Notas de la autora:

Bueno ¿qué tal están? Por aquí ando actualizando un poquito. A este chap lo titulé "La profecía", pero bien podría haberse llamado "Vamos a putear a la autora" (xDDD). El caso es que justo cuando estaba a punto de poner las notas finales en OppenOffice... (NinoNinoNinoNIno) El archivo... (NinoNinoNinoNino) ¡Desapareció!... (¡TACHÁN, TACHÁN!). Increíble, pero cierto.

Estoy conmocionada desde ese día, pero lo superaré (xD). De todos modos, si os cuento las supermegadesventuras-fumadas que ocurrieron luego, nadie iba a creerme... Sin más les dejo el chap... rehecho (xD).

Y como siempre, gracias a Tsuki-chan, Beatrix y Suiseki por el apoyo ^^

Disclaimer: Naruto pertenece a Kishimoto Masashi, aunque todo es negociable...


El valor del silencio

por Shizenai

Capítulo X – La profecía

Probablemente estaba a kilómetros inimaginables de su tierra natal, mucho más allá de donde ella misma sabría localizarse en un mapa y, aunque Sakura estaba completamente segura de que jamás había puesto un pie en aquel pueblecito de ensueño, no le tembló la voz cuando expresó que habían llegado a Zalath'elein.

Las hileras de luces y guirnaldas unían unas casas con otras en un recorrido interminable, donde era extraño no encontrar a algún grupo bailando en cualquiera de las esquinas mientras la música de orquestas parecía emanar de todos lados. La gente abarrotaba los puestos ambulantes como si se les fuera la vida en ello. No había un rostro allí del que no prendera una sonrisa radiante y de ser así, le era sonsacada por cualquiera de los pintorescos juglares que se desvivirían por unas pocas monedas.

Repentinamente, fue capaz de recordar el ya mencionado libro de ilustraciones que una vez le regaló Sai y para entonces, supo ubicar a aquel pueblecito en alguna de sus tantas páginas.

Aquello le resultó en parte decepcionante, pues sabía perfectamente que Sai sólo plasmaba en papel aquellos lugares a donde había sido requerido como miembro de Raíz. El hecho de que aquel par de Akatsuki deambularan libremente por la zona significaba que habían perdido esa contienda y que el territorio ya estaba tatuado con el emblema de nubes.

Sin embargo, nada perturbó su simpatía hacia la belleza y encanto del sitio. Más aún cuando parecía no haber nadie preocupado por quien movía los hilos... No logró ver ninjas ni otros guerreros. Sólo familias viviendo enajenados de otra realidad subyacente.

Por primera vez en muchísimo tiempo, Sakura fue capaz de reír a carcajadas simplemente viendo a niños corriendo alrededor de pequeños cohetes que explotaban y escupían fuego de colores, o escuchando los chistes que intercambiaban los viejos amigos o las bromas que hacían a sus mujeres.

Aquel lugar era como una utopía en aquel mundo tan imperfecto.

No tardó en ser acogida de buen agrado en la fiesta y tampoco fueron pocos los que posaron su atención en ella. El primero que se le acercó fue un anciano bajito y con bigote bastante gracioso que haló de su mano para invitarla a brincar con otra docena más de bailarines que entrelazaban sus brazos al son de la música y las palmadas. Luego y sin opción a negarse, rodó a los brazos de otro hombre, luego de una chica, hasta llegar a la conclusión de que allí no había realmente nadie que tuviera pareja y que aquél era un baile en conjunto.

Cuando tuvo la más mínima oportunidad, se zafó del tumulto de danzantes para unirse al resto de observadores mientras aplaudía al ritmo de la melodía casi sin darse cuenta.

Por un momento se sintió desorientada, pero no tuvo que esforzarse demasiado para encontrar a su peculiar pareja de acompañantes.

No muy lejos pudo escuchar un ligero barullo en el interior de una de las tabernas. Aún era difícil percatarse de ello si no se le prestaba especial atención, pero algo le decía que aquel escándalo no formaba parte del evento.

Luchó por adentrarse en el local mientras una manada de ciudadanos hacía exactamente lo mismo por salir de él. No tuvo que ponerse ni de puntillas para vislumbrar a Kisame y, cuando se percató del modo en que Samehada amenazaba a un grupito de niños, se figuró que le habían gastado la broma a la persona menos indicada.

