Habrán de disculpar la tardanza de mis fics, he tenido una vida ocupada y no me doy abasto y cuando me doy, pues resulta que la mente no tiene imaginación, así el cerebro se cansa y las palabras no salen. Espero que este capítulo les guste, es largo y me ha entretenido mucho mientras lo escribía, así de tener 4 páginas hechas en una semana, en una sentada me hice diez más.
Paciencia, su servidora está recién operada y no todos los días se encuentra de humor para escribir, el día que pueda respirar como dios manda (y soy atea gracias a dios) espero comenzar con los otros que me faltan. Saludos.
xxxxxxxxxxxxxxxxx
Apenas mis ojos se posan en su figura, mi sonrisa se apaga y mi rostro se pinta de temor.
No es un hombre feo, al contrario, es muy guapo, podría decir que es el hombre más guapo que he visto en esta y en otra vida. Alto y rubio, de cabello sedoso y ondulado, un bigote delgado que está perfectamente delineado sobre sus labios rosas y carnosos. No parece tener ni una sola cicatriz del tiempo en la piel del rostro.
Las manos se le notan suaves, como que jamás las hubiera usado para nada que no fuera untarse finas cremas para mantenerlas humectadas. Es extremadamente andrógino, lo que le da un toque angelical. Alto y fuerte, de espalda delgada y brazos firmes, los puedo ver a través de la tela del traje sastre que está hecho a su medida, ni un milímetro más, ni uno menos.
Me sonríe y lo veo más alto de lo que es porque yo estoy en mi silla, volteando medio cuerpo hacia su dirección.
-La misma-. Respondo al fin. Comienzo a creer sin que se dé aún un suceso importante, que esto de haber venido con Britt y Rachel al Cotton Club justo cuando voy a encontrarme con este misterioso hombre, es una de las peores ideas que he tomado jamás.
-¿Le importa si me siento aquí?-. Volteo a ver a B. que está petrificada en su asiento, asombrada de que Charles Fabray existe de verdad. Aunque, en realidad puedo jurar con que es un impostor que no ha logrado vivir muchos, muchísimos años, sino que simplemente ha sabido cómo conservarse joven y más aún, su genética lo hace verse más joven de lo que es.
-Si no hablamos de…-. Me volteo a ver a Rachel que nos mira con curiosidad –Negocios-. Añado, esperando que Charles se dé cuenta de que no podemos hablar de aquello frente a mis acompañantes –Puede sentarse aquí-.
Asiente, se pasa el bastón por debajo de la axila y se quita los guantes y el sombrero.
-¿Vas a tomar algo, cariño?-. Es Mercedes, que se le acerca al rostro tanto como a mí cuando me toma la orden cada vez que vengo.
-Por el momento solo agua mineral, por favor-. Es educado pero evita voltear a ver a la cara a Jones, he aprendido que cuando se evita ver a la cara a un negro, es signo de racismo. Aprieto la mandíbula y ya me molesta un poco este tipo pretencioso que tengo enfrente.
-¿No nos vas a presentar, Quinn?-. Me susurra B. al oído –Sería descortés y extraño para Rachel que no lo hicieras-.
-Charles, permíteme presentarte a Rachel Berry y a Brittany S. Pierce, señoritas, él es Charles… F.-. evito decir su apellido para que Rachel no nos pregunte el parentesco, pues ¿Qué parentesco podría darle?
-Un gusto-. Se levanta para besarles la mano. Rachel está fascinada con este hombre apuesto que nos acompaña en la mesa, Britt sigue pasmada.
Cuando se sienta de vuelta me inunda su olor, es una colonia agradable y dulce, fresca, no cítrica.
-Hoy se presenta Circus Contraption ¿Los conocen?-. Negamos las tres con la cabeza. –Jamás había venido al Cotton Club, con honestidad estuve en Europa por bastante tiempo, tanto tiempo que pareció que era más bien el 2013 y no 1930-. Se me acelera el corazón pero no digo nada, sólo me reacomodo en mi asiento y miro hacia el escenario donde la banda comienza a ajustar los instrumentos –Yo ya los había escuchado en otro bar, son bastante buenos-.
Veo al hombre que tiene la cara pintada de blanco y aunque pudiera tener el cuerpo del vocalista de Vagabond Opera (he olvidado su nombre) se parece más bien por el maquillaje a uno de los personajes de la película de La Casa de los Mil Cuerpos.
-¿Qué pretende Charles?-. Se sonríe, sin embargo no me ve a la cara, tiene la mirada donde yo la tenía hace unos segundos: en el escenario.
-Pensé que no íbamos a hablar de… negocios-. Luego entonces sus ojos se posan en mí y un escalofrío muy particular me recorre todo el cuerpo.
-Fue un error acceder a verlo aquí, tengo que pedirle que se retire y concretemos una cita para hablar en un lugar más apropiado-.
