Buen Día

Antes que nada perdón por la ardua demora pero como expliqué en dinastía li el trabajo se ha puesto demasiado pesado y tuve que dejar la escritura a un lado. Parece que algunas se han aburrido del fic y lo entiendo, no se es moneda ni escritor de oro para caerle bien ni gustarle a todo el mundo, de antemano les agradezco su paciencia y que sigan esta historia que salió como un paréntesis para alejarme un poco de los momentos que estoy pasando.

Muchas gracias de verdad por seguir ahí y a las que se marcharon les deseo lo mejor y que encuentren una escritora menos incumplida que yo.

Los personajes de Twilight pertenecen a Stephanie Meyer, la historia a estos pechos.

Edward

Estaba a punto de caer de rodillas del alivio cuando su madre interrumpió la evidente y más que palpable tensión del momento. Cerré los ojos pensando en las miles de maneras en que me gustaría saber magia para hacer que su madre se fuera a hacer piñas en Bagdad. Pero me contuve de soltar algo más que un gruñido casi que animal que solo escuché yo.

- Soy el medico de su hija – respondí con temple y con toda la hipocresía que me salió.

- Usted no es el medico de nadie y en este momento va a salir de acá – dijo ella sin poder contenerse y aunque ya había tenido suficiente de sentirme rata en esos momentos la mire y le dije sin contemplaciones.

- No me provoque, ya sabe lo que pasará –

Bella nos miraba de hito en hito sin comprender el secreto de nuestro intercambio y su madre empalideciendo de ira cerró su picote y enterneció sus rasgos para acercarse a Bella.

- Que bueno que las visitas empezaron otra vez, creo que "tu" medico entenderá que quiera pasar unos momentos con mi hija- hizo hincapié en lo de "tu medico" y me di cuenta de que el momento de hablar con Bella nuevamente tendría que posponerse. Los ojos marrones me observaban mientras su madre intentaba ganarse su atención y dije adiós con los míos esperando haber sido lo suficientemente expresivo.

Salí de la UCI y el aire fresco me dio en la cara haciéndome consiente del calor que tenía, no se debía solamente a que en la unidad había equipos y demases que mantenían el aire templado a cálido sino se debía también a la tensión del momento. Respiré hondo y me pase las manos por el cabello muchas veces recordando una y otra vez todos los matices del encuentro. Ella estaba consiente, eso me hacía feliz, había accedido a escucharme, eso me hacía doblemente feliz. El problema iba a ser su madre, porque sabía que, aunque la amenazara con esa mentira de que iba a revelarle a todo el que le interesara saberlo que me había acostado a la hija del jefe de policía, jamás sería capaz de llevar algo así a cabo. Había amenazado a Bella con eso en un afán idiota de que se alejara de mí y de toda la culpabilidad que emanaba de mí ser.

Pero la historia era otra ahora, yo sabía mi verdad y la verdad de Bella y si había algo para recuperar por Dios que lo haría. No iba a dejar que su madre me detuviera y aunque había un obstáculo enorme, un sufrimiento por la muerte de un ser verdaderamente amado, estaba seguro de que podría solventarla lo suficiente para intentar entretejer algo con Bella que nos llevara a conocernos mejor, a identificar qué era lo que sentía por ella y… a saber si el lobezno era algo más que un amigo.

Esperé un tiempo prudencial antes de volver a la carga pero evidentemente mis intentos fueron frustrados por las amigas que Bella había logrado hacer durante su poca estadía en el hospital, esto me agradaba al menos por una parte porque por lo demás seguían habiendo inconvenientes para la charla, encuentro o como quisiera llamarlo, final.

El día pasó lentamente, tuve que hacer más consulta en urgencias y no tuve tiempo para subir más y también pensé en si ella sentiría mi ausencia como algo malo. SI había cambiado de opinión y no quería recibir mis disculpas.

Esto era frustrante. Jamás excepto con ella me había visto en este tipo de situaciones en donde nada salía como lo planeaba, no podía decirle a su padre que saliera de la UCI mientras yo hablaba con ella eso sería sospechoso. Así que tuve que alejarme mientras ella seguía recibiendo las visitas de quienes la querían.

