Esto es un pequeño intermedio.


10. Seré tu amigo

Mimi sólo había llorado una vez hubieron llegado al hospital y hubieran comprado que su hija estaba bien. Cuando las enfermeras dejaron que la abrazara, entonces fue cuando lloró. Había confiado todo el rato en que todo iría bien, confiado en Joe y Miyako que la ayudaban, en Koushiro, Tai y Takeru que les protegían. Todo había ido bien. Aiko ya estaba con ellos.

-¿Quieres cogerla?- le preguntó a Koushiro quien no dejaba de mirar embobado a Mimi y a su hija. La pequeña se aferraba con sus manitas a su madre mientras seguía con los ojos cerrados.

-Yo…-intentó decir. Pero Tentomon le empujó. Mimi le dio a la niña con cuidado, sujetándole la cabeza. Koushiro miró al bebe, ¿a quién se parecía? ¿Sería lista y guapa o sería tímida y bajita? –Aiko- dijo.

Mimi volvió a llorar.

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Garurumon seguía recorriendo las calles semiderruidas de Hikarigaoka con Yamato, Taisuke y Zeromaru encima de él. Yamato no dejaba de observar a su alrededor, pero parecía que todo rastro de algún digimon de cuerpo maduro o perfecto había desaparecido. Suspiro mientras le decía suavemente a Garurumon que podían detenerse. Parecía que lo peor había pasado, o al menos por ahora.

-¡Mira allí!- dijo de repente Taisuke. Yamato levantó sus ojos azulados y contempló como dos Bakemons tiraban ferozmente de unas cadenas. Atada por esas cadenas había una niña delgada que se resistía. Testarudamente la chica, de no más de once años, intentaba resistir a los empujones de los Bakemons.

-¡Dejadme!- gritaba. Los Bakemons tiraban con más fuerza.

-¡Garurumon!- rápidamente el digital zorro se lanzó al ataque. Al primer aullido los fantasmas se giraron sorprendidos y no pudieron soltar más que un chillido estridente antes de soltar las cadenas. Cuando las cadenas tocaron el suelo desaparecieron entre datos y la chica quedó libre.

-¿Estás bien? – preguntó Taisuke. La niña entonces tomó una de sus dos trenzas y levantó la mirada hacia sus salvadores.

-¡Perfecta! No necesitaba ninguna ayuda- contestó cruzándose de brazos. Fue en ese momento en que Taisuke contempló a la chica que habían rescatado. Era un poco más alta que él, de complexión delgada y vestía una camiseta de tirantes verde. Su pelo rojizo estaba peinado en dos trenzas medio desechas y sus ojos eran de un profundo azul. -¡Qué demonios miras!- chilló la chica al ver como el muchacho no dejaba de mirarla. Éste rápidamente se puso rojo.

-Nada estúpida, podrías ser más agradecida- sentenció.

-¿Con quién, contigo?- preguntó burlonamente la chica. –Es el zorro que me ha salvado- dijo tranquilamente mientras dirigía una mirada hacia el lobo blanco y azul que estaba junto a Yamato. –Es magnífico- dijo con admiración yendo hacia él.

Yamato no pudo más que sorprenderse al ver la tranquilidad con la que aquella chica se acercaba a Garurumon. Normalmente la gente, al ver un Digimon por primera vez, no respondía tan amigablemente sino que actuaban con más cautela.

-¿No tienes miedo?- le preguntó Yamato. La chica soltó un bufido.

-Después de que un dragón rojo haya abierto un boquete en mi autobús, que unos fantasmas me hayan capturado y llevado a rastras, un lobo no me da miedo.

-Soy Garurumon- el Digital lobo agachó la cabeza cerca de la chica y la olisqueó. Su aroma le era muy familiar. El digital olisqueó más fuerte. –Hueles como Matt- dijo mientras dejaba que la chica le acariciara.

-¿Quién es Matt?- preguntó ella sin dejada de acariciar el hocico al lobo.

