Grant y yo nos miramos cuando frente a nosotros volvió a estar ese mágico lugar.
Este lugar era especial para nosotros, siempre que veníamos aquí era para estar un poquito más unidos que antes.
Cuando nos adentramos volvió a aparecer aquel hombrecillo de ojos penetrantes.
-¿Que hacéis de nuevo aquí? Ya conseguisteis lo que queríais- nos dijo-. Sois demasiados.
-Tenemos dos intenciones- le dije-. Venimos en busca de las hadas que pueden unirnos en matrimonio y una vez hecho eso tenemos intención de cruzar vuestras tierras.
-¿Habéis decidido huir?- me preguntó.
-¿Ya ha llegado hasta aquí?
-Big Rock está al lado, mi señora, nos enteramos hace días.
-No huyo, pero para atacar necesito soldados y tengo la sensación de que los que ya tenía los he perdido.
-Los que os eran leales ya han jurado lealtad al usurpador. Unos por miedo, otros por avaricia y otros por costumbre, y los que aún os eran leales han sido despojados de sus títulos y asesinados delante de los que antes eran su pueblo.
-¿Muchos?
-Un par de ellos, ya que el tercero lo traéis vivo con vos.
-Gracias por la información.
-Os acompañaré a donde las hadas, si no os importa, tengo un asunto que hablar con vos- me dijo el hombrecillo indicándonos con la mano que podíamos pasar-. Sé que tarde o temprano el usurpador querrá estás tierras para si y usar la magia que vive en sus habitantes para sus sucios planes, negándose a recibir un no por respuesta.
-No creo que os equivoquéis- le contesté con voz triste.
-Necesitáis aliados, mi reina...
-Ya no soy reina- le interrumpí.
-Para algunos vos siempre seréis la reina. Necesitáis aliados, y nosotros podemos serlo.
-¿Vosotros? ¿Quiénes exactamente sois vosotros?
-Todos y cada uno de los seres que habitamos en este lugar. Somos poderosos, majestad.
-¿Y qué querríais a cambio?- le pregunté.
-Nada. Es por supervivencia, no por ansia de beneficios.
O.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
El resto del camino fue silencioso por parte de nuestro nuevo e inesperado aliado.
Llegamos a una especie de estanque con juncos y flores. Aquí y allá había unas mujeres, no mayores de unos quince años. Sus rasgos eran perfectos y sus ropas eran de diferentes colores: verde claro, crema, rosa pálido, blanco, azul claro...
Todas sus caras se giraron hacia nosotros cuando entramos dentro de su pequeño paraíso y las escuchamos cuchichear entre ellas.
-Debéis realizar un casamiento, si la luz os deja- les dijo el hombrecillo.
Todas se levantaron de golpe y se acercaron.
-¿Quiénes son los afortunados?- preguntó una.
-¡Que ilusión!- exclamó otra.
-¿No es bonito el amor?- preguntó otra.
-Hay que llamar a la anciana- dijo otra y con esa frase todas se callaron, mientras que la que lo había dicho corría hacia un árbol.
Al escuchar la palabra "anciana" me esperaba a una mujer mayor, con arrugas y espalda encorvada. Pero lo que vino no podía ser más distinto. Era una mujer algo más mayor que el resto, de unos veinte años, de pelo largo y facciones definidas. Era, con diferencia, la más guapa de todas, y eso que todas eran increíblemente hermosas.
-A la última pareja que vino aquí con intención de casar la casó mi abuela- nos dijo-, os habéis ido muy atrás en el tiempo para estar juntos.
-Solo yéndonos muy atrás en el tiempo podemos estarlo- le contesté.
-Veo, que no sois ajenos a la magia de este bosque, puedo sentirlo. Vuestra alma es una sola- la mujer respiró hondo, nos observó durante unos instantes, y luego volvió a hablar-. Venid conmigo, vosotros solos. Si la luz me deja estaré encantada de uniros para siempre.
Grant y yo seguimos a la mujer al interior de un árbol hueco. Al entrar descubrimos que dentro de aquel árbol había alguna clase de magia, era imposible que dentro del árbol en el que habíamos entrado hubiera tanto espacio.
En el centro había una especie de lago, perfectamente redondo y de unos dos metros de diámetro, alrededor solamente había unos cuantos bancos donde sentarse.
-Lo llamamos la luz, pero en realidad no es una luz. Cuando nosotras morimos nuestras almas vienen a este lago. Este lago es un almacén de sabiduría y son ellas las que deciden si sois dignos del honor que estáis pidiendo. Habéis de saber que si os caso no será un simple matrimonio, es una unión que no se puede deshacer ¿me entendéis?- nos preguntó.
-No tenemos intención de deshacerlo.
-¿Habéis tenido… relaciones íntimas entre vosotros o con otras personas?- nos preguntó.
-Yo no, él si- le contesté.
-¿Por qué es tan importante?- preguntó Grant.
-Sé que en la Tierra actualmente hay mucha gente que ya no le ve importancia a esperar a la persona adecuada, pero en nuestra cultura sí que lo es, aunque muchos no lo cumplan. Pero tranquilos, a las almas no les gustará, pero no os van a echar atrás por eso.
No tengo muy claro que ocurrió, fue una sensación extraña, paro de repente el lago se ilumino y fui capaz de entender por qué lo llamaban "la luz". Comenzaron a escucharse susurros que yo no llegaba a entender, pero que parecía que la anciana si entendía.
De repente la luz desapareció.
-Ya está, las almas han decidido- nos dijo-, espero que tengáis un largo matrimonio.
