¡Hola! ¡Nuevo capitulo arriba!
One Piece no me pertenece, etc. Qué vida más triste la mía.
La Maldición de Viluel
Capítulo 10
Mi punto débil
Mientras Celine estaba ausente, Robin se vio en completa libertad para deshacerse de su cara de póquer y poderse desahogar aunque fuera un poco del dolor y el cansancio que poco a poco embargaban su cuerpo. Tenia deseos de llorar a lagrima viva y de dejar salir algún grito o sollozo que expresara su sufrimiento, pero se contuvo únicamente por temor a que Celine la escuchara.
Debía mantener el dominio de sí misma. Por lo poco que entendía de los hechizos hasta el momento sabía que cualquier muestra de debilidad podía ser usada en su contra, hasta la más minima. No podía arriesgarse a eso.
…
Zoro se detuvo instintivamente y pegó su espalda en el árbol más cercano. Se sentó en el suelo haciendo los movimientos más pausados que pudo, con cautela, y miró de nuevo hacia donde tenía que seguir corriendo.
-Hay trampas por todas partes.
Lo siento, eso es algo que yo no puedo enfrentar.
-¿Cuánto falta para llegar a la casa?
Alrededor de un kilómetro.
Zoro frunció el ceño. No era mucho, pero tampoco le parecía lógico puesto que llevaban un buen rato caminando. Estaba cada vez más desesperado por llegar y enfrentar a esa bruja; si Robin estaba allí, ayudarla, si seguía libre, por lo menos quitarse de encima la carga que suponía temer que estuviera en peligro.
-Cuando desembarcamos en esta isla, el bosque no parecía tan profundo…y ahora parece eterno.
Es cosa de Celine. Engaños, ilusiones, manipulación de todo tipo, son su especialidad. Yo comprendo mejor cómo funciona este bosque únicamente porque mis poderes son parecidos a los de ella.
Zoro resopló mostrando cierto fastidio. Realmente era bastante irritante tener tan poco dominio de la situación, acostumbrado como estaba a tomar él mismo las riendas de sus problemas.
-¿Tienes algún plan para cuando lleguemos allá?
El enfrentamiento directo es lo único que funciona con Celine. Las emboscadas y las intrigas son un fracaso con ella porque nunca sabremos qué tanto de lo que creemos que es verdad, es de hecho verdad. He tardado mucho en percatarme de ello pero ahora lo veo con claridad.
-¿Entonces?
Sólo llévame ante ella. Si la expulso del cuerpo que está utilizando, se debilitara, y entonces, podré darle un golpe que acabará con todo esto.
-¿Golpe?
Un hechizo que vencerá a su espíritu y lo enviará a descansar, o a donde tenga que ir. Tendré que forzarla a ello.
Zoro percibió en silencio los restos de dolor que quedaban en las expresiones de Mainery con respecto a lo que tuviera que ver con Celine. Decidió no hacer ningún comentario al respecto pues no quería distraerse de sus objetivos: tuvo que recordar, sangre fría y determinación, eso era lo que siempre lo sacaba adelante cuando las cosas iban mal.
-Voy a atravesar el kilómetro que queda.
Bien. Pero temo que mientras se trate de cosas físicas, voy a serte totalmente inútil.
-Lo sé. Solo te lo advierto para que no hagas preguntas.
Se puso de pie de nuevo, y llevó sus manos hacia sus katanas con todas las precauciones de las que fue capaz.
Entonces se puso en guardia y cerró sus ojos para concentrarse. Luego comenzó a correr.
…
Con el paso de los minutos, Robin seguía sintiéndose débil, pero creía conservar suficiente energía y claridad mental para seguir enfrentando a Celine cuando hiciera falta. Inevitablemente, siguió pensando en sus amigos. Nunca en el pasado se había sentido tan angustiada de perderlos como en aquellos momentos, pues no tenía idea de donde estaban ni en qué condiciones. Aquello era una tortura constante más fuerte que estar colgada de la pared con los grilletes de kairouseki. Estaba tratando de convencerse de que lo último que necesitaba era seguir pensando de esa forma tan pesimista, cuando escuchó un ruido proveniente de la puerta que la hizo estremecerse.
