Disclaimer: La mayoría de los personajes que aparecen en este fic son propiedad de JKR. Hago esto por diversión, sin ningún ánimo de lucro. Sus reviews son mi paga. Los títulos de los capítulos corresponden a títulos de canciones de la banda de rock inglesa, Queen.
Nota de EugeBlack: ¡Holaaaaa! De verdad pido disculpas por los ocho meses de tardanza, un bloqueo enorme, y eso que la mitad del capítulo estaba escrito desde enero, pero bueh, finalmente lo traje. Y no, ¡no he abandonado la historia! Esta es mi bebé, y aunque me tarde otro año en terminarla (espero que no), la terminaré. Con este capítulo, empieza el final (un final bastante largo, eh?), y la historia constará de 14-15 capítulos en total. Espero que les guste el chap, aunque ciertas partes están algo confusas (los sentimientos), yo misma me confundí escribiéndolo. --
Para mis lectores de El Lord de Azkaban y el Conde del Norte que también leen este fic: he entregado esa traducción a unos amigos, los cuales están traduciendo el epílogo del Lord y el largísimo chap 30 del Conde. Pido disculpas por la tardanza, pero ya que me están haciendo el maravilloso favor de traducirlo, no me puedo poner muy exigente y cortarles la cabeza por la tardanza, ya bastante están haciendo.
Muchísimas gracias a SaraMeliss por betearme el chap y por poner los guiones para que se entienda más. ¡Besos wapa, TQM!
Muchísimas gracias a emeraude.lefay, Al. Max Potter Granger, NorixBlack, Aranel-Riddle, SabelaMalfoy, Jim, Nymphii Malfoy, SaraMeliss, Zu, hErmIdemAlFoY, M.P.17, Gabi, Noelia, Sandy0329, eglantier, Kaito Seishiro, Aykasha-peke, darkgohm, LetticeEvansPotter, mcmix, Verit0 G.kl, Ruby P. Black, Evans87, Roque-Z, candy granger, shofi-black, oscuro dark angel, Ying Fa77.
Dominus Mors
Previamente:
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Sintió que la levantaban del suelo y la sostenían con cuidado. Una plétora de emociones recorrieron su cuerpo al sentir ese aroma. Su aroma. No lo podía creer, no lo quería creer. Después de tantos años volvía a estar en sus brazos. Una parte de ella quería luchar y zafarse, pero otra quería fundirse con el otro cuerpo. Definitivamente la pérdida de sangre la estaba dejando poco lúcida.
"Creo que he cometido un error en no decirles una orden que está vigente desde hace años." Dijo con un tono mortal. "Esta sangresucia es mía."
Sintió desfallecerse ante esas palabras, no pudo evitar soltar un sollozo. Que otros le dijeran sangresucia, no le importaba. Pero que él lo dijera… era más de lo que podía soportar. Con las pocas fuerzas que le quedaban intentó zafarse. "¡Suéltame, maldito!"
No tuvo éxito, el agarre tuvo más éxito. Harry continuó como si no la hubiera escuchado. "Esta bruja que ven aquí, Hermione Granger, es MI sangresucia, no quiero que nadie toque ni uno de sus cabellos. Espérenme en la Fortaleza, recibirán su castigo por haberla tocado."
Hermione se sintió indignada y humillada, quería zafarse, salir corriendo y no verlo nunca más. Antes de que pudiera intentar moverse de nuevo, sintió un jalón en el ombligo, la inequívoca sensación de transportarse en traslador.
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Capítulo 9: Fight from the Inside
Aterrizaron en sus habitaciones privadas, Hermione se balanceó debido a su debilidad y el moreno la agarró con más fuerza, preocupado por el estado de salud de la chica. La observó y sintió como grandes piedras se colocaban en su estómago al ver la extrema palidez del rostro de la castaña. El tiempo se le estaba acabando, tenía pocos minutos para administrar el antídoto antes de que fuera demasiado tarde…
Con una delicadeza extraña en él desde que había tomado su decisión años atrás, la acostó sobre su cama. Hermione abrió los ojos y al verlo un intenso escalofrió recorrió su cuerpo.
–N-no… no me mates… –jadeó.
El moreno se paralizó, algo dentro de él le dolía al pensar que la castaña lo creía capaz de matarla. Se sacudió la cabeza para sacar esos pensamientos. Se alejó de la cama y caminó rápidamente hasta su gabinete, donde guardaba múltiples antídotos de los hechizos oscuros que sus vasallos realizaban. Abrió el gabinete y empezó a buscar con desesperación. El tiempo se le acababa, volteó a ver a la chica y se dio cuenta que ya había perdido el conocimiento. ¡Maldición, Patrice se las pagaría! ¡Hermione Granger era intocable!
Instantes después encontró el antídoto, lo agarró y prácticamente corrió hacia la cama, se sentó en una esquina y jamaqueó suavemente a la chica.
–Granger… –la chica no respondió–. Hermione, despierta por favor… –la chica siguió sin responder, cada vez estaba más pálida, su rostro y sus brazos estaban empapados de sangre. Resopló molesto y le levantó la cabeza, le abrió la boca y la obligó a tragar el antídoto.
Inmediatamente se levantó dirigiéndose al gabinete y agarró dos pociones que reemplazaban la pérdida de sangre. El siguiente par de horas serían fuertes, esas pociones causaban mucho dolor al paciente; pero era necesario, pues aunque el antídoto ya estuviese actuando, la chica había perdido mucha sangre. Se volvió a sentar en la cama y le hizo tomar el contenido de los dos frascos. Pasaron unos minutos en tranquilidad, mientras el cuerpo asimilaba el líquido. De repente, Hermione empezó a temblar y convulsionarse.
Harry se acostó al lado de ella y la abrazó fuertemente, para evitar que la muchacha se fuera a hacer más daño.
–Shh, tranquila, ya va a pasar. Siempre has sido fuerte. Resiste.
La chica, en su estado de inconsciencia, no lo escuchó y las convulsiones continuaron durante un buen rato. Harry simplemente la abrazó con cariño, intentando calmarla. El chico sintió que algo dentro de él se encogía al ver las lágrimas de sufrimiento de la chica. Nunca la había visto así, y no sabía porqué, pero no quería verla así más nunca. Cuando la había visto después de casi cuatro años, algo en su interior había explotado, algo que yacía dormido desde hacía mucho tiempo. No era amor, él era incapaz de tener ese sentimiento después de todo lo que había hecho, pero de todas maneras era algo muy fuerte. Un intenso deseo de tenerla cerca, de no perderla de vista.
El tiempo pasó de manera agonizante, y poco a poco las convulsiones y lágrimas se calmaron, hasta desaparecer completamente. Ahora la chica descansaba tranquilamente. Harry se permitió una pequeña sonrisa de triunfo, la había salvado justo a tiempo. Con un movimiento de mano limpió todos los rastros de lágrimas, sangre y suciedad. También le cambió las ropas, las cuales estaban hechas jirones, y la vistió con una cómoda bata de seda.
Harry la contempló, se veía hermosa. Con un último suspiro salió de la habitación, tenía cosas que arreglar con cierta rubia desobediente y altanera.
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Se detuvo delante de la puerta de su despacho. Respiró hondo para intentar calmar su galopante corazón. Los últimos minutos habían sido agotadores, y nada más el pensar en que Hermione pudo haber muerto… apretó los puños con rabia. Todo era culpa de Patrice, su queridísima novia.
Con otra inhalación profunda abrió la puerta de su despacho y entró. Inmediatamente se encontró con Patrice, quien estaba sentada elegantemente y con una expresión de total tranquilidad, como si no hubiera hecho nada malo.
Al verlo, la rubia sonrió y se acercó a grandes zancadas. Harry no pudo apartarse a tiempo y sintió como los labios de la mujer se posaban sobre los suyos. Instantes después se apartó de ella y Patrice lo miró confundida.
