CORAZÓN ECLIPSADO
CAPÍTULO X
La primera semana fue tediosamente larga, y la segunda que recién comenzaba, vaticinaba convertirse en un verdadero suplicio. Pero definitivamente jamás iba atribuirlo a la ausencia en la oficina aledaña de cierto joven de ojos dorados.
Intentó mantener su mente ocupada con algunos detalles de la organización de una ceremonia y reunión social de empresarios en honor de la fallecida Kaede-sama, y también en donde se celebraría la exitosa fusión de las empresas Higurashi y Taisho, iniciativa por la que ella luchó en vida. Se llevaría a cabo en un exclusivo club, donde se invitaría a los más distinguidos personajes del mundo político y financiero – empresarial de Tokio.
También se daba el tiempo de realizar sus sesiones de fisioterapia que Sango programó para ella, luego de hacer contacto con una antigua colega que ejercía en uno de los hospitales más modernos de la ciudad. Se propuso recuperar el tiempo que habían perdido en el tratamiento, así que iba a buscarla por las tardes para llevarla hasta el hospital, acompañada de Shippo, quien ya no encontraba nada divertido pasarse el tiempo en el lugar que tanto le desagradaba. Por lo tanto comenzó a quedarse en la mansión en compañía de Myoga, con quien se llevaba de maravilla. En poco tiempo comenzaría el periodo escolar, cosa que el niño esperaba con ansia, muy comprensible luego de permanecer tanto tiempo encerrado en la habitación de un hospital, y un alivio para Kagome, ya que estando durante el día en la escuela, le evitaría una preocupación por su seguridad, producto que en la mansión permanecía inocentemente bajo la oscura mirada de aquellas arpías.
El martes por la tarde, luego de un día sobrecargado de actividades, mayormente programadas con el fin de mantener la mente ocupada, Kagome se estiró perezosamente en su sillón, exhaló el aire contenido en sus pulmones y se puso de pie, tomó su bolso y salió de la oficina. Sango debía estar esperándola en la recepción del edificio, debido a que optó por no llegar hasta su oficina con tal de evitar contacto con su guapo acosador.
Miroku por su parte, en una nada disimulada "casualidad" siempre se encontraba haciendo algo importante en la oficina cuando la joven llegaba, aprovechando la oportunidad para cortejarla, pero siendo constantemente rechazado por el implacable carácter de Sango, aún así no se daba por vencido. Kagome estaba casi segura que Miroku no le era del todo indiferente, ya que su esfuerzo por mantenerse indiferente parecía serle cada vez más difícil.
Además la asombraba la enorme determinación del hombre por conquistarla, esperando que lo hiciera con un verdadero interés en ganar el corazón de la joven, y no por conseguir satisfacer un oscuro deseo lujurioso, eso no se lo perdonaría, si llegaba a lastimar a su querida amiga, Miroku desearía no haberla conocido jamás.
Sango la esperaba precisamente en la recepción, se encontraba semioculta tras una gigantesca planta, se sentía ridícula, pero era eso o enfrentar el asedio de Miroku. Ese maldito hombre era un experto en el arte de la conquista, conseguía acelerar los latidos de su corazón con una facilidad diabólica, cosa que jamás lo admitiría ante él. De ningún modo caería en las redes de ese mujeriego seductor, ella no sería una más en la lista.
- Mi bella Sango, ¿qué haces aquí sola? – preguntó una conocida voz masculina a su espalda, se giró sobresaltada mirándolo con los ojos muy abiertos – ¿Esperas a Kagome?; ¿O simplemente intentas ocultarte del gato? Mi adorable ratoncita – añadió con voz sedosa, mientras le regalaba una seductora sonrisa.
- ¡Aich! – exclamó con fastidio – ¿Es que acaso no hay forma de evitar tener que encontrarme contigo? – preguntó molesta, cruzándose de brazos.
- Por supuesto que no – respondió imitando su acción mientras negaba con los ojos cerrados – Tu sola presencia me atraería aún si estuviera en el ochentavo piso de este edificio – agregó mirándola intensamente. Sango esquivó su mirada con nerviosismo, preguntándose por qué tenía que verse tan atractivo en ese elegante traje cerúleo, que hacían resaltar aún más sus ojos azules.
- Deja de decir tonterías – regaño – Esas palabras melosas no surten ningún efecto en mí, ya deberías saberlo – manifestó con un leve desprecio, apretando los labios con enfado al escucharlo reír con diversión.
- Y admito que eso… es lo que más me gusta de ti – aseguró haciendo un intento por acariciar la punta del largo y lizo cabello castaño de la joven, pero reprimiendo la acción al último segundo.