-Yo soy Matt- Yamato se puso al lado de su inseparable amigo. Contempló con atención a la chica. Esta no dijo nada más.

-Y yo soy Taisuke, y él es Zeromaru- añadió el niño, quien llevaba a su lado al otro digital. La chica no contestó y siguió sonriéndole al lobo. –Eres una borde, al menos podrías decirnos cómo te llamas ¿no?- se cruzó de brazos el niño, molesto de la burla que hacía la chica.

-Encantada de conocerte Garurumon, yo soy Sara.

-¿Dónde están tus padres, Sara?- le preguntó Yamato. La chica finalmente se apartó un poco de Garurumon.

-Estoy de viaje de estudios en Hikarigaoka. Una especie de dinosaurio rojo atacó nuestro autobús cuando volvíamos de cenar y unos fantasmas nos secuestraron. No sé donde están los demás y tampoco sé donde ir aquí… ¡Pero puedo apañármelas solita!- añadió al final de la frase.

-Entiendo- murmuró Yamato. ¡Qué faena! Aparte de encargarse del hijo de Taisuke ahora tenía que lidiar con una chica testaruda de a saber dónde. Él era Yamato Ishida, un integrante más del equipo de elegidos, no un canguro de niños. El rubio suspiró. Tenía que pensar que harían.

-Mira, esto es lo que haremos.

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En el cuartel se habían empezado a movilizar. Los soldados iban de un lado a otro cargando bombas y más bombas en unos tanques de color verde aceituna. Los pasos de cientos de personas corriendo resonaban por todo el almacén. Había aviones cargando munición. Había soldados atándose con fuerza las botas.

Y ante aquel espectáculo, los cabecillas observaban el mapa de la ciudad y señalaban con cruces los lugares dónde habían sido avistadas todas aquellas criaturas.

-Hay que atacar a todos los objetivos- dijo uno de los generales mientras tocaba su bigote blanco. –No sabemos de qué son capaces…-continuó, recordando los eventos de años atrás.

-Pero, había criaturas buenas…-intentó comentar uno de los generales más jóvenes. El mayor recordó que ese soldado había subido de rango justo un mes anterior.

-A todos- repitió. Sentenciando. No tenían ninguna manera de distinguir cuáles eran buenos y cuáles eran malos. No sabían qué poderes tenían. Les habían visto lanzar llamaradas rojas, azules… cadenas, rocas, golpear con sus propios cuerpos. ¡A todos!

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Después de una intensa batalla que había durado casi toda la madrugada, finalmente las cosas parecían haberse calmado. El agujero no se había cerrado, pero habían dejado de aparecer digimons de él. Los Bakemons seguían haciendo de las suyas por los alrededores de la ciudad pero la gente había sido evacuada y Hikarigaoka había sido declarada en cuarentena. Una niebla había empezado a aparecer por las silenciosas calles.

A excepción de Yamato y Mimi, los elegidos se encontraban reunidos en una cafetería que habían encontrado abierta. En ella no había nadie más que ellos, pero sin embargo habían conseguido encontrado algunas cosas para que sus digitales pudieran recobrar la energía que habían perdido durante la batalla.

-Mimi y Aiko se encuentran bien- había afirmado Koushiro nada más entrar. Una gran sonrisa iluminaba su rostro a pesar de las condiciones. -¡Soy padre!- había dicho eufórico de emoción. Las celebraciones no se habían hecho esperar. Tras breves instantes en que el resto del mundo había desaparecido, los humanos se centraron en el tema serio que les rodeaba.

-Parece ser que alguien ha venido a buscar venganza- empezó a decir Takeru, que recordaba lo sucedido en el mundo digital. -¡Seguro que es mi jefe! El maldito que estaba con la idea de publicar la historia de los digimons. ¡Pues toma historia!- dijo el periodista mientras negaba con la cabeza. -¡Ahí empezó todo!- afirmó.

