CAPÍTULO X: DESAPARECIDOS
— Es bastante aburrido estar aquí esperando — se quejó Hikaru.
"Hikaru no cambiará nunca" pensó Yuna. Se encontraban en el jardín del Palacio del Señor Feudal esperando a que terminara la reunión entre el Señor Feudal y sus consejeros. Naruto había partido a Iwagakure para asistir al velorio del Tsuchikage. Les había dejado al cargo de Kakashi y la misión que les había asignado su maestro era la de custodiar en todo momento al Señor Feudal.
Sin embargo, en el interior de aquella torre donde estaba teniendo lugar el encuentro no había lugar para tres niños. Los tres estaban sentados mirando hacia el estanque, la única fuente de entretenimiento y emplear la palabra entretenimiento era ser muy generoso con algo tan carente de vitalidad y de energía.
Sin embargo, a diferencia de Hikaru, Sora y ella mantenían la compostura y no lo expresaba. Quizás, de los tres, fuera Sora el que más maduro fuer al cumplir con su cometido sin rechistar.
A Yuna le provocaba la misma reacción que a Hikaru, aunque entendía que estaban vigilando, quizás no muy diligentemente si se tenía en cuenta que en aquellos momentos estaba pensando más en ella que en su misión. Comprendía que se trataba de algo realmente importante y que requería discreción. Lo que no terminaba de encajar era el aburrimiento.
Nunca se le había mentido sobre sus orígenes. Aunque la joven gennin se sentía una más de Konoha y aquél era su hogar, ella había nacido en otro sitio, sitio que no recordaba. Según le había contado su padre, que no era el mismo padre que la había visto nacer, la trajeron de una aldea destruida por una organización criminal llamada Shuha. Izumo se llamaba tal lugar. Había averiguado poco, descontando lo que Naruto y su padre le habían contado.
Su padre era el mejor padre que podía haber tenido y Yuna se enorgullecía de poder decir que tenía dos padres: el que la vio nacer y el que la había criado. Sin embargo, también tenían un lugar muy especial Naruto—sensei y su esposa, Sakura—hime. Ambos siempre la habían tratado con el mismo cariño que con el que tratarían a sus hijos y eso había hecho que fuera feliz. Yuna recordaba haber pasado una época de angustia y tristeza cuando descubrió sus orígenes. Fueron Naruto y Sakura los que respondieron a sus preguntas y le enseñaron que para no desaprovechar el sacrificio de su gente y de su familia, debía vivir la vida intensamente por ella misma y por todos los que murieron. Aquellas palabras siempre la habían hecho motivarse y avanzar. Siempre que había flaqueado estaban allí: Naruto o Sakura para recordarle esas palabras.
"Este Naruto y el maestro con el que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo son muy diferentes" observó la chica. Naruto siempre era gentil y bueno con ella. Siempre estaba de buen humor, procuraba enseñarle todo cuanto sabía y cuanto podía aprender y se preocupaba por verla feliz. Sin embargo, aquellos días estaba muy atareado, casi se le había olvidado que tenía alumnos, y aquello era algo que le dolía.
No sabía exactamente cuándo y si era producto de la admiración tan grande que sentía por el Nanadaime Hokage, pero un día Yuna se sorprendió cantando sola por la casa, con que comía menos que de costumbre y cuando nadie le decía nada se podía pasar horas pensando en Naruto sin darse cuenta del tiempo que transcurría mientras lo hacía. Supo por sus compañeras de clase que esa sensación de tener mariposas en el estomago era lo que se llamaba enamorarse. No era que estuviera ciega y no viese que era imposible, pero la admiración que sentía por él era tan grande que no podía evitarlo.
—¿No crees que esto es un auténtico fastidio, Sora?
—La verdad es que sí que es aburrido, pero recuerda lo que dijo nuestro sensei, debíamos quedarnso a esperar y a vigilar… y ni tú ni Yuna—san lo estáis haciendo precisamente bien.
—¡Oh!, qué ataque más gratuito – le respondió Hikaru haciéndose el indignado.
