Hola a todos, como ya habreís notado muchos de los primeros capítulos que antes eran cortos, estan mas creciditos, es que no me gusto ver como unos eran mucho mas cortos que otros, pero eso quise alargarlos un poco mas, y creo que estan quedando mucho mejor que antes jeje. Estaré cambiando los capítulos cortos, los que ya son largos los dejaré tal y como estan, ya sabreís cuales son jeje. Que disfruteis de los cambios.

10. LICÁNTROPA

Ha pasado un mes desde lo ocurrido entre Vlad y Ángelus, y todo quedo arreglado, pero la paz no duro mucho para ellos ni para sus seguidores. Desde hacía días, los gitanos descubrieron la aparición de unas criaturas del bosque, que eran enemigas de los vampiros desde tiempos inmemorables, los hombres lobo, bestias lobunas con figura humana, pero sin nada de humanidad una vez convertidos en la primera luna llena, después de eso nunca volvían a su forma humana, bestias sin ningún control, solo deseando matar a esos muertos vivientes. Al saber de eso, Vlad le pidió a Ángelus que no saliera del castillo hasta que el problema se resolviera, pero ella se negó a ello al saber que él y los gitanos irían a luchar contra ellos, deseaba ayudar, Vlad no tuvo mas remedio que aceptar su decisión, pero le ordeno estar siempre a su lado junto a su guardiana Yasmina, ella acepto esa condición.

Así fue como poco a poco la mamada de hombres-lobo se fue debilitando hasta que solo quedaron unos pocos que se dispersaron por todo el bosque de los Cárpatos, buscarlos sería un suicidio para los humanos y los vampiros, por lo que decidieron dejarlo. Era de noche, y Vlad estaba en el castillo con su hija en la sala de estar junto a la chimenea leyendo algo para pasar el rato juntos. El asunto de los hombres-lobo estaba calmado de momento, pero eso no hacía que se les quitara la inquietud de su gente, además, Yasmina quiso quedarse en la aldea con su familia, por si pasaba algo y necesitaban de ella, Ángelus acepto ese pedido, pero estuvo preocupada desde entonces. Vlad la miró y lo notó enseguida.

- ¿Estas preocupada por Yasmina y los demás? - pregunto él dejando su libro en la mesa pequeña.

- Un poco… - contestó ella en bajo, ocultando su rostro con su negra melena. - He podido ver por mi misma como son esas criaturas, cuando antes pensaba que solo eran cuentos.

- Pero tu desde hace mucho que sabes de estas cosas, desde que me conociste, ya deberías imaginar que existen muchas otras criaturas, solo que esas siempre se mantienen ocultas en las sombras, sin que los humanos los vean, aquellos que los ven se lo callan, ya que, los demás pensarían que están locos y bromeando, y aquellos que lo explican son llevados siempre a esos lugares para dementes y sicópatas. - explicó Vlad echando la cabeza hacía atrás mirando el techo.

- Sí, tienes razón… debe ser eso. - coincidió ella. - ¿Crees que estarán bien con esos animales por hay sueltos?

- Seguro que si, los gitanos son guerreros y brujos desde tiempos olvidados por todos, saben defenderse de muchas criaturas oscuras, sobretodo de vampiros y hombres-lobo. - aseguro Vlad, poniéndose en pie, camino hacia ella y se arrodilló junto a su lado, entonces puso una mano en su mejilla. - Ten mas confianza en tu guardiana y su gente, eso les dará fuerza y valentía.

- Si padre, eso haré, espero que ayude en algo. - dijo ella disimulando una sonrisa mas animada.

Con eso él se alzó un poco para poder besarle la frente a su hija, y después apoyar el suyo propio un momento cerrando los ojos, sabiendo que estaba preocupada por Yasmina, la única amiga que tenía. En ese momento, Vlad pensó en animarla un poco con ayuda de alimento, pero justo en ese instante entró de un portazo alguien en la sala, sobresaltando a ambos vampiros que dieron un rugido de advertencia con los ojos rojos, pero entonces al girarse vieron que se trataba de Lionel, el líder de los gitanos, por lo que dejaron de mostrar su otra cara a la normal y mas humana.

- Mis señores… - dijo Lionel mostrando respeto hacia ellos haciendo una reverencia de cabeza, entonces camino hacía ellos.

- Lionel… - nombró Vlad con paso por delante de Ángelus. - ¿A qué se debe esta entrada sin avisar?

- Ha pasado algo terrible mi señor… - dijo Lionel con la mirada baja y aterrada. - la aldea a sido…

Al verlo alterado y cansado por la carrera de ir al castillo, Lionel no se pudo aguantar en pie y cayó al suelo de rodillas, rápidamente, Ángelus fue a atenderlo, físicamente no estaba herido, pero pudo notar que algo grave y serio había pasado en la aldea.

- La aldea… mis hombres… - murmuraba él derrumbándose cada vez mas.

- Cálmate Lionel, ¿Qué ha pasado en la aldea? Dínoslo por favor. - pidió Ángelus calmándolo y animándolo un poco.

- Los hombres-lobo… esos malditos animales, han atacado a mi gente fuera de la aldea… - explicó Lionel, empezando a temblar. - muchos han sido asesinados, por suerte ninguno se transformo, envié a varios hombres a buscarlos, solo eran dos, uno lo hemos matado, pero el otro escapo, los guerreros que mande… la mitad están muertos, los que han sobrevivido están graves, con riesgo de convertirse…

- Demonios… - maldijo Vlad mostrando los colmillos furioso y frustrado. - No debiste enviar a nadie sin consultarme antes, no queda mas remedio que liberar a esos hombres de esa maldición…

- ¿Liberarlos, cómo harás eso? - pregunto Ángelus girándose a él.

- Matándolos hija, es el único modo… - contestó él sin dudar, pero si que mostró cierta pena al decírselo a ella.

- ¡¿Qué, matarlos? ¡No puedes hacer eso, es nuestra gente padre! - exclamó ella poniéndose en pie frente a él, incapaz de aceptar eso. - ¡Debe haber otro modo!

- ¡No la hay! - interrumpió él en alto, dejando callada a Ángelus algo asustada. - ¡¿Crees que me hace gracia hacerlo?, pero es su culpa el haber mandado a sus hombres allí, debe aceptar las consecuencias de sus actos.

- Pero padre…

- Lo siento hija, pero hay que hacerlo, sino, habrá mas de esos animales y nos atacaran sin pensarlo dos veces. - se disculpo él, pasando por su lado para irse hacia la aldea con Lionel. - Vamos Lionel.

- Hay algo mas mi señor… - dijo Lionel poniéndose en pie. - Algo mucho peor…

- ¿Cómo dices, de qué se trata ahora? - exigió Vlad girándose a él indignado.

- Nadie lo sabía, pero… mi hija, se fue con mis hombres al bosque sin que nadie la viera, es una de las supervivientes… - dijo él llorando un poco. - Es la que mas grave esta mi señor…

- ¡¿Qué has dicho? ¡No puede ser! - exclamó Ángelus alterada, poniéndose frente al humano gitano. - Como sea una broma, te juro que…

- ¡No es ninguna broma mi señora! - interrumpió Lionel en alto, cerrando los ojos destrozado. - ¿Cómo iba a hacer tal como de mi hija? Es la pura verdad, ella se fue con ellos y ha vuelto herida de gravedad, la peor de todas.

- No es posible… no… - se negaba ella, echándose hacía atrás petrificada de horror. - Ella no puede estar…

Al verla de eso modo, Vlad se acerco a ella por detrás y la abrazo para calmarla, apoyando su cabeza en el hombro, notando como ella temblaba de miedo y horror, incapaz de creer lo que estaba pasando ahora. Después de un rato, ella dejo de temblar al tener a su padre hay abrazándola sin soltarla aún, no hasta que dejará de temblar y sufrir, por eso, ella se calmó y él la miró de lado, viendo que sonreía un poco, con eso él la dejo de abrazar, aliviado.

- ¡Lionel, llévame con ella, vamos! - exigió Ángelus decidida.