- ¡Por Dios! – exclamó girando los ojos – Estoy segura que te derrites por cualquier cosa que traiga puesta una falda – aseveró
- Bueno, no puedo negar que las mujeres son las criaturas más perfectas sobre la tierra – declaró haciendo un ademán de inocencia – Pero tu, mi bella Sango, estas muy por encima de cualquiera que haya conocido en mi vida – afirmó expresando absoluta seguridad en sus palabras mirándola de pies a cabeza con una licenciosamente, recorriendo las delicadas curvas del delgado cuerpo femenino que llevaba puesto un vestido entero color verde, que le llegaba a las rodillas. La joven se sonrojó furiosamente ante su impertinente escrutinio. Y enmudeció mirándolo asombrada, en el fondo deseando que aquellas palabras fueran en verdad sinceras. Miroku sonrió cálidamente al verla perder el control por primera vez y sobretodo al ver ese adorable tono rosa en sus mejillas – Además, no deberías tomarme tan a la ligera, quien dice, tal vez yo sea tu "príncipe azul" – añadió guiñándole un ojo.
- ¡Ja! – expresó recuperando su actitud agresiva – Creo que no te asemejarías a un príncipe ni siquiera montando en un caballo blanco – opinó mirándolo de pies a cabeza despectivamente.
- ¿Crees? – exclamó – Esa duda para mí es suficiente mi bella Sango – dijo sonriendo ampliamente – Te demostraré que puedo convertirme en uno, sólo para ti.
A varios metros de la pareja, las puertas del elevador se abrieron dejando salir a una agotada Kagome, quien miró a su alrededor esperando encontrar a su querida amiga. Sintió una mano aferrar con firmeza su codo, sonrió esperando encontrar a Sango, pero la sonrisa se esfumó al instante de sus labios al ver de que no se trataba de la joven.
- Pequeña Kagome – dijo el hombre a modo de saludo – Perdón, perdón… Recuerdo que me pediste que no te llamara de ese modo – se disculpó al ver la expresión censuradora de la chica, pero sin soltarla – Kagome, espero que en esta ocasión no me desaires, y aceptes mi ofrecimiento para llevarte a casa – dijo mirándola con los ojos entrecerrados, su expresión estaba muy lejos de ser caballerosa, más bien era una aterradora amenaza que causó un escalofríos en la joven.
Tener a Naraku frente a frente, sin poder acusarlo abiertamente por la muerte de su abuela y la fuga financiera que había en la empresa, se le hacía realmente difícil, y a duras penas logró controlarse.
Pero no contaba con las pruebas para imputarlo y tampoco era inteligente en ponerlo sobre aviso, ya que hasta ahora parecía sólo intuir que estaba enterada al menos del desfalco, pero no de lo demás, necesitaba un poco más de tiempo, para averiguar y hundir a ese infeliz en la cárcel.
Sango se encontraba de espaldas a la joven por lo que fue Miroku el primero en verla salir del elevador. Hizo una mueca que evidenció el desencanto al saber perdida una nueva oportunidad de convencer a la joven a salir con él. Sin embargo su expresión cambió inmediatamente al ver a Naraku tomar a Kagome por el brazo, arrugó el ceño con severidad. Sango lo miró extrañada por el cambio de actitud, se giró para ver aquello que esfumó el buen humor de su pretendiente, ahogando una exclamación al ver a ese hombre junto a su amiga, que de seguro se trataba de aquel individuo culpable de las atrocidades que ella le relatara. Miroku soltó una maldición por lo bajo.
- Alguien seguramente va a matarme si no acudo al rescate de la princesa – declaró – Sango permanece en este lugar – ordenó con una seriedad que la dejó boquiabierta.
- Pero… – intentó negarse a la orden
- Ese infeliz es peligroso Sango – interrumpió con severidad – Suficiente preocupación me causa el que estés involucrada en este asunto, aún si es indirectamente, así que por favor no intervengas más de lo debido – increpó alejándose de la joven, que permaneció en silencio sin poder creer lo que acababa de escuchar.
- N..no gra.. – tartamudeó amonestándose internamente por no poder disimular el repentino temor que ese sujeto le ocasionaba – Estoy… esperando a una amiga, quedamos en vernos aquí a esta hora, lo lamento – explicó haciendo un esfuerzo por recuperar el control de su voz.
- Se ve que te dejó plantada – denotó aumentando la presión que ejercía en el brazo de la chica – Vamos, no es bueno que regreses sola – advirtió, obligándola con firmeza a caminar con él.
- No, la esperaré un poco más – contradijo, negándose débilmente a caminar por el miedo que la invadía, pero el hombre aumentó la fuerza de su agarre. El corazón le saltó aterrorizado al ser jalada sin ninguna delicadeza por una gigantesca mano.
