Primero que nada les pido disculpas de todo corazón, realmente no esperaba haberme ausentado por tanto tiempo, pero surgió un problema familiar que me quitó todo tiempo para continuar escribiendo y es así como no tenía nada que subir. Pero la tormenta ha pasado (Temporalmente) así que podré continuar escribiendo. Aquí les traigo la continuación y como disculpa un pequeño especial que se me dio por escribir desde ya hace bastante tiempo.

Lamento la espera y prometo ya no darme un hiatus sin haber avisado.

¡Los amo a todos aquellos que siguen continuando la historia!

Un escritor no es nada sin sus lectores.

Les agradezco los Reviews, y agradecería si dejaran uno.

Sin más Gracias por todo, los quiero.

!Gintama es propiedad de Sorachi-Sama y solo de el! Esto que escribo son puras fantasías inexistentes TTwTT. Todos vayan por un tazón de mayonesa y a leer;3

CAPITULO 8

Okita Pov

¿Así que él era el padre de mi china?

Un poco calvo pero parece agradable.

Segundos después de haberle dicho aquello se acercó rápidamente a mí, con pasos largos y fuertes, haciendo resonar la madera del piso.

Me tomó de la camiseta, alzándome del suelo por varios centímetros.

— ¿Qué dijiste?—Susurró y un escalofrió recorrió mi espalda. Aquel susurro había sido como una advertencia.

Una advertencia que decía claramente "Retráctate de tus palabras y tal vez salgas vivo"

Sin embargo no podía echarme para atrás.

Ella por fin era mía. Mi china. Mi novia.

—Que ella es mi novia y tú ahora eres mi papá. — Le reté con la mirada y no puedo negar que sudor frio comenzó a recorrer mi frente.

Él era peligroso.

Tanto o más que el hermano.

¿Con que familia me había metido?

Ah sí, una de chinos locos y fenómenos.

¡Bravo Okita, bravo!

—Mira, maldito hijo de tu…—Comenzó a maldecir el calvo hasta que una patada le golpeo la parte trasera de su cabeza, haciendo que sus manos me soltaran. Aterricé y observe por detrás de su hombro.

— ¡Viejo! Cállate de una puta vez-aru—Me defendió mi novia con unas cuantas venas saltadas, regañando a su padre con algunos golpes que hasta a mí me dolieron.

Nunca me cansaría de hablar de ella como mi novia.

— ¡Mi niña! ¡Tú no puedes tener novio!—Lloró su padre.

— ¿Según quién? ¿Según un viejo calvo-aru? Ni mierda. —Puso su pie encima de la cara del calvo y comenzó a restregarlo. El viejo solo lloró infantilmente mientras recitaba el nombre de su hija, quien poco le importaba la dignidad del hombre quien le dio la vida.

— ¡No me rendiré!— Dijo mi nuevo "papá" mientras me mandaba una mirada asesina a través del pie de Kagura, que seguía pisoteándolo sin remordimientos. — ¡Chicos como el son los que menos acepto! ¡Tú, mi querida y horrible alborotadora nunca te podrías conseguir a un bishōnen* como el! — Ante eso la china volvió a patearle incluso más fuerte.

— ¡Yo no soy fea, viejo calvo!— Buscó con su mirada a la chica rubia y cuando la vio, simplemente bajo la vista y observo lo que al parecer eran sus planos pechos. —Tsukky ¿Cómo te crecieron esas cosas? ¿Me tengo que poner melones?

Me carcajee por la increíble inocencia de mi chica plana favorita. La rubia se puso tan roja como tomate y entre balbuceos no pudo contestar.

De cierta manera el ambiente se había relajado, a excepción de que el padre de mi novia seguía enviándome aquellas miradas asesinas. Como recordando algo, dejó de mirarme para observar al jefe, quien con los ojos cerrados y las manos encima de sus oídos intentaba dormir.

— ¡Tu! ¡Se supone que mantendrías a Kagura lejos de todos los chicos!— Kagura dejó en paz a su padre y el calvo por fin se levantó del suelo, para ir a sentarse frente al jefe. El mencionado solo le miró con temor y una gotita de sudor resbaló de su frente.

—Yo… Ella es una adolescente ¿sabes? Tarde o temprano llegaría este día.

Y de repente una idea vino a mi mente.

Una idea que podría atormentar al jefe de la mejor manera posible.