-Fui yo quien te pidió que nos viéramos aquí y fue un error tuyo el haber venido con compañía, creo que son ellas quienes deben irse, no yo-. Me ha dejado sin palabras –Voy a sentarme en otra mesa, porque soy un caballero, pero no me iré, cuando el performance termine, cuando hayas visitado a tu cortesana…-. Me paralizo mientras él voltea a ver a Rachel –O no, ya que vienes tan bien acompañada, entonces ellas se irán a casa y tú platicarás conmigo, tic toc Fabray, recuerda-.
Le arrebata el vaso a Mercedes que viene con su bebida en la charola y después de inclinar la cabeza hacia Rachel y Britt, de decirles 'Señoritas' se pone de nuevo el sombrero y desaparece en la mesa del extremo opuesto.
-Un hombre muy peculiar-. Me dice Rachel que pareciera que no entiende mucho de lo que está pasando –¿Por qué se ha ido a otra mesa?-.
-Creemos que es mejor hablar en privado y más tarde me quedaré con él para arreglar lo que tenemos que arreglar-.
-¿Es un ex novio malhumorado?-. Bromea Rachel, y Britt por alguna razón se echa a reír, creo que de algún modo tenía que deshacerse de la tensión que tenía atorada en la garganta.
-Que yo sepa no salí con hombres-. Digo con el ceño fruncido. Porque es verdad, que yo sepa… pero hay muchos huecos en mi historia, dado que no he tenido oportunidad de leer los diarios que encontré.
-Quizás me convenzas, se parece un poco a ti ¿Parientes?-. Rachel es una mujer muy, pero muy curiosa.
-Tal vez lejanos-. Sale a mi defensa Britt que nota que me pongo más y más nerviosa.
Levanto la mirada y entre la penumbra de la luz que está en la pared, Charles le da un trago a su vaso sin quitarme los ojos de encima; luego se vuelve al escenario y no vuelve a mirarme en toda la noche.
Pero yo estoy incómoda, reitero que haber venido acompañada no es lo mejor que pude haber hecho, creo que se me nubló la mente y… sí, fue Rachel, con su carita y sus ojos la que me convenció así nada más.
El frente está decorado como si fuera la entrada de un circo, con focos que giran y giran como lo hacen los de la marquesina de afuera, creando de nuevo un baile de luces que con un engaño al cerebro parece que realmente se movieran, que giraran de aquí para allá.
Todos tienen la cara pintada de blanco, sin embargo se han dado a la tarea de dibujarse diferentes figuras para que podamos, de cierto modo, identificarlos.
Ya que todos están sobre el escenario se hace una pausa de medio minuto y la música empieza. Una melodía lenta, violín y un poco de acordeón, luego él canta, lento también. Todos están callados, me pregunto por qué; serán más importantes que Vagabond Opera, más esperados.
La canción sube de tono. No es tan alegre como lo que he escuchado en Cotton Club, pero tampoco tan sombrío como When you're Evil de Voltaire. Sin embargo en menos de lo que me doy cuenta, estoy disfrutando muchísimo su ritmo, no había escuchado nunca tal cosa, tiene un toque más gitano ciertamente. Y volteo a ver a Rachel… fascinada con lo que sucede frente a sus ojos, creo que en otra vida ella pudo ser una gitana.
Me doy cuenta entonces de la letra que parece como que la hubieran escrito para una especie de película de Tim Burton.
Esta noche no hay otros grupos que nos deleiten el oído, sólo ellos, así que los escucho tocar y yo de verdad puedo imaginarme en un circo, o en sus alrededores, rodeada de esos fenómenos que están de moda en ésta época, como los de la película de Freaks, una mujer barbuda, el hombre saco, deformes que "dejaron de ser marginados" para volverse atracciones de circo.
También puedo imaginarme en una caravana gitana o en un mercadillo como el de la película de Stardust, magia por doquier, donde cualquier cosa es posible.
Rachel está simplemente como estábamos Britt y yo cuando estuvimos por primera vez aquí; todo tan nuevo, tan emocionante, casi prohibido por el tipo de lugar. De que estamos rodeadas en su mayoría de hombres ricos y las otras mujeres son más bien cortesanas (pocas somos de la alta sociedad).
-¡Tengo ganas de pararme a bailar!-. Me grita al oído cuando escuchamos la canción que poco antes nombraron: Wicked fascinations.
-Es bueno el ritmo ¿no?-. Asiente y luego mueve la cabeza, contenta, sonriendo todo el tiempo sin que ese gesto se borre de su rostro por muchos minutos.
-¿Cómo descubriste este lugar?-. No quita los ojos del escenario.
-Lo visité alguna vez con Samuel-.
No dice más, sigue bebiendo y moviendo los pies bajo la mesa. Se le encienden las mejillas por el alcohol, que no ha sido mucho pero sí el suficiente para sonrojarla.
-Baila conmigo Quinn, una pista, anda-. Comienzo a negarle en seguida con la cabeza, ni siquiera puedo terminar para que termine su oración y ya me estoy negando. A eso sí que debo negarme. No sé cómo bailar esto.