- ¿Que nadie te advirtió de niño que es incorrecto insistir ante la negativa de una mujer? – amonestó una penetrante y gélida voz. Pensando que se trataba de un dejavu, levantó la cabeza para encontrarse con unos ojos dorados que por un segundo la sobresaltaron, sin embargo éstos eran muy distintos, era fríos y carentes del fuego que encontraba en los de Inuyasha. A decir verdad era completamente distinto, la piel clara, los rasgos más delicados sin dejar de ser muy masculinos, los delgados labios apretados rígidamente, el cabello de un inusual tono plateado.
- ¡Vaya vaya!, pero que sorpresa verte por aquí… Sesshomaru – exclamó Naraku con desagrado, soltando el brazo de la chica – ¿Has venido a visitar a tu querido hermano?
- No creo que eso sea de tu incumbencia – manifestó en tono glacial sin demostrar expresión alguna.
- Por supuesto que no me interesa – contestó Naraku con igual actitud – Sólo que viniste en vano, Inuyasha no se encuentra en la ciudad.
- ¿Acaso eres su secretaria? – se bufó Sesshomaru causando que la furia brillara en los oscuros ojos de Naraku.
- Lo decía por que si él no se encuentra, no hay motivo para que rondes por la empresa – contestó con insolencia.
- Que irónico que en tu caso suceda todo lo contrario, no estando Inuyasha, te brinda la oportunidad de "rondar" por ella – ironizó el hombre en respuesta. Se miraron desafiantes, Kagome creía que en cualquier segundo vería las chispas de energía brotar entre ellos. Sin embargo, Naraku optó por concluir aquella tensa situación comenzando a alejarse de ellos, pasó junto a la joven lanzándole una inquietante mirada y una sonrisa burlona casi imperceptible.
- Sesshomaru, me alegro verte después de tanto tiempo, y sobretodo en un momento tan oportuno – dijo Kagome, una vez que logró recuperar el aliento. El hombre de pronto recordó que aún la sujetaba del brazo por lo que la soltó de inmediato.
- Si ese sujeto es parte de esta empresa, deberías tomar mejores precauciones para este tipo de situaciones – comentó mirándola inexpresivamente.
- Tienes razón – murmuró bajando la cabeza algo avergonzada al ser consiente de su propia debilidad – Inuyasha me había ayudado a controlarlo, y también en mantenerlo a raya, supongo que eso me hizo confiarme.
- ¿Inuyasha? – inquirió quedamente arrugando el ceño. Kagome se ruborizó al pensar que había malinterpretado sus palabras.
- No me malinterpretes, me refiero a que las provocaciones de Naraku son fácilmente frenadas por Inuyasha. Tu mejor que nadie conoces lo violento que puede llegar a ser cuando alguien se cruza en su camino – comentó fingiendo indiferencia.
- Es verdad, pero eso sucede sólo cuando lo que esta en el medio de la discusión es de su "completo interés" – comentó Sesshomaru – Y creo recordar que entre ustedes ya no existe ningún tipo de relación – añadió mirando con atención las reacciones de la joven.
- ¡Por supuesto que no! – contestó exaltada – Inuyasha hace mucho tiempo que dejó de ser alguien importante en mi vida.
- Y tu en la suya… supongo – ratificó el hombre gélidamente.
- Así es – aceptó la chica, sin lograr ocultar completamente el dolor que eso aún le ocasionaba. Sesshomaru la siguió mirando con fijeza.
- ¡Kagome!. ¿Estás bien? – exclamó con preocupación Sango al llegar junto a ella – ¿Ese hombre te dijo algo?.
- Hola Sango, sí estoy bien. Y no, no pasó nada, afortunadamente Sesshomaru llegó en el mejor momento.
- Que alivio – manifestó su amiga exhalando un suspiro, intentando dejar salir la angustia que sintió a través de él.
- ¿Está todo bien? – preguntó Miroku llegando junto a ellas, pero dirigiendo la mirada hacia Sesshomaru. Había desistido de ayudar al ver que el hermano de su amigo se hacía cargo de la situación.
- Si – contestó el hombre secamente – Debemos hablar – anunció a modo de orden, encaminándose a la salida del edificio y sin esperar respuesta, asumiendo que seria obedecido de inmediato.
- Bueno chicas debo irme – dijo Miroku – Kagome será mejor que vayas directo a casa – advirtió seriamente – Mi bella Sango, espero disfrutar de tu exquisita presencia… muy pronto – susurró a la joven mientras le tomaba la mano depositando un ligero beso en ella, para luego ir en busca de mayor de los Taisho.
- ¿Qué fue eso? – preguntó Kagome pícaramente, observando divertida el intenso rubor de su amiga.