Su madre seguía siendo el problema porque a medida que los días pasaron no la dejó sola ni un segundo, inclusive cuando fue trasladada a pisos estuvo pegada a ella cancelando incluso si Bella no tenía necesidad de acompañante una cama para ella.

Mi familia comenzó a preocuparse por mi salud mental, era evidente que estaba trastornado nuevamente pero por que casi no aparecía por casa y ellos estaban comenzando a creer que se trataba de algo malo relacionado con la madre de Tanya. No los saqué de la duda porque en esos momentos no tenía tiempo para pensar en ellos a pesar de que estaban ahí para mí, ellos entenderían a la larga porque mi bienestar dependía de ella en gran medida.

El día diez después de que Bella fuera sacada de la UCI ADULTO escuché por mera casualidad (en realidad no quería aceptar que estaba espiando y que esa conversación fue fortuita) que hablaba con su madre.

- No puedes seguir quedándote conmigo de la manera en que lo haces – su voz sonaba calmada, como si estuviera intentando razonar con una psicópata y casi creí que era así.- Te agradezco lo que haces, mamá, pero mírate, estás perdiendo peso y te ves enferma, no duermes inclusive cuando te quedas conmigo ¿a qué le temes? – Escuché el suspiro sopesado de la madre de Bella.

- Temo por ti, porque te haga daño… - Las dos se quedaron en silencio.

-Soy un poco más mayor – dijo Bella después de unos momentos. – Creo que puedo intentar lidiar con mis propias batallas y más después de todo… -

- Lo sé, pequeña, pero no está de más una mano amiga, sé que no puedo tenerte entre algodones, eso lo sé – dijo la voz de la madre llenándose de pena, parecía que estaba a punto de echarse a llorar y aunque respetaba que quisiera proteger a Bella se me hacía que era una manera de manipularla – Pero yo te quiero, y quiero que vengas a vivir conmigo, como antes, que podamos ser madre e hija otra vez, que podamos visitar a Edmund… -

-No, por favor…- dijo Bella cortándola de golpe como si le estuviera doliendo algo, en ese momento estuve a punto de entrar y alejar a su madre pero ella volvió a hablar – sabes lo que duele eso –

- Tengo que encontrar todos los medios – dijo la mujer sorbiéndose la nariz – siento que no es bueno que te quedes en este pueblo y menos para estar con Charlie, sabes que no podrá ver por ti –

- Yo no necesito que vea por mí, mamá, yo veo por mí misma y es aquí donde voy a terminar de hacer mi año rural así a ninguna de las dos nos guste, quizá con el tiempo llegue a recuperarme del todo, de todo y me quedaría aquí con Charlie, no debes ser egoísta con él, me has tenido toda la vida y más y él no, merecemos un tiempo juntos –

Su madre permaneció en silencio, parecía que estaba meditando lo que quería decir pero al final accedió.

-No debes quedarte aquí esta noche – dijo Bella después de que lo que sonara como un beso en la frente – estoy bastante mejor, me dijeron que pronto podría irme así que no necesitas estar conmigo todas las noches, te está afectando también –

- No quiero que ese…

- No quiero que tu enfermes, por eso y porque te lo pido dormirás en casa de Charlie esta noche –

Al parecer su madre accedió y me di cuenta de que había escuchado demasiado y más de lo que debería oír, y que tenía una pequeña oportunidad. Acorralarla no sería lo más correcto pero mi necesidad abyecta me hacía desear verla a solas y… no para eso habría tiempo después.

Una oportunidad…. ¿La tomaría?

Bella

Cuando mamá se fue a su hotel me sentí un poco más tranquila, pero eso solo fue por segundos, volvía a estar sola y no era una sensación agradable estando despierta, suspirando me incliné hacia mi indemne mesa de noche y busqué en ella un cepillo para mi cabello que comencé a ordenar en una larga trenza.

Escuché un ruido en la puerta de la habitación y vi que Jacob cruzó el umbral, me había visitado varias veces desde que estaba ahí pero en esta ocasión me di cuenta que parecía más arreglado, se había recogido su larga melena en una cola de caballo y traía la ropa más compuesta. Sentí que me hundía un poco cuando vi que en una de sus manos había un ramo de flores hermosas. No puedo, pensé en decirle apenas cruzo el quicio de mi habitación pero temía enormemente herir lo que parecían ser sus florecientes sentimientos.