-Eso no va a pasar, pude hacer el ridículo frente a mis tíos y demás presentes aquel día, pero no lo haré aquí, frente a tantas personas, imposible, no, ni lo sueñes-. Me hace puchero.
-¡Quinn!-. Vuelvo a negar y me cruzo de brazos.
-Jamais, jamás, never, nie-.
-Quinn-. Lo suplica ahora.
-Si no te levantas de esa silla-. Me dice Britt – Prometo que… prometo que-.
-No sabes ni lo que harás-. Le respondo.
-Te quitaré todos, TODOS tus cigarros, me aseguraré de que no fumes en al menos un mes-.
-No eres capaz-. No lo hará, me digo.
-Ponme a prueba Fabray-. Nunca me había llamado Fabray, ahora le creo.
Suspiro, poso la mirada en la mesa, estoy resignándome a la idea de hacer el ridículo frente a todos. Incluso frente a Charles… Charles, me incomoda aún más.
Suspiro de nuevo, este es para darme valor y, rápidamente me levanto de mi asiento y le ofrezco mi mano para que me dé la suya y caminemos a la pista. Britt aplaude y los que están en la barra también, Jones chifla y me levanta sus pulgares. Yo no creo que pueda ponerme más roja.
No sé si sentirme como la pobre muchacha que se lleva Al Pacino a bailar tango en la película de Perfume de Mujer; la gran diferencia es que a ella le quedó el baile tan perfecto que impresiona porque es una condenada película, pero esta es la vida real y yo no soy esa chica, Rachel evidentemente no es Al y no estamos bailando tango –eso lo podría improvisar un poco más- pues esto que están tocando me cuesta bastante trabajo.
Quiero seguir los pasos de Rachel, no había pensado jamás que fuera tan buena bailarina, digo, sí, ya habíamos bailado antes pero como yo estaba también bailando en automático no me puse a seguir demasiado sus pasos.
Esta vez es distinto y ya la he pisado un par de veces; siento que el color se me sube a la cara y comienzo a sudar frío, no sé si me voy a desmayar cuando al voltear al escenario, pues la canción por fin ha terminado, después de lo que me pareció, siglos, me doy cuenta de que Santana me mira, estoy tomada de la cintura de Rachel, con la cara visiblemente roja por la agitación del baile, la vergüenza y seguramente una capita de sudor.
Me sorprende en mal sentido el semblante que tiene en cuanto nos ve, en cuanto se percata de lo que está pasando y de la proximidad que tiene mi cuerpo con el de Berry. Se le desencaja el rostro y no sé si va a llorar o a bajar del escenario para abofetearme, bien pudiera mandar a algún pimp del bajo mundo para que me corte la yugular y obviamente no correría con la suerte de ser salvada por un Lestat. Que bueno, si existen los viajeros en el tiempo, puedo creer en cualquier cosa, ya había dicho.
-Y esa es Santana-. Me dice Rachel cuando se da cuenta que mis ojos no pueden desconectarse de los de la morena que está sobre el escenario en corsé negro, medias de red, tacones altos y el cabello ondulado hasta media espalda.
-Ella es Santana-. Le respondo y me vuelvo a verla y luego a Britt que está tan desconcertada como yo.
-No está para nada contenta-. Se quita de mi abrazo y camina a nuestra mesa.
Por un momento ignoro que Charles está casi frente a mí y camino tras ella para poder darle un gran trago a mi vaso, buena falta me hace, una, porque tengo calor y dos, porque estoy que me ahogo por lo que acaba de suceder.
Jones me ofrece otro vaso.
-Le rompes el corazón ¿Lo sabes verdad?-. Me dice no sé si en reprimenda o sólo como un "dato curioso".
-Lo sé Mercedes, pero ya la había enterado al respecto-. Hago lo posible porque Rachel y Britt no nos escuchen y mejor me levanto para seguirla a la barra.
En el escenario varias bailarinas se están poniendo en posición para el siguiente acto.
-Nunca le hablaste de alguien más-. Agacho la cabeza.
-Bueno Jones, creo que a veces una no espera quien llega y ella llegó… Santana y yo éramos conscientes de que no podíamos estar juntas como algo más y que tarde o temprano acabaría-. Me da mi vaso que tintinea con los hielos que nadan dentro del whisky.
-Eso siempre dicen, Fabray, siempre; y de todas formas regresan, los he visto marcharse por días, semanas, meses y aún regresan como perros con la cola entre las patas porque quieren ver de nuevo a su cortesana-. Se voltea y me mira –Los hombres ricos así son, así es su mundo-.
-Pero yo no soy un hombre, Jones; soy mujer y aunque parezca que Samuel quiere que sea el hijo que no ha tenido, aquí adentro-. Me señalo el pecho –Y aquí arriba- Luego la cabeza –La que manda es una mujer y…-. Suspiro –Eso no pude remediarlo, llegó así nada más y me enamoré-.
Es el turno de que ella suspire y acomode otra orden en la charola de metal.
