No saben cuánto lo siento, nunca quise que sucediera esto con esta historia, pero las ideas no me llegaban y no quería ofrecerles una continuación mediocre. Perdón a todas y todos los que esperaron todo este año para que volviera a actualizar y a aquellos que la leyeron recientemente. Ya tengo todo, así que no tienen que preocuparse por que no actualice pronto, de cualquier manera sólo quedan dos capítulos más. Para que no tengan que releer la historia, les dejo este fragmento del capítulo pasado en el que Albus nos explica la situación:

En cuanto Albus llegó a su habitación después de la media noche (había estado todo el día con Rose), tomó un trozo de pergamino y escribió la historia que llevaba hasta ahora para poder encontrar los pedazos faltantes del rompecabezas.

Hasta ahora sé que Scorpius está enamorado de Rose y Rose de él. En primer año Rose no quería ver a Scorpius por orden del tío Ron. Cuando Scorpius se dio cuenta de que ella era su amiga secreta siguieron escribiéndose pero Rose no sabía que era Scorpius. Cuando Scorpius no pudo más, me lo dijo y Lily lo escuchó, le fue con el chisme a Rose (alterado, por supuesto, porque Lily está enamorada de Scorpius) y ella buscó venganza. Ambos saben la verdad a medias y no quieren hablar. Y ahora todo es más incómodo que antes porque se besaron. ¿Cómo resolverlo? ¿Podría ser aún peor?

Al acabar de escribir, Albus suspiró.

Necesitaba ayuda.

Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.

Dedicado a las hermanas Natwizard y Dominique Jackson, por sus maravillosos comentarios y su apoyo.

Hogsmeade.

La situación había empeorado cada día más. No Scorpius ni Rose se dirigían la palabra por miedo a malinterpretar todo de nuevo y de que el otro descubriera sus verdaderos sentimientos. Ya no les interesaba fingir, sabían que el otro sabía la verdad, lo que no sabían era que era una verdad a medias que sólo Albus conocía y que intentaba arreglar para no verlos sufrir por un malentendido.

Era marzo, el tan esperado juego de quidditch contra Hufflepuff estaba a punto de dar comienzo y Albus había ido con James y sus primos para ver jugar a Scorpius, que estaba hecho un manojo de nervios. No hubo manera de que pudiera hacer ir ni a Rose ni a Lily, pues la última había estado muy rara con Scorpius últimamente (Albus sospechaba que era simple despecho).

Desde las gradas pudo distinguir dos cabelleras castañas y una rubia, que saludaban a Scorpius, quien ya estaba en el aire junto a sus compañeros de equipo y del equipo contrario. Observó que él les devolvía el saludo con un entusiasmo nada usual en él. Cerca de él vio a su propio padre, Harry, no tenía idea de por qué estaba allí.

El partido comenzó, ambos equipos jugaban con fiereza, como si no hubiera un mañana. Nadie había visto un partido tan agresivo entre esas casas tan tranquilas. Scorpius golpeaba tantas veces las bludgers como podía, derribando a veces a los jugadores, estaba especialmente ensañado con Sanders, pero el hecho de que fuera quidditch hacía que nadie lo notara mucho, salvo dos personas entre el público. Fueron las tres horas más intensas para los jugadores de ambos equipos, hasta que Ravenclaw al fin atrapó la snitch, ganando el partido por un pelito.

Después de la típica celebración por parte del equipo en medio del campo de quidditch, Scorpius fue al otro lado, corriendo para acercarse a sus padres y a su más querida prima, Sophie; esta fue corriendo en su encuentro y Scorpius la levantó del suelo para darle un par de giros en el aire, haciéndola reír a carcajadas. Se abrazaron tanto tiempo como les fue posible.

-Apestas ¿sabes?- dijo ésta divertida, lo que la hacía ver aún más bella de lo que ya era, algo que toda la familia admiraba.

Scorpius rió con ella, por primera vez en mucho tiempo, para después acercarse a sus padres, quienes lo felicitaron con efusividad.

-Nos quedaremos el fin de semana en Hogsmeade, tu madre y yo tenemos unos negocios que atender- informó su padre, Scorpius no pudo dejar de notar que lucía muy cansado, seguramente tenía mucho trabajo en el ministerio-. A Soph le dieron permiso en Beauxbatons de venir a verte, le montó todo un circo a la directora…- los músculos de su cara se contrajeron de tensión al decir eso.

-Aunque cuando mencioné que tenía muchas ganas de visitar la cabaña de Hagrid me dejó libre de inmediato- Scorpius rió con ella y preguntó con emoción:

-Entonces ¿también te quedas?

-¡Tú vienes conmigo!- exclamó ella-. Tengo tantas ganas de conocer Hogsmeade, me has hablado tanto del pueblo que necesito comprobar si es tan maravilloso como me hiciste creer…

-Tienes el permiso de Mcgonagall, hijo- dijo Draco con una sonrisa-. los veremos a ti y a tu prima en las Tres Escobas en dos horas.

-Anda, cielo, de verdad necesitas una ducha- agregó Astoria alegremente.

