren contemplaba boquiabierto como Hange gesticulaba exageradamente y derramaba parte de su comida debido a su excesivo entusiasmo.

—¡Cuéntame más, Levi! —presionó la castaña—. ¡Hasta el más mínimo detalle!. ¡Qué emocionante!.

A pesar de que Hange daba bastante miedo cuando se exaltaba de la forma en la que lo estaba haciendo en ese momento, Eren no pudo estar más que agradecido de que fuera ella la que acaparara toda la atención de Levi durante la cena. Sabía que en algún momento tendría que hablar con él, pero aún no había pensado qué decirle o cómo defenderse. La preocupación había ocupado su mente esos días, por lo que ni siquiera se había planteado como abordaría su regreso.

Estaba feliz por comprobar que Levi estaba bien y no había resultado herido. Aunque pudo observar, debido a que el cabo se había arremangado su camiseta para comer, que su pálida piel estaba cubierta de arañazos y cortes leves.

Decidió concentrarse en la conversación que mantenían sus superiores en ese momento, la cual, dejaba claro que su intervención en el bosque no había sido ningún tipo de traición, si no una advertencia de que allí habitaban aquellos excéntricos. Al menos podría sentirse tranquilo con ese asunto.

—Mmm —Hange llevo una mano a su barbilla, pensativa—. Lo que nos cuentas es inquietante, enano. Pero es una información muy valiosa. Una lástima que Gina haya partido a reunirse con Erwin, podría haberle informado de todo esto para que también se lo transmitiera.

—Pues tendrá que hacer dos viajes —contestó el cabo.

El resto de la cena transcurrió con normalidad. Sin embargo, el silencio que se asentó tras la conversación acerca del bosque no hizo más que incomodar al castaño, haciendo que le sudaran las manos y que tuviera que agacharse hasta en tres ocasiones a recuperar el cubierto que se le había caído al suelo. Levi lo miraba de reojo cuando eso pasaba, pero evitó hacer ningún comentario al respecto.

Finalmente, cuando todos terminaron de cenar, Hange se puso en pie para asignar las tareas a los reclutas.

—Jean y Conny se encargarán de limpiar los platos y la cocina —a Eren le dio satisfacción ver la cara de fastidio que puso Jean. La limpieza no era lo suyo y seguro que se llevaría una buena reprimenda por parte de Levi si no veía reflejado su rostro en los platos después de estar lavados.

Al pensar en Levi, no pudo evitar mirarlo de reojo una vez más, temeroso de encontrarse con esos ojos grises mirándolo con desaprobación. Sin embargo, el cabo estaba con la mirada perdida, absorto en sus pensamientos mientras giraba su taza distraídamente entre sus manos. Eren comenzó a notar un poco de calor en sus mejillas y supo que se estaba ruborizando, por lo que decidió centrarse de nuevo en el sufrimiento de Jean para disimular.

—Sasha, Mikasa, primer turno de guardia —ambas chicas asintieron y se levantaron de la mesa para preparar sus equipos de maniobras.

—Conny y yo nos encargaremos del segundo turno —prosiguió Hange—. Los demás pueden retirarse a descansar. Mañana esperamos recibir instrucciones y será un día largo.

Todos los reclutas se levantaron haciendo rechinar las sillas contra el pavimento de piedra, dispuestos a dirigirse a las habitaciones a descansar o a cumplir con las órdenes que acababa de impartir Hange.

—Eren, tú te quedas un poco más —la voz de Levi a su espalda provocó que al joven se le helara la sangre en las venas. Apenas se había girado en la silla para ponerse en pie—. Tengo que hablar un asunto contigo.

Nadie más le dio importancia a aquellas palabras porque era bastante común que Eren tuviera que quedarse más tiempo hablando con sus superiores acerca de algún experimento. Sin embargo, Jean, que estaba retirando los platos, alzó las cejas y desvió la mirada rápidamente en otra dirección. Armin hizo algo parecido mientras suspiraba, adivinando lo que se le venía encima a su mejor amigo.

—Claro —la voz de Eren sonó unas octavas más altas debido al nudo que se le había formado en la garganta.

Hange apoyó una de sus manos sobre el hombro de Levi antes de marcharse, queriendo recordarle con ese gesto su previa conversación en el establo. El cabo se limitó a fruncir el ceño y cruzar los brazos sobre su pecho, inclinando su cuerpo en el respaldo de la silla para observar mejor al manojo de nervios que se encontraba sentado a su derecha.

Levi esperó unos minutos a que todos se alejaran bastante de aquella habitación. El silencio que se instaló entre ellos era realmente incómodo y Eren detectó como la tensión del ambiente aumentaba a cada segundo que pasaba.