Lionel no se negó ni dijo nada, y los tres salieron del castillo corriendo, cogieron unos caballos y galoparon a toda velocidad hacía la aldea, no tardaron en llegar allí. Una vez en la aldea de los gitanos, Ángelus y Vlad pudieron ver que los heridos estaban siendo llevados al centro, donde serían ejecutados sin resistirse, no querían convertirse en monstruos y hacer daño a sus seres queridos, Ángelus acepto eso y no dijo nada. Cuando los tres bajaron de los caballos, Ángelus fue directa a la cabaña de Lionel, sabiendo cual era de haber ido en varias ocasiones, y fue sin decir nada a la habitación de Yasmina. Dentro de la cabaña había varias gitanas que se sobresaltaron al verla entrar de golpe, con Vlad y Lionel detrás suyo pero con calma. Ángelus entró en la habitación de Yasmina de un portazo, entonces la vio, atendida por mas gitanas en una cama, al verla hay y no con los demás para morir la alivió de verdad, suspirando hondo. Al dar unos pasos dentro hasta estar cerca, vio que las gitanas traían y se llevaban toallas, que se manchaban de sangre debido a las heridas, bastante graves aún. Desde la puerta, Vlad estaba apoyado en el umbral con Lionel a su lado observando todo al igual que el vampiro.

- No quise que ella también muriera como los demás, no me importa que se vuelva un monstruo, mientras siga siendo ella. - se excuso Lionel sin girarse a Vlad. - Espero que pueda entenderme mi señor.

- Si hubieras hecho que la ejecutara, te aseguro que te habría matado Lionel. - dijo Vlad con seguridad, éste al oírlo se giro sorprendido. - Ya que… si ella hubiera muerto… eso la habría derrumbado como a una estatua de piedra.

Lionel no supo que quiso decir hasta que miró hacía donde él miraba, a su hija que estaba con un rostro aliviado y sonriendo un poco. Él tenía razón, si hubiera enviado a ejecutar a Yasmina, la princesa estaría eternamente destrozada, ya que, era la única amiga que tenía desde que era vampiresa, quizás la única que tendría en toda su existencia. Vlad lo sabía muy bien, su hija necesitaba a esa chica como amiga y guardiana, y quizás, ella sobreviviría al cambio para ser mas fuerte, pero tampoco se hizo ilusiones, no quería poner en peligro a Ángelus. Mientras, Ángelus decidió acercarse mas a Yasmina, al verla se apartaron para dejarla ponerse de rodillas al borde de la cama donde estaba el rostro de la chica medio dormida a causa de las medicinas de la gitanas para que no sintiera tanto dolor, al verla con buena cara Ángelus sonrió feliz. La observó de arriba bajó, pero sobretodo miró el pecho de Yasmina, cubierta con vendas que ya estaban teñidas de rojo, formando dos o tres líneas gruesas, muestra de que eran heridas de una garra de hombre-lobo. A pesar de esas heridas, Yasmina consiguió sobrevivir, y eso a Ángelus le alegro a pesar de verla mal.

- Yasmina, despierta… - Llamó Ángelus en susurro, apartándole el pelo de la cara con los dedos.

Hablo muy flojito, pero al parecer ella la escucho, y poco a poco fue abriendo los ojos dando quejidos bajos por el dolor, cuando se le aclaro la vista, miró a su alrededor, fue entonces cuando la vio hay arrodillada junto a la cama, cogiéndole la mano en alto con una sonrisa a punto de llorar. Al verla con ese rostro, le mostró una sonrisa de animo, a pesar de el dolor de su pecho incapaz de moverse sin sangrar y toser sangre.

- Mi señora… Ángelus. - nombró feliz Yasmina, girando un poco la cabeza. - Esta aquí…

- Sí Yasmina, estoy aquí contigo, y no me voy a marchar. - aseguro Ángelus.

Al ver que se había despertado, Vlad y Lionel se acercaron para verla.

- Me alegra verte con vida pequeña guerrera. - saludo Vlad, disimulando alegría.

- Mi señor… - nombró ella respetuosamente, entonces, se fijo en su mano cogida por Ángelus, que estaba manchada de sangre. - Supongo… que no es fácil acabar conmigo como debería ser, jeje. - rió ella con ironía.

- ¡Tonta! - exclamó Ángelus enfadada, llamando la atención de todos los presentes. - ¿Cómo puedes estar tan tranquila después de esto? ¿Cómo se te ocurrió irte en secreto a enfrentarte a esas bestias? ¡Mírate, podrías estar ya muerta de no ser atendida enseguida idiota!

- Mi señora… - murmuró Yasmina al ver el enojo y sufrimiento de su ama.

- ¡Que sea la última vez que haces una estupidez como esta sin consultarlo antes conmigo, ¿Me has entendido? - advirtió Ángelus a punto de echarse a llorar. - Por qué sino, entonces si que te mataré yo misma.

Yasmina la miró fijamente, viendo que no estaba amenazando a la forma que esperaba, mas bien le estaba diciendo de que no volviera a hacer ninguna estupidez, por que entonces se moriría de dolor y tristeza, solo que quiso amenazar antes que decirlo de esa forma, y Yasmina lo entendió.

- Entendido mi señora, no volverá a ocurrir a menos que usted me lo ordene. - entendió Yasmina con la cabeza agacha en forma de reverencia.

- ¿Por qué te fuiste con ellos al bosque Yasmina, sin decirnos nada? - pregunto el padre de ella, arrodillándose frente a la cama junto a Ángelus. - Sabías perfectamente que era peligroso ir sin ayudar de los amos.

Al principio Yasmina no dijo nada, lo que hizo fue girar la cabeza al otro lado para no mirarlo, para no ver su rostro triste y dolido por haber estado a punto de perder a su única hija. Vlad y Ángelus lo notaron, y no les extraño.

- Lo siento… - se disculpo ella en susurro. - es que no quería quedarme de brazos cruzados, esperar a que volvieran los otros, cuando en realidad quizás no volvería ninguno o alguno gravemente herido, quería ayudar de algún modo, ya que, si soy la guardiana de mi señora Ángelus, debía hacerme mas fuerte, por eso fui, para ver si conseguía superar esa prueba, mira lo que pasa por eso.

- Hija…

- Supongo que uno no puede hacerse fuerte con solo enfrentarse a un hombre-lobo peligros. - bromeó ella volviendo a girarse a ellos. - Pero de verdad, lo siento mucho, a todos.

- Bueno, lo importante es que estas bien, ahora debes descansar y dejar que te curen ¿de acuerdo? - dijo Ángelus acariciándole la frente suavemente. - Hasta que estés completamente curada, cada noche vendré a verte y hacerte compañía, como hiciste conmigo una vez.

Ante eso Yasmina sonrió y acepto hacer lo que ella le dijo. Sin que nadie se hubiera dado cuenta, Ángelus estaba tensa, ya que, Yasmina estaba cubierta de sangre por las heridas recibidas así como algunos rasguños en el resto del cuerpo, alguno también en la cara, el olor de la sangre era fuerte debido a que lo tenía justo delante, pero con los años y con ayuda de los entrenamientos de su padre, supo aguantarlo sin mucho esfuerzo, pero el olor le era incomodo. Faltaban aún unas horas hasta que amaneciera, por lo que Ángelus decidió quedarse con su sierva y amiga ese tiempo, mientras las gitanas seguían trabajando con los cuidados. Con eso, Vlad le indicó a Lionel que lo acompañará fuera para hablar, él así lo hizo dando un último vistazo a su hija. Los dos se fueron a fuera, a un lugar mas privado para hablar, ya que, en los alrededores aún estaban preparando lo que se veía para la posible incineración de los humanos que aún estaban con vida, pero heridos de gravedad como Yasmina.

- ¿Cómo van los otros supervivientes? - pregunto Vlad con los brazos cruzados y apoyado en un árbol cercano.

- bueno... físicamente están recuperarse con normalidad, pero eso no significa que… se conviertan en hombres-lobo.

- Si eso pasa ya sabes que hay que hacer. ¿verdad Lionel? - recordó Vlad seriamente. - Les haremos un favor haciéndolo así.

- Sí mi señor, se hará como usted ha ordenado. - acató él con una reverencia. - Esto, lo de mi hija…

- No te hagas falsas ilusiones, a habido algunas mujeres que han podido serlo también pero pocas veces pasa, mantenla vigilada, es tu hija y amiga de mi hija, no quisiera que la perdiera, ya que es la única amiga que tiene. - confesó Vlad con la cabeza baja. - En vida a sufrido, no quisiera que ahora sufriera también.