- Na… na…nada, por supuesto que nada.. ¿en… en qué piensas? – balbuceaba completamente roja causando la risa divertida de la pelinegra.
Al parecer Sango pretendía seguir al pie de la letra las indicaciones de Miroku, ya que la llevó hasta la mansión, se aseguró que entraba en ella, quedando sana y salva, para luego volver al departamento que alquilaba.
Kagome suspiró abatida, las cosas estaban resultado muy distintas a lo que ella había planeado, ni siquiera tenía claro cuando cambió el curso de todo lo que ocurría a su alrededor, se sentía perdida, desorientada, y esa sensación no le agradaba en lo absoluto.
Sólo faltaban tres días para el magnífico evento social organizado por las empresas H&T Corp., y todos los empleados hablaban del tema, la excitación y alegría en el ambiente era claramente perceptible, pero una malhumorada y refunfuñona Kagome se sentía completamente ajena a todo aquello. "¿Quién demonios se creía ese imbécil?" – pensaba una y otra vez rumiando su rabia a duras penas contenida. Rin y Ayame, acordaron mantenerse lo más alejadas posible del aura oscura que lograba filtrarse desde la oficina.
Aunque entendían plenamente la causa del estado anímico de su jefa: Inuyasha Taisho.
El supuesto viaje de dos semanas se había alargado más de lo normal, y ni siquiera se había contactado con ella para disculparse o darle una explicación, apenas y había llamado a Rin en algunas ocasiones para dejarle instrucciones, lo demás lo resolvía a través de correos electrónicos. Tampoco había confirmado su presencia en la gala de la empresa.
- Olvida tu malhumor por unas cuantas horas Kagome – la reprendió Sango – En este momento sólo debemos concentrarnos en el espectacular traje que debes usar para la fiesta – indicó arrastrando a su amiga hacia una exclusiva boutique.
- No tengo intensiones de usar un traje "espectacular" Sango – rezongó la chica haciendo una mueca – No tengo a nadie a quien impresionar – añadió haciendo un desprecio a la imagen de un apuesto hombre de ojos dorados y sonrisa arrogante que apareció frente a ella. "Estúpida mente traicionera" pensó más enojada.
Kagome Higurashi, la joven heredera de la fortuna Higurashi y presidenta de H&T Corp., una de las compañías más prestigiosas y poderosas del país, descendía las escalas del gigantesco salón de eventos con una gracia y altivez admirables, su presencia fue anunciada por el maestro de ceremonia, ocasionando que todos los presentes guardaran silencio y concentraran su atención en la joven.
Lucía increíblemente hermosa, y peligrosamente sensual, el vestido revelaba gran parte de sus senos a causa del profundo escote que se sujetaba a sus hombros por unas finas tiras de piedras que asemejaban el diamante, las cuales se cruzaban en su espalda, la suave tela de satín plateado delineaba y se amoldaba a la voluptuosidad de su figura, provocando que el suave contorno de sus caderas la hiciera ver enloquecedoramente irresistible. A la altura de sus muslos el vestido se ensanchaba dejando una ligera cola que se arrastraba delicadamente en su descenso, mientras que el vaivén de la tela dejó al descubierto una pierna larga y torneada producto de la extensa abertura que llegaba casi al final de su muslo derecho.
Kagome procuraba mantener la serenidad, no le agradaba ser el centro de atención, y mucho menos en un lugar enorme atestado de las personas más ricas e influyentes del país que para ella no eran más que un montón de egocéntricos desconocidos. Sin embargo ella había entrado en ese juego, claro, influenciada por Sango, "¿¡Cómo diablos me dejé convencer por ella!?" se lamentaba mentalmente, pero la respuesta a esa pregunta apareció en ese instante ante sus ojos. Entre algunos políticos y empresarios se encontraba el hombre por el cual había accedido a cometer esa locura, quien la miraba estupefacto. Sus ojos dorados estaban muy abiertos, completamente hipnotizados y con aquel brillo que ella conocía tan bien. Se sintió complacida de ser la causante de esa intensa mirada de fuego, se sonrió internamente recordando lo que Sango le dijo el día que fueron de compras.
-----Flash back------
- ¡Tonterias! – exclamó Sango – ¿Crees que no me doy cuenta de lo que pasa por esa cabecita? – inquirió apuntando con su dedo a la cabeza de su amiga, riendo ante su sonrojo y agitando frente a ella un vestido, para el gusto de Kagome, indecente.
- Pues estas equivocada. A ese idiota es a quien menos me interesa impresionar – negó esquivando la inquisidora mirada de su amiga que sólo hacía aumentar su sonrojo.
- Bien bien. Supongamos que no quieres impresionarlo bajo un motivo estrictamente sentimental – dijo haciendo un ademán conciliador – Pero tú misma decidiste seducirlo para poner en su lugar a tu horrible hermana, pues esta es tu oportunidad.
