Casi se me olvida que es martes...


SIEMPRE ESTARÉ CONTIGO

Capítulo 9:

"Acecho"

16 de enero de 1990, martes

Sioux Falls (Dakota del Norte)

Esa tarde Dean y Sam se quedaron a almorzar en el colegio. Tío Bobby había tenido que salir de la ciudad y no volvería hasta el anochecer por lo que encargó al mayor que se quedasen con el ferretero hasta que él volviera.

A Sam no le gustaba la ferretería, la gente no paraba de entrar y salir y los objetos que se vendían no tenían ningún interés para él. Estuvo media hora entrando y saliendo. Se asomaba al escaparate de la juguetería de al lado y volvía a entrar cuando se daba cuenta de que Dean lo vigilaba desde la otra tienda.

- Me abuuuuuuurroooooo – bostezaba el pequeño en cuanto tenía ocasión

- Haz los deberes

- Me abuuuuuurroooooooooooo – insistía, probando la paciencia de su hermano

- Es lo que hay, lee o dibuja

- Deeeeean, me aburro – repetía poniendo cara de cachorrillo abandonado

- Está bien, vamos a dar un paseo, pero volvemos enseguida.

Se lo dijo al anciano comerciante para que no se preocupara. Bobby no volvería hasta las seis o las siete de la tarde y sólo eran las cuatro. Además el aburrimiento de Sammy amenazaba con crispar sus nervios, por lo que no puso ningún inconveniente en que fueran hasta el parque un rato.

El pequeño se soltó de su mano indignado cuando le cogió para cruzar la calle. Con un "Dean, que ya soy mayor" miró a ambos lados asegurándose de que no venían coches y cruzó con seguridad seguido de su orgulloso hermano que disimulaba ese amor propio con una sonrisa sarcástica.

En el parque había chicos y chicas de la edad de Sam y más pequeños, con sus padres. Por un momento Dean estuvo tentado de llevarse a su hermano de allí pero antes de que pudiera sugerirlo siquiera, el niño se había subido a un balancín y lo llamaba para que se columpiara con él.

- Este parque es para menores de siete años – le dijo una señora que mecía a su bebé en un columpio – los chicos más grandes van al de dos calles más allá.

Dean no contestó, sólo asintió y sin montarse, comenzó a empujar el balancín para Sam. Otros niños corrieron al balancín a montarse y durante un rato, estuvieron jugando con su hermano deslizándose por los toboganes y subiendo a todos los cacharros que había en el lugar.

Sin perder de vista ni un momento al pequeño, el muchacho se sentó en un banco y revisó el lugar tal y como su padre le había enseñado, asegurándose de que nada allí entrañaba ningún peligro. La señora de antes se sentó con su niña de dos años al lado de él y comenzó a darle un biberón.

- Tú no eres de aquí ¿verdad chico? – le preguntó

- No quiero ofenderla pero no hablo con desconocidos – murmuró el niño listo para agarrar a Sammy y salir corriendo si era necesario

- Ah, perdona, me llamo Loreta Solberg y vivo ahí cerca, y esta es mi hija Lottie – se presentó – suelo venir todos los días a este parque y no te había visto antes.

- Estoy de visita en casa de unos amigos de mi padre y como nos aburríamos allí, nos han dado permiso para bajar – mintió el chico con aplomo – me llamo Dean, y aquél es mi hermano Sam

- ¿Y no te aburre quedarte aquí sentado mientras él juega? – preguntó la mujer dejando a la bebé en el suelo después de darle la merienda.

- No

- Me alegro de conocerte Dean, espero verte por aquí otro día

- Igualmente señora – ella se fue, y Dean se dio cuenta de que había perdido a su hermano de vista – Sammy, ¡Sammy!

No lo localizaba, el grupo de cuatro o cinco niños con los que jugaba había desaparecido, de hecho, en el parque sólo quedaba él. Angustiado llamó con más fuerza a su hermano sin atreverse a marcharse del lugar, no fuera a ser que se cruzaran sin verse. Empezaba a oscurecer y aunque sólo hacía un par de minutos que no lo encontraba, toda clase de terribles ideas cruzaban por la joven mente llenándole de inquietud.

Después de revisar cada pequeño escondite murmurando "Como te hayas escondido Sammy te doy una paliza" sin encontrarlo, sólo le quedaba volver a la ferretería a esperar a Bobby. Recorrió el camino de regreso despacio, dándose la vuelta un par de veces para asegurarse de que su hermanito no había vuelto al parque a reunirse con él.

Estaba a punto de echarse a llorar. Él sabía lo que había ahí fuera, sabía que había seres terribles que podían llevarse a un adulto y destrozarlo, tanto más a un niño pequeño. Antes de llegar a la ferretería vio a Bobby que parecía estar buscándoles y se quedó congelado incapaz de moverse.

- ¡Dean! ¿Dónde te metes hijo? – lo sacudió un poco el adulto y al notar que el muchacho estaba pálido le preguntó - ¿qué te ocurre?

- Yo, yo…

- ¿Estás bien chico?

- Yo… - levantó la cabeza dispuesto a asumir que había perdido a su hermano cuando lo vio salir de la ferretería acompañado de su maestro – estoy bien

- ¡Dean! – lo saludó el pequeño - ¡me encontré con el señor Bensman y él me trajo hasta aquí!