- Lo entiendo mi señor, a mi tampoco. - dijo con sinceridad. - Ella es una buena mujer, no se merece sufrir, por mucho que se diga lo contrario.

- Te agradezco esas palabras Lionel, me hacen ver que la aceptas como tu princesa por su personalidad mas que por su naturaleza.

- La verdad es que si. - sincerazo él sonriendo. - Nadie la vería como vampira al conocerla un poco en persona.

Vlad estuvo de acuerdo, y así estuvieron un rato, mientras, Ángelus estaba sentada en el suelo al lado de la cama, cogiendo de la mano a Yasmina mientras la atendían las gitanas, poco a poco la herida de su pecho dejaba de sangrar, por eso ya no tuvieron que cambiarle tanto las vendas. Cuando acabaron por esa noche, las dejaron solas, y Ángelus se incorporó para ponerse de rodillas y mirar a Yasmina sin dejar de cogerle la mano con las dos suyas.

- Gracias por estar aquí, hace que no piense en las heridas. - agradeció Yasmina con sinceridad. - Pero en el fondo me sabe mal, cuando podría estar haciendo otras cosas.

- ¿Cómo cuales Yasmina? - pregunto Ángelus con ironía. - Deja de preocuparte por esas cosas ahora, preocúpate en hacer reposo hasta que estés bien.

- Si lo se mi señora, pero… - dijo, cambiando su sonrisa a una mirada inquieta y preocupada.

- ¿Qué pasa? - pregunto Ángelus al verla así, extrañada.

- ¿Cree que todo irá bien, que no me pasará nada? - pregunto Yasmina, girándose a ella pidiendo una respuesta. - Se que pasa cuando te araña o muerde un hombre-lobo, y eso de que a las mujeres no les pasa nada es mentira lo se, hay mucha posibilidad de que yo…

- No tengas miedo de eso. - interrumpió Ángelus, llamando la atención de Yasmina. - El miedo hará que cuando llegue el momento estés asustada y perdida si llega a pasar eso, confía en ti misma y todo saldrá bien. - animó ella decidida.

- Pero ama, y si yo me…

- ¡No me importa! - exclamó ella interrumpiéndola de nuevo. - Yo se que podrás con ello, eres fuerte… ¡Eres mi guardiana y amiga, la única que he tenido en estos veinte años de vampira, y no pienso perderte por esto, y tu tampoco te dejes vencer por ello!

Esas palabras dejaron callada y asombrada a la chica, viendo la mirada decidida y directa de su ama, mostrando su confianza y esperanza en ella, y eso la animaron un poco, mostrando una sonrisa, y Ángelus sonrió también al verlo. Para cuando se dieron cuenta, el amanecer estaba por llegar, y Vlad fue a avisar a Ángelus para irse de vuelta al castillo.

- Bueno Yasmina, me tengo que ir por hoy, pero ten por seguro que volveré mañana puntual, te lo prometo. - juro Ángelus con seguridad.

- Si no puede venir al final lo entenderé mi señora, no pasará nada. - aseguro Yasmina con una sonrisa.

- Eso no pasará, adiós. - se despidió ella mientras se retiraba de allí, dejando a Yasmina para que durmiera por ese día.

Vlad esperaba a Ángelus con los caballos preparados, debían apresurarse para que los rayos de sol no les alcanzaran a medio camino. La luz del sol no les mataba, él la detestaba un poco, pero podía caminar debajo de él, pero Ángelus, al no tener tanto tiempo, la luz le hacía un poco de daño a los ojos, como si fuera demasiado brillante para ella aún, Vlad entendía eso, por eso quería llevarla enseguida de vuelta al castillo. Lionel sujeto el caballo de Ángelus para cuando llegará, la ayudo a subir y se despidió de ellos con una reverencia. Vlad agito a su caballo para que corriera y Ángelus lo siguió enseguida, por el camino que llevaba directamente al castillo rodeando del denso y oscuro bosque. Gracias a los árboles altos, los rayos del sol no llegaron al camino y ambos vampiros llegaron al castillo, pero al estar en la puerta, a Ángelus le alcanzó un poco en la cara, y al momento se tapo con el brazo al mismo tiempo que su padre la cubría con su capa negra.

- Lo siento, se que al mínimo momento de luz es muy molesto. - dijo él, abrazándola una vez dentro del castillo con la puerta cerrada.

- Tranquilo, no es culpa tuya padre, no pasa nada. - dijo ella, correspondiéndole el abrazo con ganas.

Para ella en esos momentos, la sombra y el abrazo de su padre eran de lo mas deseados y seguro que se sentía, para ella esa sombra era gentil y apacible, tanto que no deseaba separarse de él en ese momento, pero enseguida recordó que aún estaban en la entrada y debían irse a dormir hasta que anocheciera. Vlad la acompaño hasta su habitación con gusto, y ella lo agradeció, con todo lo ocurrido necesitaba estar con alguien en ese momento.

- Bueno, que descanse bien hija. - se despidió él cuando ella abrió la puerta de sus aposentos.

- Padre, - llamó ella deteniéndolo un momento. - ¿Tienes prisa por irte a descansar?

- No mucho, ¿por qué lo preguntas? - pregunto él curioso, medio girado a ella.

- Es que… ahora mismo necesito estar con alguien, con todo lo que ha pasado con Yasmina, estoy algo… - dijo ella algo avergonzada y con la mirada baja.

Vlad lo entendió enseguida, y mostró una sonrisa comprensiva, entonces, se giro completamente a ella y camino de vuelta a la puerta, Ángelus lo miró sonrojada, y él la sujeto por la barbilla para que lo miraba bien.

- Siempre podrás pedirme lo que quieras pequeña, siempre. - aseguro él, algo seductor, era su forma de hablar a veces sin quererlo.

Con eso, él entro en la habitación y ella intimidada un poco ante lo que dijo y la forma en que lo hizo cerró la puerta con cuidado. Vlad enseguida se tumbó en la cama cómodamente, mientras que ella decidió irse a cambiar antes al baño y asearse un poco. Unos momentos después ella volvió con un camisón largo de color rojo y ligero, a él le encantaba verla de esa forma, parecía una verdadera mujer, a ella ya no le avergonzaba que le viera de esa forma, no era la primera vez y la última.

- Sigo sin entender tu desagrado por la ropa femenina. - comentó él mirándola de arriba bajó encantado. - Con lo bien que te queda, muchos hombres se arrodillarían a tus pies con solo chasquir los dedos.

- Precisamente por eso me visto de esa forma, para lograr lo contrario, ya que, esos hombres suelen ser pervertidos la gran mayoría, sobretodo en mi época de noble rumana. - dijo ella algo molesta con solo recordar esos tiempos humanos. - Espero que en el futuro haya mas igualdad entre los sexos.

- Imagino que si pequeña. - coincidió él. - Ven aquí ya.

Ángelus camino hacía la cama, gateo un poco hasta ponerse junto a él medio tumbada apoyada en la cabecera, con un brazo de él rodeándola por la espalda y apoyándose un poco sobre él, cómoda estando de esa forma aunque sonrojada todavía. Él empezó a acariciarle el liso y negro pelo que ella tenía, muy parecido al de él pero mas negro y brillante, como si fuera de la misma noche, le encantaba ese pelo y esa forma que ella vestía para dormir.

- Lo digo es serio, vestida así eres verdaderamente hermosa, como nunca se ha visto en una mujer. - halagó él, acariciándole ahora el brazo rozándole con los dedos, haciendo que a ella se le rizará la piel con el contacto.

- Debe ser por que la ser vampira parezco mas hermosa. - contradijo ella disimulando la vergüenza, intento no parecer excitada. - Por que dudo que en humana fuera tan hermosa.

- Se lo que digo, vestida así, como lo estuviste cuando te convertí, parecía una autentica mujer, parecida a una diosa de la noche. - dijo él, seguro de lo que decía, empezando a olerle un mechón de pelo cogido.

- Déjalo ya padre, estas empezando a ponerme nerviosa ante esas palabras de seducción, cuando en verdad somos padre e hija. - pidió ella sonrojada como nunca, apartándose un poco de él. - Ahora estoy un poco preocupada por Yasmina, sobretodo por haber sido atacada por uno de esos… monstruos. Además, me siento responsable de ello, por qué… debí dejar que se quedará a vigilarme cuando solía hacer, así no habría ido para estar así de herida.

