Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de TSR o/y R.A Salvatore.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash)y este se da entre los personajes de Drizzt, Artemis y Jarlaxle si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo 10. Besos de sal.

Drizzt había dormido profundamente, cuando despertó encontró a Jarlaxle a los pies de la cama, extendiendo una pomada sobre las heridas cauterizadas que había provocado la espada de Fausto.

- Te dio una buena paliza.- Comentó el mercenario.

Jarlaxle estaba sorprendido, cuando había llegado al escenario del combate había encontrado una escena sorprendente, Drizzt completamente derrotado y Entreri igualmente vencido y a merced de Fausto.

Aquella aventura era mucho mas peligrosa de lo que había anticipado.

- ¿Cómo nos encontraste?

- No dejes que se entere, pero una de las ganzuas de Artemis lleva un pequeño añadido mágico, un localizador.

Drizzt rió levemente sabiendo del enfado de Entreri si llegaba a enterarse.

Pero pronto su mente volvió a pensamientos mas sombríos. Fausto era un oponente terrible, no se trataba solo del poder ejercido por su mirada, sino que había demostrado ser aun mejor espadachín que Entreri, lo que le convertía quizá en el mejor asesino de Faerun.

Y si continuaba su ruta inicial tras este altercado, iría a por sus amigos.

- ¿Por qué crees que no me mató?.- Preguntó a Jarlaxle, pues eso le sorprendía.

- Se lo pregunté a Entreri, me ha dicho que Fausto quiere un duelo contigo, probablemente solo quería incapacitarte y raptarte. Para obligarte a combatir después con todas las ventajas de su parte.

Y Entreri lo había impedido casi a costa de su propia vida.

Drizzt suspiró cuando el calmante ungüento anestesió la tirantez de sus heridas. Tenía que recuperarse cuanto antes y preparar la partida con el Duende de Mar.

- ¿Dónde está Entreri?

- Bañándose. Y tú vas después, apestas.

Drizzt frunció el ceño, pero no podía echar en cara lo mismo a Jarlaxle, el mercenario siempre tenía un aspecto impecable. Fue a incorporarse pero Jarlaxle le detuvo con una mano en el torso, volviendo a tenderle en la cama.

- Ahora hablemos de cosas importantes.

- ¿Cómo...?

- He visto como le miras.

- ¿Qué?

Jarlaxle rió y le dirigió una pícara sonrisa.

- Por favor, no me caracterizo por ser ciego, si tu mirada fuera mas ardiente Artemis echaría fuego.

El rumbo que había tomado la conversación esfumó todas las preocupaciones por Fausto y la seguridad de sus amigos. Drizzt evaluó todas las posibilidades de huida mientras intentaba encontrar su capacidad de hablar.

- Creo que estas confundido... yo no...

- ¿Tú no....? Tu elocuencia cuando se trata de hablar del tema me lo dice todo.

Drizzt gruñó y se incorporó de mal talante, aquel extravagante mercenario no iba a jugar con él por más tiempo, desde luego que no.

- Despues de la serenata que me disteis resulta dificil no estar afectado, ¿no crees?

- ¡Al fin! Empezaba a pensar que habías hecho voto de castidad y puritanismo.

- ¡Maldita sea, Jarlaxle! De acuerdo, Entreri y tú sois amantes y no me resulta indiferente. ¿Estas contento? ¿Podemos olvidarnos del tema?

Y desde luego Jarlaxle estaba contento, de hecho sonreía como el gato que se comió al canario. ¿Qué pretendía?

- Así me gusta, el primer paso es aceptarlo.

- ¿Qué? Tenemos cosas mas importantes que hacer que hablar.

- Muy cierto, no puedo estar mas de acuerdo.

Ante la estupefacción de Drizzt, Jarlaxle se inclinó sobre él y le besó.

Y que bien besaba. Drizzt apenas si pensó en presentar resistencia cuando la lengua de Jarlaxle entró en su boca e invitó a su tímida contrapartida a participar del beso. Fue lento, sensual, sus labios se perdieron en aquella boca que le masajeaba y absorvía.

