Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 10

Ese verano Berkeley parecía un microcosmos del mundo exterior; una malange enojada de protestantes y pacifistas, estudiantes y civiles. Caminar a través del campus hacía que mi piel cosquilleara y se estremeciera, mi cuerpo era híper-consciente de que yo estaba viva, pero siempre había un borde. Una sensación de ansiedad que no podía quitarme de encima.

No sabía si era causada por la ola de violencia que parecía acompañar las demostraciones y de los itinerantes protestantes que viajaban junto con ellas, o el miedo a lo que podría pasar. A pesar del progreso que el país había hecho en cuestión de derechos civiles, había una creciente inquietud, y cuando un miembro del Grupo Pantera Negra fue arrestado por asesinar a un policía en Oakland, esto se desbordó en más turbulencia, haciendo que los policías del campus se pusieran más alertas y nuestros toques de queda fueran más estrictos.

Mi papi llamaba mucho; para recordarme que me quedara en casa de noche, para asegurarse de que había cerrado con llave la puerta del dormitorio. Me contó de los cambios en San Francisco y de la poca actividad que había en Wentworth. Incluso me dijo que el bebé de Jessica Stanley nacería a mediados de febrero y que ella y Mike iban a casarse en noviembre.

Él nunca mencionaba a Edward Cullen.

Y tampoco yo.

Como la muerte de mi madre, ese fin de semana robado fue algo que escondimos debajo de la alfombra. Una pila de polvo indeseado que era mejor esconder de la vista y nunca discutir. Aunque yo sabía que estaba ahí, ese montón con la forma de Edward, y ambos andábamos de puntillas cuidadosamente alrededor de él, sabiendo que el más ligero tropezón podría tirar los bloques que construían nuestro tenso acercamiento.

Y luego estaba Edward.

Me llamaba ocasionalmente; periodos de tres minutos donde yo me paraba en el frío y ventoso pasillo, recargando el cuerpo contra la descarapelada pared con los ojos cerrados y escuchando su suave voz. Nos mandábamos cartas, intercambiábamos pequeños detalles, ocasionalmente nos reíamos de lo diferentes que eran nuestros mundos, aunque él al menos podía entender el mío, mientras que yo no tenía una visión real de lo que componía el de él. Cuando me iba a la cama, apretaba su fotografía entre mis temblorosos dedos, pasándolos sobre su hermosa cara, recordando lo tensa que estaba cuando él se movía dentro de mí. No quería perder ese recuerdo, pero con cada día que pasaba era más difícil pensar en nuestro tiempo juntos como algo más que un sueño que se iba desvaneciendo; uno de esos en los que te despiertas antes de estar lista y te quedas acostada en la cama intentando desesperadamente atraparlo, antes de darte cuenta de que tus esfuerzos son fútiles.

Para principios de noviembre la ansiedad en el fondo de mi estómago era mi compañera de todos los días, me hacía evitar el comedor del dormitorio, sólo comía cuando los rugidos de mi estómago me avergonzaban lo suficiente en clases para hacer algo al respecto. Todavía buscaba a Eric, desesperada por alguna conexión a casa y a Edward. Pasábamos una parte de cada día juntos, intercambiando historias de la guerra sobre nuestras lecturas. Yo escuchaba cuando él me contaba sobre la novatada, intentando esconder el desagrado que se construía dentro de mí cuando recordaba a los chicos de su edad peleando al otro lado del Pacifico, mientras que aquí en Berkeley pensaban que era divertido comer carne cruda y ser azotados.

Y aun así eran los soldados los que eran demonizados aquí en el campus.

Un domingo estábamos sentados bajo un árbol en la Explanada Campanile, recargados contra la rugosa corteza mientras las campanas de Carillon hacían eco desde la Torre Sather. Yo estaba usando un viejo vestido de mi madre de los años 1940 que había encontrado en nuestro sótano justo antes de irnos. El cuerpo ajustado y el bonito diseño floral en amarillo y rojo me hacían sentir sofisticada en una manera en que los jeans y las faldas nunca podrían.