- Lo se hija, lo se muy bien. - dijo él, besándole una mano. - Pero ya no tiene caso pensar en ello, ahora deberías calmarte, cuando se haga de noche irás a verla, como le has prometido.

- Veo que sigues con eso de escuchar conversaciones ¿eh?. - dijo ella girándose a él con ironía. - No cambias con eso.

- jejeje. - rió él divertido. - No, es imposible que lo haga hija mía.

- Perdona que tengas que quedarte conmigo ahora, es que… deseaba tener un poco de compañía antes de dormir. - se disculpo ella. - Pero deseaba estar un rato mas contigo.

- Pues yo se como animarte y relajarte de todo ese peso repentino, que me satisfará hacer. - dijo él en susurró. - Solo si tu quieres claro.

- ¿El qué? - pregunto ella curiosa.

Él no dijo nada para contestar, lo que hizo fue acercarse poco a poco a ella de forma seductora, y ella se sonrojo de nuevo pero se mantuvo quieta, entonces, él la empujo para que se tumbará en la cama, al lado de los cojines, con él encima de ella, obligándola a abrir las piernas para dejarlo apoyarse mejor, poniendo las manos a cada lado de ella, ante eso ella se sonrojo.

- Deja que coma un poco, eso a ti te animará un poco. - dijo él seductora y divertidamente, mostrando los colmillos.

- E-Espera un momento… - detuvo ella sonrojada, apoyando las manos en el pecho de él avergonzada. - Te pueden traer donantes ahora si quieres, no deberías acostumbrarte tanto a mi sangre.

- No finjas pequeña. - dijo él riendo un poco. - A ti te gusta que te haga esto, así me satisfecho yo también, además, tu también deseas mi sangre, y yo dejo que la tomes siempre que quieras, me lo debes por hoy.

- Ya pero… - tartamudeó ella nerviosa, viendo como él se inclinaba a su cuello.

- Tranquila, seré cuidadoso esta vez. - aseguro él.

Entonces, sin decir nada mas, él clavó sus colmillos en ella, haciendo que se quejará una vez para luego gemir a veces en susurro, girando la cabeza al otro lado sonrojada con los ojos medio cerrados de la vergüenza, quedándose bien quieta por la excitación que sentía por todo el cuerpo, no solo por sentir que bebía su sangre, sino por tenerlo encima de esa forma, tan pegado a ella con las piernas abiertas y en camisón, a causa de eso la falda estorbaba un poco a Vlad para apoyarse en ella, por eso tuvo que desplazarlo un poco hacía arriba por los muslos de ella, sonrojándola mas. Vlad disfruto de nuevo al tomar esa sangre tan curiosa y sabrosa, a pesar de ser de vampiro mezclada con la suya propia. Pudo notar que la sangre se escapaba de entre sus labios y deslizarse por el cuello de ella hasta llegar a las sabanas tiñéndolas de rojo, y como su hija estaba excitada y tensa por lo que estaba haciendo, cosa que le encantaba sentir en ella a pesar de todo, la sujetaba por el cuello mientras el otro brazo estaba apoyado al lado sin mas.

- P-Padre… tampoco abuses, que yo no he tomado tanta sangre esta noche… ah… - pidió ella excitada y sonrojada, abrazándose a él con fuerza.

Unos minutos después de que dijera eso, él dejo de beber su sangre, separándose de ella aún con sangre el la comisura, dando un jadeo de placer y satisfacción, después se relamió los labios contento. Mientras, ella suspiró aliviada de tanta excitación y placer, que acabo jadeando en alto con el pecho agitado debajo de él, como si su muerto corazón estuviera volviendo a latir. Sin poder evitarlo, él pudo la mano sobre el pecho de ella, sintiendo su agitación, ella le dejo pero no pudo evitar estar intimidada por ello.

- Has disfrutado, ¿verdad que si? - adivinó él sonriendo, mirándola a ella convencido de ello.

Ella no contestó, solamente giró la cabeza sonrojada y los ojos cerrados, él se rió ante eso. Entonces, él le acarició el rostro mientras apartaba el pelo, viendo que aún tenía un poco de sangre saliendo de la herida, decidió lamerlo para limpiarlo, eso hizo que Ángelus volviera a excitarse, y no deseaba estarlo tanto tiempo, por lo que cogió a su padre por los brazos y lo apartó con suavidad, él confuso la miró extrañado con sangre en los labios.

- Te pido que dejes de hacerlo por hoy, estoy cansada y quiero dormir, tu deberías hacer lo mismo. - dijo ella disimulando estar calmada y firme.

- Muy bien, de acuerdo. Te dejaré descansar tranquila. - acepto él sin molestarse ni nada, ya había disfrutado bastante.

Sin decir y criticar nada, Vlad se separo completamente de ella y la ayudo a alzarse, después se despidió y se fue de allí para dejarla sola y dormir. En el fondo, Ángelus estuvo molesta por lo que acababa de hacer, pero no lo odiaba para nada, él tuvo razón, disfruto en ese momento mientras bebía su sangre al mismo tiempo que la seducía con acaricias, quizás sin darse cuenta de ello.

Al ser ya de día, Ángelus no tardó en meterse en la cama y quedarse profundamente dormida, con la mordedura ya desaparecida. Mientras, Vlad estaba ya en su habitación pensando en lo ocurrido, en el fondo culpable por ello, ya que, lo hizo contra la voluntad de ella al principio, pero luego ella se dejo llevar y a disfrutar, por eso creyó que no debía preocuparse, pero no pudo evitarlo, ahora debería esperar a la noche siguiente para verla y hablar de ello, o al momento apropiado, solo si veía algo en ella que no fuera normal, deseaba que no fuera así, entonces se fue a dormir en su ataúd.

Y así fue como a la noche siguiente, con solo despertarse, Ángelus se vistió y fue a ver a Yasmina sin esperar a su padre, que no se molesto en absoluto, viendo que seguía siendo ella, solo que ahora no deseaba estar con él sino con su amiga, lo entendía. Con el tiempo, el estado de Yasmina parecía ir bien, en cambio, a los demás gitanos heridos no, la noticia de que estaban empezando a tener síntomas de hombre-lobo, por lo que no tuvieron mas remedio que quemarlos vivos en la hoguera, cosa que ellos no opusieron resistencia como era de esperarse, no deseaban hacer daño inconscientemente a los demás.

Tanto Vlad como su hija estuvieron presentes en las hogueras con los demás gitanos, amigos y familiares de ellos, que lloraron y sufrieron por ellos. A Ángelus no le gusto ver eso, pero debía para mostrar que se preocupaba por su gente, y su pésame. En esos días, Yasmina seguía en cama, pero sin nada fuera de lo normal, por lo que todos quedaron tranquilos, ya que, ella sería la futura jefa de los gitanos. A pesar de estar casi curada, Yasmina empezó a tener una fiebre enorme y repentina, pero Ángelus quiso ayudar y con su temperatura de no-muerta conseguía aliviar y curar a su amiga. Todo parecía ir bien, pero desafortunadamente, no fue así por mucho tiempo, y los temores de Ángelus y los demás llegaron al final sin que lo supieran de ante mano.

VARIOS DÍAS DESPUÉS

Era un día soleado y tranquilo, mientras los vampiros dormían hasta que anocheciera, los gitanos se dedicaban a lo suyo aparte de vigilar la seguridad de sus amos inmortales. Unos estaban entrenando para ser guerreros o brujos, mientras que otros se fueron a pescar o a cazar para sus familias, uno de ellos era el mismo jefe de ellos, Lionel, que quiso cazar una buena carne para su familia, y celebrar que su hija ya estaba completamente curada y con energía.

Yasmina quiso ir a hacer su trabajo como guardiana de Ángelus, pero sus padres la detuvieron, diciéndole que debía aún descansar, que su ama le había ordenado eso mismo por ese día, que la iría a ver por la noche. Resignada, Yasmina se quedo en casa, y se entretuvo limpiando y afilando sus armas hechas por ella misma, dos puñales con mango negro con un dragón rojo, el emblema de los Drakul, como muestra de su lealtad a su ama Ángelus. Un rato después, Lionel y los demás ya estaban de vuelta con una buena caza, sobretodo él que trajo a su casa un jabalí bien grande para comerlo.