No podía negar que Jacob me parecía atractivo, lo era, aunque era un año menor que yo se veía como un completo adulto. Pero en el fondo de mi ser sabía que solo podía brindarle una amistad y esperaba que eso fuera todo a lo que estuviera aspirando. Temía tanto ser herida nuevamente que si había alguna remota oportunidad de que sintiera algo más por Jacob acabaría destruyéndome como la primera vez que decidí darle mi corazón a alguien. Había leído alguna vez que uno no podía supeditarse a las malas experiencias y juzgar por una sola mala todas las demás oportunidades que había, pero yo, al menos, no me sentía nada lista.

Sonreí fingidamente cuando Jake puso torpemente el ramo a mis pies y se inclinó aún más torpemente a darme un beso en la coronilla.

-Hola, Jake – dije sacudiendo un poco su cabello cuando se alejó.

- Me alegra que sigas mejorando Bella, te extrañaba- comentó demasiado cerca de mi oído mientras se alejaba.

- Me viste hace dos días – dije sonriendo ahora con sinceridad ante el tono exultante de Jake mientras lo veía sentarse en una silleta de las visitas a un lado de mi cama.

- Se sintieron como años – soltó de sopetón y sentí que mis mejillas escaldaban un poco. "No, no debes interpretar erróneamente las cosas cuando no las ves, no le gustas a Jake, te quiere como amiga porque nuestros mismos padres son amigos."

Sonrió nerviosamente y aunque me sentía en confianza con él estaba comenzando a sospechar que mis elucubraciones no estaban tan desencaminadas. Charlábamos pero cada vez que decidía mirarlo sentía sobre mí su negra mirada cargada de cosas que no sabía identificar.

Me preguntaba que debía hacer, si dejar que se hiciera ilusiones, darme una oportunidad con él o simplemente largarme de Forks con mi madre y tirar la carrera de enfermera por la borda. Qué tesitura…

La conversación fluyó como agua en un rio, Jake era divertidísimo, un poco niño pero eso lo hacía encantador, me sacó del aburrimiento en dos momentos y cuando menos lo pensé reía con el de manera estridente tanto que me dolía un poco la cabeza.

Aferré mi abdomen y comencé a tomar aire rápidamente esperando calmarme y que se callara algún comentario sarcástico y humorístico.

- Jake, estas completamente loco –

- Así me quieren – dijo frunciendo los labios como haría un perro.

- Gracias por venir – dije secándome las lágrimas que me había sacado la risa y respirando más pausadamente para que mis vitales no se alteraran demasiado y le prohibieran venir a verme.

Una enfermera entró a darme los medicamentos por horario y miró las flores ofreciéndose a ponerlas en agua, accedimos y después seguimos hablando. Hacia comentarios algunos fuera de tonos y otro demasiado confianzudos.

- Ya tienes más color – dijo después de unos momentos. – Vuelves a estar tan hermosa como antes – luego frunció la boca como si él mismo no se hubiera dado permiso para soltar tal comentario.

No sé si se dio cuenta que me incomodó o simplemente tenía que irse pero se despidió rápidamente y me besó la frente antes de casi que salir corriendo por la puerta.

El encuentro con Jake me había dejado muchas dudas, especialmente porque no podía dejar de compararlo con el Dr. Cullen y lo que aun sentía por él. Pero sabía que a Jake se le podía querer fácilmente, era carismático, amigable, gracioso y me miraba de una manera que aunque me incomodaba hacía que mi autoestima subiera un par de grados. Igual dudaba mucho que el Dr. Cullen tuviera algún interés en mi más que el de limpiar su conciencia y cuando aclaráramos todo, cuando pensara en lo que tenía que decirme y decidía si seguía sintiendo rencor hacia su persona o decidía limpiar mi corazón de sentimientos amargos y finalmente aceptaba la realidad de mi hijo perdido y me acostumbraba a ella. No, no era tan fácil y lo sabía de antemano, y creo que necesitaba tomar la terapia psicológica que no tomé en dicho momento.