-Bueno cariño, mejor que se lo vuelvas a decir porque ya la conocemos, puede que te haga una escena hoy frente a ella-. Y me señala a Rachel con la mirada. –Es guapa, así que será más amenaza para Santana-.
-Demasiadas cosas por tratar hoy Mercedes-. Le digo y me bebo un poco de lo que tengo en el vaso.
-Si, grosero acompañante el tuyo-. Me echo a reír.
-Ojalá alguien se lo quitara a punta de…-. No me deja terminar y me toma de la mano.
-Te aconsejo que lo hagas, desaparece cinco minutos, cinco nada más; no me gusta verla llorando por los pasillos cuando no tiene cliente-. Sin querer aprieto la mandíbula cuando me dice cliente y vuelvo a tomar whisky. Siento en seguida la usencia de su mano grande y cálida sobre la mía.
-Vale, cinco minutos nada más; y te lo digo porque tú eres la señorita de los recados, eres como nuestro correo personal-. Se echa a reír, menea la cabeza de un lado a otro y se marcha con las bebidas para otra mesa.
Me giro y recargo los codos en la barra.
Toca el piano y se escucha el silbar de un caballero mas bien vulgar desde algún punto. Me desagrada bastante y hago cara de molestia la música sigue sonando, se anima el ritmo, hacen algunos pasos de tap y ahí esta Santana, send parte de ese performance que parece prometedor y bastante entretenido.
Hay una bailarina de cabellos muy rojos y tez blanquísima, no la había visto jamás, una rubia de ojos azules muy parecida a Britt y otras dos de piel blanca y cabello oscuro.
Comienza la voz del vocal, de esa que parece que ha tomado muchísimo agua ardiente o se ha fumado veinte cajetillas diarias durante bastantes años.
Y presentan después a las chicas de circus contraption, asesinas con un encanto específico. Una que se lleva un sombrero de souvenir, otra que te hipnotiza con sus caderas y otra, Santana, que es una gitana, una cortesana de las cercanías de Broadway que te cautiva al instante. Hace su baile y no puedo quitarle los ojos de encima, pero, para deleite de ustedes, lo bueno es saber que cuando dice Gitana y Broadway lo primero en lo que pienso es en Rachel y Santana aún no ha terminado de bailar cuando regreso a mi asiento, con vaso lleno en mano, sintiéndome alegre y valiente gracias al alcohol y no le quito la mirada de encima a la mujer del lunar sexy cerca de la boca.
-Eres hermosa-. Le digo y ella voltea a verme como si lo que acabara de escuchar fuera más bien un eco.
-¿Perdón?-.
-Que eres hermosa-. Le echo un vistazo a Britt que está más que fascinada con lo que está sucediendo frente a nosotras y que es obra de su morena de fuego, porque es suya ¿Cierto? No mía.
Rachel está sonrojada frente a mí y se muerde el labio, gesto que no puede dejar de encantarme jamás.
-Gracias-. Me contesta –Tú también lo eres-. Y así sin más se acerca a mí y me besa la mejilla para luego girarse de nuevo y seguir bailando en su asiento mientras se entretiene con el performance de las chicas de Circus Contraption que no son suyas sino cortesanas del Cotton Club que también la hacen de bailarinas y actrices y todo lo que puedan hacer para entretener a los caballeros.
De repente se me antoja un vaso de ajenjo, el hada verde que nunca he probado pero con el estado que tengo ahora, si me bebo algo como aquello terminaré siendo un saco de papas. No, otro día será, otro día me daré el lujo de probarlo y ponerme a ver cosas que no hay. Christian, cómo me acuerdo de él y sus ojos que brillan cuando ven a Satine por primera vez en el columpio.
A veces me siento un poco Christian, a veces un poco la otra Quinn, pero casi siempre soy yo, aquella que viene del lugar donde es posible un teléfono móvil y una sopa instantánea; vivimos tan rápido entonces, que me empieza a gustar más este lugar.
Santana desaparece tras bambalinas y de pronto me preocupa un poco cómo pueda estar, si de verdad le he roto el corazón, si sólo es un acto para que yo siga ahí, dándole regalos. Conozco y no conozco a Santana López, es mi amor, pero tampoco lo es.
Me siento de nuevo un poco atrapada entre dos personas que luchan por ganar dominio, una quiere seguir siendo la que era, una grosera altanera, una mujeriega, si es que el término en realidad llegase a existir. Y la otra, que intenta enmendar todas las cosas que la otra Quinn hizo, que necesita ganarse la confianza de la servidumbre, que vean que no es una racista, que no es una pedante, que tiene sentimientos, no es una Ice Queen.
Mercedes me llama con la cabeza, y yo sé que aunque no es la mejor idea, ya que Rachel está conmigo y podría decirse que es mi cita, debo hacer lo correcto y lo correcto es dejar a Santana en el olvido y decírselo para que entonces Brittany tenga cabida en la existencia de la que hasta hace poco era MI cortesana.
-Debo ir al baño-. Le digo a Rachel.
