Han pasado cinco meses desde que estuve en este fandom... No crean que lo he olvidado, es sólo que necesitaba amoldarlo y tener algunos capítulos extras para que las actualizaciones no sean tan dispersas. Así que hoy les dejó el primer capítulo de la segunda parte de esta historia, esperando les guste y me reciban nuevamente ;)
Sin más, los dejó leyendo!
El color verde por fin teñía la totalidad de las paredes, causando satisfacción en el chico, quien sonreía con suficiencia al ver su trabajo terminado; tomó un pañuelo para quitar los residuos de pintura de sus manos, girando alrededor del cuarto, última habitación que faltaba por decorar, para poder decir que su mudanza estaba completa. Soltó un suspiro al aire al momento en que su esposa entraba con una jarra de agua, para que éste pudiera saciar su sed y tuviera su merecida recompensa por tan arduo esfuerzo… Él con un gesto tácito la invitó a situarse a su lado y contemplar lo que habían logrado.
Ella se colocó a su lado, examinando detalladamente el contraste que creaba el sol ante tan armonioso color; sonrió contenta al ver que su esposo ponía el mayor esfuerzo por vivir al máximo ese nuevo comienzo. Llevaban un año de casados y las cosas no eran lo que ella siempre planeó, menos lo que soñó, sin embargo, mantenía la esperanza que otro hogar y otro trabajo para ambos, cambiarían su humor y las ganas de reclamar el uno al otro cada vez que sus miradas se cruzaban. Sabía que el principio sería lo más difícil, ya que viajar juntos, era completamente distinto que vivir de la misma manera, sólo que no creyó, esas diferencias comenzarán al momento en que la luna de miel terminara.
La noche de su boda, la contestadora se había llenado de mensajes provenientes de Ciudad Celeste, clara señal de que algo andaba mal, por eso, al escuchar el timbre del teléfono no dudo en contestar, encontrando tras la bocina, una voz que denotaba una desesperación imposible de controlar y un llanto que acabaría ahogando a su portador… Era Misty y suplicaba el comunicarse con Ash… De esa llamada él jamás se enteró, pero ella sabía, que el que después de tanto tiempo esa chica llamara no traería nada bueno y cualquier cosa que Misty dijera, podría llegar a ser comunicada por alguien más, así que, mientras Ash limitara su comunicación con la región, su matrimonio se encontraría a salvo y esa llamada sería un secreto que quedaría en el fondo de su consciente.
Pasaron un mes recorriendo las ciudades más hermosas que Hoenn ofrecía, hecho que a ella no le complació por completo, pues sabía que Ash ya había recorrido esa región y en una que otra ocasión Misty le visitó. Mas, el sólo motivo de estar juntos, ya de todas las maneras posibles en que una pareja podría estar, relacionándose sexualmente cada noche, reconfortaba su ego y le hacía creer que con el tiempo, esa conexión física que mantenían, llegaría a hacer que Ash sintiera eso llamado amor… No fue así. Al regresar a Kalos, todo cambio; Lance reclamó a Ash como el campeón y maestro Pokémon que era, llevándolo a los extremos del trabajo, mientras ella, luchaba con gran esmero para mantener su corona y reputación, así como controlar información que llegara de Kanto.
Los meses que siguieron a su regresó, el estrés se anido en casa, siendo la única constante en su cohabitación, pues ambos limitaron su compañía solamente a las horas de sueño, donde la pasión y la lujuria quedaban rezagadas bajo las sábanas que anidaban su descanso. Eso enfurecía a la muchacha como ninguna otra cosa lo hacía, pues no creía el trabajo hiciera tanta mella en su marido, como para que sus trajes de encaje no despertaran las bajas pasiones que le demostró tenía en esas horas que estuvieron encerrados en la suite del hotel. Al pasar las semanas, su frustración como mujer, hicieron su estado de ánimo mermara hasta encontrarse siendo una joven amargada y mal humorada al extremo… Culpando a todo mundo de su desdicha, en especial a la pelirroja, a quien no podía hacer más, que desearle la muerte.
Su vida en conjunto era completamente desastrosa, sumándole al mal humor de ambos, el de esa pequeña bola de pelos amarillos, quien encontraba cualquier momento para recalcarle a su dueño la mala decisión que había tomado y recordarle a ella, que cada acto tendría una consecuencia y ella la estaba teniendo de una forma, en que cada noche su verdadero yo, salía a flote, mostrándose en pequeños instantes a ese tonto chico, que había jurado, ella no mataría ni a la más pequeña partícula que los rodeaba, y que en esos segundos de tensión, sus palabras de defensa a la personalidad de la chica, trastabillaban, poniendo en duda cada argumento que brindó a su familia y amigos, cuanto éstos se pusieron en contra de Serena.
Ella sabía que todo iba mal y estaba consciente que su marido pensaba de igual manera… Hasta que un día todo explotó, llevando a su mente a las lejanías, a pensamientos fúnebres, donde la palabra divorcio, retumbaba con gran fuerza… Habían gritado, lanzado cosas y maldiciones, culpándose de no encontrar un momento de ocio para estar juntos, o al menos ella lo había hecho, porque él, él mantuvo todo ese tiempo la mirada gacha y la boca cerrada… Dándole a entender y no sin motivos suficientes, que la mejor parte del día para él, era cuando se encontraban separados. Sus palabras se volvieron sollozos descontrolados, llenos de reclamos… En donde el nombre de Misty fue el detonante para lograr que él se levantara del sillón, saliendo de casa proporcionando un fuerte portazo.