–¿Todavía estás molesto, amor? Realmente no entiendo por qué… si sólo es una sangresucia…
–¿Eres estúpida o qué? –preguntó con tono peligroso.
–Por supuesto que no soy estúpida. ¿Por qué sigues tan molesto? –preguntó Patrice alzando una ceja.
El moreno la agarró por los hombros y la aprisionó contra la pared. La rubia soltó un leve quejido.
–Mis instrucciones fueron perfectamente claras. Permitido herir, mas no matar.
Patrice quiso rodar los ojos, pero se contuvo a tiempo, no quería molestarlo más de lo que ya estaba.
–Lo sé, y te pido disculpas. Simplemente me dejé llevar por el odio y la repugnancia. ¡Es una miserable sangresucia, Dominus! ¡Merece la muerte!
Harry perdió el control ante esas palabras. Se alejó unos pasos de la rubia y la observó con rabia.
–¡Crucio!
Patrice cayó al suelo presa de dolor. Después de un par de minutos el moreno levantó la maldición. La chica empezó a respirar lo más profundo posible, levantándose lentamente.
–Escúchame bien, Patrice, porque no lo voy a repetir– Harry empezó a hablar con un tono tan calmado que le causó escalofríos a la chica–. Podrás ser Patrice Harrington, la nieta de Adolf Harrington, heredera de un poderoso linaje. Pero hace años te arrodillaste ante mí, ofreciéndome tus servicios. ¡No eres más que una vasalla para mí! Y…
–¡Soy tu pareja! ¡Tu prometida! –exclamó la chica, indignada.
–¡No te he dado permiso para hablar! ¡Eres mi vasalla, y tienes que seguir todas mis órdenes! Últimamente el poder se te ha ido a la cabeza, ¡y va siendo hora de que bajes de esa nube en que te has montado! Agradece a Salazar que pude salvar a Hermione Granger antes de que fuera demasiado tarde, porque si hubiera muerto, no tienes idea del infierno en el que te hubieras metido.
Patrice pegó un pequeño grito de rabia.
–¡¿Por qué es tan importante esa impura?! ¿Cómo puede ser más importante que yo? ¡Es una sucia, marioneta de Dumbledore, no merece vivir! En cambio, yo soy pura ¡y tu prometida! ¿Cómo esa asquerosa puede ser más importante que tu futura esposa?
El moreno la volvió a acorralar contra la pared.
–¡Suficiente! –Rugió, volviéndola a acorralar contra la pared–. Si sabes lo que te conviene, no volverás a hablar mal de ella, ¿te ha quedado claro? Sabes perfectamente que los que me llevan la contraria la pagan muy caro ¿quieres pasar a formar parte de mi lista de enemigos? Sabes muy bien cuál es el trato que reciben mis enemigos, querida –Hizo una pausa para intentar calmarse–. Te voy a dar otra oportunidad, pero no la desperdicies.
–¡Sigo sin entender! Ya sé que ella era una de tus amigas antes de que vieras la verdad. ¡Pero tú abandonaste esa vida, Dominus! ¿Por qué la defiendes tanto? ¿Por qué te importa tanto? –El moreno no respondió, haciendo que la rubia se moleste más todavía–. ¿Qué? ¿Acaso vas a decirme que era tu noviecita? ¿Qué te la follabas? ¿Por eso te importa tanto? –preguntó con el rostro rojo debido a la furia.
Harry no pudo evitar sonreír de manera satisfactoria al ver a Patrice, quien en ese momento era el epítome de los celos. Aunque no estaba muy seguro de la razón de los celos, si era por el poder que él poseía o por él como persona. Bah, de todas maneras no importaba, la rubia cada vez lo hartaba más y más.
–Mi pasada relación con Granger no es de tu incumbencia, y no te debo ninguna explicación. Más bien deberías de estar agradecida porque te he perdonado la vida y dado una segunda oportunidad a mi lado. No la desperdicies, que no habrá ninguna otra. Y con respecto a nuestro compromiso o futuro matrimonio, no sé de donde sacas esas ideas tan absurdas. Nunca te he pedido la mano –Con esas palabras, el moreno salió del despacho.
Una vez que estuvo sola, Patrice pegó un grito de frustración y rabia. ¡Maldita sangresucia! Sabía que antes había sido una amiga de Dominus ¿pero había pasado algo más? La rubia sintió como su interior se llenaba de un intenso odio hacia la castaña.
–Maldita zorra, no me quitarás lo que me pertenece. ¡He luchado mucho para esto! ¡No vas a venir y quitarme a Dominus! ¡Sobre mi cadáver, asquerosa sangresucia! –exclamó mientras lanzaba una estatuilla dorada.
Después de unos minutos, logró calmarse lo suficiente para volverse a sentar. Tenía que pensar muy bien cuáles serían sus próximas acciones. Debía averiguar porqué era tan importante para Dominus esa tipeja. Y lo más importante: hacer lo que fuera para mantener al moreno a su lado.
Se rehusaba completamente a perderlo a él y a la poderosa posición que se le imponía por estar a su lado. Primero muerta antes de verse derrotada por una impura.
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Harry abrió con cuidado la puerta de su habitación y por un momento se quedó sin aliento al ver a la castaña dormida. Se veía tan hermosa… tan sensual con esa bata de seda. Cerró los ojos para ahuyentar esos pensamientos ¡No era momento para pensar en eso! Es más, no podía tener esos pensamientos.
En algún momento ella había sido su gran debilidad, pero todo había cambiado. Ahora él era uno de los Lores Oscuros del mundo, y no se podía permitir tener sentimientos o debilidades, sería su perdición.
No podía dejarse llevar por la belleza de Hermione o por los recuerdos de su antigua relación. Tenía que ser fuerte. Con pasos deliberados se acercó a la cama y se sentó en un cómodo sillón. Durante varios minutos permaneció en esa posición, esperando a que la muchacha despertara. Después de lo que pareció una eternidad, Hermione empezó a moverse levemente. El moreno no pudo evitar una sonrisa sutil al observarla, especialmente al ver como la chica arrugaba ligeramente la nariz, como hacía siempre que no quería despertar.
Hermione abrió los ojos y miró a sus alrededores con expresión confundida. Cuando sus ojos divisaron al moreno a su lado, un gemido de sorpresa y temor escapó de sus labios.
–¿Te sientes mejor? –preguntó con tono inexpresivo.
La castaña se sentó y se llevó una mano al pecho. Él estaba ahí, no había sido producto de su imaginación…
–Harry… –susurró.
–Ese ya no es mi nombre, ahora soy Dominus Mors –Exclamó el chico con más fuerza de la necesaria.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la chica. Esa voz… que antes era tan dulce, ahora era fría y calculadora. Lo observó durante unos momentos. Había cambiado en los últimos años, el cabello lo tenía mucho mas largo y controlado, estaba más musculoso, ya no usaba lentes e irradiaba un aura de poder y dominación.
Apretó los ojos para evitar que las lágrimas cayeran, verlo tan cambiado era otro doloroso recordatorio de que ya no era el mismo de antes, de que había traicionado a sus padres, amigos y al mundo mágico para unirse con el maldito tirano. De que la había traicionado a ella, la había engañado y abandonado, para convertirse en un vulgar asesino sediento de poder.
Volvió a abrir los ojos y miró intensamente la pared que tenía enfrente. ¿Qué hacía ahí? Sus recuerdos estaban borrosos, la batalla, su enfrentamiento con unos EPC, sangre, su voz, su presencia…
–¿Qué hago aquí? ¿Qué sucedió? –preguntó confundida.
–Una de mis vasallas rompió las reglas del juego e intentó matarte. Te traje a la Fortaleza Oscura para salvarte –Dijo con tono impersonal.
Un sentimiento indescriptible recorrió a la castaña ¡el moreno la había salvado! Por alguna razón que desconocía, la había salvado.