Las manos de Jarlaxle se deslizaron sobre su torso y asaltaron sus pezones.

Drizzt gimió en el beso y enlazó los dedos tras el cuello de Jarlaxle, haciendo el beso mas unido, mas jugoso a medida que se perdía en él.

Cuando tuvieron que parar por necesidad de aire, Drizzt miró a Jarlaxle con sorpresa, confusión y deseo. Aquello había sido inesperado pero delicioso.

- ¿Te gustaría besar así a Artemis?

La idea le inflamó, si, quería besar a Artemis, quería que el humano se sintiera como él se sentía en ese momento, quería tener aquel hormiguéo en los labios mientras miraba los ojos de Artemis iluminarse como si fuesen de plata.

Jarlaxle sonrió mas ampliamente y se incorporó.

- Bien, eso es todo lo que quería saber.

Drizzt observó boquiabierto como Jarlaxle se calaba su sombrero y se marchaba con un leve taconeo.

Cuando la puerta se cerró Drizzt todavía estaba con la boca abierta en una perfecta imitación del tonto del pueblo.

Entreri entró en el dormitorio mientras terminaba de secarse el pelo con una toalla. Vió a Drizzt mirandole o mas bien mirando la puerta tras él con expresión pasmada.

- ¿Do'Urden?

Drizzt salió de su ensimismamiento y se aclaró las ideas como bien pudo, maldiciendo en silencio al ladino drow. ¡Jarlaxle había jugado con él!

- ¿Te encuentras bien?

- Yo... si, si, estoy bien.

No lo parecía. Entreri se acercó con expresión excéptica y se sentó para mirar mejor la cara del vigilante, efectivamente el drow tenía las mejillas arreboladas y los ojos lavanda brillante. Preocupado, puso una mano sobre la frente de Drizzt, que se quedó completamente paralizado, mirándole como un ciervo sorprendido por un cazador.

Drizzt sintió que las orejas le ardían, nunca había estado tan cerca de Entreri... bueno, si que lo había estado. Pero nunca antes le había afectado tanto.

- Quizá tengas fiebre.

Drizzt negó con la cabeza, pero no se apartó de la mano de Entreri, que aun tocaba su frente.

Era una mano encallecida por el pomo de sus armas, endurecida por el combate, pero de dedos largos, como los suyos, engañosamente estilizada.

Entreri apartó la mano y miró extrañado a Drizzt, algo carcomía al vigilante.

Fausto. Sin duda Drizzt estaba estremecido por el combate contra este.

- Fausto juega con su apariencia, no creas ni por un instante que es invencible.

Drizzt parpadeó varias veces y recuperó la linea de pensamiento.

- Sus ojos eran...

- Ya ha perdido esa ventaja, la proxima vez que nos enfrentemos a él no podrá sorprendernos con ese efecto. Una vez has visto su poder resulta menos duro enfrentarlo de nuevo.

Drizzt notó enseguida el cambio. El ambiente entre ellos era menos tenso, de hecho se sentía tranquilo en compañía de Entreri, algo que jamas hubiese imaginado. Estaban conversando con tranquilidad, Entreri ni siquiera llevaba sus armas encima, estas estaban sobre la mesa.

¿Se habría dado cuenta Entreri del modo en que bajaba la guardia con él?

¿Te gustaría besar así a Artemis?

Drizzt se lamió los labios. Era absurdo.

Entreri se preguntó a donde habría ido Jarlaxle, se sentía incomodo estando con Drizzt sin nada que hacer. Pero no podía irse, no sabían si Fausto podía estar aun en la ciudad, y no era adecuado dejar a Drizzt indefenso.

- Al parecer viajaste hace poco con Deudermont, ¿por qué?

Drizzt pasó la tarde hablando a Entreri del tiempo pasado a bordo del Duende del Mar, de los combates contra piratas y de la búsqueda de Wulfgar y su martillo, Aegis Fang, en posesión de una mujer pirata aliada con un clan de ogros.