Mi padre llego dos horas después. La charla con mi progenitor fue más sosegada pero aun así me alegró que viniera a verme.

- Mama se quedará contigo esta noche, me preocupa que esté en un hotel todo el tiempo.- le dije más adelante.

- Más le valdría- dijo mi padre – no estoy en eso de cuidar a madres neuróticas –

- Y aun así convivieron hasta que me tuvieron – dije sonriendo de lado haciéndolo sentir incómodo.

- Yo la quería, como bien sabes, pero eso para ella no fue suficiente –

Y tenía razón, mamá siempre había mostrado una pasión excesiva por vivir que había traído problemas a su matrimonio porque Charlie era más sereno. Seguro lo habían intentado cuando nací pero tampoco mi presencia había sido suficiente, no podía culpar a ninguno de los dos.

La tarde terminó de caer y las visitas se acabaron, miré hacia el cubículo donde debería haber alguien compartiendo la habitación conmigo pero en todos los días que llevaba ahí no había visto a nadie. Esperaba que mi mama no estuviera prometiendo su ojo de la cara para mantenerme en una habitación individual.

Escuche la puerta abrirse y pensé que era una de las enfermeras pero al ver a Edward ahí mi corazón saltó, parecía que no había desistido en su propósito de hablarme y hasta yo había sido consciente de que no habíamos tenido mucha oportunidad.

-¿Puedo pasar? – preguntó como si negarme fuera una opción, bien podía decirle que prefería que pasara una camada de escorpiones pero no pasaría.

- Supongo… - dije groseramente levantando un hombro, él era el medico así que podía pasar a donde quisiera. Bueno, no a todas partes, no diría que si inmediatamente si decidiera pasar a… "Mente… mente… ¿Qué juego es el que quieres jugar ahora?"

Cerró la puerta tras de sí y vi que sus ojos se dirigieron al florero improvisado (una jarrita donde las enfermeras normalmente dejaban agua a los pacientes).

- Veo que sigues visitada – sus ojos brillaban de modo extraño, como si estuviera enfadado sin estarlo.

- Me las trajo Jacob, el hijo del mejor amigo de mi padre – no sé por qué enuncie esa presentación, a él no tenía por qué importarle.

- El joven que siempre te visita – afirmó y aun a pesar de la tenue luz vi que apretaba los dientes, y tampoco esa reacción la entendía ni quería que me interesara.

- Si, siempre me visita, hace mis días amenos – No sabía por qué estaba hablando con tanta seguridad pero me parecía lo mejor, entre antes lo escuchara más pronto podía tomar mi decisión respecto a él.

Él dio los pasos que hacían falta para llegar a mi cama y se sentó en los pies de esta cuidadosamente, seguramente buscaba no aplastarme los pies, me miraba intensamente y yo sentí como si me estuviera mirando con una lupa.

- ¿Crees que este momento sea tan bueno como cualquier otro para hablar? – dijo pausadamente como si estuviera asegurándose que entendía cada palabra y sentía que me estaba bombardeando las defensas de frente.

- No se…- dije sinceramente intentando devolver la intensidad de su mirada y seguramente pareciendo un mico al que una persona estaba mirando a través de la reja de un zoo. - ¿Crees que tengas algo que decir que pueda interesarme? –

Se quedó en silencio por unos momentos y pensé que mi respuesta había ido un poco lejos pero volvió a retomar su hablado.

- Creo que eso lo determinaras tú –

Nos miramos más tiempo, tenía tentación de quitar mi mirada incomoda, sentía que desde ahí podía ver la gran mayoría de mis muchos defectos y seguía sin estar preparada para que alguien como él me examinara de esa manera.

- Habla, entonces, y sabremos si habrá valido la pena –

El asintió lentamente y después acomodó sus codos en sus piernas respirando con pausa, como si se estuviera preparando para una travesía y necesitara toda la paciencia del mundo para hacerlo.

- Antes que nada quiero disculparme… por todo… por haberte usado, por haber descargado mi ira contigo, por tratarte como te trate después y por…embarazarte.

- De eso ultimo no tienes que disculparte ya que amé a mi hijo y de estar embarazada nunca me arrepentí – interrumpí como si un botón automático se hubiera activado.