–Y… ¿por qué me salvaste? –preguntó, intentando ocultar la esperanza que sentía.
El moreno frunció el ceño.
–Como te dije, una de mis vasallas rompió las reglas del juego e intentó matarte con la maldición que desangra –Hizo una pausa–. No es nada personal.
Hermione sintió como si la hubieran abofeteado. Sabía perfectamente que su Harry ya no existía, pero igual era doloroso escuchar de sus propios labios que ella ya no le importaba, que quizá nunca le había importado.
Cerró los ojos nuevamente para evitar el torrente de lágrimas que amenazaban con derramarse. Respiró profundo y lo miró a los ojos, haciendo un esfuerzo sobrehumano para ocultar el daño que le había producido sus palabras y actitud.
–Obviamente no es nada personal, tú ya eres incapaz de sentir. ¡Eres un maldito asesino y un cobarde! –le gritó con un tono duro.
El moreno la agarró fuertemente de la muñeca y la levantó de la cama, quedando sus cuerpos peligrosamente cerca. La miró con tal intensidad que la castaña tembló levemente.
–Nadie me habla de esa manera y vive para contarlo –Le dijo con tono amenazante. Hermione no pudo evitar soltar un pequeño gemido de temor–. Pero esta vez seré benevolente y lo pasaré por alto. Después de todo, tienes mucho que aprender.
–¿Q-qué quieres decir? –tartamudeó la chica.
–Que tienes que aprender las nuevas reglas y costumbres –Dijo Dominus, sonriendo fríamente–. Después de todo, pasarás una larga temporada aquí, en mi hogar.
Hermione intentó zafarse del agarre del moreno, pero no pudo.
–¡No, no y no! ¡No puedes retenerme aquí!
El moreno echó la cabeza para atrás y rió con ganas.
–¿Ah, no? ¿Y quién va a impedírmelo? –La volvió a mirar y con su mano libre trazó los labios de la chica, la cual cerró los ojos ante el contacto–. Tu varita ha sido confiscada, hasta que demuestres que eres digna de volver a usarla.
–¿Cómo puedes hacerme eso? –preguntó al borde las lágrimas.
El moreno se encogió de hombros.
–Porque quiero y puedo. Quizá –Dijo mientras la miraba con lujuria–… quiera recordar los viejos tiempos.
Hermione jadeó del temor. Ese no era su Harry, quien le había hecho el amor con tanta pasión y cariño. Este ser era brutal, completamente diferente. Y no quería tener contacto íntimo con alguien así.
–¡Sobre mi cadáver me volverás a hacer el amor!
Dominus apretó el agarre que tenía sobre la chica.
–Número uno: yo no hago el amor, simplemente follo. Número dos: es muy sencillo sacarte de tus casillas, se me había olvidado lo divertido que era, será un placer tenerte aquí para que me entretengas. Número tres: jamás te volvería a follar. Debo confesarte que de todas mis amantes, las que tuve antes, durante y después de nuestro "noviazgo", tú has sido la peor de todas. Además, no eres más que una sangresucia. Y un Lord como yo no se va a rebajar a tocar a una sangresucia, podría contagiarme de alguna enfermedad –Terminó de decir con una mueca de satisfacción.
Hermione no aguantó más y un par de lágrimas recorrieron sus mejillas. Las palabras del chico la habían herido profundamente. Con su mano libre intentó darle un bofetón, pero el chico agarró la mano hábilmente.
–¡Eres un maldito, un bastardo! ¡Te odio y ojalá que te pudras en el infierno! ¡Es lo menos que te mereces! –Gritó la castaña, mientras más lágrimas recorrían sus mejillas.
El moreno cerró los ojos y respiró profundo para controlar la rabia y dolor que habían surgido en sus venas al escuchar esas palabras.
–Agradece a Merlín que estoy de muy buen humor y te perdono las estupideces que has dicho y hecho el día de hoy, porque sino, ya estarías en las mazmorras, aprendiendo una lección de respeto –Soltó las manos de las chicas y se alejó un par de pasos–. Es mejor que aceptes rápido a que pasarás una larga temporada en la Fortaleza Oscura. Mientras más rápido te hagas la idea menos sufrirás. Tómalo como un consejo de tu antiguo amigo. Piénsalo Hermione, tus talentos podrán ser mejor aprovechados aquí que en esa inútil Orden. Si te lo propones, podrás llegar a brillar. Deberías sentirte agradecida porque el Lord y yo te consideramos digna de vivir, a pesar de tu sangre. En cuanto tenga tiempo vendré a ver tus avances –Y con una última mirada, se marchó de la habitación, dejando a Hermione completamente sola.
La castaña se quedó paralizada, todavía le costaba creer que todo eso estaba sucediendo de verdad, que no era simplemente una pesadilla. Que ahora era una prisionera del Lado Oscuro, que Harry la consideraba una sangresucia…
Con un pequeño grito, se dejó caer al suelo y amargas lágrimas rodaron por sus mejillas.
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Albus Dumbledore suspiró aliviado al ver la charla entre los miembros de su Orden. Afortunadamente no habían sufrido ninguna baja, aunque no se explicaba la razón, ya que en antiguas batallas, los mortífagos de Tom no habían tenido problema alguno con eliminar de manera definitiva a sus adversarios. Y lo más preocupante, es que las filas de seguidores de Voldemort se habían agrandado, con la llegada de Dominus y sus EPC. Las cosas pintaban cada vez más negras para el lado de la Luz. El anciano hizo un ademán con la mano derecha y en instantes los miembros de la Orden guardaron silencio.
–Amigos míos –empezó a decir Albus–, en la batalla del día del hoy hemos sido muy afortunados, no ha ocurrido ninguna baja.
–¿Alguna razón especial de este suceso, Albus? –preguntó Minerva con tono intrigado.
–¿Qué quieres decir? –inquirió Neville, quien estaba sentado lo más quieto posible para no sentir los efectos secundarios de la maldición Cruciatus que le había enviado Bellatrix Lestrange.
–Quiero decir, Neville, que en batallas pasadas siempre ha habido bajas y heridos de gravedad. Y por alguna razón, en esta batalla no ocurrió nada de eso.
–Quizá los seguidores del bastardo ese están perdiendo fuerzas… –empezó a decir Fred con tono esperanzador.
–Lo dudo mucho–Dijo Albus, retomando la palabra–. Los mortífagos no han perdido fuerzas en todos estos años, más bien ganan más y más. Y ahora ha llegado Dominus Mors de su viaje a América, acompañado de muchísimos EPC.
–Sí, tuve el placer de intercambiar algunas palabras con el maldito traidor –Gruñó Ron molesto.
Albus suspiró cansinamente.
–Debo admitir que nunca perdí las esperanzas de que Harry pudiera volver a la Luz, pero ahora veo que mis esperanzas han sido en vano. Y con Voldemort y Dominus juntos, las cosas se pondrán mucho peor. Debemos encontrar fuerzas de donde sea y seguirles haciendo frente, evitar a toda costa que logren sus objetivos.
Algunos de los miembros asintieron, otros simplemente guardaron silencio, preguntándose cuánto más aguantarían hasta caer bajo la presión, hasta que el Lado Oscuro los fulminara completamente.
–Nos reuniremos mañana en la mañana para discutir nuestras siguientes estrategias. Ahora, los que estén lastimados, pueden ir a la enfermería para que Poppy los atienda –dijo el anciano con voz solemne.
Ron observó como varios de sus compañeros se ponían de pie para dirigirse a la enfermería. El pelirrojo barrió la mirada por todo el lugar, frunciendo el ceño.
–Un momento ¿alguien ha visto a Hermione?
George palideció.