- ¡Vaya padre, es enorme! - dijo Yasmina sorprendida, al verlo encima de la mesa entera. - Nunca he visto tan grande.

- Vamos a comer como unos reyes hoy por lo que veo. - dijo la mujer limpiándose las manos por haber fregado los platos.

- ¡Ya lo creo querida mía, y los demás también han cazado unas buenas piezas, ha habido buena caza hoy como nunca a pasado antes!. - dijo Lionel contento, deseando zamparse esa carne buen hecha y crujiente. - Yasmina, ¿Me ayudas con esto?

- ¡Claro padre, ¿por qué no? - dijo ella contenta de ayudar a su padre.

Sin decir mas, los dos cogieron con fuerza el cuerpo muerto del jabalí y se lo llegaron a otro sitio para hacer lo que siempre se hacía con los animales de caza, quitarles la piel, cortarle a trozos y tirar lo que no se coma para los animales; perros y demás que comen restos. A Yasmina le encantaba hacer cosas con su padre, pero con la responsabilidad de ser la guardiana de Ángelus, hace tiempo que no estaba con su familia como en esa ocasión. Con esfuerzo y cansancio, llegaron a la parte de atrás de la caza para empezar a despedazar al animal, jadeando agotados y con sed, pero ansiosos de empezar para poder comerlo gustosamente.

- uff, bien… voy a buscar las hachas grandes, tu ve quitándole la piel con tus puñales que irán bien. - dijo Lionel a Yasmina, mientras se giraba para irse afuera e ir a buscar lo dicho.

Yasmina no dijo nada y a gusto saco sus puñales recién afilados y limpios para quitarle la piel al jabalí, que estaba bastante peludo, pero para alguien como ella eso no era obstáculo. Ella empezó por la parte de abajo, cortándole la cola de un corte limpio, y desde hay pudo quitarle con facilidad la piel, pero algo nuevo y extraño empezó a pasarle a Yasmina, cuando vio la sangre brotar del cuerpo y la carne fresca crujir por la piel arrancada, ella sintió algo extraño dentro de si, no eran nauseas, mas bien lo contrarió, como un hambre repentina. Desconcertada e inquieta, pensó en que podía ser, pero tener eso delante le era imposible concentrarse, y la sensación era mas fuerte y aterradora para ella.

Poco a poco, ella entendió de que esa sensación era como una especie de hambre, deseaba comerse esa carne sin importar que estuviera cruja y llena de sangre y grasa cruda, y eso la dejo confusa y asustada. La sangre del animal deslizó por la mesa hasta llegar al final y empezar a gotear al suelo, salpicando los pies de Yasmina que aterrada se apartó, y sin darse cuenta chocó contra alguien que tenía detrás, dando un grito de espanto.

- ¡¿Yasmina?

La nombrada se giro asustada de verdad, y vio que era su padre con ambas hachas en mano, confuso por el grito repentino de su hija y el aspecto que tenía, de miedo y confusión. Vio como ella temblaba con fuerza, aterrada como nunca la vio en años, ni con el Conde Drácula tembló tanto, preocupado, dejo las hachas al suelo y fue a abrazarla para calmarla, notando que temblaba mas que a simple vista.

- Hija tranquila, eh, vamos… - decía él abrazándola por la espalda y la cabeza. - ¿Qué te ocurre pequeña?

- N-Nada, no es nada padre… - dijo ella, mintiendo como pudo, intentando dejar de temblar. - Me he asustado por una tontería, después has aparecido detrás mío y…

- ¿Estas seguro de ello? - pregunto él apartándola para mirarla a la cara. - Si te pasa algo, puedes decirlo, a mi o a tu madre…

- Lo se padre, pero se aseguro de que no es nada… - aseguro ella con seguridad, sin mostrar el miedo que tenía dentro. - Venga, vamos a trabajar con este jabalí. - animó ella girándose.

A Lionel no le convenció esa respuesta, pero viendo que no la haría hablar de ello, decidió dejar que ella decidiera hablarlo en su momento y junto a ella despellejo y cortó a trozos el jabalí muerto. Mientras, en la mente de Yasmina había miedo y terror, sintiendo como su cuerpo y mente reaccionaban a la sangre y la carne fresca y cruda que tenía en las manos, deseando comerla, y también comerse la otra carne, la de su padre que estaba junto a ella, eso la asusto aún mas, pero debía ser fuerte y no dejarse dominar por el miedo, debía ser algo que se le pasaría pronto, o al menos eso pensaba, deseaba eso.

Al llegar la noche, oscura y libre de nubes y viento frió, Ángelus fue como siempre a casa de Yasmina para ver como estaba, sabiendo por Lionel que ya estaba completamente curada, deseaba festejarlo con ella y su familia. Fue a caballo hacía la aldea sola, sin que nadie supiera de que iba allí, y cuando llegó a la aldea vio que estaba desierto y vacío, cosa poco usual en los gitanos, que siempre estaban haciendo guardia en las calles, pero no había ni un alma, silencio total, que empezaba a ser preocupante e inquietante para Ángelus.

Todo parecía normal a simple vista, pero para Ángelus no , ya que... al bajar del caballo, notó un olor enorme a sangre, proveniente de una casa, la casa de Yasmina y su familia, que al girarse a ella vio que había luz dentro pero sin movimiento, rápidamente llegó allí, sin pensar en atar a su caballo a algún sitio. El olor a sangre era fuerte, de mucha cantidad y fresca reciente, eso la preocupo mucho, y no lo pensó dos veces para cuando entro en la casa, que al verla quedo petrificada y asombrada, tapándose la boca con ambas manos.

Allí dentro era una sangrienta y cruel escena; toda la sala de estar manchada de sangre por doquier y llena de marcas de arañazos de enormes garras, Lionel, su mujer y un par gitanos que estaban allí frente a la entrada, todos muertos y destrozados sin piedad, tanto que era imposible reconocerlos, los muebles destruidos completamente. Todos mostraban un rostro de terror y asombro, fueron cogidos por sorpresa sin poder defenderse y sobrevivir.

Ángelus fue hacia la habitación de Yasmina y al entrar la vampira quedo sorprendida, ni rastro de Yasmina y ni un cuerpo, solo los muebles y paredes destrozados y agrietados pero sin rastro de sangre, indicando de que allí no murió nadie, y la ventana estaba completamente abierta, cuando Ángelus se acerco a la cama, pudo ver trozos de ropa desgarrados, que parecían ser de Yasmina, era como si hubieran sido desgarrados por un animal con fuerza.

Con eso, Ángelus supo que paso, por lo que salio por la ventana sin pensarlo dos veces, deduciendo que por ahí fue donde Yasmina huyó del misterioso animal, y dando un gran salto, entro al bosque. No sabia si era correcto eso que hacia, sin avisar a su padre y al resto de los gitanos, pero su amiga podría estar en peligro y no podía dejarla allí perdida y asustada, con un animal persiguiéndola, debía intentar encontrarla y pronto, antes que el animal salvaje. Ángelus corrió por el bosque, mirando a su alrededor atenta con la vista y el oído, sin darle importancia de que se estuviera alejando de la aldea y el castillo.

- ¡Yasmina! ¡¿Dónde estas? - llamaba ella con todas sus fuerzas mientras corría sin rumbo aparente. - ¡Si me oyes contesta, soy yo Ángelus, sal de donde estés!

Mientras la llamaba, la luna estaba siendo tapada por unas pequeñas nubes, haciendo que el bosque estuviera mas oscuro. Ángelus se paró en seco cuando oyó un ruido de unos arbustos al lado suyo, desconfiada sacó su látigo, preparada para lo que sea.

- ¡Sal, seas lo que seas ahora mismo! - ordenó ella rugiendo furiosa y amenazante.

Lo que salio de los arbustos no era lo que esperaba, pero si lo que buscaba, era Yasmina, manchada de barro de pies a cabeza y con la ropa destrozada, calló de rodillas al suelo jadeante de cansancio y miedo, Ángelus rápidamente guardó su látigo y corrió a abrazarla fuertemente para calmarla y calentarla.

- ¡Tonta, no me des esos sustos! ¡Pensaba que ese monstruo que te atacó habia vuelto de nuevo y que te habia herido! ¿estas bien, estas herida? - decia Ángelus desesperada, revisándola de arriba a abajo.

