10. EXPLICACIONES(segunda parte)
Hermione fue la que habló primero.
—La cosa empezó poco después del entierro de Dumbledore. La noche en la que murió, ellos habían salido a buscar un horrocrux y volvieron con un guardapelo que resultó falso. Alguien más había descubierto la existencia de los objetos, un mortífago: Regulus Black, el hermano de Sirius. Él le había prestado a Voldemort a su fiel elfo doméstico, para que se lo llevase a una cueva para esconder el guardapelo de Slytherin en el fondo de una vasija repleta de poción, de la que el elfo tuvo que beberse el contenido, cuando terminó de beber el Señor Tenebroso lo había dejado en la cueva y el elfo tuvo que huir de allí y volver a casa, pasados unos días Regulus le pidió que lo llevara de nuevo a la cueva, se ve que él ya había descubierto el secreto del Señor Tenebroso, y no fue el elfo el que bebió la poción, sino Regulus. Cuando se bebió el contenido de la vasija ordenó al elfo que cambiase el guardapelo por uno falso y que se marchara de allí. Regulus fue arrastrado al fondo del lago por los inferís, muriendo ahogado. El elfo volvió a casa desolado, pero su amo le había ordenado que destruyese el guardapelo, pero no pudo destruirlo.
"Yo investigué en algunos libros que cogí prestados, pero no decían gran cosa sobre los horrocruxes, no decían nada que nosotros ya no supiésemos. Como sabrán, nosotros desaparecimos el día de la boda de Bill y Fleur y nos escondimos en Grimmauld Place nº 12, allí descubrimos que el guardapelo lo tenía Dolores Umbridge, la subsecretaria de Thicknesse, el entonces Primer Ministro, y decidimos ir a buscarlo al Ministerio de Magia. Mientras trazábamos nuestro plan nos enteramos de muchas cosas desagradables. El Ministerio buscaba a Harry para interrogarlo sobre la muerte de Dumbledore, habían abierto la veda para los hijos de muggles y habían nombrado a Severus Snape director de Hogwarts.— Hermione miró al profesor — Lo siento profesor, pero nosotros no sabíamos de su inocencia.
—De esto ya hablaremos más tarde Snape. — dijo Kingsley.
—No pasa nada Granger, prosigue.— dijo Snape.
—En el ministerio las cosas no nos salieron muy bien que digamos. A Ron lo llamó Yaxley para que le arreglase lo de la lluvia de su despacho y a mí me llamó Umbridge para que me encargase del registro de las vistas del tribunal de la Comisión de Regulación de Hijos de Muggles.
—Fue un error por nuestra parte no averiguar quienes eran las personas a las que estábamos usurpando su identidad. Hermione se hizo pasar por Mafalda Hopkirk, Ron por un tal Reg Cattermole y yo me hice pasar por Albert Runcorn.
—Bueno, como iba diciendo las cosas no nos salieron bien y casi nos pillan, mejor dicho, nos pillaron pero pudimos escapar. Mientras escapábamos Yaxley se agarró a mi túnica y tuve que deshacerme de él y marcharnos a otro lugar. Le había revelado la dirección de Grimmauld Place y el encantamiento fidelio se había roto, ya no podíamos volver allí. Desde ese día estuvimos deambulando por toda Inglaterra, acampando en un sitio diferente cada día. En esos días Harry tenía unas extrañas visiones, conexiones con la mente de Voldemort. De esa manera supimos que estaba buscando algo muy importante para él, una arma. Nos tenía muy preocupados."
"Entonces un día nos encontramos con un grupo de fugitivos de la Comisión de Regulación y nos enteramos de que en Hogwarts habían pasado cosas preocupantes. Nos enteramos de que Ginny, Neville y Luna intentaron robar la espada de Gryffindor del despacho de Snape, casi nos morimos del susto.— Hermione miró a Dumbledore— Profesor, ¿por qué no les impidió que cogiesen la espada?
—Me pareció divertido ver como unos leales amigos se tomaban la justicia por su mano.
—¿Qué?— dijeron los tres amigos a la vez.
—Es broma, la verdad es que yo no podía decirles a vuestros amigos que la espada estaba escondida en un lugar seguro hasta que Snape te la diese a ti, Harry. Pensad que hubiese pasado si esto llegase a oídos de Voldemort, el profesor Snape habría muerto y otro mortífago hubiera ocupado el lugar de Severus, y esto sí que no habría sido nada bueno para los alumnos de Hogwarts. Con Severus al mando del colegio, todos los alumnos estaban a salvo, ya sé que eran torturados por los Carrow, pero ninguno había muerto.
—También supimos que Snape los había castigado con Hagrid a ir al bosque prohibido y eso nos tranquilizó un poco. Entonces Snape decidió que la espada no estaba segura en el colegio y la llevó la cámara de seguridad de los Lestrange. Pero lo que nadie sabía era que la espada que estaba en Gringotts era una falsificación.
—Tan solo lo sabíamos yo y Dumbledore— dijo Snape.— Llevar la espada falsa a Gringotts fue para no levantar sospechas entre los mortífagos.
—Cuando los fugitivos se marcharon del lugar, yo saqué el cuadro de Phineas Nigellus, que nos habíamos llevado de la casa de los Black, para preguntarle sobre la espada y me dijo que la última vez que alguien había sacado la espada de la urna, antes del incidente con Ginny, había sido Dumbledore para abrir un anillo. En ese momento nos dimos cuenta de por que el profesor Dumbledore le había dejado la espada en herencia a Harry. La espada servía para destruir los Horrocruxes. Las armas fabricadas por duendes se imbuyen de lo que las fortalece y esa espada estaba impregnada de veneno de basilisco. Por eso usted no se la dio a Harry— dijo Hermione mirando al profesor— usted todavía la necesitaba para destruir el guardapelo y previó que si la ponía en su testamento no se la entregarían y por eso hizo una copia, poniéndola en la urna y escondió la verdadera. Pero la cuestión que en ese momento se nos planteó fue: ¿Dónde? Ese fue nuestro dolor de cabeza. Pensamos en varios lugares, pero ninguno nos pareció seguro y volvimos al principio. Creímos que no se lo habría dicho a Snape, ya que creíamos que por fin abría entrado en razón, pero resultó que de eso nada. Snape lo sabía, pero solo a medias, ¿no es así profesor Dumbledore?