–Mientras me batía en duelo con Yaxley vi que alguien lastimó a Hermione, había mucha sangre. Intenté acercarme a ella y ayudarla pero de repente aparecieron unos EPC y se unieron a Yaxley. Después de eso la perdí de vista. ¿Cómo pude haberme olvidado de eso? –se preguntó mientras golpeaba su frente, preocupado.
Varios murmullos de preocupación llenaron el recinto. Dumbledore levantó sus manos para aplacarlos.
–¿Y nadie la ha visto desde la batalla? –preguntó.
Todos los miembros de la Orden bajaron las cabezas, avergonzados de haber perdido a una compañera.
–¡Seguramente fue raptada por esos bastardos! –gritó Ron al borde de la histeria.
–Ron, intenta calmarte. Quizá ocurrió lo que dices, quizá no. Es necesario que un grupo de ustedes regrese al lugar de la batalla y revise completamente el lugar para encontrar señales del paradero de Hermione. No debemos cundir en pánico todavía, debemos tener esperanzas de que ella se encuentra bien, en donde quiera que esté– Dijo Dumbledore.
–Si es verdad que fue secuestrada ¿cómo puede pensar que va a estar bien? –Gritó George.
Molly se acercó a su hijo y lo abrazó.
–Shh, tranquilo. Ya verás que todo estará bien. Hermione aparecerá pronto.
Después de sus palabras se formó un grupo de búsqueda, dispuesto a examinar el lugar de batalla de cabo a rabo. Todos se forzaron a tener esperanzas y palabras de aliento, pero en el fondo, casi todos sabían, o sentían que no verían a Hermione por mucho tiempo.
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Con un grito de furia lanzó la silla al otro lado de la habitación, mientras gruesos lagrimones corrían por sus mejillas. Se quedó quieta durante unos segundos, intentando calmar su galopante corazón. Lentamente giró sobre sus talones y observó el desastre que había creado en la hora desde que Dominus se había marchado de la habitación. Estaba tan llena de rabia, dolor, desesperación, incredulidad y lamentablemente amor que por un momento creyó que su cabeza explotaría.
Lentamente, caminó hacia la ventana y observó el atardecer. La Fortaleza Oscura no era como había pensado que seria, fría y tenebrosa, o por lo menos su habitación no lo era. Tenía una bonita vista, al frente de ella se erguía un frondoso bosque, y los últimos rayos del sol iluminaban las copas de los árboles, creando distintas tonalidades de verde. Si estuviera en otra situación, se sentiría más calmada después de observar el atardecer en un hermoso bosque. Pero no. Ahora era prisionera de Lord Voldemort y Dominus Mors, los seres que habían creado tanta destrucción y horror en Europa y América.
Para colmo de males, Dominus Mors fue alguna vez Harry Potter, su amante, mejor amigo y confidente. Y en la reunión que había tenido con él una hora antes le había dejado muy en claro, con sus palabras y acciones, que Harry Potter ya no existía, que había desaparecido para nunca más volver.
Con un grito de rabia y de dolor, se dejó caer, reposando su espalda en la columna que estaba al lado de la ventana. Acercó sus rodillas al pecho y las abrazó con fuerza, empezándose a mecer con ímpetu, como si eso fuera a hacer que despertase de la pesadilla en la que se encontraba.
¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo lograría escapar sin su varita, sin tener ningún conocimiento de la infraestructura en la que se encontraba, que seguramente sería laberíntica? ¿Cómo lograría pasar tiempo con Dominus, odiándolo por fuera y amándolo por dentro? Porque tenía que ser sincera consigo misma, en casi cuatro años no había dejado de amarlo, a pesar de estar al tanto de su traición, y de las atrocidades que cometía al otro lado del océano. Porque a pesar de sus terribles palabras y de que le había hecho daño a sus muñecas, seguía amándolo.
¡Y era una estúpida por eso! ¡Siempre lo había sido y lo seguiría siendo! ¿Por qué le era tan difícil arrancárselo de la cabeza, de su corazón? El moreno la había dañado bastante, y ella seguía ahí, enamorada como una tonta de él, sin perder la esperanza de recuperar a su Harry, a su niño bello, amable, cariñoso, valiente, respetuoso, incapaz de lastimar una mosca.
Hermione escondió su rostro entre sus rodillas, en un vano intento por ahogar el grito de desesperación que brotó de sus labios. Realmente era una masoquista, una idiota. ¿En dónde había quedado esa inteligencia, esa valentía Gryffindor?
En esos momentos quería morir para no sentir más dolor o amor, para tener finalmente un poco de paz, la cual la había eludido en los últimos años, desde aquella aciaga noche en donde sus sueños e ilusiones fueron destruidas por la 'muerte' de Harry Potter y el surgimiento de Dominus Mors, el Caballero de la Muerte, el igual de Lord Voldemort. A veces pensaba que si se abriera la cabeza con un hacha y se sacara los sesos con una cuchara, dolería menos que su corazón roto.
Amar dolía, definitivamente. Y a ella más todavía, porque su amor era una utopía, era imposible que Dominus la viera de esa forma, después de la manera en que la había tratado esa tarde. Además, aunque un milagro ocurriera y él la quisiera de repente, ella no se sentía capaz de olvidar y perdonar tan fácilmente. Lo amaba, sí, con todo su corazón. Pero su mente no le permitía olvidar todo lo que había hecho, en lo que se había convertido.
De repente pensó en Ron, en su vano intento por amarlo tanto como él la amaba a ella, pero después de años de noviazgo, fue incapaz de devolverle el sentimiento, y mucho menos cuando intentó forzarla días atrás. Ahora entendía con completa claridad que había estado con Ron para no sentirse sola, porque eso la aterrorizaba.
Temía despertarse un día y encontrar el lugar vacío, sin nadie que la consintiera, que la quisiera y apoyara, como lo había hecho Harry en su tiempo. Incluso le había entregado su cuerpo a Ron, a pesar de que le había prometido a Harry que sería el único hombre en su vida.
Otro sollozo brotó de sus labios. Harry le había sido infiel durante su noviazgo, mientras le juraba fidelidad y amor eterno, se había acostado con otras chicas. ¿Quiénes? ¿Lavender? ¿Parvati? ¿O mujeres mucho más experimentadas, que saben cómo darle placer a un hombre? ¿Bellatrix, quizá? ¿O Narcissa? Sintió como su corazón se encogía de dolor al saber que Harry ni siquiera le había sido fiel, y que además, la consideraba la peor de sus conquistas. ¡Quería odiarlo! ¡Sacárselo de su mente! ¡No sentir más!
Un toque en la puerta la sacó de sus confusos pensamientos. Levantó la mirada a tiempo para ver la puerta abrirse. Entrecerró los ojos al ver que Draco Malfoy entraba a la habitación y cerraba la puerta, para después caminar elegantemente al centro del recinto.
El rubio dio una vuelta lentamente, observando el caos que lo rodeaba. Después su mirada gris se posó en la mirada marrón, y una mueca que podría pasar por sonrisa apareció en sus delgados labios.
–Vaya, Granger. Veo que no te ha gustado la decoración. En vez de hacer este desorden podrías haber llamado a un elfo para que te redecorase la habitación –Dijo arrastrando las palabras.
–Malfoy –Fue lo único que dijo Hermione.
Draco suspiró y sacó su varita, después de un encantamiento murmurado, la habitación estaba impecable.
–A Dominus no le gustará cuando se entere.
La castaña bufó.
–Ni que me importara lo que el traidor ese pensase –Dijo con voz fría, intentando ocultar sus verdaderos sentimientos.
Malfoy la observó mientras se acercaba a ella lentamente.
–Deberás saber que Dominus salvó tu vida.
La chica rodó sus ojos.
–Ya me lo dijo. Simplemente lo hizo porque su vasalla desobedeció sus órdenes. Gran cosa.
Malfoy la miró divertido, como si disfrutara los intentos de la chica por parecer fría e inafectada con la situación.