- Mi señora… ¡Debe alejarse de mi y huir de aquí! - dijo Yasmina apartándola de ella, arrastrándose por el suelo con tal de alejarse. - ¡Váyase de aquí ahora!

- ¿Yasmina? ¡¿Qué estas diciendo, qué te ocurre? - pregunto Ángelus en alto y confusa del comportamiento de su amiga.

- Debe huir, ahora que esta a tiempo, por favor… - suplicaba ella abrazándose a si misma con fuerza en un rincón de un árbol. - No quiero hacerle daño… escape…

Ángelus no entendía nada, quiso acercarse pero Yasmina se alejaba mas, por lo que se resignó a ello. Pudo ver que estaba temblando como nunca, no era por el frío de la noche, sino por miedo a algo que no sabia qué, quiso ayudarla y calmarla, pero no sabía como si no podía acercarse a ella. Mientras, Yasmina sentía su cuerpo arder como nunca se sintió, también sentía dolor, como si sus huesos se estuvieran derritiendo y la carne no, mas bien se estuviera forzando y endureciendo. De repente, entre los árboles a lo lejos, se empezó a oír voces llamando a alguien, por los nombres de ellas dos, entre las voces estaba de la Vlad.

- ¡ÁNGELUS, YASMINA! - llamaba la voz de su padre en alto. - ¡ÁNGELUS!

Al oírle, Ángelus se giró de Yasmina para ponerse de pie y empezó a agitar los brazos estirados hacia arriba para que supieran donde estaba mientras gritaba. Yasmina también le oyó, y eso hizo que temblará mas, aterrada por lo que fuera a pasar ahora si la encontraba en ese estado, seguramente había estado antes en la aldea como Ángelus, temiendo que pensaba hacer con ella.

- ¡Padre, Padre, estamos aquí! - llamaba Ángelus moviendo los brazos a un lado y a otro estirados en alto. - ¡Justo aquí!

Vlad la oyó enseguida antes que nadie y la vio en un espacio pequeño pero abierto a varios metros de él y los gitanos. Mientras, sin que Ángelus la viera, Yasmina estaba tensa y temblando como una loca, y de repente sin poder evitarlo, volvió a pasarle lo de antes en su casa, por todo su cuerpo empezó a crecerle pelo oscuro, sin un rincón donde no creciera, las uñas de las manos y los pies se convirtieron en garras, y las extremidades en fuertes patas, los dientes en grueso y afilados colmillos, y su rostro cambio a uno de lobo en segundos. Ángelus no lo estaba viendo ni oyendo por los ruidos del bosque y de los gitanos acercándose, entonces, cuando pudo ver de cerca el rostro de su padre, vio que estaba sorprendido y aterrado, no sabía por qué.

- ¿Padre? - llamó ella confusa y curiosa.

- ¡ALEJATE ÁNGELUS! - gritó él corriendo hacia ella. - ¡CORRE!

Ella no entendió por que, confusa, empezó a girarse hacia Yasmina, pero al girar la cintura, vio que ella no estaba allí, en su lugar había otra cosa que dejo petrificada a la vampira... Vio a un hombre-lobo de pelo negro y ojos rojos, que estaba a punto de atacarla sin pensarlo dos veces, entonces esa bestia, con sus enormes garras la arañó por la espalda entera. Ángelus, paralizada, confundida y desorientada, se desplomó de cara al suelo, sin poder moverse. La herida era del hombro derecho hasta el costado izquierdo de la cintura, enseguida la espalda estuvo empapada de sangre saliendo de la herida, llegando al suelo hasta forma un pequeño charco debajo de ella inmóvil y medio desmayada.

- ¡ÁNGELUS! - Gritó Vlad como un gruñido furioso y aterrado, corriendo hacia ella desesperado y dolido.

Al oír ese nombre de nuevo con mas fuerza y mas cerca, el hombre-lobo negro quedo petrificado, como reaccionando en algo. Después miró confuso el cuerpo inmóvil que atacó y ahora estaba en el suelo, viéndolo borroso y nublado. Mientras, Vlad llegó a Ángelus y con cuidado la giro para mirarla y ver que aun no estaba acabada, a pesar de la herida y la sangre perdida, pero apenas estaba consciente.

- ¡Ángelus, reacciona Ángelus, no te rindas! - decía Vlad teniéndola entre sus brazos desesperado, suplicando a que no se fuera. - ¡Reacciona!

Entonces, el animal que estaba frente a ellos reaccionó, reconociéndolos a los dos al instante. Mientras, Vlad veía como su hija estaba sangrando por doquier y sin reaccionar, eso le puso furioso y miró al monstruo frente a el con furia y odio asesino, entonces, al verlo, pudo ver que llevaba algunas ropas humanas, supo enseguida que esas eran de la sierva de su hija, Yasmina, ella era ese hombre-lobo descontrolado.

- Mi… señora… - dijo apenas el animal enorme. Llamando la atención del vampiro. - Mi señora… Ángelus…

Vlad miró asombrado al monstruo, que tenía forma de humano pero aspecto de ser un lobo a dos patas. Vio que era ella en verdad, Yasmina, y que al oír el nombre de su hija reaccionó y vio lo que hizo, arrepentida de ello, pero para él eso ya no era excusa, la miraba con odio y rencor, deseando matarla. Sin pensarlo mas tiempo, estuvo por dejar de nuevo a su hija en el suelo e ir a por Yasmina, pero sorpresivamente fue detenido por una mano agarrada a su ropa, una mano de Ángelus, éste la miró confuso, y justo en ese momento llegaban los demás gitanos armados y preparados para pelear contra esa bestia.

- N-No... no la mates... pa-padre... ella... ella es... - susurraba ella, que le salía un poco sangre por la boca.

- Lo se hija, pero ella te a atacado, y no puedo perdonárselo. - le dijo Vlad con seriedad. - Ahora intenta no hablar mucho por favor.

- E-espera por favor... - suplicaba ella agarrándose con mas fuerza, agarrándose al brazo de él para poder moverse a pesar del dolor de su espalda. - ¡ugh!

- ¡No! Por favor, no te muevas, perderás mas sangre. - pidió él sujetándola con cuidado de no hacerle mas daño, impidiendo que se moviera mucho.

Vlad y los gitanos estaban tan pendientes de Ángelus, que no vieron como Yasmina volvía a su forma humana, mostrando entonces un rostro aterrado y con lagrimas, al oírla llorar, todos incluso Ángelus la miraron, casi sin ropa que tapará su cuerpo, ahora sin ninguna marca de las heridas que tuvo antes. Entonces, a causa de lo culpable y dolida que estaba por lo que había hecho, las piernas no la mantuvieron en pie y cayó de rodillas rendida llorando.

- Mi señora… - dijo Yasmina entre lagrimas.

- Yasmina… - nombró Ángelus a duras penas consciente.

- ¡¿Pero qué he hecho? - se pregunto Yasmina dolida, intento mover su cuerpo pero el dolor que sentía no la dejaba y cayó de cara completamente al suelo llorando a brotes, gritando de culpabilidad y sufrimiento. - - ¡Lo siento, lo siento! ¡soy un monstruo! ¡Lo siento mi señora! ¡uahhhhh!

Ante eso, todos quedaron conmovidos y apenados por la chica medio desnuda tumbada en el suelo encogida, incluso Vlad dejo de sentir odio y enfado por ella. Después de un rato, Vlad ordenó a los gitanos que llevaran a Yasmina a las mazmorras del castillo con ropas que ponerse, y que trajeran a un curandero para su hija al castillo, ellos así lo hicieron, cogieron a Yasmina que no dejaba de llorar y culparse en voz alta de camino al castillo hasta que no pudo llorar ni gritar mas.

Vlad fue quién llegó a caballo a su hija al castillo a toda velocidad, cubiertas con mantas que enseguida se mancharon de sangre. Durante el camino, Ángelus se mantuvo consciente como pudo, pero la perdida y la herida dolorosa hacían que fuera mas difícil estarlo, pero de mantuvo despierta y fuerte durante todo el trayecto. Una vez en el castillo, Vlad la llegó a su habitación de un saltó al balcón y una patada a la puerta para tumbarla rápidamente a la cama y tenerla de espaldas, viendo lo grave que era la herida, que no sanaba en absoluto.

