Nota: Siento mucho el retraso en publicar este capítulo. Pero causas ajenas a mí me lo han impedido. Espero que lo comprendáis. Y muchas gracias por las reviews y por la gente que sigue esta historia. La verdad es que son vuestros comentarios los que me animan a seguir adelante con esto ;)
CAPÍTULO 10
- ¿Pero qué hemos hecho? – Elena no pudo ocultar su culpabilidad ante Damon. - ¡Esto no debería haber pasado! ¡Ha sido un error imperdonable!
- ¡Cálmate Elena! ¿Quieres? – El vampiro se sintió dolido ante la reacción de ella. Para él había sido la experiencia más maravillosa que había vivido jamás. – Ahora no me digas que te arrepientes cuando hace unos minutos me lo estabas suplicando.
Elena se ruborizó. Cierto es que había caído en una espiral peligrosa. Le había llevado tiempo admitir que deseaba a Damon de una forma intensa, pero no podía olvidar su amor por Stefan tan fácilmente.
- Esto no puede volver a ocurrir. ¿vale? – exclamó con rotundidad.
- ¿Qué pasa Elena? ¿Es que no vas a admitir por fin lo que ocurre entre nosotros? ¿Tan ciega estás para admitirlo? – Damon estaba exaltado, y eso no era nada bueno.
- ¡Quiero a Stefan! ¿Cuándo se te va a meter esto en tu cabeza?
- Eres una maldita mentirosa. Pero peor para ti, Elena. ¿Serás capaz de ocultar a mi hermanito lo que ha pasado hoy? ¿Y él? ¿Podrá perdonártelo algún día?
- Eres un estúpido. ¿Vas a ir a decírselo? ¡Adelante! ¡Ves y díselo! A mí me puede llegar a entender pero a ti... ¡Acabas de tirarte a la novia de tu hermano! No hay nada peor que eso.
- ¿Y desde cuándo me preocupo yo por estas cosas? – Damon esbozó una maléfica sonrisa. – Recuerda que a él no le importó en absoluto que quisiese a Katherine en el pasado. Ah! y ya sabes que tiene toda la eternidad para perdonarme.
Damon miró la hora en un reloj que había en la habitación.
- Son casi las 11. Es hora de irnos a ver a Stuart. – Damon se puso a caminar, y de repente se paró para dirigir una última frase a Elena.
- Por cierto. Si no te hubieras metido en mis planes nada de esto hubiese pasado. Así que la próxima vez te lo pensarás dos veces antes de joder mi estrategia, ¿ok?
- Te odio... – respondió Elena, furiosa.
- Pues dada la escenita de antes, no lo parece en absoluto.
Empezó a correr hacia él para pegarle con el bolso en la cabeza, pero los reflejos de Damon eran demasiado para ella. Estuvo a punto de tropezar, pero la cogió del brazo, y le siguió a regañadientes.
Elena se preguntó si Damon sería capaz de confesarle a Stefan lo sucedido. Sabía que había actuado mal, pero él no era quién para explicarle sus errores. Tenía que ser ella, y en el fondo de su corazón sabía que sus acciones no habían sido simplemente fruto de la fuerte atracción que sentía hacia el vampiro. Existía algo más entre ellos, y Stefan ya lo había vislumbrado en el pasado. Sería imposible recuperar su confianza cuando hace apenas unos meses le había prometido que solamente le quería a él. ¿Sólo a él? ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Cabía entonces la posibilidad de que sintiese algo más que atracción hacia Damon? Ni hablar. No podía permitirse semejante disparate. Damon era el hermano malo, el estúpido, impulsivo y sanguinario vampiro que había acechado a Mystic Falls y a cada uno de sus amigos con el fin de conseguir sus propósitos. Damon no era una buena persona, y Stefan sí. ¿Pero por qué se estaba hecha un tremendo lío? ¿Por qué su corazón se aceleraba cada vez que se acercaba a ella? ¿Y por qué sintió celos hacía un rato cuando coqueteaba con Carrie?. "Dios mío Stefan. Necesito verte. Sálvame de tu hermano, por favor" pensó para sus adentros, conociendo perfectamente que Stefan no debía ser su salvador. Tenía que ser ella misma la que controlase sus acciones, la que luchase contra la tentación y la mujer capaz de enfrentarse a Damon. "Nunca me volverá a tocar" prometió, sin estar absolutamente segura de sus palabras.
