Hola, sigo yo con esta ridiculez de escribir dos fic al unísono, turnándome entre escribir un capítulo de "La estrella solitaria" y uno de este, de paso digo que los títulos fueron creados por Siletek, ella es mejor en eso que yo.

Mañanas de pensamientos

Fiddleford se despertó no entendiendo que estaba haciendo en el cuarto de huéspedes y tardo bastante en recordar el porqué de lo que estaba pasando.

El día anterior había sido más que caótico y le costaba creer por todos los cambios que había pasado, también le había servido para darse cuenta de muchas cosas en las que no se había parado a pensar, una de ellas era su relación con su familia, en especial con Ranger.

El pobre niño realmente no había tenido nada que ver y ahora tendría que enfrentarse a que sus padres se separaran.

El que Susan ya tuviera los papeles quería decir que ella ya estaba planeando superarse de él hacía ya bastante tiempo, cosa que le sorprendió, no sabía que fuera un esposo tan poco atento pero no era como para que terminara de la forma en la que estaba terminando.

Fue durante el desayuno que siguió pensando en Stanley, en lo complejo que era, como podía ser muy cariñoso cuando quería, cosa que no era siempre pero cuando lo era te derretía el corazón.

Había sido por eso que no había logrado terminar con él, cada vez que lo veía se enamoraba de vuelta pero siempre tenía la culpa de que lo que estaban haciendo no estaba bien, que no era algo que debían de estar haciendo y como debían de terminar.

Lo malo es que tenía que ir a trabajar y después ir a cabaña donde estaría la persona que había aprendido a amar pero también estaría el hermano de este, un hermano que estaba actuando muy sobreprotector de Stanley y eso podría llegar a arruinar una amistad que ya le era muy preciada, admiraba mucho a Stanford y no soportaría perderlo, ya estaba perdiendo bastante como para perder a sus dos amigos.

En el trabajo le costó concentrarse, cosa que le pareció gracioso a sus alumnos y preocupo a sus compañeros de trabajo, no era algo que pasara seguido, siendo conocido por lo concentrado que era.

Dudo su tenía que ir a la cabaña pero al final decidió que lo mejor era hacerlo, además de que iba a tener que hablar con Stanley con respecto a si podía quedarse a dormir en la cabaña.

En uno de sus descansos entre clases fue al baño a lavarse la cara y se miró en el espejo y de ser sincero no se veía muy diferente a como estaba antes de conocer a Stanley, así que no entendía como pudo haber cambiado tanto su vida, no se sentía diferente, era solamente que cuando lo veía sentía que se como nunca antes y que tenía que estar lo más cerca de él y no podía imaginarse como serían las cosas de no poder verlo, era demasiado para él.

El espejo no reflejaba nada de las cosas que había escuchado representaban a los maricones, estaba bien vestido, con un traje arreglado pero al cual no le había dedicado horas cuando se despertara y estaba más que seguro de no caminar como una mujer, por lo menos nadie se lo había dicho nunca, claro que ese no eran el tipo de cosas que las personas se dicen comúnmente pero de todas las cosas que su mujer, digo futura ex mujer se había quejado, esa no estaba.

Lamentablemente lo habían encontrado alguno de sus compañeros, haciendo que se tuviera que ir apresurado, avergonzado de lo que suponía había estado haciendo.

Nunca estuvo tan feliz de terminar de trabajar, solo le faltaba meterse en su auto e ir a la cabaña donde le contaría a la persona que es tan importante para él y al hermano de esta.

Fue durante el viaje que planeara como le iba a decir lo que le tenía que decir, el discurso tenía que ser perfecto, nada podía salir mal porque de hacerlo perdería a las dos personas que más le importaban, por razones diferentes pero eran las dos personas con las que se sentía más cómodo y con las que podía investigar las cosas que le interesaban, solo esperaba no haberlo arruinado.


El despertador sonó en el cuarto de Stanley y este no dudo en apagarlo de un golpe, esperaba haberlo apagado y no roto porque sería el tercer despertador que rompiera en la semana y esas cosas no eran para nada baratas y le daba bastante vergüenza ir a comprarlas porque la vendedora siempre se burlaba de como a pesar de su edad no era capaz de controlar su propia fuerza, que no era la única cosa que el boxeador no era capaz de controlar.

Había estado teniendo sueños nada inocentes con el ingeniero como protagonista y no ayudaba a lo que tenía que hacer, tenía que terminar con él, tenía que mostrar que tenía carácter que ya no era ese chico asustado del patio de recreos, ese al cual los bullys torturaban y él no sentía que podía hacer nada al respecto.

Con toda a decisión de mundo salió de la cama, se fue a poner presentable en el baño mientras que ensayaba lo que le iba a decir a Fiddleford, y nada de lo que dijera le parecía adecuado, todo era demasiado brusco y no quería herir los sentimientos del ingeniero porque estaba seguro que de hacerlo su hermano echaría a uno de los dos del grupo y no importaba a cuál de los dos echara, de las dos formas él iba a salir perdiendo.

