Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario esta historia es mía.
El fic va dedicado a mi familia del grupo de whatsapp swanqueen que me alegran los días, a mi petita, a mi morena, a Natalia y a todas, espero no morir.
Este capítulo va dedicado en especial para My Dark Queen que me ha mencionado en su fics y me ha hecho mucha ilusión, los recomiendo son geniales, también recomiendo El diario de la reina, si no lo habéis leído no amáis swanqueen.
Sin más os dejo leer y disfrutar el capítulo, aviso que contiene escenas que pueden herir la sensibilidad del lector.
CAPÍTULO 10 INFIERNO
Emma se encontraba haciendo la ronda de noche junto a su compañero, era una noche bastante aburrida y la rubia se distraía contándole a August sus penurias con Regina, ya no sabía qué más hacer para empapelar a Leo, para pillarlo en algún caso turbio y desenmascarar el monstruo que dormía bajo esa faceta de hombre respetable.
August la escuchaba pacientemente, sabiendo que la rubia se estaba metiendo en terreno pantanoso, él también detestaba ese tipo de hombres que son perfectos a ojos del mundo entero y realmente son unos cobardes sin alma que para sentirse hombres tienen que menospreciar y humillar a sus mujeres y a sus hijos, mas tratándose de alguien como Leopold White tenían demasiado en contra.
Ahí estaban los dos, hablando y compartiendo teorías y opiniones en el coche patrulla, cuando el sonido del teléfono móvil de la rubia los sobresaltó a los dos, era su teléfono personal y Emma no tenía muchos amigos que conocieran ese número, así que a pesar de que estaba de servicio le pudo más la curiosidad y, lanzando una mirada cómplice a su amigo, decidió contestar esa llamada.
"-Emma Swan al habla, ¿digame?
-Emma…Lo va a matar…
Unas pocas palabras y se cortó la comunicación, mas en solo un segundo la rubia palideció y empezaron a sudarle las manos. Unos segundos en los que la voz entrecortada de Regina sonó al otro lado de la línea, unas palabras que le congelaron el corazón en el pecho. Miró con pánico a August y esta a su vez se mostraba preocupado por el cambio de humor de Emma.
-"August, pon la sirena, no tenemos tiempo, nos necesitan y si llegamos tarde no me quiero ni imaginar lo que puede pasar."
-¿A dónde vamos?
-"A la calle mifflin, a casa de Regina."
UNA HORA ANTES.
"Leo, quiero el divorcio"
La risa de Leo resonó por toda la casa, tenía que ser una broma, su esposa no podía hablar en serio, la miró a la cara y vio en su rostro decisión y una fortaleza para él desconocida, su esposa había cambiado y estaba dispuesto a averiguar por qué, aunque tuviera que sacárselo a golpes.
La agarró con fuerza de los brazos, y la risa inicial se tornó ira. Se iba a enterar de quién era él.
-Qué coño estás diciendo, tú no quieres el divorcio, tú no quieres nada a no ser que yo te lo diga.
"-Estoy harta de ti, me tienes cansada, quiero perderte de vista y no tener nada que ver contigo nunca más."
-No tienes ni idea de lo que estás diciendo.
-"Por primera vez en años se exactamente lo que estoy diciendo, no vuelvas a tocarme, no te lo consiento."
El cambio brusco en la actitud de su mujer dejó a Leo confundido y completamente curioso, de pronto una idea pasó por su mente y si era cierta, Regina se iba a arrepentir de haber nacido, iba a matarla y nada iba a frenarlo. Agarrándola aún más fuerte, marcando su piel y con odio en su mirada se dirigió a ella con tono burlón.
-Acaso tienes un amante y te quieres deshacer de mí para ir a fallártelo con la conciencia tranquila.
Regina simplemente se echó a reír, se estuvo riendo durante varios minutos, mirando con desprecio al hombre que tenía delante, ya no le temía, le tenía asco y solo quería perderlo de vista.
-"Hay alguien, alguien a quien tú no le llegas a la suela del zapato".
No lo vio venir, el puño de Leo contra su mejilla, tan fuerte que no pudo aguantar el equilibrio y cayó al suelo, mas ya no le tenía miedo y no le iba a consentir ningún desprecio. Se levantó y se enfrentó a él una vez más, sin esperar que la rabia de Leo no le dejaba pensar con claridad, quería matarla, quería darle donde más le doliese, un nuevo golpe, esta vez en el estómago le cortó el aliento, sin apenas poder moverse, no pudo hacer nada cuando su esposo la agarró y la sacó de la habitación.