Afortunadamente, el curandero llegó enseguida al castillo y atendió a la vampira casi adormecida. Le tuvo que acabar de desgarrar la ropa para ver mejor la herida, viendo que había llegado hasta el hueso de la espina dorsal, con solo tocar la herida Ángelus daba un grito fuerte de dolor, todos se sobresaltaban ante eso. El curandero la atendió como pudo, aunque eso significará hacerla sufrir un poco, no era muy común que un vampiro como ella sobreviviera a una herida de un hombre-lobo, eso sorprendió al curandero y a Vlad sobretodo.

- Voy a tener que extraerle el veneno de el arañazo para que se cure la herida, va a ser doloroso para ella mi señor. - aviso el curandero. - De todas las heridas que he visto causadas por un hombre o mujer-lobo, esta es la peor de todas, me asombra que ella siga existiendo.

- Haga lo que sea necesario doctor, no quiero perderla ahora. - dijo Vlad paseando nervioso por la habitación.

- Muy bien, voy a necesitar que la sujete bien fuerte, tiene que mantenerse quieta y dudo que lo haga por si misma por el dolor. - pidió él. - Usted es el único que puede sujetarla fuerte sin moverla.

Vlad no contradijo la palabras del curandero y hizo lo que le pidió, pero antes pidió a todos los presentes que se fueran, que se dedicaran a hacer lo que debían con lo ocurrido en su aldea, ellos apenados y resignados obedecieron. Una vez solos, Vlad movió con cuidado el cuerpo de Ángelus para poder sujetarla mientras el doctor procedía con su trabajo, ella se quejo un poco pero nada mas. Una vez preparada, el hombre sacó una pequeña botellita con un liquido amarillo transparente, lo abrió, y con mucho cuidado lo hecho encima de la herida de ella, con solo estar en contacto, la carne ardió y ella gritó.

- ¡UAHHHHHHHH! ¡AHHHHH!

- ¡Sujétela bien señor, sino no podré sacar el veneno de la herida! - pidió el doctor que estaba al lado de ella, sin dejar de echar esa sustancia.

A Vlad no le gustaba ver sufrir a su hija, pero solo sería hasta que el veneno estuviera fuera de su cuerpo, y ella lo sabía por eso intento aguantar, pero ese liquido reaccionaba como si fuera agua bendita en su cuerpo, y eso era insoportable para un vampiro. Después de un rato de tortura, el doctor extrajo el veneno a través de los cortes en la piel de ella y limpió la sangre de la herida, viendo que ella estaba mejor y sin gritar ni sentir tanto dolor que antes.

- Muy bien, ya puede darle su sangre mi señor, con ella la herida se regenerará en unas horas. - informó el doctor limpiando con un trozo de algodón la sangre de las heridas.

Vlad lo escucho, suspirando aliviado de oírlo. Se arrodilló junto a la cabeza de Ángelus, y se remangó la camisa para poder morderse la muñeca y dejar que la sangre brotará, pero antes de poder, Ángelus lo detuvo con la mano, llamando la atención de él.

- Padre... ¿dónde... dónde esta Yasmina? - pregunto ella entre susurros.

Vlad no dijo nada enseguida, no estaba seguro de si decirle la verdad o no decirle nada, pero al verla en ese estado y preocupada aún así por su amiga, pensó que no era justo callárselo, sería egoísta y cruel. Ángelus ya no sentía tanto dolor como antes, y notaba como su herida se iba regenerando muy lento, pero aún así no tuvo valor para moverse mucho, por temor a que volviera a sangrar y doler, excepto la espalda, el resto del cuerpo podía moverlo al menos.

- Ángelus… ordené que la encerraran en la mazmorra del castillo, para que no se volviera a descontrolar y hacer daño a alguien mas inconscientemente. - dijo él con suma sinceridad, serio y sonando algo culpable por ello. - Sobretodo para que no te hiciera mas daño a ti…

- ¿Qué?… no, ¡No! - exclamó ella alzando mas la voz, frustrada, Vlad ya se lo esperaba esa reacción. - ¡¿Qué estas… diciendo? ¡¿La ves como una amenaza? ¡Ella no es eso, no es un monstruo!

- ¡Lo se Ángelus! - interrumpió él exclamando en voz alta, dejando callada a Ángelus. - Pero eso no significa que sepa controlarse, ya has visto y sentido lo que es capaz sin ser consciente de ello, de saber que ataca a personas sin poder evitarlo la destrozaría, tu lo sabes mejor que nadie hija. - explicó él con convencía. - Ella a aceptado estar encerrada allí abajo, sobretodo para no hacerte mas daño.

Con eso Ángelus se calló, y soltó el brazo de Vlad para dejarle hacer lo que tenía pensado. Él sacó los colmillos y se mordió con fuerza para dejar brotar la sangre, y con rapidez se lo ofreció a Ángelus sin que tuviera que moverse mucho, y ella sin rechistar ni negarse tomó la sangre con gusto y placer. Al notar los labios de ella en su herida y los colmillos rozarle, Vlad se estremeció un poco por la sensación placentera, pero se mantuvo calmado, dejo que ella chupará a gusto hasta que fuera suficiente.

- Ya vale. - dijo él, queriendo apartar ya el brazo.

Ella no se negó a ello, no quería ser una como esas que deseaban mas al tener ocasión y dando un jadeo se apartó del brazo, dejando ver como su barbilla estaba manchada de sangre, goteando la sabana un poco.

- Gracias… - dijo ella como afónica.

Vlad le mostró una sonrisa encantada, y ella con cuidado apoyó su cabeza en el colchón para quedarse dormida al instante. Él pudo notar como el cuerpo de ella estaba mejorando gracias a al sangre y el reposo, y con cuidado la tapó entera con una ligera y suave manta, dejando que durmiera tanto como quisiera. Una vez todo echo, fue hacía el curandero que estaba de pie alejado de la cama esperándolo.

- Has hecho un gran trabajo, como esperaba de ti. - dijo Vlad con sinceridad.

- Solo faltaría fallar mi señor, solo hacía mi trabajo lo mejor que podía. - dijo él halagado. - Pero hay que reconocer que ha sido una experiencia única en el mundo de los seres como ustedes, que un vampiro sobreviva a una herida de ese animal es asombroso.

- Sí, lo se. - coincidió él, girándose a su hija. - Ella es como… un caso único entre los míos. - volvió a girarse al joven curandero. - Recibirás el doble de lo acordado, ahora debes ir a ver si en la aldea hay heridos y curarlos cuanto antes.

- Entendido mi señor, gracias por el detalle. Cualquier cosa solo tiene que escribirme y vendré volando, hablando literalmente. - dijo el curandero cogiendo su equipo para irse, haciendo una reverencia pasando al lado del vampiro. - Nos vemos.

Una vez que se fue, Vlad volvió con su hija y ver como dormía placidamente, no encima de la almohada pero al menos cómoda. En su mente volvió a oír las palabras de su hija, como tambores aproximándose con fuerza: "¡¿La ves como una amenaza? ¡Ella no es eso, no es un monstruo!". Eso lo hizo pensar un poco, y decidió ir a ver a Yasmina a las mazmorras. Bajo hasta las profundidades del castillo, todo oscuro y húmedo hasta llegar a la única mazmorra que se mantenía en pie gracias a los gitanos. Dentro de esta, estaba ella arrinconada en un rincón de la sala de piedra encogida y abrazándose las piernas y unos cuantos gitanos cuidándola a distancia por pedido de ella, temiendo transformarse otra vez aunque estuviera ataca con cadenas en muñecas y tobillos a la pared.

Cuando él entro haciendo ruido con la vieja y gruesa puerta de madera, todos automáticamente salieron de allí dando reverencias, dejándolos solos. Al principio ninguno de los dos dijo nada, Vlad se apoyó en la pared de enfrente de ella con los brazos cruzados algo molesto, mientras Yasmina se mantenía quieta en su sitio, sin atreverse a alzar la mirada y mirarle a la cara, por temor al verlo enfadado. Entonces, ella oyó como unos pasos iban hacía ella y se pararon a un paso, entonces, alzando un poco el rostro, vio como el vampiro se hincaba frente a ella con los brazos apoyados en las piernas mirándola.

- Yasmina, me has decepcionado. - confesó él sin dudar.

- Lo sé... - dijo ella susurrando culpable.