-¿Tu jefe?- le preguntó Taichi mientras tomaba un sorbo de la lata de café que había encontrado. –Vaya personaje- dijo. –Aunque yo creo que es alguien que nos es más familiar a todos. Cuando rescaté al pequeño Taiki, vi como alguien daba órdenes a través de una bola. Cuando luchamos contra Phantomon ese alguien le rescató.

-¿Quién?- preguntó Miyako mordisqueando un donut glaceado. Hawkmon cogió otro más de la caja llena que habían conseguido encontrar. La chica se lamió los dedos llenos de azúcar glas. Los antiguos elegidos se pusieron a pensar.

-Todo esto recuerda a Myotismon- afirmó Joe.

-¡Myotismon!- gritó Ken. –Pero Myotismon lo destruimos como MaloMyotismon, no puede haber vuelto otra vez.

-Quizás si- comentó Koushiro. –Quien sabe de qué es capaz ese digimon.

-Pues suponiendo que sea MaloMyotismon de nuevo… ¿cómo vamos a acabar con él?- preguntó Joe. –Nos costó tanto las otras veces.

Los demás asintieron.

-¿Y por qué ahora?- fue la pregunta de Koushiro. ¿Qué tenía ese año de especial? ¿Por qué volvía Myotismon ahora? Nadie podía entenderlo. Que tenía ese momento que no hubieran tenido los años anteriores. Ni digimon ni humanos podían entenderlo.

-¿Ocurre algo Daisuke?- le preguntó Miyako a su moreno amigo quien no dejaba de mirar por la ventana.

-¿Dónde está Taiki?- preguntó mirando por la ventana. -¿Por qué no vuelve Matt?- dijo. Ken se levantó y le puso una mano en el hombro.

-¡Seguro que están bien!- afirmó el de cabellera negra. Daisuke desvió la mirada. -¿Por cierto quién es tu mujer?- le preguntó divertido Ken. La pregunta pareció deprimir a Daisuke profundamente.

-La verdad es que no tuve demasiado suerte…- empezó Daisuke. V-mon miró a su compañero preguntándose qué era aquello tan oscuro que podía esconder el corazón de Dai. El adulto pasó una mano por su cabellera y se sentó pesadamente. –La madre de Taiki nos abandonó cuando él nació, en realidad no quería quedarse embarazada. Fue un error de ambos. Por suerte pude compaginar lo de la comida con criar a Taiki. Pero él nunca me ha perdonado que su madre se fuera. Aunque yo no la he vuelto a ver… ni Taiki tampoco. – los demás asintieron a la historia de Daisuke con comprensión. –Proteger a Taiki es mi deber- dijo el exlíder golpeándose con fuerza el pecho. –Por eso debo cuidarlo lo más que pueda, si él no hubiera estado yo me hubiera derrumbado. Jamás pensé que podía sentir esto tan profundo por alguien. Pero sé que Taiki está destinado a hacer algo especial.

-No te preocupes Dai, seguro que Matt le está cuidando bién.

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-¡Corre Garururmon!- gritó Yamato desde encima de su digital. El pobre lobo llevaba encima de él al adulto, los dos niños y además aquel otro extraño digital que parecía no tener ningún ataque especial. Una trupe de nummemons les seguía de cerca aprovechando cada momento para tirarles alguna de sus heces rosas.

-¡Porque has tenido que meterte con ellos estúpida!- le gritaba Taiki a Sara mientras la niña seguía sacándole la lengua.

-¡Ni se os ocurra pelearos ahora!- gritó Yamato a los niños. Garururumon corría lo más rápido que podía, pero las horas luchando le estaban pasando factura. Finalmente el digital derrapó y giró sobre sí mismo. Lanzó seguidamente una llamarada azul y los Nummemons empezaron a retroceder. Instantes después el digital de-evolucionó a un cansado Gabumon.

-Tengo hambre- dijo Gabumon mirando a su humano. Yamato asintió.