Resultaba doloroso escuchar el llanto de los críos, pero no hubo nadie con el suficiente valor para interponerse entre ellos y la espeluznante espada. Hubo quien se preguntó si ésta tenía vida propia.

—¿Quieres ver cómo vuela otra cosa? —dijo Kisame entre furioso y divertido. Había encontrado el motivo perfecto para que comenzase su verdadera distracción.

El muchacho se retorció entre sus manos, pero el cuchicheo no llegó hasta que advirtieron a la joven encaramada a su corpulento brazo. El rostro de la pelirrosa sudaba por el sobresfuerzo y aún así, Kisame parecía lo suficientemente capaz de lanzarla junto con el muchacho en un sencillo movimiento.

—¡Tranquilízate! ¡Es un niño! —gritó Sakura con obviedad.

Su actuación pareció despertar cierta cólera colectiva y el muro invisible que contenía el desastre, lucía como si fuese a derrumbarse de un momento a otro. Kisame fue consciente de esto, pero sintió mayor interés por el joven apoyado sobre la columna de madera que observaba detenidamente la situación.

—¿Te diviertes, bastardo?

—Dices, ¿antes o después de que te hayan echado a arder la gabardina? —respondió el Uchiha sin demasiado entusiasmo.

Sakura apreció la ira acentuándose en cada facción de aquel mastodonte de pelo azulado. La gruesa vena visible en su rostro palpitaba como su estuviese a punto de estallarle , por lo que apretó con más rudeza su brazo aun sospechando que nada podría salvarles de una inminente masacre. Pero, Kisame no se movió un centímetro. Todavía mantenía sujeto al niño por el cuello pero notó cómo sus músculos se relajaban. Estaba desconcertada. Miró expectantemente a un asesino y otro, y al percatarse del ligero brillo rojizo en los ojos del más joven, cayó en cuenta de que aquello era obra del Sharingan.

Hoshigaki Kisame dejó al niño lentamente en el suelo con la misma delicadeza que la de una fiera amaestrada. Acto seguido, y para sorpresa de todos, abandonó la taberna con una calma impropia, para sentarse unos metros más lejos a observar la luz de las estrellas. La joven no tardó en aprovechar para arrodillarse junto al crío.

—Déjale —ordenó Itachi.

—No puedo. El niño...

—Sakura... Déjale... —volvió a repetir arrastrando esta vez las palabras.

Le hubiese rebatido de no haber sido porque apreció el aura ligeramente revolucionada de los testigos. Quería revisar al niño, pero sabía que si no huían de allí con rapidez, serían atacados por un enjambre encolerizado que buscaba venganza.

Al desaparecer del lugar, habría jurado que percibía los pasos del Uchiha siguiendo los suyos mientras se perdía entre el gentío, pero cuando se detuvo para recuperar algo de aliento, no halló su figura a su lado.

Buscó entre los alrededores y le fue imposible encontrarle entre aquel mar de cabecitas. Recibió empujones por doquier y cuando se sintió lo suficientemente atosigada como para seguir avanzando por las calles, salió de aquella corriente humana para detenerse a descansar en una escalera que parecía dar la espalda al pueblo.

Sakura maldijo en voz alta mientras apoyaba el mentón en sus rodillas...

Zalath'elein le había cautivado de tal manera que lamentó que su presencia allí resultase tan desafortunada. Se habría conformado con pasar la tarde con un poco de tranquilidad, porque... si algo tenía claro es que la paz no duraría por siempre, pero sólo un par de horas para evadirse de su cruel mundo sería suficiente para ella... ¿Acaso no se había ganado ese privilegio?

—¿Estás perdida, muchacha? —oyó la ronca voz, pero no fue hasta su segunda intervención que vio a la anciana sentada en una colcha dentro de una de las carpas. Ni siquiera se había percatado de que estaban ahí—. Vamos, date prisa y entra...

—No tengo dinero... —fue lo primero que se le ocurrió decir.

—¡Entra ahora!