Grant y yo sonreímos y nos miramos mientras nos cogíamos de la mano, nos sentíamos como si hubiéramos pasado una gran prueba.
-¿Cuándo será?- pregunté.
-Es tarde, no da tiempo a prepararlo todo, así que será mañana por la noche.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Mientras yo hablaba con el hombrecillo sobre la guerra pude ver como las hadas comenzaban a transformar aquel paraíso. Flores blancas comenzaron a aparecer en todas partes y estaban preparando un altar con plantas trepadoras. Era precioso.
Antes siquiera de estar preparada ya era el día siguiente con el sol justamente sobre nuestras cabezas y las hadas comenzaron a tirar de mí hacia el interior del bosque donde había un río en el que me lavé.
Una vez limpia me entregaron un hermoso vestido blanco digno de la mejor novia de mi mundo, el cual me ayudaron a ponerme y luego me hicieron un pequeño moño.
-Hacéis una bonita pareja- me dijo una de ellas-, espero que seáis muy felices.
Cuando acabaron de arreglarme ya se había hecho de noche y me llevaron de vuelta a donde habían construido el altar.
Grant me esperaba allí y pude ver que todos nuestros acompañantes llevaban elegantes trajes dignos de una boda de postín.
Me acerqué junto a Grant y me puse a su lado.
La ceremonia fue extraña, nos dieron a beber una serie de líquidos y nuestras alianzas surgieron de las ramas de un árbol que por una especie de magia se convirtieron en plata ante nuestros ojos.
Ya éramos marido y mujer.
Después de las celebraciones las hadas nos condujeron a una especie de casa que había sobre un árbol. Al abrir la puerta pudimos ver que la casa era pequeña, en la que únicamente había una cama al ras del suelo, del estilo oriental de la Tierra, y una mesa llena de bebida y alimentos.
Cuando las hadas se fueron comencé a ponerme nerviosa y comenzaron a temblarme las manos, cosa de la que Grant se dio cuenta cuando me las cogió.
-Eh, ¿estás bien?- me preguntó abrazándome por la espalda.
-Sí- le dije.
-Si no estás lista ponemos esperar- me dijo y yo no pude evitar sonreír mientras me giraba para quedar cara a cara con él.
-Estoy lista hace tiempo, pero eso no evita que este nerviosa y saber que todos los que están ahí fuera saben lo que está pasando aquí dentro no ayuda- le dije-. Me va el corazón a mil.
Grant colocó su mano en mi pecho para sentir mi corazón.
-Sí que va rápido- me dijo en un susurro.
Cuando apartó su mano las mías fueron hacia los botones de la tela que cubría mi corsé y comencé a desabrocharlos hasta que el vestido calló al duelo dejándome únicamente con el maldito e incómodo corsé y una falda de gasa blanca que le daba más volumen al vestido de novia.
-¿Me ayudas con el corsé?- le pedí dándome la vuelta para darle acceso a las tiras.
Sentí como sus dedos deshacían el nudo e iban acariciando mi espalda a medida que aflojaba el agarra de las cuerdas. Mi piel se iba erizando a cada roce de sus dedos hasta que estuvo lo suficientemente suelto como para poder sacarlo por mi cabeza y luego sentí como deshacía el lazo que sujetaba la falda dejándome totalmente desnuda ante él (la prenda que obraba de ropa interior estaba cosida a la falda de gasa).
Sentí sus labios sobre mi hombro, dándome pequeños besitos mientras sus manos se posaban en mis caderas.
Me di la vuelta y le mire a los ojos mientras comenzaba a desabrochar los botones de su camisa con dificultad por la temblera de mis manos.
Pronto se me pasaron todos los nervios cuando por fin fuimos uno.
Fue algo vergonzoso que una de las hadas entrara y se llevara la sabana que yo había manchado con mi sangre al consumar mi matrimonio con intención de enseñárselo a todos los presentes pero Grant enseguida me tranquilizó acunándome entre sus fuertes brazos.
No tenía ni idea de que nos depararía el futuro, pero en ese momento solo me importaba el ahora.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Lo bueno duró poco ya que el día siguiente tuvimos que partir para poder cumplir nuestra misión.
El hombrecillo nos obsequió tres caballos como "regalo de boda" y una especie de tiendas de campaña para que no durmiéramos a la intemperie, una por cada dos personas.
El camino fue largo, pero al fin llegamos al otro lado.
Parecía desértico, no había ni una pizca de verde frente a nosotros, todo eran naranjas y rojos.
-Majestades, los caballos no soportarán un largo camino sin agua, y nosotros tampoco- nos dijo a Grant y a mi uno de los soldados.
A Grant aun le costaba hacerse a la idea de que le trataran de "majestad", y eso era algo que me hacía bastante gracia. Cada vez que lo oía su cara se torcía en un gesto extraño bastante cómico.
-Hay que intentarlo, no creo que el primer poblado este muy lejos- le dije al soldado-. Esperemos que nos acojan en lugar de intentar matarnos.
-En ese caso vos y vuestro esposo deberíais de subir a los caballos, si queréis que os reciban como a una reina debéis parecerlo- nos dijo el Marques.
Mi esposo, aun sonaba raro. Me encantaba no tener que ocultarme para poder estar con él y cada vez le estaba cogiendo más el gusto al despertarme desnuda a su lado tras haber hecho el amor la noche anterior. Pero aun así, aun sonaba raro.
Grant y yo nos subimos a los caballos, respiramos hondo, y comenzamos a cabalgar en busca de aliados.