-¿Y me pides permiso?-. Se echa a reír y yo junto con ella.
-Ehm… pues… no; tengo la cortesía de avisarte que debo ir para que si me ausento, no te preguntes en dónde estoy-.
-Ah vaya…-. Me contesta nada más, pero divertida. Creo que también está un poco borracha.
-Se dice tocador-. Me corrige Britt.
-Baño, tocador, es lo mismo-. Me defiendo.
-Ahora se dice tocador-. Y me llevo las manos a la boca fingiendo arrepentimiento.
-De acuerdo señoritas, si me permiten, voy al- Volteo a ver a Britt específicamente –Tocador-.
Me dirijo hacia el, pero luego subo las escaleras que me llevarán a la habitación donde siempre me he visto con Santana. Antes de entrar trago saliva, después me percato de que ahora el ambiente no huele a vainilla, sino a una combinación de manzana con canela que al momento me tranquiliza, sólo un poco, pues al entrar santana está desnuda y sé, que lo hace para que me quede pues sabe perfectamente bien, que voy a terminar de una vez por todas, y sin bromas ni segundas chances.
Se me hela la sangre dentro del cuerpo, peso mil kilos, voy a romperme si doy un paso hacia el frente.
-¿Te vas a quedar como idiota parada en el umbral?-. Suena enojada y con razón… pero también sin razón. Creo que nunca antes me había llamado así, al menos no cuando YO la visité, con la otra Quinn puedo apostar porque le ha dicho de peores formas.
¿Por qué presiento que a Santana no podía dejarla porque es demasiado pasional? A los humanos nos llena de placer una relación que está basada en la pasión.
Entro al fin y cierro la puerta tras de mí muy despacio, casi sin hacer ruido cuando el picaporte embona.
-Si crees que presentarte con tu nueva conquista me va a hacer cambiar de opinión, si crees que eso me convencerá de que dices la verdad puedes meterte la idea por donde mejor gustes-. Trago saliva por décima vez en el rato en el que he estado ahí, parada frente a ella y por primera vez: sin habla. –Y lo has hecho antes y has vuelto a mí ¿Crees que esta vez será diferente?-.
Sigo callada y por fin puedo moverme, de modo que estoy cerca de ella pero lo suficientemente separada como para no sentir su calor y evitar enloquecer. La otra Quinn comienza a dominarme y no puedo darme ese lujo, no ahora que las cosas con Rachel están acomodándose de la mejor manera.
Pero se me hace agua la boca al ver su cuerpo desnudo. 'Fabray, calma' Me digo para tranquilizarme 'A pensar con la cabeza fría'. Y me obligo pues a hacerlo.
-Esta vez lo es Santana; lo que pudimos haber tenido tú y yo no será más, compréndelo-. Se acerca lentamente a mí y yo no puedo moverme… otra vez, para variar.
-Te vi cuando estaba en el escenario, no podías quitarme los ojos de encima, te vi mirarme las piernas, los brazos, mis pechos-. *gulp* -Los labios… mi entrepierna-. Puedo sentir su aliento en mi boca –Niégame que no es mi entrepierna donde quisieras tener la cara en este momento-.
Vuelvo a suspirar y levanto la mirada al techo, volteando luego hacia mi izquierda para no tener que verla a los ojos y así, traicionarme o, mejor dicho, que aquella Quinn se abalance sobre mí, me muerda la yugular cual leona y tome el control de esta que soy.
Siento sus manos acariciándome los brazos y sé que si debo de ser agresiva, si debo gritarle, si debo herirla, tendré que hacerlo. Santana no es para mí, yo no soy para ella, Britt es para ella como ella es para Britt, así debe de ser, así fue en aquella vida y así debe de ser en ésta.
Le tomo las manos, sujetándola fuertemente de las muñecas y ella se sonríe.
-Vamos a hacerlo rudo ¿Eh?-. Me mira a los ojos y yo me atrevo esta vez a verla –¿Quieres que saque la cuerda con la que me amarras o prefieres que lo haga yo?-.
-Basta-. Le digo –Basta ya, no va a pasar, entiéndelo-.
-Apriétame más fuerte, así te gusta ¿no? Te gusta venir a sacar tus frustraciones conmigo, se te olvida aquella vez-.
-No sé de qué hablas-. Mi puño cerrado fuertemente en sus muñecas.
-¿Se te olvida, Fabray que una noche, una de tantas noches en la que más bien me lastimabas, decidiste dejarme un recuerdo el pómulo derecho?-. Trago saliva de nuevo, pero esta vez se me atora en la garganta, impresionada, si miente ¿Cómo saberlo? Y ¿Si dice la verdad? Cómo comprobarlo de igual forma.
¿Quién era yo? Lo ignoro ¿Quién era?
-No me estás diciendo la verdad-. Me enojo conmigo misma, pero no es conmigo, sino con la otra Quinn.
-¿Ya le dijiste a Rachel o como quiera que se llame, que te gusta ser ruda a veces? Que te gusta que se sometan a ti?-. La suelto, después de todo, muy dentro de mí, sé que está diciendo la verdad.