- Por las condiciones que te llevaron a acabar en estado si me disculpo, no tenía derecho y aun así lo hice –

- Nunca entenderé que fue lo que viste en mí que te hizo pensar siquiera en aprovecharte siendo que había muchas mujeres de tu…gusto…más parecidas a Tanya… ¿era por qué te perseguía a todas partes? ¿Por qué querías vengarte porque me había encaprichado contigo? – esas eran solo dos preguntas de las muchas que quería hacerle, pero si empezaba a enumerarlas lo más probable era que nunca acabaría.

- Eras pura dijo suspirando y mirando hacia otro lado un momento – no solo física sino espiritualmente y en medio de toda la tragedia griega que era mi matrimonio eras la luz de la que de alguna manera me quería apoderar.-

Sus palabras me hicieron estremecer internamente, pureza… si, podía ser, después de todo decían que los niños lo eran aunque mis pensamientos hacia él no hubieran sido puros en absoluto una vez que descubrí que lo amaba.

- Me casé con Tanya en un arrebato de pasión y desenfreno, creyendo que ella era un par para mí, el complemento del rompecabezas, el ying de mi yang, como sea que quieras llamarlo. Nos entregábamos al frenesí del sexo como si no hubiera mañana… - resoplé pesadamente pensando en la razón por la cual tenía que oírlo hablar de ella así siendo que me lastimaba, puede que él no lo supiera o careciera tanto de tacto ahora como antes. – yo creí, estúpidamente que eso sería suficiente, sin saber quién era realmente la traje a vivir conmigo y me casé con ella deseando ser el único que disfrutara de su pasión. Pero una vez asegurada comenzó a mostrarse como realmente era. No voy a detallarte los pormenores de lo que pasaba dentro del lecho conyugal y fuera de él. La vida de casado no era como la había imaginado y fue cuando me percaté del terrible error que había cometido.-

- Pero se veían tan felices – dije interrumpiendo su diatriba recordando como yo había deseado ser la persona que lo hacía sonreír así.

- Cuando tienes exceso de dinero y confianza crees que debes mantener un tipo de apariencia frente a los demás para que solo hablen cosas buenas de ti. No me interesaba que se supiera que mi esposa me negaba los placeres de cama y que hacía de mi vida un infierno, queriendo sacarme dinero y aliándose con la rastrera de su madre. El único sitio donde hallaba cobijo era en el hospital. Con la profesión podía evadirme de la realidad de mi vida. Mi familia nunca se enteró hasta después de que material estaba hecha Tanya sino seguramente me habrían apoyado en la decisión que debí tomar en su momento, divorciarme de ella. Quería que nos fuéramos de Forks, quería lo que nunca había tenido y quería sacármelo a mí. No le deje, no podía, tenía mi vida aquí. A cambio de ello se volvió junto con su madre mi pesadilla viviente. Como dije, venir al hospital era lo único que me ayudaba y verte a ti – sus ojos saltaron a mi otra vez, como si estuviera retrocediendo en el tiempo y recordara esos días en los que yo lo perseguía a todos lados y él me sonreía cálidamente. – Por supuesto no paso tiempo antes de que ellas se enteraran y todo se fue al carajo después de eso, toda mi vida matrimonial termino por acabarse. Ellas decían que tenía un romance contigo y hasta que lo sugirieron no se me ocurrió pensar en ti de esa manera –

Si aún no tenía anemia seguramente la poca de sangre que aún conservaba había decidido instalarse en mis mejillas.