- Eso tampoco vale como motivo para ponerme esto – gruñó quitándoselo e imitando su acción al sacudirlo frente a su cara.
- Entonces hazlo por pura y simple venganza – añadió trasformando su dulce rostro a uno verdaderamente perverso.
- ¿D..d..de qué hablas? – indagó Kagome retrocediendo asustada.
- Pues que ese día debes lucir despampanante, sensual y absolutamente deseable a los ojos de ese sujeto – sentenció poniendo el vestido en manos de la chica que la miraba incrédula y con el rostro enrojecido.
- ¿¡¡Quéeee!!? – exclamó - ¿Te has vuelto loca?, ¿¡Porqué diablos tendría yo que verme... de... deseable a los ojos de ese él!? – preguntó enojada
- Ese Taisho, ha desaparecido del mapa por más de dos semanas, sin darte una mísera explicación. Y por cierto, haciendo que tu humor se vuelva insoportable – explicó Sango sin meditar sus palabras.
- Oye… – se quejó Kagome, pero la otra continuó su explicación ignorándola.
- Ese hombre se arrepentirá de sus actos, se volverá loco de deseo, mientras que tú, querida amiga, te encargarás de hacerlo sufrir con tu indiferencia, además se de alguien que estará más que complacido de ser tu acompañante ese día, y te aseguro que eso lo matará de celos – explicó con una gran sonrisa.
- Sango… verdaderamente tienes una mentalidad maquiavélica – dijo bajando la cabeza suspirando con resignación.
-----Fin de flash back------
Bien, algún día le agradecería a su amiga por aquel consejo y por obligarla a comprar ese vestido. Aunque en ese momento lo único que deseaba era tenerla enfrente y estrangularla. Al menos le había dejado escoger uno más a su gusto, aunque dudaba que eso que, a su parecer, escasamente la cubría sus atributos pudiera ser parte de sus gustos.
- ¡Que impresión! – exclamó un hombre mayor – No veía a la señorita Higurashi desde que era una niña, y mírenla ahora, se ha convertido en una mujer bellísima. Que afortunado es usted señor Taisho, ser socio de tan deslumbrarte jovencita – comentó viendo al joven que ni siquiera le prestaba atención, ya que se encontraba concentrado en aquella dama, sonrió moviendo la cabeza, los demás hombres con los que se encontraban no pudieron retener una carcajada ante la evidente aturdimiento que afectaba al joven empresario.
Se alejó del grupo caminando lentamente al encuentro de la mujer que en un segundo le hizo olvidarse del resto del mundo y ser consiente únicamente de ella. ¡Dios! Se vía tan endemoniadamente hermosa, con tan sólo verla se le cortaba el aliento y le hervía la sangre de deseo puro e incontenible. De no ser por todos esos cientos de imbéciles que estaban a su alrededor habría corrido hacia ella para tomarla allí mismo.
Kagome vio de reojo que caminaba hacia ella, se sentía nerviosa, sobre todo porque se veía absolutamente maravilloso, ¡Dios! ¿Por qué tenia que ser tan guapo?, ese traje de etiqueta le quedaba increíble se ajustaba a su musculoso cuerpo, y aumentaba su natural elegancia, haciéndolo sobresalir del resto. Un hombre rico, poderoso, e irresistiblemente atractivo, que pecaminosa combinación. Disimuló su impresión de manera brillante, manteniéndose expectante a la reacción de hombre, sobre todo ante el pequeño juego que tenía preparado para él.
Inuyasha estaba a punto de llegar al pie de la escalera para recibirla, cuando vio con incredulidad que alguien se le había adelantado para escoltar a la chica.
- Te ves absolutamente maravillosa – halagó el joven extendiendo su mano para recibir a la joven y luego besársela galantemente.
- Muchas gracias – respondió la joven ruborizada tanto por el comentario como por la acción.
- Con esto Sango se ha ganado mi absoluto respeto – comentó pícaramente guiñándole un ojo.
- A diferencia tuya yo sólo deseo estrangularla – contestó en voz baja – Te aseguro Kouga que su grandiosa idea hará de esta noche un verdadero martirio – gruñó disimulando su comentario con una falsa sonrisa. Kouga rió divertido por la incomodidad de la chica, pero su expresión cambió al ver quien se acercaba a ellos.
- Buenas noches – saludo ásperamente.
- Buenas noches – contestó Kouga serio. Kagome sintió un escalofrío al escuchar esa voz profunda y varonil. Se giró hacia él aparentando frialdad.
- Buenas noches – saludó para luego ignorarlo – Kouga, por favor acompáñame a saludar a los presentes – pidió tomándolo del brazo sin dirigir la mirada a un furioso Inuyasha.
