Capítulo 9: ¿Quieres ir al baile conmigo?

—De verdad que lo siento —me disculpé por octava vez.

Estaba hablando por teléfono con Helia por primera vez después de haber sido expulsada de la misión mientras observaba el concurrido patio central de Alphea. Eran las siete y media de la mañana y las clases estaban a punto de comenzar.

—Flora ya te lo he dicho, no ha sido tu culpa. Mi tío se las apañará. Quien debería disculparse contigo debería ser yo por no poder estar ahí a tu lado.

Formé una media sonrisa en mi rostro.

—No, Helia. —Hice una pausa, midiendo bien lo que iba a decir. —Debes de estar ahí para reforzar los argumentos a favor de Saladino. Si vinieras, le darías más razones al Consejo para arrestarte.

—Krystal nunca permitiría que me arrestaran.

Esas últimas palabras dejaron un gusto amargo en mi boca, provocando que mi ceño se frunciera.

—Supongo —susurré, irónica.

—¿Qué tienes en contra de ella? —preguntó Helia extrañado.

—Nada… —mentí con voz chillona.

—Es solo una amiga. No tienes nada de lo que preocuparte. Entonces, ¿qué te molesta tanto? —insistió.

Podría hacer una lista con más de veinte apartados, y bien explicados, de todas aquellas peculiaridades suyas que me desagradaban. Y lo peor, es que estaba segura de que aún me quedaba mucho por descubrir.

No obstante, opté por sincerarme.

—Me siento muy incómoda cuando estás con Krystal. —Respiré hondo, la garganta me raspaba. —Quiere ir a por ti.

Escuché un fuerte suspiró al otro lado de la línea.

—Estás celosa sin motivo —afirmó el chico del pelo azul, desganado.

—¡¿Sin motivo?! —salté, dejando de mirar por la ventana. —¡Fuiste con Krystal en vez de ir a una cita conmigo?!

—¡Y tú te besaste con un tío cuando estabas en Linphea!

Sentí como una estaca helada se clavó en el corazón. ¿Cómo lo sabía?

—Yo no… —intenté negarlo, pero mi voz era demasiado frágil para disimular mi desconcierto.

—Ni lo intentes Flora, lo vi todo —me respondió triste. —Fue un chico de pelo marrón y ojos verdes. —Hizo una pausa. —Antes de ir a buscarte, encontramos y activamos un mapa de Linphea para poder localizarte y, sobre todo, para saber si estabas bien. Pero al parecer, estabas más que bien.

—Helia… yo… lo siento…

Estaba a punto de llorar. Ni siquiera podría explicarle el verdadero motivo de por qué le besé o quien es realmente Nathan. No si las cosas siguen así.

—Helia ya podrás seguir diciendo cursiladas a tu novia cuando volvamos de la misión. Tenemos que irnos —gritó un pícaro RIven.

—Luego seguimos hablando —sentenció.

—¡Espe…!

Pero cortó la llamada, dejando un abrumador vacío en mi dormitorio que mis lágrimas no pudieron soportar. Puse mis manos encima de mi cara para apoyar mi cabeza encima de mis rodillas, avergonzada de mí misma por tantas cosas. Por decepcionar a Helia. Por no poder ayudar a Nathan ni a lo que él consideraba como su verdadera familia. Por hacer enfadar a Faragonda. Y por ser el foco de atención de millones de personas.

Un estrepitoso sonido rompió mi clima de lluvia. Era mi alarma del móvil, sólo me quedaban cinco minutos para dirigirme a la primera clase del día: Historia del Universo Mágico. Así que, aunque no había desayunado, cogí la mochila con los libros que ya había preparado al levantarme y entré en el pasillo.

Mientras me dirigía a la clase, algo cabizbaja, vi como la mayoría de las chicas que pasaban a mi lado me miraban sin ningún descaro y murmuraban cosas. Hice caso omiso de ellas, centrándome únicamente en llegar lo más rápido posible a la sala 2-A. Sin embargo, mi suerte allí empeoraría.

Al llegar, las miradas de todos los presentes se posaron en mí. Ignorándolas, me senté en mi pupitre de siempre, situado en la mitad y al centro de la clase, y eché un vistazo con melancolía al pupitre vacio a mi derecha, en el cual se sentaba Layla.

—Alphea no debería dar clases a traidoras, ¿no crees Stacy? —comentó con una voz exageradamente alta.

—Sí Molly, esa clase de personas deberían estar en la Dimensión Omega —contestó otra voz femenina procedente del mismo lugar, acompañado de algunas risitas de fondo.

Evité mirar hacia atrás y darles ese gusto, manteniéndome firme a pesar de que un terremoto de emociones estaba agitándome por dentro.