De buenas a primeras, como si siempre hubiera estado allí, Nami apareció en la habitación. Se había detenido justo enfrente de Robin.
-¡Navegante-san…!- Robin iba a comenzar a hablar y a hacerle preguntas, sin embargo notó que ella ni siquiera pareció escucharla. Nami comenzó a caminar, de forma errante, por toda la habitación. Volteaba hacia todos lados, como si buscara un rumbo, y dio varias vueltas alrededor de la mesa.
-Está muy oscuro- la escuchó decir con voz temblorosa- ¡¿Dónde estoy?
-Na…Nami…- susurró Robin desconsolada al ver que no había nada que ella pudiera hacer por ayudar a la navegante, quien no la escuchaba ni la veía, lucía perdida, y asustada.
Ella desapareció de su vista, y Robin inclinó la cabeza, cerrando sus ojos con cierto dolor
Así que, ¿Será de este modo, maldita?, pensó, ¿me debilitaras mostrándome el sufrimiento de mis nakama?
Por toda respuesta, apareció Franky. Éste iba caminando con más seguridad que Nami, pero igualmente se veía angustiado y perdido. Tenia su brazo preparado para atacar y caminaba a con cautela, y al igual que Nami, no pareció reparar en la presencia de la arqueóloga ni dio muestras de escucharla cuando ésta trató de hablarle.
-Franky…- Robin lo observo atravesar la habitación, luego inclinó su cabeza- por favor, que esté a salvo.
El siguiente en desfilar ante sus ojos fue Sanji. El rubio caminaba con las manos en los bolsillos, fumando con cierta ansiedad pero manteniendo siempre esa actitud tranquila que lo distinguía. De todas formas, parecía algo molesto y de vez en cuando lanzaba patadas al aire. Definitivamente se estaba poniendo nervioso.
-Cocinero-san- Robin no desistió de tratar de comunicarse con él, pero lo dejó pronto pues comprendía que justo como los otros, Sanji no notaba su presencia.
Sanji desapareció y casi en seguida en el lugar apareció Ussop, blandiendo su arma y mirando hacia todas partes, como cabria esperarse, con dos gruesos lagrimones corriendo por su rostro.
-¡Si hay….si hay alg….alguien allí, mu…mu…muéstrese!- "retaba" dando vueltas sobre sí mismo y sin moverse demasiado de donde estaba. Sus rodillas chocaban una contra la otra.
-¡Nariz larga-kun!...sé valiente- dijo Robin, ya con la garganta en un nudo, apenas podía hablar. Ussop siguió más o menos igual por un par de minutos y finalmente desapareció también.
Pasó un rato muy largo en el cual pensó que no vería mas, pero entonces unos sollozos de lo mas tristes inundaron sus oídos. Ella volvió a levantar su vista, solo para ver al pequeño Chopper en las mismas condiciones que los demás, pero todavía mas asustado.
El pequeño doctor caminaba sujetándose las manos, mirando hacia todas partes con los ojos inundados en lágrimas y con paso aun más lento y torpe que el de Ussop.
-¡Chicos! ¿Dónde están? ¿Luffy? ¿Robin? ¿Zoro?
-Doctor-san, sé fuerte- murmuró Robin, a sabiendas de que Chopper no podía escucharla. Entonces dejó de ver al pequeño reno, y se quedó de nuevo sola en esa habitación.
-Maldita…maldita seas Celine.
Mira que enviarle al ultimo al pobre de Chopper, a quien ella quería tanto. Definitivamente, Celine sabía como sacarle partido a su debilidad y lo peor era que atrapada como estaba no había mucho que pudiera hacer al respecto. Se sentía devastada de ver a sus amigos, tan asustados y tan indefensos. ¿De verdad estaban así en esos momentos o solo era una visión? ¿Estarían juntos o estaban separados, cada uno por su lado? ¿Y si ella era la única prisionera en esos momentos? ¿Y si ya todos se habían ido y ella en realidad estaba sola?