—Así es señorita Granger, no quería poner en riesgo la misión de Harry. Siempre cabía la posibilidad de que la oclumancia de Severus fallase y que Voldemort se enterase de nuestros planes. Por eso no se lo conté todo a Severus, solo lo esencial.— miró a Snape y le dijo— Supongo que lo entiendes ahora, ¿no es así Severus?— el aludido afirmó con la cabeza— Era esencial que Harry llevase a cabo la misión él solo, por eso te dije que esa información se la tenías que dar cuando Voldemort protegiese a la serpiente. Nagini era el penúltimo horrocrux y Harry no sabía de la existencia de un octavo, por eso era muy importante que le dieses esa información, que él era un horrocrux, en el momento preciso.
—Estuve a punto de no poder dársela Albus, el Señor Tenebroso me asesinó, pero Harry y sus amigos estaban cerca cuando eso ocurrió y le pude dar mis últimos recuerdos para que entendiese por que había actuado de la madera en la que lo había hecho.
—Pero estas aquí, ¿cómo es posible?— preguntó Dumbledore extrañado.
—Ya llegará esa parte, ahora sigamos con la historia.— dijo Hermione.— Aquel mismo día Ron nos dejó, se enfadó con nosotros y se largó. Pasaron varias semanas y al final Harry y yo decidimos ir a Godric's Hollow, pensamos que la espada podría estar allí, que usted, profesor, la habría escondido en el pueblo natal del fundador de Hogwarts. Entonces Harry me mencionó a Bathidla Bagshot, la historiadora, y recordé que ustedes eran buenos amigos y até cabos. Pensé que le habría dado la espada a la anciana mujer para que nosotros la fuésemos a buscar. El día de Navidad aparecimos en el pueblo, había nevado mucho y hacía un frío que pelaba, y nos dirigimos al cementerio para ver las tumbas de sus padres.
"En el campo santo vimos tumbas de gente con apellidos conocidos, Abbott, Dumbledore... hasta que encontramos una tumba que nos llamó la atención. Era la tumba de Ignotus Peverell, en ella había un símbolo, una runa que aparecía continuamente en el libro que usted me dejó, profesor. Era un símbolo extraño con forma de ojo. Harry me explicó que ese símbolo era la marca de un mago tenebroso, Grindelwald. Yo no entendía porque la marca de ese mago aparecía en los cuentos infantiles de Beedle el Bardo. Entonces encontramos las tumbas de los padres de Harry, fue un momento emocionante."
"Cuando salíamos del cementerio salimos a toda prisa, ya que habíamos notado que alguien nos estaba observando, al cruzar la calle nos quedamos sin aliento, ante nosotros se erguía una casa semiderruida, era la casa de los Potter tal y como había quedado aquel fatídico día de Halloween. Entonces, de entre las sombras apareció una mujer. Era Bathilda Bagshot. Bueno, el cuerpo sin vida de la mujer. Nos llevó hasta su casa y allí descubrimos que era Nagini, la serpiente de Voldemort que había poseído el cuerpo de la mujer después de matarla y nos atacó, mientras avisaba a su amo de que tenía Harry. Pudimos escapar por los pelos, Harry estaba herido, la serpiente le había mordido y el horrocrux se le había clavado en el pecho, tuve que usar la magia para quitárselo. Estuvo varias horas delirando y lo curé con díctamo, pero no me atreví a hacerle nada más. Cuando se recuperó Harry descubrió que su varita se había roto."
—Fue horrible, había perdido a una amiga, pero la aventura tenía que continuar, así que seguimos viajando. Hermione había cogido el libro de Rita Skeeter que hablaba sobre Dumbledore. Nos enteramos de muchas cosas sobre el profesor, pero no queríamos creernos nada de lo que decía Skeeter. No quería creer que usted hubiese estado conspirando para hacerse con el mundo mágico al lado de Grindelwald, y menos pensar que había estado ocultando a una hermana squib "por el bien de todos".
—Ese fue un error del que me arrepentiré toda mi vida.— dijo Dumbledore.— Por culpa de mi obsesión con el poder y el dominio de los muggles, mi hermana murió y me quedé solo de nuevo. Mi amistad con Grindelwald fue efímera, tan solo duró dos meses, pero fue muy intensa. Pocos años después tuve que enfrentarme a él para pararle los pies. Es una etapa de mi vida que he intentado olvidar, no me siento nada orgulloso de lo que hice.
—Así que lo que escribió Rita Skeeter era verdad.— dijo Molly Weasley.
—Sí, era todo verdad.
—Después de la discusión con Harry, sobre Dumbledore nos trasladamos de campamento, ya que durante toda la noche estuvimos oyendo voces alrededor del campamento, y nos fuimos al bosque de Dean. Aquella noche fue muy extraña.
—En mitad de la guardia se me apareció una cierva plateada, un patronus. La aparición me guió hasta una charca profunda en la que, en sus profundidades, brillaba la espada de Gryffindor. No podía creérmelo, no sabía como había llegado hasta allí. La convoqué, pero no pasó nada. Lo intenté, pero en el fondo sabía que no serviría de nada. Entonces recordé algo que me había dicho el profesor Dumbledore la última vez que recuperó la espada: "Sólo un verdadero miembro de Gryffindor podría haber sacado la espada del sombrero, Harry." Y cuales eran las cualidades que definían a un verdadero Gryffindor: su osadía, su temple y su caballerosidad, además de su valentía.
"Estaba muerto de miedo. Estaba solo en el bosque, lejos de la tienda y si había algún enemigo cerca estaría perdido. Miraba a mi alrededor buscando algún indicio de que hubiese alguien escondido, pero llegué a la conclusión de que si hubiese sido una trampa a esas alturas ya tendría que estar muerto. Me fui quitando la ropa hasta quedar en ropa interior. El frío era horrible y solo pensar en introducirme en el agua se me quitaban las ganas de conseguir la dichosa espada. Al final apunté a la superficie con la varita de Hermione y quebré el hielo. Sin pensármelo dos veces me metí en el agua y me sumergí para cogerla. En el momento que cogí la espada por la empuñadura, algo tiró con fuerza de mi cuello. Se me había olvidado quitarme el guardapelo y este había notado la presencia de la única arma que podía destruirlo en esos momentos. Cuando ya prácticamente estaba ahogado sentí unos brazos que me rodaban el torso y pensé que era la muerte que venía a por mí. Cuando recuperé el conocimiento estaba tumbado en la orilla de la charca jadeando, tosiendo y helado hasta los huesos y cerca de mí había alguien que también jadeaba. Supuse que se trataba de Hermione, pero esas toses y jadeos no eran de mi amiga. Pero no tenía fuerzas par ver si era Hermione, me palpé el cuello para comprobar si el guardapelo estaba allí y me asusté al sentir que ya no lo llevaba, alguien me lo había quitado o se me había caído en el fondo del agua. Entonces oí la voz de Ron a mi lado y me levanté de golpe del suelo para ver a mi amigo ante mis ojos calado hasta los huesos, el muy idiota no se había quitado la ropa para meterse en el agua para salvarme la vida. Llevaba la espada de Gryffindor en una mano y el guardapelo en la otra."