Sus pasos fueron confusos mientras se aturdía respirando un aroma a incienso casi hipnotizante. Apartó la gruesa tela y confirmó que aquella señora de cabellos nacarados y aspecto centenario se estaba dirigiendo hacia ella. La encontró remendando unas viejas telas y aunque quiso retirarse, no le quedó alternativa cuando le pidió con muy poca cortesía que tomara asiento.

—Eh, ¿Señora? —musitó tímidamente la joven tras un minuto de silencio. La anciana pareció inmune a sus palabras—. Abuela, en serio, no puedo hacerle compañía...

—Ten un poco más de respeto, niña —añadió por fin para dejar ver unos ojos diminutos y tremendamente oscuros—. No es como si pudieras ir a ninguna parte...

—Oiga, ¿qué...? —expresó, aunque no recibió ninguna condescendencia hacia su sorpresa.

La mujer lamió la yema arrugada de su dedo índice que había comenzado a sangrar por un pinchazo y esparció por la superficie de la mesita que tenían entre ellas lo que resultó ser un mantel desgastado y lleno de extraños símbolos dorados de los cuales sobresalían algunos hilillos. Luego inclinó su pequeño cuerpo algo jorobado y arrastró la muñeca de la joven hasta depositarla sobre el epicentro de la tela.

—¿Qué es esto? ¿Me está leyendo la mano? —dijo enarcando una ceja—. ¿Es usted una bruja?

—¿Qué te dije del respeto, niña? —añadió con rudeza para seguidamente devolver su atención a las líneas de la palma de su mano.

—Lo siento, señora... Ah, y no soy ninguna niña. Y tampoco debería estar aquí. No sé imagina los problemas que puedo buscarme por esto. Y sinceramente, no puedo decir que vaya a creer en cualquier cosa que usted pueda decirme...

—Silencio...

—Ni siquiera voy a poder pagarle por sus servi-...

—¡Silencio de una vez!

—Está bien... —y agachó la cabeza resignada.

Estaba la anciana tan concentrada en cualquiera que fuese su labor, que Sakura no notó ni que pestañeaba. Se mantuvo en silencio, a veces tan inmóvil que parecía una estatua mineras el tiempo transcurría con una parsimonia desesperante y, sólo en una ocasión, la vio apartar su mirada para escupir a un lado y volver de nuevo a su desempeño.

Finalmente soltó con descuido la mano de la muchacha y giró su pequeño cuerpecito para continuar con otro nuevo cosido.

La kunoichi aguardó expectante, pero ella no dijo nada...

—Abue-, quiero decir... ¿Señora?

—Tenías razón —dijo con desdén. Como si hablar con ella le resultase una molestia.

—¿Que tengo razón en qué?

—No puedo ayudarte en nada. Tú sabes todo lo que yo tengo que decirte...

—Que yo sé ¿qué? Espere, ¿y eso es todo? —empezaba a notar que se tambaleaban los cimientos de su buena educación—. ¿Me ha hecho perder treinta minutos de mi tiempo sólo para decirme que no puede ayudarme?

—Pensaba que no creías en estas cosas...

—Sabe usted cómo despertar la curiosidad, ¿verdad?

La anciana clavó su mirada en sus suaves ojos jade, dejando a la vista una sabiduría que no había aprendido únicamente con el paso de los años. Las blancas y espesas cejas se fruncieron hasta el punto de fusionarse y la joven sintió en su expresión un resquemor desconcertante.

—Él va a arrancarte el corazón del pecho y lo sabes... —habló en un tono tan misterioso que parecía estar profanando un mandamiento—. Sólo esperará la mejor oportunidad.

—Oiga señora, esto no es gracio-...

—¡Por eso debes atravesar el suyo con esto!

La anciana extrajo de los pliegues de sus ropas una aguja mucho más gruesa y afilada, y seguidamente, la incrustó en la tela con tal violencia, que estuvo a escasos centímetros de perforarle la mano.

La kunoichi dio un salto apabullada en respuesta a su reacción y cuando sus oscuros ojos volvieron a ensartar sus pupilas, le fue imposible controlar el temblor en los labios.

—Va a matar primero al amor de tu vida... Si tú no le detienes, nadie más podrá hacerlo.

—¿Pero qué está diciendo? —exclamó frunciendo el ceño.

—Te estoy hablando... de él.