Me va a matar, pensó el castaño, que jugaba nerviosamente con la llave que llevaba atada al cuello, sin atreverse a levantar la mirada de la mesa. Un sudor frío recorrió su espalda, provocando un escalofrío que no fue capaz de camuflar.

La mano de Levi se apoyó en la mesa cuando este giró para sentarse de lado, con la intención de encarar al más joven, provocando que Eren se encogiera instintivamente pensando que el primer puñetazo estaba en camino. El castaño no pudo evitar cerrar los ojos esperando el golpe, pero al cabo de un rato los entreabrió al ver que éste no llegaba.

Se encontró con los ojos fríos de Levi mirándolo intensamente y en silencio. Aquello le daba más miedo, el rechazo, la decepción, el desprecio… todo eso lo atemorizaba más que una paliza física.

Sus ojos verdes se humedecieron y no fue capaz de aguantarle la mirada.

—¿En qué mierda estabas pensando Eren? —su tono era implacable. Levi era capaz de mostrar agresividad solo con su forma de hablar—. ¿Tan acostumbrado estás a que te salven el culo que no valoras una mierda la vida de los demás?.

Aquellas palabras azotaron al joven mucho más fuerte de lo que lo hubiera hecho una bofetada.

—L-lo siento cabo —Eren intentaba por todos los medios retener las lágrimas.

Por su mente se sucedieron los rostros de todos aquellos que habían muerto por salvarle la vida o por rescatarlo de alguna situación complicada. Aquellas muertes que plagaban sus pesadillas serían una carga de la que jamás podría deshacerse. Ya resultaba bastante doloroso cuando Jean se lo recordaba constantemente, pero viniendo de Levi, aquellas palabras le destrozaban el corazón.

—Lo sientes. Pero sigues sin comprender nada —el tono que estaba empleando el mayor se le estaba clavando como un puñal en un pulmón.

A Eren le estaba costando respirar y seguía sintiéndose incapaz de mirar a los ojos a su interlocutor.

—N-no quería. Joder… —Eren parecía a punto de sufrir un colapso, solo deseaba que se lo tragase la tierra o poder volver atrás en el tiempo e impedir que de su bocaza saliera aquella confesión. Sin embargo, se armó de valor para añadir—. No quería faltarle al respeto señor, ni poner en peligro su vida al distraerlo de esa manera. Creía que solo tendría esa oportunidad para poder decírselo. Lo siento mucho, de verdad.

Eren se atrevió a alzar la mirada, sus ojos brillaban más que nunca debido a las lágrimas contenidas que amenazaban con precipitarse por sus mejillas. Levi jamás había visto un verde tan intenso.

—¡Idiota! —Levi descargó un puñetazo sobre la mesa, provocando que Eren diera un respingo en su asiento— . ¡Si te ordeno que te alejes y te pongas a salvo, obedeces!. No es a mi a quien faltas al respeto al ignorar tu seguridad, si no a todos aquellos que se han quedado en el camino para poder darte unos minutos para escapar. Es a ellos a quienes debes esa disculpa —Levi se inclinó ligeramente hacia el castaño—. ¿Es qué aún no entiendes que tu eres más importante?.

De repente, Eren sintió de golpe todo el peso de aquellas muertes en su conciencia. Era como si alguien hubiera descargado una montaña de ladrillos sobre sus hombros sin previo aviso, produciendole la sensación de asfixia. Algo se removió en el interior del castaño, una rabia que respondía ante aquellas emociones tan fuertes.

Explotó, como si acabaran de prender la mecha de un cartucho de dinamita.

—¡Basta! —esa vez fue el quien aporreó al inocente inmueble—. ¡Estoy harto de escuchar eso! —el joven sabía que debía callarse, pero una vez que Eren comenzaba algo, lo tenía que terminar—. ¡Estoy harto de que todos mueran a mi alrededor porque piensen que mi vida vale más que la suya!. ¡Yo no elegí esto, joder!.

Una bofetada terminó rápidamente con su discurso.

—¡Imbécil, nadie ha elegido la mayoría de las cosas que están pasando! —Levi hizo un esfuerzo por contenerse. Se sorprendió al descubrir que aquella bofetada le había dolido más a él que al castaño—. Tienes que centrarte, Eren —hizo una pausa y una mueca se dibujó en su rostro ante su propia elección de palabras.

A continuación, Levi cerró los ojos y respiró profundamente, obligándose a controlar sus impulsos y el enfado que poseía en ese momento. Había decidido que Eren merecía una reprimenda debido a su desobediencia, pues él siempre había creído que la disciplina solucionaba ese tipo de comportamientos. No obstante, el auténtico motor de toda esa rabia no era otro que su propio desconcierto por la cantidad de sentimientos contradictorios que estaba experimentando desde hacía dos días.