—No tienes remedio, Hikaru—le respondió desviando la mirada, e intentando no sonreír.
—"No tienes remedio, Hikaru"—le imitó.
"Es que son tan niños" pensó ella.
—¿No creéis que esta misión está siendo realmente mala? Es que prefería rescatar al maldito gato Tora que siempre rescatan, al menos, una vez todos los gennin.
—Ya lo hicimos. Cuatro veces, de hecho – apuntó Sora – Creo que Konoha debe pagarle algo a la propietaria del gato para que los gennin practiquemos – reconoció divertido.
Hikaru y Yuna le miraron sorprendidos por la chanza. El joven se puso colorado, dando algo de color a su pálida piel. Sora se había ganado el apodo del "emo" en la Academia dada su actitud distante y a que siempre vestía de negro, con el único toque de color de una especie de capa morada. Para tener trece años en ese aspecto era muy maduro. Yuna apostaba a que le gustaba el rock.
—Vaya, esto sí que es insólito… Aunque también pienso como Sora, ese gato debe ser inmortal – reconoció Hikaru riéndose. De los tres era el más alegre y jovial. Sakura le había comentado que tenía un carácter muy similar al de Naruto antes de convertirse en Hokage.
—Pues a mí, la misión que más me gustó – comenzó a decir Hikaru— fue cuando viajamos con Naruto—sensei al País de las Aguas Termales. Cuántos baños y… cuántas chicas.
—Eres un maldito pervertido.
—Lo dice la que no babeó viendo a Naruto—sensei en paños menores — Hikaru tembló al decir aquello.
Yuna apretó los labios. Conocían bien la dinámica. La chica le propinó un guantazo con toda su fuerza. Lo cierto es que eso era impropio de una señorita, pero las grandes kunoichis de las que había oído hablar: la Godaime Hokage o Sakura—hime siempre habían sido así. Se decía del legendario Jiraiya—sama, que sacrificó su vida para detener al villano Pain, que sólo había sido herido dos veces en su vida: una de ellas había sido la propia Tsunade.
Sora se rió al verles.
—¿Te parece divertido?
—No, no, claro que no— negó ágilmente con la cabeza.
—Eres una mala bestia, Yuna-chan— comentó dolorido Hikaru.
—¿Os acordáis de nuestra primera misión de rango C?—preguntó Sora divertido.
Yuna le sonrió. Empezaba a sentir afecto por Sora, a pesar de su discreta actitud se estaba convirtiendo en un gran amigo… Lo único que Yuna no sabía es que al igual que tantos años atrás un chico que portaba un zorro de nueve colas en su interior se había enamorado de una chica que no le prestaba atención, Sora estaba dispuesto a ahcer cualquier cosa por ella.
—Sí, sí que recuerdo bien aquella misión…
* * * Flashback Un mes antes
Naruto y sus tres aprendices volvían de una misión. Ésta no había sido una gran tarea pues era una misión de rango C, después meses de misiones de rango D, consistente en dar escolta a un rico comerciante que asustado por los ladrones había contratado los servicios de Konoha.
—Ésta no es una misión para los alumnos del Nanadaime Hokage—se quejó Hikaru al conocerla; a lo que Naruto le respondió con un capón en la cabeza obteniendo como reacción otra queja de Hikaru.
Tan sólo habían tenido un pequeño encontronazo con unos ninjas contratados por un enemigo comercial del dueño, pero no había sido una gran pelea. Sin embargo, a pesar de que los enemigos habían sido fáciles de derrotar, Hikaru había demostrado tener escasa capacidad de reacción de no ser por las órdenes de Sora o las suyas propias. Era muy avispado y astuto pero no prestaba atención y no se tomaba los trabajos en serio.
Naruto veía reflexionando a cerca de qué hacer al respecto. Sora era muy poderoso y ese poder no lo convertía en alguien que se creyera mejor que nadie. Yuna era quizás la más centrada, pero sin embargo tenía dos problemas, su indecisión y otro que Naruto no alcanzaba a comprender: cada vez que le hablaba se quedaba callada y se sonrojaba. El Hokage suspiró, incluso ya a los doce años las mujeres eran complicadas.
