Nota: Mis agradecimientos van especialmente para Shingryu Inazuma, Amazona Verde, Hipolita, Elena, Mish1, Momichilee y Aguila Fanel, sin el apoyo de quienes no estaría aquí.

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"¡Oi, Hanamichi!"

El pelirrojo aludido se dio vuelta, encontrándose rodeado de pronto por los rostros acusadores de su Gundam. Yohei, con quien ya había hablado en clase- para el disgusto de su profesor de Inglés- sólo los miraba divertido, sin interferir en el inevitable interrogatorio.

"¿Dónde crees que andabas?" Lo acusó Noma, acercándose tanto que Hanamichi tuvo que inclinarse hacia atrás para esquivarlo, chocando entonces con la enorme barriga de Takamiya, quien lo empujó hacia delante para enfrentar el rostro serio de Ookutsu, quien lo señaló con un dedo en su nariz. "¡Hace una semana que ni nos llamas ni te apareces por acá!"

"¿Crees que puedes hacernos de lado así como así Sakuragi Hanamichi?" El rubio preguntó con un rostro inusualmente serio. "¿Acaso te olvidaste de nosotros? ¿Dónde estabas? Teníamos que juntarnos este sábado en Danny's y no apareciste."

"¡Apuesto a que te declaraste a Haruko y su inevitable rechazo te hizo olvidarnos!" Aportó Takamiya con una sonrisa burlona, retrocediendo ante la mirada furiosa que Hanamichi le otorgó.

"Tenía cosas importantes que hacer," Sakuragi les dijo finalmente, saliéndose del círculo en que lo tenían rodeado y parándose junto a Yohei. "Vamos, creí que entenderían."

"¿Qué es más importante que tus amigos?" Aportó Noma, mirándolo con el ceño fruncido. "¿Dónde estabas? Te perdiste la fiesta de cumpleaños de Okus."

"¿Eh?" Hanamichi se volvió a mirar al chico rubio que sólo levantó una ceja, claramente esperando una disculpa. Con ojos de plato, Hanamichi hizo un extraño baile alrededor del otro chico, moviendo las manos de un lado a otro -con un extraordinario parecido a un pulpo- mientras intentaba disculparse."¡Cielos Okus, lo siento! ¡Lo olvidé por completo! ¡Te daré un regalo! ¡Dos regalos! ¡Tres regalos! Pero chicos, ustedes saben lo que pasó la semana pasada y..."

"¿Qué cosa? ¿Lo de Rukawa?" Takamiya preguntó con toda tranquilidad, mirando a Hanamichi de cerca. "¿Y eso qué?"

"¡¿Cómo que '¿y eso qué?'" Explotó el pelirrojo sin darse cuenta de lo extraño que sonarían sus palabras hasta que se encontró con todas las miradas extrañadas de sus amigos. "Eh...digo...si, bueno, no es tan importante pero-"

"Hana..." Intervino entonces Yohei con una mirada llena de reprobación. "Vamos, diles la verdad. Ya me dijiste a mi."

"¡Pero a ti!" Siseó Hanamichi entre dientes, girándose para encontrarse con la mirada molesta de Ookutsu y Noma, mientras Takamiya se dedicaba a mirarlo con miedo desde una distancia prudente.

"¿O sea que te perdiste mi fiesta porque estabas con Rukawa? ¡Pero si odias a Rukawa!"

"¡AGH! ¡Está bien!" Hanamichi explotó entonces, enderezándose y encarando a sus amigos. La mirada de apoyo de Yohei le dió valor de admitirlo. "Miren, no odio al zorro ¿ok? Yo sé que nos tratamos horrible y que es muy callado y antisocial y parece arrogante y-" se detuvo a sí mismo, poniendo los ojos en blanco. "Yo estaba celoso ¿está bien? De que Haruko lo prefiriera, que fuera mejor que yo, que se burlara de mí- pero no lo conocía. Nunca hablamos. Y ahora sí, lo hicimos, y resulta que no es como yo pensaba. Nos amistamos estos días en el hospital y lo he estado acompañando porque el muy idiota me tiene preocupado ¿está bien?" Pausó para tomar aire y desinfló su postura hostil. Lo había admitido. "Siento lo de tu fiesta Okus, pero estaba ocupado con que el kitsune no encontrara más azoteas."