A pesar de que luchaba por defenderse, él era mucho más fuerte que ella y la tenía inmovilizada, no pudo ver sus intenciones hasta que fue tarde, la empujó con fuerza por la escalera y ella cayó pensando que iba a morir, solo fueron unos segundos pero a ella se le hicieron eternos, solo podía sentir dolor e imaginar que haría Emma en su situación, ella lucharía mas cuando intentó levantarse y encararse una vez más con él, no pudo hacerlo pues volvía a estar a su lado, la agarró una vez más y con desprecio le dijo.
-Tú solita firmaste tu destino, acabaré contigo y no será rápido, pero primero voy a darte donde más te duele. Ten presente maldita zorra que todo esto es culpa tuya por no saber tener las piernas cerradas.
No lograba comprender que quería decir Leo con esas palabras, él la empujó dentro del cuarto de baño y cerró la puerta con llave, sentía como si le hubiese atropellado un camión, estaba mareada y le dolía todo el cuerpo. Intentaba pensar cómo salir de esa situación cuando escuchó un sonido que le quitó el aliento y le devolvió de golpe el terror con el que había vivido toda su vida.
Al otro lado del baño su hijo, su pequeño, su vida entera estaba llorando, lloraba y gritaba a su padre que le dejara, pudo oír a Leo decirle que todo era culpa de Regina. Su alma se partió, sabía que Leo era cruel pero no imaginó que atacaría a su propio hijo. Empezó a marearse aún más, sentía ganas de vomitar, todo le daba vueltas. Solo una persona podía acabar con ese infierno, cogió su móvil y marcó como pudo el teléfono de Emma rezando para que se lo cogiera y para no desmayarse antes.
Tras unos segundos de espera que le parecieron eternos, la dulce voz de su rubia sonó al otro lado de la línea.
-"Emma Swan al habla ¿Dígame?"
-Emma… lo va a matar…
No pudo oír si la rubia había escuchado sus palabras, no pudo escuchar nada más, dejó de escuchar el llanto ahogado de su hijo, todo se volvió negro y Regina cayó inconsciente en medio de un charco de su propia sangre. Su último pensamiento antes de que todo se volviese negro fue Emma, ella vendrá a salvarnos.
Emma conducía como una loca, gracias a la sirena del coche patrulla podía saltarse los semáforos y todas las normas de circulación. En su mente una sola idea, una sola obsesión, Regina estaba en peligro, Henry estaba en peligro y ella no podía llegar tarde, no podía perderlos.
Nunca en toda su vida había estado tan aterrada, no dejaba de darle vueltas en la cabeza, qué diablos habría hecho Regina para meterse en esa situación, quizá Leo las había descubierto, quizá todo era culpa suya, esa idea la estaba matando.
Llegó a la calle Mifflin, a la mansión blanca, al mismísimo infierno, rezando para que no fuera demasiado tarde. Advirtió a August que estaban a punto de entrar a la fuerza en la propiedad del dueño de media ciudad, si ella caía en desgracia por ese asunto no quería llevarse por delante la carrera de su amigo, este le hizo una seña de asentimiento con la cabeza, dándole a entender que estaban juntos en ese asunto, que no la iba a dejar sola, desenfundando sus armas reglamentarias se acercaron a la puerta, buscando un motivo para entrar.
Agudizando el oído no podían escuchar nada, demasiado silencio, quizá llegaban tarde… Emma estaba a punto de colapsar cuando de pronto escucharon el llanto de un niño dentro de la casa, el llanto de Henry.
Emma no pudo esperar más, con eso tenía suficiente, le daba igual su trabajo, su propia vida, todo le daba igual. No iba a permitir que Henry o Regina salieran heridos. De una patada derribó la puerta y entraron al infierno, con arma en mano, buscando a los habitantes de la casa. No había rastro de Regina por ninguna parte pero sí que se oía a Henry llorar y a Leo gritar, le estaba gritando a su hijo que todo era culpa de Regina por ser una puta, que le iba a quitar lo que más quería. Los gritos provenías de la salita así que ahí fue la rubia, seguida de su compañero, con el corazón en un puño se acercaron a las voces y cuando llegaron, ambos quedaron helados ante el horror de la escena que contemplaban.
Henry estaba llorando en un rincón, mirando a su padre aterrorizado, y pidiendo por su madre, si estaba bien. Leo estaba frente a su hijo, con una mueca diabólica en el rostro y en sus manos una pistola, pistola que apuntaba directamente a Henry.