—¿Ya empezó la "semana del infierno"? —le pregunté, refiriéndome a la última semana del juramento, antes de que la novatada terminara.

—Oficialmente empieza mañana, pero estamos en guardia para recibir órdenes en cualquier momento. —El cabello de Eric le cayó sobre los ojos, y se pasó los dedos entre él como un cepillo—. Dos chicos ya se salieron.

—No los culpo. —Las campanas habían dejado de sonar. El silencio resonaba por mis oídos más fuerte que un choque—. De todas formas, ¿por qué haces esto?

Era una pregunta que había estado en mi mente por un mes. Simplemente no podía conciliar el gentil nerd con la necesidad de unirse a una fraternidad. No parecía pertenecer a la personalidad de mi amigo.

Eric se rio sin alegría.

—Todo es parte del papel, Bella. Voy a la universidad, me uno a una fraternidad y cuando salgo me da la entrada para conseguir un buen trabajo. Tal vez de esa forma puedo comprar una casa y persuadir a mi mamá y a mis hermanas para que abandonen a ese cabrón.

Arrugué la nariz. Todos sabíamos qué tan bastardo era su papá… con todos ellos. Sus puños no discriminaban; tanto Eric como su mamá llevaban los trofeos de sus fáciles golpizas.

—Pero no es tu… —Mi voz se fue apagando. ¿Quién demonios era yo para decirle lo que debería ser? Ni siquiera sabía quién era yo.

—Tiene que ser.

Nos quedamos callados por un momento, viendo cómo comenzaba un partido improvisado de fútbol al otro lado del pasto, chicos altos con gruesos músculos lanzaban un balón de un lado a otro, sus gritos y bullas haciéndose más ruidosas conforme la gente comenzaba a rodearlos.

Empecé a pensar en el paquete que había llegado de Edward ayer, y en el disco de Van Morrison que él había envuelto cuidadosamente y me había enviado. Lo toqué tantas veces en el gramófono que Vickie había traído consigo de casa que ya me sabía cada una de las palabras a las pocas horas. En su carta, Edward me había dicho que era "Su chica de ojos cafés"*.

—¿Has sabido algo de Angela?

Abrí los ojos para ver a Eric.

—Recibí una carta la semana pasada. Ya organizó un discurso sobre la libertad de expresión.

Atrapó mi mirada y ambos comenzamos a reír. Entre la locura que era la vida estudiantil, saber que mi mejor amiga no había cambiado aligeró el ambiente.

—¿Qué hay de ti? ¿Cuándo vas a hacer algo más que deprimirte? —Los ojos de Eric se arrugaron al hablar. Fruncí el ceño, me envolví con mis brazos mientras él me miraba, quería apartar su preocupación como Superman apartaría un tren en movimiento.

—No estoy deprimida.

—Sí lo estás. No es propio de ti no hacer nada más que estudiar. —La comisura de su boca se alzó—. El año pasado estabas en todos y cada uno de los comités en la escuela.

—Pues me estoy tomando un descanso. —Me dejé caer en el pasto, levantando un brazo hasta que estuvo tapando mis ojos, protegiéndolos de sol de otoño—. No me quiero involucrar.

La verdad era que ya no sabía a donde pertenecía. Cada vez que veía la permanente vigilia contra Vietnam, mi estómago se apretaba con nauseas. Antes de Edward, yo me hubiera inscrito a cada turno, hubiera organizado horarios y gritado slogans. Ahora eso se sentiría como una traición a Edward y a mi corazón, a pesar de que mi mente racional me decía que tampoco Edward creía en la guerra.

—Esa no eres tú. —Eric se acostó junto a mí, su brazo rozó el mío. Sentí sus dedos envolverse en mi palma, la calidez de su piel hizo que las lágrimas picaran en mis ojos—. Siempre has querido estar involucrada. La mayoría de las veces estás involucrada incluso antes de decidirlo. —Bajó la voz—. Estoy bastante seguro de que Edward no quiere que detengas tu vida por él, o que cambies tus valores y creencias.

