"Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo."—William Shakespeare
El dinero que el día anterior había pagado por tal de ver una película en el cine era la mejor inversión que William podía haber hecho, y no solo por haber recibido una siniestramente brillante idea para una venganza al mismo precio, sino porque parecía seguir viendo el largometraje una y otra vez, como si lo hubiese rebobinado, si es que en los sueños había un mecanismo que le permitiese hacer tal cosa…
La escena final, la más terrorífica de todas, se proyectaba en su cabeza, quizás en un acto reflejo inconsciente para no olvidarlo para el día siguiente, cuando le iba a hacer mucha falta para, junto a Altaira, dejar a Sissi en evidencia como se merecía. Eso, por otra parte, también estaba muy presente en el limbo de su imaginación… Al menos, hasta que llegaba la mejor parte del sueño.
Aun y no ser parte de la película, William también tenía muy presente en su memoria lo sucedido en el fotomatón con su amiga rubia, y aquello seguía provocándole rubores que hacían que un agradable escalofrío le recorriese todo el espinazo; hasta que se despertó, quien sabía ya si para su suerte por ser Halloween, el día señalado, o para su desdicha, por haber estropeado su 'lindo' sueño.
—Hm, porras.—masculló, frotándose la cabeza.—Con el sueño tan bonito que tenía…
Miró un instante a su alrededor, para orientarse, cosa que más o menos consiguió.
—Aunque, por otra parte...—comentó, algo más malicioso—Hoy es Halloween… Estoy deseando que llegue la fiesta de esta noche… Porque me lo voy a pasar de muerte.
Algo perezosamente, estiró los brazos y se dispuso a ir a ducharse diligentemente. Intentó despabilarse, pues dedujo que el día iba a ser largo y bastante productivo. Además, ya tenía definida cual sería, como siempre, su primera parada.
—Buenos días, Altaira.—la saludó, no sin una pequeña sonrisa involuntaria.—Espero que hayas dormido bien después de lo de ayer, porque hoy nos espera una buena.
—...No he dormido nada, en realidad.
—Ah, claro, supongo que te sentirías ansiosa por poder vengarte al fin. Te entiendo.
—...Supongo que puede ser eso.
—Y no me extraña. Sinceramente, creo que va a ser una venganza digna de ser recordada. Sissi se va a arrepentir de haber osado a meterse contigo, Altaira.—argumentó el moreno indómito, con el desafío impreso en su cara.—Al menos, seguro que será mejor que este bote de pintura que tenía yo pensado antes.—rio.
—…¿Qué es eso?
La estoica muchacha acercó su áurea mirada al tubo de pintura fosforito con el que William había pensado rociarle el pelo a la hija del director, y al comprobar que lo observaba atentamente, se lo dio para que lo examinase mejor.
—Es pintura fosforito amarilla. Brilla en la oscuridad.—explicó el joven Dunbar.
—...Interesante. ¿...Me la prestarías?
Con un gesto de coleguismo informal, el escocés le indicó que, a su parecer, se la podía quedar y hacer lo que quisiese. Aunque sí se preguntó para qué la querría.
—Caray, se nota que es domingo: he dormido hasta casi la hora de comer.—se carcajeó William ante este hecho, consultando su reloj.—Vamos a comer algo y luego… Bueno… Ya sabes lo que tenemos que hacer.—compartió, riendo con complicidad. Llevaba toda la noche recordando qué había planeado.
Mientras comían algo en la cafetería (pese a que Altaira se limitase a quedarse sentada sin probar bocado, como de costumbre), entró Sissi haciendo todo un seguido de remeneos estúpidos, llevando consigo un bolso muy ridículo. Un poco después, también accedió a la cantina Odd, con muchos panfletos en la mano, anunciando la velada de Halloween de esa misma noche.
—Espero que nuestra bella Altaira nos honre con su presencia esta noche.—dijo, entregándole un panfleto a la susodicha con floritura, en un intento de ser caballeroso.
—...Sí, asistiré al evento. ...No me lo perdería.—y giró la cabeza, observando a Sissi.
—Hmpft. Claro que iremos.—la complementó William, mirando también a la odiosa joven con más ímpetu.—Aunque, como ciertas personas, tengamos que prepararnos para una buena dosis de mucho miedo.
—¿Eso iba para mí?—comentó, con petulancia.—¿De verdad vuestro intento de terrorífica venganza es darme un susto en la fiesta? Hay que ser crío, Dunbar.
—Puedes pensar lo que te dé la gana. Tú solo… Ten cuidado.—le susurró, maliciosamente, todo para intimidarla.
—N-no me dais miedo, payasos.—tartamudeó, no tan segura de sí misma.—¡Hm!
Haciendo un gesto a Herb y Nicolas, Sissi abandonó la cafetería, atesorando con celo lo que fuese que hubiese en esa bolsa; de ahí, dedujeron que era su famoso disfraz.
—Je, je...—se rio perversamente el moreno rebelde.—Sí, creo que ya va siendo hora de que nosotros nos vayamos, ¿Verdad, Altaira?—tras el leve asenso de la rubia, William aprovechó para despedirse de su amigo.—Hasta luego, Odd.