Silencio.

Hanamichi suspiró, mirándolos a todos y esperando la reacción que recibiría. Noma fue el primero en reaccionar, pestañeando un par de veces para luego mirar a Hanamichi de cerca de nuevo, como intentado descubrir dónde estaba la mentira. Hanamichi no dijo nada, mirando como el chico de bigote lo inspeccionaba por todos los ángulos antes de pararse frente a él con expresión solemne y propinarle un certero golpe en la nuca.

"¡BAKA! Nos hubieras dicho antes y ya. ¡Podríamos haberles hecho compañía!" se rió finalmente, esquivando el puño de Sakuragi. "No te imagino pasando la semana con Rukawa. Tienes que haberlo vuelto loco."

"¡Bueno, más loco de lo que está...!" Exclamó Takamiya, ganándose un letal cabezazo de un Hanamichi que dejaba al gordo tirado en el cemento.

"¡Ni en broma idiota!"

Finalmente fue el turno de Ookutsu, quien se acercó a Hanamichi lentamente y lo miró en silencio por un minuto. "Te voy a cobrar los tres regalos." Le dijo seriamente, antes de echarse a reír. "Ya vamos a almorzar de una vez, chicos. Me muero de hambre..."

Hanamichi suspiró aliviado, sonriéndoles a todos, a la vez que Yohei se acercaba con un gesto satisfecho y las manos en sus bolsillos. "Esa idea es excelente, vamos antes que se acabe todo en la cafetería."

Eso fue suficiente para despertar a Takamiya, quien se puso de pie de un respingo y salió corriendo detrás de ellos en dirección de la comida.

"¿En serio sois amigos ahora?" preguntó Okus luego de un momento mientras caminaban, mirando fijamente al pelirrojo. "No puedo imaginármelos llevándose bien."

"Digamos que las cosas no eran como los dos pensábamos," dijo Hanamichi con gesto perezoso, mirando fijamente la puerta que los dirigiría a la cafetería a unos pasos cercanos. "Cielos, tengo demasiada hambre. ¿No podían haberme interrogado después de comer?"

"¡No me preguntaron a mí!" Alegó Takamiya, alcanzándolos a la vez que trataba de recuperar el aliento. "Yo les habría dicho justamente eso."

Entraron los cinco al edificio, y como jauría se abalanzaron hacia donde estaba la comida, pidiendo su ración a la pobre y asustada cocinera que los miraba con enormes ojos mientras ellos llenaban sus bandejas con todo lo que se les cruzaba. Satisfechos que tenían lo necesario para alimentarse, fueron en busca de una mesa.

"Oi, Hanamichi," Le llamó Noma entonces, y el pelirrojo se volvió, mirando en la dirección que el chico de bigotes le estaba apuntando. "Mira allá."

El pelirrojo miró y se encontró con algo que- hace dos semanas- le habría sido completamente indiferente, pero que ahora le dolió ver. En uno de los extremos de la cafetería estaba sentado Rukawa con una bandeja llena en frente suyo, solo en una mesa, mientras la mayoría de los chicos de las mesas continuas cuchicheaban y lo miraban como bicho raro. El moreno no parecía darse por aludido, más lo primero que Sakuragi notó era que a pesar de moverla bastante, ni un bocado de la comida estaba siendo ingerida por el número once de Shohoku.

Sin una palabra, Hanamichi se dirigió hacia él, completamente olvidando a sus amigos, quienes lo miraron acercase a Rukawa y sentarse a su lado con naturalidad. Hanamichi se volvió entonces a propinar una mirada amenazante a todos los chismosos de las mesas contiguas, que asustados, de inmediato acallaron sus susurros.

"Vamos chicos," Dijo Yohei con toda calma, tomando la iniciativa y dirigiéndose a ésa mesa, seguido por los otros tres chicos, todos los cuales se encargaron de intimidar a los que habían estado mirando a Rukawa. Se sentaron alrededor de la mesa, conscientes de la mirada sorprendida que Rukawa les dirigía.