—¿Qué querías que hiciese? ¿Qué te dejase morir ahogado? — dijo Ron algo molesto— Hacía horas que os estaba buscando y cuando pensé que tendría que dormir otra vez debajo de un árbol apareció aquella cierva plateada y luego vi a Harry correr tras de ella. Lo observé mientras miraba al fondo de la charca y empezaba a desvestirse. Me pareció ver a alguien por entre unos árboles, pero no fui a ver quien era porque ese tonto se había metido en el agua y no salía. Por suerte, yo estaba allí para sacarlo sino se habría ahogado. Saqué a Harry y después saqué la espada.
"Destruimos el horrocrux. Fue la cosa más desagradable que he tenido que hacer en mi vida. Esa cosa era un monstruo. Sabía lo que más nos daba miedo ya que había estado colgada de nuestro cuello demasiado tiempo. Ese pedazo de alma de Voldemort se defendió atacando a nuestros miedos, pero lo vencí con decisión. Nadie me iba a convencer de lo que yo ya sabía. Nadie iba a ser mejor que yo, soy lo que soy y no voy a cambiar por nadie."
—¿Averiguasteis quien os ayudó? ¿Quién había enviado el patronus?— preguntó Remus.
—Sí. Fue Severus Snape.—dijo Harry.— Él y Dumbledore lo habían planeado.
—Phineas Nigellus me avisó que los chicos estaban en el bosque de Dean.— dijo Severus— Sabía que la espada tenía que ser conseguida con fines nobles y superando condiciones adversas que requirieran un gran valor y se me ocurrió lo de la charca. Sabía que sería difícil atraerlos hasta allí, pero pensé que el patronus os atraería la atención y la curiosidad haría el resto. No me equivoqué. Mandé a mi cierva hasta delante de la entrada de la tienda y Potter la siguió. Sabía que tenía que mantenerme oculto, ya que no sería bienvenido después de lo sucedido en la torre de Astronomía, así que me escondí entre unos árboles. Pero casi soy descubierto por Weasley. Esperé hasta que Potter salió del agua ayudado por Ron, no quería que les pasase nada, luego me fui, yo ya había cumplido con mi parte.
—¿Tu patronus es una cierva Severus? —preguntó Remus— El patronus de Lily también era una cier... —Remus dejó de hablar y palideció— Tú y Lily..., por eso le pediste a Voldemort que le perdonase la vida a ella. Para tener lo que siempre habías deseado, la deseabas a ella. ¿Qué pensabas hacer cuando James y su hijo estuviesen muertos? ¿La habrías consolado?— exclamó Remus— Eres un cerdo, un mal nacido, un...
—¡Remus!— intervino Harry— Él no tuvo la culpa de que pasase nada de aquello. Voldemort le dio la oportunidad a mi madre de vivir, pero ella se interpuso en su camino para protegerme. Lo he visto en la mente de Voldemort. Ella pudo elegir. Snape también intentó salvarlos a todos, a los Potter, pidió a Dumbledore que los protegiese, pero mis padres se equivocaron de guardián de los secretos.
—Desde el día que le pedí a Dumbledore que protegiera a los Potter, me convertí en un agente doble. Trabajé desde entonces para la Orden del Fénix, era el espía de Dumbledore.
—Creo que si mi madre no hubiese conocido a James Potter, se habría casado con Snape. Había algo especial entre ellos, algo mas que amistad. Pero las cosas no salieron bien, la influencia de los mortífagos fue mas fuerte que la amistad entre ellos y lo que sentían el uno por el otro. Para ese entonces mi madre ya estaba con mi padre y se habían distanciado definitivamente.— Harry miró a Snape— La habría hecho feliz, usted la amaba de verdad, nada ni nadie los habría separado, si mi padre no hubiese aparecido.
—Mi vida no ha sido fácil desde entonces. Me he visto obligado a hacer cosas que no quería hacer, pero Dumbledore quería que estuviese infiltrado entre los mortífagos, y que mejor manera de permanecer entre ellos que haciendo ver que ya no era de fiar para la Orden. Voldemort nunca sospechó de mí. Me convertí en su mano derecha y pude mantener informado a Dumbledore de todos los movimientos que tenía pensados hacer el Señor Tenebroso. Yo di la idea a Mundungus de crear siete Potter, el día del traslado, mediante un hechizo confundus.
—Por eso Dung se mostró tan reticente a participar en la misión, porque la idea no había sido suya, ya me pareció raro a mí el asunto.— dijo Kingsley— No era propio de alguien tan cobarde como él.
—Reconozco que fue un error, tendría que haber utilizado a otro de vosotros.-dijo Dumbledore.
—Pero tu participaste en la emboscada de Harry. Tu heriste a mi hijo.— acusó Arthur.
—Nunca fue mi intención darle a George, el maleficio iba dirigido a la mano del mortífago que tenía delante, pero se desvió con tan mala suerte que le dio al chico.
—El profesor dice la verdad,— intervino Harry— yo lo he visto en los recuerdos que me dio él poco antes de morir. No era su intención darle a George, fue un accidente.
—Gracias, Potter.
—Severus dice la verdad.—intervino también Dumbledore— Yo le dije que tenía que dar la fecha correcta del traslado de Harry a Voldemort, de no haberlo hecho habría levantado sospechas, yo quería que Voldemort creyese que Snape aun le era fiel. Por eso sugirió a Mundungus la idea, para que pensaseis que había salido de él. Si Voldemort se hubiese enterado de que Snape aun pertenecía a la Orden, las cosas no habrían ido bien. Snape estaba bien donde estaba, tenía que pasar información falsa al enemigo.
—Bajo muchos riesgos, Albus.— dijo Kingsley— ¿Era necesario todo esto? Si los chicos no hubiesen retrocedido en el tiempo, ahora Severus estaría muerto.— miró a Snape y le dijo— ¿También fue idea de Albus, lo de matarlo?
—Sí. Yo no quería hacerlo, pero los argumentos que me expuso fueron más que convincentes. Una muerte rápida era mucho mejor que sufrir en las manos de Greyback o Bellatrix Lestrange. No tenía alternativa. Dumbledore no quería que lo hiciese Draco Malfoy.