—Sí, chao. Nos vemos luego, aunque la fiesta para ti ya haya empezado, ¿Eh?—le impuso el de la cresta, guiñándole burlescamente un ojo.
Tanta seguridad propia y en su plan acabó en un rubor incómodo por parte de William y unas cuantas risas de Odd. "Puestos a elegir, la víctima de Altaira debería ser él", creyó
Evitando a Sissi, que se iría a la sala de recreo a seguir viendo alguna que otra telenovela de escenas sobreactuadas, William acompañó a Altaira hacia el gimnasio, donde las preparaciones para la fiesta ya habían comenzado, la cual cosa le fue de perlas. Allí, entre otros, estaban los Guerreros Lyoko, exceptuando a Odd.
—Lo siento, William, llegas un poco pronto.—bromeó Yumi, pegando cables al suelo.
—Gracias por la información. En ese caso, llego muy bien.—sonrió.—En el almacén había unas cortinas oscuras muy gruesas, ¿Verdad? Estupendo.
—Prueba a hacerte el disfraz con otra cosa.—ironizó Ulrich, comprobando las luces.
—Muy gracioso. Mirad, enseguida os lo explico… De mientras… Sí. Altaira, a ti que se te da bien la tecnología, comprueba el panel de las luces para ver qué efecto da.
—...Voy.—accedió, condescendiente, andando hacia al lado de la puerta de acceso.
—¿Qué estáis tramando, parejita?—preguntó la pelirrosa, alzando una ceja.
Al comprobar lo impacientes por saber que se encontraban todos, el escocés pausó su proceso de montaje ajeno a las decoraciones y les contó su plan al resto, entusiasmado por su elaboración y, sobre todo, por el resultado deseado.
—William, eso es un poco cruel.—concluyó Ulrich, a lo que añadió luego:—¿Necesitas ayuda con esas cortinas?—Todos rieron ante el implícito sarcasmo.
—Esto hará que Sissi se lo piense dos veces la próxima vez.—añadió Jeremy, pasivo.
—Lo sé. Se va a enterar...—mencionó William, lleno de travesura.—Bien, ¿Me ayudáis? Tengo que montar unas cosas…
Con evidente sorna, todos accedieron, predispuestos a ayudarle.
—Odd puede dejarte sangre de mentira, de su cajón de bromas. Por matar a Sissi del susto, te la prestará encantado, lo sé.—intervino eficientemente Aelita.
—...Quedará acertado junto con el cuchillo que tomé antes de la cafetería.—apuntó, de un susurro, Altaira, que seguía trabajando en los plomos.
—¡Eh, genial! Esto va estar de muerte, nunca mejor dicho...—sonrió William, satisfecho
Con la ayuda de todo el mundo, los preparativos pronto estuvieron listos. Incluso hicieron unas pruebas de iluminación tenebrosa con las modificaciones que Altaira había incluido, y llegaron a la conclusión de que, con las cortinas echadas y la habitación a oscuras, aquello simulaban verdaderos y espeluznantes rayos. El escenario estaba listo, y el espectáculo debía continuar hasta su macabra conclusión.
—Gracias por todo, chicos, os debo una. ¡Vamos, Altaira! Tienes que prepararte. Vayamos a pedirle la sangre falsa a Odd, y así podrás prepararte el disfraz. Espero que salga todo como espero...—se apresuró el joven Dunbar.
Salieron del gimnasio con gesto apresurado. Puliendo los últimos detalles, los Guerreros Lyoko se quedaron dentro, hasta que decidieron salir también, pues también tenían que prepararse. No obstante, pudieron fijarse en algo antes de salir…
—Hey… Mirad esto. Los plomos… ¡Se han estropeado!
—¿De veras? ¡Jo, qué pena! Los efectos que había preparado Altaira eran geniales…
—Parece que ahora ya no los podrá usar. Qué mala pata...—creyó Ulrich.
—Se ha debido de romper después de hacer las pruebas. Pues vaya...—dilucidaron.
Mientras tanto, por parte de William y su estoica e impasible amiga y cómplice, bastó mencionarle el nombre de la hija del director a Odd para tener que salir de la habitación sujetando bolsitas de tinta roja entre los dos, de tantas que había. Mientras William acompañó a su compañera de venganzas a su habitación para que se ataviara con su disfraz, observaban ambos cómo todos ya se habían puesto su traje y se encaminaban a la fiesta. La cosa iba, de momento, sobre ruedas.
—Anda, cámbiate. Te espero fuera, haciendo… Bueno, ya sabes.—le guiñó una orbe.
Ante el asenso de la rubia estoica, que se encerró en su cuarto para cambiarse, William avanzó por el pasillo de las chicas hasta localizar la puerta de la habitación de Sissi, y tras comprobar que era la correcta y que ella no estaba, comenzó la segunda fase de su plan: extrajo de su bolsillo un tubo de pegamento súper-adhesivo y selló el marco a la madera, especialmente en el pomo y la cerradura. La estancia era inaccesible.
Si lo del cine del día anterior le había resultado tremendamente divertido, incluso eso se quedaba corto con la diversión que le provocaba todo aquello. Riendo victorioso, aprovechó su momentánea soledad mientras su amiga se disfrazaba para pegarse por todo el cuerpo algunas de las bolsitas de tinta carmesí, para que cuando Altaira simulase acuchillarle, aquello se asemejara a sangre manando violentamente de él.