–Es mucho más que eso. Patrice en estos momentos está realizando una visita a las mazmorras. Hace un rato escuché sus gritos de dolor.
Hermione sintió que un escalofrío recorría su espina dorsal.
–Lo que sea, Malfoy. ¿Para qué viniste? –preguntó exasperada, confundida por la cordial conversación que estaba teniendo con su enemigo del colegio.
–Granger, tenía años sin verte. ¿Acaso antiguos compañeros de clase no pueden verse y hablar después de tantos años? –Preguntó con su acostumbrado arrastre de palabras–. Has crecido –Añadió.
Hermione no pudo aguantar y soltó una carcajada amarga.
–No me hagas reír, Malfoy. Si mal no recuerdo, nosotros fuimos enemigos. Tenemos creencias distintas, amistades distintas, estamos en bandos distintos –Tomó una pausa para respirar–. Ahora dime la verdad, ¿a qué viniste? ¿A torturarme? ¿A restregarme en la cara la traición de Harry? ¿Qué fui una tonta por creer en él, por haberme enamorado de él? ¿A reírte en mi cara porque voy a pasar mucho tiempo encerrada aquí, siendo el juguete de tortura de Harry? –gritó.
Draco guardó silencio durante un par de minutos, simplemente la observó.
–Ninguna de las anteriores, Granger –Dijo finalmente–. Aunque debo reconocer que no vine por voluntad propia, mis Lores me enviaron –Ante la mirada incrédula de la chica, el rubio continuó–. ¿Qué? ¿Acaso piensas que te dejarán sola? No, pequeña. Ahora eres… nuestra huésped. Y como tal serás tratada, a menos que te pongas tan difícil y testaruda que sea obligatorio enviarte de paseo a las mazmorras. Deberías considerarte afortunada, Granger. Estás recibiendo tratamiento de reina, magnífica habitación, hermosa vista, y deliciosa comida cuando te dignes a probarla. No creas que los prisioneros del bando de la Luz reciben este tipo de tratamiento.
–¿Y por qué yo sí? –preguntó la chica molesta.
El rubio hizo una mueca de satisfacción.
–Eso tendrás que preguntárselo a Dominus –La castaña volvió a rodar los ojos. El rubio retomó la palabra–. No hagas eso, es de mala educación. Al parecer también tendremos que enseñarte modales.
–¿Qué? ¿Acaso iré al colegio de nuevo? –preguntó exasperada.
Draco volvió a hacer una mueca de satisfacción.
–Podrías decir que sí. Aunque será distinto a Hogwarts. Podríamos decir que esta nueva escuela tiene un corte más al estilo de… Durmstrang.
Hermione abrió los ojos horrorizada.
–¡No, Malfoy! ¡No pienso aprender las Artes Oscuras! ¡Nunca!
El rubio cerró los ojos y contó hasta diez para no perder la paciencia.
–¿Nunca te han dicho que el que escupe para arriba, le cae encima? Además, Granger, no es una petición, es una orden. ¿Nunca te has preguntado por qué has durado tanto en esta guerra, siendo una impura? Es porque eres inteligente, y tienes talento. Serás una gran adición a la Causa.
–¡Eso nunca! –gritó horrorizada.
–Eso ya lo veremos, Granger. El tiempo pasa, las personas cambian. Nunca digas nunca –Hizo una pausa y miró su reloj–. Si me disculpas, me marcho, tengo muchas cosas que hacer. Que pases buenas noches.
Hermione volvió a quedarse sola, completamente sorprendida ante lo que había ocurrido. Había tenido una conversación civil con Draco Malfoy. Eso jamás había ocurrido en sus siete años de colegio. Y ahora estos malditos querían que aprendiera las artes oscuras y se uniera a la Causa. ¡Jamás!
Se dejó caer en la cama y empezó a golpear las almohadas, mientras más lágrimas corrían por su rostro. Estaba furiosa, desesperada y asustada. ¿Cómo coño podría salirse de esa situación?
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Bill abrió los ojos y observó a las personas presentes en su habitación, sus padres, los gemelos, Ron y Percy. Finalmente había llegado el momento de decir la verdad, aunque por eso tuviera que morir. La poción que años atrás Ginny le había dado lo estaba matando lentamente, por lo que ya no importaba si moría o no, era justo que su familia supiera la terrible verdad, aunque los destrozara. Era necesario que supieran qué había pasado con Ginny en todos esos años.
Volvió a cerrar los ojos y dejó salir un débil suspiro. Iba a ser muy difícil, no sólo para él, sino para todos. Aquella niñita tímida, sonriente y que solía meter su codo en la mantequilla se había convertido en una mortífaga, y en la consorte de Lord Voldemort. Abrió la boca para intentar hablar, pero hizo una mueca de dolor, la poción venenosa que corría por sus venas se lo estaba impidiendo.
Molly lo miró preocupada y se acercó a él.
–¿Qué necesitas, cariño? ¿Otra poción para el dolor?
Bill asintió débilmente. Molly le hizo una seña a su marido quien todavía se encontraba convaleciente del ataque sufrido. Arthur se acercó al escritorio y agarró la poción. Se la tendió a Molly quien se la dio a Bill. Instantes después una expresión de alivio apareció en el rostro del pelirrojo, no ayudaba mucho, pero por lo menos ofrecía un pequeño alivio.
–¿Para qué nos has reunido, Bill? Espero que sea rápido, el Ministro me necesita –Comentó Percy. El joven todavía no había arreglado todas sus diferencias con la familia, y seguía tan prepotente como siempre. Sin embargo, Bill había decidido incluirlo en la reunión, por más que fuera todavía formaba parte de la familia.
–Esto… es muy difícil para mí –Empezó a decir el hombre.
–¿Qué cosa, cariño? –preguntó Molly con tono preocupado al ver a su hijo sufrir de esa manera.
–Debí decirlo hace muchos años, pero se me ha hecho imposible –Hizo una pausa–. Es sobre Ginevra.
Un silencio pesado se posó sobre la habitación. Ese tema era muy delicado para toda la familia. Después de años infructuosos de búsqueda, la habían dado por muerta.
Finalmente, Ron rompió el silencio.
–¿Acaso sabes quiénes la raptaron? ¿Quiénes la asesinaron?
–Ella no está muerta, Ron. Está en perfecto estado de salud. Y… nunca la raptaron, se fue por su propia cuenta.
–¿¡Cómo!? –exclamó Arthur, empezando a caminar por la habitación.
–Déjame hablar papá… no me queda mucho tiempo.
–¿Cómo que no te queda mucho tiempo? –preguntó George.
–Por favor, déjenme hablar –Contestó Bill antes de que un fuerte acceso de tos lo atacara. Sus padres y hermanos lo vieron preocupados, realmente ninguno entendía el deterioro que había sufrido a lo largo de los años.
Una vez que estuvo calmado, miró suplicante a cada uno, y uno a uno asintió, prometiendo que lo dejarían hablar. El hombre respiró profundo e intentó ocultar una mueca de dolor.
–Verán… hace casi cuatro años, recibí una carta de Ginny. En la misiva me pedía que me reuniera con ella, y que no le dijera nada a nadie. Preocupado por su seguridad, accedí –Movió la mano para que su padre no lo interrumpiera–. Una vez que estaba en las campiñas afuera de Hogsmeade, fui atacado por unos encapuchados, en ese momento no supe quiénes eran; luego me enteré que eran Draco Malfoy, Anthony Dolohov y Walden McNair. Cuando desperté, estaba en una fría y sucia celda. En un primer momento pensé que era una emboscada –No pudo seguir hablando, tenía la boca demasiada seca.
Fred se dio cuenta y le acercó un vaso de agua. El gemelo tenía su ceño fruncido al ver el intenso sufrimiento de su hermano.
–¿Por qué te está costando tanto contar esta historia? –inquirió una vez que Bill se refrescó un poco.
