Los Pingüinos de Madagascar de DreamWorks no me pertenece, los personajes originales son obra de Tom McGrath y Eric Darnell.


Hola, aquí les dejo el capítulo 9, la verdad es que eh estado algo decaída por problemas personales y no tengo ganas de comentar nada :( así que espero que el cap les guste, tres más y llegamos al final.


IX.-Secuestro

Skipper y Kowalski caminaban sigilosamente por el bosque, habían decidido separarse en parejas para ocupar más terreno. Skipper cargaba la linterna, arrojando su luz hacia las zonas más oscuras del bosque, manteniéndose completamente alerta; mientras que Kowalski cargaba una bazooka de fuegos artificiales, con los que indicarían al resto de las parejas su ubicación si llegasen a encontrar a Julien, además de portar los radios en sus oídos, manteniéndose comunicados con el resto.

Todo estaba totalmente oscuro y en completo silencio, sólo podía escucharse un leve silbido, proveniente del roce del viento sobre las hojas de los árboles y sonido de sus patas sobre las hojas en el suelo. Era un poco vergonzoso como un viento frío y un tétrico sonido natural conseguía ponerle las plumas de punta al científico, quien intentaba distraer a su cerebro, pensando en si había sido una buena idea separarse, en cómo habían terminado metidos en semejante problema, en su líder y en todo aquello que su cerebro había procesado al respecto -Skipper…- susurró Kowalski, necesitaba preguntar o no estaría tranquilo.

-Dime- respondió el líder, aun pasando de un lado a otro la luz de la linterna, manteniendo todos sus sentidos tan afilados como un cuchillo para filetes.

-¿Te… te gusta Cabo?- preguntó por fin, poniéndose un poco nervioso por la reacción que su comandante podría mostrar.

-¿Otra vez con esas cosas, Kowalski? Ésta no es una historia romántica- regañó el cabeza plana, era molesto que el teniente lo imaginara tan seguido en esas situaciones cursis, y peor aún, que pudiera siquiera imaginar que él podría sentir algo así por el pequeño.

-¿Entonces por qué te comportas tan extraño cuando se trata de él?-

-Eso no te importa, soldado.- musitó molestándose más –lo que pase entre Cabo y yo no es problema tuyo.-

-No sé por qué te es tan difícil aceptarlo, sabes que no te juzgaré; si no juzgo a Rico, no tengo por qué juzgarte a ti.-

-¡No vuelvas a compararnos!- respondió con fastidio, ¿cómo se atrevía a comparar sus preferencias con las de Rico? -Yo no ando por ahí coqueteando descaradamente con machos, y menos teniendo novia (aunque sea de plástico); él y yo somos muy diferentes.-

-Ay, Skipper, me parece que sólo te estás escu…- el científico se detuvo en seco y sujetó con fuerza la aleta de Skipper, obligándolo a detenerse también.

-¿Qué te pasa?- preguntó enarcando una ceja. Su teniente apretaba con fuerza su aleta, y tenía una mirada de horror en el rostro, lucía en shock.

El viento sopló con mayor intensidad y la temperatura descendió de golpe, mientras aquel (ya familiar para los pingüinos) olor a carne podrida se hizo presente –H…hay…- intentó hablar Kowalski, el pánico tenía paralizado a todo su cuerpo –hay alguien detrás… de mí- susurró por fin consumido por el miedo, sintiendo como se deslizaba una extraña, enorme y peluda garra por su espalda, abriéndose paso entre sus plumas para rozar su piel con largas uñas.

-Tal vez sea Cola anillada- advirtió Skipper, y comenzó a girar su cabeza hacia atrás, pero fue detenido por los gritos agudos de Kowalski, negándole mirar a aquel ser.

El científico cerró sus ojos y los apretó con toda su fuerza, deseando ya dejar de sentir tales caricias que le hacían helar la sangre, y llenaba su interior de un terror indescriptible –no mires atrás, Skipper, por favor- seguía susurrando con la poca voz que aún le quedaba, mientras todo su cuerpo se tensaba, obligándolo a temblar.