Sin embargo, tuvo que esconderse como pudo cuando la mismísima Sissi subía por las escaleras, a juzgar por su sonrisilla dispuesta a cambiarse también para ser, de nuevo, "la chica más guapa de la fiesta", a su único criterio.
—¿Hm? ¿Qué le pasa a esta estúpida puerta? ¡No se abre!—intentó desbloquearla.
Por si acaso la risilla por lo bajini de William no fuese suficiente, la odiosa chica remató su histérica actuación provocándole más diversión que contener.
—¡¿Esta es vuestra venganza, panda de idiotas?! ¡Huy, qué miedo!—gritó por el desierto pasillo.—Hm, pues os vais a enterar… Esta chorrada no me va a impedir ser la más guapa de todas, ¡Y mucho menos por tu culpa, mudita! Me iré a cambiar al vestuario de chicas, que sé que te trae muy buenos recuerdos…
No cabía en sí mismo de alegre: había picado. Sissi había caído en la trampa de cabeza. Todo había sucedido como el joven Dunbar lo había planeado.
—¿Altaira?—la llamó, golpeando su puerta con delicadeza.—Esta estúpida ha picado.
—...Lástima. ...Si ha picado la puerta, la habrá abierto….—contestó desde el otro lado.
—No, no. Lo olvidaba...—resopló, aunque contento.—Quiero decir que la trampa ha tenido su efecto. Ahora tenemos que ir para allá. ¿Estás lista ya?
Diciendo anteriormente que sí, Altaira abrió la puerta, dejando ver el resultado de sus preparativos: el disfraz que William le había regalado el día anterior, negro con adornos rojos, muy ornamentado y de fantasía, de manga asimétrica que le cubría el hombro izquierdo aunque no el derecho, le sentaba de maravilla, como un guante, aunque llevara dos de color granate. Un punto especialmente místico del resto de su indumentaria, a parte de los lindos zapatos oscuros, su maquillaje siniestro y su peinado trabajado, era un voluminoso colgante en forma de corazón que se mantenía sujeto al cuello con dos cadenas, y le llegaba a la altura, más o menos, del corazón real. Además, iba cubierta de sangre falsa y llevaba un cuchillo en la mano.
—S-sí, e-estás… V-vaya...—se ruborizó y se quedó muy aturdido… Otra vez.
—¿...Estoy bien de esta forma?
—Y-y tanto. E-estás estupenda, en serio. ...T-te lo prometo.—confesó, sinceramente.
—...Gracias.—replicó, mirándole directamente a los ojos.
Se podría pasar todo el día contemplándola, completamente embobado, pero por suerte, un chispazo en la mente de William le recordó que debían apresurarse si, después de todo lo que habían preparado, querían que la venganza saliese bien. Así pues, rápidamente, el joven Dunbar y Altaira atravesaron los desiertos pasillos, en dirección al lugar de la fiesta, cerca del cual estaría Sissi, todavía cambiándose. Accedieron por la misma entrada que anteriormente, siendo engullidos por una extremadamente densa oscuridad. Aunque pronto le tocaría a la hija del director.
—Esa mudita vengándose de mí. ¡Qué risa! Y encima, con el idiota de William besando por donde ella pisa. Si fuese yo, pues lo entendería, ¡Pero esa paliducha! Creo que tendré que demostrarle que aquí la mejor de todas solo puedo ser yo...—se decía Sissi, quitándose su ropa cotidiana y preparando su traje, dispuesta a vestirse.
Fue cuando abrió la cremallera de su disfraz, lista para ponérselo, que oyó unos ruidos que la sacaron de su trance narcisista. Primero fueron estruendosos golpes, y luego una voz familiar, aterrorizada, inundó inquietantemente la atmósfera.
—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaah!
—¿Hm? ¿Q-qué...Q-qué ha sido eso?—se preguntó, algo nerviosa.
Sopesando qué hacer, se decantó por abrir la puerta del vestuario, paulatinamente, para echar un vistazo a lo que había en el gimnasio, que suponía desierto para la fiesta. Pero no era así. Allí había alguien. De hecho, eran dos personas. Dos personas a las que conocía demasiado bien…
De repente, supo de quien era la voz que había escuchado. Había sido William, a quien le veía la espantada tez únicamente iluminada por una tétrica y penetrante luz amarillenta que venía de cerca de él. Asimismo, la luz iluminaba también a alguien que había muy cerca del escocés, dándole la espalda a ella: era la chica rubia de quien estaba difamando, la "mudita": Altaira. Y fuera lo que fuese lo que pasaba, el moreno parecía estar muy asustado, intentando defenderse con ahínco.
—¡N-no! ¡A-Altaira, no! ¡No lo hagas! ¡N-no me hagas daño! ¡N-no me mates!—gritó exasperado William, muy pálido, sudor bajándole por la frente mientras suplicaba.
—¿Qué?—Sissi abrió los ojos de par en par, espiando a través de la puerta.
Con una tétrica voz, la que habló a continuación fue Altaira.