Tras la ida del chico, se quedó sola llorando como una niña, comprendiendo por primera vez que en la vida no se puede tener todo, porque sí, lo tenía a él, pero no tenía la felicidad que tanto anhelaba. Su llanto impidió que pudiera mover su cuerpo escaleras arriba, tirándola en la incomodidad de lúgubre sofá, adormeciéndola en el acto, razón por lo que no supo a qué hora Ash regresó. El chico mantenía un rostro cansado, con ojeras bajo sus enrojecidos ojos, señal de que también había llorado. Pikachu iba en su hombro, reconfortándolo en esos instantes, sintiéndose extrañamente triste por ver a su compañero de tal manera, pero manteniendo una esperanza al ver más cerca el día que Serena ya no formara parte de sus vidas. Esperanza que se esfumo al ver las horas avanzar… Cuando en la noche, Ash le contó aquella estúpida idea que se transformaría en realidad.
Al despertar, Serena se abrigó a la espera de encontrar a Ash a su lado, deseosa de que todo fuera un terrible sueño; sin embargo, seguía en el sofá, sin nadie que la acompañara en su amanecer… Todo estaba exactamente igual que el día pasado, con una única diferencia, un sobre encima de su mesa central. Confundida, lo tomó entre sus manos, aguantando la respiración, como si aquella carta contuviera una bomba a punto de estallar; mas, de su boca sólo salió un suspiro que calmaba su ansiedad… Aquel sobre contenía una escrito de Lance, donde invitaba a Ash a participar en la liga Sinnoh como asesor, al mismo tiempo, que solicitaba la cooperación de la chica para implementar en la región, los Espectáculos Pokémon.
Dejó el sobre encima de la mesa, extrañada de su contenido, y deseosa de recibir alguna explicación que calmara todas las dudas que rondaban por su mente, sobre todo esa, que ponía en duda si se trataba de una oportunidad para borrar esos siete meses que fueron su infierno, o, el comienzo de uno nuevo, que acabaría con todo lo que realmente le importaba… Ella. Ya que, no creía, no podía aceptar que fuera el mismo Lance, quien tanto la odiaba, y por quien sentía lo mismo, el ser que le ofreciera la oportunidad de un nuevo comienzo. Una duda que al reloj marcar las seis de la tarde, quedó disipada… Transformándose en la realidad en que giraría su vida.
Y ahora, ambos se encontraban, dos meses después de dicha tarde, sentados en el suelo como chiquillos, riendo de cualquier babosada que su boca pudiera expresar, charlando de lo que esperaban de la región, de las maravillas que les brindaba y de cómo podían aprovecharla, juntos, complementándose como no lo habían hecho en Kalos. El estrés había quedado abandonado y su complicidad como pareja aumentó, así lo sentía… O al menos, así creía que era; al final, Serena se dio cuenta, que si bien, Ash no la amaba, haría cualquier cosa para mantener el juramento que decretó frente a sus familias un año atrás… Él haría cualquier cosa por verla feliz, y ella aprovecharía eso al máximo.
Lamentablemente, ella no era consciente de lo que pasaba por la mente del chico… No se daba cuenta, que precisamente en esos instantes, él se replanteaba cada decisión que había tomado, porque si… Él veía como ella era feliz, pero, en lo más profundo de su ser, le dolía que ella no se diera cuenta, la felicidad debía ser para los dos… Y que, por más que él lo intentaba, realmente, a su lado, aprendió lo que era fingir… Lo que era mentir… Lo que era no sentir una verdadera alegría.
La suave brisa que se colaba por la ventana, escondió el amargado suspiro que su boca pronunció, mientras su mano, con discreción, limpiaba aquella solitaria lágrima que recorría su mejilla, anunciando la llegada de muchas más. Su pausada respiración acompañaba el movimiento que emitían sus ojos, recorriendo esas paredes que tantos sueños albergaron, y que ahora se encontraban vacías, de igual manera en que lo estaba su corazón. Giro una última vez sobre sus talones, abarcando con totalidad esa habitación que abandonaba, guardando en su memoria, cada hermoso evento que vivió en la misma… Despidiéndose como si de una vieja amiga se tratará.
Salió de la habitación, procurando no hacer ruido alguno, que despertara a los fantasmas que ahí habitaban, para después cerrar la puerta con llave y seguir su camino, sin regresar la vista… Sin mirar atrás. Sus pasos eran acelerados, como si alguien estuviera tras ella, como si la nostalgia y la melancolía tuvieran el único objetivo de no dejarla tranquila, haciéndola sentir que su vida era efímera y su tristeza eterna. Pero, al salir de su hogar, el aire golpeó su rostro de tal manera, que por primera vez, después de meses de sufrimiento, sintió había un pequeño rayo de esperanza para volver a vivir… O a valorar la vida, como en un año no lo hacía.
Subió al auto que esperaba frente al porche del gimnasio, sin pronunciar palabra alguna, recargando su cabeza sobre el sillón, perdiéndose en los recuerdos, aferrándose a esa libertad que creía obtendría tras la extrema decisión que había tomado. Cerró los ojos, dejándose arrastrar en el mar de imágenes que reconstruyeron lo que habían sido sus días tras ese fatídico día, ese que marcó su corazón, como nada lo había hecho y como nunca creyó que pasaría… Ese día en el que entendió, lo peor de la vida, no era la muerte, sino vivir deseando que está llegara.