No, no podía pensar en eso. Esas eran la clase de confusiones que Celine esperaba que se formaran dentro de su mente. Ella era la que tenía a sus amigos en alguna parte, era ella la culpable de todo. Robin no estaba sola, tenía a sus nakama…
Inevitablemente, pensó en Zoro. ¿Por qué se había ido? ¿Tenía algún plan? Lamentablemente, él fue el único que la dejó sola. Él le dio esperanzas, le dio protección y cariño y en el momento crucial se fue.
Pero…Celine había dicho que le había visto, ¿acaso le había hecho algún daño?
Prefería no pensar en eso. De hecho, no deseaba pensar más en él que en cualquier otro de sus nakama. No quería que Celine la atacara por ese lado, y sabía que era perfectamente capaz.
Además… después de pensarlo, había perdido toda esperanza con él. No quería creer que fuera tan fácil para ellos tener algo. Aún si pudieran salir de eso, sería muy difícil para ella decirle al espadachín sus verdaderos sentimientos, pero sobre todo escuchar los de él. Siempre existía la posibilidad de que no sintiera lo mismo por ella. Pero, ¿Y si sí lo sentía?
No, debo concentrarme. No es momento de estar pensando en todo esto.
…
Un tronco gigantesco quedó prácticamente hecho aserrín ante las espadas de Zoro. Siguió corriendo y esquivando todas las trampas que atravesaban su camino, que le recordaban a las que un cazador utilizaría para atrapar algún animal salvaje. Bueno, bastante adecuado a su parecer porque en esos momentos la furia que sentía contra Celine lo hacía sentir poderoso como un lobo o un tigre.
Cada paso que daba parecía activar una nueva trampa, lo mismo le caían desde el cielo enormes balas de cañón, que de entre las ramas de un árbol salían disparados veinte o treinta cuchillos que muy apenas lograba esquivar mientras sus pies eran atrapados con cuerdas que lo enredaban y lo jalaban.
A todo le hacía frente con la misma mezcla de furia, espadas y adrenalina. No era momento para ser prudente sino para sobrevivir, que era lo mejor que sabía hacer.
De pronto sintió que su pie se hundía, pero dio un salto con una gran voltereta en el aire, solo para ver que en el lugar que estuvo a punto de pisar había un gran agujero cuyo fondo tenía unas grandes estacas en las que en ese momento podría estar clavado como una res. Siguió entonces corriendo por entre los árboles, y solo pisó el suelo cuando dejó atrás una larga brecha que le parecía demasiado sospechosa.
Llegó a un punto donde de entre las ramas caían jaulas cuyo evidente fin era atraparlo, pero aunque lo hubieran logrado él las hubiera hecho añicos con sus espadas.
-Se preparó bastante bien…pero hace falta más que esto para detenerme.
Su fin no es detenerte, sino distraerte. Perdemos mucho tiempo aquí.
…
No había pasado demasiado tiempo, ni ella había logrado recuperarse del todo, cuando Robin sintió que la pared temblaba. De pronto las argollas que la sujetaban de pies y manos hicieron un ruido muy fuerte, como si se rompieran, pero al verlas se percató de que no era así; no se rompían, se estaban desprendiendo del muro.
Cuando se desprendieron del todo, Robin comenzó a levitar. Ella no entendía qué estaba pasando hasta que aterrizó acostada en la enorme mesa tomando la misma posición que había tenido en la pared, aun sujeta por los grilletes de kairouseki.
Robin se alarmó.
-¿Cómoda, querida niña?- preguntó Celine entrando de nuevo, con la apariencia de anciana que solía tener. Llevaba con ella un enorme libro… el libro de hechizos que Luffy había encontrado en la mansión, el mismo que Robin había usado para comprender lo que ocurría en esa isla.
-Bastante más de lo que usted se imagina, señora- concedió Robin sin perder la calma- ¿Puedo preguntar cuál es la ocasión de este cambio?