Comenzó a utilizar un tono más relajado y desenfadado con el joven.

—Tienes que asumir el papel que te ha tocado. ¿Acaso crees que no me jode tener que hacerte pasar por ciertas cosas? —hizo una leve pausa— . ¿Crees que no me jode no poder hacerme cargo de la situación para evitar que tengas que tomar una decisión difícil?.

Eren lo miraba con rabia, abochornado debido al ardor que sentía en su mejilla izquierda. No obstante, evitó mostrar cualquier atisbo de dolor, ya que no quería darle esa satisfacción al hombre que tenía delante.

Sin embargo, su enfado se fue disipando al comprender que había sido él quien se había sobrepasado gritándole de aquella manera. Levi podía parecer una persona cercana, pero no dejaba de ser su superior. Además, la bronca que estaba recibiendo era totalmente merecida.

La rabia se disipó de golpe, dando paso de nuevo a la vergüenza. Un silencio invadió la escena, roto en exclusiva por las respiraciones irregulares de ambos.

—Lo siento —musitó Eren, quien había agachado nuevamente la cabeza en señal de sumisión—. Siento ser una decepción constante.

Levi puso los ojos en blanco. En ese momento, recordó las palabras de Hange y no pudo evitar que lo invadiera la culpa ante la imagen de derrota que presentaba el joven.

—No, perdóname a mi Eren —el de los ojos verdes alzó la vista sorprendido—. Estoy cansado y me he dejado llevar .

Eren se percató de que Levi aparentaba de repente la edad que tenía o incluso un poco más. Lucía realmente cansado, con las ojeras más marcadas que nunca. El cabo había llevado una de sus manos a su rostro para masajearse la sien, intentando relajar el dolor de cabeza que estaba sufriendo.

—Le prometo que me centraré a partir de ahora —Levi apartó la mano de su cara para observar al joven mejor—. Me dejé llevar por el pánico pero no volverá a pasar.

El castaño habló con actitud resuelta, dispuesto a hacer todo lo posible para superar ese enamoramiento no correspondido. Ya había comprobado, con la reacción de Levi, que no tenía ninguna posibilidad con él. Al menos se contentaba por haber recibido solo una bofetada y unos cuantos gritos.

—En realidad hiciste lo que te había aconsejado, Eren —el joven lo miró atentamente—. Solo que escogiste el peor de los momentos.

Eren sonrió a modo de disculpa, sin embargo no había alegría en sus ojos.

—¿Existe un buen momento para confesar algo así al cabo Levi? —preguntó.

—Supongo que no —contestó el mayor.

Por primera vez desde que lo conocía, Eren divisó un atisbo de sonrisa en los labios del mayor y de nuevo algo se removió en su estómago. Fue entonces cuando su resolución flaqueó, consciente de que estaba bastante lejos de superar sus sentimientos por el otro.

El joven hizo ademán de incorporarse, sin embargo, Levi le indicó con un gesto de la mano que todavía no podía retirarse. Eren obedeció y observó atentamente al cabo, que volvía a lucir en su rostro aquella mirada pensativa que había mostrado al final de la cena.

La conversación aun no había acabado.


(A/N): Por fin el tan esperado reencuentro...un poco agridulce. La buena noticia es que el siguiente capítulo está casi terminado, así que tardaré poco en actualizar :)

Mil gracias a todos los que siguen esta historia. Respondo reviews:

DSJuanis001: ¡Gracias por la review!. Quería mostrar con lo de Nifa la reacción que suele tener Levi cuando alguien le coquetea xD pero no es mala chica. El reencuentro ha sido un poco brusco, lo sé, pero nadie puede estar de buen humor después de haber dormido dos horas rodeado de mierda xD

Yessica Akiri: ¡Gracias por comentar!. Me alegra que te gustara el capítulo.

anel angeles: ¡Muchísimas gracias!. Es el primero que publico y seguro que tengo que mejorar muchas cosas, pero me alegra que te guste.

Sorita Uchiha: ¡Gracias por la review!. Me animan a continuar escribiendo.

Belle coquelicot: ¡Muchas gracias por comentar cada capítulo!. Después de la tormenta viene la calma, necesitaba un capítulo tranquilo en el que se pudieran comprender los pensamientos de Levi. El reencuentro seguro que no es lo que muchos esperaban, pero Eren desobedeció una orden y Levi no podía obviar ese detalle. Aun así, parece que tiene algo más que decirle, ya veremos de que se trata...