Sus memorias de aquella noche eran difusas, de hecho, no eran nada comparadas con eso que le platicaron, sucedió. Su mente, se bloqueó por completo y su cuerpo durmió hasta que fue necesario despertar… Y al hacerlo, se dio cuenta que sólo pasaron un par de horas desde que los brazos de Gary cargaron con su dolor, desde que fue necesario sedarla para que su mente no colapsara de desesperación… Un par de horas que debió estar despierta, para darse cuenta que todo era real… Y no haber despertado, creyéndose en su cama, con un aparato que mostraba las pequeñas exhalaciones de Adab.
Y una vez, que la ubicaron en su realidad, se dio cuenta que afuera todo estaba mal, que nadie la creía capaz de recobrar la conciencia y hacerse responsable de su inminente perdida, mas, todos estaban equivocados, porque sí, estaba al borde de la locura, pero aún podía mantenerse de pie, mientras supiera que futuro deseaba para su bebé… Porque nadie de los que estaban afuera de su habitación, cargaba con el mismo dolor que ella, nadie era la persona indicada para recibir cada indicación que murmuraban los médicos… Porque al final de cuentas, sólo ella era quien decidiría sobre qué hacer con el niño que descansaba bajo unas sábanas… Su hijo. Ya después pensaría en que sería de ella.
La preparación del funeral la organizó ella, claro, con ayuda de Gary y sus hermanas, pero siendo ella quien tomó cada decisión, no dejando que el dolor la matara hasta que su hijo pudiera descansar en paz… Y hasta que el padre del mismo supiera la verdad. Esa noche, marcó al número que alguna vez Lance le proporcionó, con la intención de que Ash supiera la verdad, ese número que guardo por orgullo, pero, sobre todo cobardía… Lamentablemente, el arrepentimiento y el enojo la embriagaron cuando al otro lado de la línea descolgaron el teléfono… Repitiendo esa historia, que pensaba contar a Adab cuando preguntara por su papá… Serena, fue quien contestó…
La impotencia se apoderó de su cuerpo y las lágrimas brotaron sin ningún permiso, impidiendo pronunciar alguna palabra comprensible, generando con esto, burla de esa chica a la que en algún momento odio, pero la que después, lo único que causo en su sentir era lástima. Su corazón no pudo soportar más esa voz que auguraba alegría y colgó el teléfono, decepcionada por no hablar con él y enojada por haber esperado demasiado tiempo, un tiempo que jamás iba a regresar y que, al avanzar, ya no tendría caso, hablar.
Esos días fueron más rápidos de lo que hubiera deseado, ya que tantas cosas la distraían, la ausentaban de pensar en lo que sentía, de saber que sería de su futuro y de descubrir que era la soledad, después de vivir rodeada de alegría, de despertar viendo la más hermosa de las sonrisas, de con una sola respiración sentirse la mujer más afortunada. Después de que Adab fuera incinerado, la noche cubrió su vida, lamentablemente era una noche sin estrellas, una noche que nunca vio el amanecer… Toda la fortaleza que mostró en el funeral, se terminó al llegar a su habitación y ver que todo seguía exactamente igual, menos él, ahí, en su cuna.
Así pasaron seis, donde nadie fue capaz de enseñarle el camino hacia la luz… En los que ella se encerró en su mundo, hasta que simple y sencillamente ya no pudo… Y gracias a Gary, podía decir que estaba ahí… En esos meses, se acostaba todas las noches a llorar, murmurando a los cielos, su desesperación por volver a ver a su pequeño, por haber sido ella quien muriera y no él… Ingirió una gran cantidad de pastillas… Despertó en los brazos de Gary, quien con ojeras y ojos rojos, la regresó a la tierra… La regresó a algo más que sentir desesperación… A sentir que alguien no sería feliz si ella dejaba de existir… Fue ahí cuando comprendió que no se podía dejar vencer… Que a pesar de todo, a su hijo le gustaría que ella viviera, porque así sería la forma en que estuvieran juntos…
El auto se detuvo de golpe, devolviéndola al momento actual… A la entrada del aeropuerto, donde tomaría el vuelo que la llevaría a una nueva vida… El chofer de taxi bajó sus maletas para que así el vallet las llevara a su sala de abordaje… Misty fue caminando por los pasillos de aeropuerto, observando la gente que se encontraba a su alrededor, que iban desde señores por viajes de negocios, hasta familias felices, que se daban una merecidas vacaciones… La melancolía invadió su cuerpo, haciéndola sentir ansiosa por descubrir si su decisión de abandonar Kanto era la correcta y triste, por saber que al hacerlo dejaría a sus hermanas, a Luke, a Brock… A Gary… A su familia; pero, al mismo tiempo, orgullosa de que tras meses de terapia por fin tenía una idea que la ayudarían a sanar su alma, que la alejaría de los malos pensamientos que aún la perseguían al dormir.