Y le habló también de Elifain, la elfa lunar que había salvado de la muerte siendo niña, y que después había tratado de matarle por considerarle un mentiroso asesino. Y de cómo había tenido que matarla.

Entreri era un oyente atento, Drizzt se percató de que por primera vez contaba aquel suceso a alguien y no recibía una mirada de compasión. Resultaba nuevo... y le agradaba.

- Debe de parecerte una estupidez.

- ¿El que?

- Que me sienta culpable por haber defendido mi vida.

Entreri sonrió levemente y asintió.

- Si, me parece una estupidez. Está claro que ella no iba a atender a razones tras tantos años de rencor hacia ti, conténtate con sabes que no te odiaba como persona.

- ¿Cómo?

- No conozco todos los detalles, pero yo diría que para esa elfa tu eras una representación de todos los drows. Nada mas.

Una representación. Drizzt comprendió que él no había sido nada mas que el cabeza de turco para el odio de Elifain. La elfa lunar odiaba a los drows, pues estos le habían arrebatado a toda su familia, pero no podía bajar a la infraoscuridad a matar a todos ellos. Por eso había ido a por el único que conocía, a por el único que viajaba solo, por la superficie.

- Supongo que es así. Pero no puedo evitar pensar que debí hacer algo por ella.

Entreri bufó, Drizzt supuso que el ex –asesino no podía entender su desasosiego.

- Ya lo hiciste, le salvaste la vida. Y solo conseguiste que la desperdiciara tratando de matarte.

- Pero..

- Hiciste lo correcto.- Acotó Entreri, hastiado.- Y me parece ridículo que sea yo quien tenga que decírtelo. Alguien tenía que matarla, ¿qué mas da quien?

Si. Así era. Y Drizzt lo sabía. Que la joven elfa estaba ya condenada por sí misma a una muerte prematura. Pero era la primera vez que alguien se lo decía con tanta crudeza.

- ¿Nunca te has arrepentido de un asesinato?

Entreri meditó unos instantes la impertinente pregunta. Pero en el tono y la expresión de Drizzt no encontró acusación alguna. Era una gran mejora, y despues de todo, estaba disfrutando de la relajada conversación. Y por una vez, no estaba recibiendo juicios del vigilante.

- No, nunca.

- ¿Jamas? ¿Ni del primero?

Entreri casi sintió lástima por la sorpresa de Drizzt y su consternación.

- No, Do'Urden, fue un alivio acabar con el primero.

Drizzt observó como Entreri sonreía, pero era una sonrisa sin ganas, ni siquiera era maliciosa, no alcanzaba sus ojos, era una sonrisa cargada de amargura y pesar.

Nuevamente pensó en Fausto. Aquella horrenda criatura que parecía emanar crueldad sin que Drizzt tuviese que ver nada que lo confirmara.

Y Entreri había sido adiestrado por aquello.

Pensó en todos los juicios que había emitido respecto a Entreri. En su incapacidad para superar la adversidad y salvar su espíritu tal y como había hecho Drizzt.

Drizzt había tenido a Zaknafein.

Entreri había tenido a Fausto.

- Te pierdes mucho en tus pensamientos, Do'Urden, puede ser peligroso.

Drizzt ignoró la sutil amenaza, pues por primera vez supo que era en vano.

- ¿Cómo es que no has acabado siendo como Fausto?

Entreri se estremeció y Drizzt comprendió que había cruzado la raya al ver un ramalazo de furia cruzar su mirada.

- No sabes nada sobre mi, Do'Urden... Nada.

El humano se levantó, cogió sus armas y salió de la habitación dando un portazo que hizo temblar las trampas que había puesto Jarlaxle.

Drizzt suspiró apesadumbrado.


Entreri se puso en una esquina de la posada, con una cerveza que ni siquiera probó.

No era como Fausto. Pero sabía bien lo cerca que había estado de serlo.

Y eso le aterraba.