Cuando llegamos a casa le dimos todo lo necesario a Esme para la cena, ella rápidamente empezó a preparar el spaggeti y el filete, mientras Alice terminaba de picar las verduras.
—Oh ¡Bella!—gritó Alice feliz mientras mis hijos corrían hacia su habitación—Me preguntaba si me ayudarías a arreglarme—me dijo avergonzada, sabía que tenía una razón, y esa razón era rubia y de ojos azules.
—Claro Alice, solo deja me cambio y en unos minutos vienes a mi habitación.—le dije mientras me dirigía al cuarto de mis hijos para ayudarlos con su ropa.
Entré a su habitación y los dos me esperaban.
—Mami, ¿puedo usar el vestido rosa que me dio la abuela?—preguntó brincando en su cama.
—Mary, siempre usas ese vestilo, y la abuela Esme dice que está en una ocasión especial—dijo Zac con los ojos entrecerrados, viendo como saltaba su hermana, suspiré, eran tan diferentes.
—Zac tiene razón cariño, extrañamente el tío Jazz nos ha comprado ropa a todos, no sé si ha sido porque no confía en mi gusto o qué, pero lo ha hecho—dije frunciendo el ceño, Jasper se comportaba muy raro últimamente, abrí el closet de mis bebes y saqué su ropa.
—Oh, ese me gusta—dijo mi pequeña aplaudiendo, debía acordarme de no dejarla tanto tiempo cerca de Alice. Me acerqué a mi nena y empecé a quitarle su abrigo y su gorrito, noté como Zac caminaba hacia la otra esquina de la habitación, dándonos la espalda. Cambié rápidamente a Mary con su vestido Lila y le arreglé el cabello cobrizo, rizado. En cuanto estuvo lista, se bajo corriendo de la cama y salió hacia la cocina. Zac la miro y se acercó a mí.
—Mama ¿Quién vendrá hoy?—pregunto frunciendo el ceño mientras le ponía su Jean y la pequeña camisa azul.
—Al parecer la hermana del tío Jazz—le contesté sonriendo. El solo asintió.
—La tía Alice está loca—me dijo—no deja de decir que pasaran cosas especiales, dice que tiene un…pesen…pese…—frunció el ceño, el odiaba equivocarse.
—Presentimiento—dije sonriendo, el hizo una mueca.
—Si eso—dijo, lo cargué, llevándolo hasta el baño y comencé a mojar su cabello un poco.
—Bueno, Alice suele tener presentimientos, así que no apuestes contra ella—le dije pasando una y otra vez el cepillo por su rebelde cabello, igual al de su padre.
—Mama, me duele—dijo mientras trataba de alejar el cepillo de el.
—No sé porque sigues insistiendo con eso—dijo Alice entrando al baño—si sabes que su cabello es indomable.—empezó a reír, yo sonreí con nostalgia—Pero que guapo te vez Zac—dijo, Zac sonrió, una sonrisa torcida y arrogante. Suspiré tristemente, cada vez ''El'' y Zack eran más parecidos.
—Lo sé, debería rendirme—dije mientras veía como Zac salía corriendo del baño, miré a Alice y me impresione al verla con un precioso vestido rosa. Saqué la plancha de el cabello y le mostré como tenía que peinarse, sacando sus puntas, ella entendió rápidamente.
Abrí mi closet y saqué el vestido que usaría, era negro, entallado y con unos detalles blancos a la altura del pecho, por primera vez le agradecí a Emmett que me haya obligado a ir a su Gym después de tener a mis hijos, mi cuerpo había quedado prácticamente igual, solo se veía más femenino, mi cadera era un poco más pronunciada y mis pechos estaban más llenos, cambios que provocó el embarazo. No tuve estrías gracias a las cremas que me recomendó Alec.
Me puse las zapatillas blancas y ondule un poco mi cabello, también me maquille levemente, quería darle buena impresión a la hermana de Jasper, después de todo, mis hijos tenían el apellido de su hermano.
Mis hijos entraron a mi habitación y pusieron las caricaturas en la Tv.
—Bella—dijo la nerviosa voz de Jasper—Ya han llegado.
Yo asentí y apagué la televisión, mis hijos gimieron, quejándose.
Tomé a cada uno de la mano mientras caminábamos hacia el pasillo que daba al salón y al comedor.
En cuanto la mesa fue visible, empezó mi pesadilla.