-¿Creías que sólo con un "les avisare cuando llegue" te podrías ir?- Asombrada giró la mirada, no esperaba encontrar a nadie en el aeropuerto, pues, a nadie le informó cuando saldría su avión… Así que verlo ahí, sonriendo, le brindó la fuerza necesaria para responderle a su sonrisa… Para saber que aunque se iba, siempre tendría una familia con quien regresar- Tengo que confesarte que no quiero que te vayas… Pero sería egoísta de mi parte pedirte que te quedes… Sólo prométeme, que vas a ser feliz… Y que a pesar de que los recuerdos te invadan… Vivirás- Sus ojos se llenaron de lágrimas, que brotaron para ser limpiadas por las manos de ese hombre que la sostenía en cada caída… Desde que la llevó al hospital para dar a luz hasta que la llevó al mismo lugar para que le limpiaran su estómago de tanto medicamento que ingirió.
Sus brazos actuaron con inercia, rodeando el cuerpo del hombre, aferrándose al calor que le brindaba, aspirando el aroma que le recordaba el sentirse en casa, en sentirse en familia… Su abrazo fue correspondido con gran pasión, tristeza y firmeza, que hizo sus piernas temblaran, que hizo los sentimientos que enterró al dejar ir a Adab regresaran, esos sentimientos que le indicaban tal vez él, pudiera ser el hombre de su vida… Tal vez él, la hiciera creer nuevamente en el amor… Esos sentimientos que la ponían entre la espada y la pared.
-Así como yo te prometo que viviré… Tú prométeme que, no me esperaras… Que si ves que no regresó… No me esperes, busca la felicidad en alguien más… En alguien que no cargue el peso que yo llevó encima… Tú también tienes que prometerme que vivirás… Pero si no tardó… Búscame, estaré lista para ti.- Misty tomó su bolsa al oír anunciar su vuelo… Sólo, que antes de girar sobre sus talones, abandonando su vida en Kanto, se armó de valor y le besó los labios como no lo había hecho jamás…- Te quiero, Gary- Así tomó rumbo a Sinnoh.
Caminos paralelos
-¡Embestida!...- Corsola corrió en cuestión de segundos alrededor del campo de batalla, sorprendiendo con su ataque a Golem, el Pokémon rival. Misty, sonrió hacía sus adentros, sintiéndose orgullosa del trabajo que mostraba su amigo, a pesar, de la poca actividad de lucha que había tenido en los últimos meses… Y, sin darse cuenta, el aroma que impregnaba el campo la transportó a esos días, que en su momento, llegó a odiar, y ahora extrañaba con el peso que conllevaba la nostalgia… Estar ahí, de pie, ideando estrategias para el desarrollo de sus Pokémon, le hacía sentir una pequeña parte de lo que fue y ya no era.
-¡Golem!- Tras la cortina de humo que se formó debido al ataque de Corsola, se mostró que su contrincante yacía en el suelo, sin esperanza alguna de defenderse, señalando la victoria de la pelirroja, quien con gusto regresó a Corsola a su pokébola, agradeciéndole seguir a su lado, a pesar de no dedicarse más a las batallas, a menos, que fueran como la concluida, a las que recurría cuando algún chico le rogaba ayudarlo a probarse y saberse capaz de iniciar una aventura, o donde ella las necesitaba con urgencia, para sentirse parte del mundo que dejó, para mantener su mente distraída de sus obligaciones…La chica con la que había combatido, guardaba a Golem, mientras se consolaba, causando que Misty se acercara a ella, brindándole la fuerza necesaria para tomar una derrota como el mejor aprendizaje que podría obtener, viéndola marchar como a cada uno de los chicos que cruzaron las puertas del Gimnasio Celeste.
-Eres muy buena… No entiendo que es lo que una chica como tú, hace en un lugar como este… Deberías estar en lo más alto de la liga Pokémon- Misty volteó, dando una sonrisa, a esa voz que con el paso de los meses llegó a conocer, como si de Daisy se tratará; a sus espaldas, se encontraba una chica de su edad, observándola con intriga, como lo hacía desde que la conoció, una mirada, que en un principio incomodaba a la pelirroja y que en la actualidad, le brindaban la fuerza necesaria para saber que tenía a alguien en quien confiar. Tomó asiento junto a la líder, quien reposaba en el piso, al borde del campo de batalla, manteniendo esa sonrisa, que lentamente iba resurgiendo en su día a día- Has estado aquí seis meses, y créeme, no eres la misma de cuando llegaste, hay días, como hoy, que tu sonrisa atraviesa tus ojos… Cada vez te noto más feliz.
-Si lo dices así, suena muy deprimente…Es como decir… "La felicidad de Misty depende de las personas que mueren"- Mía sonrió al escuchar las palabras de Misty, alegrándose de ser ella, una de las pocas personas, en presenciar el cambio de la pelirroja… Recordaba el día que la había conocido y definitivamente, quedaba muy poco de esa chica de estoico rostro, mirada perdida y latente sufrimiento… Ese día, que, comparándolo con el momento que estaban viviendo, se sentía lejano, como si no fueran seis meses los que las alejaban de esa fecha...- Y créeme que si soy feliz, no es gracias a su sufrimiento… ¡No quiero que haya malentendidos!