En aquel entonces no pensó en el peligro que suponía darle la espalda a aquella nada inocente mujer pero, Sakura siguió por inercia la dirección que apuntaba su dedo. Fue entonces cuando vio a Uchiha Itachi salir de la multitud de gente y, al ladear su rostro de un lado a otro, entendió que la buscaba.

Quiso enfrentar de nuevo a la anciana, pero cuando volvió a girar su cabeza, no encontró nada. allí..

La desconocida había desaparecido. Ni siquiera halló en la mesa el mantel que había usado aunque todavía permanecía incrustada la brillante aguja que la había traspasado.

Estuvo tentada de llevarla consigo, pero un nuevo escalofrío volvió a sacudirle el cuerpo y no dudó en salir despavorida de la carpa. Aquello sensación... era inhumana.

Dio todo de sí para alejarse con velocidad mientras notaba el aire congelado acuchillando su garganta. Aún le fallaban las fuerzas, pero no tardó en distinguir la silueta del Akatsuki entre el enorme conglomerado y fue incapaz de contenerse cuando se abrazó desesperadamente a su espalda.

La brusquedad del choque hizo tambalear ligeramente a Itachi. Al principio, cuando la reconoció, creyó que había sido un simple accidente debido al jaleo de personas, pero su teoría quedó descartada al sentir la fuerza con la que las manos de la chica se entrelazaron en torno a su vientre.

La miró por encima del hombro. Podía percibir aquel cuerpo temblando contra su espalda con una intensidad que jamás había apreciado en ella durante su largo viaje, con el rostro enterrado en su gabardina mientras trataba inútilmente de detener sus lágrimas.

—¿Qué ha pasado? —murmuró confundido.

—¡Quiero irme, quiero irme...! P-Por favor... Quiero salir de aquí —repitió apretándolo con más fuerza.

El muchacho no salió de su asombro. Estuvo a punto de separar sus manos cuando ante su tacto, Sakura se separó de su lado como si repentinamente hubiese sido consciente de que había estado encaramada a una vara ardiendo. Trató de ocultar su rostro avergonzado tras sus manos y flexionó sus rodillas para quedar empequeñecida por su comportamiento.

Se maldecía por haber perdido los nervios de aquella manera, y aunque aún le aterrorizaba el incidente vivido con la bruja, no podía decir que la reacción del Uchiha le preocupase menos.

Estuvo un minuto torturándose a sí misma antes de que llegara a suceder nada.

—Está bien. Nos vamos de aquí.

Siguiendo a su relajada voz, Sakura notó un tenue cosquilleo en su cabeza cuando los dedos del mayor se enredaron en sus cabellos para desprender un par de papelitos coloridos que habían quedado adheridos a varias hebras de su pequeña y rosada melena.

Sus párpados se abrieron con sorpresa, pero cuando fue capaz de apartar las manos de su rostro y elevar la mirada, ya era demasiado tarde para que Itachi hubiese podido contemplarla.

Su oscura figura volvía a sumarse de nuevo a la enorme masa de personas para cumplir su petición... Y justo cuando se incorporó para seguirle seguirle, tembló ante la brisa inexistente que recorrió cada recodo de su tiritannte cuerpo. "Hazlo, Sakura" volvió a escuchar en su oído sin que un alma estuviese a diez metros a su alrededor.

Aquella voz, la de la anciana, no volvería a oírla nunca más...

::x::x::x::

Rotó el libro en el aire y ladeó la cabeza para tratar de ver la ilustración con otra perspectiva. Había detalles muy diferentes, pero Itachi sabía que se encontraba en aquel mismo lugar que mostraba el paisaje de su libro.

Podía distinguir que ya no quedaba nada del viejo pozo apostado a un lado de la posada y ni mucho menos, asomaba el enorme sol entre los árboles de flores abiertas de la estación de primavera. En cambio, él se encontraba bajo un cielo encapotado de estrellas y un triste farolillo amarrado en una de las ramas del almendro bajo el que descansaba, que difícilmente proporcionaba algo de luz en aquel anodino parque en desuso.

La tranquilidad que se respiraba en sendos paisajes era la misma, pero había ciertos detalles que le daban un aire más fresco...