–A eso voy –Contestó–. Mis ideas de emboscada se vieron truncadas cuando Ginevra entró a la celda, vestida elegantemente y más resplandeciente que nunca. Le pregunté en dónde estábamos, y ella me dijo que en su hogar, en la Fortaleza Oscura –Dejó de hablar al escuchar un sollozo proveniente de su madre. Recorrió el lugar on la mirada y le dolió ver las miradas de terror en los rostros de sus familiares. Calló unos instantes, cada vez se sentía peor, sabía que no faltaba mucho–. Le recriminé su desaparición, le dije que su hogar era La Madriguera, con nosotros. Pero ella me dijo que no, que su hogar nunca había sido éste, que ahora estaba en donde siempre había deseado estar, al lado de Voldemort, practicando las artes oscuras, y que la presencia de Dominus Mors era un bonus. También dijo que era una Slytherin de corazón y que nosotros éramos unos pobretones y amantes de los sangresucias.
Fue interrumpido por el grito de Molly.
–¡Calla, Bill! ¡Es mentira, mentira! ¡Mi niñita no pudo haber dicho eso! ¡La conozco, yo la parí! ¡Ginny no es así!
–¡Molly tiene razón, Bill! ¡Ginny jamás haría eso! –exclamó Arthur.
Bill volvió a toser y después de unos momentos se calmó.
–Pues es la verdad, la triste y asquerosa verdad. Ginny nos engañó durante años, ocultando su verdadera identidad. Estaría dispuesto a confesar con Veritaserum, pero ya no hay tiempo para eso.
–¿Cómo que no hay tiempo, Bill? –preguntó Ron, con tono temeroso. Siempre había querido y admirado a su hermano mayor.
–Déjenme terminar, por favor. Le dije a Ginny que no lo creía posible, que era imposible que se hubiera convertido en una mortífaga, en una vulgar asesina. Me dijo que era la verdad, y que estaba dispuesto a darme un chance.
–¿Un chance para qué? –preguntó Fred.
–D-dijo que era su familiar más querido, y que no quería que muriera en la guerra, por lo cual me ofreció un puesto como Mortífago, como espía.
–No, no, no, ¡no es verdad! ¡No puede ser! –sollozó Molly, todavía negándose a creer las palabras de su primogénito. No podía contemplar la idea de que su niñita se hubiera convertido en un monstruo.
Bill siguió hablando, ignorando a su madre.
–Le dije que eso no pasaría, además, Voldemort jamás aceptaría a un "traidor de la sangre" como yo en sus filas. Ella me dijo que sí, que sería un regalo para ella. En ese momento me confesó que se había convertido en la consorte del cabrón ese.
No siguió hablando cuando escuchó un golpe seco, Ron le había dado un puñetazo a la pared, lleno de la rabia, dolor y traición. Los gemelos y Percy se veían desconsolados, y sus padres se abrazaban fuertemente, ambos con lágrimas en los ojos.
Bill volvió a toser y esta vez le salió sangre, tenía que terminar pronto. Cada vez le costaba más respirar, el dolor era demasiado, sentía como se quemaba desde adentro.
–Después de eso discutimos fuertemente, le dije que jamás le serviría al bastardo ese, que estaba decepcionada de ella. Ella ni se inmutó, me dijo que quisiera o no, la ayudaría en sus propósitos. Me obligó a tomar una poción, la cual me prohibía revelar sus secretos, y después me colocó bajo la maldición Imperio.
Volvió a guardar silencio. El llanto desgarrador de sus padres se escuchaba en toda la habitación, las expresiones de Ron y Percy eran lívidas, y los gemelos lucían… vacíos.
–Durante todo este tiempo he luchado con la maldición, lo cual me ha dejado muy débil, y ahora finalmente he logrado hablar. En estos años fui obligado a contarle a Ginny las conversaciones de la Orden del Fénix, no tenía otra salida. No tienen idea de lo difícil que ha sido para mi, darle información a los mal nacidos esos –Guardó silencio un par de minutos, siendo víctima de intensos dolores en su interior–. P-perdónenme, mamá y papá, nunca quise que esto pasara. Por mucho tiempo pensé que lo mejor era que no se enteraran nunca, para evitarles este dolor. Pero también era n-necesario que lo supieran, que se enteraran de los crímenes y aberraciones que ha cometido Ginevra. No es culpa de ustedes, ustedes nos criaron bien. Ella simplemente… tomó sus decisiones…
No pudo seguir hablando, la poción venenosa terminó finalmente de actuar, las quemaduras que tenía por dentro se trasladaron lentamente al exterior, llenando su rostro y cuerpo de llagas y marcas terribles.
–¡Bill, no! –exclamó Ron, mientras se acercaba a su hermano.
–¡NOOOOOO! –gritó Molly al ver el cuerpo desfigurado de su precioso y adorado hijo. Se separó de su esposo y se sentó al lado de su hijo–. Cariño, resiste, no, no, no, por favor, no me vayas a dejar tu también…
Bill abrió los ojos y vio a su madre.
–Lo… siento… los… quiero… mucho… –dijo entre jadeos y profundos temblores. El pelirrojo cerró los ojos y se quedó quieto. Su sufrimiento había terminado.
–¡Bill! ¡Bill! ¡William Weasley te ordeno que abras los ojos en este momento! –gritó Molly desesperada–. ¡NO! –gritó llena de dolor y desolación. La mujer se dejó caer encima del cuerpo de su hijo, sin importarle el deplorable estado del que alguna vez había sido el más apuesto de sus varones.
Lo único que se escuchaba en la habitación eran los sollozos de la mujer. Ninguno se atrevió a separarla del cuerpo del hombre, era demasiado doloroso. Lágrimas corrían por los rostros de los demás presentes, todos demasiado impactados, incrédulos ante lo que había pasado, ante las confesiones realizadas por el hermano mayor, y ante su espantosa muerte.
Después de varios minutos, Arthur se acercó a su esposa.
–Amor, por favor…
–No, no, no, no… –repitió la mujer como si fuera una letanía. Parecía ausente, demasiado dañada por el dolor de la muerte de otro hijo y por la realidad de lo que había pasado con su única hija.
–George, ¡pásame un calmante! –exclamó Arthur.
George pareció salir de su estupor y se movió de manera mecánica, pasándole una poción calmante a su padre. Después de varios minutos de lucha, Arthur logró que su mujer se tomara el líquido, e instantes después cayó exhausta en sus brazos.
Nadie dijo ni hizo más nada, simplemente se quedaron ahí, compartiendo el dolor, apoyándose de forma silenciosa.
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Apuró el resto del trago de whisky de fuego y no pudo evitar hacer una mueca de desagrado ante la sensación amarga en su garganta. Con un gesto molesto lanzó la copa a la pared, y sintió un poco de satisfacción al ver los trozos de cristal. Con movimientos lentos se puso de pie y se acercó al espejo, observando su reflejo. En esos momentos entendió perfectamente porqué tanta gente le temía.
Cerró los ojos y se apartó del espejo, se pasó la mano por sus oscuros cabellos y se dejó caer en la poltrona. Tomó varias inhalaciones profundas para intentar alejar el sentimiento que recorría sus venas en esos momentos, pero no tuvo mucho éxito. Por primera vez en años, Dominus Mors se sentía culpable.
No podía quitarse de la mente la expresión de dolor y temor que había tenido Hermione en su encuentro. Con sus palabras y acciones le había hecho daño, y ahora sentía remordimiento, un sentimiento que él había olvidado.
No sabía qué pensar, qué sentir. Verla después de tantos años había despertado una cantidad de emociones que lo tenían confundido y preocupado. El era un Lord Oscuro, no debía fijarse en impuras, ya que iba en contra de todo lo que él promulgaba. Pero Hermione era distinta, siempre había sido distinta.