—...He de vengarme de ti. ...Tienes que morir. ...Adiós, William.
Y a continuación, el cuchillo que blandía la muchacha brilló como una centella en medio de la oscuridad, empuñado hacia William, que gritaba y gritaba de terror mientras la rubia lo apuñalaba diversas veces y la sangre brotaba por todas partes, manchando su blanquecino cuerpo y sus vestimentas lúgubres. La luz, traicionera, iluminó a continuación al escocés tendido en el suelo, donde se desangraba y una expresión de completo miedo le deformaba el rostro. De pie junto a él, su asesina, con el arma homicida cubierta de una roja sangre que goteaba sin cesar.
—¡¿Q-qué…?! ¡L-lo ha matado! ¡ALTAIRA HA MATADO A WILLIAM!
Nada más Sissi pronunció sus nombres, con un veloz gesto, la siniestra figura de Altaira se dio la vuelta, encarando a Sissi de repente y mostrándose completamente manchada de sangre y con una inquietante sombra sobre sus ojos. La irritante hija del director gimió de puro temor, comenzando a temblar mientras Altaira se le acercaba, levantando el cuchillo en su mano y apuntando hacia ella, caminando con paso plomizo
—...Lo has visto todo… ...También tengo que vengarme de ti. ...Todo el que juega conmigo termina muerto. ...Yo… ¡Me vengaré…!—Inmediatamente al decir lo último, Altaira levantó la cabeza, mientras a Sissi le pareció que un par de ojos rojos como la hemoglobina se clavaban en ella, quien estaba a punto de desmayarse.
—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡Socorroooooooooo!
Las piernas comenzaron a fallarle y Sissi acabó tendida en el suelo, donde las lágrimas de miedo se escapaban por sus ojos oscuros, al son de los tacones de Altaira aproximándose hacia ella, con tenebrosas intenciones.
—...¡Me vengaré…! ¡Me vengaré…!
Con la otra mano, la estoica rubia hizo un gesto que provocó que centelleantes rayos saliesen de la palma de su mano y le dieran un brillo aterrador al cuchillo de la otra. Sissi no podía moverse, se había quedado completamente paralizada en el suelo, lanzando grititos como una histérica. A un paso de ella, Altaira se agazapó a su altura, mostrándole de lleno su cara iluminada por una luz proveniente de ese voluminoso colgante suyo, con las mejillas y los labios manchados de sangre y unos espeluznantes y bien abiertos ojos del mismo color. La iluminación del efecto de los rayos solo daba a la atmósfera una lugubridad mayor.
—Mátala. Acaba con ella, Altaira… Mi ama, mi señora de la oscuridad.
De repente, aquel que yacía en el suelo, supuestamente muerto, se acercó a mayor velocidad a las dos, con los ojos ocultos por la sombra de sus cabellos, totalmente impregnado de una rojiza sustancia viscosa. Era William, que ya debería estar muerto.
—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡William, estás vivo! ¡P-pero te había matado!
—...Ahora soy su siervo. Mi alma pertenece a Altaira ahora. Estoy a sus órdenes… Por eso, la ayudaré… La ayudaré… A vengarse de ti, que has osado molestarla...—anunció el joven Dunbar, como poseído por el mal en persona.—Ya he cumplido mi papel, mi ama… Ahora solo queda vengarse de ella… ¡Por vos, mi princesa!—a continuación, el moreno se arrodilló ante ella, respetuoso y sumiso.
—...Sí… Acabaré contigo… Me vengaré… Me vengaré…
—¡AYUDAAAAAAAAA!—imploró Sissi, chillando.
LLegaba ya demasiado tarde: Altaira alzó de nuevo su brazo, su cuchillo prometiendo rajarla feamente mientras temblaba de puro terror. Con los brazos, Sissi intentó evitar que el cuchillo la alcanzara.
Sin embargo, nunca lo hizo. El cuchillo nunca la alcanzó. En su lugar, alcanzó a algo que cedió con un "clic". Atónita, aunque muerta de miedo, Sissi abrió los ojos de par en par: las luces generales volvían a iluminar el gimnasio por completo, ya que Altaira le había dado al interruptor con el cuchillo. William seguía arrodillado en el suelo, sumiso a la rubia y goteándole la sangre. Y además de ellos dos, había muchísimas más personas en la sala. Todos los estudiantes de la academia Kadic ya habían llegado a la fiesta de Kadic, y habían estado oyéndolo todo todo el tiempo.
Sissi estaba tan aturdida que no se dio cuenta de que había llegado antes de tiempo a la sala de la fiesta. Por eso, además, ni siquiera se percató de que, aunque antes se estaba cambiando, nunca llegó a hacerlo, por lo que solo iba vestida con su ridícula ropa interior. Y no solo ella, sino toda la academia fue testigo de ello.
—¿E-eh?—balbuceó, confusa.
No tuvo ninguna duda de lo que había pasado en realidad cuando todos comenzaron a reírse a pleno pulmón ante sus pintas: las lágrimas le habían corrido todo el maquillaje por la cara y sumado al hecho de ir en ropa interior, aquello la hacía estar ciertamente ridícula. Todo el mundo reía y reía, y pronto William, incluso desde su pose, se puso a reír también, no sin una mueca maligna. La única que no lo hacía era la que tenía más motivos para hacerlo, pero como siempre, y como William la conocía tan bien, ya lo reflejaba por ella.
