PROHIBIDO PROHIBIR
REALIDAD
-Albus tenemos que hablar…-dijo intranquila. Él estaba sentado al lado de ella, habían pasado una tranquila tarde en la habitación de Rosie.
-¿de qué?-preocupo mirándola.
-del beso…
-Rosie….
-lamento… yo… esto no era parte del plan… tenemos que pararlo… yo…-estaba sonrojada, Albus pudo verlo, Rose estaba preocupada, pues empezaba a sentirlo ella también. Sonrió.
-no, no quiero.-ella abrió los ojos de golpe y lo miro confundida, había palidecido, él tomo con dulzura una de sus mejillas.-no quiero seguir actuando Rose, pero tú no lo quieres de otra forma… yo quiero que…
-¡no! Basta Albus, ¡cierra la boca!-dijo ella hiperventilando y levantándose de golpe.
-Rose, basta tú, no puedes seguir así…-suplico algo dolido, levantándose, tratando de alcanzarla, pero ella retrocedió por instinto.
-si, si puedo, fue una promesa…-dijo abrazándose a sí misma. Albus de nuevo trato de alcanzarla pero ella se alejó otra vez.-vete… por favor…-susurró mirando el suelo.
-Rosie... debes escuchar…
-no, por favor no Albus…-las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.
-¿por qué lloras?-preocupo el chico, tratando de alcanzarla, a tal punto de acorralarla contra la pared, ya que ella aun trataba de huir.-tú también lo sientes… tu…
-yo no lo quiero sentir Al… duele…-dijo ella, empujándolo. Él la abrazó. Ella se rindió en sus brazos.- no quiero…
-lo sé…-susurró él algo triste.-lo lamento.
-yo lo lamento, podrías estar con cualquier otra chica que si te quiera y en cambio estas aquí conmigo…-dijo rápidamente Rose, enterrando su rostro en el pecho de Albus.
-¿no me quieres Rosie?-preguntó aun en susurros. Todo dentro de él parecía a una palabra de romperse en mil pedazos.
-si te quiero Al…-susurro ella, apretando sus manos en la camisa de él.
-te quiero Rose…-le beso la frente con cariño mientras la apretaba contra él.
-Rox…-murmuro el rubio mirando a la hermosa pelirroja a su lado. Aún tenía en los hombros las marcas de sus dientes, haciéndolo sentir por un momento, que ella era de él y que siempre seria así. Acaricio con dulzura su cabello mientras ella abría los ojos. Después de todo, no entendía como habían llegado a ese punto. Ella le sonrió y le beso dulcemente los labios.
-dime Scorp…-sonrió cerca de él. Ella estaba acostada boca abajo, sosteniéndose por los codos, para alcanzar al chico, quien estaba sentado en la cama. La sabana le cubría la parte baja de la espalda y la cintura de él, su cabello pelirrojo caiga tranquilamente por su espalda hacia un costado. Sonrió al ver que él estaba aún despeinado, sonrojándose al ver las marcas de sus uñas en su pecho.
-realmente quiero que estés conmigo…-dijo acariciando la espalda de la chica con la yema de sus dedos-te quiero Rox…-ella se sonrojo y lo beso en los labios.
-te quiero Scorp…-susurro separándose de él, pero él la alcanzo y la beso de nuevo, bajando por su cuello.
-¿ya más tranquila?-pregunto la voz de Albus, habían llegado de nuevo a la cama, él la abrazaba por los hombros, ella estaba sobre su pecho, ya no lloraba, solo se dedicaba a mirar por la ventana.
-supongo… lo lamento Al…
-no te preocupes…-susurro él tranquilo, acariciando su rizado cabello.
-¿podemos… solamente seguir como hasta ahora?-Rosie estaba intranquila, no quería que Albus saliera de su vida.
-¿eso es lo que quieres?-él la miró, ella subió la mirada.
-sí, eso es lo que quiero.-le dijo aun con los ojos húmedos.
-entonces no tienes que pedirlo.-le dijo él serio, besando su frente de nuevo.
-gracias Al…
-no lo agradezcas Rosie…
Las vacaciones llegaron demasiado pronto, tanto para los adultos como para los chicos. Nadie estaba preparado para lo que venía. Harry esperaba por los chicos, ya que los Granger preparaban la fiesta de navidad con los señores Weasley y con los Malfoy. Draco había trabajado, junto con Theo. Daphne, Pansy y Ginny habían ido de compras de última hora dejando a los chicos en manos de Harry y Ron, claro que George y Angelina irían por la pequeña Roxanne. Nadie esperaba verla bajar de la mano de Scorpius Malfoy. Cuestión de tiempo… todos rogaban al cielo porque todo saliera bien. Harry y Ron llevaron a los Malfoy a casa, el niño que vivió esperaba ver a Albus besando a Rosie, pero solamente se despidieron con un abrazo, haciendo que se diera cuenta de que tal vez no era tan real como todos creían.