—No tenía por que ser él.—dijo el anciano— Si el Señor Tenebroso no confiaba en que cumpliese con su misión, no había por que el chico arruinase su vida y su alma. Él aun no había matado, su alma estaba intacta y no quería que se destrozase por mi culpa. Por ese motivo le pedí a Severus que me matase cuando llegase el momento adecuado.
—Hubo momentos en los que no estaba nada seguro de poder hacerlo. Estaba bajo presión, por una parte estaba el Señor Tenebroso y por el otro estaba Dumbledore y las malas acciones de Draco por conseguir su cometido.— Snape miró a Dumbledore— Pero lo que me hizo mas daño fue saber que había estado protegiendo al hico para sacrificarlo ante Voldemort. Cuando usted me dijo que el chico tenía que morir en manos de Voldemort la rabia me cegó. Yo creí que todos estos años lo habíamos estado protegiendo por Lily, pero me dijo que lo habíamos estado educando para prepararlo para eso y que él sabría qué hacer cuando se enfrentase a la muerte, y que esto significaría el final de Lord Voldemort. No podía creérmelo, me había estado utilizando. Había espiado para él— dijo Snape señalando a Dumbledore— había mentido para él, había puesto mi vida en peligro para él, se suponía que esto lo hacíamos por proteger al hijo de Lily Potter, y después me dijo que el chico tenía que morir, después de todo lo que había sufrido y tras la muerte de Lily, y ahora tenía que despedirme de lo único que quedaba con vida de ella...—Miró a los ojos a Dumbledore— ¿Por qué no me dijo que el chico viviría? Me hubiese quitado un buen peso de encima, no me hubiese sentido tan culpable.
—Yo no estaba del todo seguro de que Harry sobreviviese, Severus. Solo fueron conjeturas, teorías.
—Pero sus teorías nunca fallan señor.—dijo Harry.
—Cierto, y estoy muy contento de que todo haya salido bien.
—Así que Severus actuó bajo sus ordenes.— dijo Kingsley mirando al cuadro del director.
—Así es, señor Ministro. Severus Snape es totalmente inocente de traición. Espero que no se lo lleven a Azkaban.
—Descuide profesor, no habrá acusaciones, si todos los miembros de la Orden del Fénix están de acuerdo.— dijo Kingsley mirando a todos los presentes.
Ninguna de las personas que estaban en la sala dijeron nada. Todos estaban de acuerdo con Dumbledore. Ahora sabían la verdad, sabían lo que había tenido que hacer Snape para intentar no ser descubierto por el enemigo. Pero al final la codicia lo había superado todo. Voldemort había querido tener el poder absoluto para derrotar a Harry, y si tenía que matar a su mano derecha para conseguirlo, se hacía. Pero gracias a Harry estaba allí para contarles la verdad y limpiar de ese modo su nombre.
—¿Podemos seguir con lo que estábamos?— preguntó Hermione.
—Por supuesto Hermione—dijo Kingsley— las cosas ya están bastante claras entre nosotros.
—Después de que Ron rescatara a Harry y destruyesen el horrocrux vinieron a la tienda y me despertaron. La verdad, si Ron esperaba que lo recibiese con los brazos abiertos lo tenía claro, porque no fue así, se llevó una buena tunda de mi parte.
—Yo habría hecho lo mismo querida— dijo la señora Weasley.
—Eso no es justo, mama.— protestó Ron— Cuando me desaparecí quise volver de inmediato, pero me encontré con una banda de Carroñeros y me escapé por los pelos, volví donde estaba el campamento pero ellos ya se habían ido. No fue hasta Navidad que empecé a seguiros la pista gracias al desiluminador de Dumbledore. Cuando Hermione pronunció mi nombre la escuché a través del aparato, cuando lo accioné apareció como una puerta dimensional que me traspasó y se quedó en mi pecho, al lado de mi corazón. Una vez que estuvo dentro de mí supe lo que tenía que hacer, me llevó a donde necesitaba ir para encontrarlos, hasta que al fin di con ellos.
—El desiluminador encuentra a las personas que más quieres, señor Weasley. Gracias a su arrepentimiento y al amor que sentía por la señorita Granger, lo ayudaron a encontrar el camino hacia sus amigos.— dijo Dumbledore.
—El enfado de Hermione no se pasó enseguida, tuvieron que pasar varios días hasta que las cosas se arreglaron un poco.
—Sí, ya... — siguió Hermione— Al cabo de un par de días pedí a los chicos ir a ver a Xenophilius Lovegood para que me aclarase lo de la marca que aparecía en el libro de cuentos infantiles. Les enseñé un fragmento de una de las cartas de Dumbledore que le había enviado a Grindelwald en la que aparecía su firma, que estaba adornada con el mismo símbolo que el de los cuentos, no podía ser la marca del mago tenebroso porque ya la habíamos visto en la lápida de una tumba de Godric's Hollow y las fechas eran muy antiguas, más que Dumbledore y su amigo. No podíamos preguntarles a ellos, así que solo nos quedaba el señor Lovegood. Estaba segura de que esa runa era muy importante y que Dumbledore quería que averiguásemos lo que quería decir.
—Fuimos a casa de los Lovegood y nos explicó que el símbolo en cuestión era el de las Reliquias de la Muerte y que no tenían nada que ver con la magia oscura. Estas tienen que ver con "La fábula de los tres hermanos", que Beedle el Bardo cuenta en su libro de cuentos. ¿Todos la conocen no?— preguntó Hermione mirando a todos los presentes que asintieron.— bueno, esas son las Reliquias de la Muerte: la Varita de Saúco, la Capa Invisible y la Piedra de la Resurrección. Esos tres objetos, si se unen, convertirán a su poseedor en el Señor de la Muerte.
—Pero, señorita Granger, en la fábula no se mencionan— dijo McGonagall.
—Claro que no se mencionan, "La fábula de los tres hermanos" es un cuento infantil narrado para divertir más que para instruir. Solo los expertos en el tema saben qué esta hablando la fábula. Solo los que buscaban las Reliquias sabían el significado del cuento.
—Tendríais que haber visto la cara que puso Hermione cuando el señor Lovegood nos lo dijo, — comentó Ron— no se creía nada de nada. El padre de Luna intentó explicárselo, pero ella se negaba a creer en la leyenda. Le dijo que era imposible que tales objetos existiesen y el señor Lovegood le dijo que ya sabía como funcionaba su mente, que Luna le había hablado de ella. Le dijo que era poco inteligente, pero sí extremadamente cerrada, limitada e intolerante.