- ¡Auch!. Eres una arpía Kagome – comentó burlonamente, cuando él ya no podría escucharlos, apenas pudo contener un grito de dolor al sentir que la chica disimuladamente peñiscaba su brazo.
Hizo un esfuerzo sobrehumano para controlar su ira y no agarrar a ese infeliz y romperle la cara. ¡Maldita sea!, habían pasado más de dos semanas en las que había añorado a esa mujer y ella simplemente lo ignoraba y se colgaba del brazo de ese malnacido.
- Creo que el látigo de indiferencia de Kagome es realmente cruel – dijo una voz burlona que llegó junto a él – ¿Qué se siente probar tu propia dosis? – preguntó Miroku risueño, se silenció al instante que una dura y encolerizada mirada le lanzó una muda advertencia – Esta bien, esta bien, cerraré la boca. ¿Y qué piensas hacer?
- ¡Feh! Eso es obvio…– contestó mirándola intensamente igual que un león asechando a su inocente e indefensa presa.
Kagome sintió como los cabellos de la nuca se le erizaron de pronto e intuía la causa, más bien estaba segura que si giraba se encontraría con las orbes doradas viéndola directamente. La mirada de ese hombre tenía un poder místico sobre ella, podía percibir que la recorría de pies a cabeza, casi como si se trataran de sus varoniles manos, y tan sólo ese pensamiento la hacía estremecer.
Era una verdadera locura, pero el saberse deseada por él, la llenaba de felicidad haciéndole olvidar el pasado, no estaba segura si eso era lo correcto, pero se negaba a escuchar la voz racional de su mente, al menos en este instante.
Provocar a Inuyasha se estaba volviendo un juego realmente excitante, y lo disfrutaba, se sentía atractiva, femenina, una mujer plena. Kikyo se equivocaba al subestimarla, pues también poseía el poder de seducción, del que ella tanto alardeaba. Sacaría ventaja del hecho que su hermana no se había dignado a aparecer en varias semanas, era una suerte que no pensaba desperdiciar. Kagura se encontraba en un grupo a lo lejos, pero en verdad le importaba poco lo que esa mujer pensara, de todos modos iría con cualquier chisme donde su hija, y prefería darle algo realmente sabroso que contar. Naraku estaba en un grupo cercano a esa mujer, mirándola con esa desagradable y repugnante expresión lasciva, tomó nota mental de mantener a ese asqueroso alejado como sea durante el resto de la velada
Por ahora, aquello que le importaba y despertaba su libido se encontraba unos metros de distancia comiéndosela con la mirada, una mirada muy distinta que estaba a años luz de incomodarla o serle repulsiva. ¿Qué sucedería si llevaba la situación al límite?, de verdad quería averiguarlo.
Intentaba concentrar su atención en la conversación del grupo de empresarios con los que estaba, pero no lo conseguía, inconcientemente su mirada estaba alerta a los movimientos de la mujer que lo estaba volviendo loco. ¿¡A qué demonios jugaba!?. En ocasiones cruzaban sus miradas y casi podía jurar ver en esos ojos chocolate el mismo brillo del deseo, que a él ya lo estaba consumiendo. Contoneaba su cadera de una forma tan sugestiva, y lo veía de reojo asegurándose que no se perdía ese insinuante espectáculo, dándole a entender que era dirigido sólo a él.
No estaba seguro cuánto más podría soportar ese juego, pero a pesar de lo torturante que era lo disfrutaba, sí, claro que sí, ser seducido de esa forma tan sutil era fascinante y le mostraba una faceta que desconocía en ella. Esperaba con ansias el momento en donde él tomaría el control, haría que le suplicara poseerla. "Pagaras por estos años en los que me has mantenido alejado de tu vida Kagome", pensó entrecerrando los ojos.
Luego de algunos brindis dedicados a la memoria de Kaede, y al éxito de H&T Corp., se anunció que la fiesta daría inicio, e invitaron a los anfitriones a ofrecer el baile de apertura. Inuyasha sonrió seductoramente y caminó lentamente hacia ella, al fin tendría la oportunidad de apartarla de ese idiota y de tenerla entre sus brazos.
Kagome lo esperaba nerviosa y ansiosa, tomó la mano que le ofrecía, aparentando indiferencia y caminó junto a él al centro de la pista.
La suave melodía de un vals se escuchó en el ambiente, al instante que una mano firme la tomaba posesivamente por la cintura, y la otra se enredaba con la del hombre iniciando la danza al compás de la música, había olvidado lo bien que lo hacía. Inuyasha se desplazaba en forma elegante y rítmica, suave y seguro, la guiaba como un experto, y tenía que admitir que también lo era en otras áreas, ya que no perdía oportunidad de sujetar su cintura más fuerte de lo necesario y aprisionarla contra su cuerpo en cada vuelta, además su mano se movía ocasionalmente por su espalda desnuda acariciándola seductoramente, aprovechando que el largo cabello azabache ocultaba su provocativa acción.