Aparté mi mano de golpe. Una solitaria lágrima cayó por mi mejilla, la gravedad guió su camino hacia la orilla de mi boca, su salada dulzura se acumuló ahí. No quería hablar sobre Edward.

—Estaba pensando en unirme al Daily Cal. —El periódico estudiantil tenía la reputación de ser izquierdista, y aunque la Administración de la Universidad mantenía bien cortito al editor, aun así me gustaba la forma en que se les permitía un poco de libertad a los reporteros—. Es sólo que no he ido todavía.

—Debes dejar de pensar y empezar a actuar. —Eric se agachó cuando el duro balón de piel pasó a unas pulgadas de su cabeza. Me reí de la expresión de su cara; una mezcla de sorpresa y desdén.

—Bien. —Choqué mi brazo con el suyo y sonreí—. Lo haré, sólo para que ya no estés sobre mi trasero.

—Dulzura —Eric me dio en las costillas con su afilado y huesudo codo—, te lo prometo, de todos los chicos que conoces, yo nunca estaré sobre tu trasero.

La sonrisa que me lanzó fue deslumbrante. Por primera vez en semanas, tuve la acogedora sensación de paz cubrirme como un abrigo caliente en un frío día de invierno.

~*CD*~

Vi muy poco a Eric el resto de la semana. Él estaba ocupado con la novatada, yo finalmente me había rendido y había aplicado para una posición de junior en el Daily Cal, aceptando trabajar en la sala de impresiones. Comencé al día siguiente, las ruidosas máquinas y la suciedad de la tinta me hicieron salir en la tarde con los oídos chillando y los dedos negros. El jueves estaba escondiéndome en la sala de entretenimiento de Stern, más que nada porque Vickie y James estaban en nuestra habitación, haciendo Dios sabe qué cosas en su pequeña cama individual, pero también porque cada noche de jueves los hombres de Bowles Hall se acercaban a traerles serenata a las chicas de Stern. Habiendo tenido que soportar los chillidos durante las últimas semanas, no estaba segura de que mis tímpanos pudieran aguantarlo después del día que había tenido.

La televisión estaba encendida, las imágenes a blanco y negro pasaban a través de la pantalla mientras la voz baja de Walter Cronkite reportaba la acción desde Vietnam. Su cara seria se intercalaba con imágenes de la pelea; hombres vestidos de combate y con pequeños gorros gateando alrededor del piso con las manos envueltas en rifles y pistolas, sus caras camufladas con suciedad.

Apenas estaba durmiéndome en el desgastado y aplastado sofá cuando el teléfono común sonó. Esperé por el ruido de siempre de puertas cerrándose y pies corriendo a través del piso con azulejo señal de que todas corríamos para contestar, pero el bajo zumbido de la Canción de Borrachos de los Bowles que venía de afuera del edificio me recordó que todas las chicas estaban allá, viendo a los chicos cantar en voz alta y fuerte.

Me empujé para levantarme, los músculos de mis muslos dolieron al estirarse. El teléfono de plástico rojo estaba colgado firmemente en la pared afuera de la sala de entretenimiento, y estiré la mano hacia él en el cuarto timbre, llevándomelo al oído y murmurando un "hola" en el micrófono.

—¿Puedo hablar con Bella Swan?

Reconocí su voz inmediatamente. Las mariposas bailaban en mi estómago como estudiantes en su graduación.

—¿Edward?

—Hola. —Su voz sonaba profunda y baja. Parecía haber un poco de la melancolía de las últimas semanas en ella—. El operador dice que tengo dos minutos. Ni siquiera estaba seguro de que podría hablar contigo.

Me reí.

—Me alegra que lo hicieras. —Se escuchó un zumbido bajo en la línea, lo suficiente para tener que esforzarme por escucharlo—. Todas están afuera escuchando a los Bowles cantar.

—¿Todavía hacen eso? —Casi podía verlo arrugando la cara a causa de la sorpresa—. Mi hermano me dijo que así fue cómo conoció a su esposa.

Una sonrisa tiró de mis labios. Era la primera vez que mencionaba a su familia sin enojo en la voz.