—Además, los traidores no tienen el derecho de pertenecer al Winx Club —añadió la primera voz, que en esta ocasión se encontraba a unos escasos centímetros de mi espalda.

—Y mucho menos estar saliendo con un hombre tan bueno como Helia —concluyó la segunda voz, la cual también estaba detrás de mí.

Me giré de un salto y miré a las dos autoras de esas insultantes frases: Stacy y Molly. Dos chicas que hace unos meses me pedían clases particulares y autógrafos para su familia.

—Qué fácil es quedarse sentada y creerse todo lo que pone en un pedazo de papel, ¿no creéis? —solté con rabia, esperando una respuesta que nunca llegó. —Si lo que queréis es que me vaya, lo haré. Pero a ver cómo le explicáis a Palladium por qué me he ido.

Y con esto, retiré mi mochila de mi pupitre y salí a paso normal del aula.

Divagué por los silenciosos pasillos agarrando con fuerza las correas de la mochila para canalizar la cólera que tenía. Fue un alivio no encontrarme con ninguna alumna rezagada o con alguno de los profesores.

Después de minutos haciendo un recorrido por el edificio del lateral derecho de Alphea, decidí hacer una parada en el invernadero del que estaba a cargo. Desde varios metros, podía oler el fresco aroma de la vegetación, que imitaba a un bosque natural. El aura que transmitían las flores bien cuidadas penetraba en las esporas de mi piel. Todas estas sensaciones, eran las que necesitaba para relajarme. Solo que, había un aura en concreto que no encajaba con el ambiente campestre.

Me estremecí. ¿Por qué justo tenía que haber alguien aquí de todos los lugares que hay en la escuela de hadas?

—Flora —me llamó una voz masculina.

Una parte de mí, deseaba que el origen de esa llamada fuera Helia, pero la realidad hizo que me alegrase más:

—Nathan, ¿qué haces aquí?

MI hermano salió del rincón izquierdo del invernadero con una brillante sonrisa.

—Vi lo que hiciste por Emily —dijo acercándose a mi posición en su forma humana.

—Tú y unas cuantas personas más —le respondí, alzando una triste sonrisa. Esta se convirtió en una verdadera cuando Nate envolvió sus brazos en mi cuerpo, formando un cálido abrazo.

—Siento haber dudado de ti. Siempre pensé que serías más fiel a las Winx y a tu novio.

—No si se trata de una injusticia.

Nathan sonrió aún más y cortó el abrazo para establecer contacto visual.

—Pues vamos a luchar para que Krystal no se salga con la suya. Como ya no estás en la misión…

—Espera, espera —le corté, frunciendo el ceño. —¿Cómo sabes eso?

—Tengo oídos por todas partes. No obstante, me faltan ojos. —Continué mirándole con una cara de asombro. —Necesito que les eches un vistazo a los informes del Consejo que tiene guardado Faragonda en su despacho.

—Ya está bastante enfada conmigo, si me descubre… —Se me pasaron por la cabeza millones de posibilidades. —Puede que me expulse.

—Lo sé, pero hay que asumir riesgos. En la reunión que mantuvieron ayer, además de dejarte fuera de la misión, concretaron todos los lugares en los que van a hacer una exhaustiva búsqueda de hombres lobo. Estamos un poco desorientados y no sabemos exactamente donde situarnos.

Respiré hondo.

—Vale, lo haré —le aseguré un tanto insegura.

—Perfecto. Entonces me imagino que también querrás acudir al baile que se celebra esta noche en Solaria.

—¿Qué?

—Van a asistir todos los miembros del Consejo. Mucha información circulará por esos lares, por lo que necesito al mayor número de oídos posibles —Tendió su mano derecha. —Así que, ¿quieres ir al baile conmigo?

¿Pillaran a Flora en el despacho de Faragonda? ¿Qué ocurrirá en el baile de Solaria? ¿Con quién se encontrarán? ¿Helia y Flora seguirán juntos? Todo esto y mucho más en el próximo capítulo.

Respuestas a los comentarios anónimos

JULY: Muchas gracias por seguir la historia, tener al menos un comentario por capítulo te da el fuelle necesario para que, aunque estés cansada, seguir escribiendo.

Han pasado más de dos semanas desde mi última actualización, pero he estado con los exámenes finales y muchísimos trabajos que me han quitado el poco tiempo libre que tenía. Espero que el hecho de que este capítulo haya sido más largo de lo normal compense un poco. Ahora que estoy en unos pequeños días de vacaciones intentará avanzar todo lo posible. Muchas gracias a todos los que seguís ahí y me leéis, sois geniales.

Hasta pronto,

Blake Reese