¿Contrato? ¿Cómo fue que surgió? Ahhh… eso fue hace mucho… antes de siquiera saber que me había enamorado de Ryou, sus ojos ya me habían hechizado.

–Él es el Shirogane, Ryou.

La voz de su madre había sido serena y tranquila, presentándole al chico rubio y de ojos celestes, quien se limitó a reverenciar. Ichigo le miró sorprendida, ¿era acaso posible? Hace menos de una hora lo había visto en el parque con un castaño apuesto, el cual se hallaba unos metros detrás, sonriendo divertido ante la escena.

–Mucho gusto, señorita Momomiya.

No quería ser descortés, así que se inclinó ante él, un poco extrañada por las vueltas que daba el destino. Keiichiro se acercó a ella, presentándose nuevamente y besando su mano al tiempo que lograba hacerla sonrojar. Sólo entonces su padre tomó la palabra, hablando sobre sus planes en el nuevo proyecto, el rubio asintió y ambos salieron de la estancia, entrando en el pequeño despacho de Shintaro. Akasaka entró después, cerrando la puerta con cuidado.

–¿Él es la visita que papá esperaba? –le preguntó a su madre, luciendo seguramente turbada.

–Así es, sabía que era joven, pero no que tanto… es muy apuesto, ¿no lo crees, Ichigo? –sonrió ligeramente.

–S-Sí… pero su carácter no le favorece… –murmuró.

–¿De qué hablas? Es un encanto, muy educado y respetuoso.

Ichigo hubo de morderse el labio para no contarle su primera impresión. No era correcto que tuviera un altercado con ese niño que pudiese causarle problemas a su padre en un futuro, Shintaro Momomiya era un hombre especialmente cauteloso con su hija, así que prefería evitar desacuerdos desde el primer día de su llegada… ¡Oh, sí! El rubio se quedaría en su casa cinco días completos, aclimatándose a Japón, ya que durante los últimos cuatro años había vivido en Estados Unidos y aún no se sentía muy seguro de su japonés.

Ichigo se limitó a suspirar, siguió a su madre a la cocina y procedió a colocar la cena, esperando haberse equivocado y que realmente el rubio fuera una persona dulce y serena, aunque seguramente distaba mucho de ello.

–Has estado muy callada –dijo Sakura, conocedora del carácter alegre de la pelirroja–, ¿hay algo que te molesta?

–No, nada… –terminó de colocar los vasos y procedió con los palillos.

–¿No crees que Shirogame-kun sería un excelente novio?

La pelirroja dejó caer los palillos ante el comentario, divirtiendo a su madre.

–¡N-No digas algo como eso! –gritó exaltada.

–No debería alzar la voz, estamos en una reunión importante…

La voz aterciopelada del rubio detrás de ella hizo que se le izaran todos los vellos de su cuerpo y más al imaginar que hubiera escuchado algo. Ichigo sintió a sus mejillas arder, apretó con fuerza la tela de su ropa sin saber cómo reaccionar.

–¿Qué ocurre, Shirogane-san? –preguntó su madre con respeto.

–Buscaba el baño, pero los gritos de su pequeña hija me han distraído… –le comunicó tranquilamente.

–Lo siento, Ichigo es muy expresiva –se disculpó.

–Espero no se repita.

–No se preocupe; el baño está a la izquierda, siga el pasillo y lo encontrará.

Ryou reverenció y siguió las indicaciones. Ichigo se quejó con su madre por su atrevimiento, no creía poder soportar ni cinco minutos más bajo el mismo techo que el rubio, ¿cómo podría por cinco días? Kami la odiaba, de eso estaba segura…

oOo

Se habían encerrado en uno de los laboratorios de la escuela. Las clases continuaban fuera, el ruido era mucho menor al recreo, el cual acababa de pasar, por lo que el movimiento de los pasillos era poco probable y, aún si alguien quisiera ir, esa aula había sido recientemente cerrada por un problema con un experimento. Además, Ichigo había tenido un pequeño problema en la cancha, por lo que había sido llevada a la enfermería, lo que no sabían eran que se había escapado.

Se hallaban sentados en el piso, fuertemente abrazados. Ichigo estaba entre las piernas de Ryou, quien le sostenía de la cintura con ambas manos, recargando su espalda en el torso del rubio. La pelirroja llevaba la ropa de deporte, la cual consistía en unos pantalones cortos y camiseta blanca, su cabello recogido en dos coletas amarradas con listones rojos le daban un toque fresco. Por su parte, Ryou vestía como todos los días: pantalón de vestir, camisa blanca desabotonada ligeramente y zapatos negros, su saco y corbata descansaban en una mesa.