-Ya no soy esa Quinn-. Le respondo.
-¿Ahora que perdiste la memoria quieres hacer las cosas bien? ¿O será que lo usas como pretexto para dejarme como vil puta, ya no una cortesana, sino como a una puta y hacerte la santa?-.
-Basta Santana-. Ya ni siquiera siento el alcohol en mis venas.
-Se te olvida que era yo, SOY yo quien te contenta cuando has tenido un mal día, cuando estás demasiado enojada con el mundo, cuando tienes ganas de matar a alguien y soy yo quien recibe tus golpes, literal y figuradamente-.
-Lo.. lo lamento-.
-¿Qué clase de mujer eres que sobaja a otra al punto de pensar que sin ti no es nada?-. Se le quiebra la voz. Años de mi abuso saliendo a la luz cuando no tengo conocimiento de ello, demasiada información. Me enfurezco conmigo.
-Santana, escucha-. Pero ella no parece hacerlo y sigue hablando.
-Que me enamoraste para que fuera tu fiel esclava, dejándome humillar, cumpliéndote tus caprichos aunque sintiera que no era justo lo que hacías ¡callando!-. Grita y yo me sobresalto –Y ahora me vienes con que es en serio que me dejas, que me dejas por una cantante que aún no pasa de ser una conocida por ti y tu familia y unos cuantos-.
-¿Cómo lo sabes?-. Pregunto.
-Sé más de lo que crees; así que dime ¿Por una mujer como ella vas a dejar a la que te ha apoyado y soportado durante este tiempo?-.
-Santana… escucha… yo… lamento todo lo que te he hecho, es verdad que no es justo, pero la vida muchas veces no es justa…-.
-Y con las putas como yo menos ¿No es así?-.
-Eso no es lo que iba a decir-. Digo sinceramente –Mi corazón no te pertenece, no sé si lo hizo en algún momento, pudo pensar que sí; no me escudo en esta amnesia, es real que no recuerdo nada, pero pido disculpas por todo lo que te he hecho-. Agacha la mirada y creo que está llorando –Las cosas son así, no me estoy lavando las manos, pero no puedo estar contigo porque… porque no te quiero de esa forma-. Me mojo los labios –Eres muy hermosa Santana-. Ella se burla –Pero tú no eres para mí y no porque seas poca cosa o una cortesana… sino porque… tu alma no debe estar con la mía-.
De pronto me siento abrumada. La abrazo y pone su cabeza contra mi pecho.
-Vas a odiarme, o vas a mandar a alguien a que me mate-. Bromeo, pero ella no dice nada –Pero luego… vendrá alguien más que te robará el corazón y muy probablemente sí te saque de la vida que tienes y te haga el amor como mereces; te haga la mujer que debes de ser. Yo fui una mala persona y aún ahora lo soy por decirte esto, pero… pero es verdad… ya no estaré mas contigo-.
Levanta la mirada y me ve, me clava sus ojos en los míos, rojos, cristalinos.
-Dame la oportunidad de una nueva vida y dátela tú, confía en mí, confía-. Me siento tan mal por ella.
-Me acostumbraste a ti ¿Cómo podré simplemente hacerme a un lado?-.
-Yo me haré ¿Cómo estuvo tu noche con Britt aquella vez?-. Se quita de mi abrazo.
-Normal, como todas las noches que tengo con clientes que no son tú-.
-Vamos, debe haber algo en ella que te haya hecho sentir bien-. Sonríe, esa es buena señal.
-Es dulce y tierna, inocente-.
-Sí, así es Britt ¿Algo más?-.
-No tiene tu encanto, pero es tan guapa como tú-.
-¡Es mucho más!-. Le digo entusiasmada.
-Entonces sí vas a dejarme-. No lo pregunta, se resigna más bien.
-Lo haré-. Sigue desnuda y es tan vulnerable ahora que no puedo creer que haya hecho lo que hice… bueno, ustedes entienden.
-¿Volveré a verte?-.
-Probablemente-. Y la abrazo, no porque quiera sentirla desnuda, sino porque me parece como un niño indefenso que necesita protección.
-Quizás pueda enamorarme de Britt-. No sé si lo dice para darme celos o si es verdad. De serlo entonces la vida trabaja muy rápido y lo hace bien.
-Sería la mejor opción, créeme-. Dejo mi barbilla sobre su cabeza.
-¿Qué te hicieron que eres tan distinta?-.
-Me cambiaron por una nueva, reemplazaron a la vieja Quinn conmigo, vengo del futuro-. Se sonríe.
-Mas bien has enloquecido-.
-Eso también-. Le respondo y me quito de ella, caminando a la puerta.
-¿Un último beso?-.
Me acerco a ella y le beso la mejilla y luego la mano.
-Fue un placer Santana-. Y así sin más salgo de ahí. Me mareo cuando el aire me golpea, aunque en realidad no es aire, es más bien una frescura que habita en el pasillo, lejos de los amantes, lejos de Santana y también lejos del bullicio del bar.