Scorpius se sonrojó y, más feliz de lo que recordaba, tomó la mano de Sophie y la condujo por todo el campo hasta llegar a los vestidores. Todos sus compañeros ya se habían ido y el lugar estaba casi desierto.

-Este castillo es increíble- comentó Sophie en un perfecto francés.

-Me ducharé rápido para ir a dar una vuelta- respondió Scorpius con una gran sonrisa, en el mismo idioma que ella.

-Nunca me dijiste que hablabas francés- dijo una voz cerca de ellos. Era Albus, que se había quedado cerca del campo para esperar a su amigo y de paso averiguar qué hacía Harry ese día en el colegio, lo segundo no lo había conseguido.

-Al, ella es mi prima, Sophie- presentó Scorpius sin dejar de sonreír, luego se volvió a Albus y se lo presentó en un perfecto tono francés, sin saber por qué.

-Mucho gusto- saludó Albus tendiéndole la mano- Scorpius me ha hablado mucho de ti, pero nunca me dijo que fueras tan bonita.

Scorpius le dirigió una mirada furibunda, Albus lo miró alzando la ceja en una forma que dejaba muy clara la situación con Rose y el rubio regresó a su mirada de angustia y desesperación.

-Nunca me dijiste que tu amigo fuera tan guapo, tampoco- dijo Sophie a Scorpius de nuevo en francés para que Albus no entendiera.

Scorpius se encogió de hombros y entró en las duchas, dejándolos solos.

-Necesito ir al grano- dijo Albus en voz baja, con apuro, a Sophie-. Sé que me entiendes, así que por favor deja de jugar a la niña extranjera, Soph…

-No me dejaste divertirme más, Al- rió Sophie-. Nos hemos carteado el último mes, creo que sé de qué hablas. Ahora sólo hay que afinar los detalles del plan.

-¿Quieres bajar la voz? Las paredes oyen por aquí.

La castaña se cruzó de brazos.

-¿Quieres mi ayuda o no?

Albus bufó y asintió. Era chica a veces lo sacaba de sus casillas. Había pasado más de un mes desde que le había escrito contándole la situación, poniéndola al tanto de todo lo que Scorpius no le había dicho por ignorar muchos detalles de la situación que estaba aconteciendo. Él sabía que Sophie estaba al tanto y de esa manera le interesaría ayudar a su primo, así como él quería ayudarlos tanto a él como a Rose.

-Bien, ¿qué tenemos hasta ahora?- preguntó Sophie habando con prisas por si Scorpius salía del vestidor.

-Rose no se habla con él, Lily no le habla a ninguno, Rose dejó a Sanders. Ambos saben la verdad pero no lo hablan, Rose sólo cree que Scorpius la engañó todo el tiempo de mala fe y Scorpius se echa todo en cara sin saber que fue Lily la que le hizo creer todo eso a Rose. Ya no se escriben ni nada.

-Aquí está el asunto- ideó Sophie-. Tal como quedamos, tú obligas a Rose a escribirle una nueva carta al tal Merlín donde le diga que sabe todo, pero que la decepcionó. Yo obligo a Scorpius a escribirle a la tal Morgana toda la historia del niño solitario que no quería perder a su amiga. Ambos las leen y todos felices.

-No creo que una carta lo arregle todo, deben verse cara a cara- contradijo Albus.

-¿Quieres calmarte un poco, Potter? Todo va a salir bien.

-Tú no has estado aquí por meses viéndolos a ambos consumirse en vida. Rose es mi prima, me duele verla así.

-Y yo odio leer todas las cartas depresivas de mi primo- soltó Sophie enojada-. ¿qué te parece esto? Esta tarde a las seis en punto lleva a Rose a Hogsmeade, antes oblígala a escribir esa carta. Te estaré esperando con Scorpius atrás de las Tres Escobas. Los dejamos a ambos solos y se entregarán en persona las dichosas cartas, ¿contento?- exclamó con fiereza al final.

-¡Bien!- exclamó Albus de la misma manera. Se habían acercado el uno al otro sin darse cuenta.

Un carraspeo detrás de ellos los sobresaltó. Al ver a Scorpius se les fue todo el color de la cara, deseando con todas sus fuerzas que no hubiera escuchado una palabra de su plan.

-Me da gusto que se lleven bien- comentó Scorpius taladrando a Albus con los ojos, al parecer creía que el pelinegro quería algo con su prima, pues la tomó posesivamente de la mano- ¿Te importa si me llevo a mi prima a dar un paseo?

-Toda tuya- contestó Albus un poco atolondrado-. Tengo que buscar a Rose de todos modos.

Sophie le guiño un ojo a Albus y se fue con Scorpius a recorrer los jardines.

-Y ¿cómo has estado?- preguntó Sophie mientras caminaban alrededor del lago.

-Creo que todo empeora cada día más- suspiró él con fastidio-. Rose me odia, soy un gran y reverendo estúpido.

-Por supuesto que sí- confirmó Sophie, Scorpius la miró feo.

-Gracias por tu gran apoyo, amada prima- dijo sarcástico.

-Es de enamorados hacer estupideces- explicó Sophie-. No es culpa de ninguno de los dos. Pero sabes que debiste decirle antes.

