Capítulo 10: Purple rain, Prince
A Dave le encantaban los sonidos que hacía Kurt en la cama, adoraba que gimiera, jadeara y gruñera. Que le abriera más las piernas para que Dave se moviera más rápido. Hubo un tiempo en el que se preguntaba si era muy importante eso de ser activo o pasivo. Luego aprendió que eso eran cosas internas de cada pareja y de cada momento. Más tarde descubrió que había personas a las que no les gustaba cambiar y al final… Al final conoció a Kurt Hummel, que de pasivo no tenía… nada. Aunque siempre tomara su polla en ese delicioso culo, Kurt era otra cosa.
Kurt le hacía ver estrellas mientras estaba abajo, arriba, a la izquierda, a la derecha, frotándose, masturbándole, chupándosela o comiéndole el culo para luego decirle fóllame, Karofsky. Recordar esa cara de pervertido hizo que Dave se excitara más y empezará a embestir a Kurt con más fuerza. Hummel gimió fuerte y movió las piernas para colocarlas sobre los hombros de Dave. Kurt sabía lo que quería y cómo lo quería. El cabezal de la cama rebotaba contra la pared con violencia. Dave gemía con la boca sobre la de Kurt, los ojos cerrados y el puño envolviendo la goteante erección de su amante.
—¡DAVID! —La voz de Azimio le quitó un poco de concentración pero bastó un movimiento de cadera para que regresará a lo que estaba, que era follando a Kurt de lo lindo.
—Es Az… —jadeó cogiendo ambas manos de Kurt con su mano derecha.
—Si te detienes te cierro las piernas por lo que resta de semana.
Kurt cerró los ojos. Dave estaba seguro de que le faltaba casi nada para llegar. Obligó a su cuerpo a ir más allá de todo lo que había experimentado y darle duro hasta que sintió el líquido espeso y tibio en la mano. Grabó en su mente el gemido gutural de Kurt y luego le dio una profunda embestida mientras se corría esperando que no se le fuera la vida en el orgasmo.
—¡DAVID PAUL KAROFSKY! —Azimio estaba cada vez más cerca.
Dave besó el hombro de Kurt, cogió su bata, se levantó y tiró el preservativo al cesto. Entreabrió la puerta de la habitación y miró a Az.
—¿Qué pasa, tío? —Az elevó una ceja y lo observó de arriba a abajo.
—Tienes tres días sin aparecerte por la oficina, estaba preocupado. —Dave asintió. Tenía la boca seca y el sudor aún lo perlaba—. Tienes que ir mañana. Hay que firmar con LG. —Asintió de nuevo—. ¡Que tiene que ir mañana, Hummel! ¡Tiene que firmar un contrato que lo hará tres veces más rico! —Dave puso los ojos en blanco y Azimio bufó—. Y tengo una plática pendiente contigo.
Dave cerró la puerta cuando su amigo se fue, se quitó la bata y regresó a la cama para abrazar a Kurt y besarle.
—Lo siento —se disculpó Dave. Kurt negó.
—Azimio tiene razón. Tenemos tres días sin salir de casa, sólo me has dejado ir a mi taller y después de regreso aquí. —Dave se encogió de hombros—. Mañana te me vistes y te vas a la oficina. —Dave asintió sin más remedio.
—¿Quieres salir a comer? —Kurt enarcó una ceja—. ¿Qué? No quiero que pienses que te he secuestrado o algo así. —Le besó de nuevo y salió de la cama—. Me daré una ducha mientras tú piensas de qué tienes ganas.
Kurt rodó por toda la cama después de que Dave se fue. Habían estado follando mañana, tarde y noche y todo ese tiempo Kurt había acallado su mente para no pensar en Blaine. Pero conforme se acercaba el final de los talleres, Kurt se quedaba sin tiempo para dejar de pensar. Iba a regresar a Nueva York en tres días más y tenía que empezar a pensar qué era lo que estaba haciendo con Dave exactamente. Y entonces sentía de nuevo ese terror que le recorría el cuerpo cuando no tenía su mente ocupada en las conversaciones con David, en los silencios con David, en follar con David.
Dave salió de la ducha y le arrojó una toalla de forma juguetona. Kurt sonrió porque el sólo gesto le había despistado la mente por un segundo.