-Sabes que a mí me puedes decir la verdad… ¡Tu secreto está a salvo!... Di que disfrutas ver la agonía de las personas… Sobre todo de esos chicos que tratan de entablar una conversación contigo, mientras aguantan las ganas de desmayarse- Ambas comenzaron a reír sin desacató, recordando que en la mañana, un chico pidió un autógrafo a la líder, encontrándose al borde del colapso por tener tal belleza ante sus ojos- ¿Quién iba a pensar que, a pesar, del poco tiempo que nos conocemos, te convertirías en mi mejor amiga?...
-Seguramente nadie, digo, cuando llegue aquí, llegue con la idea de sólo enfocarme en el trabajo… Y resultó que el trabajo me apasiona más de lo que pensaba y encontré gente mucho mejor de la que había conocido con anterioridad…- Misty suspiro, rememorando ciertas partes de su vida en esos seis meses, en especial, el día en que Mía llegó a su vida… Fue la primera persona fuera de su ámbito laboral con quien entabló una conversación, que distará de hablar del manejo de una máquina… Mía fue, en un principio, su paciente, ahora, su mejor amiga… Bajo la mirada, revisando el reloj que lucía su muñeca, dándose cuenta que había acabado la hora de su descanso y que era momento de regresar al hospital- Te veo mañana Mía… Gracias por prestarme tu campo….
-Querrás decir intento de campo… ¡Se hace lo que se puede!... Aunque… Ahora que tengo una amiga que se codea con Lance, quizá me haga el favor de pedirle que a este pequeño pueblo, le den un lugar de entrenamiento decente- Misty sonrío, de manera incomoda, ante el comentario de Mía, sintiendo el peso de la culpa sobre sus hombros, ya que, al momento de partir, dejó de escuchar palabras que mucha gente pensaba, le proporcionaban un consejo amigo… Entre ellas, las de Lance quien insistía en su reencuentro con el ahora casado Ash Ketchum. Tal vez, su comunicación era constante, el único problema… Es que ella jamás le había dado su ubicación.
-Claro, en cuanto sepa que vivo aquí, le pido con todo gusto que, si bien, no sea un gimnasio, al menos algo donde los chicos puedan entrenar para salir a su aventura…- Ambas sonrieron, despidiéndose a través de un abrazo, en el que se mostraba la intensidad de sus sentimientos, sintiéndose temerosas de que ese abrazo, fuera el último que pudieran darse alguna vez… Lentamente, Misty se acercó al oído de Mía, quien extrañada, espero con ansias saber que secreto la pelirroja le pudiera contar- Un pajarito me ha contado que… Tal vez, en una ciudad próxima, haya alguien dispuestoa compartir un poco de sus conocimientos…- Alejándose de Mía, quien sorprendida y sin tiempo alguno de preguntar más, Misty comenzó a caminar por las calles de su nuevo hogar… Hojaverde. Lo que era irónico, ya que, de no haber sido por Luke, jamás hubiera descubierto la existencia de ese sitio.
Antes de saber que su vida ya no estaba en Kanto, Luke le platicó con emoción un proyecto que se estaba llevando a cabo en dicho pueblo, uno que tenía como objetivo ayudar a la gente que no vivía en las grandes metrópolis y que viajar hacía ellas, les constituía una gran inversión económica que en su mayoría no poseían. La creación de un hospital para gente de bajos recursos… Por eso, al estar frente a la pantalla del aeropuerto, no dudó un segundo, en decidir cuál sería su destino… Aunándose a los papeles que Luke le proporcionó, para que ingresara a trabajar en el hospital.
Sin embargo, al bajar del avión y recorrer las grandes ciudades de Sinnoh, hasta llegar a mencionada región, su mente mantenía un objetivo claro; enfocarse en cuerpo y alma a ese hospital… Lugar, donde comenzó trabajando con el deseo de honrar la memoria de su hijo, de hacer algo con todos esos estudios que tomó para el bienestar de alguien a quien no pudo salvar, sin embargo, su vocación cambio, al descubrir que los sentimientos, el humor, eran un factor importante, para vivir bien, aunque fuera poco tiempo… Al cabo de un mes, se dio cuenta que, más allá de la motivación que el recuerdo de Adab le daba, su verdadera motivación, era descubrir una sonrisa en el rostro de sus pacientes… Y que un "gracias" era el regalo que le hacía despertar cada mañana…
El aire golpeaba su rostro, jugando con su rojo cabello, haciéndolo volar, dándole una belleza que sobrepasaba por completo, al baile que brindaban las hojas de los árboles al caer. Su andar era constante, seguro y más rápido de alguien que sólo quisiera pasear; aún tenía tiempo de llegar al hospital… El caminar por esas calles, se estaba convirtiendo en uno de sus pasatiempos favoritos, pues, le generaba una agradable sensación de integración, de que poco a poco, sus sentimientos se adaptaban a ese tranquilo sitio, comenzando su a sentirse parte de ese cachito de mundo…
La gente a su alrededor, la saludaba con veneración, con alegría y eso, le hacía sentir especial, porque ahí, no la reconocían como una potencial contrincante a vencer, ahí la veían como la chica, de extraordinaria belleza, que vestía pantalones y grandes sudaderas, cuyo único placer en la vida, era ayudar a que la gente fuera feliz… En esos seis meses, descubrió cosas de ella misma, que ni siquiera observó en el gimnasio, quizá, por el ritmo en que se manejaba la ciudad… O, tal vez, porque nunca quiso dar a relucir esa parte de ella, que se reservaba para las noches en donde los sueños eran su compañía más hermosa, hasta antes de Adab.
