Capítulo 10

Esencia de Multrap, Harry pensó. Debo traer más esencia de Multrap el próximo verano. Me pregunto ¿Cuándo podré salir de aquí?

Las bolsas que llevaba en sus brazos pesaban mucho, estaban repletas de ingredientes y otras cosas que Tía Petunia necesitaba.

Todo tiene que ser perfecto para el cumpleaños de Duddy, pensó Harry en tono burlón.

Sin embargo, la verdad era que a él le gustaba que lo enviaran a hacer recados. Esto le daba la oportunidad de alejarse por un rato de los Dursleys, de ver a otra gente y de tomar un descanso de los interminables quehaceres que debía de realizar en la casa.

Había disfrutado salir el día de hoy, por dos razones: primero, reducía el tiempo que tenía que pasar cerca de Dudley y Piers, segundo, caminar desde el pequeño mercado hacia su casa le había dado tiempo de despejar su mente, luego de haber tenido el pequeño altercado con Tío Vernon el día anterior – algo que le resultaba imposible si estaba encerrado en la casa, realizando sus labores.

Era un alivio que su tío no hubiera dejado ningún golpe o marca visible en algún lugar de su cuerpo que no podía cubrir con ropa. Si lo hubiera golpeado en la cara, o en sus brazos, no le habrían permitido salir de la casa hasta que los moretones desaparecieran.

Lo único malo de estar afuera era que el ardiente sol le incomodaba la espalda, hacia que su piel le picara y, además, le recordaba de su pesadilla de la noche anterior.

Harry pudo divisar el Número 4, demasiado pronto, en su opinión. Harry suspiró, pero no disminuyó la velocidad de su paso – aun tenía mucho que hacer antes de la cena para el cumpleaños del "precioso Diddykins" y no le convenía enojar a su tía y a su tío de nuevo. Además, no tendría ningún problema haciendo sus quehaceres – ahora que eran mayores, y que Dudley sabía que su primo era un mago, perseguir y golpear a Harry se había convertido en algo ya del pasado.

De todas maneras, esos dos idiotas, estarían sin duda alguna, encerrado en el cuarto de Dudley, pasando esta hermosa tarde adentro de la casa, jugando violentos videojuegos. Lo cual era algo bueno para Harry, ya que eso significaba que no estarían afuera, viendo como trabajaba, comiendo helados y comentando en voz alta sobre lo penoso que sería acalorarse por trabajar demasiado en un día de verano tan calurosos como ese.

Mientras Harry cruzaba, sin saberlo, los limites que cubría la protección de sangre de su madre, un hombre, que caminaba disimuladamente al otro lado de la calle, lo estudió detenidamente, desapareció con un pequeño giro, luego de que el chico llegara a su casa.

Agarrándose fuertemente al columpio que Potter había instalado en su jaula, Snape se había quedado en shock, al ver a los dos sorprendidos adolescentes parados frente a él. Tenían una idéntica expresión de sorpresa, que los hacía ver aun más estúpidos.

Dudley fue el que se recobro primero del shock, mirando a su amigo dijo…

"Yo que es un murciélago, Piers. ¡No soy estúpido!"

"Bueno, ¿acaso no me dijiste que Harry tenía una lechuza?" dijo Piers en tono demandante, sin dejar de ver por un momento a Snape

"Es la verdad, el si tiene una lechuza. No sé en donde esta, seguramente enviando alguna carta a uno de sus amigos. No sé de dónde ha venido este murciélago"

Piers camino lentamente alrededor de la jaula. "¡Mira! – el animal está vendado."

Dudley miró más de cerca, y luego rio un poco. "Eso lo explica todo – probablemente el animal estaba herido o algo y el fenómeno de mi primo lo encontró y decido jugar a ser doctor. Hacia lo mismo cuando éramos más chicos." El chico obeso rió nuevamente "La mitad del tiempo mataba a sus pequeñas mascotas, sacándolas de su miseria, cuando el no me veía; nunca descubrió porque sus animales nunca sanaban."

Piers, mientras tanto, seguía caminando alrededor de la jaula, inspeccionando al murciélago desde todos los ángulos posibles. Snape giraba su cuerpo para poder mantener al chico frente a él.

"Esto es genial" dijo Piers emocionado. "Solo mira su tamaño. Juro que no existe ningún murciélago como este en todo el Reino Unido, no son nativos de aquí."

Dudley parecía intranquilo. "¿No creerás que… es un murciélago vampiro o algo así, no?"

Era algo común de su primo traer a la casa animales peligrosos como esos. Papá lo mataría.