—Si en aquel entonces sonaba aunque fuera la mitad de lo mal que suenan ahora, es increíble que ella haya aceptado salir con él.

—Yo mismo encuentro eso sorprendente. —Se aclaró la garganta—. ¿Todavía no han intentado conquistarte?

Sonaba celoso. Eso me calentaba por dentro, como un vaso lleno del mejor whiskey de malta. No le había contado sobre Garrett, o que seguía persiguiéndome por todo el campus. No tenía nada que esconder, pero no quiera preocuparlo ya que estaba tan lejos.

—El único chico de Bowles con el que paso tiempo es con Eric.

—Me alegra oírlo.

—¿Cómo va el entrenamiento?

—Terminamos esta semana. Jasper y yo nos iremos a OCS el domingo.

Cerré los ojos. Edward ya me había dicho que después de ocho semanas en OCS recibiría órdenes. Eso significaba que estaría volando hacia Vietnam en algún momento cerca de Navidad.

—¿Y los otros?

—Cuando terminen el entrenamiento básico se dispersarán. Algunos irán a Alemania…

—Y el resto a Vietnam. —Terminé la oración para que él no tuviera que hacerlo—. ¿Qué edad tienen, Edward?

—Diecinueve, veinte. —Su voz se rompió y me mordí el labio. Las bulliciosas voces de los hombres de Bowles todavía podían ser escuchadas a través de las paredes. La mayoría tenía diecinueve y veinte años también. Era un contraste muy grande.

—Bella, todo estará bien. Pasaremos por esto y luego tú y yo podemos seguir donde nos quedamos.

Estaba intentando no llorar, pero el nudo de mi garganta hacía que mi voz sonara más tensa, más ronca.

—Es tanto tiempo. Te extraño.

—También te extraño. Pienso en ti todo el tiempo.

—Extraño tu…

—Le quedan quince segundos. —La voz de operador nos interrumpió. Quería golpear la pared a causa de la frustración.

—Te escribiré esta noche. Y mándame más galletas, ¿de acuerdo?

Sonreí. No podía permitirme comprarle cosas de la forma en que él lo hacía conmigo, pero podía hornear ricas galletas de chocolate y nuez.

—De acuerdo.

La línea se cortó. Sostuve la bocina en mi oído por un largo minuto, mis acuosos ojos se cerraron al imaginarlo haciendo lo mismo; sus labios llenos cerca del micrófono, su mandíbula tensa y firme debajo de ellos.

Cuando colgué el teléfono y caminé de regreso a la sala de entretenimiento, las noticias ya se habían terminado y el programa de Ed Sullivan estaba comenzando. Colapsé en la silla y miré a Topo Gigio hacer el ridículo con las mejillas húmedas por las lágrimas.

~*CD*~

El viernes, la "semana del infierno" se acercaba al final y las chicas de mi dormitorio hablaban sólo de la fiesta de Theta Xi de esa tarde. Ahí sería donde los novatos que tuvieran éxito serían iniciados y los que fracasaran serían humillados. Si yo fuera una mejor amiga, tal vez hubiera ido, para animar a Eric o compartir mis condolencias si fallaba. Pero había estado evadiendo a Garrett durante los últimos días desde que me dijo que yo sería su cita de esta tarde y yo le contesté que se fuera al demonio.

Afortunadamente James y Vickie tenían mucho que se habían ido a la casa Theta Xi, dejándome en una pacífica soledad. Me acosté en la cama, viendo un libro, pero sin tomar en cuenta ninguna de las palabras. Lo siguiente que supe fue que se escuchó un fuerte azote en la puerta, mis ojos se abrieron de golpe para encontrar mi libro sobre ellos, donde había caído cuando lo había soltado.

—¡Bella!

Salté y abrí la puerta de golpe. Eric entró a trompicones a la habitación, prácticamente cayendo en mis brazos, su cuerpo se sintió pesado contra el mío a pesar de su delgada figura. Su pecho estaba agitado, su cara llena de lágrimas. Retrocedí para verlo, mi boca se abrió a causa de la sorpresa cuando vi el lívido color rojo de la pluma con la que habían escrito en su frente, la palabra "MARICÓN" estaba escrita claramente en su frente para que todos lo vieran.

