Draco Malfoy y el corazón de un Slytherin

Capítulo 10 – Aranea persignata

Los rumores sobre la relación entre Draco y Harry se multiplicaron. Casi todos estaban convencidos de que eran novios de una forma u otra. Algunos opinaban que era algo puramente sexual, otros se decantaban por una relación platónica profundamente romántica. Lo cierto era que incluso para Draco era algo difícil de clasificar. No eran simples compañeros de clase, tampoco era una mera relación alumno-profesor… y además Draco detestaba a Potter.

Justamente eran estas cuestiones las que Draco estaba considerando mentalmente poco antes de que comenzara la clase doble de Pociones. El buscador de Gryffindor de cabellos negros eternamente desordenados (¿acaso nunca se los peinaba?) tomó asiento delante de Draco flaqueado por sus incondicionales, Ron y Hermione, uno a cada lado como protegiéndolo. Draco se sorprendió de que siguieran tan amigos, después de la forma en que Harry los había detenido y silenciado durante la cena de la noche anterior. La lealtad que le tenían era realmente admirable.

—Malfoy, —la voz de Crabbe lo arrancó de sus reflexiones sobre el Trío Dorado—Cambiate de lugar, ¿eh? Quiero sentarme al lado de Pansy.

Draco se volvió con una mirada de disgusto, no tenía ningún deseo de sentarse junto Pansy pero tampoco estaba dispuesto a que le vinieran con exigencias de ningún tipo. Y mucho menos tratándose del grandulón descerebrado de Crabbe. Estaba a punto de pronunciar una réplica mordaz… pero no llegó a emitir sonido alguno porque Crabbe le pegó con la palma abierta sobre la frente.

—Tenés algo… —balbuceó Crabbe mirándolo fijamente a la cara, Draco se movió rápidamente hacia el costado para alejarse y chocó contra Pansy y le hizo caer los libros que ella llevaba. Draco se volvió hacia ella para ver contra quién había colisionado.

¡Pero, che! —lo recriminó Pansy enojada— ¿Por qué no te fijás lo que..! ¡Aaaay! —chilló y le dio una fuerte cachetada en la mejilla.

Draco quedó boquiabierto, perplejo e indignado de que se atrevieran a vapulearlo de esa forma. Pansy seguía lanzando alaridos… ¡y le dio otra cachetada! Luego se refugió en los brazos de Goyle que estaba detrás de ella.

Todos los otros alumnos seguían la escena en silencio y sin entender lo que estaba pasando.

Excepto Harry… Harry se estaba riendo. En realidad se estaba partiendo de risa, se sacudía hacia delante y hacia atrás agarrándose la panza… tanto que terminó cayéndose del banco y se golpeó la cabeza contra la mesa de Draco antes de aterrizar sobre el suelo… pero no paró de reírse, las carcajadas salvajes e incontenibles no cesaron.

Draco se asomó por encima de la mesa para mirarlo. Tenía los anteojos torcidos y lágrimas de risa se le escapaban de los ojos. Parecía que nunca iría a parar.

Draco no era el único que lo observaba, todas las miradas estaban fijas en la forma de Potter, retorciéndose y desternillándose. Uno de los Gryffindors partió corriendo a buscar a madame Pomfrey… Potter finalmente había perdido el juicio.

—Potter, —aventuró Draco con un tono neutro como si estuviera hablando del tiempo— ¿Qué es lo que te resulta tan gracioso?

Harry trató de contener los sonidos propios de una hiena, apretó los labios pero las risitas no cesaron del todo. Con dificultad pudo incorporarse poniéndose de rodillas, estiró una mano y con un dedo le tocó la punta de la nariz. Luego levantó el dedo para mostrárselo. Draco bizqueó para enfocar el índice alzado.

En la punta del dedo estaba la araña tatuada.

Draco alzó la mirada a los ojos verdes que lo contemplaban divertidos detrás de los anteojos torcidos. Sus labios empezaron a dibujar una sonrisa y la risa entró a burbujear en su interior. Harry volvió a estirar la mano y le tocó la mejilla enrojecida, devolviéndole la araña. Soltó otra carcajada y luego le dio una cachetada no muy fuerte. De reojo miró a Pansy y explotó en otro ataque incontenible de hilaridad demencial. Draco siguió el palo.

Echó la cabeza hacia atrás y las carcajadas resonaron en todos los rincones del aula de Pociones. La risa de Harry iba marcando el contrapunto, había agachado la cabeza y golpeaba la mesa con el puño, la risa del uno parecía ir potenciando y perpetuando a la del otro. A Draco ya le empezaban a doler los músculos del abdomen y le corrían lágrimas por las mejillas. Hacia muchísimo tiempo que no se reía tanto y así.

—Caballeros, si no les significa mucha molestia… me gustaría empezar con la clase. —los interrumpió la voz fastidiada de Snape. Draco trató de sosegarse, le resultaba muy difícil. Harry también se esforzó para contenerse. Se había quitado las gafas y se estaba secando los ojos con la manga de la toga. Los tenía congestivos de tanto reír, los de Draco estaban igual. Para los otros, verlos así, debía de estar resultando todo un espectáculo.

Harry se calzó los lentes y le dirigió a Draco una de esas típicas sonrisas cegadoras muy del estilo Harry Potter. Esas sonrisas que en otras circunstancias le hubieran dado a Draco ganas de pegarle. Pero no en ese momento, en ese momento era grandiosa.

Harry se puso de pie, agarró a Ron y a Hermione de los hombros, un brazo para cada uno, y les atrajo las cabezas contra sí. Los dos soltaron una exclamación sorprendida. Le plantó un sonoro beso en la coronilla castaña de Hermione y luego giró la cabeza e hizo lo propio en la pelirroja de Ron. Finalmente los soltó, tomó asiento entre ellos y plegó las manos frente a él adoptando la actitud y compostura de un alumno atento.

Snape lo perforó con una de sus miradas más negras pero no hizo comentario alguno.

Crabbe, Pansy y Goyle lucían expresiones temerosas en el rostro, Draco se cambió de lugar para cederle su asiento a Crabbe. La mejilla todavía le ardía, las cachetadas de Pansy habían sido contundentes. Era curioso que sus compañeros de Casa no hubieran visto hasta ese día el tatuaje móvil, ya hacía semanas que lo tenía. Él se la había visto a Harry correteándole por el cuello la semana anterior, antes de que se la pasara a él el jueves.

Harry se dio vuelta en ese momento y le sonrió. Draco soltó una última carcajada corta y le sonrió a su vez.

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