-Te entiendo Gabumon.

-¿Qué le ha pasado?- preguntó Sara acercándose a Gabumon, ahora era más bajito que ella. Ella le acarició igualmente el cuerno. –Lo siento- se disculpó con él mientras seguía acariciando aquel cuerno. El digital negó con la cabeza.

-Estoy cansado- dijo. Yamato se acercó a ellos.

-Han sido demasiadas horas- admitió el adulto de cabellos rubios. –Ahora iremos andando- dirigió una mirada y pudo observar que estaban cerca de un parque. La niebla se había hecho más profunda y ahora costaba ver más allá de unos metros de distancia.

-No iréis a ningún sitio- dijo una voz delante de ellos. Yamato se apresuró a ponerse delante de los dos niños. Justo enfrente de ellos se encontraba un digital con forma de huevo. Digitamamon. El digimon les miraba desde la profundidad del agujero de su caparazón.

-Gabumon-susurró Yamato. Miró de reojo a su compañero. Estaba demasiado cansado para poder luchar de nuevo. Entonces su única salida era echar a correr. Intentó avisar a los dos niños pero no tuvo tiempo.

-¡Enigma!- gritó Digitamamon.

-¡Corred!- dijo Yamato empujando a los niños. Los tres cayeron al suelo. Zeromaru se puso enfrente de ellos, juntamente a Gabumon.

-Zero- gritó Daisuke viendo como el digimon tomó postura de batalla.

-Así que un Veedramon quiere luchar contra mí, por muy raro que seas, no eres rival para un cuerpo perfecto- Digitamamon parecía muy convencido de lo que había dicho. Pero Zeromaru dio un paso al frente, situándose por delante del cansado Gabumon.

-Voy a proteger a Taiki- dijo el digital.

-¿Por qué quieres proteger a un humano?- le preguntó el digital huevo al digimon azulado. Este giró la mirada hacia Taiki. Entonces se giró de nuevo al huevo.

-No lo sé- afirmó. –Pero me da igual, quiero estar con Taiki, y eso es lo que sé- afirmó el digital. El chico al oir eso se levantó apresuradamente para colocarse al lado de su amigo.

-Si tú luchas yo también lo haré- dijo Taiki apretando los puños. Yamato miro interrogativamente a Gabumon. Este asintió con la cabeza. ¿Era aquello lo que él pensaba? El hombre se levantó y tomó a la niña para ayudarla.

-Tú puedes Taiki- afirmó el elegido.

-¡Ya basta de tantas tonterías!- gritó Digitamamon. Instantes después lanzó de nuevo uno de sus ataques. La oscuridad rápidamente se dirigió hacia el niño y hacía su nuevo amigo. Pero ellos no se movieron. Confiaban el uno en el otro, algo les hacía sentir fuego en su interior. Confianza plena, fraternidad. De que si estaban juntos nada podía hacerles frente. Que juntos eran fuertes.

De que se habían encontrado.

Y así como había esperado Yamato, una luz envolvió tanto al humano como al digital. La luz cálida que años atrás había abrazado a los elegidos. Esa luz les dio fuerzas. Sara se agarró con fuerza al brazo de Yamato al ver como la luz creaba una onda expansiva que intentaba empujarlos hacia atrás. Digitamamon cerró los ojos y se vio empujado por la fuerza de esa luz. Cuando ésta desapareció Taiki tenía alrededor de su muñeca izquierda un extraño brazalete circular. El nuevo dispositivo digital.

-¡Con eso puedes pasar tus sentimientos a tu digimon!- gritó Gabumon. Taiki miró confundido aquel brazalete y miró a Zeromaru.

-¿Mi digimon?- se preguntó. Zeromaru asintió. Una conexión más fuerte entre ellos había nacido. Ya eran parte de uno mismo. -¡Vamos!- afirmó mirando su dispositivo. Pulsó uno de los botones y salió un holograma de Digitamamon con la información al respeto de él. -¡Hay que atacarle dentro del caparazón!- afirmó el niño. Zeromaru asintió mientras empezaba a correr hacia el digital huevo. Entonces lanzó uno de sus ataques.