-Si sigues apretándome así la aleta me la romperás.- comentó Skipper, en un inútil intento por distraer la mente de su amigo. Él no era capaz de sentir nada más allá del frío, el viento y el olor, pero si realmente estaba pasando algo (y por la actitud del teniente, era obvio que así era) ¿por qué él no era capaz de percibirlo? ¿Qué tenía él de diferente? ¿Realmente era tan insensible, que era el único incapaz de sentir esa clase de cosas? La actitud de Kowalski comenzó a llenar a Skipper de angustia, así que también cerró los ojos y apretó la aleta de su aterrado teniente –tranquilo, estoy a tu lado- le susurró, deseando poder transmitirle un poco de paz. El resonar del viento moviendo las hojas de los árboles producía una melodía escalofriante y la respiración de ambos se volvió pesada. Kowalski podía sentir ahora una macabra respiración en su cuello, señal de que aquella criatura estaba sobre su cuerpo, ansioso de tal vez devorarlo, o arrastrarlo hacia las horribles cavernas del infierno, o tal vez… algo peor, algo que su cerebro no podía siquiera imaginar. –S-Skipper…- murmuró con el corazón saliendo de su pecho, asustado a muerte; sin embargo, para su suerte, poco a poco aquel ser fue alejándose de él, perdiéndose a sus espaldas en algún lugar entre la niebla. Una vez se sintió libre de la criatura, suspiró con pesadez volviendo a abrir lentamente los ojos, implorando que al hacerlo, no hubiese nadie frente a él, con ojos inyectados en odio y maldad –ya se fue- le indicó a su líder, abriendo él también los ojos.

Se miraron mutuamente, y Skipper por fin echó un vistazo a su espalda, nuevamente estaban solos -sigamos- le indicó a su teniente, quien no pudo evitar hacer un gesto de reproche, sólo deseaba salir corriendo del lugar, pero no dijo nada, y ambos avanzaron aún tomados de las aletas, sólo en caso de que algo volviera a pasar.


Maurice y Rico caminaban con sigilo, muy cerca uno del otro, mirando a todos lados, con preocupación por el rey, pero temiendo por su propia seguridad. El viento era el mismo en todo el bosque, hacía frío y todo estaba teñido del azul de la noche y el negro de la oscuridad. El ambiente se sentía pesado, y cada paso que daban les provocaba un agotamiento anormal, un esfuerzo físico extremo, dada la dificultad en su respiración por la extraña falta de oxígeno en las entrañas de aquel lugar. La luz de la linterna dirigía su camino, mostrándoles lo que eran en realidad todas aquellas sombras que podían verse en el bosque, aminorando su temor. Rico intercambió la linterna de su aleta derecha a su aleta izquierda, viendo como a lo lejos, en medio de la oscuridad, una sombra hacía acto de presencia; el experto en armas posó la luz sobre aquella sombra, para revelar lo que era en realidad, aunque, para su sorpresa, no había nada. Desvió la iluminación hacia otra parte, y la sombra volvió a ser clara, había alguien parado ahí, seguramente observándolos. Rico regresó la luz de la linterna, pero nuevamente, no había nada, así que desvió la luz, volviendo aquella sombra a mostrar su figura; repitió el procedimiento, pero ésta vez, al desviar la luz… -¡AH!- gritaron ambos animales, al notar aquella extraña sombra frente a ellos, a escasos centímetros de sus cuerpos.

Rico tomó a Maurice por su mano izquierda y comenzó a correr sin rumbo fijo, tan rápido como sus patas se lo permitieran, para alejarse del lugar y de la sombra que transmitía tanta maldad. -¡Rico espera!- le gritó el ayeaye, zafándose de su agarre una vez estuvieron lejos -¡tal vez era el rey Julien!-

-No Julien- musitó Rico bajando la mirada –sombra mala...- La atención del pingüino fue llamada por un leve y extraño sonido a sus espaldas, se giró, y haciendo uso de todo su valor, caminó hacia los arbustos que estaban tras él; y ahí, sentado sobre una roca, cabizbajo, herido, sucio y completamente inmóvil, estaba Julien. Rico se apartó bruscamente, cargó a Maurice sobre su hombro y se alejó corriendo de ahí -¡Es Julien!- avisó por la radio a su equipo, dejó caer el lémur ayeaye, vomitó la bazooka de fuegos artificiales y disparó al cielo. Ahora sólo restaba esperar a que sus compañeros llegaran, para sacar a Julien de ahí.