- Tienes aquella sonrisa de satisfacción, como si hubieras cometido la mayor de las travesuras sin recibir el merecido castigo – comentó Miroku astutamente.
- No se de qué hablas – respondió Sango ruborizándose y apartando la mirada.
- Mmmhh – exclamó el joven sonriendo al darse cuenta que la chica no era capaz de disimular su culpabilidad – Ustedes las mujeres parecen saber claramente el punto débil de un hombre, pero mi traviesa Sango, te aseguro que no tienen idea de lo que un hombre es capaz de hacer ante ese tipo de provocación, y esta noche creo que Inuyasha está siendo provocado mucho más allá de su límite – informó viendo a la pareja danzar por la pista, notando que la tensión sexual entre ellos estaba llegando precisamente a esos límites.
- Kagome sabe perfectamente lo que hace y mucho más hasta donde presionar – señaló la chica – Ella ha sufrido demasiado por culpa de ese idiota amigo tuyo. Merece ser castigado, por que no supo apreciar a la grandiosa mujer que tenía a su lado, y te aseguro que en este instante lamenta haberla engañado.
- Te aseguro que no ha pasado un solo día en el que Inuyasha no se haya lamentado por no tenerla a su lado – indicó Miroku seriamente, ante la atónita mirada de la joven.
- Quieres decir, que entonces…. Él…
- Ven mi bella Sango, baila conmigo – interrumpió el hombre tomándola de la mano para llevarla a la pista, donde la tomó de la cintura con firmeza moviéndose al ritmo de la música.
Mientras continuaban bailando, Kagome se esforzaba por mantener una expresión de indiferencia, para que no pensara que sus caricias producían algún efecto en ella, aunque muy a su pesar no pudo reprimir un suave jadeo cuando sus senos fueron estrujados contra su fornido pecho.
Sonrió seductoramente al conseguir borrar por un segundo esa fría expresión y ruborizar ese bello rostro, pero tenía claro que esa era un arma de doble filo, ya que casi pierde el control al notar que sus senos reaccionaron a su movimiento, los pezones erectos eran claramente visibles debido a la fina tela, trago en seco al ser plenamente consiente que no llevaba puesto un brasier, su propio cuerpo reaccionó ante ese descubrimiento al sentir una punzada de deseo en su entrepierna. ¡Demonios!. Como deseaba apretarla más contra su cuerpo, pero a pesar de que a esas alturas estaban rodeados de otras parejas, continuaban siendo el centro de atención de la mayoría de los presentes, por lo que debía guardar la compostura.
Se detuvieron cuando la canción finalizó, pero Inuyasha mantenía a la chica entre sus brazos, se miraban a los ojos como esperando reunir el valor de decir tantas cosas.
- Kagome… – susurró con la voz enronquecida, haciendo saltar el corazón de chica.
- Creo que ha llegado mi turno – interrumpió Kouga sin darle oportunidad de que concluyera su oración. Le arrebató a Kagome de los brazos, quien no se resistió a la acción, más bien pareció aliviada de su intervención, simplemente se abrazó al hombre dejándose se guiar mansamente, distanciándose más y más de un encolerizado Inuyasha.
¡No lo soportaba!, no soportaba que ese sujeto se la llevara, que la alejara de él, le hacía sentir intranquilo, temeroso. ¿Temeroso?, sí… temeroso. Sólo pensar que otro hombre se adueñara del corazón de esa mujer lo llenaba de pánico, no, eso jamás iba a permitirlo.
"¡Ella es mía!, ¡siempre lo ha sido y juro por Dios que siempre lo será!", sentenció apretando las manos con excesiva fuerza.
- ¿Te sientes bien? – preguntó Kouga mientras bailaban, al notar el extraño semblante.
- Sí, no te preocupes – contestó con un leve temblor de voz – Pero necesito un trago – dijo con una sonrisa forzada.
- Esta bien, vamos – accedió el joven escoltándola a una mesa. La quedó mirando asombrado cuando ella se bebió la copa de golpe – ¿Seguro que estas bien? – volvió a preguntar elevando una ceja, dudando que así fuera.
- Ahora lo estoy, necesitaba ese trago – respondió luego de un rato con una gran sonrisa sintiéndose más relajada, debía admitir que el licor había relajado casi instantáneamente la tensión que sentía, pero tomó nota mental que no debía hacerlo una costumbre y abusar de él, tampoco tenía intensiones de hacer el ridículo riendo como idiota por una borrachera.