La cara de Hermione se tiñó de rojo y fulminó con su mirada a Ron, que reía divertido, al igual que los presentes. Incluso Snape esbozó una leve sonrisa que disimuló frotándose la barbilla.
—No tiene ninguna gracia Ron.- dijo ella- Sé que al final el señor Lovegood tuvo razón y que las Reliquias de la Muerte existen. Nosotros teníamos la Capa Invisible y Dumbledore nos había dejado la Piedra de la Resurrección, no fue hasta que el señor Lovegood nos explicó lo de la Varita de Saúco, que no me lo creí del todo. La Varita era la reliquia más fácil de localizar, por la manera en que cambiaba de manos. El rastro de sangre que deja en la Historia de la Magia es indiscutible, pero el rastro se perdía con Barnabas Deverill.
"Luego le pregunté sobre los Peverell. De esa manera nos enteramos que los Peverell eran en realidad los tres hermanos de la fábula. La tumba que encontramos en Godric's Hollow era la tumba del hermano menor."
—Pero descubrimos que el Quisquilloso había cambiado de bando, ya no apoyaba a Harry Potter y el señor Lovegood había llamado a los del Ministerio para entregar a Harry.— explicó Ron —Así que tuvimos que huir de nuevo de los mortífagos.
—Aquella experiencia nos enseñó muchas cosas. Descubrimos que el anillo de los Gaunt podía ser la piedra de resurrección, ya que ellos descendían de los Peverell, en concreto del segundo hermano, Cadmus Peverell, si el anillo había ido pasando de generación en generación era lógico que la ignorante familia Gaunt no supiese que tenían una de las Reliquias de la Muerte. Pero nos planteó otra incógnita. ¿Dónde estaba el anillo que había destruido Dumbledore? — Harry se ruborizó un poco avergonzado — La verdad es que me emocioné bastante haciendo conjeturas. Llegué a la conclusión de que si Dumbledore se había llevado la capa de mi padre era porque estaba seguro de que era una de las Reliquias, yo era descendiente del hermano menor, Ignotus Peverell. Estaba feliz de saber más sobre mi familia y quería demostrarle a Hermione que yo tenía razón, cuando le enseñé una carta que mi madre le había escrito a Sirius explicándole que Dumbledore se había llevado la capa para examinarla, se me cayó la snitch que Dumbledore me había legado, y entonces empezaron a encajar las piezas del rompecabezas en el que estábamos. El anillo estaba en el interior de la snitch, de eso estaba seguro, cuando lo abriera tendría dos reliquias y solo me faltaría la Varita para poder derrotar a Voldemort, estaba seguro que era eso lo que Dumbledore quería, que consiguiese las Reliquias para derrotarlo.
"Entonces se me reveló algo muy importante. Eso era lo que Voldemort estaba buscando: la Varita de Saúco. Él no estaba buscando una varita nueva, sino una vieja, antigua. Voldemort no sabía nada de los cuentos infantiles del mundo mágico, el se había criado con muggles, no sabía nada sobre las Reliquias de la Muerte, si hubiese sabido de su existencia habría hecho todo lo posible para apoderarse de ellas. Él la buscaba sin ser consciente de su poder, sin saber que era una de las tres reliquias, porque la varita era la única cuya existencia no se había mantenido en secreto. La verdad, es que fue difícil convencer a Hermione de que tenía razón, estaba empecinada en no querer ver lo evidente"
—Típico en la señorita Granger— dijo Dumbledore— Ella solo quiere encontrar la lógica de las cosas, creer en algo que es difícil de probar es casi imposible para su mente.
—Es que en ese momento no nos interesaban las Reliquias de la Muerte, lo que de verdad tenía que ser nuestra prioridad eran los Horrocruxes, Dumbledore nos había dado instrucciones precisas de que teníamos que destruirlos, no podíamos desviarnos de ese camino.
—La verdad es que me desanimé al ver que mis dos mejores amigos estaban más pendientes de los horrocruxes que de las reliquias y tuvimos un par de peleas por ello. Yo creía que teníamos que concentrarnos e las Reliquias y Hermione en los horrocruxes. Seguimos viajando, buscando posibles lugares donde Voldemort hubiese escondido algún horrocrux pero sin mucha suerte. Una tarde Ron consiguió sintonizar Pottervigilancia y nos enteramos de muchas cosas interesantes. Supimos que el grupo de fugitivos que nos habíamos encontrado un día había sido apresado y que murieron un par de ellos, Ted Tonks, Dirk Cresswell y Gornuk, y que Dean Thomas y el duende Griphook habían conseguido huir. También nos enteramos de la huida de Hagrid del colegio al intentar ser apresado por celebrar una fiesta en mi honor. Había que ser muy valiente para arriesgar así la vida, solo para mantener informados a los pocos que aún confiaban en que valía la pena seguirme, era digno de admiración. —dijo Harry mirando a Kingsley y a Remus.
—Pero Harry la pifió. —intervino Ron— Pronunció la palabra tabú. Dijo el nombre de Voldemort y los Carroñeros se nos echaron encima. Hermione realizó un hechizo punzante a Harry con la intención de que no lo reconociesen, pero fue inútil ya que reconocieron a Hermione y lo demás fue fácil de deducir, si estaba Hermione también teníamos que estar Harry y yo, así que nos llevaron a la Mansión Malfoy, para entregarnos a Voldemort y cobrar la recompensa.
—Cuando nos llevaban a la Mansión, tuve una visión,— dijo Harry— entré en la mente de Voldemort y vi como iba a Nurmengard a buscar a Gellert Grindelwald, para saber dónde estaba la Varita de Saúco, pero este no le dijo nada, le mintió, le dijo que él nunca la había tenido y que jamás sería suya. A Voldemort le había ardido la marca, alguno de sus hombres lo había llamado y ciego de rabia y frustración mató al hombre.
"Mientras tanto nos habían llevado a la Mansión Malfoy y allí la señora Malfoy nos hizo pasar para que Draco nos reconociese. Lucius se puso frenético, quería que nos reconociese para poder recuperar el favor de Voldemort, pero Draco estaba aterrorizado, era como si no nos quisiese delatar, era una situación muy extraña. Bellatrix apareció en escena y se peleó con Lucius para llamar a su señor, los dos querían llevarse la gloria del momento, pero de repente Bellatrix se puso histérica, había visto la espada de Gryffindor que supuestamente estaba en su cama de Gringotts. Cuando le contaron que la han encontrado en el interior de nuestra tienda palideció y le dijo a Lucius que olvidase lo de avisar al Señor Tenebroso porque si lo hacía estarían todos muertos. Entonces decidió torturar a Hermione para saber de dónde la habíamos sacado."