Sin muchas ganas se fue a vestir, preparo su bolso con su muda de ropa para cambiarse después de hacer gimnasia.

Ese día fue uno de sus peores, su entrenador le estuvo gritando por no poder concentrarse y las mujeres que entrenaban cerca de él se rieron, lo bueno fue que todos pensaban que lo que le pasaba era que estaba pensando en su novia, esa hermosa que había conocido en el bar hacia ya bastante tiempo y con la que iba al bosque a "investigar". La verdad es que nunca había estado interesado en saber que era lo que los otros pensaban que este hacía con Madison, cosa que muy errados no estarían pero la verdad es que le gustaría poder hacer esas cosas con su Fiddy. Tuvo ganas de golpearse cuando pensara eso y lo peor era que lo había pensado en el vestuario, eso provocó que se burlaran de él. Cuanto más se burlarían de saber quién era realmente el que le provocaba esos momentos de quedarse pensativo, podrían hasta prohibirle que fuera al vestuario, seguramente pensando que les haría algo. Él había estado ya en la cárcel, él había visto algunas cosas que los maricones hacían a otros en las duchas y si no se lo habían hecho a él era porque siempre se había asegurado de tener la suficiente cantidad de cigarrillos o alguna cosa que le permitiera pagarse por lo menos un guardaespaldas.

Ya vestido fue al supermercado donde varias personas le felicitaron por su última pelea y hasta se llegó a cruzar con una madre que le estaba retando a su niño porque este estaba llorando porque quería algo, lo mano fue que cuando lo viera a Lee, esta lo señalara y dijera:

— Deberías ser más como este señor, no ves que él estuviera llorando como una mariquita, él es muy grande y fuerte y si quieres ser como él no puedes llorar — Lee hubiera querido huir pero lamentablemente estaba en la cola para ir a pagar y por ende atrapado.

Llegó a la casa con un humor de perros y de mala gana empezó a cocinar sabiendo que los dos nerds iban a llegar a la casa con hambre, mierda estaba actuando como una ama de casa.


La casa de los Pines se despertó como todos los días, con el llanto de Alex desde su cuarto queriendo que su mami lo fuera a ver, como todas las mañanas Helen iba a ver a su niño mientras que Ford se empezara a preparar para él día que tenía adelante.

Como este no era para nada bueno cocinando y nadie que lo conocía quería que tratara, este se limitó a hacer el café, cosa que según su hermano era algo que hasta un mono amaestrado podría hacer.

El pensar en su hermano era un tema delicado, lo amaba pero estaba haciendo algo que no era bueno para él y que le podría arruinar la vida.

Debió de tener una cara demasiado pensativa porque su esposa le dijo:

— Cuando veas a tu hermano trata de no ser demasiado duro con él, tu sabes cómo se pone cuando las personas le dicen algo que le hiere — había sido algo tonto, no estaba seguro pero pudo haber sido que un regalo que Lee le hiciera no le gustara pero se había ido en silencio y no le había vuelto a hablar por un largo rato.

— Conozco a Lee mejor de lo que me conozco a mi, sé lo sensible que puede llegar a ser y como le molesta que le digan que es sensible, es como llamarlo nerd — le parecía divertidas esas manías de su hermano.

— Trata de hablar con él, sin juzgarlo ni decirle que es lo que tiene que hacer y trata de no echar a tu amigo del grupo — estaba tratando de ser lo más calma posible y más teniendo en cuenta de que lo que estaba pasando era demasiado nuevo también para ella pero lo que menos quería era que su nueva familia se desquebrajara.

— Voy a hablar con él sin retarle — dijo como un alumno que recita su lección, para después darle un beso a su esposa, uno en la mejilla a su hijo e irse a la universidad.

— Te prometo tratar y no gritarle — dijo antes de irse, realmente esperaba que todo fuera bien.

El trabajaba en la misma universidad que Fiddleford pero en distintas facultades, por eso pudo ir a donde trabajaba y pudo ver lo nervioso que estaba, cosa que no le gustó para nada pero tendría ya tiempo después para preguntarle qué era lo que le pasaba.

Si tenía que ser sincero ninguno de los dos parecía cumplir con las cosas que se esperaban de los maricones, no eran afeminados ni les preocupaba de forma excesiva por la ropa, tampoco se negaban a hacer cosas muy masculinas y si bien Fiddleford no era fuerte, eso se debía a que se había dedicado mucho a lo académico pero la universidad estaba llena de ese tipo de personas y eso no los convertía en maricones, no los convertía en gays, tenía que acostumbrarse a usar esa palabra si no quería ofender a su hermano.

Volver a la cabaña fue una tortura, sabía que su hermano iba a estar ya ahí pero del que no estaba seguro que fuera era Fiddleford, puede que lo haya ofendido pero lo que había estado haciendo con su hermano había sido algo imperdonable, no importara lo bien que se quisiera llevar con ellos no le iba a perdonar que lo usara como amante, eso era demasiado.