En Hojaverde, supo, que su momento preferido del día, era ver el sol ocultarse para dar paso a las estrellas, que el té, era su bebida predilecta y que le acompañaba en sus momentos más pesados y melancólicos; que las historias de amor, realmente no era sus favoritas y que un hogar, no era la casa en donde se vivía, un hogar era aquel sitio, donde permanecía el corazón… Así, como también, reafirmo a su mente y a su corazón, que todavía no estaba preparada para regresar al brutal campo del amor, pero, que cabía la menor posibilidad de que el amor para su vida, aún existiera… Solamente, no se detendría a pensar en ello, dejando que la vida le trajera otra sorpresa, como lo venía haciendo desde que Ash regresó a su vida.
Le faltaba una cuadra para llegar al hospital, cuando sus pies se detuvieron de manera abrupta, causando perdiera el equilibrio, y su peso la arrastrara a caer en el piso, mas, el golpe que predijo nunca llegó, pues un par de manos detuvieron su caída, encerrándola en un incómodo abrazo, cuyo único fin, fue rescatarla de un inminente golpe… Sin embargo, al separarse, sus miradas hicieron una conexión, que raramente se veía en el mundo real, mientras un escalofrió recorría su espina dorsal; Misty, soltó un ruido de exclamación, que encajaba a la perfección con la sorpresa que reflejaban sus ojos y sin pensarlo, regresó a los brazos, de aquel chico, que le sonreía con devoción…
-Supongo que fue la casualidad la que hizo que te encontrara… Siendo que tú, eras a quien tanto buscaba- Misty sonrío, aun aferrada al cuerpo del joven, quien devolvía su abrazo, con más entusiasmo del que reflejaba la chica… En ambos, se notaba una felicidad que pocas veces se atribuye a la suerte, era una alegría, que sólo se desencadenaba, cuando se sabía algo iba a suceder, lo malo era que no sabía cuándo llegaría. Lentamente, Misty se separó del chico, para observarlo de pies a cabeza, asegurándose que él, era real y que por fin, había alguien en ese lugar, que conociera el verdadero motivo por el que estaba ahí… Alguien a quien no tendría que ocultar las lágrimas que aún en las noches se asomaban por su rostro.
-Supongo que sí…Si me hubiera avisado, yo te hubiera esperado en el aeropuerto… No hubieras buscado y yo no estaría sorprendida… Pero, no me avisaste…-El chico no pudo disimular una espléndida sonrisa, que reflejaba con exactitud, su asombro y felicidad, por encontrar a la chica en un mejor estado, del que la había visto marchar… A su manera de mirar… La vio igual de hermosa que el día en que la conoció- ¿Querías que fuera sorpresa, Luke?- Misty sonreía, feliz de ver frente a ella a ese chico que le día una esperanza, quien le dio la pauta para comenzar de nuevo… Así que no le molestaba que fuera sorpresa… Porque era algo que había estado esperando… Sin embargo, si no se hubiera concentrado en ver hacía su futuro, tal vez, hubiera volteado… Descubriendo que Lance, sabía dónde estaba… Haciendo lo imposible para juntarla con su pasado.
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-Serena… ¡Serena!... ¡Apúrate o llegaremos tarde!- La voz de Ash, retumbaba por toda la habitación, crispando los nervios de Serena, quien bufó con fastidio, molesta de lo agitado que se había vuelto su andar en Sinnoh; apurada guardó las cosas que necesitaba para su viaje, a pesar, de ser una salida de ida y vuelta… Mas, al voltear, un pequeño aparato se atravesó con su mirada, llenándola de un nerviosismo, que sólo había sentido, el día de su boda. De repente, la puerta del baño se abrió mostrando al entrenador con cara de apuro, asustándola en el proceso y llevándola a guardar aquel aparato, alejándolo de la vista de su marido.
-¡Listo!... ¡Vámonos!- Ash, sintió como Serena rozó su mano al abandonar el baño de la habitación, fingiendo no haberse dado cuenta, del apuro con que ella guardó las cosas que se encontraban encima del lavabo, acunando una extrema curiosidad, ante el secretismo que mantenía su esposa. Sin embargo, sus compromisos le alejaban de sus dotes de inspector, más adelante, tendría tiempo de saber que ocurría entre las paredes de su casa; por lo que, tomó aire y salió de su hogar, donde un coche ya aguardaba por su presencia.
No sabía por qué, pero, se sentía retraído, como si una nube de melancolía se hubiera cernido sobre su pensar, estaba cansado, lo sabía, mas eso, no era lo que lo afectaba, eran tantas cosas, que no se daba cuenta cual era la esencia de su malestar; llevaba ocho meses viviendo en Ciudad Jubileo, donde su estadía fue tranquila por al menos unos cinco meses, sólo que la liga empezó a cambiar su estructura, cuyos cambios consistían en crear sitios de entrenamiento en los pueblos que no contaban con gimnasio, ocupando los conocimientos que él pudiera brindar, para cumplir con su objetivo, haciéndolo viajar por distintos sitios en la región… En ese momento iba precisamente a uno de ellos.