Sé que me tardé más de la cuenta y también sé que no hay mucho por inventarle a Rachel si llegase a preguntar sobre dónde estuve en todo ese rato. Ruego porque no me lo pregunte, ruego porque el perfume de Santana no se me haya quedado en la ropa, pero más que nada ruego por no tener que enterarme de mas vilezas que pude haber hecho en el pasado.
Para mi fortuna, en ese lapso de tiempo Rachel se ha tomado más vasos de whisky y se le nota contenta, alborotada, platicadora, sincera y sobre todo encantadora, mucho, mucho más encantadora.
Me brinda su adorable sonrisa y yo no puedo más que sonreír de vuelta y pedirme otro vaso, aunque, recuerdo que debo de moderarme pues todavía alguien, en una mesa lejana, me espera para platicar.
Creo que puedo ausentarme, creo que puedo platicar con él por unos minutos y regresar a mi mesa luego, dos ausencias largas se sienten menos con alcohol, y Rachel tiene bastante de eso en su sistema.
-Sigue bebiendo, bonita; pero no mucho, no quiero tener que cargarte a tu habitación-.
-Anda Fabray, ve a atender tus asuntos que la noche es joven, yo me la estoy pasando de maravilla y el alcohol sobra, jamás me había sentido tan animada en la vida, así que no me limites-. Obedezco y no digo más, camino hacia donde Charles.
-Tic toc Charles-. Bromeo mas bien para fastidiarlo ¿Qué quiere decir con tic toc de todas formas?
-Veo que atendidos tus asuntos amorosos, con ambas señoritas, tienes por fin tiempo para atenderme a mí, que soy el más importante de tus asuntos-. Le volteo los ojos.
-Te presentas así nada más y ahora te das aires de grandeza, Charles, no eres mas que un charlatán ¿Quieres dinero? Te lo doy, pero no me vengas con adivinanzas ni misterios indescifrables-. Me mira muy serio y no se le mueve un solo músculo de la cara.
-Nada de eso Quinn Fabray pariente lejana de Charles Fabray-. Me da risa su forma de expresarse.
-Venga Charlie, no más actuación-. Sigue sin hacerle gracia.
-Sé que Britt te ha contado de un hombre que perdió a su amada a manos de unos rufianes, sé que sabes la historia de que invocó a un espíritu poderoso para vivir más y así, encontrarla en otras vidas-.
-Porque estas obsesionado con tu novia muerta-. Se queda callado por unos segundos.
-Y tú también estabas obsesionada con una muerta ¿No? Porque no vas a negarme que cuando tú te enamoraste de Rachel Barbra Berry tenía bastantes años enterrada, hecha cartón dentro de su ataúd-. Y entonces quien enmudece soy yo. –Si los viajes en el tiempo son posibles, si los fantasmas se comunican con las videntes, si la energía no se crea ni se destruye sino que sólo se transforma- Y ahí, con eso me tiene, una frase de alguien que aún ni siquiera figura en la importancia del mundo.
-Entonces ¿Por qué no habría yo de haber invocado algo para vivir más y encontrarme con ella?-.
-¿Por qué no regresar el tiempo?-.
-Porque estaba desesperado y quien escuchó mi llamado lo prolonga, pero no lo brinca ni hacia adelante ni hacia atrás-.
-No fue la mejor opción entonces-. Le da un trago a su bebida y me mira, su bigote delineado, rubio, se parece al de Dalí, pero menos largo.
-No, no lo fue, yo tengo fecha de caducidad, por así decirlo-.
-¿Cómo es que sabes del 2013?-.
-¿No has entendido? Simple magia Fabray, yo puedo ver el futuro, pero porque venía con el paquete, mas no puedo ir a él-.
-Y si puedes verlo, por qué no simplemente esperas paciente para reencontrarte con… como quiera que se llame…-.
-Melissa, su nombre era Melissa-.
-Melissa entonces-.
-Porque no figura en mi tiempo, necesito alargarlo y es ahí donde tú me vas a ayudar-.
-¿Por qué yo?-.
-Porque tú sin saberlo si quiera dominas el tiempo, es como un don, no puedes usarlo siempre y quizás, como en tus videojuegos, usando una vez tu poder no vuelve, no se recarga; posiblemente lo estés usando ahorita y con cada día que pasa se agota, se está terminando, por eso el tic toc; ni yo tengo tiempo, ni tú, pero…-. Ya había captado toda mi atención –Si tú, que eres viajera en el tiempo y yo, que puedo hacer, por decirlo de algún modo, hechizos, nos recargamos con suerte y tú ye quedas aquí y yo vivo más para así poder encontrarme con Melissa-.
-¿Es posible que en tantos años no la hubieras encontrado ya?-.
-Muy posible, su alma, perdida como está, no quiere regresar al mundo terrenal, no lo ha decidido aún, pero lo hará-.
-Quizás ya trascendió-.