Hikaru venía cojeando pues en mitad de la pelea había tropezado y había caído rodando por una ladera lastimándose un tobillo. El Jinchūriki estaba preocupado por él, más que por los otros y así se lo decía. El sensei era un gran shinobbi, gracias a él habían ganado la guerra, pero era un mejor profesor. Sabía recompensarlos cuando era necesario pero sus reprimendas eran bastante duras, algo que nadie que hubiera conocido al hiperactivo niño que fue podría creer posible. Queria lo mejor para ellos, de eso no había duda.
—Eres más desordenado y menos atento que yo cuando tenía tu edad. Yo era un mal estudiante pero es que tú, Hikaru, pasas de todo, dattebayo.
Se suponía que el clan Momotori era un clan cuya mejor técnica se basaba en los genjutsus, Hikaru era muy torpe. Tenía agallas e ingenio, cualidades que Naruto siempre se preocupaba por potenciar pero nunca le prestaba la suficiente atención para ponerle remedio. Naruto siempre se quejaba de él diciéndole que no sabía qué hacer para que se lo tomara en serio.
Yuna era bastante dura, más aún que Naruto. Si Hikaru no quería hacer nada que los dejara solos. Ya les había puesto en riesgo por su actitud. No podía evitar que era un gran compañero y que se había lanzado a protegerlos (o intentarlo), suyas eran ideas realmente originales y que sorprendían al propio Naruto, de quien se decía que era muy astuto en el combate, pero no se centraba.
Hikaru había sido el chico con las calificaciones más bajas de graduación, al igual que en su día el Séptimo Hokage, pero lo que Naruto no comprendía era el porqué de la semejanza. Él no había tenido familia y todos lo habían repudiado por llevar al Kyuubi mientras que Hikaru tenía todo lo que él había deseado desde niño. Se rascó la cabeza mostrando sus preocupaciones a sus alumnos que ya le conocían lo suficiente como para saberlo.
Estos comenzaron a cuchichear mientras Naruto seguía recapacitando a cerca de lo que debía hacer para que mejoraran. Hikaru le dio un codazo a Sora:
—¿Qué le pasa a Naruto-sensei?
—Ni idea. Lleva así un rato.
—No seáis cotillas
—A lo mejor… está pensando en Sakura-hime—dijo alzando las cejas repetidamente Hikaru.
—No empieces, ya sabes qué Yuna escucha ese nombre y pierde los…
—¿Qué nombre?
—¿Por qué te enfada tanto escuchar el nombre de Sakura—hime? Es la esposa del sensei, divertida, inteligente, fuerte y hábil… y además tiene unos pechos muy monos…—su cara dibujó una expresión de perversión — no como tú, Yuna. Eres más sosa y bastante plana. Si no fuera porque soy tú amigo incluso diría que tienes más de chico que de chica – soltó Hikaru despreocupado
Sora comenzó a temblar cuando vio la cara de Yuna quien apretaba el puño con toda su fuerza.
— ¿Q-U-É H-A-S D-I-C-H-O?
—Yuna, sabes de sobra que eres poco femenina y mucho menos que Sakura-hime.
—¡MALDITO! ¡VAS A MORDER EL POLVO!– exclamó enfadada.
— Yuna—chan, eres bastante vehemente
Yuna le dio un golpe con tal fuerza a Hikaru que lo derribó al suelo. Se acercó a él y lo cogió por el forro de la chaqueta y comenzó a pegarle y gritarle inquiriendo que quién era él para decirle esas cosas.
—¡Sensei—clamó Sora a su maestro.
Sora conocía el mal genio que le provocaba a Yuna el hablar de otras mujeres y más aun que la compararan. Por lo que sabía que Hikaru sería un hombre afortunado si sobrevivía a la furia de la gennin. Naruto se dio la vuelta y corrió para pararlos.
—Ey, ¿qué está ocurriendo?
Naruto agarró a Yuna por la muñeca.
Cuando ésta se dio cuenta de quien la agarraba se puso muy colorada. Soltó a su víctima y siguió andando.