Era el segundo pueblo que visitaba, y el primero junto a su mujer, a la cual, él bien sabía no le causaba ninguna gracia, ya que la vida de ella estaba en la metrópoli, donde su desempeño como modelo surgía como espuma, por su gran belleza y el gran carisma que desempeñaba ante las pantallas, aunque a veces se le olvidara al entraba a casa, sobre todo, cuando Pikachu era el único que se encontraba en casa y no se detenía en recibirla. Más, él realmente disfrutaba lo que hacía, y agradecía por completo a Lance la oportunidad que le brindaba, y la confianza que ponía en sus hombros, una que nunca traicionaría, aunque eso trajera como perjuicio, los gestos que su mujer hacía a la ventana.
El silencio abrumaba la atmosfera del auto, tanto que el conductor decidió mantener bajo perfil y no pedir el autógrafo que tanto deseaba; en el retrovisor, observaba como la pareja, se enfocaba en lo que mostraba el lado de su ventana, mientras tan poderoso Pokémon, sólo contemplaba el piso… Definitivamente lo que el conductor veía, distaba mucho de ser lo que las pantallas capturaban. Ash suspiro por lo bajo, pensando en algún tema que lo ayudara a plantear una conversación en la parte trasera del auto, sin embargo, nada llegaba a su mente, y no por temor al enojo de su esposa, el cual apareció de un momento a otro, cuando vio que él no le abría la puerta del coche, sino porque ella lucía perdida, como si ella fuera la que necesitara el espacio, que él alguna vez necesito.
Su viaje era retornable, sólo consistía en revisar la condición en que se encontraba ese espacio, donde los pequeños niños descubrían sus habilidades y si realmente su camino era ser entrenador, o coordinador, o algo más, para después informarlo a la liga y que ésta comenzará a trabajar en su remodelación, un trabajo que él sólo se encargaría de revisar, cuando el sitio ya estuviera a iniciar su funcionamiento. Así, que en un arranque de efímera alegría días atrás, invitó a su mujer a acompañarlo, sin llegar a imaginar, que la noche anterior, el humor de ambos cambiaría, para encontrarse en un viaje que ninguno quisiera realizar.
Discretamente volteó para mirar a su esposa, encontrándola perdida en el flujo que mostraban las hojas al caer, con un gesto, que no era melancólico, sino que expresaba unas inmensas ganas de que ese día terminara… Y al verla, comprendió que jamás podría entenderla y que no era el sitio lo que la perturbaba, era ella. Cuando le dijo que dejarían Kalos, ella se mostró dispuesta a hacer lo que fuera para regresar a lo días felices y lo hizo, porque Sinnoh, les devolvió mucha de la felicidad que habían perdido, pero… Esa felicidad era tan voluble, que muchas veces pasaba desapercibida… Su matrimonio distaba de ser perfecto, sí, mas no tan diferente del de los demás… Al verla, aceptó que aquella persona a la que tanto defendió, era igual a muchas otras, con un demonio en su interior.
-Ash…- Sintiendo la mirada de su esposo sobre ella, Serena volteó, encontrándolo observándola absorto, pero no como lo haría alguien enamorarlo, sino, como alguien que la considerada como un peso demás, haciéndola sentir culpable por su humor… Solamente, que él no sabía porque de la misma… Ni siquiera ella lo sabía, sólo sabía que, tal vez, esa noche su vida daría un giro de ciento ochenta grados… Trató de sonreír a su marido, y animarse, armándose de valor para disfrutar el viaje y tomarlo como una salida conyugal… Y, por raro que pareciera, demostrarle a Ash, que no era fastidio lo que cargaba su rostro, era más bien, incertidumbre y terror- ¿Es bonito el sitio a dónde vamos?... Bueno, debe serlo… Todo aquí debe ser muy bonito…
-No lo sé, pero, sí… Recuerdo que cuando viaje, lo era, pero todo está tan cambiado… Que vuelve a sorprenderme… Es como volver a conocer de nuevo la región…- No supo en que momento sonrió, pero la chica ante él lo hacía, y se mostraba más alegre que cuando salieron… Ese era el momento que estaba esperando, esa alegría que si no la aprovechaba, desaparecía, por lo que confiado, tomó la mano de la chica y continuaron su viaje, charlando de algunos de los tantos recuerdos que Ash albergaba de cuando había viajado junto a Dawn y Brock, asombrado de descubrir a la chica manteniendo una atención que había perdido al siempre oír hablarle de lo mismo.
Pikachu, oía con atención a su entrenador, sintiéndose conflictuado por la gama de sentimientos que mostraba… Sabía que Ash, ahí era más feliz que en Kalos, más activo y con más energía, pero, lo conocía y eso para él no era suficiente, nunca sería suficiente… Sabía que su entrenador, necesitaba mucho más, en su vida personal, porque lo laboral, era precisamente lo que él siempre había sido. Mas, con el transcurso de los meses, decidió que el no influiría ya, que sólo se concentraría en apoyarlo, sin expresar opinión alguna, sin decirle, que el cariño que sentía por Serena, no era el amor que aún guardaba con Misty… Conformándose con molestar un poco a la modelo, lo único que para él lo acercaba a su felicidad.