"A nosotros nos llevaron al sótano y allí nos encontramos con Luna y el señor Ollivanders. Los gritos de Hermione eran horribles y nosotros estábamos atrapados allí abajo sin poder hacer nada por ella. Al poco tiempo de estar allí, Luna nos ayudó a desatarnos y escuchamos como Hermione le decía a Bellatrix que la espada era una copia. Enseguida, Lucius envió a Draco a buscar al duende que había llegado con nosotros, desesperadamente desperté a Griphook y le pedí que dijese que la espada era una falsificación, que tenía que mentir. Cuando se lo llevaron, de repente Dobby se apareció en la celda y nos dijo que había venido a ayudarnos, le pedí que se llevara a Dean, Luna y a Ollivanders a casa de Bill y Fleur y que volviese a rescatarnos a nosotros mientras nosotros salvábamos a Hermione y al duende. El estruendo que hizo al desaparecerse con los prisioneros alertó a los que estaban en el piso superior y Lucius envió a Colagusano a ver que era lo que pasaba, cuando entró en la celda nos abalanzamos sobre él y lo intentamos reducir, pero su mano de plata cobró vida propia e intentó ahogarme. En aquel momento le recordé a Pettigrew que me debía una, que yo le había salvado la vida hacía unos cuatro años y súbitamente la mano de plata se aflojó de mi cuello y se tornó en contra de su dueño, la mano me soltó y se cerró en torno del suyo y lo mató."
"Cuando subimos al salón donde estaban todos vimos como el duende le decía a Bellatrix que la espada no era la auténtica y ella llamó a Voldemort. Hubo una fuerte lucha, pero salimos con vida de allí. Yo desarmé a Draco y a Bellatrix y Dobby vino a ayudarnos, cuando logramos desaparecernos fuimos al Refugio, pero pasó algo terrible. Bellatrix había apuñalado al pobre Dobby, que murió en mis brazos. Cavé una tumba con mis propias manos, quería desahogarme, quería estar ocupado para no dejar entrar a mi mente en la de Voldemort. Mientras iba cavando se me ocurrieron varias ideas que me parecieron fascinantes y terribles. Cuando entré a la casa, después de enterrar al elfo, le dije a Bill que quería hablar con Griphook y el señor Ollivander, que era muy importante hablar con ellos."
"Había llegado a algunas conclusiones. Si Dumbledore había previsto que Ron nos abandonase y que Colagusano sentiría algún remordimiento, ¿qué habría pensado sobre mí? Lo que pretendía era que yo tuviera conocimiento de la realidad pero que no emprendiese ninguna búsqueda. Sabía lo duro que me resultaría eso, por eso me lo puso tan difícil, para que tuviera tiempo de comprenderlo."
—Lo entendiste muy bien Harry— dijo Dumbledore sonriendo— Como ya te dije en su momento, te lo puse tan difícil porque conté con que la señorita Granger te ayudaría a tomarte las cosas con más calma. Me daba miedo que tu impulsiva mente dominara tu buen corazón, y que, si te planteaba abiertamente los hechos acerca de las reliquias, te apoderases de ellas en el momento equivocado. Si llegabas a conseguirlas, yo quería que las tuvieses sin peligro.
—Con el primero que hablé fue con Griphook, el duende que trabajaba e Gringotts. Le pregunté si él podía ayudarnos a entrar a una cámara de Gringotts, la cámara de los Lestrange. El duende nos avisó que no teníamos ninguna posibilidad de que nos saliese bien la jugada, pero yo estaba seguro de que lo conseguiríamos. Me dijo que yo no era como los otros magos, que me preocupaba por las demás criaturas mágicas. Hermione ayudó bastante, le dijo que nosotros necesitábamos entrar en ésa cámara para poder derrotar a Voldemort, y eso era algo que tanto criaturas mágicas como magos deseábamos. Griphook nos preguntó qué queríamos de la cámara en cuestión, pero nosotros no queríamos exponer nuestras cartas, así que no le contestamos. Al final el duende nos dijo que tenía que meditar sobre la decisión que iba a tomar, ya que todo aquello iba en contra de sus principios.
"Después fuimos a hablar con el señor Ollivander, le mostré mi varita rota y le pregunté si podía reparármela, evidentemente no podía, yo ya sabía su respuesta de antemano. Entonces le mostré las dos varitas que había conseguido en casa de los Malfoy. Una era de Bellatrix Lestrange y la otra era la de Draco, la famosa Varita de Saúco. Le pregunté sobre si las varitas tenían vida propia, si tenían sentimientos, pero Ollivander me dijo que el mundo de las varitas era muy complejo, la varita es la que elige al mago. Un mago puede usar una varita, aunque no la haya ganado, pero los mejores resultados se consiguen cuando hay cierta afinidad entre las dos partes, ambos aprenden el uno del otro. Por fin había llegado el momento de preguntarle la cuestión más importante, si era necesario matar al propietario de la varita para poder dominarla completamente. Ollivander me dio la respuesta que esperaba, no hacía falta matar al mago, así que llegábamos a otra pregunta crucial, si Voldemort iba detrás de la única varita de la historia de la magia que había dejado un rastro de sangre, la Varita de Saúco. El pobre hombre me dijo que así era, que desde que mi varita había roto la que le habían prestado, había estado buscándola. Entonces yo hice una revelación a mis amigos que ellos no habían pensado, Voldemort se enteraría de que mi varita se había roto y ya no le haría falta buscar más la Varita de Saúco, porque podría vencerlo fácilmente, pero Ollivander me dijo que Voldemort ya no la buscaba solamente para vencerme, sino para ser invencible."
"Por aquel entonces mi cabeza se debatía entre entrar en la mente de Voldemort y explicarles a mis amigos las conjeturas que había hecho. Todo el tiempo que había estado hablando con el duende y con el fabricante de varitas mi mente había visto como Voldemort iba hacia Hogwarts, pero tenía que asegurarme que Ron y Hermione me habían entendido. Hacía mucho tiempo Gregorovitch había conseguido la Varita de Saúco y había sido lo bastante necio para alardear de ella, así que Grindelwald se había enterado y se la había robado, de esta manera llegó a hacerse tan poderoso que cuando llegó a la cima de su poder Dumbledore se vio obligado a intervenir para pararle los pies y así se convirtió en el nuevo propietario de la Varita de Saúco. Voldemort ya lo sabía y ya estaba en el colegio para profanar la tumba de Dumbledore. Yo ya había comprendido que Dumbledore no quería que yo la tuviese, quería que yo fuese a buscar los horrocruxes."