—Eric, oh Dios mío.

Comenzó a llorar. Lo arrastré a mi cama, intentando sentarlo para poder ver la tinta.

—¿Qué pasó?

—Me descubrieron. —Sus labios temblaban. Agarré su mano y la apreté, quería limpiar su miseria.

—¿Cómo?

—Alguien me vio besando a otro chico. Tomaron fotos, Bella. Están pegadas por todo el campus. —Su cara estaba más pálida de lo que la había visto jamás, teñida con gris. Quería gritar junto con él.

—No importa.

—Carajo, sí importa. —Golpeó la cama, su puño rebotó del colchón—. Todos lo saben. Todos.

—Pero sigues siendo tú. —Mi voz fue un susurro.

—Estoy arruinado. Nadie va a quererme cerca. Me correrán del dormitorio.

—Esto es California. Ser gay está bien.

Negó con la cabeza.

—Sabes tan bien como yo que eso es un montón de mierdas. Estoy arruinado. Si mi papá se entera… —su voz se fue apagando.

—No se enterará.

—Si pegaron las fotos por todo el campus, entonces probablemente mandaron una a mi casa. —Lágrimas caían por su cara. Lo abracé fuertemente, pero su cuerpo se tensó bajo mi toque. Esa sensación de malestar había regresado a mi estómago y por primera vez noté el extraño olor que provenía de él.

—¿Qué más hicieron?

—Me echaron cerveza encima. —Su camiseta seguía mojada. La agarré con mi mano, la tela se pegaba a mi piel.

—Necesitas un baño y cambiarte. Te acompañaré a Bowles.

—No puedo ir allá. —Comenzó a temblar, sus movimientos hacían que mi cama vibrara—. No me hagas ir allá.

Retrocedí, me froté la cara con la mano. A pesar de que era delgado, mi ropa no le quedaría, y no le beneficiaria en nada ser visto con ropa de chica. No después de todo lo que había pasado.

—De acuerdo —suspiré—. Quédate aquí. Iré a agarrar ropa de tu habitación, luego te llevaré a hurtadillas a nuestro baño, ¿bien? —Miré mi reloj—. Ahorita son casi las nueve. Debería regresar en media hora más o menos. Cierra la puerta cuando me vaya.

Eric asintió suavemente, buscando en su bolsillo para darme su llave. Musitó un "gracias", como si estuviera demasiado cansado para decir en voz alta las palabras. Le sonreí en respuesta, esperando que la ducha le quitara la tinta de la frente, y que no hubieran usado marcador permanente cuando lo marcaron tan cruelmente.

Caminé hacia Bowles lo más rápido que pude, pero estaba más lejos de lo que esperaba y me tomó una eternidad entrar en los dormitorios. Eric compartía habitación con otros dos chicos, pero estaba vacío cuando llegué ahí, así que busqué entre sus cajones, encontrando ropa arrugada pero limpia. Las apilé, arrugando la nariz ante el olor a humedad que sólo los chicos podían producir, gracias a Dios vivía en un dormitorio sólo de chicas.

Aunque un baño en un dormitorio de chicas no sería la cosa más cómoda que Eric llegaría a experimentar.

Apenas logré salir cuando sentí una mano en mi brazo. Giré la cabeza, medio esperando ver a Eric, preguntándome si había cambiado de parecer sobre regresar a su dormitorio.

—¿Qué estás haciendo aquí? Tengo tu ro… —Mis palabras murieron cuando quede cara a cara con Garrett Young—. ¿Qué demonios quieres? —Mis palabras chorreaban con enojo. Se encogió, pero su agarre en mi brazo no se alojó.

—Bella, la cagamos de verdad. —Frunció el ceño, las líneas de su frente se profundizaron. Quería apartar sus dedos de mi piel. Incluso su toque me asqueaba.

—No me digas. ¿Qué demonios estaban pensando?

Garrett retrocedió un paso, soltándome finalmente. Sostuve la ropa de Eric cerca de mi pecho, mi estómago se revolvió al verlo.