Astoria esperaba nerviosa en el despacho, Draco y ella llevaban apenas un par de minutos cuando los escucharon entrar. El rubio, por su parte, le rogaba a todo lo sagrado que todo saliera bien. Scorpius abrió la puerta y no le gusto la imagen que vio, sabía que algo no andaba bien.
-bienvenidos.-sonrió Draco alcanzando a sus hijos y abrazándolos, Astoria hizo lo mismo. Rose se soltó rápidamente de la rubia y miro a su padre en busca de una explicación.- espero hayan tenido buen viaje.
-dormí abrazada a Albus todo el camino.-sonrió altanera Rose, mirando la expresión de enfado en el rostro de su padre.
-bueno, tenemos que hablar de algunas cosas Rosie…-dijo su padre haciendo una seña para que todos tomaran asiento.- empecemos porque, he decidido casarme con Astoria.-algo dentro de la pequeña Malfoy se rompió, pero no dolió tanto, ya lo había visto venir. Scorpius estaba a punto de salir maldiciendo todo y a todos, pero se contuvo tensando la mandíbula.
-felicidades.-sonrió con falsa alegría Rosie, sorprendiendo a su hermano.
-gracias cariño.-sonrió Draco, sin darse cuenta.
-bueno… si es todo, debo enviarle una lechuza a Al…-dijo arqueando una ceja la pequeña castaña.
-no cariño, ese es otro punto.-Draco se tensó.-te quiero lejos de Albus Potter.
-¡¿qué?!-la pequeña se sonrojo poniéndose de pie.- ¡¿por qué?!
-porque no lo creo conveniente.-corto Draco.
-pues me niego, yo no creo conveniente que te cases con Astoria.-soltó en un tono bastante alto.-y aun así lo harás, así que seguiré con Albus.
-no Rose, no lo harás. Yo soy un adulto y tu una niña.
-¡no lo soy!-las lágrimas amenazaban con caer por sus mejillas.
-¡no insistas Rosie! Quiero a Albus lejos de ti.-soltó amenazante el hombre.
-¡quiero a Astoria fuera!-la chica estaba bastante roja, y una lagrima cayo por su mejilla derecha.
-¡Rosie baja la voz!-regaño Draco.
-¡no! Tú quieres que haga cosas que no quiero, y acepte a las personas que tú quieres, ¡¿por qué tú no aceptas a las personas que yo quiero?!-Rose, caminaba hacia la puerta.-no dejare a Albus solo porque no te agrada…-siseo tranquila mirando a su padre.
-¡Rose te prohíbo que salgas con Albus! Que seas su novia, que lo veas…
-¡no me puedes prohibir eso!
-si puedo, soy tu padre.
-no puedes, aunque seas mi papá, te lo voy a demostrar.-soltó ella saliendo por la puerta y dando un fuerte portazo.
Draco se pasó las manos por el cabello con frustración. Scorpius se puso de pie y camino hacia la puerta.
-felicidades papá-corto con frialdad, saliendo en silencio.
-todo estará bien…-susurro Astoria, abrazando a Draco.
-¿de qué demonios hablas Ginny?-Harry estaba sorprendido por las palabras de su mujer.
-ya lo oyeron, te prohíbo Albus que sigas con esa niña, si te llego a ver cerca de ella no volverás a Hogwarts y te educaremos en casa.- dijo tranquilamente la pelirroja. Ninguno de los Potter daba crédito a lo que oía, puesto que incluso Lily empezaba a aceptar la relación de su hermano.
-no puedes estar hablando enserio…-susurro James.
-hablo enserio.-cortó la mujer.
-mamá, es como si le prohibieras a James jugar quidditch-soltó con voz chillona Lily.
-no, es distinto, mantengo a salvo a mi hijo.
-Ginny ya te he dicho que Draco no le hará nada a Al…-señalo Harry, la mujer caminaba hacia la cocina seguida de los cuatro Potter.
-ya dije que no.
-está bien, aclaremos el punto mamá, no puedes simplemente prohibirme estar con alguien, es estúpidamente ridículo.-agrego molesto Albus, cruzando los brazos.-ahora bien, no me importa lo que digas o hagas, simplemente no terminaré por ella solo porque tú lo quieres. No me importa lo que venga.-termino molesto el chico, dio media vuelta y subió a encerrarse a su habitación.