Damon notó que Carrie le hacía señas desde la multitud, en el fondo del gran salón. Le hizo una seña a Elena para que esperase y acudió disimuladamente en su búsqueda.
- ¿Dónde te habías metido, joder? – le preguntó ella, enojada.
- He perdido la noción del tiempo. Disculpa. ¿Sabes lo que quiere Stuart de Elena? – preguntó Damon, impaciente.
- ¿Por qué no me dijiste que era la Doble Petrova, Damon? Eso es lo que quiere de ella. Parece ser que Klaus no está al corriente de que murió en el sacrificio que lo convirtió en un híbrido ¿me equivoco?.
Damon asintió con la cabeza.
- Stuart quiere a Elena para chantajear a Klaus. – afirmó Carrie.
- ¿Y eso? ¿Acaso no eran amigos? – preguntó el vampiro, extrañado.
- Verás. Las relaciones duraderas no existen cuando se trata de vampiros... a veces hay demasiada mierda por el camino que no se puede dejar atrás. Stuart financiaba a Klaus desde hacía varios años, pero dejó de hacerlo hace unos meses, justo cuando se transformó en híbrido. Ahora Klaus quiere explicaciones, y Stuart va a utilizar a Elena como moneda de cambio para que Klaus le deje en paz.
- ¿Y de verdad se fía de Klaus? ¡Qué iluso! – respondió Damon.
- No es cuestión de fiarse o no. Por lo visto Stuart averiguó que Klaus necesita la sangre de Elena para algo... y como la cree muerta se ha resignado. Por lo tanto lo que pretende es esconder a Elena mientras le drena su sangre poco a poco. Es la única forma de que Klaus lo mantenga intacto.
- No lo pienso permitir.
- Es demasiado tarde, Damon. Ya son las 11, y Elena ya está entrando en los aposentos de Stuart.
Damon se giró y fue testigo de cómo Elena se introducía dentro de la habitación del Lord.
- ¡Mierda! – Exclamó el vampiro.
Intentó acudir a la puerta por donde había entrado Elena, pero Carrie le agarró fuertemente por la espalda.
- ¡Déjame ir, Carrie, por favor!
- Parece que no la tienes muy domada a esta chica. En serio Damon. Si temes por tu vida, deja que Stuart se la quede. Ya encontrarás a otras.
- ¡No hay otras para mí! – exclamó el vampiro.
- Vaya. Sí que te ha dado fuerte. No me lo esperaba. Y yo que pensaba que solamente podrías querer a Katherine. – afirmó la vampiresa, resignada. – Si no te dejo marchar es para hacerte un favor. No quiero que te maten en el intento de rescatarla.
Damon se giró y se dispuso a morder a Carrie en la garganta, pero ésta lo noqueó con una inyección de verbena. El vampiro cayó inconsciente al suelo.
Elena se adentró lentamente en los aposentos de Lord Stuart. Estaba un poco nerviosa, pero necesitaba la más mínima pista para averiguar el paradero de Stefan. El silencio y la oscuridad de aquella sala eran terribles. No parecía haber nadie, pero se extrañó dado el interés que tenía aquel hombre en ella.
- ¿Hay alguien ahí? – preguntó.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad notó cómo una sombra se movía velozmente. Apoyó su mano en la pared en busca de un interruptor. Logró encontrar uno. Era la luz de la sala, la cual se apresuró a encender para averiguar lo que estaba ocurriendo. Se llevó las manos a la boca para ahogar un grito provocado ante la presencia de un cadáver repleto de sangre en el fondo de la habitación. Aquel cuerpo era el de Lord Stuart.
De repente una voz femenina irrumpió el abrumador silencio.
- Veo que te acabas de encontrar con mi obra de arte.
Elena se giró. Aquella voz tan terriblemente familiar se hallaba detrás de ella.
- ¿Katherine? – Sí. Era ella. No veía a la vampiresa desde que abandonó la habitación de Damon después entregarle la cura a la mordedura de hombre lobo.