"Pasados unos días, después de lo de la varita, Griphook nos llamó para darnos una respuesta a nuestra proposición. Nos dijo que la aceptaba a cambio de la espada de Gryffindor. Nosotros no estábamos de acuerdo en el trato así que nos reunimos en secreto y acordamos decirle que se la quedaría después de ayudarnos a entrar en la cámara, pero evitaríamos decirle exactamente cuando se la daríamos, el duende aceptó y empezamos a trazar el plan para entrar en la cámara de los Lestrange. Entre esos días en los que tardamos en tenerlo todo preparado, Remus vino a comunicarnos que había sido padre. Al día siguiente, al despuntar el alba, nos reunimos en el jardín del Refugio par marcharnos hacia Gringotts. Habíamos decidido que Hermione tomaría poción multijugos con un pelo de Bellatrix para hacerse pasar por ella, Ron se disfrazaría de mago y diríamos que era un conocido que quería alistarse a las filas de los mortífagos y yo y Griphook iríamos debajo de mi capa invisible."
"Cuando llegamos al callejón Diagón, las tiendas aun estaban cerradas, el lugar estaba tranquilo y desierto, a excepción de unos cuantos mendigos, gente que había sido despojada de su varita. Uno de ellos se acercó a Hermione que quiso tacarla y Ron tuvo que aturdirlo. Entonces se nos acercó Travers, un mortífago, en un principio pensamos que estábamos perdidos, ya que él nos dijo que era extraño que ella estuviese fuera de la Mansión Malfoy ya que tenía entendido que el Señor Tenebroso no los dejaba salir, pero Hermione interpretó su papel a la perfección y pudimos seguir adelante. Lo malo fue que Travers desconfió de nosotros y decidió acompañarnos a Gringotts. Tuve que confundir a los guardias de la entrada, pues llevaban unos aparatos que detectaban hechizos de ocultación y objetos mágicos y nosotros no queríamos ser descubiertos. Cuando entramos al interior del edificio, descubrimos que los duendes estaban avisados que posiblemente podía ir alguien que se hiciese pasar por alguno de los Lestrange, porque le pidieron la varita a Hermione y enseguida sabrían que ella era una impostora, ya que se suponía que Bellatrix había perdido su varita en el suceso de la Mansión Malfoy."
"Sin pensármelo dos veces les lancé una maldición imperio al duende de detrás del mostrador y a Travers y así pudimos acceder a la entrad de los túneles. Mientras el duende llamaba a un carrito y nos montábamos en él, me pareció oír gritos en el vestíbulo pero no tuvimos ocasión de comprobar que estaba pasando porque el vagón ya se había puesto en movimiento. Al tomar la última curva nos encontramos con una cascada de agua que hizo que todos nuestros hechizos de ocultación desapareciesen y volviésemos a nuestro estado original, era La Perdición del Ladrón, nos habían descubierto. Tuvimos que darnos prisa a llegar a nuestro destino, pero nos encontramos con un enorme dragón blanco que estaba sujeto a unas gruesas cadenas de acero, que custodiaba las cinco cámaras más profundas y antiguas del banco. Volví a someter al duende que había venido con nosotros y accedimos a la cámara de los Lestrange a toda prisa, porque se acercaba alguien donde estábamos nosotros. En el interior de la cámara había de todo, un montón de tesoros y mucho oro, pero comprobamos que si tocabas algo esto te quemaba y se multiplicaba.
No teníamos mucho tiempo, ya que los duendes ya estaban muy cerca, los podían oír a través de la puerta de la cámara. Al final encontramos la copa de Hufflepuff, pero fue difícil de conseguir. No podíamos tocarla y estaba colocada en uno de los estantes más altos que había en la cámara. Entonces pensé que podía tocar las cosas con la espada de Gryffindor ya que era un objeto mágico, pero igualmente era imposible llegar hasta ella. De pronto Hermione tuvo una idea, me hizo levitar y así pudimos conseguir la copa. Después vino lo más difícil, salir de Gringotts sin ser apresados.
—La cosa no era tan sencilla como la pinta Harry,— dijo Hermione— cuando lo hice levitar, chocó contra una armadura y esta se multiplicó haciéndonos caer a Ron, a los duendes y a mí, que a la vez chocamos con más objetos que poco a poco nos iban enterrando y abrasando. Al final alguien del exterior abrió la cámara y nosotros salimos entre una avalancha de galeones y objetos. El comité de bienvenida no se hizo esperar y vimos a una horda de duendes que se nos acercaban con cuchillos. En aquel momento a Harry se le ocurrió una "genial" idea, — dijo ella con sarcasmo— liberó al dragón y nos hizo subir a su lomo. Tuve que ayudar al pobre animal a agrandar el pasillo, pero al final conseguimos salir de Gringotts. Al atardecer, cuando hacía ya un par de horas que volábamos encima el dragón, nos bajamos del animal lanzándonos a un lago del que él bebió.
—¿Cómo se os ocurre entrar así en Gringotts?— preguntó Bill Weasley— Estáis locos. Era un suicidio, si os hubiesen atrapado erais magos muertos. ¿Qué pasó con Griphook?
—Nos traicionó.— dijo Harry— Cuando salimos de la cámara salió corriendo blandiendo la espada de Gryffindor y llamándonos ladrones, haciendo ver que lo habíamos obligado a hacerlo.
—Te lo advertí Harry. No te fíes de un duende. — le recordó Bill.
—Lo sé, tenía que haberte hecho caso.— le dijo Harry— Poco después de llegar al lago Voldemort volvió a entrar en mi mente. Estaba muy enfadado, no podía creer que nosotros supiésemos de su secreto. Pero tenía que asegurarse de que solo era una coincidencia que nosotros nos llevásemos la copa, así que decidió comprobar todos los escondites de sus horrocruxes. De esta manera nos enteramos de que el último que no sabíamos dónde estaba, se encontraba en Hogwarts.— Harry miró a Dumbledore y le dijo— La diadema la escondió la noche en la que él vino a pedirle empleo, como dijo usted, él no estaba interesado en el trabajo, solo quería entrar aquí para esconder el horrocrux y si conseguía el empleo mucho mejor, así habría podido reclutar a más mortífagos. Así que decidimos ir a Hogsmeade para intentar entrar en Hogwarts.