Si, era estúpido, ridículo y tonto, el hecho de que Ginny y Draco quisieran imponerse a sus hijos adolescentes. Simplemente estaban logrando que se aferraran al sincero y débil sentimiento que había nacido. Rose tomó su capa, le había enviado un mensaje a Albus y lo vería en el callejón diagon, le había pedido a su abuelo Lucius que la llevara a tomar un helado con una amiga, sabía que él la recogería en un par de horas. Albus no tardó en llegar. Le sonrió ampliamente al verla. Rose le había contado en su lechuza lo sucedido, Albus le conto lo que ocurrió con su madre. La castaña no quería meter en problemas a Albus, pero como siempre, el ojiverde insistió en que no le importaba.
-¿Al?-dijo con un hilo de voz.
-dime Rose…-dijo tomando entre sus manos, las de ella, que estaban sobre la mesa.
-esto se siente demasiado real…-susurró, él beso el dorso de ambas manos de ella, mientras hablaba.
-así se siente, porque sabes que lo es Rosie…-sonrió el ojiverde.
-tengo miedo.
-confía en mí.-dijo él y la beso en los labios.
Rose dudo un momento antes de contestarle el beso, pero después se dejó llevar perdiéndose en él. Pasearon un rato más, ella se aferraba al brazo de Albus y ambos caminaban más decididos que nunca, sabían que no sería fácil, pero a partir de ahora, serian ellos dos, juntos contra el mundo entero, si el mundo entero se oponía.
Harry sonrió. Nunca supo cómo es que llego al punto indicado en el momento indicado. Había sido enviado por Ginny en busca de un regalo para Astoria, de casualidad, entro en la librería, encontrándose a una sonrojada Rose Malfoy que bromeaba con Albus, quien en un dulce gesto la beso, para después tomar otro libro y leer un par de párrafos y bromear con la chica de nuevo. El hombre los siguió discretamente un rato, cuidando de que nadie los viera, o almenas nadie que no los quisiera juntos. Pudo ver al mismo Lucius Malfoy sonreír, cuando también, de casualidad los vio juntos.
Para Lucius, ver a Rose con Albus era ver a Draco con Hermione, tan prohibido y exquisito que lo hizo querer apoyarlos esta vez, hacer lo que no hizo en un principio con su hijo. Se sentó en la heladería a esperarlos y converso un rato con la pareja, hasta que llegó el momento de despedirse, se ofreció a llevar a Albus a casa, pero entonces de alguna forma Harry llego y ambos Potter se fueron.
La pequeña Malfoy se sentía feliz de tener a su abuelo de su lado, se sentía como en un viejo cuento de hadas muggle, todo saldría bien al final. Su padre se daría cuenta del error que cometía con Astoria, ella y Albus podrían… ¿estar juntos? Sí, eso era lo que quería, estar con él muchos días como ese. Tendría su propio felices para siempre… a su manera y mientras respiraran, pero felices a fin de cuentas.
Por su parte, el camino a casa de los Potter fue, bastante revelador, Albus decidió contarle a su padre toda la verdad, el cómo había empezado todo el asunto y el punto en el que se encontraba su "relación".
-quiero entender que ya no actúan…-susurró Harry mirando preocupado a su hijo.
-supongo, pero no creo que este convencida, tiene miedo.-dijo encogiéndose de hombros.
-eso lo puedo entender.-sonrió con tristeza el hombre.
-¿crees que…-Al dudo un momento-lo logremos?
-si es lo que quieren estoy seguro que si.-le sonrió con ternura su padre.
Para Rosie, las vacaciones nunca habían sido tan incomodas, Astoria se había mudado a la mansión y encontrársela todo el tiempo no era algo que la pusiera de buen humor. La fiesta de navidad estaba cerca, y algo le decía que no sería tan bella como las pasadas navidades. Todos vendrían, los Nott, los Scamander, los Weasley y los Potter, llenando la mansión. Esperaba con ansias poder ver a Albus de nuevo, y estaba segura de que Scorpius moría por ver a Roxanne, aunque ellos dos si habían salido un par de veces, aunque ella estaba segura de que Scorpius aún no le había dicho a su padre con quien estaba saliendo. Bueno, todo empezaría, sería una divertida y complicada navidad para todos o al menos, Rose rogaba a todos los magos antiguos porque su padre no matara a Albus en plena cena…