Estaciono el auto donde siempre pero para variar se quedó unos segundos admirando la moto de su hermano, la cosa era realmente impresionante, había gastado la plata que guardaba para fianzas y por lo buena de la moto quería decir que esperaba gastar bastante en fianzas o quedar encarcelado bastante seguido.

Eso además le sirvió para juntar coraje, cosa que le hizo falta para animarse a entrar e ir a la cocina donde vio que su hermano estaba hablando con Fiddleford.

— Pensé que no vendrías — dijo sentándose y después saludar a su hermano, quién estaba mucho más tranquilo de lo que se esperaba.

— Claro que vine, tenemos mucho que hacer y la verdad es que tengo que hablar con los dos, es con respecto a mi esposa, ella me pidió el divorcio — eso sorprendió a los dos gemelos que no se habían esperado eso, por lo menos no tan rápido.

— ¿Ella te pidió a ti el divorcio? — preguntó Stanford a quien todo eso le parecía demasiado rápido como para ser creíble.

— Me acusó de ser un padre ausente y no cumplir con mis deberes maritales, por feo que suene me está dejando porque le dedique demasiado tiempo a mi trabajo — los dos gemelos se miraron sin saber que decir, el tema era delicado.

— ¿Qué vas a hacer ahora? Porque supongo que no te quedaras a vivir con Susan, menos ahora que estarán con los trámites del divorcio — dijo Lee que sentía bastante lastima por el ingeniero.

— Eso es otra cosa que necesitaba hablar con los dos — nervioso, pasándose la mano por el pelo, no sabiendo cómo decir lo que tenía ganas de decirles — iba a preguntarles si me podía quedar a vivir aquí, sé que no me lo merecería pero no tengo otro lugar donde ir y no creo que sea conveniente que me vaya a vivir a un hotel, eso sería mucho gasto —sabiendo que al mencionar lo del gasto iba a convencer a Stanley.

— Por mi no hay problema — dijo antes de que Stanford pudiera responder.

Este no queriendo discutir eso delante de Fiddleford, se lo llevo al cuarto más cercano donde iban a hablar.

— No sé si estar bien que estén los dos solo viviendo en esta casa, las personas pueden empezar a decir cosas — mirando a todos lados, cosa que ofendió a Lee.

— Sé que lo que estamos haciendo no te gusta pero no tienes que suponer que vamos a actuar como dos idiotas delante de todas las personas del pueblo, además estamos en el medio del bosque, nadie se puede enterar de lo que está pasando en esta casa a no ser que vengan y si eso pasa nos portaremos bien, además esta casa es tanto mía como es tuya — enojado por como su hermano lo estaba tratando e exigiendo respeto por parte de este.

— Esta bien se puede quedar pero no quiero que hagan nada raro delante de mí ni que lo hagan en ningún lugar que no sea tu cuarto, es más voy a hacer un mapa de los lugares en los que lo pueden hacer — dijo seriamente y por eso Lee no se atrevió a decir ningún chiste al respecto.

Después de eso fueron los tres a planear que era lo que iban a hacer a continuación, cosa que era muy importante para los tres, estaban decidiendo en ir a una cueva, una la cual Stanford había estado viendo en sus sueños y en la cual estaba seguro encontraría algo que sería demasiado raro, incluso para ese pueblo.

Esa sería la forma en la que se olvidarían de lo que estaba pasando, claro que para esa expedición Ford se iba a comprar una carpa para él, porque una cosa es aceptar la relación de ellos y otra es querer dormir en la misma carpa, corriendo el riesgo de que se pongan amorosos al lado suyo.

Como siempre mandó saludos a los que siempre me leen y a los que tal vez hayan venido a insultarme porque yo haya ido a insultar alguno de sus fics, cosa que hago en mi tiempo libre.

Elice Afrodita: Gracias que te haya gustado lo que escribo.

Te voy a ser sincera, yo soy lesbiana y por eso no podría ser homofóbica, es como que haya un judío que sea nazi, son dos cosas que no pueden pasar al mismo tiempo, tampoco los comunistas nazis pero eso es irnos por las ramas.

Trate de hacer la actitud de Ford lo más genuina que podía, además de que esta ofendido porque nadie se lo dijo y tuvo que hacer todo el plan con una máquina para enterarse.

Sé que me apure con lo del divorcio pero me estaba quedando sin ideas fijas de cómo llevar eso a cabo, cuando lo escribí tenía la mente bastante en blanco.

Espero que en este capítulo haya servido para que te des una idea de lo que sienten los personajes sobre su homosexualidad.

Slash Torrance: La actitud pasiva de Fiddleford se debe a que todo pasó muy rápido y no supo cómo reaccionar, no es que no ame a su hijo, lo ama mucho, es algo que ni el personaje loco de la serie parece haber perdido.

La verdad es que tengo planeados más problemas para el trio misterio y si, cuando Susan se entere, como decimos en Argentina "se va a armar la gorda", con armamento pesado.