El pecoso repentinamente furioso entró en tromba en el comercio, cogió las mochilas del colegio y las echó en la camioneta subiéndose sin dirigirle la palabra a nadie. Bobby estaba asombrado. El muchacho no solía comportarse así. Sammy se despidió de su profesor, dio las gracias al ferretero por haberles dejado quedarse con él después de la escuela y subió con su hermano que ni lo miró.

Camino al desguace, el chatarrero intentó averiguar qué le ocurría. Sólo sacó en claro que habían estado en el parque y que cuando Sam se aburrió, se volvió a la ferretería y se encontró a su maestro por el camino.

- ¿Por qué lo dejaste volver solo? – preguntó sorprendido a Dean

El niño no respondió. Cuando llegaron a la casa subió al dormitorio y se metió en la cama sin cenar y sin abrir la boca. Era muy entrada la noche, hacía ya un buen rato que Sam dormía cuando Bobby escuchó al mayor llorar con el alma encogida.

Windom, Minnesota

Alguien había atacado al doctor Snigir hiriendo al forense y destrozando su oficina. Joe encontró una pista que él sabía imposible y que no le dio tiempo a esconder. La identificación de prensa de Jim Street. El mismo sheriff se la arrancó de la mano y le dijo que estaba apartado del caso y suspendido de empleo y sueldo hasta nuevo aviso.

Un coche patrulla se presentó en la pensión de la señora Thomas para arrestar al herido. Pero no encontraron nada. En el informe reflejaron que la habitación estaba limpia, vacía y la anciana les explicó que no había visto al periodista desde que salió del hospital.

A Joe le resultó muy extraño que Dorothea Thomas hubiera limpiado ella sola el dormitorio de John, había demasiadas cosas allí, ¿por qué lo habría hecho? A pesar de estar fuera del caso, fue al hostal a hablar con ella. No la encontró, como a ningún cliente, todos se habían marchado y el lugar había cerrado definitivamente.

Llamó por teléfono a Kate, pues sabía que su amigo había pasado la noche en la habitación de invitados de la muchacha, tenía que ponerle al corriente de lo que ocurría, quería aconsejarle que abandonara la ciudad. La voz del hombre sin memoria lo saludó al otro lado de la línea.

- John, tienes que salir del pueblo inmediatamente – dijo sin preámbulos

- ¿Por qué?

- Nuestro monstruo sabe que lo perseguimos, ha atacado al doctor Snigir y ha dejado pruebas en tu contra.

- ¿por qué haría eso?

- No lo sé colega, pero lo averiguaremos.

El joven policía fue a la casa de la enfermera acompañado de su novia. No era un secreto para nadie que Lisa y Kate eran amigas, y nadie, salvo ellos tres y posiblemente la desaparecida Dorothea Thomas, sabía que John "Quien demonios fuera" estaba en casa de la muchacha desde el día anterior.

- ¿cómo es posible que la señora Thomas haya desaparecido Joe? – preguntó la enfermera una vez que les contó lo que había pasado.

- No lo sé Kate

- ¿Tus compañeros hablaron con ella? – preguntó John

- Eso reflejaron en el informe y no creo que mintieran… - el muchacho estaba preocupado, la anciana era algo así como una institución en el pueblo, todo el mundo la quería – si limpió tu habitación…

- Creo que puede estar en problemas – murmuró el cazador amnésico – es posible que nos hayamos acercado demasiado

Los ojos oscuros de John mostraban la misma preocupación que el rostro de Joe. Si la anciana tenía problemas cualquiera que los ayudase también los tendría. Ahora el cazador estaba buscado por la justicia y el joven policía ni siquiera podía investigar.

- Debería irme – murmuró el herido

- No digas tonterías John – Kate tomó su mano y replicó con firmeza – nosotros sabemos que no le hiciste nada a Snigir ni a Dorothea, y si tenemos alguna oportunidad de encontrarla sana y salva es con tu ayuda, así que no puedes abandonar ahora. Además ¿dónde irías?

- Pero…

- Ni peros ni nada – los finos dedos de la muchacha se enredaron con los del cazador tratando de infundirle esperanza – estamos todos en esto y lo más posible es que tú vineras a este pueblo a ayudarnos.

- No lo sabes, puedo ser ese monstruo.

- Ni de coña amigo – le aseguró el chico de las gafas de culo de vaso – hemos estado investigando juntos, he visto esas cosas cara a cara y no eres de ellos. Creo que Kate tiene razón, lo más seguro es que vinieras a investigarlos, lo más seguro es que caces esas cosas.

- Pero ahora no soy de ninguna ayuda – insistió John

- Si no estuviéramos en el buen camino, no se habrían tomado la molestia de implicarte – el policía zanjó la discusión – puede que esté fuera del caso y que tú no tengas memoria, pero estamos cerca y podemos pararlos, ¿estamos juntos en esto?

Durante unos eternos segundos John contemplo al chaval, dudando, acabó decidiendo que no tenía otra opción. Mientras no recordara quien era tampoco podía acudir a nadie más. Sólo esperaba que su decisión no causara más problemas al muchacho y a las dos jovencitas que estaban dispuestas a jugarse el tipo en esa investigación.

_ Continuará