Ella era una de las mejores cosas que le habían pasado en su vida, y aún tenía grabada en su mente la expresión de dolor, incredulidad y rabia que había tenido aquella noche en la graduación, cuando se enteró que su Harry se había cambiado de bando.
A veces deseaba que Hermione se hubiera unido a él, y él con todo el gusto del mundo la hubiera convertido en su Reina. Pero eso no era posible, las diferencias de sangre, de ideales… eran muy grandes, y no había ningún chance entre ellos.
Intentó sacársela de la cabeza, pero no pudo, cada vez que cerraba los ojos veía sus hermosos ojos llenos de lágrimas. Las terribles cosas que le dijo horas atrás volvieron a su mente, todo eso había sido mentira. Sí, es verdad que la había engañado durante su noviazgo, y era algo de lo cual no se sentía orgulloso, pero ella había sido la mejor de todas, su inocencia, su amor genuino, su pasión…
Unos toques en la puerta lo sacaron de sus pensamientos, levantó la mirada y vio como Tom entraba a la habitación y se sentaba al lado de él. Ambos permanecieron en silencio durante varios minutos.
Finalmente, Tom empezó a hablar.
–Estás preocupado, confundido, y creo saber la causa.
El moreno no dijo nada.
Tom suspiró.
–¿Recuerdas lo que te dije cuando hablamos el día de tu regreso?
–Dijiste muchas cosas ese día… –dijo Harry con tono seco.
–Pues será mejor que te lo repita. Muchas cosas han cambiado, Harry. Antes de que fueras, te prohibí ciertas cosas. Ahora ya no te las prohíbo. Tienes el derecho de ser feliz como yo lo he sido en estos últimos años. Te lo has ganado, compañero.
El pelinegro guardó silencio, confundido.
El mayor continuó hablando.
–Yo siempre creí que el amor era una debilidad, que te hacía perder el norte, los objetivos. Pero en estos últimos años, me he dado cuenta que el amor también puede ser una fortaleza, y que todos tenemos derechos a sentir amor, a encontrar a alguien que nos apoye, que nos quiera, que nos acompañe –Hizo una pausa y se acercó a su igual–. Después de tantos años de destrucción, de tantas artes oscuras, he descubierto que yo también tengo un corazón, pequeño, pero al fin y al cabo corazón. Y tú también lo tienes ahí. Quiero que seas feliz.
–Soy feliz, Tom –dijo el chico en un hilo de voz.
–No, no lo eres. Estás satisfecho con lo que has logrado, te has sentido contento en ciertos momentos. ¿Pero eres feliz? No. Y yo soy parcialmente culpable de eso cuando te obligué a dejar a esa chica. Ahora quiero hacer algo por ti, quiero que lo pienses bien, que encuentres tu corazón y lo escuches, y si la sigues amando, recupérala. Esta es tu oportunidad.
Harry hizo una pausa.
–No es tan sencillo.
–No lo es. Nada en nuestras vidas es sencillo. Tenemos que luchar para lograrlo. Pero si eso es lo que quieres, tienes mi bendición y apoyo.
–Sería ir en contra de todo lo que hemos promulgado…
Tom echó la cabeza para atrás y rió.
–Tienes razón. Pero por algo somos los Lores, nadie se atreverá a verte mal, insultarte o algo parecido por unirte con una impura. Además, dicha impura es mucho más poderosa e inteligente que muchos de nuestros vasallos. Si logramos convencerla, y tu recuperarla, será una gran aliada. Podríamos terminar la guerra mucho antes.
El moreno resopló.
–Está difícil que se una a nosotros.
–Deja el pesimismo, Dominus, que no combina con tu atuendo –Dijo el mayor con tono grave–. Sé que estás confundido en estos momentos, que el reencuentro con la chica te ha pegado fuerte, pero intenta pensar con calma. Esa chica es inteligente, y sabrá lo que le conviene. Sólo te digo que cualquier decisión que tomes, contarás con mi apoyo –Con esas palabras, el Lord Oscuro se marchó del estudio de su compañero.
El pelinegro quedó solo, sumido en sus pensamientos. Sentía un gran alivio al saber que Tom lo apoyaría en lo que fuera, pero él no sabía qué haría, estaba muy confundido.
No sería tan fácil convencerla de unirse a la Causa, u obtener su perdón. ¿Y realmente valdría la pena obtener su perdón? ¿Intentar algo con ella? ¿Sería posible? ¿Por qué no dejaba todo como estaba? No quería a Patrice, pero servía para sus propósitos: divertirlo en la cama.
Con esas ideas en la cabeza, hizo un movimiento con su mano y otra copa de whisky de fuego apareció.
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El cielo estaba libre de nubes, y los pájaros cantaban, indiferentes al ambiente sombrío que existía dentro de La Madriguera. Esa mañana habían cremado el cuerpo de Bill, y habían esparcido las cenizas en el jardín. Ese jardín lleno de gnomos, ese terreno en el cual Bill había disfrutado y correteado tanto cuando era un niño inocente, libre de las preocupaciones y presiones de la guerra.
Arthur y George ayudaron a Molly, quien se encontraba con la mirada ausente. Fred y Ron fueron a la cocina a preparar un poco de té. Percy se había retirado al Ministerio, debido a que todavía se sentía incómodo ante la presencia de los demás miembros de la familia.
–¿Necesitas algo, mamá? –preguntó George preocupado.
Molly no respondió.
–Mamá…
–Amor di algo… –dijo Arthur, sumamente preocupado por el estado mental de su esposa.
Finalmente la mujer rompió su silencio con un grito desgarrador, un grito que heló la sangre de los presentes, provocando que Ron y Fred llegaran corriendo, con las varitas alzadas y preparados para atacar.
–¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ BILL? ¿POR QUÉ GINNY? ¿POR QUÉ, ARTHUR, POR QUÉ? –gritó desesperada mientras un torrente de lágrimas corrían por sus mejillas.
Arthur suspiró cansado. Lamentablemente no tenía respuesta a las desgarradoras preguntas de su esposa. Él también se preguntaba eso desde el día anterior, desde que su precioso hijo mayor había confesado la terrible verdad, para luego consumirse ante sus propios ojos. Apretó los ojos para evitar que las lágrimas salieran.
–No sé, amor, no sé –Contestó finalmente mientras abrazaba a su mujer.
Fred y Ron finalmente bajaron sus varitas y se acercaron al resto de la familia. Durante unos minutos nadie dijo nada, lo único que se escuchaba era los sollozos de Molly.
–¡No es justo! –exclamó Fred, sin poder aguantar sus lágrimas. Le destrozaba el corazón ver cómo su familia se hacía pedazos, y él no podía hacer nada para impedirlo.
George se acercó a su gemelo y le colocó una mano en el hombro, intentando ofrecerle confort. Realmente no sabía qué decir, todo parecía tan… irreal. Deseaba con todas sus fuerzas que todo fuera una pesadilla, pero en el fondo sabía que no era así.
Charlie ya se había muerto debido a su licantropía, Ginny se había descarriado completamente, seguramente cobrándose muchas vidas en el camino y ahora Bill… Una solitaria lágrima rodó por sus mejillas ¿alguna vez volvería a sonreír?
Él y su gemelo siempre habían sido los humoristas de la familia, siempre encontrándole el lado positivo a las cosas, pero ahora sentía que ya la vida no tenía nada de positivo, ya no había más motivos para reír o bromear. Su vida se le estaba haciendo pedazos, y no sabía qué hacer para mejorar la situación.
Ron apretó los puños y se dio la vuelta, necesitaba un poco de aire fresco, el dolor tan intenso de su familia lo estaba matando lentamente. Llegó al jardín y se paralizó. Minutos antes habían regado las cenizas de su hermano mayor en ese lugar. Bill muerto. Charlie muerto. Ginny completamente perdida. Su familia destrozada. Hermione desaparecida.