—¿De qué tienes ganas? —Kurt saltó de la cama y besó a David y enredó los brazos en su cuello.
—Italiana…
—Pasta será. —Kurt se desenredó de David y le dio una nalgada.
—Me daré una ducha… —Sonrió pero por dentro esperaba que el agua le ayudara a pensar un poco más.
Kurt caminó aprisa por el largo pasillo del hotel que llevaba a su habitación. Tenía que recoger unas cosas que había olvidado, ir a la universidad y luego volver con David. Sería un día largo y quería aprovechar el tiempo que le quedaba en Los Ángeles. Iba a coger su llave cuando vio la puerta entreabierta y agudizó el oído intentando oír algo. Entró sin hacer ningún ruido y escuchó la voz de Blaine.
—No, Sam, aún no ha llegado. Sé que tengo toda la maldita noche esperándole y no me importa. —Hubo un silencio y casi podía escuchar la voz de Sam diciéndole que estaba loco, que tenía que hacer algo—. Quiero salvar mi relación con Kurt. ¿No lo entiendes? Le adoro y si para quedarme con él me tengo que volver ciego, sordo y mudo, lo haré. ¿Me entiendes?
Kurt se apoyó contra la pared al escuchar eso, el aire de sus pulmones se escapó y sólo pudo pensar en recomponerse pronto para hablar con Blaine. Se tomó varios segundos para recuperar la cabeza y poder respirar normalmente. Salió de su escondite y Blaine lo vio.
—Kurt… —La sonrisa de Blaine le heló—. Hola… —Blaine fue hacia él, lo abrazó y lo llevó de la mano hacia la cama—. Siento no haber avisado que venía para acá.
—Yo… —No sabía cómo explicarle dónde había estado y por qué no había pasado la noche en su habitación.
—Debiste salir muy temprano hoy, ¿cierto? —Kurt negó—. Acabo de llegar hace un segundo y… —Blaine tragó saliva—. Estoy tan feliz de verte… —Quiso besarle pero Kurt no podía—. Creo que puedo ayudarte con el taller de hoy. —Blaine sonrió y le abrazó—. Vamos al taller. Al salir podemos ir a comer por ahí, caminar, hablar... ¿Recuerdas cuando queríamos venir a L.A. y caminar por el Teatro Kodak. —Kurt negó—. Bueno, no importa, vamos al taller… —Blaine se levantó y Kurt sentía que se quemaba por dentro.
—Blaine… He estado… —Blaine se tensó.
—Cállate, Kurt. No quiero saberlo. —Kurt se levantó.
—Tienes que saberlo. He estado con David, me he quedado con David toda…
—¡Que no quiero saberlo! ¡Calla! Por favor… —Blaine tenía los ojos inundados en lágrimas—. ¿Qué nos pasó, Kurt? ¿Fue en Las Vegas? —Kurt negó—. ¿Entonces?
—No sé… Creo que fue todo. Callar ciertas cosas, pensar como uno cuando somos dos, las grandes similitudes pero también las grandes diferencias, poder ser con él como no puedo ser contigo…
—Puedo arreglarlo, Kurt. Sé que puedo. Dame una oportunidad. No puedes dejar nuestra vida, nuestros años juntos y nuestra forma de complementarnos sólo por esto. Puedo ser diferente. —Blaine le cogió de las manos y lo miró a los ojos—. Te amo, aún te amo y quiero salvar lo nuestro. Por favor, quédate… Quédate conmigo y dame una oportunidad para demostrarte que las cosas pueden ser diferentes entre tú y yo.
Dave preparó el fuego, colocó la botella en la mesa de centro y reacomodó los platillos. Kurt debía llegar en cinco minutos, puntual a la cita, como siempre. Y ese día iba a ser especial porque Dave quería hablar de ellos, de lo que iba a pasar y de lo que Dave quería que pasara. Vio las luces del coche y esperó a Kurt en la puerta. Cuando abrió no hubo beso de saludo, no hubo sonrisa y Dave pudo sentir el peso sobre los hombros de Kurt.
—¿Qué ha pasado? ¿Está todo bien?
—Tenemos que hablar, David. —Dave asintió caminando con Kurt—. Se ha terminado. No nos veremos más. —Dave rió como si Kurt hubiese dicho un absurdo.