- Veía lo que antes no y comencé a desearte de manera enfermiza, quizá quería tomar algo de tu inocencia para purgar un poco mi propia suciedad y eso hice. Creo que debes recordar tan bien como yo aquella única vez que estuvimos juntos, en ese lugar que he ido a visitar muchas veces esperando expiar la culpa que siento. No te vi después y la situación con Tanya se salió de las manos, quería separarse y que le diera todos mis bienes y no podía hacerlo, no porque no lo deseara sino porque no tenía como darle lo que pedía para que me dejara en paz. Sonará frívolo pero no tenía toda esa cantidad exagerada así que decidí que la haría vivir el infierno que ella me quería hacer vivir a mí. La amenace con quedarnos casados toda la vida pero que nunca le iba a dar el divorcio ni me iba a sacar un peso más del que correspondía. Intento conquistarme pero era tarde para eso, al ver su verdadero rostro solo podía pensar en cuan falsa era su treta, cuan mentirosa era y toda la decepción que suponía tenerla a mi lado. Confieso que desee en dicho momento que desapareciera y cuando menos lo espere, parecía que mis palabras habían tenido el poder suficiente para ser llevadas a la realidad. Ella se había suicidado y sabía por la nota que leí y por los ojos acusadores y arduos de su madre que había sido culpa mía. En ese momento ignoraba la verdad y solo podía verme deseando su disipación y esto haciéndose realidad frente a mí como un terrible karma. No podía siquiera mirarme a la cara y menos verte a ti por todo lo que habíamos hecho. Seguramente mi culpa y enfado fueron dirigidos a ti irremediablemente y por eso y muchas razones, todas ellas teniendo que ver con mi auto desprecio, hice lo que hice. Te aparté como lo hice, te trate como lo hice. Tú, lo único puro de mi mierda de vida y también a ti te había manchado –

Su voz tembló un momento y se pasó la mano por los ojos rápidamente como si quisiera emancipar algún recuerdo doloroso. Yo también recordaba, retrocedía al pasado como si hubieran sucedido tres días y no tres años. Sus palabras, el dolor que me causaron y mi embarazo meses después.

- Cuando fui consiente otra vez de todo lo que estaba dejando que acarreara sobre mí me di cuenta de lo que había hecho, habías desaparecido, huyendo seguramente del dolor que te había provocado y yo aún tenía que lidiar con toda la culpa aceptando ir a un terapista particular que me ayudara a salir del hueco en el que lentamente me estaba hundiendo. El arrepentimiento se sumaba a la culpa y todo lo demás y mi terapia ayudo en parte. Por un detalle logre enterarme de la verdad detrás de la historia del suicidio de Tanya y como todo fue un desastroso accidente que acabó con ella muerta cuando lo que en realidad quería era más y más dinero. Me liberé del yugo de su caída y empecé a arreglar los pormenores de mi vida. Pero nunca deje de tener un pensamiento hacia ti, recordaba nuestro único encuentro y en ocasiones era lo único que me hacía mantenerme en pie, eso y la posibilidad, muy remota, de alguna vez volver a verte y decirte lo mucho que lo sentía. Y después, un día cualquiera, recibí la noticia de Rosalie, que se había venido a cuidar de mi junto con mi familia a mi casa, de que habías vuelto. El chisme estaba regado en el pueblo y en esas ocasiones era difícil dudar de que fueran verdad y para mayor coincidencia venias a trabajar al mismo hospital, el mismo que me salvo de convertirme en un loco errante. Creía que esa era la oportunidad más perfecta para hacer las cosas bien, para disculparme e intentar arreglar en entuerto que yo mismo había creado. Pero cuando te vi supe que a pesar del tiempo que había pasado seguías dolida. Demasiado dolida y aun no alcanzaba a imaginar por qué. En medio de mi egoísmo creía que solo se trataba de resentimiento por la manera cruel en que te había rechazado pero había algo más, algo de trasfondo, un odio manifiesto que me hacía pensar que tan duro había sido para ti olvidarte de mí. -

Durante ese momento no lo interrumpí absorbiendo sus palabras y comprendiendo un poco más toda la desgracia que ocurrió ese día. Si, podía comprenderlo e inclusive podía darme un poco de lastima pero el quid del asunto era que yo no podía perdonarlo y si era lo que estaba buscando al decirme todo esto sería mejor que terminara y yo enseguida debía sacarlo de su sueño.