Una pequeña venganza cortesía de mis celos.

—Jefe…-Llamé y ambos, el jefe y calvo voltearon alarmados por mi voz. — Si mal no recuerdo tú eras mi rival en el amor hace apenas un día… —Fingí cara de inocencia y continúe después de una pausa— Kagura me contó sobre todo lo que hicieron ese día cuando nos peleamos… y debo de decir que estoy celoso. — Mentira, Kagura nunca me contó sobre las cosas que habían pasado entre ella y el jefe, sin embargo tenemos toda una vida juntos, algún día me tendría que contar.

Intenté no reír con la reacción de todos. La china escupió el jugo que desde quien sabe cuándo estaba tomando, la rubia abrió los ojos de pura impresión y tomó un kunai que rápidamente lanzó a la cabeza del jefe, el jefe… se levantó rápidamente y corrió a la salida del cuarto aun con la cabeza sangrando, sin más, la reacción del calvo fue de lo mejor. Una repentina aura morada comenzó a salir de él, sonrió y lentamente se levantó para después ir a por el jefe.

Realmente era divertido molestar a toda la familia de la china. Nunca me cansaría de ver esas reacciones.

Fin Okita Pov

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—Te dije que no actuaras impulsivamente, Kamui. — Regañó el mayor de los Yato. —Ahora tendremos que atrasarnos solo porque el líder ni siquiera puede levantarse.

El chico de cabellos rojizos sonrió a su mano derecha y negó con la cabeza.

—Yo ya estoy bien, Abuto. — Intentó levantarse de la cama pero rápidamente se fue hacia abajo. Sus piernas temblaban y la herida en su costado se abrió de nuevo, manchando de rojo la camiseta blanca que traía puesta. —Hum… —Se quedó pensando unos momentos mientras miraba perdidamente hacia la nada. —Nunca me había pasado esto. No sé qué hacer. —Se dijo más así mismo que a Abuto.

— ¿Tan fuerte era el samurái?

—Algo así… pero también mi hermanita contribuyó a esto. Me dejo varios huesos rotos que me estorbaron en la pelea contra el samurái.

—Ya te había dicho yo que la estabas subestimando demasiado…

— ¿Sabes Abuto? Quiero a mi hermanita de vuelta. Pensándolo bien creo que sería mejor el que yo terminara con su formación… Ella me demostró la sangre Yato que corre por sus venas, si no fuera por las personas que últimamente la rodean ella sería prácticamente mi reflejo. Yo la quiero en mi ejército… —Ahora Kamui si se levantó de la cama sin caerse. Tomó un momento para poder adaptarse, pero sin más fue por su saco que colgaba del sillón y se lo puso. —Tenemos que irnos, ya luego vendré por ella.

— ¿Y por qué no ahora?

Kamui se volteó y susurró.

—Porque papá está de visita, y creo que tendré que soportar un gran sermón familiar.

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Los días después de ese pasaron rápidamente, Okita Sougo se lamentaba el no haber ayudado a Gintoki por el simple hecho de que Kagura se la pasaba todo el día a su lado, preocupada por su estado, atendiéndole en lo más mínimo, pero aun así dándole el apoyo moral que necesitaba.

Otras personas que tampoco se alejaban del yorozuya eran Tsukuyo y Umibozu. La primera simplemente porque no podía estar en paz sabiendo que el de cabellera plateada estaba sumamente lastimado y probablemente necesitaba que alguien cuidara de él; Obviamente Kagura no podía ser esa persona. Y el segundo… estaba tomando su "rol de padre", ya que el incidente de Gintoki y su hija le había tomado desprevenido.

—Papá, necesito hablar con usted. —Anunció Okita desde la puerta en donde se encontraba recargado. Umibozu lo miró mal, pero dejo lo que estaba haciendo y siguió al castaño, quien ya había comenzado a caminar fuera del yorozuya.

—Te he dicho, chiquillo de mierda que no me llames papá, aun no acepto lo suyo. —Contesto el hombre mayor.

Ya cuando acordaban estaban en el bar de Otose en la planta baja del yorozuya. Okita entró y Umibozu no se quedó atrás. Se sentaron en unas bancas frente a la barra y la vieja Otose los atendió.

—Es raro verte por aquí, niño del shinsengumi. —Dijo en forma de saludo. — ¿Y usted quién es?