—¡¿Yuna-chan, dónde vas?! – la llamó Naruto. Cuando la chica escuchó aquello se quedó parada como si fuera una estatua, acto seguido se desmayó. Sora, Hikaru y Naruto se acercaron a ella. Estaba totalmente colorada y sudaba un montón.
Naruto la cogió en brazos y comentó:
—Con lo bien pagado que estaba ser solo Hokage, dattebayo… Esto de ser maestro no es nada fácil.
Los tres esperaron a que despertara hasta que tras unos minutos después volvió a abrir los ojos y lo primero que vio fue unos alegres ojos azules y una sonrisa. Ella se volvió a sonrojar.
Sora la ayudó a reclinarse.
—Se puede saber qué os pasa— interrogó enfadado el rubio.
—Veras sensei,—comenzó a decir Hikaru—es que estábamos hablando de Sakura-hime…
Naruto sonrío al oír aquello. Cuando les presentó a Sakura Hikaru le dijo: ¿puedo llamarte princesa pues pareces sacada de una leyenda? – y Yuna perdió los nervios. No podía evitar sentir esas emociones por Naruto. Quería mucho a Sakura, quien se comportaba como una madre con ella, pero cuando recordaba que estaba enamorada de Naruto y que él estaba casado no podía soportarlo.
— Ahora que lo pienso: ¿Yuna, por qué te pusiste así?
La pobre no respondió. Estaba muy abochornada. Naruto sabía el por qué pero prefería no darle importancia y hacerse el tonto. Yuna sabía que no era nada estúpido como para darse cuenta de elloCon mucha diplomacia resolvió.
—Es por qué estás cansada, ¿cierto Yuna—chan?
Ella asintió.
—Si no me equivoco, a un día de Konoha había un balneario. Creo que deberíamos pasar por ahí y así podremos estar juntos y formar un mejor equipo. Si no recuerdo mal, en menos de un rato, si nos desviamos al este, estaremos allí.
—Pero sensei, a mí sólo me gusta bañarme en baños mixtos.
—Sora quién le da ¿tú o yo? – preguntó Naruto riendo.
—Sensei, concédeme los honores.— se remangó la túnica y le propinó a Hikaru un buen capón.
—¿Pero qué he dicho? —Protestó
—Anda vamos.
En poco tiempo llegaron al balneario. En la recepción había una muchacha de la edad de Naruto. El sensei habló con ella y al cabo de un minuto regresó junto a sus alumnos.
—Ya está todo arreglado. Ahora id a tomad un buen baño pero a las ocho dirigíos a la habitación número nueve. Es la mía. Yo os daré las llaves de vuestras respectivas habitaciones.
—¿Qué vas a hacer, sensei? – le inquirió Sora.
—¿Yo? Darme un baño y tumbarme a dormir hasta las ocho.
—¿Puedo ir contigo?
—Por supuesto. Yo recomiendo que vayamos los tres pero si alguno quiere hacer otra cosa… no le voy a decir que no.
Yuna se marchó cogiendo la indumentaria necesaria. Se dirigió a las aguas de las mujeres. — Sabes Hikaru – La chica escuchó como Naruto se dirigió al chico que ya corría a la dirección equivocada — mi maestro, el legendario Sannin Jiraiya sólo estuvo al borde de la muerte en dos ocasiones. Una de ellas fue cuando intentó hacer lo mismo que ibas a hacer tú y la vieja Tsunade le propino una paliza de muerte. Me gustaría saber cómo reaccionaría Yuna.
Hikaru se quedó plantado y respondió:
—Creo que estar con mi sensei es más seguro.
Recogieron sus cosas y se metieron en los baños que estaban desiertos. Naruto se introdujo en el agua y soltó un gemido al notar como el agua caliente bañaba todos sus músculos. Yuna se ruborizó al escucharlo desde la otra piscina. Los chicos le imitaron pero comenzaron a jugar con el agua. "Chicos…" Aunque pronto empezó a escuchar a Naruto jugar con ellos. "Hombres" se corrigió.