"Hola kitsune," Le saludó finalmente Hanamichi con una sonrisa amplia, volviéndose a mirar con ojos hambrientos su atiborrada bandeja. "Vaya, esto se ve verdaderamente delicioso..."

"Y si no te apresuras te va a comer lo tuyo también," Le dijo Yohei a Rukawa, mientras miraba a Hanamichi empezar a tragar casi sin masticar un bocado. Kaede aún los miraba a todos, sorprendido, pero reaccionó cuando los palillos de Takamiya intentaron aventurarse a su plato.

"Tienes el tuyo." Dijo con tono helado, batallando los palillos del gordo con los que tenía en su mano.

"Si se va a desperdiciar..." Le dijo éste, engullendo sus propias porciones mientras Rukawa comenzaba a comer lentamente, negando con la cabeza a la vez que empezaba a tomarle el gusto a su plato. Yohei sonrió para sí, comenzando con su propia porción a la vez que Noma y Ookutsu hacían lo mismo.

Comieron un momento en silencio, tan sólo para ser interrumpidos por la voz de Hanamichi, que entre bocados, preguntó finalmente a Rukawa. "¿Y bien? ¿Cómo te recibieron de vuelta?"

Kaede pausó con los palillos a medio camino de su boca, para luego dar otro bocado y mirar incómodo por un segundo a los amigos de Sakuragi.

"Vamos, que no mordemos," Intervino Noma, ojeando con hambre el plato a medio llenar de Rukawa. "Al menos, no a las personas. Aún."

Frunciendo el ceño, Rukawa atrajo hacia a sí su plato, ganándose la risa de Okus, quien se había sentado del otro lado de Hanamichi y se inclinó para palmarle el hombro al kitsune. "Bienvenido al grupo, Rukawa. Ya sabes pelear, así que encajas bien, pero ahora debes aprender a cuidar tu comida."

"Do'aho," Murmuró Rukawa, empezando a engullir tan rápido como ellos, dándoles una mirada de superioridad en burla, que le causó gracia a Yohei.

"¡No respondiste a Hanamichi!" Declaró Takamiya, distrayendo a Rukawa lo suficiente para lograr robarle una bola de arroz. "¡Nyahaha, gané!"

Rukawa tan solo suspiró, mirando de reojo a Hanamichi que lo estudiaba con cuidado. Sintiéndose un poco incómodo, Rukawa desvió la vista, centrándola en su plato mientras intentaba encontrar las palabras para describir su mañana.

"Los profesores me dejaron dormir," Dijo finalmente, revolviendo un poco su arroz. "Las chicas de mi clase gritaron primero, chismearon después. Algunos chicos me detuvieron para intentar charlar en el pasillo, aunque la mayoría se dedicó a mirarme de lejos como siempre."

Silencio. Rukawa miró hacia su alrededor, extrañado de ver que todos los golosos excepto Sakuragi habían parado de comer para mirarle con enormes ojos. Rukawa pestañeó, sorprendido, tratando de ver qué había pasado.

Yohei fue el primero en reaccionar, tirando confeti a la cabeza de Rukawa a la vez que se reía con los demás y hacían un bailecillo ridículo alrededor de la mesa. "¡Más de veinte palabras! Wohoo, ya somos tus amigos..."

"Do'ahos," Murmuró Rukawa mientras aprovechaba parar robarle de vuelta una bola de arroz a Takamiya, quien ni se percató del crimen.

"Ya, ya," Se río Hanamichi, robándole a Noma algo de pescado. "El kitsune es capaz de articular oraciones. ¿No te han molestado los demás, Rukawa?"

Los otros chicos volvieron a sus asientos, resumiendo su merienda, mientras trataban- sin éxito- de no ser tan obvios mientras esperaban la respuesta del moreno.

"Nada fuera de lo normal," Dijo finalmente Rukawa, mirando como algunas chicas lo miraban con ojos tristes desde la mesa contigua. "Es más la lástima que me tienen lo que me tiene harto."

"Bah, déjalos, no saben cómo reaccionar," Le dijo Yohei con toda calma, terminando su plato. "No significa que te admiren menos o te crean débil. Verás como en el próximo partido de Shohoku ya olvidan todo."