- Cuando volviste, te miré de nuevo y supe que la dulzura, la inocencia que antes tenías había desaparecido y también sabia de quien era la culpa, volvía a sentirme como la mierda pero no podía imaginar que tú te sintieras igual o peor y que me miraras como lo hacías. Como seguías siendo el único cabo suelto de mi camino hacia la redención decidí que tenía que hablarte nuevamente y disculparme. No podía dejar de mirarte incluso a escondidas porque quería percibir en algún descuido que la Bella que conocí y destruí aun se hallaba dentro de esa nueva presentación tuya. Comencé a acostarte y no dabas tu brazo a torcer, estaba pensando en emprender medidas más drásticas cuando repentinamente, como todo acostumbra a pasar contigo, enfermaste de meningitis, un ataque grave que podía llevarte a la tumba o dejarte secuelas terribles. Cuando Ángela me llamo para pedirme ayuda supe que algo estaba mal y cuando finalmente llegue a tu casa y te vi ahí, en la cama, tan pálida como muerta y murmurando incoherencias me prometí que no dejaría que te fueras sin luchar por ti. Codo a codo, con los médicos, evaluando terapias e incluso trayendo de fuera a uno que otro especialista comenzó la batalla por tu vida. Egoístamente me decía que no permitiría que te fueras hasta oír lo que tenía que decirte, quería redimirme y al ser tú la única pieza faltante debía esforzarme el doble. Fue cuando en medio de la lucha me enteré de algo que no sabía, algo que me hizo abrir los ojos y me hizo también comprender el por qué tu rencor. No se trataba solo de Bella con el orgullo y corazón rotos por haber dado su primera vez al Dr. Cullen, no, había algo más, algo más tangible y real que los mismos sentimientos, una vida. Por momentos creí que había vivido, que tal vez por la difícil situación en la que te había puesto lo habías dado en adopción y casi estuve preparado para comenzar una labor titánica de búsqueda, hasta que me enteré del resto, por boca ajena y por un completo azar del destino. Si, las cosas habían tomado un cariz que no podía solventar, cuando imaginaba que podía tener a alguien mío, nacido por mi causa en mis brazos miles de imágenes rondaron mi cabeza hasta la realidad, había muerto sin siquiera haber empezado a vivir. Si, la situación estaba completamente al revés. Entendía, si, podía decir que lo hacía, aceptaba que me odiaras aunque eso me doliera y aun no se la razón. Contigo las cosas pasan de maneras en las que no puedo imaginarme, me siento de nuevo como un adolescente, un niño que no sabe cómo actuar. La meningitis comenzó a retroceder, parecía que mis ruegos habían sido escuchados, podía hablarte cuando estuvieras consiente indagar sobre cosas…intentar que me perdonaras. Y aquí estamos… yo, resumiéndote lo que fueron estos años sin tener un minuto de paz y tu…finalmente escuchándome – tenía los ojos humedecidos y al vernos no me permití dejar que me conmovieran aunque estuvieron a punto de hacerlos.

Si, era demasiada información, y no sabía de verdad que esperaba él que yo hiciera con ella. Por unos momentos, la parte imbécil de mí que aun lo quería, ansiaba acercarse y tomarlo de la mano, decirle que las cosas pasaban por algo, no había tal indulto como las coincidencias y que lo perdonaba y fuera en paz. Pero la otra, la que se había forjado bajo todo aquel fuego doloroso que era la muerte quería gritarle que si creía que con eso podía ablandarme un poco y le iba a decir "Si, te perdono", ya podía esperar sentado. Intenté imaginarme todo lo que me dijo, casi que podía verme como una camarógrafa de su vida viéndolo hacer lo que dijo que hizo. Si, pudo haber sido doloroso pero nunca debió pagarlo conmigo. Un poco del amor que sentía por él murió, el resto intentó vivir enterrado bajo el rencor, pero tenerlo frente a mi hacia la perspectiva cambiar. Si, lo seguía queriendo, seguía sintiendo aquello que me había impulsado a entregarme a él pero nunca sería suficiente, porque él no sentía lo mismo, empezando por ahí, y también porque yo aún no podía superar la muerte de Edmund. Aunque hubiese sido por culpa de la naturaleza o quizá algún fallo en mi cuerpo siempre lo tendría en mi mente. Quizá podía intentar quitar la culpa a Edward y seguir adelante pero necesitaba más que palabras y estaba segura que era algo que él no me podía dar. Lo enfoque en frente de mi mirándome, más bien traspasándome con esos ojos tan profundos que tenía, como si quisiera leerme entera con ellos.