"No, no lo creo," dijo Piers, acercándose aun más a la jaula y aferrándose a los barrotes de hierro con sus manos. "Mira sus dientes, son demasiado chicos para que sea un carnívoro"

Dudley miró nervioso al murciélago, quien había descendido desde su columpio al suelo de la jaula. El murciélago había retrocedido un poco y mostraba sus dientes enojado al ver que Piers amenazaba con invadir su territorio. "No lo sé… a mi si me parecen grandes sus dientes."

¡Pregúntenle a Potter! El les dirá que tan fuertes son mis dientes, pensó Snape irritado. Retrocedió tanto como pudo, hasta que su espalda hizo contacto con las barras de hierro de la jaula, que prevenían que se alejara aun más.

"Mira, Gran D – hay un plato con frutas ahí dentro. ¡Es un murciélago frutero!" Piers señaló con su dedo el pequeño recipiente con frutas. Dudley miró más de cerca.

"Un momento, ese kiwi era parte de mi desayuno. Mamá lo compró para mi, para mi dieta" Dudley miró con odio al murciélago. "Se supone que ese fenómeno no podía comer hoy por que está castigado"

"Dudley le tenemos que mostrar esto a los chicos. ¡Vamos, saquémoslo de aquí!"

El corazón de Snape empezó a latir con fuerza.

Esto no es bueno… esto no es nada bueno.

¿Qué le harían esos chicos si lograban agarrarlo? Ambos se veían mucho más rudos y descuidados, y mucho menos gentiles y considerados que Potter. Si se transformaba ahora, frente a los dos muchachos, tendría que borrarles la memoria, por su propio bien y el de ellos. Pero, esta casa estaba bajo la vigilancia del ministerio, si hacia magia probablemente culparían a Potter por ello.

Era como caminar en la cuerda floja, toda su vida adulta había sido así, es por ello que Snape era un experto en tomar decisiones en momentos drásticos, decisiones de vida o muerte, en situaciones que eran demasiado peligrosas como para tener tiempo para pensar - pero ahora, ¡no sabía que hacer frente a estos dos adolescentes muggles! No sabía si era por la increíblemente bizarra situación en la que se encontraba o porque se trataba de dos matones adolescentes, algo que le traía muy malos recuerdos de su juventud. No importaba la razón, no hacía mucha diferencia.

Snape intento parecer lo más grande y temible que pudo, el pelo alrededor de su cuello se erizó, mostró sus dientes enojado, chillo en tono amenazante y miró con odio a los dos chicos frente a él.

Dudley Dursley, pareció acobardarse.

"Vámonos Piers… no parece muy amigable."

"No seas gallinita, Dud… debe de ser muy dócil si tu primo ha sido capaz de ponerle vendas" Piers abrió la puertecilla de la jaula y metió su mano intentando alcanzar a Snape.

Snape chasqueó sus dientes al ver los dedos acercándose e intentó huir hacia su derecha, pero el chico fue demasiado rápido, esquivando los dientes del animal, agarró a Snape por la piel de su cuello. Los regordetes dedos del chico apretaron sin cuidado el hombro herido de Snape y luego sacaron rudamente al murciélago de la jaula.

Snape luchó por liberarse.

"Vamos vamos, pequeño murcielaguito" dijo el muchacho con voz cantarina y luego rio. Golpeo juguetonamente con los dedos la pequeña cabeza de Snape, haciendo que este viera estrellas.

"¡Esto es genial!" exclamó Piers. "Vamos, Dud… mostrémoselo a los otros chicos. Deberíamos quedarnos con él, en serio… para asustar a la gente, sería genial."

Dudley, envalentonado por el éxito que había tenido Piers con el animal, quería probar ahora que el tampoco le temía a la criatura.

"Vamos dámelo, ¡quiero sostenerlo!" dijo con entusiasmo.

Mientras Piers le pasaba el murciélago a Dudley, Snape hundió sus afilados dientes en el regordete dedo del chico Dursley, con la esperanza de que este lo arrojara al piso, dándole tiempo para poder esconderse abajo la cama de Potter. El chico obeso grito con agonía, pero, en vez de tirar a Snape al suelo, lo agarró de la parte trasera de su cuello, lo suficientemente fuerte como para halar dolorosamente la piel de Snape. Luego con la otra mano agarró fuertemente el cuerpo del murciélago, apretando su mano alrededor de las costillas y dejando al animal sin aire.

Piers estaba riendo, pero Dudley estaba furioso.

"¡Animal pestilente! probablemente tenga rabia" dijo el chico con ira.