Rukawa asintió en silencio, abandonando a medio camino su plato y viendo como era devorado por las bestias sentadas a su lado. Rukawa encontró los ojos de Yohei al otro lado de la mesa, y sorprendiendo al otro chico, el número once de Shohoku le dedicó una expresión amable pocas veces vista en su rostro.

"Gracias."

Yohei sólo le sonrió tranquilamente, guiñándole un ojo una vez como para decir '¿para qué están los amigos?'.

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"¡Nos vemos en el gimnasio!" Rukawa asintió en silencio, mirando con un peso en el pecho como Sakuragi se alejaba cantando su 'canción tensai' a todo pulmón, dejando al moreno parado frente a la puerta que guiaba a las oficinas administrativas del instituto.

Rukawa dio un paso para ingresar, pero luego lo pensó mejor, y se dejó caer un momento en una de las sillas de la sala de espera, estudiándose los zapatos.

Esto era justo lo que le faltaba.

Todo el día había tenido que caminar ignorando los rumores que se levantaban a su paso. Todo tipo de ideas ridículas sobre su vida en casa se habían inventado, y muchos chicos no eran ni lo suficientemente respetuosos ni lo suficientemente tímidos para no buscar corroborarlas con él. Hasta habría sido gracioso, si las circunstancias fueran otras. Muchos compañeros que solían admirarlo o al menos temerle, ahora lo miraban con ojos apenados y lo trataban con una amabilidad nunca antes vista. El trato delicado le ponía los nervios de punta a Kaede. Era como si todos esperaban que intentara suicidarse de nuevo en cualquier minuto por cualquier tontería.

Rukawa no sabía lidiar con todo ello.

Estaba acostumbrado a la atención, concretamente a ignorarla. No era importante que un montón de chicas- y algunos chicos, a decir verdad- se interesaran en él por su apariencia o por sus logros en la cancha de básquet. No lo conocían. Su madre siempre le decía que aquella persona que pudiera ver más allá de la superficie, sería la persona que valdría la pena querer cerca. Y él creía en eso firmemente. Por eso no lo afectaban los gritos histéricos de un ejército de fanáticas o las miradas envidiosas de algunos.

No lo conocían.

Pero ahora que todo un sector del instituto lo había visto enfrentando un momento de debilidad- un segundo en que bajó sus defensas- todas esas personas creían conocerlo.

"No tienen ni idea." Murmuró para sí, restregándose el rostro con las manos a la vez que apoyaba los codos en sus rodillas.

Estaba cansado. Agotado. Con Sakuragi, el fin de semana fue...diferente. No tuvo que esconderse o- más bien- no podía hacerlo mientras el pelirrojo y su madre parecían leerlo tan fácilmente. No tenía que pretender todo el tiempo que la muerte de su madre no lo había afectado, ni tenía que mantenerse impasible.

Ellos...ellos entendían. La señora Hiroki le había contado sobre la muerte de su marido, un día que Hanamichi logró quedarse dormido antes que él. Ella se sentó a su lado entonces, explicándole que perder a un padre era siempre muy difícil, pero no era perder el mundo. Y ella estuvo ahí, ofreciéndole un hombro cuando los ojos se le nublaron al confesar que para él, su madre lo había sido todo. La razón por la que iba al instituto Shohoku- el más cercano al hospital-, la razón por la que no dormía muchas noches, la razón por la que jugaba básquet, la razón por la quería ser el mejor del mundo y hacerla sentir orgullosa. Hacerla sonreír.

Los sueños no mueren Le dijo ella, y por primera vez, Rukawa sintió que no todo se había acabado.

Pero hoy...

Hoy frente a todos esos idiotas que creían conocerlo, volvió a ser como siempre. Volvió a esconderse tras un rostro imperturbable. Volvió como si nada hubiera ocurrido, intentando ignorar los susurros curiosos y las miradas de todos. Los amigos de Sakuragi habían sido la única excepción a la regla al tratarle como a cualquiera.

Pero ahora que por fin terminaba el día, cuando por fin podría escapar a refugiarse en el gimnasio, está obligado a ir a hablar con el director del instituto, que lo esperaba para discutir el 'incidente', como escuchó a algunos profesores llamarlo.