TERCERA PERSONA

Bella caminó hacia la entrada del comedor, donde una chica rubia, muy parecida a Jasper platicaba animadamente con Esme, Bella se acerco mas mientras veía a Jasper sonreírle nerviosamente, ella volvió a sentir que le ocultaba algo.
El cobrizo se encontraba sentado en una de las esquinas más alejadas del comedor, a lado de su rubia prima, trató de reprimir un suspiro, obligando a su rostro permanecer con una mirada amable, el no quería estar ahí, se sentía tan ansioso.
No pudo más y soltó un suspiro, viendo como su prima no paraba de hablar con una chica con aspecto de duende, y como su primo se removía, inquieto. El cobrizo se acomodó en su silla, quedando recto, y escuchó el ruido de una televisión, pero lo ignoró, sus ojos verde esmeralda vagaron hacia un hombre musculoso, enorme, que trataba por todos los medios de acercarse a la cocina, de forma desapercibida, sus ojos siguieron vagando hasta detenerse en el rostro amable y bondadoso de la señora que le había presentado como Esme, ella lo estaba mirando y Edward se obligó a darle un intento de sonrisa, Esme no tenía la culpa de su miseria.
Esme acomodó su cabello color caramelo y le sonrió al joven, se preguntó preocupada que era lo que le pasaba, semejante tristeza no se podía ocultar, sin importar cuánto trataba el cobrizo de hacerlo, se sintió triste al ver como aquel bello joven trataba de sonreírle, una sonrisa triste.
Esme escuchó el sonido de unas tiernas voces en el pasillo, sonrió y empezó a poner los guisados en la mesa, para que cada quien se sirviera a su gusto, tomó un par de cacerolas vacías para llevarlas a la mesa, pero se interrumpió al escuchar un grito ahogado, y las cacerolas desaparecieron de sus manos.
Desorientada miró a Bella, que era la causante de su sobresalto, la castaña miraba con una mueca de horror la esquina más alejada del comedor, mientras cubría la cabeza de los mellizos con las cacerolas. El pequeño Zack trataba de quitársela de encima mientras Mary soltaba unas risitas tontas.
El comedor se hundió en silencio, mientras todos miraban extrañados a Bella, excepto Edward, que mantenía la mirada gacha y perdida, Alice se acercó rápidamente a Bella al entender que era lo que estaba pasando y se llevó a los niños a su habitación, tratando de ser rápida, ya que Edward, al escuchar como Jasper decía el nombre de su amada, empezaba a levantar el rostro.

Bella pov.

Lo miré en completo shock, ahí estaba él, mi tormento, ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor mientras deshacía una galleta con sus largos y níveos dedos.
—¿Bella?—dijo Jasper, acercándose a mí. Pude ver como el cuerpo de Edward se tensaba y rápidamente me buscó con la mirada, sus ojos verdes se toparon con los míos.
Me miraba de una manera extraña, intensa, aliviada. Se levantó rápidamente de la silla, a mi me temblaban las piernas.
Escuché como mis hijos llegaban corriendo, su cabello estaba cubierto de nuevo, como esta mañana, mire a Alice en agradecimiento y ella asintió.
Jasper se paró junto a mí, que estaba aturdida, me tomó de la cintura, sosteniéndome ya que mis piernas temblaban, escuché como Edward soltaba un gruñido, Jazz se agachó para tomar a Mary en brazos, y Zac se acerco a mí, mientras miraba receloso hacia la esquina del comedor.
Edward nos analizaba, atentamente, pasando desde Jasper, hasta mi hijos, y luego fijo sus ojos nuevamente en mí, yo no pude resistir su mirada dolida y aparté la mía.
—Lo siento Bella—me murmuró Jasper al oído—de verdad lo siento. Pero merece saberlo, el está sufriendo igual o más que tu.
Yo estaba sin habla, ¿qué era lo que pasaba aquí?
—Les presento a Bella, y a los pequeños Zac y Marie—escuché que dijo Jazz a lo lejos, mi mente estaba lejana, tratando de comprender todo—Los nuevos miembros de la familia Cullen.
—¿Bella?—dijo aquella voz tan hermosa, que tanto trate de olvidar—¿Eso es cierto, Bella?—volvió a preguntar, su voz sonaba lastimera, quebrada, levanté la vista y lo mire, sus ojos se volvieron acuosos.
Yo no pude responder, solo bajé la vista a mis pies, donde pude ver de reojo que mi pequeño entrecerraba los ojos, mirando, sin saber, a su padre.
Mis sentidos estaban lejos de mí, solo regresaron hasta que escuché como una voz femenina desconocida llamaba a Edward, y el sonido de la puerta al cerrarse.
—Bien, no entiendo nada ¿De qué me perdí?—dijo Emmett, rompiendo el tenso silencio que se formó.
—¿Cómo pudiste hacerle eso Jasper?—dijo Rosalie enojada, incrédula.—¿Por qué? ¿No te bastó con obtenerla y tener hijos?¿querías restregárselo en la cara?—gritó.
—¿De qué hablas Rose?—dijo Jasper confundido—El tenía que saber de la existencia de sus hijos.
—¿Qué?¿sus hijos?—dijo la rubia, mirándome, yo asentí, despacio, las emociones aún no me dejaban hablar.
—¿De quién si no?—dijo Jasper.
—¡Demonios! ¿Y no te das cuenta como acaba de sonar tu introducción?—dijo Rosalie colérica.
—No te entiendo—le gritó Jasper, de vuelta.
—Sonó como si estuvieras presentándole a tu esposa e hijos—dijo Esme, haciendo que todos viéramos el punto de Rose, sentí como todos en la habitación se tensaban, pero mi mente solo estaba en Edward.

Las quiero Lilit