–¿Estás bien? –preguntó Ryou suavemente.

–S-Sí… –asintió sonrojada.

–Me encargaré de que lo expulsen.

–N-No hay necesidad…

–Ichigo, ese tipo trató de tocarte… de no haber pasado en ese momento, seguramente…

–Pe… Pero no fue así, gracias, sensei…

–¿Cuántas veces te he pedido que me digas Ryou? –preguntó quedamente.

–R-Ryou… –se corrigió.

–Ichigo…

Contempló sus orbes celestes, perdiéndose en los mismos mientras el sonrojo en su rostro se hacía más y más presente. Lo siguiente que recordaba eran sus labios sobre los suyos, siendo besados con ternura, cariño, suavemente, sin miedo y sin prisa alguna. La temperatura de su cuerpo comenzó a elevarse, ¿a qué se debía? ¿Quizás era por las manos del rubio, tan cerca de su cuerpo? Sí, podía sentir que allí donde estaban su temperatura era aún mayor.

Inconscientemente gimió cuando sintió la lengua de él adentrarse en su boca, pareciera ser que él notó el hecho, sus manos se metieron bajo la camiseta, haciendo que abriera los ojos por la sorpresa y su sonrojo aumentara, le empujó levemente, rompiendo el contacto.

–¿Q-Qué haces? –logró articular.

–¿Te molesta? Si es así, me detendré… –dijo, mirándola directamente a los ojos.

–No… no es eso… sólo… sólo… es… diferente… –desvió el rostro.

Volvió a besarla suavemente, logrando que se relajara; cuando finalmente sintió que ya no estaba tensa volvió a meter la mano derecha bajo la tela, al tiempo que con la izquierda acariciaba su muslo. Ichigo sintió que el contacto con su piel quemaba, mas no era desagradable, sólo una experiencia nueva, desconocida para ella. Hace unos momentos un chico de un grado superior al suyo había querido propasarse, su simple cercanía hacía que se le revolviera el estómago, pero no era parecido a estar así con Ryou, su recién incorporado maestro.

Volvió a soltar otro gemido ante el tacto del rubio, se sintió desfallecer cuando su mano subió hasta su pecho, tocándolo por encima de su brasier, apretó con fuerza la tela de su camisa y sintió sus piernas flaquear en ese momento. Hábilmente el de ojos celestes dirigió su mano a su espalda, desabrochando la prenda y luego volvió en su recorrido hasta su seno, comenzando a acariciarlo suavemente.

–Ahhh…

Los gemidos comenzaron a inundar el sitio, Ichigo trataba de soltarlos lo más bajo posible, enterrando su rostro en el pecho de su profesor, se mordió el labio al darse cuenta que deseaba gritar su nombre. Podía sentir que comenzaba a humedecerse, apretando su entrepierna para que el otro no lo notara.

Al parecer no dio resultado, pues Ryou parecía conocer cada reacción de su cuerpo; su mano libre comenzó a estimular su vagina sobre la delgada tela y algo en la chica comenzó a burbujear ante el simple roce.

–Se-Sensei…

El rubio levantó su camiseta, contemplando su perfecto pecho, tapado apenas por el brasier, que levantó de inmediato para poder apreciarla mejor. Continuó tocándola suavemente, centrando su atención en sus pezones, firmes ante el contacto, tiró de ellos suavemente y sintió un líquido tibio surgir de los mismos al tiempo que Ichigo soltaba otro suspiro. Dirigió su boca hasta su piel, comenzando a besarle con maestría, la pelirroja acarició sus hebras rubias con el rostro completamente sonrojado.

–¡Ahhh, sensei! Sé… sé cuidadoso, ¿sí?

Su lengua comenzó a jugar son su pezón izquierdo mientras su mano derecha era introducida bajo la tela, acariciando su entrada con apenas las yemas de los dedos. El pecho de Ichigo comenzó a subir y bajar más rápidamente de lo usual y su temperatura estaba por los cielos. Se sintió elevar aún más cuando él presionó su clítoris y se tapó la boca con ambas manos antes de gritarle que continuara de esa manera o seguramente alguien los descubriría.

oOo

–¿Y bien?

La voz de Ryou la sacó de sus cavilaciones, el rubio estaba parado a unos pasos de ella, con una toalla en la mano mientras que el agua continuaba corriendo. Ichigo sólo sonrió mientras cerraba la puerta, luego caminó a su encuentro.