La mano alrededor del cuerpo del murciélago empezó a cerrarse con más fuerza y la cabeza de Snape parecía querer estallar de dolor.

Mientras su visión empezó a tornarse gris y borrosa, su ultimo pensamiento fue uno irónico.

En vez de ser asesinado por Voldemort, algo que era muy probable considerando que era un espía, iba a morir aplastado por un malcriado, obeso y petulante niño muggle.

Se imaginó a Potter, enterrándolo en el jardín, su cuerpo dentro de una caja de zapatos y sintió un extraño deseo de reír.

Probablemente nadie se llegaría enterar de lo que le había pasado a Severus Snape.

Los dedos del chico se cerraron aun más. Sus costillas crujieron y chilló de dolor, moviendo sus pequeñas garras en el aire.

Harry entró en la cocinar por la puerta trasera, dejó la bolsa sobre la mesa y empezó a poner la comida en las alacenas o en el refrigerador. Okay, termina de guardar la comida en la alacena, pregunta a Dudley y a Piers si quieren almorzar, luego puedes podar los arbustos-

Escuchó un débil chillido, que provenía del piso de arriba, luego la voz de Piers:

"Dudley vamos ¡No lo mates!"

¡Espartaco!

A Harry se le resbaló de las manos el paquete de galletas que estaba sosteniendo y corrió inmediatamente hacia su habitación.

Cuando llegó a su habitación, quedó horrorizado al ver que murciélago estaba en las gordas manos de su primo. Los ojos del animal estaban desorbitados y había un poco de espuma en su hocico.

"¡Dudley, No! Dudley ¡suelta al murciélago en este instante!"

Dudley se volvió para mirarlo.

"Me mordió" gruñó el chico. "Ahora tienes animales peligrosos aquí adentro. Espera a que le diga a papá."

Su puño se volvió a cerrar aun más y Espartaco chilló de nuevo.

Por puro instinto, Harry hizo algo que no había hecho en años: se abalanzó sobre su primo y lo golpeó justo en el centro de su estomago.

El golpe dejó sin aire al chico más grande e hizo que este se tambaleara hacia atrás, dejando caer al murciélago al suelo. Harry tuvo el tiempo suficiente como para recoger al animal y esconderlo bajo su cama, fuera del peligro. Luego Dudley y Piers estaban sobre él.

Sus anteojos salieron volando cuando Dudley le pegó un puñetazo en el ojo y luego lo golpeó en el labio. Harry pateó a Dudley en las espinillas, luego le dio un puñetazo en el estómago. Piers pateó las piernas de Harry, haciendo que este callera al suelo, luego Dudley se lanzó sobre él. Harry sintió brevemente un dolor agonizante, mientras sentía crujir dos de sus costillas.

Los tres chicos se separaron, dando por terminada la pelea. Harry se sentó sobre el suelo, respirando con un poco de dificultad. Sabía que muy pronto su ojo se pondría morado y su labio ya estaba sangrando. Pero cuando vio a Dudley su corazón, prácticamente, se detuvo. La nariz de su primo estaba sangrando y ya había empezado a inflamarse.

"Piers… ve a la cocina y tráeme un poco de hielo ¿quieres?" dijo Dudley fríamente, con los ojos fijos en Harry. "Bajaré en un momento."

Piers podía reconocer el peligro cuando lo veía, y no deseaba meterse dentro del problema. No había ninguna posibilidad de esconder la evidencia de los adultos, por lo que decidió que lo mejor era alejarse de la casa de los Dursley lo más prontamente posible.

"Claro, Dud" dijo. Luego salió de la habitación, bajo las escaleras, salió de la casa y ya no volvió.

Mientras tanto, Dudley continuaba mirando fijamente a Harry.

"Papá te matará" le dijo al otro chico ácidamente.

Harry sabía que tenía razón. La peor golpiza que había recibido en su vida – e, incidentemente, la última vez que su tío había logrado hacerlo llorar – fue la vez en que, cuando tenía siete años, se había atrevido a golpear a Dudley. No importaba el hecho de que, desde el primer día en el que había vivido con los Dursleys, Dudley lo hubiera lastimado físicamente de alguna manera, ya fuera, pellizcándolo, pegándole, dándole una patada, un puñetazo o empujándolo. Un día, Dudley había empujado a Harry al suelo, se había sentado sobre él y lo estaba golpeando ávidamente, cuando Harry, con todas sus fuerzas, le había dado un fuerte puñetazo a Dudley en la cara, dejando un enorme moretón en el ojo. Tío Vernon había azotado a Harry con su cinturón, sin misericordia; había estado casi inconsciente cuando Tía Petunia había intervenido y le había dicho a su esposo que parara – era la única vez que había hecho eso.