-Sólo es para facilitar el procedimiento. ¿Ves esto, pequeña? Es una copia del libro de hechizos que robaste de mi mansión. Seguro notaste que le faltaban unas paginas, pero el que yo tengo esta intacto.
Robin frunció el ceño. Cuando leyó ese libro pensó que en las paginas faltantes habría una protección o un hechizo que contrarrestara el de la posesión pero al parecer se equivocaba porque, en ese caso, ¿de qué le serviría a Celine?
-Si te lo estás preguntando, puedo contestarte ahora mismo; en las páginas que faltan esta escrito tu final.
Robin frunció el ceño mientras la anciana apoyaba el libro en la mesa y lo hojeaba.
-Lo siento señora, es que no comprendo. Según sé, para poseer mi cuerpo usted necesita tiempo, paciencia. Y si tengo la suficiente fuerza puedo expulsarla de mí. Al abandonar el cuerpo de la anciana, éste morirá instantáneamente, por lo tanto no tendrá un cuerpo al cual volver. Entonces, ¿Qué piensa hacer? Porque yo no pienso dejarle mi cuerpo tan fácilmente.
Celine sonreía dándole poca importancia la observación de Robin. Sin embargo se molesto en explicarle.
-Tengo aquí un hechizo mucho más poderoso que el de posesión en sí. Ese no es más que una vulgar técnica para principiantes, el que pienso usar contigo requiere la excelencia que solo se puede lograr con años de experiencia como los tengo yo.
Robin miró a Celine, completamente horrorizada, comprendiendo que esa mujer había estado jugando con ella desde un principio. Celine siguió hablando, y como no podía hacer nada mas, Robin tuvo que escuchar atentamente.
-Por eso es que no puedo dejar pasar esta oportunidad. Tu llegada a esta isla fue como una señal del cielo. Sabía que todos estos años de entrenamiento y de cacería iban a ser por fin recompensados. Comprenderás que no estoy actuando sobre la marcha. Sé lo que estoy haciendo.
Robin cerró los ojos mientras recargaba su cabeza hacia atrás.
-¿Quiere decir que se me acabo el tiempo?
Celine sonrió.
-Solo es un pequeño conjuro. En cuanto lo termine de hacer, tu espíritu dormirá y el mío tomará el mando. En cuestión de horas, tu espíritu terminara de debilitarse, y morirás. Y cuando eso pase, ese cuerpo será mío por completo.
Robin seguía con sus ojos cerrados, reprimiendo la oleada de sentimientos que la atacaban por dentro. El miedo dominaba aunque ella estuviera intentando contenerse. Cualquier otra persona se hubiera retorcido tratando de liberarse y hubiera gastado hasta la última reserva de su energía tratando de gritar por ayuda. Pero esa no era Nico Robin. Ella iba a seguir peleando.
Con o sin sus amigos. Con o sin Zoro.
¡¿Pero en que estaba pensando? No podía comenzar a hacerse a si misma ese tipo de ideas, sus amigos estaban con ella, Zoro también… ¿Entonces porqué dudaba de ese modo?
No…ella no era así de débil, confiaba en ellos. Confiaba en sus amigos y sabía que todo iba a estar bien. Siempre estaba bien.
Pero, ¿y si esta no era una de esas veces que estaba todo bien? ¿Y si era un juego perdido desde un principio?
De pronto un movimiento brusco de Celine al dejar caer el libro sobre la mesa la sacó de sus pensamientos.
-Es hora, querida.
…
Después de un buen rato, Zoro tuvo que detenerse en la rama de un árbol para poder descansar. En todo ese tiempo no había avanzado demasiado y las trampas seguían surgiendo de donde fuera. Sin embargo no dudó en ponerse en camino otra vez. Según sus cálculos llevaba por lo menos medio kilómetro, y sabía que cualquier minuto o segundo podía ser crucial.