Un sollozo escapó de sus labios y se dejó caer en el pasto. Todo lo ocurrido era demasiado para él, para su sanidad mental. Con todo lo ocurrido, una parte de él había muerto. Agarró una flor y la arrancó con fuerza. ¡Maldita guerra! ¡Maldito Voldemort! ¡Maldito Harry! Todo era culpa de ellos. Si no fuera por Voldemort, sus hermanos estarían vivos, Harry todavía sería su mejor amigo y Ginny…
Ahogó un grito de rabia al pensar en la pelirroja. Esa niña había cometido la peor de las traiciones ¡le había dado la espalda a su familia y había causado la muerte de Bill! ¿Cómo una niña tan buena e inocente podía haberse convertido en un monstruo de tal magnitud? ¿Por qué? ¿Qué hicieron mal? ¿Por qué no se dieron cuenta de que algo estaba mal con ella?
Sintió como su estómago se retorcía ante la rabia y resentimiento que corría por sus venas. Ginevra ya no era su hermana. Lo había dejado de ser el día en que se había decidido vender al enemigo. Venderse en cuerpo, mente y alma. No merecía su amor ni su compasión. Ahora formaba parte de sus enemigos. Y lo pagaría. Pagaría muy caro la traición tan terrible que había cometido. Pagaría el haberlos tenido engañado durante tantos años, simulando ser una niñita dulce y tierna. Pagaría el haberse cambiado de bando y convertido en la puta de Voldemort. Pagaría la muerte de su adorado hermano Bill. Pero sobre todo, pagaría por haber destrozado a la familia. Su madre estaba al borde de la locura a causa del dolor, su padre estaba impotente, como nunca lo había estado. Los gemelos habían perdido la risa y las ganas de vivir. Y él… él ya estaba muerto por dentro. Ginevra pagaría por todo eso. Aunque fuera lo último que hiciera en su vida.
Ya su familia estaba destrozada, no importaba si había una muerte más o una menos. Especialmente de la maldita zorra traidora.
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Hermione frunció el ceño al ver la nueva pila de libros que tenía que leerse. Ya tenía diez días en la Fortaleza, y ya se había tenido que leer media docena de libros. Se acercó a los libros y los observó. Biografía de Salazar Slytherin; Rituales Oscuros y sus Consecuencias; Biografía de Lord Grindelwald; Pociones Oscuras; Maldiciones Imperdonables: son más de tres.
Con un suspiro se sentó en la cómoda silla y agarró el libro de las maldiciones imperdonables. Si era sincera consigo misma, los libros que había leído eran bastante interesantes, pero eso no lo admitiría en voz alta ni aunque la estuvieran torturando con la maldición cruciatus.
Los primeros dos días en su jaula de oro, como ahora llamaba a su habitación, habían sido bastante difíciles. Había intentado escapar, se había negado a comer, y había tenido una gran bronca con Harry, y para su gran sorpresa, fue Draco quien logró calmarla.
Volvió a suspirar al pensar en el rubio. Ni en un millón de años habría pensado que lograría tener una relación cordial con el astuto y prepotente Malfoy, pero la vida estaba llena de sorpresas.
Desde hacía seis días, el rubio venía a visitarla a las cuatro de la tarde, y también tenía que admitir que las conversaciones que había tenido con el chico eran muy interesantes, cosa que tampoco admitiría ni bajo tortura. Los insultos seguían presente en sus conversaciones, pero ahora había un tono juguetón. Ahora esperaba con ansias que se hicieran las cuatro de la tarde, para volver a pasar un rato con el mago. Era lo único agradable que tenía durante los largos días de prisión. ¡Ni siquiera la habían dejado salir de la habitación! Draco le había dicho que saldría cuando los Lores considerasen que estaba lista, que de verdad había aprendido a ser obediente y se hubiese acostumbrado a su nueva condición.
Sus pensamientos se desviaron al lado de la Luz. ¿La estarían buscando? ¿Se acordarían de ella? ¿La darían por muerta? ¿Cómo estarían sus antiguos compañeros de la Orden?
Resopló molesta. Nadie le había informado nada acerca de lo que estaba sucediendo en el mundo exterior. Cuando le había pedido a Harry que le informase de la guerra, el chico se había reído y le había dicho que no se preocupase por eso, que en esos momentos su única preocupación debía ser los libros que tenía que leerse y las clases con Draco.
Hermione frunció el ceño al pensar en el moreno. En esos días había estado muy extraño, tenía unos cambios de humor realmente preocupantes. Por momentos la trataba bien, permitiendo que la chica pudiera ver que todavía su Harry existía dentro de ese ser que se llamaba Dominus Mors; en otras ocasiones era brutal, y le decía cosas muy hirientes. Realmente no sabía qué pensar.
La chica, como método de auto protección, también lo trataba como se le antojase en el momento, un día lo trataba con total indiferencia y al siguiente con gran malcriadez, como una niña a la que le habían negado un juguete. Esos cambios de humor sólo habían servido para añadirle leña al fuego. La situación ya estaba lo suficientemente tensa como para que ella se comportara con tanta inmadurez, pero no sabía como evitarlo. El control de su vida se le había escapado de las manos, no sabía qué hacer, y cada día estaba más y más confundida.
Levantó la mirada al ver que la puerta se abría y su corazón se aceleró al ver entrar al moreno. Se veía sumamente apuesto con su túnica gris.
Con pasos elegantes, el pelinegro se acercó a la mesita y observó los libros.
–¿Cómo han ido las clases? –preguntó.
–Pregúntaselo a Draco –Contestó con tono seco la castaña.
–Te lo estoy preguntando a ti, Hermione –Dijo el chico, haciendo un gran esfuerzo por no perder la paciencia.
La chica tragó duro y no pudo evitar contestarle de mal talante.
–Si piensas que por leer unos estúpidos libros de unos aún más estúpidos autores voy a convertirme al Lado Oscuro ¡pues estás muy equivocado! A diferencia de la gente que vive en esta prisión ¡yo si tengo moral e ideales puros! ¡No pienso convertirme en una asesina como tú!
Con movimientos rápidos, Harry la levantó de la silla y la agarró firmemente por los brazos.
–No te pongas necia, querida. Te recomiendo que cambies tu actitud y te acostumbres a tu nueva vida, porque si no vas a pasarla mal. Sabes que he sido muy benevolente contigo y no te he castigado como te lo mereces. ¡Insolente! –le dijo con tono venenoso.
La respiración de la chica se aceleró al tenerlo tan cerca, y la colonia del chico la estaba embriagando.
–¿Qué? ¿Serías capaz de torturarme, de matarme? ¡Pues hazlo de una buena vez si eso es lo que deseas! –dijo con voz ronca. Sabía que no debía provocarlo, pero ver como el chico perdía la paciencia le producía gran placer.
Él sólo la observó. Su corazón también estaba acelerado al tenerla tan cerca, y la chica se veía preciosa con el cabello suelto y las mejillas arreboladas. En esos momentos lo que más quería era tirarla a la cama y hacerle el amor, volver a recorrer un camino alguna vez trazado y conocido. Tenerla tan cerca estaba nublando sus pensamientos y quebrando las barreras que se había puesto encima como protección.
Ambos simplemente se miraron, teniendo los mismos pensamientos, el mismo deseo. Finalmente, el pelinegro habló.
–¿De verdad piensas que lo que deseo es matarte, torturarte? –preguntó con un tono suave, cosa que sorprendió de sobremanera a la muchacha.
–Harry… yo… –empezó a decir la chica, pero no pudo terminar de hablar; pues al escuchar su verdadero nombre de labios de Hermione, Harry la besó.
"Fin de Capítulo"
EugeBlack
Miembro de la Orden de las Mortífagas
Miembro de la Orden Slytheriana
Miembro de la Orden Severusiana
Miembro de la Orden Draconiana
Miembro de la Orden Draco Dormiens Slash
