N/A: ¡Gracias a todos por sus reviews! Me alientan a continuar.
Frente a frente
-¿Twilight…? – Starlight dejó escapar un angustioso gemido. ¿Qué iba a decirle? Quién
sabe cuánto tiempo llevaba su maestra allí parada, probablemente hubiera escuchado
todo. Y se puede decir cualquier cosa sobre Twilight excepto que no sabe muy bien
cómo atar cabos. Trixie contuvo el aliento y no se atrevió siquiera a pestañear. Observó
los acontecimientos con sumo interés, pero se abstuvo de cualquier intervención que en
vez de ayudar avivase el proceso de tempestad que se avecinaba. – Eh…ahm…
- Tenemos que hablar. – sentenció Twilight con firmeza. Su voz se había tornado seca y
severa – A solas.
Starlight, que había tomado el trono correspondiente a Rainbow para beber té y echar
reclamos a los cuatro vientos, abandonó su sitio con cuidado adivinando la indignación
de Dash. En esos precisos momentos casi podía sentir ambas pupilas del pegaso
incrustándosele en la nuca. Había tenido suerte de que no reaccionara como de
costumbre, o la tendría pegada a su hocico amedrentándola con juramentos. Trixie le
imitó, sólo que ella se había sentado en el trono de Fluttershy y estaba segura de que la
pequeña tímida no presentaría demandas sobre eso. De todas maneras, ambas se
sintieron como si profanaran un lugar sagrado y hubiesen sido pilladas in situ.
- Rarity, hazme el favor de organizar a las chicas para que puedan desempacar en orden.
– musitó Twilight suavemente. – Los libros de Pinkie a mi Biblioteca y tus enceres
donde creas más conveniente. Dash puede tomar el salón comedor para darles un
refrigerio a los Aprendices y a Coco Pommel. Estoy segura de que todos están
exhaustos por el viaje. Me uniré a ustedes más tarde.
- No te preocupes, querida. – asintió Rarity con indulgencia; lo que había oído ya le
había escandalizado y superado su tolerancia a lo desagradable; sintió compasión por
Twilight.
La Princesa de la Amistad avanzó hacia Starlight con claras intenciones de escoltarla
hasta alguna habitación del castillo lo suficientemente alejada como para que nadie
escuchara lo que tenía para decirle, pero una vez más su aprendiza dio por sentado que
sabía mejor que su maestra lo que debía de hacerse. Antes de que Twilight se detuviera
ante ella, Starlight encendió su cuerno repentinamente y las arrebató de allí haciéndoles
desaparecer. Se materializaron unos segundos más tarde, en el balcón principal del
castillo.
Twilight soltó un resoplo, tomada por sorpresa.
- ¡Starlight! – ella nunca había pedido que la llevasen hasta allí.
- ¡Oh! Aquí no, ¿cierto? – balbuceó su aprendiza; antes de que le hubiesen respondido
ya las había transportado a la cocina. Twilight frunció el entrecejo y antes de soltar
palabra Starlight las trasplantó al salón comedor. Vieron entrar a Dash y Twilight
intentó hablar, pero para entonces su aprendiza las había vuelto a cambiar de lugar.
Aparecieron en la biblioteca, el jardín y la torre, en una secuencia veloz y nerviosa. Era
como si Starlight no supiera estarse quieta. Lo que Twilight no alcanzaba a entender
todavía era si se debía a una predilección deliberada por la rebeldía o una abierta
incontinencia mágica.
Twilight lanzó un hechizo que detuvo a Starlight un segundo antes de llevarles a quién
sabe dónde. Su ansiedad parecía irrefrenable.
- ¡Starlight, basta! – berreó Twilight, incapaz por momentos de entender cómo
controlarla; a veces era como los potrillos, otras, como los genios dementes.
Ambas estaban muy cansadas y esto no ayudaba a engendrar paciencia y mansedumbre.