Una vez mas las trampas surgieron de todas partes, y como siempre la mayor parte de ellas quedaron hechas pedazos por los suelos. Mientras tanto él avanzaba todo lo que podía, ya fuera por el suelo, ya fuera corriendo entre árbol y árbol.
…
Robin observó cómo Celine se paraba ante ella y respiró profundamente sabiendo que aquella era su última oportunidad.
-Celine, no ganaras nada haciendo esto.
-Oh, querida, créeme que sí.
Y diciendo esto, extendió sus delgados y frágiles brazos hacia el frente, cerró sus ojos y comenzó a concentrarse.
-¡Celine! En esta vida no te queda nada, compréndelo- siguió Robin mientras la mujer permanecía en silencio- tu isla esta abandonada, tu marido esta muerto y hace años que tú misma estas oficialmente muerta.
Ella no hizo caso de nada de lo que Robin dijo, en cambio parecía haber entrado en una especie de trance.
Su cuerpo comenzó a flotar frente a Robin. Con sus manos extendidas, de sus labios comenzó a salir un murmullo que se fue haciendo, poco a poco, más alto e intenso.
-Aparta korpo kaj animo, mia korpo venas al mi…- Robin sintió una sacudida recorrer todo su cuerpo en cuanto pudo escuchar claramente las palabras dichas por Celine, y aunque no comprendió el significado, trató de mantener la calma y seguir con su ataque.
-¡Entiéndelo, por favor! Ya no tienes posición, ni dinero. Ya no eres una noble, en mi cuerpo ya no serás Celine. ¿Sabes qué serás? En mi cuerpo serás Nico Robin, una pirata, perseguida por el gobierno, con un pasado oscuro y un futuro sin remedio. ¿Y sabes qué más? ¡En la primera oportunidad te van a hacer trizas, porque yo solo he sobrevivido por mis amigos, y ellos a ti no te van a proteger!
-Aparta korpo kaj animo, mia korpo venas al mi…- Celine seguía diciendo el conjuro sin escuchar a Robin.
-¡No lo lograrás! Aunque obtengas mi cuerpo verás cómo las cosas han cambiado allá afuera desde tu muerte. Siempre habrá alguien mas poderoso que tu esperándote, y sola como estás no vas a conseguir nada. Y mis amigos…ellos no dudaran en vengarse, y lo sabes.
El cuerpo de la anciana estaba rodeado ahora por un aura negra, que Robin observó ahora con un profundo temor, y de nuevo, preguntándose, ¿Dónde estaban sus amigos? ¿En donde estaba Zoro?
¿De verdad se encontraba completamente sola?
-¿Ves lo que ha ocurrido en ti, querida?- preguntó la anciana de pronto, cortando los pensamientos de Robin. Sus ojos estaban en blanco, pero estaba perfectamente conciente y su voz era tan fuerte y clara que atravesaba los tímpanos de Robin cada vez que emitía una mínima palabra- estás dudando.
Robin olvidó toda voluntad de seguir hablando. Celine tenía razón. Desde el día anterior, aunque había mostrado algunos arranques de decisión y valor, no había más que dudas dentro de su mente.
-No creas que he hecho todo sin pensar. El rapto de tus amigos tenía como objetivo hacerte sufrir, sí, pero también dejarte sola con el espadachín en la mansión. De haberlo querido, lo hubiera atrapado a él también, pude hacerlo, pero sabía que entre ustedes dos había algo mas y no me pude resistir al experimento.
Robin se sentía tan vulnerable. Aquello era el colmo, Celine estaba viendo dentro de ella y no solo eso, sabía perfectamente todo lo referente a Zoro, lo que sentía por él, lo que ocurría –o al menos parecía ocurrir entre ellos.
-Esperaba que fueran mas allá de ese cursi beso, pero fue suficiente para darme cuenta de lo mucho que le amas. Y sin quererlo, me ayudó, cuando te dejó sola. Y entonces decidí que era el momento de aprovechar tu punto débil, para dejarte indefensa y así poder vencerte en estos momentos. Todo fue tan fácil- se sonrió- ¡Tú eres la que tiene que comprender, quien esta sola en este mundo eres tú! ¡Tus amigos morirán en tus propias manos esta misma noche, y tu espadachín también!