—Es el padre de la china. —Contesto por él Okita. —Sírvenos un poco de sake. —Miró a Umibozu y sonrió de lado. — Yo invito.

Ya con sus pequeños vasos de sake a la mano, Umibozu pronunció las primeras palabras desde que entró a aquel lugar.

— ¿Qué quieres? Si crees que me ganaras con esto, eres más estúpido de lo que pensé.

Okita le miró en silencio, acercó a sus labios y bebió un pequeño trago de alcohol justo antes de contestar. Pareciera que algo importante estaba a punto de ser descubierto por la increíble tensión del ambiente.

—Su hija parece un marimacho…—Ante esto Umibozu le propino un buen golpe en la cabeza al castaño, y esté termino clavado en la barra rodeado de su propia sangre. —Déjeme terminar de hablar…—Dijo en un susurro mientras con una servilleta limpiaba su sangre y se incorporaba para volver a tomar palabra. —Y también puede ser asquerosa. —La acción se repitió pero ahora Okita cayó al suelo. Umibozu siguió bebiendo mientras actuaba como si él no hubiera sido el que había dejado en aquel estado al sádico. — Pero ella es la mujer más hermosa que mis ojos pueden ver.

El padre de la china le miró seriamente, buscando en la mirada del castaño algo que pueda ser algún atisbo de mentira en sus palabras. Enfureció consigo mismo cuando no encontró nada más que simples palabras sinceras.

—No creo que puedas soportar la sangre que corre por sus venas. Algún día ella despertara y tú no podrás hacer nada.

— ¿Y usted como lo sabe? ¿Acaso también ve el futuro?

—Si ni siquiera tienes el poder para derrotar a Kamui, dudo mucho que lo tengas para protegerla de ella misma.

—No soy débil. —El sádico respondió con voz seca. —Puedo pelear a la par con el jefe.

—Pero no eres nada contra la sangre Yato. Solo ríndete de una vez, chiquillo.

Okita se levantó de la silla haciendo un fuerte ruido al posar sus manos en la barra. El enojo que le inundaba no se podía describir. Él quería que el padre de su novia le aceptara y haría cualquier cosa para eso.

—Si logro derrotar a su hijo ¿Me ganaría su respeto?

Umibozu le miró de pies a cabeza, después cerró sus ojos en reflexión. Segundos después se levantó del asiento para ir caminando hacia la puerta no sin antes de acabar con su sake y agradecer a Otose con una sonrisa.

—Eso es imposible, chiquillo. Tú no podrías hacerle algún rasguño en estos momentos.

Ante esto el viejo se marchó y Okita se dejó caer de nuevo en la silla, extendió su mano con el vaso vacío a Otose y ella le sirvió más de aquel líquido embriagador.

— ¿Por qué…? —Se preguntó a si mismo mientras escondía su cabeza en sus brazos.

Nunca le habían humillado tanto. El sentía su orgullo en el suelo y la dignidad completamente destrozada.

Nunca le habían llamado débil, más bien era llamado prodigio.

Él no era apto para proteger a Kagura.

—No sabía que tú y Kagura estaban juntos. —Contestó la vieja, acercándose a él desde el otro lado de la barra. — Y suponiendo lo que acaba de pasar… creo que tú vas en serio, muchacho.

—Yo voy en serio. — Respondió.

—Si es así… ¿Sabes? No debes de darte por vencido simplemente por algunas palabras, demuéstrale a su padre que puedes hacer sobrepasar las expectativas. Hazte más fuerte, pero por más que lo ansíes, nunca dejes sola a Kagura. Conociéndola ella debe de estar sumamente encaprichada contigo.

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Y una chica pelirroja lanzaba rápidos golpes al aire con alguna que otra patada. Su respiración agitada demostraba lo cansada que estaba.

Por su mente solo pasaba una cosa. El rostro de su hermano, sonriéndole con ignorancia.

— ¡Kamui!—Rugió antes de lanzar una combinación de patadas.

Ella más que enojada con Kamui lo estaba con ella misma.

Ella era débil. Se dejaba controlar por su sangre y eso era lo peor, era hasta repugnante.

Tenía que entrenar y hacerse fuerte, aprender a domar la sangre Yato, domesticarla para poder usarla a su antojo sin que en el intento pierda la cordura.