—Mira que te lo dije, Sissi. Que puedes pensar lo que te dé la gana… Pero que tengas cuidado. Y si no lo tienes, mira lo que pasa: que nos hemos vengado de ti.—sentenció William, mirándola con un malicioso y embaucador desafío que la dejó en evidencia.
—¿C-cómo? ¿T-todo era…?
El grito de rabia y vergüenza que soltó Sissi a continuación no tuvo parangón. Y lo peor para ella fue que fue recibido con risas más fuertes. Y, para la guinda, todo había sido a manos de sus "enemigos", quien la habían hecho caer en su propia trampa… Solo que a mayor escala: involucrando a toda la academia.
—¡M-me dais asco!—chilló exasperada, encerrándose en el cambiador, lo que provocó todavía más risas, especialmente por parte del joven Dunbar.
—¡Bua, ha sido inmejorable, tíos!—les felicitó Odd con camaradería.
—Ya ves, ¡Sissi se ha muerto de miedo!—comentó Ulrich, sonriente.
—Sin duda, ¡Los efectos eran una pasada! ¿Cómo habéis hecho lo del collar?—inquirió la japonesa, reponiéndose de las carcajadas.
—...Es pintura fosforescente.—explicó Altaira.—...Me la dio William.
—Ah, así que para eso la querías…. Muy buena idea por tu parte, Altaira.—la interceptó el susodicho, alegre.—Aunque de hecho, lo has hecho todo fenomenal.
Para felicitarla de nuevo, con buena fe, William le puso la mano sobre el hombro izquierdo, que quedaba cubierto por el disfraz, lo que provocó que la rubia girase la cabeza y le lanzase una mirada muy misteriosa, que no creyó poder descifrar del todo pero que por otra parte no le importó; le encantó que le mirara de esa forma.
—Por cierto, Altaira, esas lentillas rojas que has usado son geniales. ¡Casi parecía que tuvieses los ojos rojos de verdad!—añadió Aelita, recordando la escena.
—Pero, ahora que lo pienso, hay algo que me sorprende.—habló Jeremy, pensativo.—¿Cómo hiciste el efecto de los rayos, Altaira? El panel se rompió antes.
Ante la inquisitiva del rubio de gafas, la estoica muchacha sólo hizo ademán de callar, quedando todavía más seria y observando fríamente la escena.
—Vamos, Einstein, ¿Cómo puedes hacer preguntas con una respuesta tan simple?—comenzó Odd, riendo.—¡La bella Altaira es la reina de arreglar trastos! Seguro que pudo repararlo enseguida. O con solo mirarlo vertiginosamente...—inventó más fantasiosamente.—...El panel se inclinó ante ella, dispuesto a obedecerla.
—...Así es. ...Pero lo segundo es completamente ilógico.—respondió Altaira, seria aún.
Sin embargo, sin saber exactamente por qué, Jeremy se la quedó mirando una fracción de segundo más, un poco suspicaz, con una ceja alzada. ¿Estaba del todo seguro…?
—Ja. A mí no me sorprende lo más mínimo.—sonrió William.—Tengo perfectamente asumido que Altaira puede llegar a hacer cosas totalmente increíbles. ¿Verdad que sí?
Notó que estaba un poco tensa, así que quiso tranquilizarla un poco: no era muy buena hablando con la gente, pero no había razón para estar agitada innecesariamente, por lo que decidió acabar con sus aparentes nervios. William se acercó a ella y la tomó por los hombros, como para quitarle un peso de encima. Fue entonces cuando tuvo una sensación muy extraña… Casi parecía que Altaira no estuviese allí, plantada delante de él, sino que fuese como un ente flotante, algo no material… Al menos, durante un solo segundo. Quizás la tenebrosidad de Halloween estaba haciendo mella en él…
—Vaya, qué cosas… Creo que tengo que dormir sin pensar en venganzas…
—...Ugh...—De repente, Altaira frunció las cejas. Acto seguido, pasó a sujetarse la cabeza con una mano, como si no se sintiera del todo bien.
—¡Altaira!—se alarmó de inmediato el moreno indómito.—¿Te encuentras bien? No haces muy buena cara… ¿Qué te ocurre?
—¿Te duele algo? Qué raro...—preguntó Jeremy, pensando en la enfermedad de ella.
—Espera, ven. Te acompaño a que te dé el aire, quizás solo te estás agobiando… Por favor.—le pidió el joven Dunbar, de repente un poco inquieto.
La rubia levantó un momento su mirada ojiplática hacia William. Parecía estar aturdida, como ida, así que levemente con la cabeza le dijo que sí. Él suspiró un poco, quizás de alivio, y la guió hacia la salida del gimnasio, donde la oscura noche ya lo teñía todo.
—Anda, respira un poco… Solamente no estás acostumbrada a estos sitios. Qué delicada eres, Altaira.—compartió William, aunque con cierto cariño.
—¿...Qué me ocurre? ¿...Por qué…?—se dijo a sí misma, con un suspiro cansado.