-¿En serio?

-Deja el sarcasmo, idiota, sólo trato de ayudarte.

-¿Y qué se supone que debo hacer, sabelotodo?

-Si sigues tratándome de esa manera me regreso a Beauxbatons, te lo aseguro.

-Perdón- se disculpó Scorpius arrepentido-. Es que todo esto me tiene estresadísimo, ya sabes.

-Entonces haz algo al respecto en vez de sólo estar autocompadeciéndote.

-¿Alguna idea?

Sophie fingió pensárselo mucho, para que su primo no sospechara del plan que tenía con Albus. Su rostro se iluminó con una veracidad que habría engañado a cualquiera. Sacó de su bolso dos trozos de pergamino, pluma y tintero y dijo:

-Si todo comenzó por sus cartas, ¿por qué no terminarlo de esa manera?

-Ni lo sueñes- se negó Scorpius rotundamente-. No creo poder…

-Bien, entonces ve hacia ella y dile que estás loco por sus huesitos.

-¿Sólo tengo esas dos opciones?

-Toma el maldito pergamino y comienza a escribir, zopenco. Necesito culminar este asunto antes de irnos.

-¿Irnos?- preguntó Scorpius suspicaz.

-Sí… ya sabes, tus padres y yo… sólo escribe.

Scorpius le hizo caso (aún indeciso), mojó la pluma en el tintero y comenzó a escribir, intentando hilar sus ideas, sorprendido de que las palabras salieran con una fluidez que no había esperado. Cuando terminó, se la guardó en el bolsillo, sin saber si debía enviarla o no.

En la biblioteca del castillo, una chica pelirroja y un chico pelinegro discutían acaloradamente en voz baja.

-No entiendo tu punto, Al- saltó Rose. Albus sintió un nudo en la garganta al verla al borde de las lágrimas-. Ya te dije que me gusta, pero odio lo que me hizo y ¿ahora quieres que sea yo quien tome la iniciativa y le diga lo que siento a pesar de todo?

-¿Es que no entiendes que fue un estúpido malentendido?- insistió Albus-. Sólo hazlo, confía en mí. Si pudieras escribir una última vez a Merlín qué le dirías.

Rose lo fulminó con la mirada, tomó un trozo de pergamino y comenzó a escribir con furia.

"Eso fue fácil" pensó Albus. Se recostó en el respaldo de su silla y esperó. El plan marchaba bien hasta ahora, sólo esperaba que Rose no saliera con el corazón más roto.

-No mentías en tus cartas, primito- comentó Sophie mientras caminaban por el hermoso pueblito de Hogsmeade, admirando todo a cada paso.

-¿Tienes idea de por qué papá estaba tan raro?- preguntó Scorpius sin miramientos.

Sophie intentó aludir la pregunta con comentarios sobre el paisaje, pero Scorpius comenzó a ponerse nervioso y ella se vio obligada a contestar.

-Ha estado recibiendo cartas de amenaza de antiguos mortífagos- dijo ella rápidamente.

-¿Qué?- soltó Scorpius débilmente- ¿desde cuándo?

-Unas semanas.

Ambos se quedaron en silencio un momento.

-Ellos vinieron precisamente para eso y yo, bueno… estoy implicada en el caso, así que… no, se supone que hablaremos de eso en la noche- se interrumpió a ella misma abruptamente-. Sigamos paseando ¿quieres?, ya casi son las seis.

Scorpius estaba más confundido que nunca, pero decidió no preguntar más.

-¿Qué hacemos aquí?- preguntó Scorpius una vez que se sentaron cerca de un árbol detrás de las Tres Escobas.

Sophie no le contestó, sólo observó su reloj, que marcaba las seis en punto de la tarde.

-Espera aquí, ya regreso- comentó ella alegremente, se levantó y se fue.

Dos minutos después, un rayo rojo casi le daba de lleno en la cabeza. Scorpius se levantó en automático y blandió su varita. Al menos cinco mortífagos encapuchados y con máscaras se dirigían a él y le mandaban hechizos a diestra y siniestra, que él esquivaba como podía.

-¡No!- escuchó a alguien gritar, esa voz la conocía a la perfección.

Todo se volvió muy confuso de un momento a otro. Un hechizo consiguió derribarlo hacia atrás, causándole un dolor de muerte. Y la voz del señor Potter llegó hasta sus oídos; el auror había logrado vencer a los mortífagos. Lo miraba con preocupación. Sophie y sus padres se acercaban con rapidez hasta él y Rose se arrodillaba a su lado.

-¡Rose! ¿Qué rayos haces aquí?- preguntó Harry con enojo-. Regresa de inmediato al castillo, ¡Albus Potter, maldita sea, llévate a tu prima!

Rose estaba paralizada al ver al rubio yaciendo en el césped, sujetándose el estómago y con la nariz sangrante. Haciendo uso de todas sus fuerzas, Scorpius tomó la carta que había escrito horas atrás y se la dio, sujetando su mano tanto como pudo antes de desmayarse.

Espero les haya gustado!

El que sigue no tardará.