- La misma. – Sonrió la vampiresa maléficamente.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Elena desconfiada.
- Digamos que acabo de salvarte la vida, Elena. Aunque veo que has estado muy ocupada con Damon últimamente como para darte cuenta.
Elena se ruborizó. ¿Acaso sabía algo de lo sucedido hace un rato?
- Tranquila Elena. No pienso contarle a Stefan lo tuyo con Damon... de momento – siguió sonriendo.
A Elena se le paralizó el corazón.
- No tendría sentido explicarle lo del beso, por ahora. Podrías excusarte diciéndole que se estaba muriendo y esas cosas. Digamos que prefiero que vea por sí mismo lo mucho que has cambiado y lo atraída que te sientes por su hermano.
Elena respiró cuando se dio cuenta de que Katherine se refería simplemente al momento en que besó a Damon porque pensaba que estaba a punto de morirse.
- No sé a qué te refieres. – contestó.
- Tranquila. Tarde o temprano te darás cuenta de lo que sientes. No vas a poder evitar admitirlo, créeme. Y sí, es el hermano malvado. ¿Pero acaso no te gusta tal y cómo es? No puedes negar lo evidente. – Katherine parecía jovial.
- ¿A qué has venido, Katherine?
- Mientras seguía la pista de Stefan, mis fuentes me revelaron que Damon estaba a punto de cometer una locura trayéndote a ti. Así que hice lo que debía. Klaus no puede saber que estás viva.
- ¿Y por qué me has salvado? ¿Qué quieres de mí?
- Mira Elena. Nada me haría más feliz que verte muerta. Pero de momento y muy a mi pesar te necesito viva. He tenido que barrer todas las pistas y matar a todas aquellas personas que sabían de tu existencia, excepto tu gente de Mystic Falls, claro está. Más que nada porque Klaus no va a volver a husmear por allí. Stefan, por mucho que se haya vuelto un sádico asesino y destripador, se encargará de mantenerte segura. Así que deja que yo me encargue de esto y vuelve a tu casa.
- Si sabes algo de Stefan, necesito que me lo digas. – insistió Elena.
- ¿Para qué? ¿Para dejarte husmear fuera y que Klaus se entere de tu existencia? Mala idea...
De repente la puerta se abrió de golpe. Elena se giró y se alegró de ver a Damon entrando por ella, seguido de Carrie.
- Lo siento Kat, he tenido que inyectarle verbena para que no entrase. – le dijo Carrie a Katherine. Parecían cómplices.
- Muchas gracias por tu ayuda C. No pintamos nada aquí. – soltó Katherine.
Damon miró a Elena. Le hizo una seña a Carrie para que la agarrara y así poder reunirse con Katherine en privado.
- ¡¿Pero qué haces? – exclamó Elena con furia.
- Carrie me lo ha explicado todo. Ya va siendo hora que Katherine y yo hablemos a solas. – respondió Damon.
Katherine y Damon se alejaron de forma que Elena no les podía escuchar.
- Has sido un estúpido por haber traído aquí a Elena. La has puesto en peligro.
- ¿Y desde cuándo te importa tanto ella?
- Escúchame. No hay mucho tiempo. Klaus no puede saber que Elena está viva porque matará a Stefan. Lo conozco bien y sé que se lo va a tomar como una traición.
- ¿Y qué ganas tú con ello, Katherine? ¿Acaso te importa tanto mi hermano?
La vampiresa lo miró torciendo la sonrisa.
- Nada me importa más que rescatarlo de las garras de Klaus. Así que tú y yo estamos en el mismo equipo, ¿de acuerdo?
- ¿Y cómo quieres que me fíe de ti? No es la primera vez que nos traicionas.
- Acabo de cargarme la única pista que tenías para encontrar a Stefan. Así que no vas a tener más remedio que confiar en mí, pues Stuart, antes de morir, me reveló su paradero.
- ¿Qué? ¿En serio? ¿Y cómo sabes que no te ha tendido una trampa?
- Ahí vas a entrar tú para averiguarlo. Quiero que acudas a Chicago, al antiguo apartamento donde se alojaba tu hermano en los años 20. Klaus fue visto por última vez con Stefan en esa zona. Ah! Y no te lleves a Elena contigo. Klaus no puede saber que sigue viva.