—Pero Kurt, nosotros…
—No hay ningún nosotros, David. Nunca lo hubo. —Dave boqueó y negó.
—Pero nosotros nos amamos. Yo te amo…
—¡No… —gritó Kurt—. ¿Te dije que te amaba? —Dave lo miró desesperado sin saber de qué iba todo eso—. Nunca te he amado. Te di piel y tiempo pero no te di mis sentimientos. —Dave perdió el aire en ese segundo—. No seas tan crédulo, David. Yo tengo una historia que no está aquí. —Las lágrimas corrieron por las mejillas de Dave—. Me voy. Puedes hacer con mis cosas lo que quieras. Los talleres cierran mañana y no pienso quedarme en L.A.
Dave vio a Kurt salir de su casa mientras intentaba recuperarse, recuperar el aire y dejar de boquear. Cerró los ojos intentando olvidar todo aquello. Kurt, afuera, se tragaba el dolor y el llanto. No subió al coche de David, caminó por el sendero que lo llevaba a la calle abrazándose a sí mismo y repitiéndose que era lo mejor para los tres.
Cuando Dave pudo reaccionar no sabía cuánto tiempo había pasado. Salió de su casa, subió al coche y le dijo al chofer que le llevara al aeropuerto. Hizo tres llamadas, una al aeropuerto para que le tuvieran listo su avión, otra a su piloto porque lo quería en el aeropuerto y una más a Az para decirle que se largaba de L.A. y que no preguntara porque no le iba a decir nada.
Dave llegó al aeropuerto y sólo espero a que sacaran su avión para subirse en él y esperar el despegue. Sin embargo, unos minutos después apareció la imponte figura de Azimio Adams.
—¿Qué haces aquí? Te dije que me largaba. —Azimio lo observó con tal indiferencia que Dave se sintió ofendido.
—Cobarde. —Dave se levantó furioso—. ¿Qué? ¿Te ofende? Porque eso es lo que eres, un cobarde. Mírate, huyendo de nuevo porque Hummel y su remilgado culo te han partido el corazón de nuevo.
—No te permito…
—¿Qué? ¿Qué hable mal de Hummel? Por favor. Eres un cobarde que se encierra en su avión porque no puede soportar lo que pasa a su alrededor. Te has pasado la vida huyendo. Kurt te rompe el corazón y te vas. Dejaste Lima y no quieres regresar porque te aterroriza reencontrarte con el Dave que dejaste allá, con ese niño asustadizo, con ese adolescente temeroso de lo que era. El gran hombre de negocios, el exitoso empresario, el gran conquistador tiene miedo de volver a ver a su madre y de enfrentarse al pasado porque le duele, porque le lastima y porque te dejó una marca en el alma.
Dave volvió a su asiento con las palabras de Azimio martilleándole el alma.
—Es cierto. Estoy huyendo de nuevo. —Azimio se sentó a su lado—. No pude pensar en otra cosa cuando Kurt se fue.
—Debes de empezar a hacerlo. Si Hummel y su culo plano no son para ti, tienes que superarlo como sea pero no huyendo de tu casa y de tus amigos. Tienes una vida, Dave, y esa vida nada tiene que ver con si te estás parchando el culo de Hummel o no.
—No sé qué hacer, Az… —Adams le golpeó amistosamente la pierna.
—Arregla el pasado. No huyas de él. Aún puedes evitar que la empacadora de Lima se vaya a la huelga. Sólo tenemos que volar ahora mismo para allá. —Dave se lo pensó y luego asintió.
—Se hará lo que me digas, amigo.
Azimio sonrió y llamó al capitán. Dave tomó aire profundamente y empezó a prepararse para encontrarse con su pasado.
Bueno, como ven en este capítulo el único que no llora es Azimio pero ese no llora con nada normalmente, so...
Me encantó escribir este capítulo, por mucho, mi favorito en La Propuesta porque toma todas la decisiones equivocadas y las deja caer por su propio peso.
La canción que le da nombre... un lujo. Winter se nos lucio todo el fic y no saben como le agradezco que tuviera esa idea.
Ahora, a ustedes les toca comentarme, decirme quien sufre más y porque.
Un abrazote.