Los ojos del Uchiha rodaron de la arrugada página hasta asomar disimuladamente lo necesario para ver a la joven ocupando la misma mesa de madera que podía distinguir en la imagen. Definitivamente aquel cabello tan colorido daba un toque drásticamente diferente al anodino verde que predominaba en el lugar.

La observó rascando nerviosamente la superficie áspera de madera. Debía estar bastante inquieta, al menos, eso se deducía ante aquel repertorio tan variado de muecas que eliminaba de su cara con un gruñido de rabia, para acto seguido, volver a perder la mirada en otra beta de la madera y esbozar otro mohín distinto. A Itachi le habría parecido divertido si no fuera porque sabía que alguna experiencia verdaderamente perturbadora la mantenía tensa desde aquella tarde. Aunque, ¿a él qué rayos le importaba? Se veía obligado a tener ese pensamiento sólo para explicar que hubiese buscado desesperadamente en él algo de... ¿consuelo?

Tampoco podía decir que la situación le fuese indiferente. Él, que jamás había tenido apetitos de las mil y una historias bélicas que Kisame tenía para contarle y que sin duda, habría sido el placer y la fortuna de cualquier buena editorial, habría dado lo que fuese por conocer lo que amedrentaba a la muchacha. Ya le hacía honores por tener la sangre fría de aguantar las atroces ocurrencias con las que de vez en cuando salía Kisame, le costaba creer que hubiese tenido que padecer algo peor que eso...

De repente, volvió con rapidez a las páginas de su libro. Un fugaz escalofrío le cruzó el cuerpo con tan poca consideración, que las manos le temblaron un poco y perdió la ilustración que contemplaba, pero se había encontrado a sí mismo sufriendo un sentimiento tan olvidado como la compasión y dudó si era producto del momento o del decaído estado en el que se encontraba últimamente. Temblores, mareos, náuseas... Nada que no pudiera mejorar con un nuevo suministro de su tratamiento cuando llegara por fin ante la persona adecuada... Deseaba que sucediese lo antes posible.

La acción le tomó con la guardia baja, pero no tuvo que levantar la vista del libro ni encontró un obstáculo en sus cavilaciones para atrapar el fruto del almendro que le había sido lanzado intencionadamente desde la lejanía.

Curioso atrevimiento, después de lo ocurrido.

Itachi aplastó la almendra hasta romper la cáscara y comer desinteresadamente el fruto. Sabía que no prestarle ni la mínima atención era lo que más la sacaría de quicio...

—Eres tan fastidioso... —le oyó cuchichear sin que probablemente tuviese la intención de que la oyera, pero lo había hecho, y no pudo evitar curvar los extremos de sus labios.

No pasaron muchos más segundos para que volviese a recibir otro ataque fallido. Así sucedió un par de veces hasta que necesitó ambas manos para evitar que alguno le interceptara y perder ni una pizca de su reputación.

Sakura era tan transparente... Itachi podía imaginar que la única manera que había encontrado para aliviar la vergüenza que sentía era tratar de llamar su atención a toda costa para llenar sus mente con recuerdos distintos a los sucedidos aquella misma tarde, y por el camino que seguía, cualquiera diría que en vez de eso estaba rogando por un castigo.

—Saku-... —apenas pudo apartarse antes de recibir otra más de esas almendras que... ¿de dónde demonios las conseguía?—. Sakura, ¿se puede saber qué haces?

—Siempre me estás molestando, así que he pensado que podría hacer exactamente lo mismo... —la joven frunció el ceño y no perdió la oportunidad de hacer un nuevo lanzamiento que volvió a perderse en el puño del moreno.

—Ah, muy maduro de tu parte —dijo jugando con el fruto en la mano—. Al menos podrías intentar lanzar en serio. Así...

La almendra salió impulsada por su dedo y aunque la chica pudo atraparlo, tuvo que disimular bastante bien el pinchazo de dolor que había sentido en la palma de su mano. Lo arrojó con molestia al suelo y encontrándose desinteresada ya por el asunto, no esperó que el enemigo siguiese adelante con aquella particular guerra.

Se rascó reiteradamente el cogote donde sintió el golpe para seguidamente, fulminar con una rabiosa mirada al muchacho que elevaba una ceja con desaire.