Casi se tira de la puta azotea hace cinco días y ya se había convertido en un 'incidente'.

No podía dejar de pensar que quizás sus acciones tendrían consecuencias. Todo el día le dio mil vueltas al asunto, preguntándose por qué el director querría hablar con él. Quizás la imagen del instituto había sido dañado por el niño loco que casi se suicida y lo suspenderían. O peor, lo expulsarían. Y entonces estaría condenado a estar solo en ésa casa enorme, rodeado de las cosas de su madre, esperando la inevitable visita de su tío y...

"¿Rukawa-kun?"

Sorprendido levantó la vista, encontrándose con la mirada preocupada del director, quien se había sentado a su lado en la sala de espera sin que el chico se diera cuenta. Recuperando la calma, Rukawa se enderezó en el asiento, reclinándose sobre el respaldo, sin saber que decir.

"Takahasi-sensei," Murmuró por fin, desviando la vista. "Venía a hablar con usted."

"Eso supuse," le dijo el hombre, con toda calma señalando a su oficina. "Aunque tal vez entrar ahí hubiera sido un modo más directo."

Rukawa no dijo nada, mirando fijamente la corbata del señor Takahasi como si tuviera todas las respuestas del universo. Era una corbata horrible. Escuchó al director suspirar, antes que una mano pesada recayera sobre su hombro, sobresaltándolo.

"Vamos, chico, entremos a mi oficina," Le dijo finalmente con una voz cansada, y Rukawa se limitó a encogerse de hombros, siguiendo al hombre más bajo y cerrando la puerta tras de sí, inexplicablemente nervioso.

"Supongo que sabrás por qué te llamé ¿verdad?"

Rukawa asintió, mirando hacia la ventana.

Hubo un largo silencio.

"Lo que ocurrió el miércoles pasado es muy grave, Rukawa-kun," Dijo finalmente el señor Takahasi, masajeando sus sienes con su mano derecha. Rukawa lo observó en silencio, no creyendo necesario contestar. "Lo que hiciste- más bien, casi haces, tiene a todo el plantel del instituto sumamente preocupado. ¿Qué ha pasado, muchacho¿Te encuentras bien?"

Rukawa frunció el ceño, confundido. ¿Para esto me llamaron¿Para preguntarme si estoy bien¡Claro que no estoy bien¿Cuándo he estado bien¡¿Acaso son ciegos?

"Estoy bien," Murmuró, levantando la vista. "He tenido problemas en casa y fue una reacción violenta. No lo planeé. No volverá a suceder."

Silencio. Rukawa continúo mirando por la ventana, apretando su mano derecha y enterrándose una de sus propias uñas en la palma, reprimiendo un deseo desesperado de salir corriendo de aquél salón. Falso de nuevo. Todo era falso...

"Rukawa-kun," Takahasi-sensei dijo entonces en tono severo, haciendo que el chico lo mirara fijamente. "No te queremos muerto. Tienes quince años, un futuro brillante en el básquetbol y una marejada de admiradoras. Tienes amigos, pues te he visto hoy con ellos. No tengo idea que te sucedió, muchacho, pero tienes un apoyo ¿me oyes? No sabes la tasa de suicidios que existe dentro de éste mismo instituto. No tienes idea a cuántos chicos he tenido sentados allí, donde estás tú, y cuya foto veo más tarde en los obituarios."

Pausó entonces, bajando la cabeza un momento, como recomponiendo su imagen mientras Rukawa lo observaba en silencio.

"Si necesitas un tiempo, lo tienes. Si necesitas hablar con alguien, te escucho. Podemos facilitarte tratamiento psicológico si lo requieres. He sido director de éste instituto demasiado tiempo para creerte que estás bien." Otra pausa. "Busca ayuda, Rukawa."

Kaede no dijo nada, limitándose a asentir una vez con la cabeza. Una gota de sangre se estaba resbalando por la palma de su mano.

"Estaré bien," Dijo finalmente, encontrando los ojos vidriosos del director con los suyos. "Gracias."

Luego se levantó y se apresuró a salir de la oficina, casi corriendo en dirección al gimnasio.