- Gracias por tan esclarecedora confesión – dije con la voz más calma que pude – Hubiera querido saberlo años antros pero supongo que estaba escrito que sucediera de esta forma –

- Sé que no tengo derecho a pedirte nada, Isabella, y no lo hago porque sé que sería ruin, pero al contarte esto siento algo de alivio que no me había permitido sentir en años –

Así que no quería mi perdón, al parecer no quería nada de mí y no podía permitirme pensar siquiera en que eso me afectaba. Asentí y él se acercó a tomarme la mano, quise apartarla en acto reflejo pero decidí no mostrar más miedo ni aversión para ver si me podía dejar sola y asimilar lo que sería de mí de ahora en adelante. La llevó a sus labios y sus lágrimas humedecieron mi mano. Hice un esfuerzo titánico por no llorar y por no dejarme conmover al ver al mejor doctor que había conocido con esa expresión destrozada. Me recordaba a mí el primer año de la muerte de Edmund, estoico en apariencia pero con ojos y lágrimas que no podían mentir.

¿Por qué no podía quererme? Mi conciencia eligió ese momento para perder el control y salir a flote con esa idiota y nada procedente pregunta. Yo no quería que me quisiera.

"Mentirosa".

Pero era así, quizá si me diera algún indicio de que me quería y no que tenía compasión de mi por lo que me había hecho yo pensaría seriamente que el amor podía perdonarlo y curarlo todo y decirle que si lo perdonaba, si se quedaba a mi lado y prometía amarme por siempre.

Pero no era el caso y no iba a forzar las cosas solamente para salir herida, ya había tenido de eso bastante.

Quité mi mano de su agarre intentando ignorar sin éxito la expresión atormentada de sus ojos y lo mire impasible intentando no llorar yo misma ante su dolor.

- Ya te escuché, era lo que deseabas, no puedo decir que te perdono por que el dolor esta tan fresco dentro de mi como si la herida hubiera sido acabada de hacer. Sin embargo te comprendo, intentaré entender las razones de tu proceder y hallarles lógica, quizá en entresijos de esto puedas siquiera conseguir eso que quieres, mi perdón, pero mientras tanto quiero que te alejes de mí. Edward…- dije su nombre como sentenciándome a mí misma a decirlo una última vez – Necesito que te alejes de mí y así podre siquiera dejar de pensar en todo lo que me hiciste –

Él me miro lentamente por largos segundos, como si no acabara de creerse lo que le acababa de decir pero asintiendo y aceptando mi decisión se puso de pie.

- Gracias, Bella – intenté no mostrar nada ante la manera anhelante en la que dijo mi nombre quizá ni siquiera lo había pronunciado de esa manera y era solamente yo intentando convencerme. – Esto significa el cielo para mí –

Asentí mirando hacia otro Aldo y apretando las sanabas en mis manos cubiertas con cobijas.

- Vete, por favor –

Sentí que la puerta se cerró y ahí si pude dar rienda suelta a mi llanto y ante mi impotencia frente ese descubrimiento de que seguía teniendo sentimientos hacia Edward, esa era la real razón por la cual no había querido que me dijera nada, porque intentar entenderlo y conocer su historia lo único para lo que me había servido era para darme cuenta de que a pesar del daño que me había hecho seguía queriéndolo con el amor núbil e infantil del primer día y sentía compasión por su dolor siendo que él parecía no haber sentido deferencia por el mío. Su error había sido Tanya. Para mí el hecho de quererlo sabiéndolo ajeno. Luego se habían desarrollado las circunstancias y todo había finalizado así, con los dos en el fondo de nuestras desgracias. A su favor podía decir que no sabía ni supo nunca que estaba embarazada y muchos escenarios de lo que hubiese pasado si lo hubiera sabido vinieron a mi mente, pero de nada valía tener imaginación en ese momento.

Seguía siendo una niña estúpida que no podía aprender de sus errores.

Lloré hasta que se me agotaron las lágrimas y por muchos minutos quise tener frente a mí a Jacob para que me ayudara a sonreír, pero no podía apoyarme en él para salir adelante porque podía albergar algo hacia mí y no estaba ni estaría lista nunca para corresponderle amando aun al Dr. Cullen.