- Kagome, buenas noches – saludaron unas voces femeninas casi al unísono.
- Hola chicas, ¿cómo están? – saludó con una alegre sonrisa.
- Estupendamente. Es un evento fabuloso – comentó Ayame animadamente.
- Si es verdad. Te ves increíble con ese vestido, y sobre todo mientras bailabas con el señor Inuyasha – comentó Rin
- Gra… gracias – balbuceó sonrojándose al recordarlo – Kouga, te presento a Rin y Ayame, ellas son asistentes de la presidencia, chicas él es Kouga mi mejor amigo – los presentó sonriendo internamente al ver que su amigo pareció muy interesado en la pelirroja y ella pareció corresponderle, ya que comenzó una amena plática con el hombre coqueteándole abiertamente.
- ¿Viniste sola Rin? – preguntó dejando a los otros dos encerrados en su propio mundo.
- Eh, bueno… ss..sí, vine… sola – balbuceó nerviosa.
- ¿Has visto a Sango? – inquirió extrañada de que no llegara a su lado a inundarla con preguntas.
- Sí, hace un rato la vi bailando con el señor Miroku, creo que ya se están llevando mucho mejor – comentó Rin, sonriendo al recordar – Bailaban muy apegadamente, aunque claro, conociendo al señor Miroku no podría ser de otro modo, por su lado Sango estaba roja de vergüenza, aunque no parecía estar molesta – le contó secretamente, ambas rieron por la situación.
Sin embargo la sonrisa desapareció del rostro de Kagome, al ver que Inuyasha se encontraba bailando con una rubia despampanante, demasiado sexy para su disgusto, la mujer se le colgaba al cuello y restregaba descaradamente su escultural cuerpo de modelo en el hombre, y lo peor es que parecía más que complacido con ello.
El rostro de Kagome enrojeció por la furia que la invadía, "¿¡Cómo se atreve esa…?, ¡Diablos!, mejor dicho ¿cómo se atreve ese imbecil a seguirle el juego a esa… serguro es una ninfómana?!!!", pensaba con rabia la que aumentaba al ver que Inuyasha parecía estar pasándolo estupendamente bien, la miraba con lujuria y correspondía a la seducción de esa mujer estrechándola con fuerza. "¡¡¡Maldito seas Inuyasa Taisho!!!", dio la vuelta para buscar a Kouga, pero éste se encontraba bailando con Ayame, se sintió como idiota. "Amigos ¡Ja!" ¿Y ahora qué?.
Inuyasha por su lado reía complacido, y no precisamente por la sanguijuela que se le había pegado al cuerpo, sino por la reacción de Kagome. "Celosa… eso me gusta", pensó sonriente, pero su expresión cambió bruscamente al ver que un individuo intentaba captar la atención de la joven.
- Buenas noches, señorita Higurashi – saludó un hombre besando su mano.
- Buenas noches – contestó algo turbada, ya que no sabía de quien se trataba.
- Mi nombre es Bankotsu Aoi, el presidente de Aoi Enterprise, es un verdadero honor conocerla, ¿será un atrevimiento pedirle me conceda acompañarme en esta pieza? – preguntó mirándola con fijeza, la chica se ruborizó levemente pero accedió de inmediato, le demostraría a Inuyasha que también podía mantenerse entretenida sin él.
- Por supuesto que no. Con mucho gusto – contestó sujetando el brazo que le ofrecía.
Bailó largo rato con Bankotsu, era un hombre de aspecto enigmático, bastante atractivo, y su plática era divertida, se notaba que era un hombre de mundo, hacía todo lo posible por causar una favorable impresión en la chica, sin embargo ésta parecía más interesada en buscar a alguien entre las demás parejas.
La frustración de la chica iba en aumento al darse cuenta que Inuyasha ya no se encontraba en el lugar, recorrió con la mirada la pista de baile, pero no estaba y el salón era demasiado grande como para divisarlo fácilmente. La idea de que se haya marchado en compañía de esa mujer "comehombres" con la que bailaba aumentaba su furia.
No pudo evitar sentir un leve mareo y nauseas ante un terrible presentimiento, acompañado de una serie de imágenes que azotaron su cabeza, en las cuales aparecían ellos dos aplacando su intensa pasión de una forma indecente…
Continuará...
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Bien aquí finaliza este nuevo cap. espero que le gustara, al menos a mis queridas lectoras que me han hecho saber cuánto les agrada esta historia, y a quienes me gusta consentir jejeje... No se quien más sigue este fic.. pero bueno, me alegro de consentirlas también XD
El proximo capitulo es por demás interesante... pasarán cosas que muchas han estado esperando... no se lo pueden perder!... ^.^