El auto se detuvo tras una hora de viaje, lo que dictaminó habían llegado a su destino; por lo que bajaron del auto y se encaminaron a recorrer una hermosas calles cubiertas de hojas secas. Ash entrelazó sus dedos en los de su mujer, arrastrándola a disfrutar los aromas que emanaba el ambiente, hasta que uno, en particular, llamó su atención, regresándolo a la burbuja que lo rodeaba desde que dio inicio ese día… No recordaba que el mar se encontrara tan cerca, y menos, que esa fragancia que tanto se empeñaba a olvidar, regresara de manera abrupta, sin aviso alguno… No esperaba que después de tanto tiempo y de encontrarse en esa etapa de su matrimonio, Misty, resurgiera desde lo más profundo de su memoria.
-¿Así como luce el pueblo en tus recuerdos?... ¿Ash?- La voz de Serena retumbó por las paredes de su cráneo, trayéndole de vuelta a la realidad, donde ya sobrepasaba los veinte años, y sobre todo, en la que un anillo descansaba en su dedo índice… Reafirmándole que muchos de sus recuerdos eran pasados, y que una chica a su lado, quería formar muchos nuevos, que algún día ambos pudieran compartir… Después de todo, sabía que un matrimonio era de dos, y que por muy desagradable que pudiera ser en algunas ocasiones la actitud de la chica, muchos otros le hacía sonreír como si no hubiera un mañana… Y si ella ponía de su parte, él como siempre, también lo haría… Algún día podría decir que su matrimonio, era la mejor decisión que había tomado… Para eso, primero, tenía que olvidar la conexión que existía entre el mar y su corazón…
-Ha cambiado mucho… Pero, ¿A quién no le viene bien un cambio?... Es más nuevo y más encantador… Espero esté gustándote- Sus pasos eran calmados, sin preocuparse de perderse, pues un pokedex los guiaba hasta el lugar que Lance le había indicado… La gente los veía pasar, sin detenerse a reconocerlos, para ellos eran únicamente un chico y una chica, que lucían acoplándose, mostrando un cariño especial, de esos que gritan va más allá de un simple querer, pero aún no roza al amor… Tomados de la mano, con la chica recargándose en el brazo del chico, dejándose acariciar por la suave brisa del viento.
-Es muy lindo…- Serena detuvo sus palabras, contemplando su alrededor, viendo coma la gente pueblerina, pasaba de largo su belleza, encontrándola como otra chica más de lindas ropas, y no sabía cómo sentirse ante eso, ya que generalmente su belleza atraía masas, y ahora era ignorada… Al contacto de la mano de Ash, supo que no importaba su rostro, que él estaba junto a ella y eso era lo único que quería… Ya habría otro momento para lucirse, pues ese día… Era para ellos, de esos pocos en los que actuaban como lo hacían en sus sueños…- Gracias por traerme… Por hacerme parte de este mágico lugar…- Pikachu viró las orejas, al oír por primera vez de boca de la chica, palabras que contrajeran una verdad… Sin embargo, al hacerlo, sus orejas percibieron un sonido que le era familiar… Un sonido que lo hizo voltear… Dejándolo boquiabierto y en extrema perplejidad.
-Perdóname por mi actitud… Sólo que… En la mañana lucías… Enojada- Ash apretó su mano, mostrando sus sinceras disculpas, sin percatarse que el rostro de la chica perdía color alguno, componiendo la misma expresión que tenía en el auto… Recordándole aquello que su bolsa guardaba y que no podría contemplar hasta llegada en la noche, resguardada por las paredes de su hogar. El contacto que su esposo brindaba a su mano, impidió ver su ánimo decaer, planteándose, que no importaba lo que ese aparato dijera… Ese momento era de ambos y ninguna preocupación estaría delante de su felicidad.
-No… Estaba preocupada, es algo del trabajo… Pero, olvídalo… Disfrutemos que estamos aquí… Hagamos que este no sea sólo un viaje de trabajo… ¿De acuerdo?- Ash asintió resguardando en su mente aquellas dudas que aún mantenía sobre el secretismo que reflejaba su esposa, sobre todo, al escuchar que era algo del trabajo, ya que, en cuestiones de trabajo, ella jamás podría callar. Ambos ignoraron las punzadas de incertidumbre que surgían en sus pechos… Encaminándose al sitio al que tenían que ir…
Al avanzar, un escalofrío recorrió la espalda de Ash, y un sentimiento, alejó cualquiera que pudiera tener… Aquel aroma que lo inundó al llegar, se adhirió con mayor intensidad a sus fosas nasales… Creyó que el mar estaba cerca, pero, si hubiera volteado, sabría que no era así… Se hubiera percatado que a sus espaldas una chica de inefable belleza sonreía a un chico que él no conocía… Si hubiera volteado, quizás sus miradas se hubieran cruzado… Pero no lo hizo… Siguió caminando sintiéndola en su ser…
Sé que les he mentido muchas veces, pero esta vez es completamente seguro que el día 15 hay una nueva actualización! Así que esperenla...
Gracias a Andy por revisarlo
Gracias a todos por leer
Gracias por sus lindos comentarios
(Que por cierto espero aquí abajo)
Mislu.- Aquí esta la segunda temporada! Espero te guste mucho más! Gracias por leer!
Beruji.- Muchas gracias por leer! Veras que Serena sufrirá todo lo que ha hecho y Ash también estará muy arrepentido de sus decisiones!
Miss.- Gracias por todo! Y por ser mi más fiel seguidora! Fue un capítulo muy difícil de escribir porque es una reacción que no creo sea sólo un enojo, es más bien como una inmensa decepción... Y como dice, aún faltan muchas cosas por contar.