-No, su alma es joven, aun queda mucho por aprender y debe regresar-.
-¿Cómo sabes que es joven-.
-Sólo lo sé, así como tu alma es vieja-. Eso no lo podía discutir, estaba segura de ello.
-Entonces déjame ver si entendí; me requieres a mí porque soy una viajera en el tiempo para hacer una magia extraña que haga que tú vivas más y que yo me quede aquí para siempre-.
-Simple ¿No?-.
-¿Y por qué no se lo pediste a Britt?-.
-Britt no es una Fabray, necesito que sea de mi sangre para que funcione-.
-Claro, siempre la sangre-.
-Siempre-. Me contesta con una extraña sombra en su mirada.
-¿Y cuándo será eso?-.
-Oh no hay mucha prisa, tú disfruta un poco más de esa morena hermosa que te observa-. Volteo a ver a Rachel, que me sonríe cuando nuestras miradas se cruzan, le sonrío de vuelta. –Y ya que tenga el cáliz que necesito, te buscaré-.
-¿Cuánto tiempo me quedaría si no funciona la magia?-.
-Cuando mucho un mes… quizás dos, pero no más-. Se me revuelve el estómago de pensarlo, es muy poco tiempo y yo que tengo tanto por vivir con Rachel.
-Entonces encuéntralo en cuanto antes-. Me levanto de la mesa –Y hagamos ese hocus pocus para que cada quien atienda lo que le corresponde-. Me sonríe y se recarga una mano en el bastón elegante.
-No lo dudes, será pronto-.
Le doy la espalda y me voy de ahí. Llego a mi mesa y me doy cuenta que Britt no está, se habrá ido a ver a Santana. Y no por petición de ésta, sino por decisión propia.
-Te vi observándome-.
-Eres mucho más interesante de lejos-. Me dice y me mira a los labios. –Estoy borracha ¿Verdad?-. Asiento –Sí, lo estoy; Finn va a matarme-.
-La resaca es la que va a matarte-. Me río, levanto la mirada y Charles ya no está.
-¿Te arreglaste con Santana?-. Si te refieres a si reafirmé el término de nuestro acuerdo, si.
-Me gustas-. Se le barre la lengua pero me gusta que aunque borracha, sea sincera.
-Tú me encantas y ahora que no tengo mas asuntos que atender, te acompañaré en la borrachera y en la resaca de mañana-.
-Así se habla Fabray, así se habla-.
Bebemos gran parte de la noche y buena parte de la madrugada, la mirada nos falla, el habla nos traiciona, la hormona… la hormona se pone coqueta y me siento caliente.
-Tengo muchas ganas de llevare a la cama-. Confieso.
-Pero me arropas bien-. Bromea y nos reímos fuerte. Mercedes va y viene con bebidas para nosotras y Britt no aparece aún.
-¿Dónde está Britt?-. Le pregunto a Jones.
-¿Dónde crees tú?-. Y se marcha con una sonrisa en el rostro.
-¿Dónde está?-. Pregunta Rachel.
-Teniendo la acción que nosotras no estamos teniendo-. Vuelve a reírse, pero no sé por qué y yo solo sonrío.
-Tienes una gran urgencia por llevarme a la cama y desarroparme-. Asiento –Puede que corras con suerte, pero no es un hecho-.
Y ya que estamos algo lejos de la casa de campo, preferimos dormir en la casa, con Julien como nuestro guardián, que aunque homosexual no es para nada tibio. Lo sé por las cicatrices que tiene en los nudillos de las manos, esas marcas son dientes clavados, seguro que ha roto bastantes labios.
Britt parece que estuviera dentro de un sueño y yo sigo en esa nube que hace que todo me parezca lejano e irreal, tengo la cabeza de Rachel sobre mi hombro y sé que está profundamente dormida.
-¿Alguna novedad?-. Le pregunto a mi prima, aprovechando el estado de Rachel.
-Pues pasó lo que pasa con las cortesanas Quinn, le pagué, me aceptó el dinero, por el momento soy una cliente más-.
-¿Y entonces por qué la sonrisa de estúpida?-. Julien me mira por el espejo retrovisor y sé que está sonriendo, divertido.
-Porque me dijo que nadie había sido tan dulce con ella como yo… pero es que yo… yo recuerdo a la de antes y bueno a la de después y…-. Me limpio la garganta, no podemos hablar así frente a Julien –Y bueno tú me entiendes, es hacerle el amor-. Sonrío, contenta por ella.
-Eso hará que se enamore de ti-. Nos quedamos calladas, ella con la vista hacia la ventanilla y yo con la vista hacia el frente. Levanto el brazo y acuesto a Rachel sobre mi pecho.
Oh dios, la resaca de la mañana será la peor de mi vida, apuesto lo que sea. Y, con Charles en el camino, puedo quedarme a ver cómo crece Rachel junto con sus sueños; Capaz y figuro yo también en wikipedia como su amante.
Sonrío, me gusta la idea. Le beso la coronilla y así me relajo en el auto camino a casa.
