Orgulloso, valiente, decidido, todo un Gryffindor. Todo un caballero. Y ella acababa de dudar de él, de su caballerosidad. No iba a permitírselo. Pero no iba a ser él quien se arrastrase, no, esta vez su orgullo se lo impedía. Maldito orgulloso. Le dolía pero por lo más sagrado que lo último que se reflejaría en su rostro sería el dolor de perderla, de que ella no confiara en él.

Rutina, maravillosa rutina y deberes para con su casa que le impedían tener que pensar en ella, que ocupaban su mente, alejándola de esos labios. No quería recordarla, no quería añorarla y mucho menos sentirse culpable por el lamentable estado de la chica.

Casi no comía, vagaba de una clase a otra, se pasaba el día encerrada en la biblioteca y si por ella fuera no saldría de allí. Las ojeras eran visibles sobre su blanca piel, hacía semanas que había dejado de intentar esconder ese aspecto de muerta viviente. Los labios resecos y los ojos sin brillo. Pero seguía temblando ante la sola mención del cazador de Gryffindor y era incapaz de levantar la mirada en su presencia. Y él era consciente.

Él podía ser Gryffindor y afrontar los problemas de cara, sin retroceder; pero ella no lo era, y maldita sea no era capaz de acercarse al moreno, mucho menos hablar con él. Y mientras tanto se consumía.

Solo tenía que seguir poniendo su orgullo por delante unos meses más. Dos, solo dos. Y ella desaparecería como todo lo que tuviera que ver con Hogwarts. No la volvería a ver y podría derrumbarse por fin y empezar a olvidarla. Él león que tenía dentro se debatía. Por un lado le dolía el orgullo, y eso era mucho, pero también quería marcar su territorio, poseerla y no dejarla marchar más. Rugía, cada vez que la veía rodeada de sus amigos. Malfoy y Albus. Albus y Malfoy. Apartaba la mirada dolido, como si lo estuviese traicionando, matando. Y en realidad eso era lo que pasaba. Se moría cada vez que la veía. Pequeña, indefensa, dolida y arrepentida. Echaba de menos esa risa que lo llenaba todo, esas sonrisas cómplices, los besos robados, sus ojos llenos de deseo…Pegó un puñetazo en la pared. La echaba de menos de una forma que dolía físicamente.