Recordando que había recibido una paliza el día anterior, Harry sintió una fea sensación en el estomago. Rara vez recibía una paliza antes de que se hubiera curado de la anterior, pero no tenia duda alguna, esta sería una de esas veces.

Dudley habló de nuevo.

"Y matara a ese animal también."

¡Espartaco!

"Entonces, no le digas." Las palabras salieron de su boca antes de que este se percatara de lo que estaba diciendo. En su voz apenas se notaba un ligero temblor.

Dudley lo miró con incredulidad. "¿Estas bromeando? No puedo esperar a decirle lo que hiciste. Solo espero que me deje ver cómo te deja medio muerto, fenómeno."

"Me refiero a que no le digas sobre el murciélago" dijo Harry rápidamente. "Sé que es inevitable que le digas acerca… del golpe en la nariz. Pero puedes decirle que te golpeé porque estabas de entrometido en mi cuarto. Pero no le digas sobre el murciélago, de todas maneras creo que ya lo mataste," a Harry le tomó todas sus fuerzas no tirarse inmediatamente en el suelo y ver si su mascota estaba bien, "pero si sigue vivo, lo dejaré libre."

Dudley parecía considerar la propuesta de Harry por un momento.

"¿Y que gano yo si no le digo a papá?" preguntó finalmente.

Esto le sorprendió mucho a Harry. ¿Qué rayos podría querer Dudley de él?

"¿Que es lo que quieres?"

"Esa capa que tienes" dijo Dudley. "La que te hace invisible."

Harry sintió que se le congelaba la sangre.

"¿Como sabes de esa capa?" pregunto murmurando.

Dudley sonrió malévolamente. "Eso no tiene importancia. Bueno ¿qué dices? Me das tu capa y no le digo a papá sobre tu pequeña mascota."

El corazón de Harry latía con fuerza. Su padre le había dejado esa capa. Le había sido de mucha ayuda en un sinfín de situaciones, hasta le había salvado la vida una que otra vez. Dumbledore le había dicho que la mantuviera siempre cerca, en especial ahora que Voldemort había regresado.

Luego pensó en Espartaco. El pobre animal jamás había lastimado a nadie. Espartaco había sido su compañero y amigo durante estas largas y solitarias semanas sin Hedwig.

Harry no podía soportar la idea de perder a alguien más, no si podía evitarlo. Aun si se trataba de un simple murciélago.

"Está bien, trato hecho. Pero te daré la capa hasta que haya liberado a Espartaco."

"Bueno, está bien." Dudley sonrió de Nuevo. Se paró y abandonó la habitación, cerrando la puerta al salir.

Harry esperó hasta que los pasos de su primo ya no se escucharan, luego se tiro en el suelo y buscó a su mascota abajo de su cama con una pequeña linterna que Remus le había regalado para navidad.

¡Por favor! No estés muerto…

Quizá era la reciente perdida de Sirius, pero Harry estaba sintiendo pánico. Sentía su corazón retumbar en su pecho, no podría estar más asustado.

¡Vamos! ¿Adónde estás?

Continuó buscando hasta que sintió con sus dedos el pelo del animal, con su corazón palpitando fuertemente sacó rápida, pero cuidadosamente a la criatura inerte de debajo de la cama.

Por un momento, Harry se quedó mirando fijamente la criatura que tenía en sus manos temblorosas, estaba seguro de que había muerto. Luego sintió un débil palpitar en el pecho.

Aun estaba con vida, los ojos de la criatura estaban entreabiertos y estaba jadeando rápidamente, con la lengua entre los dientes.

Harry no tenía ni la menor idea de que hacer por su mascota. Curar las heridas externas sería fácil, pero si Dudley había dañado alguno de los órganos internos o había quebrado alguna costilla, Harry no podría hacer nada por él. Si tan solo estuviera en Hogwarts, podría llevar a Espartaco con Hagrid, pero la escuela estaba muy lejos y sin Hedwig, no podía ponerse en contacto con él para pedirle un consejo.

Bueno. No había nadie a quien pedir ayuda. Estaba en esto solo.

Harry puso a Espartaco gentilmente sobre su cama, luego buscó su pequeño kit de pociones curativas. Tenía una poción para aliviar el dolor muy poderosa, un antiinflamatorio y un ungüento para disminuir los moretones. Hacía lo que podía, solamente le quedaba esperar por lo mejor. Le tendría que construir otro nido, ya que el murciélago, probablemente, estaría muy herido como para poder dormir colgado de su pequeño columpio.