Robin comenzó a respirar de forma agitada sin que lo pudiera evitar. Su pecho iba de arriba abajo hasta con cierta violencia.
-¡No, no podrás hacerlo, no me obligarás a hacerlo!
-Somos iguales, recuérdalo, en estos momentos estás tan sola como yo. Poder, nivel social, dinero. No me importa. Y tampoco me importará ser Nico Robin. Con tu poder y con el mío, haré todo lo que se me dé la gana. Aprovecharé cada uno de mis recursos, no te preocupes. Llegaremos lejos, querida, tu cuerpo y yo.
El aura negra no se había extinguido, y ahora flotaba por encima de Robin.
-Aparta korpo kaj animo, mia korpo venas al mi…
Había previsto todo. Había calculado cada paso que daba, había visto sus acciones y había decidido exactamente qué camino tomar con ella desde un principio. La había engañado y había aprovechado todas y cada una de sus debilidades, es decir, a sus amigos. Y ahora sentía claramente como se adentraba en su mente, en sus recuerdos.
Robin se supo completamente abandonada. En su interior, las voces de sus amigos se extinguieron, y poco a poco todos sus pensamientos se borraron, y ella entró en un letargo donde había unas pocas ideas retumbando en su mente.
Sus nakama no existían.
Zoro no la amaba.
Y ella estaba completamente sola. Había nacido sola, y en su muerte iba a estar sola también.
Y después de ver por última vez los ojos de Celine, ahora iguales a los suyos, oír por última vez los murmullos del bosque, y percibir una luz, una luz enorme que la obligó a cerrar sus ojos, el dolor de su cuerpo se fue y Robin durmió.
…
Después de una agotadora ronda de malabares entre rocas y árboles, llevándose apenas un rasguño o dos como recuerdo, Zoro finalmente llegó a un lugar donde parecía no haber más trampas. Sus pies iban con naturalidad por el suelo aunque, para como iba todo, cualquier cosa podía pasar y era por eso que en ningún momento bajó la guardia ni envainó sus katanas.
Aguarda un segundo, Roronoa. No des un paso más.
Zoro obedeció la instrucción a regañadientes y detuvo su caminar. Frente a él solo había una nueva maraña de árboles, detrás de los cuales, según Mainery le había dicho antes, debería estar la casa.
Avanza un par de pasos.
Zoro dio dos pasos y se detuvo.
Ahora estira tu brazo. Es casi seguro que tocarás algo.
Se puso una de las katanas en la boca y estiró su brazo. Sus dedos se doblaron ligeramente ante el tacto de una barrera invisible a sus ojos, lisa, dura y fría como una lamina de metal.
Si has seguido caminando, Roronoa, te hubieras estampado un buen golpe.
Molesto, Zoro pretendió ignorar el comentario, y trató de cortar la barrera, pero todos sus ataques resultaron infructuosos. Se estaba desesperando…se estaba enojando de más y eso no era bueno ni para él ni para Mainery. No podía perder el control en un momento como ese, sin embargo comenzaba a temerle al hecho de estarse enfrentando a cosas que no podía comprender.
Tranquilo, escúchame, no hay forma de que la rompas. Déjamelo a mi.
Zoro se alejó un poco. Aunque no vio nada, una brisa helada lo recorrió de pies a cabeza y percibió un sonido, como de vidrios rompiéndose. Tuvo que sonreír. Al final Mainery no había sido tan inútil.
Estiró de nuevo su brazo y comprobó que no había nada frente a él que impidiera su camino.
-Bien. Sigamos con esto entonces.
…
Abrió sus ojos, y lo primero que vio fue el techo de la habitación. Las vigas podridas le servían de soporte a viejos montones de hojas de palma que, con el paso de los años, habían resistido el peso de las lluvias y las inclemencias del sol. Nunca le había prestado atención al techo. Lo importante era que no pensaba volver a verlo.