Había sido un día largo y agotador, y por alguna extraña razón a estas alturas de la tarde
daba la impresión de que las horas habían decidido hacerse eternas. La fatiga hizo que el
hechizo lanzado por Twilight se evaporara casi al instante. Lo que nunca había notado
era que había reprimido la energía de Starlight en el aire, pero ésta ya había surgido;
ergo una vez liberada, la magia de Starlight acabó por llevarlas de nuevo a la entrada del
castillo.
Twilight hizo rodar la mirada, estaba demasiado irritada como para continuar jugando;
cualquier sitio donde pudiesen hablar sería el indicado.
Starlight se mordió los labios, ya no estaba muy segura de cómo estaban las cosas; o la
vindicaban por su poderosa magia o la desterraban de Equestria por insurrecta. Y, para
ser francos, tampoco sabía a ciencia cierta qué hubiese deseado ella. Por aquellas horas,
la idea de buscarse nueva patria sonaba tentadora.
- Starlight, sé que estás nerviosa. – Comenzó a decir Twilight, con tono grave pero
conciliador – Y entiendo que estés atravesando un momento de mucho desgaste
emocional…
Starlight interrumpió de repente.
- ¡Twilight! Yo no quise…yo… No, es decir,…Verás,.. Tú, la verdad…yo…
- Necesito que me expliques a qué te refieres puntualmente respecto a tu futuro
desempeño como Aprendiza Real. – Twilight elevó el tono de su voz - Llevo una
pesada dádiva conmigo y es menester que esté segura de que eres la pony indicada.
Súbitamente, Starlight quedó paralizada. Aquellas palabras. Por fin lo había dicho. La
pony indicada… ¡Starlight no era la pony indicada! ¡Twilight pensaba que ella no era la
pony indicada!
El terror en el semblante de Starlight debió de manifestarse intenso, ya que Twilight
dejó de hablar y le estudió con preocupación. Entonces adivinó sus pensamientos.
- Starlight, no estoy diciendo que no eres la pony indicada para esto. – se apresuró a
asegurar - No me malinterpretes. Pero tengo una pesada responsabilidad y debo actuar
en consecuencia. Si no deseas ocupar este lugar, podemos…
Un grito tronchó en dos todo aquél elaborado parlamento. Starlight saltó. Twilight
volvió el rostro. Trixie, que había ido a escabullirse de la reprimenda junto a la puerta
de entrada, era quien gritaba. Se había abrazado al cortinaje y señalaba con una
temblorosa pata en alto a una extraña manifestación fulgente en medio del aire que
respiraban. Un aura incesante, ígnea y dorada, se apoderó bruscamente de todo el
recinto, brotando de la nada, con flamas de fuego inmensas que parecían moverse como
serpientes mágicas. Como un fantasma, pero disforme; luces vibrantes y esplendentes
allí, suspendidas sobre ellas mientras discutían. El fuego era tangible, pero no quemaba,
y rápidamente iluminó esa porción del castillo desde los cimientos hasta la bóveda del
techo. Trixie gritó más. El ajetreo y los alaridos atrajeron al resto de las amigas de
Twilight, quienes quedaron tan espantadas como ella ante los hechos.
- ¡Qué corrales…! – Applejack fue la primera en clavar los frenos para no irse de boca
sobre el espectral espectáculo.
- ¿Qué es eso? – Exclamó Rarity
- ¡Ay, no!
- ¡Uy, qué bonito! - Pinkie no perdió pisada.
Dash dio de voces llamando a sus Aspirantes Wonderbolt; si iban a ver acción, que lo
hicieran pronto. Un pelotón nervioso se apiñó junto a ella pero nadie se atrevió a atacar
primero. ¿Cómo se atrapan las luces? Twilight cubrió a Starlight pero ésta desobedeció
y se le puso delante; el empellón hizo que cayera el cofre que la Princesa guardaba con
afán. Twilight se apresuró a recuperarlo y Starlight ocupó su lugar como escudo
viviente. Fluttershy se unió a Trixie en los chillidos y de pronto el escándalo alrededor
fue inconmensurable.