—No pensamos que llegarían tan lejos. Les dijimos que atacaran las debilidades de cada uno. —Respiró profundamente—. No pensé que harían esto.

—¿Los otros novatos hicieron esto? —Mi voz era un susurro. Sacudí lentamente la cabeza, odiando la visión de él.

—Sí.

—Bastardos. —Levanté mi mano libre, curvando mis dedos para formar un puño. Atrapó mi muñeca antes de que pudiera hacer contacto con su piel—. Lo destrozaron con su estupidez, lo lastimaron, lo… —Un sollozo escapó de mis labios y Garrett tiró de mí hacia su cuerpo, sus brazos se envolvieron en mi pecho.

—No quería hacerlo, no quería hacerlo. —Sus palabras eran como un canto. Me pregunté a quién intentaba convencer; a sí mismo o a mí.

—Pero lo hiciste. Tú y tu estúpida fraternidad. ¿Crees que es divertido tirar a otro chico? ¿Sabes por lo que pasa Eric cada minuto de cada jodido día? —Mi sangre se calentó, hervía en mis venas—. Ni siquiera valen lo suficiente para besar sus pies, son un montón de cabrones privilegiados.

—Yo… lo sé. —La voz rota de Garrett me hizo saber que debía parar.

—Le dije que no tardaría mucho. —Miré mi reloj—. Pasa de media noche. Hace una hora que me salí.

Garrett me soltó gentilmente, apartando el cabello de mi cara con sus gentiles dedos. Quería arrancárselos.

—¿Le dirás que lo siento?

Estaba demasiado cansada para seguir con mi diatriba, y quería regresar con Eric. Así que asentí y ambos comenzamos a caminar lentamente de regreso a Stern, Garrett me quitó la pila de ropa de los brazos, no fuimos capaces de hablar cuando comenzamos a acercarnos al elegante edificio.

Cuando giramos en la esquina escuché la conmoción, vi a gente correr de un lado a otro, gritando palabras que no podía entender. Me recordaron a la manera en que las pequeñas hormigas negras solían correr cuando pisaba sus hormigueros de niña, esparciéndolas en todas direcciones, sus movimientos sin sentido alguno.

Aunque una palabra sí lo tenía.

—Eric.

El enojo pasó a través de mí cuando vi una foto grande aleteando con la brisa y noté que era Eric y otro chico con las cabezas ladeadas mientras se besaban, tenían los ojos cerrados con un dulce placer.

Mi corazón se aceleró.

Me aparté de Garrett y comencé a correr, mis pies se tropezaban el uno con el otro en mi apuro por llegar al pasillo. Mi respiración se agitó, los músculos de mi estómago protestaron por la repentina afluencia de ácido láctico y tuve que jadear para llevar suficiente oxígeno a mi sistema. Mis pulmones quemaban por el esfuerzo, pero aun así no podía correr lo suficientemente rápido, mis piernas se debilitaban al moverme.

Stern era una colmena de una furiosa actividad. Corrí por la entrada, empujando cuerpos, notando que nadie reprendía a los chicos que estaban alineados en los pasillos a pesar del toque de queda. Mi habitación estaba en el segundo piso y subí corriendo las escaleras, exhalando toscamente al llegar al rellano.

Mi corazón se detuvo cuando vi la conmoción. La gente estaba acordonada, hablando en voz baja, sus miradas iban a mi habitación como polillas a una vela. No tenía idea de qué estaba pasando, pero antes de poder pensar, mi boca se abrió y me escuché gritar:

—¡Eric!


*'Brown-Eyed Girl' – Chica de ojos cafés


Es tan triste la situación de Eric, casi tanto como la de Bella y Edward. ¿Qué creen que haya pasado? Sobre Edward, aunque no esté "físicamente" presente en la historia, seguiremos sabiendo de él y seguirá comunicándose con Bella, no teman por eso. ¿Qué les pareció el cap? Saben que me encanta saber lo que piensan :)

Gracias por las alertas, los favoritos y los reviews!

Nos leemos la siguiente semana