William le pasó la mano por la espalda para ayudarla a reponerse, dándole palmadas a ver si así se recuperaba un poco. Parecía algo estúpido querer curar a alguien de ese modo, sin embargo surtió su efecto. En un rato, Altaira irguió su espalda curvada y giró la cabeza, buscando con la mirada a su compañero y amigo moreno.
—...W-william...—tartamudeó, dándose la vuelta.
—¿Sí? Dime, ¿Estás mejor?—se veía a leguas que estaba algo preocupado.
Como era menester, el escocés la miró a los ojos mientras hablaban. No obstante, pudo apreciar algo peculiar. El color de sus ojos había ¿Cambiado? Sabía que era imposible, pero le dio esa misma sensación: ahora, en lugar de dorados, se veían de un color azulado, similar al suyo propio. "Quizás sea porque está oscuro", pensó.
—...William. ...Q-quiero darte una cosa.
A continuación, tomó de su pecho el colgante con forma de corazón y se lo quitó del cuello. Fue entonces cuando William entendió por qué tenía dos cadenas y no una: en realidad, no era un solo colgante, sino que eran dos mitades de un corazón unidas, cada una sujeta a una cadenita. Altaira separó ambas mitades con delicadeza, se colgó una del cuello de nuevo y la otra se la tendió a su rebelde camarada.
—¿Y esto? ¿Me lo das?
Curioso, William examinó el colgante en la palma de su mano: poseía un bonito resplandor áureo, como la misma Altaira. Casi parecía que tuviese su propia esencia. Era una mitad de corazón con un lado dentado para poder unir ambas, y estaba atada a una cadena de eslabones tan dorados y brillantes como el adorno.
—Gracias, Altaira. Lo cuidaré bien, te lo prometo.—anunció William, con una sincera sonrisa que dirigió hacia ella, tomándole las manos con aprecio.
El solo tacto de las manos del escocés sobre las suyas provocó que, una vez más, dirigiese con un chispazo su mirada (bizarra esa noche) hacia la de él, y los ojos de ambos quedaron a la misma altura. Aunque aquella vez, además de entre ellos, otro "chispazo" más literal se produjo: como partiendo el negro cielo tajantemente, un potentísimo y sonoro rayo brilló en la noche. Obviamente, esto atrajo la atención por lo menos de William, pese a que tardó en apartar la vista de Altaira.
—¡Caray!—exclamó.—Parece que va a haber tormenta. Pero, qué raro… No veo que haya ni una sola nube en el cielo… ¿De dónde…?
Antes de que pudiese sacar más conclusiones al respecto, otro rayo amenazante cruzó el firmamento y el moreno dilucidó que sería más seguro volver a dentro del gimnasio. Tras preguntarle a Altaira si ya se encontraba mejor y ante la consecuente respuesta afirmativa, regresaron con el resto de los Guerreros Lyoko.
Sissi también se había vestido y ya había entrado en la fiesta, sin embargo no se estuvo mucho tiempo, pues la gente seguía riéndose de ella, especialmente William. Finalmente, la hija del director, avergonzadísima, decidió que la fiesta ya se había acabado para ella y regresó a su cuarto con un mohín de protesta. Quería divertirse, no que se divirtiesen a su costa. No era tan divertido ser ella misma la víctima. El resto lo pasó bien un rato más, riendo en compañía de los amigos, picando algo, bailando o simplemente charlando. William, por su parte, no tenía ni idea de baile, por lo que no se motivó tanto como Odd, por ejemplo, que se marcó un breakdance. En su lugar, permaneció siempre cerca de su amiga rubia, quien daba señales de estar algo rara.
Cuando dieron las doce, la celebración dio lugar a su conclusión. Aunque algunos protestando, se volvieron para sus cuartos a descansar. William había tenido la satisfacción que se esperaba ese día: su venganza no podría haber ido mejor.
—Altaira, ¿Quieres que te acompañe a tu cuarto? Pareces sentirte mal…
—...N-no hace falta. ...Buenas noches… Hasta mañana.
Y como una aparición siniestra (todavía iba con su disfraz, por descontado) regresó a su estancia. Ni siquiera en el incidente de la piscina William la había visto tan afectada, pero decidió darle un respiro. Tantos preparativos la habrían agotado, y necesitaría dormir un rato, cosa que también le pareció buena idea a él mismo. Volvió a su desordenado cuarto y se cambió la ropa ensangrentada por un pijama algo más limpio. En su cama, el escocés observó una vez más el místico colgante que Altaira le había confiado. Cada vez que lo veía, se acordaba de su amiga. Y una sonrisa se abría paso desde el fondo de su alma para adornar su semblante.
Así como las fotos del día anterior, otro buen recuerdo de Altaira, guardó con delicadeza el collar en la cajita del fondo de su cómoda. Acto seguido, se recostó en su lecho, suspirando y sonriendo al recordar muchas cosas agradables. Con una paz interior enorme, cerró sus ojos azules y se durmió con una sonrisa.
Paralelamente, alguien no estaba teniendo una noche tan idílica…
(...)