No es que Sakura hubiese sido alguna vez en su vida difícil de provocar —de eso podía dar cuenta Yamanaka Ino—, pero ahora podía comprobar lo mucho que había mejorado en ese aspecto...

Sentía los nervios tan crispados que ni se esforzó por apuntar correctamente. La joven atrapó un montón de almendras y quién sabe qué más del suelo para lanzarlo en un ataque que comenzaba a ser meramente defensivo.

Cómo la enfadaba... Ella totalmente traumatizada ante la idea de la bruja para acabar con la vida del mismísimo exterminador de los Uchiha, y ni siquiera podía acertarle en el pecho con una triste almendra podrida...

En una ocasión, creyó que tenía la situación perfectamente controlada. Había podido estudiar los movimientos de Itachi y calculó que si le arrojaba el material en la dirección indicada, él tomaría el rumbo opuesto para ser sorprendido por el resto del arsenal que previamente había guardado en las mangas de sus ropas en secreto. Pero... no era tan sencillo engañar a los ojos de un Uchiha y justo cuando iniciaba su estrategia, el joven había desaparecido totalmente de su campo de visión.

Miró con ojos absortos a un lado y otro hasta dar un respingo al oír su voz tan de cerca.

—Estás haciendo trampa... Suelta todo lo que tienes escondido ahí.

Sakura descubrió unos brazos rodeándole desde detrás de su espalda. La sujeción la tomó por sorpresa, aunque no la animó a rendirse.

Estuvo tan entretenida resistiéndose a soltar los frutos, pataleando en el aire mientras Itachi la subía en volandas una y otra vez para obligarla a hacerlo y, sobre todo, tan esmerada en tratar de zafarse de aquellas cosquillas mientras maldecía todo y cuánto cierto miembro de Akatsuki le había aportado a su elegante vocabulario, que no vio el momento en que aquella batalla —si para alguno de los dos lo había sido desde un principio— dejó de ser cuestión de orgullo para convertirse en algo tan tremendamente divertido.

Sakura no llegó a salir del asombro que le produjo escuchar sus propias carcajadas cuando vino a darse cuenta de la risa proveniente del otro muchacho... Sonó tan irresistiblemente natural y cálido en su oído, que dejó de moverse como el pequeño ratoncillo bajo las garras de acero de un águila.

Por ende, giró la cabeza para quedar atrapada en ese rostro situado tan cerca del suyo y que transmitía una sensación tan agradable como desconocida... ¿De verdad estaban jugando y él riendo junto a ella?

—I-Itachi... —pudo decir a duras penas—. Dem... demasiado...

—¿Cerca? —acabó la frase de forma entrecortada por la agitación del forcejeo—. Lo sé...

Sakura pestañeó perpleja. Había algo incoherente ahí y que quizás le sonase descabellado, pero... habría jurado que él se apartó de su lado como si no hubiese querido hacerlo, suponía, que motivado por haber encontrado en su rostro una expresión de desconcierto tan obvia y de la que ahora se arrepentía porque, debía estar loca, pero le había dejado una ligera sensación de calidez que ya ni siquiera ella estaba segura de si le hubiese apetecido recuperar otra vez.

Antes de darle tiempo a hacer mayores conjeturas, entendió sus prisas al advertir al otro miembro de la banda aparecer de la posada con pinta de haber estado ocupado en su propio jolgorio por mucho tiempo. Ella no había notado su presencia hasta entonces.

El recién llegado saludó a su compañero como si no hubiese estado deseoso de matarle esa misma tarde. A veces su aspecto de pez podía llegar a hacerle honor a su memoria. Y aunque el Uchiha era lo bastante bueno desenvolviéndose en esas tesituras, ella no podía ocultar que algo la había arrebatado el aliento y le incomodaba la respiración.

«¿Demasiado cerca, Itachi?» pensó, buscando sin éxito su grisácea mirada. «No. Esto fue demasiado... doloroso».

La sombra que se escondía detrás de unos matorrales igual que una escurridiza serpiente, sabría sacarle buen provecho a ese intenso pensamiento...

CONTINUARÁ...


Estoy ya en las temibles notas finales xD No las alargaré mucho ^^

Gracias por leer, cualquier comentario es bien recibido y que estén bien...

¡Nos leemos!

Shizenai