Harry curó al murciélago rápida pero cuidadosamente, esperando terminar de atenderlo antes de que llegaran sus tíos. Ni siquiera planeaba terminar los quehaceres que tía Petunia le había dicho que hiciera. Terminara o no sus labores, Tío Vernon aun lo castigaría.

Harry solo quería asegurarse de que Espartaco estaría bien.

Snape volvió en sí, lenta muy lentamente y con el peor dolor de cabeza que había tenido jamás. Intentó moverse pero sintió un punzante dolor en su costado, no podía respirar bien. Se obligó a abrir los ojos, luego tuvo que esperar a que su visión se aclarara.

Cuando vio que estaba acostado en el suelo de la jaula, en una caja llena de algodón, Snape pensó que aun era el primer día bajo los cuidados de Potter y que había estado soñando todo ese tiempo. Luego se acordó de los dos odiosos chicos muggle.

Rápidamente examinó su cuerpo, chequeando cada una de las heridas que tenía. Su vieja herida en el hombro había sido dañada nuevamente y sentía un dolor punzante en una de sus costillas. Parecía que ninguno de sus huesos estaba quebrado pero si tenía una numerosa cantidad de moretes y golpes. No le sorprendía que hubiera perdido la conciencia cuando ese muchacho enorme lo había intentado exprimir como a una fruta – lo que también explicaba el terrible dolor de cabeza que sentía.

¡Potter!

Recordaba vagamente la pelea entre los dos chicos y Potter, luego había caído abajo de la cama y… ¿en verdad Potter había ofrecido su capa de invisibilidad a cambio de mantenerlo a él, Snape, a salvo?

No a mí. A Espartaco. Ese pensamiento lo hizo sentir extrañamente triste y melancólico.

"¿Cómo estás, Espartaco?"

Snape volvió la mirada. La delgada y pálida cara de Potter le devolvía la mirada con preocupación. Tenía un labio partido y un morete inflamado cerca de su ojo.

¿Qué hora es? ¿Por cuánto tiempo he estado inconsciente? Snape intentó sentarse para poder ver el reloj que estaba sobre el estante, pero su cuerpo se sentía demasiado débil hasta para eso.

"Espartaco"

Snape miró al chico de nuevo. La verdad, el muchacho se veía muy pálido.

"Escucha, Espartaco" dijo el chico con urgencia. "No puedo sacarte de aquí como lo hice la vez pasada… Dudley está aquí y además no hay tiempo." Tragó con dificultad.

"Yo… yo necesito que permanezcas callado y quieto, ¿está bien, Espartaco?" Aun con su oído supra sensible, Snape tuvo que hacer un esfuerzo para poder escuchar lo que decía el chico, estaba hablando en voz demasiado baja. "No te molestes como lo hace Hedwig… no hay nada por qué estar molesto. Todo estará bien."

El comentario, lejos de tranquilizar a Snape, hacia que se sintiera cada vez más y más preocupado – además podía sentir que Potter, además de estar intentando tranquilizar al murciélago, también estaba intentando tranquilizarse si mismo.

Snape se puso tenso cuando escucho la puerta cerrarse con un fuerte golpe, luego una voz llena de ira que provenía del piso de abajo:

NIÑO! ¡Ven aquí INMEDIATAMENTE! "

Los músculos de Potter se tensaron visiblemente y levantó la mirada, con una amarga expresión en sus ojos. Respiró profundamente y se paró. Miró de nuevo a Snape.

"Todo estará bien, Espartaco" suspiró el chico. "Solo quédate quieto y en silencio ¿está bien?" Puso rápidamente la tela azul sobre la jaula. Luego, sin más preámbulos, salió de su habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Una repentina subida de adrenalina obligó a Snape a ponerse de pie, aun con todo el dolor que sentía. Caminó frenéticamente dentro del perímetro de la jaula, intentando encontrar algún punto débil que le permitiera salir. Apretó los dientes con furia y frustración.

¡Por Merlín! ¿Por qué no recuperé el sentido antes de que Potter me metiera en la jaula? Podría haberme transformado y luego aparecernos lejos de aquí. Quiero terminar ya con esta tontería y al diablo si Potter se entera o no que soy un animago.

Se quedó quieto por un momento. La casa estaba extrañamente silenciosa. Eso no duraría, lo sabía. Dursley estaría furioso que su sobrino se hubiera atrevido a golpear a su hijo.

El muggle lo dejará medio muerto.

Ese pensamiento hizo que se pusiera frenético de nuevo e inició a buscar puntos débiles en la jaula, sin ningún éxito, tratando de encontrar una salida.