El núcleo del intenso orbe se agigantaba por momentos; era de una blancura pulcra e
indescriptible y parecía emitir el rugir furioso de las llamas. Cuando por fin la luz
manada cegaba los ojos, y todos los presentes debieron cubrir sus rostros, las llamas
mágicas se consumieron por completo, dejando como legado a un par de viajeros entre
los mundos que llegaban aullando casi tanto como Fluttershy. Eran ponies. Eran dos. Y
al parecer se hallaban enredados sobre la alfombra como si no hubiesen planificado la
intromisión.
Twilight se apresuró a ver; todas creyeron reconocer el pelaje de uno de ellos.
- ¡¿Sunset?! - gritaron de asombro.
Suponiendo que había peligro, Starlight saltó como una flecha y sin pensarlo siquiera se
arrojó encima de un unicornio color durazno que yacía confusa sobre la alfombra. La
embestida resultó un tanto desmedida y ambas echaron a rodar hechas un ovillo.
Alguien más venía con ella. Un pegaso, absorto también, y desencajado. Traía el pelaje
anaranjado y las crines azules revueltas. No parecía comprender nada de lo que estaba
pasando y comenzó a gritar de espanto como el coro de ángeles pasmados compuesto
por Trixie y Fluttershy:
- ¡Dios mío, qué es esto! ¡Auxilio! ¡Tengo una nariz enorme…!
Starlight y la intrusa rodaron a lo largo del pasillo entre los gritos y el batir de alas de
Rainbow.
- ¡Starlight, no! – Gritó Twilight, con toda la fuerza de sus pulmones - ¡Detente, espera!
Imposible que la oyera. El caos era magnífico y Twilight parecía ser por entonces la
única pony cuerda.
- ¡Es un cambiante! ¡Es un cambiante! – clamó Fluttershy entre sollozos. Trixie pateó la
puerta principal:
- ¡Huyan todos…!
- ¡Nada de huir! – Rugió Dash - ¡A ellos, Wonderbolts!
Los aspirantes se lanzaron en picado pero fueron atrancados y arrojados a un lado por el
poder de Twilight.
- ¡He dicho basta! ¡No entienden nada! ¡Escúchenme!
La alfombra se les había vuelto un obstáculo, acelerando el mareo. Starlight hizo virar a
Sunset hasta que las dos acabaron de narices contra el muro. De pronto lucían como un
par de turistas atrapadas en un alud de nieve ladera abajo. Sunset apenas llegaba a casa
y no lograba hilar cómo había logrado aquello. Mucho menos lo que estaba ocurriendo.
Tampoco recordaba muy bien cómo hacer uso de sus facultades de unicornio, todo en su
mente era vertiginoso y turbio. Lo único que supo de inmediato fue que debía
protegerse o esa calurosa bienvenida acabaría rompiéndole alguna costilla. Y así fue
que, echando mano a sus reflejos más primitivos, cuando Starlight giró por encima de
su lomo, debido al impulso de la inercia, Sunset se arqueó en corcovos que le repelieron
de un salto. Y una vez que Starlight estuvo en el aire, Sunset le asestó una patada que la
devolvió junto a su maestra, al otro lado de la alfombra.
- ¡Que se detengan, digo…! – Twilight estaba a punto de desgarrarse la garganta.-
¡Todos aquí, alto…!
Su baladro pareció salido de sus más profundas entrañas; Pinkie decidió ayudar y sonó
un inmenso corno que dejó a todos sordos.
Los aspirantes cayeron al suelo; el coro de ángeles paranoicos se heló de pronto. Flash
olvidó el drama de su nariz y Trixie quedó sepulta bajo otro estandarte descolgado. La
pequeña unicornio color durazno buscó, con una trémula mirada esmeralda, el rostro de
Twilight. Apenas comenzaba a creer lo que pasaba. La voz de Twilight por fin logró
invadir la casa con sorpresa y nostalgia.
- ¿Sunset Shimmer…?