.¡Flecha de fuego V!- grito Zeromaru. El golpe dio de lleno al caparazón de Digitamamon quien se acababa de esconder. Entonces atacó dentro de su caparazón. Zeromaru fue capaz de esquivarlo y de golpearlo con su cola. Digitamamon dio de lleno contra una pared que empezó a caerse a trozos. -¡Flecha de fuego V!- repitió el digital azulado. Ésta vez el ataque dio de lleno en el cuerpo del huevo.

-¡Enigma!- gritó como pudo Digitamamon. Pero el ataque no llegó ni a rozar al digital azul y rápido, este ya había desaparecido de su vista. Antes de que pudiera darse cuenta le golpeó de nuevo con su ataque de fuego. Este dio en el interior del digital que instantes después yacía inconsciente como tantos otros.

-¡Ahora hay que irse!- dijo Yamato. -¡Bien hecho Taiki!- el joven sonrió.

-Matt, tengo hambre- se quejó de nuevo Gabumon. Por suerte para ellos, una tienda de comestibles había quedado abierta.

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-Ya está Tai, creo que he podido establecer conexión a través del satélite- el informático pasó el móvil de pantalla táctil a Taichi. Éste inmediatamente conectó a su correo privado. Instantes después la cara de Taichi cambió bruscamente.

-¡Joder!- gritó de pronto. –Esto sí que es un problema- comentó seguidamente. El resto de los elegidos le miraron de manera interrogativa. Taichi siguió las letras del correo que había recibido con prisa y casi sin respirar. Entonces levantó la mirada hacia los otros. –Chicos, bueno yo… tras dejar el fútbol estudie relaciones internacionales y políticas- ante aquella confesión que no venía a cuento todos se sorprendieron. Costaba imaginarse al hiperactivo Taichi sentado en una silla estudiando para interminables exámenes de leyes estatales.

-¡¿Enserio?!- preguntó Daisuke saliendo de su ensoñación. Taichi se sonrojó ligeramente y mostró su gran sonrisa.

-A lo que voy- continuó. –Actualmente trabajo en el gobierno, en el departamento de relaciones externas. Bueno… lo que ocurre es que me acaban de comunicar que han puesto al ejército japonés en marcha.

-¿El ejército?-preguntó Ken levantando la voz. Taichi asintió.

-Van a atacar a los digimons- afirmó el exlíder. Esa noticia impactó de una manera exagerada a los humanos.

-¿Qué es el ejército?-preguntó Wormon en los brazos de Ken.

-El ejército son las personas que van a proteger el país… -comentó levemente el de cabellos oscuros. –Pero, ¿por qué esta vez?- se preguntó.

-Es su responsabilidad…-susurró Taichi por lo bajo. -¡Pero hay que detenerlos! Una batalla humanos contra digimons puede ser demasiado sangrienta, no estamos jugando al mismo juego. ¡Hay que intervenir!- afirmó. –Ahora mismo iré a la base e intentaré hablar con ellos… Ahora que hemos comido y descansado hay que movilizarse. Vosotros id a los almacenes en donde encontré a Taiki, allí seguro que hay algo. Si se trata de Myotismon aparecerá a las 6 horas, 6 minutos y 6 segundos… como la última vez.

Los demás asintieron a las palabras del exlíder.

-Yo iré a buscar a Mimi y a Aiko y las llevaré a un lugar seguro- afirmó Koushiro.

-Yo te acompañaré- afirmó Joe.

Takeru que había estado mirando por la ventana hasta ese momento se giró hacia el resto de los elegidos.

-Parece que el segundo round ha empezado.

Una nueva ola de digimons parecía haber llegado.

Continuará...


¿Y bién?

Yo también me pregunto porque sigo insistiendo.

Kyo.4*