- Has podido matar a mi hija… - recordó él seriamente pero calmado. - que es amiga tuya desde hace mucho tiempo. Por culpa de que fuiste a por ese hombre-lobo, acabaste convirtiéndote también en uno, has matado a tu familia y herido gravemente a Ángelus ¿eres consciente de eso? - pregunto.

- Mi señor Vlad... juró que no quise hacerlo, no recuerdo haberla atacado a ella ni a mi familia, yo seria incapaz de atacarla a ella, soy incapaz, debe creerme por favor. - suplicaba ella llorando y escondiendo el rostro entre las piernas. - Pero se que lo he hecho, huelo la sangre en mis manos a pesar de habérmelas limpiado con fuerza, son la prueba de lo que he hecho, no quiero que ni usted ni mi señora Ángelus me perdone por esto.

Vlad sabía muy bien que todo eso que decía era cierto, la conocía bastante como para saber eso, y en el fondo, deseaba poder hacer algo para solucionar ese problema y ayudarlas a las dos, a su hija y a ella, no quería tener que ejecutarla por ese lo que era, y que su hija sufriera mas de lo que ya sufría. No sabía que hacer con todo aquello, lo único que podía hacer era tener a Yasmina encerrada en esa mazmorra hasta que pasará las noches de luna llena.

- No voy a ordenar que te maten Yasmina, pero permanecerás encerrada aquí hasta que de nueva orden. - dijo él poniéndose en pie para irse. - Lo siento mucho, Yasmina.

- No tiene por qué… la culpable aquí de todo, soy yo, únicamente yo mi señor. - dijo ella llorando con los ojos cerrados.

Con eso, Vlad la dejo allí encerrada, sin dejar que nadie entrará a menos que le llevarán comida. Sin que él se diera cuenta, ya estaba por amanecer, dejando pasar la primera noche de luna llena para Yasmina, solo faltaban dos mas y podría sacarla de allí. Durante todo el día, los gitanos hicieron turnos para vigilar la mazmorra aunque no hiciera falta, ya que, Yasmina no se transformaría hasta que fuera media noche, menos encerrada y encadenada.

Ya casi a la noche, Ángelus despertó descansada y completamente curada. Sin ganas de dormir un poco mas, se puso en pie dando unos estirones fuertes para tener el cuerpo relajado, entonces, recordó las heridas que tuvo en la espalda, y rápidamente fue al baño para mirarse al espejo con la manta encima, ya que la camisa estaba rota completamente. Se lo quito de encima de los hombros para mirar la espalda, y vio que la herida estaba cerrada pero que la cicatriz aún estaba, algo que no entendió, ella era una vampira, nunca tenían cicatrices de heridas, por muy graves que fueran, estuvo muy confusa, y al tocarse la cicatriz por su hombro derecho, esta le ardió un poco quejándose de ello.

- ah… que daño. - se quejo ella molesta. - ¿Cómo es esto posible?

- El curandero me lo ha dicho, - dijo la voz de Vlad a sus espaldas, ella se giro y lo vio apoyado en el umbral de la puerta. - Dijo que la cicatriz nunca se iría, se te quedaría para siempre, lo siento mucho hija.

- Ya veo… - entendió ella bajando la mirada, se miró un poco mas la cicatriz y luego volvió a ponerse la manta por encima. - Bueno, tampoco es para tanto.

- Cierto, la verdad es que la cicatriz te pega. - comentó Vlad con burla.

- Ya claro. - dijo ella, riéndose de la broma de su padre. - Así que, la marca se queda para siempre.

Vlad la escucho hablar mientras ella iban de regreso a la cama para quitarse la manta de encima y ponerse una camisa nueva, viendo el sufrimiento de ella, se puso detrás de ella antes de que lo hiciera. Acto seguido apartó la camisa y la manta de encima de ella, esta iba a decirle algo pero no dijo nada, por que él beso el lugar donde estaba la marca, como si así se aliviará un poco. Ella se sonrojo al notar los fríos labios de su padre sobre su piel, esos mismos labios que cada dos por tres deseaban su sangre. Él la abrazo por detrás, rodeándola entero por encima del pecho con fuerza, excitando un poco a Ángelus.

- ¿Acaso... quieres tomar un poco, padre? - pregunto girándose un poco a él, refiriéndose a su sangre. - Ya estoy curada, no hay ningún peligro si la tomas.

- Ya lo se hija, pero me esperaré un poco mas. - dijo él separándose de ella un poco. - Solo deseaba relajarte un poco, se que esta cicatriz te arde con solo tocarla. Pero con el tiempo dejará de arderte tanto, estoy seguro de ello.

- Lo se. - coincidió ella. - ¿Cómo esta Yasmina?

- Estará encerrada hasta que las noches de luna llena pasen, así no será un peligro para ti ni para nadie. - contestó él con seriedad.

- ¿Qué? - pregunto ella sorprendida, separándose para poder mirarlo a la cara confusa. - ¿La sigues viendo como una amenaza? ¡Ella no lo hizo a propósito! ¡Debe haber alguna forma de ayudarla con ese problema!

- Si lo hubiera, créeme que lo sabría, y lo usaría para ayudarla, pero no hay forma de revertir la transformación una vez pasada la primera luna llena. - explicó él calmado. - Te juro que quiero ayudarla tanto como a ti, pero no se conoce forma de cambiar lo que esta hecho Ángelus, lo siento.

Mientras él hablaba, Ángelus estuvo pensativa, queriendo encontrar una solución a todo lo que estaba pasando con su amiga y sierva Yasmina, deseaba ayudarla, pero no sabía como.

- Ahora lo que deberías hacer para calmarte es tomar algo de sangre, quizás te ayuda a… - decía él.

- ¡Claro! - exclamó ella asombrada, interrumpiéndolo y sobresaltándolo un poco. - ¡Eso es, puede que eso la ayude!

- ¿Qué estas diciendo hija? Explícame. - pidió él confuso al verla de esa forma.

- ¡Quizás mi sangre la ayude padre! - dijo ella girándose a él de nuevo.

- ¡¿Qué? - pregunto él sorprendido y confuso. - ¿Por qué piensas eso Ángelus?

- Algo me dice que mi sangre puede hacerlo, ya que, según tu, mi sangre sigue sabiendo igual de cuando era humana, incluso estando mezclada con la mia ¿cierto? - pregunto ella, él desconcertado asintió. - Pues podemos probar si hacer algún efecto con Yasmina.

- ¿Cómo se te ha ocurrido semejante cosa? Un hombre-lobo se envenena si toma sangre de vampiro. - pregunto él confuso. - ¿Por qué crees que pasará lo contrario con la tuya?

- No lo se… pero algo me dice que puedo ayudar a Yasmina, al menos hacer que no este descontrolada y puede controlar su nueva naturaleza, no me preguntes como lo se eso, pero quiero probarlo, y seguro que ella aceptará probar también.

Sin decir mas, Ángelus y Vlad corrieron hacia la mazmorra antes de media noche, una vez allí entraron y hablaron con Yasmina y le explicaron la posible solución, ella dudo al principio, pero confiando en su ama decidió probar con esa teoría. Ángelus con temor se mordió la muñeca, dejando brotar la sangre y se la ofreció a Yasmina.

Lo que paso a continuación dejo a Vlad y los gitanos presentes asombrados, ya eran las doce de la noche, y Yasmina no se transformo en mujer-lobo como se esperaba, mas bien se transformó a voluntad y controlada, pero esa vez en un verdadero lobo negro de cuatro patas y ojos rojos. Todos supieron lo que había pasado, Yasmina dejo de ser una mujer-loba, ahora era algo mas poderoso que ellos, una licántropa, mitad humana y mitad lobo, pero mas fuerte que los hombres-lobo y mas civilizados y controlables, no eran tan animales como ellos

Así fue como Ángelus dio gracias por haber podido ayudar a su amiga, y con eso Yasmina se convirtió definitivamente en la guardiana de Ángelus, Yasmina la licántropa. Vlad estuvo contento de ver que su hija pudo salvar a su amiga, y estaba sorprendido de lo ocurrido gracias a su sangre, con eso decidió estar mas pendiente de su hija, ya que, su sangre podría ser peligrosa para ella si algún enemigo sabía de lo que podía hacer, conocía algunos de esos que desearían tenerla para sus planes, y no les dejaría tenerla para nada, era su hija y debía protegerla a toda costa.

CONTINUARÁ...