Los grilletes crujieron y se abrieron. Ella se incorporó y masajeó una de sus muñecas mientras miraba a su alrededor. Bajó de la mesa y comprobó lo largas que eran sus piernas, lo firmes que eran sus huesos y, en general, lo fuerte y bello que era su cuerpo. Sonrió. Se estiró.
Comenzó a caminar y pasó a lado de un cadáver pequeño, que se hacia ovillo en el suelo, sin siquiera voltear a verlo. Se acercó a la puerta y extendió su mano. La puerta se abrió cediendo a su silencioso mandato, y ella entró en la cocina. Por medio de una puerta más, que igualmente se abrió en obediencia, entró a una habitación que era, a su gusto, insultantemente humilde. Lo único que amaba de esa habitación estaba en una esquina, cubierto con una manta vieja, roída por el paso del tiempo.
Retiró la manta y un bello espejo de cuerpo completo de marco dorado le devolvió su imagen. Sonrió ante sus ojos azules y su pelo negro, su cuello largo y su sonrisa perfecta.
-He vuelto.
…
Zoro siguió su camino hasta encontrarse enfrente de la casa. Recordó que la última vez que había estado allí, la anciana los había recibido mientras cortaba leña. Se sintió estúpido por no darse cuenta desde el primer momento que ella solo los estaba engañando.
Pensó en acercarse a la puerta, pero no se encontraba ni a dos metros cuando ésta se abrió lentamente, y fue recibido por una visión.
-Buenas noches. Es bueno verte, Espadachín-san.
Algo le dijo a Zoro que esta vez no estaba viendo un engaño. Quizás fue el aroma, o quizás fue la perfección en cada detalle de la imagen de la arqueóloga, pero algo había, que Zoro supo en seguida de que se trataba de ella, quizá no de su persona pero si de su cuerpo.
Ella lo miró. Como siempre, esos ojos azules causaban estragos dentro de él, con tanta firmeza y seguridad reflejada en ellos. Pero Zoro sabía que esa mirada iba ahora cargada de algo completamente diferente, pues esa que estaba de pie frente a él no era Robin. Él nunca cometía el mismo error dos veces, esa mujer frente a él simplemente no era Robin.
-¿Porqué me miras así?- preguntó ella, aparentando inocencia- ¿Qué no me estabas buscando?
Roronoa…creo que ya sabes qué ha ocurrido aquí, ¿No es cierto?
-¡Vaya! Tal parece que el querido John ha decidido venir a visitarme también- comentó ella con una sonrisa encantadora- ¿Cuánto tiempo hace que no nos vemos, amigo, cinco o diez años?
Como cabría esperarse, ninguno de los dos respondió. Ella mantuvo la sonrisa y se acercó caminando lentamente.
Lo primero que hizo Zoro fue retroceder, pero ella estiró su mano con intención de tocarle, y fue entonces que decidió desenvainar.
La miró, y por primera vez en mucho tiempo, ella tuvo miedo. Tuvo miedo porque de pronto se dio cuenta de que no estaba del todo segura, como ella creía, dentro de ese cuerpo. Esa mirada del espadachín…ella la había visto antes en innumerables ocasiones. Era la mirada del enemigo dispuesto a atacar. No se iba a detener porque ella tenía el cuerpo de la arqueóloga.
-¿Piensas lastimarme? ¿Le harás daño al cuerpo de tu nakama?
-Prefiero verla muerta- contestó al fin- prefiero ver a Robin muerta, que convertida en ti.
Continuará…
Y así avanza esto. Quería profundizar más en algunas cosas pero decidí que este no era el capitulo adecuado para ello. Espero que les haya gustado, aunque fue una especie de transición, principalmente. Como sea, si seguía escribiendo seguro no me iba a detener hasta terminar la historia, miren que me emociono de repente y no hay quien me pare xD.
Bueno, espero sus opiniones, criticas, dudas, etc.
¡Besos!
Yereri