No tuvieron que esperar mucho tiempo cuando Skipper, Kowalski, Cabo y Alba, arribaron a su ubicación -¿dónde está?- preguntó Skipper, apenas estuvo frente a su experto en armas, quien comenzó a caminar, para dirigir a todos los presentes hacia el lugar en que habían visto a Julien. Al llegar, el lémur de cola anillada seguía ahí, inmóvil. Skipper cruzó los arbustos, sintiendo algo húmedo bajo su pata, miró hacia el suelo, encontrándose con sangre; había una estrella dibujada con sangre, la misma figura que había dentro del guardapelo. El cabeza plana se acercó al lémur y se posó frente a él, tenía golpes y rasguños por todo el cuerpo, su mirada estaba perdida y su rostro parecía el de un muerto, a pesar de que seguía respirando. –Cola anillada- lo llamó, obteniendo su entristecida mirada como respuesta. Tomó entre sus aletas las manos del lémur, y se acercó más a él -¿estás bien, compadre?- Julien desvió la mirada de los ojos del pingüino, cambiando toda su expresión facial en una de terror, humedeciéndose sus ojos. Skipper miró hacia el resto de los animales, que extrañamente tenían la misma expresión de horror del lémur, algo andaba muy mal, y una sensación de que había alguien detrás de él se hizo presente. Sintió como una fría y espectral respiración movía las plumas de su espalda, pero lo más extraño de todo, era que no sentía el más mínimo miedo; miró a sus espaldas con el ceño fruncido y una mirada llena de valor, y ahí estaba él; la mayor expresión de todos sus temores, la maldad misma, sonriendo macabramente por tenerlos bajo su trampa y por lo pronto que poseería sus almas, por lo mucho que los haría sufrir para conseguirlas, y disfrutando del daño que ya estaba causando. -Jaque- susurró Skipper, se giró y tomó bruscamente a Julien por los brazos, para montarlo sobre su espalda -¡RETIRADA!- gritó comenzando a correr, y después deslizándose sobre su estómago, seguido por todos los demás. Sabían que esa cosa iba tras ellos, pero ninguno se atrevió a mirar, sólo anhelaban salir, estar a salvo, terminar con esa pesadilla y que se convirtiera en nada más que un horrible recuerdo. La salida del bosque ahora se sentía angustiantemente lejos, pero cuando aquel ser comenzó a pisarles los talones, pudieron divisar a lo lejos la luz del sol, del amanecer; estaban cerca de la salida, cerca de la seguridad, ahora entendían por qué al amanecer se le conocía como: la llama de la esperanza.

Alba, Maurice y los pingüinos salieron corriendo del bosque, aterrados, pero cuando Skipper y Julien estaban a punto de cruzar el umbral hacia la carretera, aquel ser alcanzó al de cola anillada, sujetándolo del guardapelo y haciéndolo caer de espalda.

-¡SKIPPER!- Gritó desesperado el lémur mientras era arrastrado de los pies hacia el interior del bosque -¡NO!- arañaba el suelo en un inútil intento de sujetarse.

-¡Cola anillada!- el líder de los pingüinos intentó correr tras él con desesperación e ira, pero Kowalski y Rico lo detuvieron por las aletas mientras Cabo lo sujetó por la espalda. -¡Suéltenme, lo voy a regresar al infierno!- gritó amenazante y obteniendo del bosque un sonido desgarrador, sumido en ecos y el sonido del viento -¡No te tengo miedo!- volvió a gritar, no entendía por qué en su interior estaba aquella falta de temor hacia él… ellos… o lo que fuera, quizá era por tantas veces en que había visto a la muerte cara a cara.

Cabo comenzó, lentamente, a caminar hacia el frente con la mirada fija en aquel tenebroso y oscuro lugar, deteniéndose apenas unos pasos por delante del resto de los animales, que lo miraban extrañados. -Eso es…-

-¿Qué sucede, Cabo?- Preguntó el jefe, mientras veía a su pequeño soldado dirigirse asombrado al frente.

-Son ellos, Skipper, nos están mirando…- susurró el joven pingüino manteniendo la mirada fija en aquello entre la niebla, intentaba ser valiente. -no…- pero comenzó a temblar cuando imágenes extrañas, perturbadoras y crueles atacaron a su cabeza, congelando su sangre y haciendo pedazos a su corazón -¡SKIPPER!- Gritó desgarradoramente sin poder soportar más aquellas imágenes y corrió hacia su líder temblando y llorando; estaba completamente perturbado.

-¿¡Qué ocurre, Cabo!?- preguntó el líder alterado por la reacción del pequeño, la situación lo afectaba demasiado. Lo rodeó con sus aletas para consolarlo, y posó su pico sobre su cabeza con dulzura.

-Vi en su interior, Skipper, Julien sólo es el primero- sollozó intentado calmarse para poder hablar -Van venir por nosotros.- dijo aferrándose con más fuerza a Skipper y hundiendo la cara en sus brazos, sin notar el estremecimiento que sus palabras habían causado en sus amigos.

-Skipper, tenemos que sacar al rey Julien de ahí- suplicó Maurice, que aunque asustado, no abandonaría a su rey nunca. Así, el sol terminó de salir, iluminando todo, menos el interior del bosque, el tiempo se les estaba agotando.