"Al llegar al pueblo, disparamos el encantamiento maullido, que saltaba cada vez que alguien salía a la calle después del toque de queda. Un montón de mortífagos nos buscaba en las calles y soltaron a los dementores. Tuve que hacer salir a mi patronus para protegernos de ellos y los mortífagos supieron donde estábamos. Entonces apareció Aberforth Dumbledore y nos ayudó a escapar de ellos y nos enseñó la manera de entrar en el colegio sin ser vistos. Descubrimos que hay otro pasillo en Hogwarts, uno que está e la Sala de los Menesteres y que da directamente al pub de Cabeza de Puerco. Desde aquí todos ya sabéis lo que pasó luego. Vencimos a Lord Voldemort y a sus mortífagos."
—Tus padres estarían muy orgullosos de ti, Harry.— le dijo Remus—Yo también estoy orgulloso y gracias a ti podré ver crecer a mi hijo.
—Sabes que nos tendrás para lo que quieras, hijo— le dijo Arthur Weasley.
—Quiero que vengas a casa, Harry. Te quedarás con nosotros hasta que acabes el colegio, después ya decidirás que vas a hacer.—dijo la señora Weasley, se giró hacia su hijo y le dijo— Ronald Weasley estoy muy orgullosa de ti, has sido muy valiente.
Ron se ruborizó y su cara hizo juego con su pelo y sus dos amigos se echaron a reír. Entonces habló la profesora McGonagall:
—Tengo que disculparme con vosotros chicos. Habéis demostrado una gran capacidad para enfrentaros a los peligros de la vida. Sois un gran ejemplo a seguir por todos las generaciones venideras de magos y brujas de todo el mundo. Pero sobretodo estoy orgullosa de que seáis de Gryffindor y el año que viene os espero aquí para que terminéis vuestros estudios, siempre y cuando el colegio esté arreglado para acoger el próximo curso.
—No te preocupes Minerva, vamos a reparar el castillo y a devolverle el mismo esplendor que tenía antes de todo esto. Los alumnos podrán volver a disfrutar del colegio y seguir estudiando. Los detalles ya los discutiremos más adelante.— Kingsley miró a los tres amigos y les dijo.— Me habéis demostrado una gran entereza y valentía al enfrentaros vosotros solos a tantos peligros, siendo tan jóvenes. Sabía que lo conseguiríais. Dumbledore nunca se equivoca cuando confía en alguien, me habéis demostrado que las cosas no siempre son lo que parecen.— dijo mirando a Snape.
—Bueno, —dijo de pronto McGonagall— pues bajemos a cenar, creo que los elfos domésticos han preparado una cena por todo lo alto, no vamos a defraudarlos, ¿no os parece?
Todos fueron saliendo del despacho y bajaron la estrecha escalera de caracol hasta que salieron al amplio pasillo. Cuando McGonagall salió de la escalera apuntó con su varita a la destrozada gárgola y la reparó. Caminaron todos en grupo hasta que estuvieron ante las puertas del Gran Comedor, la directora los hizo esperar fuera mientras ella colocaba la sala para que todos pudiesen cenar. A los pocos minutos McGonagall apareció de nuevo y les dijo:
—Todo está preparado, todos están ya sentados alrededor de las mesas y nos están esperando.
Automáticamente las puertas se abrieron y todos pudieron ver que las mesas estaban dispuestas de una manera diferente. Estaban colocadas en forma de U y la mesa de los profesores estaba habilitada para los miembros de la Orden del Fénix. Esa noche no existirían las casas de los fundadores, cada uno se sentaría donde quisiese.
La Orden del Fénix entró en el Gran Comedor entre un gran estruendo de aplausos y vítores de los presentes, cada uno de ellos tomó asiento en la gran mesa de los profesores de manera que los tres héroes del momento quedaron en el centro de la mesa.
Harry contempló a su alrededor y vio a todos los miembros del ED sentados entremezclados con profesores y alumnos, reinaba una atmósfera de alegría y paz que hacía meses que no se respiraba entre los muros de ese castillo. Delante de la mesa presidencial apareció el atril que siempre era usado para los discursos de principio de curso de Hogwarts. La profesora McGonagall se levantó de su asiento y se situó detrás del atril para hablar a los presentes. Cuando todos estuvieron en silencio dijo:
—Buenas noches a todos. En vista de los acontecimientos acaecidos estas horas, el castillo ha quedado muy deteriorado. Por lo tanto las clases quedan suspendidas hasta el año que viene.— Miró a Kingsley y siguió— El señor Ministro en funciones, me ha asegurado que el edificio será reparado para el curso que viene, dónde los alumnos de séptimo año repetirán de curso y así se podrán preparar como dios manda para sus EXTASIS. Los demás alumnos subirán de curso y convalidarán el actual con el siguiente con alguno que otro trabajo extra.
Hubo una pausa en la que todos aplaudieron las palabras de la profesora, que tuvo que alzar la mano para pedir silencio y continuó:
—Y ahora me gustaría agradecer a Harry Potter, Hermione Granger y Ronald Weasley la derrota del Lord Voldemort, sin ellos las cosas no estarían así de bien. Y sobretodo agradecerles que hayan arriesgado sus vidas retrocediendo en el tiempo para enfrentarse a los mortífagos y salvar las vidas de muchas personas ahora aquí presentes. Pero también hay que recordar a todos los que no han podido salvar, aquellos que han muerto de una manera valiente entregando su vida por nosotros.— la profesora hizo aparecer unas relucientes copas de cristal ante cada uno de los presentes y alzando la suya exclamó— ¡Por Harry Potter, el Elegido, el niño que sobrevivió!
Todos los presentes alzaron sus copas a la vez y gritaron, levantando las copas hacia Harry:
—¡ Por Harry Potter!
Harry estaba abochornado, no sabía donde meterse, no había pasado tanta vergüenza en toda su vida y en ese momento quería que se lo tragase la tierra. Bebió de un solo trago el contenido de su copa y se hundió en su silla.
—Harry ¿te encuentras bien?— le preguntó Ron.
—No.
—Pues vas a tener que acostumbrarte, — le dijo Hermione— pues ahora eres más famoso de lo que ya eras.
—Si lo llego a saber no salvo al Mundo Mágico de Voldemort.
—No digas tonterías, se les pasará. Sólo tienes que tener un poco de paciencia.
—Ya.
Mientras tanto McGonagall había estado hablando a los demás y la escuchó que decía:
—... No tengo nada más que añadir, así que... ¡A comer!
Encima de las mesas aparecieron un sin fin de manjares cuidadosamente preparados por los elfos domésticos del castillo y todos empezaron a comer con apetito.
—