El motivo por el que había rayos aquella noche sin que hubiera ninguna nube era simple: los rayos no provenían de las nubes. En su lugar, tenían su origen sobre el edificio de una vieja fábrica abandonada circundada por un foso de agua. Desde allí, rayos que parecían augurar una peligrosa tormenta eléctrica coronaban el bastimento.
En su interior, sin embargo, era donde lo peor estaba sucediendo. Y William podría llegar a ser testigo de ello, por irreal que le pareciese, pues pensaba que estaba durmiendo. De hecho, creía que estaba soñando en ese mismo instante.
Aquella fábrica le traía toda una miscelánea de recuerdos muy variados: algunos agradables, otros no tanto. De todas formas, se sorprendió de estar allí cuando todo el asunto de X.A.N.A ya era agua pasada, así que armándose de su irracional y habitual valor, procedió a explorar un poco, a ver si averiguaba el porqué de su presencia.
Se montó en el ascensor y le dio al botón para bajar hasta la sala del servidor que controlaba el superordenador. Alrededor del monitor, rayos similares a los que cruzaban el cielo surgían.
—¿Qué está pasando aquí?—se preguntó William.
Se acercó a la pantalla, tomó asiento en la extraña silla giratoria y observó el monitor frente a él. Incluso vio su cara reflejada translúcidamente en la superficie. Algo parecía ir mal en el aparato, pues tenía pinta de estar, de algún modo, ¿Dañado? Alargó un dedo para tocar la pantalla y, al hacerlo, la máquina pareció reconocerle, pues su ficha virtual, junto con su foto (de hecho, eran dos; su aspecto normal en Lyoko y el que tenía cuando X.A.N.A lo poseyó). Un rato después, ambas fotos se alinearon una sobre otra dando paso a un símbolo de X.A.N.A, que se puso a la derecha. Sin embargo, había algo raro en él: de sus tres anillos, los dos interiores eran de color rojo, no obstante el exterior era de un hiriente color negro.
—¿Eh? ¿Qué significa esto? Si me ha reconocido, ¿Por qué sale el ojo de X.A.N.A? Y sobre todo, ¿Por qué está pintado de esta manera tan rara? ¿Hay un motivo?
Como por arte de una magia partidaria de que las preguntas se contestasen, la pantalla se apagó velozmente y, un segundo después, volvió a prenderse. Esa vez, sin embargo, ya no veía su reflejo. En su lugar, una figura femenina de apariencia familiar se paraba frente a él. La reconocía de otro sueño: cabellos negros, ojos rojizos y una forma de los rasgos que le sonaba de algún lugar. Sin embargo, algo la diferenciaba de anteriores veces: el símbolo de X.A.N.A que tenía dibujado en su frente había cambiado un poco. Ya no era completamente negro, sino que el anillo exterior también había cambiado de color: ahora era amarillo. Además, no parecía contenta, ni malévola. Estaba… ¿Enfadada? Pero sobre todo, alterada. Algo no le iba del todo bien.
—¡Tú! ¡X.A.N.A!—la llamó William, algo furioso. Sin embargo, ella le ganaba esa vez.
—William… Tú… Te arrepentirás de esto...—bramó, siniestra.
—¡Tú vas a ser quién te vas a arrepentir de lo que sea que estés tramando!
—¡¿No te das cuenta?! ¡Mira lo que has hecho! ¡Mira lo que me has hecho!
—¿Eh? ¿Que YO te he hecho?—Eso le sorprendió…
—¡Lo tienes delante de ti! ¡Tú...Te has atrevido a desafiarme! ¡Yo...Me vengaré!
"Me vengaré…", ¿De qué le sonaba esa voz? Y sobre todo, ¿Qué era lo que supuestamente había hecho? Lo tenía delante, pero lo único que veía era el símbolo de X.A.N.A con el anillo exterior amarillo. ¿...Sería eso a lo que se refería?
—Bueno… No todo ha sido en vano.—A continuación, esbozó una sonrisilla maligna.—A fin de cuentas… No auguras salir bien parado tampoco.
—¿A qué te refieres?
En un parpadeo, el anterior símbolo de X.A.N.A, el del anillo exterior negro y el resto rojos, apareció en la pantalla. La voz, aunque no de "cuerpo presente", siguió hablando.
—A esto me refiero, William. Ya ha comenzado tu final. Y lo vas a pasar muy mal, William. Voy a ser… Tu peor pesadilla. Te arrepentirás de lo que has hecho.
No entendía nada. ¿Esos símbolos de colores cambiados significaban algo…?
—...Acabaré contigo, William. ...Te mataré. ¡Me vengaré…!
Por la mente de William rondaba errante una pregunta retórica: "¿Dónde he oído esas palabras antes?"
—Yo que tú tendría cuidado, William. Ten cuidado...Con Altaira...—sonrió, amenazante.
—¡¿Qué?! ¡No te atrevas!—saltó él, al instante.—¡X.A.N.A, no te atreverás a hacerle daño a Altaira! ¡No voy a permitir que le hagas nada!
Más que una respuesta, lo que quería era lo que había proclamado, pero de todas maneras la tuvo: una cavernosa y malévola risa que le heló cada gota de preocupó seriamente a William; al fin y al cabo, ver a un enemigo sonreír no era ningún augurio de nada bueno. ¿Qué le estaba diciendo X.A.N.A?