- ¿Pero por qué? ¿Qué querría Klaus de ella?
No te puedo decir más, Damon. No hay tiempo. Una vez tengas más pistas sobre Stefan llámame.
Katherine desapareció en la nada, dejando a Damon con muchas preguntas sin respuesta. Se dirigió a donde Carrie tenía retenida a Elena.
- Supongo que debo darte las gracias por lo que has hecho. – admitió el vampiro.
- Sería un detalle. – sonrió Carrie.
- Debiste decirme que conocías a Katherine.
- Y tú debiste decirme que Elena era la doble.
- ¿Acaso no era evidente? Es idéntica a Katherine.
- Lo supe porque Kat me informó al respecto. Pero me hubiese gustado escucharlo de tu boca. Espero que nos volvamos a ver, Damon. – empujó a Elena hacia los brazos del vampiro. – y si alguna vez te sientes no correspondido, llámame.
Damon sonrió. Elena frunció el ceño disimuladamente.
- Descuida. Lo haré.
Llegaron al hotel a las 2 de la mañana. Elena se sentía exhausta por el cúmulo de emociones y por aquel interminable día. Estaba segura de que Katherine y Damon habían charlado acerca del paradero de Stefan, pero jamás se lo revelarían a ella por su propia seguridad. Se quitó los zapatos, resignada, y se tumbó en la cama.
- El avión sale a la hora de comer. Así que nos levantaremos temprano para llegar bien de tiempo al aeropuerto.
Elena no contestó. No le apetecía hablar con Damon en aquel momento. El vampiro insistió.
- ¿Así que sigues cabreada? Piensa lo que quieras, pero yo no creo que lo de antes haya sido un error.
Elena se giró, enfadada.
- ¿Cuándo llegarás a entender que quiero a tu hermano, que me das asco, que no quiero saber nada de t...?
Damon le interrumpió la frase alzándose sobre ella con un apasionado beso en los labios. Elena intentó resistirse, pero ya no le quedaban fuerzas. La agarró de las manos mientras intentaba evitar lo que estaba sucediendo.
- ¿Vas a seguir negándote esto, Elena? – Damon acarició su lengua con la suya. - ¿y esto? – empezó a besarle el cuello y la oreja de forma que la muchacha empezó a suspirar.
- Por favor... no... – las palabras de Elena eran completamente contrarias a las reacciones de su cuerpo.
- ¿y esto?... – le susurró el vampiro al oído mientras empezaba a acariciarle los pechos por encima de la ropa.
- Lo que hemos tenido hoy no ha sido un error. Y te lo pienso demostrar aunque no quieras.
- Damon... no... – Elena no podía más. Su cuerpo se erizaba a medida que el vampiro la rozaba. Quería apagar aquella sensación, frenar los poderosos latidos de su corazón cuando la miraba con sus preciosos ojos azules. Pero todo era inútil. Su incesante lucha por evitar sucumbir ante él estaba llegando a su fin.
Damon se frenó y la miró con dulzura.
- De momento me conformaré con tus suspiros. Está claro que significan algo.
Elena enseguida reacciono.
- Eres un idiota. Casi me violas. ¿Es que acaso no sabes lo que significa "no"?
- Tu cuerpo no decía lo mismo, Elena. Pero no te voy a dar la satisfacción de que me taches de violador. Así que te pones el pijama, te metes en la cama y mañana será otro día. Yo por ahora pienso arreglármelas solito en el baño, ya me entiendes...
- ¡Eres un cerdo! – le insultó mientras le tiraba un cojín a la cara.
Damon sonrió.
- Tranquila... solo era una broma. De momento creo que ya he tenido suficiente por hoy.
Entró en el baño, y al salir de la ducha se encontró a Elena completamente dormida. La tapó con la manta mientras la contemplaba, perdido en sus pensamientos. Había sido un duro día para ambos, pero sobre todo para ella, pues había librado una batalla contra su corazón al no poder evitar latir con fuerza cada vez que Damon se encontraba peligrosamente cerca.
- Has luchado bien – le susurró al oído.
La besó en la frente y sin más, se preparó el sofá para dormir en él.