Por su culpa Gintoki estaba malherido, y próximamente seguiría su nueva persona especial… sin embargo cuando el momento llegue ella será más fuerte, podrá defenderlo de Kamui.

Estaba tan sumergida en sus pensamientos que una persona le golpeó fuertemente detrás de la nuca, Kagura salió disparada centímetros hacia adelante y con rabia se volvió hacia esa persona que le había golpeado. Pero no esperó encontrarse con su padre.

—Lenta. Eres lenta, Kamui tendría más de cien aberturas para dejarte inconsciente en este mismo momento.

Con enfado Kagura se impulsó con el pie derecho y lanzó un golpe, llevaba tanta fuerza que en donde segundos antes había pisado la tierra estaba centímetros sumergida. Sin embargo Umibozu detuvo el golpe con una sola mano, para después con su otra mano tomar a Kagura del cabello y estrellarla contra su frente. Sangre comenzó a brotar de la frente de la chica, quien seguía sin apartar la mirada de su padre.

— ¡No me compares, viejo!

Y la china carraspeó en su garganta, para después soltarle un gargajo a su padre en la cara, esto ocasionó que el gran Umibozu soltará a Kagura y la mirara con asco.

— ¿Qué te pas…?

El hombre no terminó de hablar pues ahora había recibido una buena patada en el costado derecho. Kagura le sonrió con picardía.

— ¡Yo peleo a mi manera! ¡Y a mi manera derrotare a Kamui!

El padre observó a su hija con seriedad, y sumergido en pensamientos se preguntó si sería lo indicado enseñarle aquello que Kamui dejó pendiente en sus entrenamientos cuando entrenaba con él. La gran técnica Yato que fue pasada de generación en generación.

—Kagura. ¿Qué harías si tuvieras el poder que tanto deseas en estos momentos? —Pregunta esperando ansioso la respuesta de su hija.

—Proteger a mis seres queridos.

—Kagura…—Empezó a hablar Umibozu, sin embargo no esperó la interrupción de su hija.

—No necesito tu ayuda… Yo creare mi propio camino e intentare traer de vuelta a mi hermano Kamui… no al estúpido que se deja llevar por su sangre.

Porque aunque Kamui haya hecho daño a las personas que más apreciaba seguía siendo su hermano. Aquel que la cuidaba cuando se enfermaba, era esa persona con quien peleaba cuando se sentía frustrada, alguien que siempre estuvo a su lado en los momentos más cruciales de su infancia, sin embargo desapareció cuando más le necesitaba.

El padre de la china se quedó en silencio, mirando con admiración a su hija ¿Hace cuánto había madurado tanto? Una sonrisa se curvó en sus labios, después agradecería a su tutor sustituto, porque aun sin su verdadero padre cuidándola había otro, que la había encaminado por muy buen camino, uno lejos de los instintos que regía su raza.

—Kagura, yo ya me voy, venía a despedirme. —Anuncia, haciendo que Kagura se volteara a mirarle con asombro.

— ¿Qué? ¡Pero acabas de llegar!

—He dejado de sentir la presencia de tu hermano, seguro y ya se fue de aquí… y tengo que encontrarlo antes de que haga otra locura.

El aire acaricia la piel de Kagura, haciendo que su cabello suelto dance al compás de la brisa. Por un momento deseo detener a su padre, pero ya no podía comportarse como una niña, él tenía una vida, ella otra, sus caminos se habían separado hace mucho tiempo, su situación no era muy diferente a la que tenía con su hermano. Esa familia se había desintegrado hace ya bastantes años y no se podía hacer nada más que velar porque algún día llegaran a reunirse sin matarse los unos a los otros.

—Que te vaya bien, viejo calvo. —Y comienza a golpear en el aire de nuevo, practicando su táctica de combate cuerpo a cuerpo.

Umibozu la ve en silencio, se giró sobre sus talones y se disponía a alejarse sin embargo sus instintos de padre le hicieron voltear y gritarle aquello que se tenía guardado desde que había llegado.

—Te amo, hija estúpida, lamento por no ser un padre digno de ti.

Kagura dejó de golpear y buscó con su mirada al viejo, sin embargo no le encontró, una pequeña lágrima resbalo por su mejilla y con melancolía alzó la vista al cielo, quien ya se encontraba naranja, haciendo notar que faltaba poco para que la luna se hiciera notar.

—Viejo estúpido…