Yuna pasó toda la tarde en las termas. Recordaba haber acudido en más de una ocasión junto con Sakura. A toda mujer le encantaba dejar que su cuerpo se relajara en aquellas aguas tan placenteras. El mayor inconveniente de ser la única mujer es que en aquel tipo de situaciones se perdía toda la diversión.
La chica se sumergió en el agua en numerosas ocasiones y tras hacerlo luego se dedicaba a cuidar de su pelo… "¿Cómo me decían? ¿Pelo de chicle?" creía recordar.
No era nada común un pelo de aquel color, de hecho, sólo los Haruno poseían aquel rasgo distintivo, lo que alguna vez le había hecho plentearle si no guardaban algún tipo de parentesco. Los niños solían ser crueles y cuando veían algo que se salía de lo normal unían fuerzas para intentar destruirlo.
Al principio no soportaba las constantes burlas y llegaron hasta tal punto que un día escapó del colegio. Tendría cinco años… Quizás seis. No quería volver a ir a la Academia. Ya no quería ser una kunoichi. Corría llorando intentando llegar a casa con to—chan. No llegó a su destino.
En mitad de la calle se chocó con Sakura y sin saber exactamente, por qué, la abrazó y se puso a llorar. Ambas tenían el pelo de ese color y a ella la respetaban. Y en aquel momento supo que quería ser como ella.
—¿Qué sucede, Yuna-chan?—Le preguntó con cariño devolviéndole el abrazo.— ¿No deberías estar en clase con Iruka-sensei?
Ella le contó todo aquel episodio y ella se agachó.
—¿A ti qué te parece mi pelo?
Yuna lo tocó con su pequeña mano y lo acarició. Sakura-hime tenía el pelo muy largo, tanto que cuando se agachó sus largos cabellos tocaron el suelo. Era suave y muy bonito. Así se lo dijo.
Sakura se rió.
—Eres la segunda persona a la que le gusta. La otra es nuestro Hokage. ¿Te parece que sea un chicle? No, ¿verdad?
La pequeña negó.
—De pequeña se reian mucho de mi frente.— La esposa de Naruto se apartó el flequillo – Por suerte para mí, hubo un chico al que siempre le gustó… Creo que no fue hasta hace tres años cuando empezó a gustarme a mí. Hasta el momento siempre había intentado ocultarla. La verdad, fui muy tonta… No vuelvas a sentirte mal por ser diferente, precisamente, es en la variedad donde está el gusto.
Yuna la abrazó y sintió como Sakura le devolvía el abrazo con cariño mientras acariciaba su cabecita. Desde entonces la parte que más le gustaba era su pelo que procuraba cuidar tan a menudo como podía. Desde aquel día no volvieron a reírse de ella. Básicamente porque se defendió con uñas y dientes, literalmente.
Tras un rato, Yuna salió de las aguas termales y tal como habían acordado se unió a Hikaru y Sora para buscar a Naruto. Lo que encontraron en la habitación era el mejor recuerdo que podían tener: una situación cómica
—Ohhh, Sakura—chan. ¿Qué quieres qué?—Naruto rió en sueños.—Bueno yo siempre te he querido Sakura-chan… Sakura-chan ohhhh por favor no hagas eso que…. ooooooooooooooooooooohhhhhhhhhhhh vale hazlo. Sakrua-chan.
—¿Cómo vamos a tomarlo en serio si hasta en sueños no para de pensar en lo mismo? — dijo Hikaru al resto observando como Naruto abrazaba la almohada.
Sora escuchaba con atención al contrario que Yuna que no quería ni oírlo. Eran las ocho de la tarde y los tres gennin se encontraban en la habitación nueve del hotel cómo les había indicado su sensei. Sin embargo este estaba más ocupado con otras cosas.
—¿Qué le estará haciendo Sakura—hime?—Preguntó interesado Sora, desconocedor de todo lo relacionado con las mujeres.
—¿Quieres saberlo, Sora? – Hikaru le puso una cara de pillo.
—Sí, sería muy interesante, a lo mejor Yuna podría hacernos lo… —respondió inocente.