—¡Altaira! ¡Altaira!—la llamó, como si eso bastara para protegerla.
Al dilucidar que lo que intentaba su antiguo arma más mortífera no era otra cosa que proteger a la rubia, la archinémesis de William siguió riendo todavía más. Él, por su parte, insistía e insistía, un sudor frío empapándole… Hasta que finalmente se derpertó
—¡Altaira!—gritando, se incorporó en su cama, dentro de su oscuro cuarto.
En el preciso instante en el que pronunció su nombre, un brillante rayo atravesó el cielo y su ventana, lo que hizo que pudiese ver un resplandor metálico y, a continuación, un golpe cerca suyo. ¿Lo habría estado soñando? Era lo más probable, pero…
—...Tranquilízate, William… Lo estás soñando todo. X.A.N.A ya no está… Se ha ido, y mejor que no vuelva.—respiró hondo, calmándose un pequeño ápice.
Pensando en sus palabras, llegó a la conclusión de que todo lo que soñaba, veía y oía en ocasiones no eran más que productos de su imaginación alocada. Por eso mismo, cuando otro rayo iluminó un poco su cuarto y vio de nuevo a aquella sombría X.A.N.A personificada reflejada en la superficie de su espejo, trató de decirse que aquello era imposible: X.A.N.A. no podía estar viva, y menos presente en su cuarto. Acto seguido, se tapó de nuevo con la manta, recuperando el calor.
Sin embargo, bien era cierto que nadie podría permanecer dentro de un espejo, y mucho menos alguien que no era ni siquiera humano en primer lugar. Así pues, X.A.N.A. no podía estar en su cuarto… ¿No era eso cierto? Eso intentó pensar bajo el calor de su manta. Alguien, no obstante, no disponía de aquello. ...La superficie del suelo durante la noche era muy, muy fría…
(...)
Por fin lo acabéeeeee :D Siento la demora, son muchas cosas las que luchan en mi cabeza por mi atención, y bueno… -_-U Gracias por vuestra paciencia :3 Además, soy consciente de que me he alargado un poco más que de costumbre en este nuevo capítulo… Espero no ser cansina y que no se os haya hecho exageradamente largo. Es solo que quise incluir otra escenita del tipo "sueño/pesadilla con X.A.N.A", ya que la última vez que lo hice me lo pasé bien, así que… Por otra parte, calculo que, en lugar de las 10 u 11 páginas que me ocupa esto normalmente, este capítulo me va a ocupar 13 páginas, y como es Halloween el capítulo de Halloween… ;) (Vale, ya me voy al rincón del pensamiento a meditar sobre mis tontadas XDDD)
En fin, dejo a un lado mis tonterías y vamos a lo importante, las reviews x) :
draoptimusstar3: Gracias un capítulo más por tus reflexiones y tus hermosas palabras, me son un gran empujón hacia adelante a la hora de hacer la continuación de este fic, que no sería lo mismo sin alguien que me diese su apoyo :3 Ese cupido… Parece que, en el fondo, es tan malote como William y no se está quieto con el arco XDDD Tus metáforas me inspiran muchas veces, y a menudo se necesita, así que gracias :D El funeral de Odd lleva organizado un montón de tiempo XD Gracias por tus ánimos, también, con el tema de la escuela, también son bienvenidos :3
WindDragon-19: Así es, a veces estaría bien que William tuviese un pinganillo para que podamos gritarle todos los reproches sobre lo ciego que está o lo atontado que se está quedando XDDD Aish Will, Will… Ándate con ojo. Por eso el dejarle "ciego de amor" es un ataque tan poderoso, porque… En fin, mira cómo le deja XD La escena de las fotos me pareció linda, así que no pude resistirme :3 William siempre intenta que Altaira entienda que hay cosas que no significan lo que parece, pero en esta ocasión bien que no protestó ni trató de ayudarla XDDD Estuve a punto de darme una bofetada por lo de la "primera vez", pero como me pareció también gracioso, se quedó XD ;) ¡Gracias por tu apoyo, significa muchísimo una vez más! :3 Kyrucorto :D
The Legend of DN: Temes por la vida de William, entonces entiendes cómo me siento XD Mi querido atontado ;3 Confiar en Altaira (ciegamente, por qué no decirlo) es justo lo que está haciendo Will, ten cuidado XD Aunque por vengarse de Sissi cuando se pone en plan súper diva (vamos, cuando es ella misma XD) merece la pena, eso no tiene precio, y menos tratándose de William, así que lo justifico :) XD Hice la escena del sueño como me aconsejaste, a ver si te gusta, y sobre todo, a ver si la venganza está a la altura ;) MUUUUUUCHAS gracias por tus ánimos, no fue del todo fácil pero aquí está. Empieza la fiesta, y promete continuar… ;) Gracias de nuevo.
Me despido aquí una vez más hasta la próxima. :) Espero que os haya gustado el capítulo/episodio especial de Halloween con mucho retraso/venganza XD También espero volver lo más pronto que pueda con el siguiente, ¡Gracias a todos los que me apoyáis! :D
Codelyokofan210399