Antes de que terminara, un buen golpe de Yuna le cortó. Hikaru tampoco se libró, e incluso el sensei iba a comprobar cuan celosa podía ser su alumna. Yuna abrió la puerta de golpe y antes de despertarlo fue al baño. Pasó por delante de Naruto quien había empezado a soltar unos extraños gemidos. "Oh, no, en mi cara no".
Abrió el grifo de caliente al máximo. Cogió un barreño de agua y lo lleno a más no poder. Repitió la operación con otro recipiente pero llenándolo de agua fría. Salió del cuarto de baño y miró a Naruto—sensei quien no paraba de besar la almohada diciendo:
—Me gusta tanto, Sakura—chan…
Yuna se puso muy roja, no de vergüenza sino de una mezcla de celos y reproche. Cogió el barreño de agua caliente y sin ninguna contemplación lo derramó a plomo en la entrepierna. La reacción no era de esperar. Naruto se despertó de golpe chillando de dolor llevándose la mano a la entrepierna mientras comenzó a gritar:
—¡QUEMA, QUEMA, QUEMA!
—Tranquilo sensei, yo haré que no queme—respondió malévolamente.
Con una mirada maliciosa, cogió el cubo de agua fría y lo derramó sin ningún miramiento sobre la entrepierna de Naruto quien al notar el contraste se quedó blanco, como si hubiera muerto, y sólo dijo:
—Mu…chas… gracias… Yuna-chan.
—De nada, sensei.
Sora y Hikaru estaban temblando. Yuna los miró y en su mirada vieron la de un demonio. Corrieron a ayudar a Naruto—sensei. Naruto cayó desmayado.
—Yuna, esa parte es muy delicada—le regañó Hikaru—y si no puede usarla nunca más con…
—¿CON?
—Nadie – se acobardó.
—No pasa nada. No sobreviví a una guerra para morir por un poco de agua—aunque su humeante entrepierna no decía lo mismo.
* * * Fin del flashback
La puerta de la torre se abrió y por ellas salió el Señor Fudal del Fuego seguido de su séquito. Rápidamente recobraron la compostura y se inclinaron. Esperaron a que pasara para seguir escoltándolo. Naruto también les había encargado que siguieran estudiando sus técnicas. Cada uno se intentaba especializar en un área, pero aquella misión consumía demasiado tiempo para ello.
—Niños… — empezó a decir uno de los aduladores del Señor Feudal.
—No somos niños, somos gennins de Konoha – le replicó Hikaru enfadado.
—Niños – repitió – Noticias preocupantes han llegado desde Iwagakure. Ha habido un atentado. No se sabe si hay heridos, pero Naruto-dono y su esposa se encontraban allí. Lo único que sabemos es que el Palacio del Tsuchikage voló por los aires y la gran roca qué era destruyó buena parte de la aldea ninja. Es voluntad del Señor Feudal que mandéis mensajeros a Konoha y a las otras aldeas. Es posible que todos sus líderes hayan fenecido.
—Sí… y eso sería una lástima—dijo el Señor Feudal—Ahora que estamos tan cerca…
A Yuna no se percató de que sonaba poco apesadumbrado, estaba alarmada.
—Vuestra Majestad—la niña se arrodilló por completo—¿no se sabe nada de Naruto—sensei y de Sakura—sama?
El soberano no respondió y siguió caminando.
Yuna se echó a llorar. Naruto y Sakura eran como su segundo padre y su madre. ¡No podía perderlos! Sora la cogió por los hombros diciéndole que estaba a su lado:
—Naruto-sensei ha sobrevivido. No te preocupes.
—¿Cómo lo sabes?
—Dijo que volvería, Yuna—chan. Él siempre se jacta de cumplir sus promesas— agregó Sora.
Pero Yuna conocía suficiente a Naruto cómo para saber que algo en él estaba cambiando y temía que fuera aquella parte de abnegación que a todos en Konoha y en todo el mundo inspiraba: su férrea voluntad de fuego y su testarudez para no cambiar su palabra.
¿Y si no volvía?
