Dos semanas después...
La luz anaranjada del sol poniente brillaba en el cielo cuando Flora abandonó el edificio de la facultad. Le había pedido a su padre que la dejara volver a casa dando un paseo y este había accedido de mala gana. Sommers se había convertido en una especie de perro guardián que vigilaba todos y cada uno de sus movimientos. Afortunadamente, le había permitido asistir a las últimas clases antes de las vacaciones de otoño.
El paisaje melancólico y triste de los parques revestidos de hojas ocres trajo una oleada de recuerdos a la mente de Flora. Recuerdos de días pasados y de H. Había vuelto a desaparecer, pero Flora estaba segura de que regresaría. Así se lo había hecho saber la noche en que la besó en aquel callejón. Mientras bajaba la calle, rememoró el roce de sus labios cálidos y el tacto de sus brazos rodeando su cintura. A veces, no se necesitan palabras para expresar lo que uno siente.
Una ráfaga de aire frío le revolvió el pelo al pasar junto al puente de Gardenia. En ese momento fue consciente de que había olvidado el abrigo en una de las aulas de la facultad. Como solamente eran las ocho, decidió volver sobre sus pasos. No obstante, algo le impidió continuar su camino. Alguien la había agarrado por los hombros. A Flora se le erizó el vello de la nuca cuando notó el tacto de una cazadora negra sobre su piel.
-¿Qué haces en la calle?
Flora se giró lentamente para descubrir el pálido rostro de H.
-La última vez que te vi estaba en un callejón en tus brazos y me besabas. Cuando me desperté estaba sola en mi cama con la herida curada.-respondió ella-Y tú, ¿has venido a buscarme?
-Tengo la sensación de que va a pasar algo, Flora.
-Ya te he dicho que no va a pasarme nada. Mi padre es policía, las posibilidades de que me lleve un tiro están ahí.
-El otro día casi te desangras en mis brazos.
Estaba preocupado por ella, había vuelto por eso.
-Me besaste, H, y sigo viva.
-Está en mi naturaleza. Tú no lo entiendes, pero forma parte de mí. Es una maldición que arrastraré hasta el día de mi muerte.
-Me llevaste en brazos y sigo viva. Estoy perfectamente.
-Es mi mundo, la desgracia, la soledad...
Flora le miró directamente a los ojos. Había vuelto a ver el mismo miedo del día en que se conocieron.
-Estamos en la misma acera y sigo viva. No me cansaré de repetírtelo jamás.
Él hizo un amago de responder, pero Flora puso un dedo sobre sus labios.
-Si la desgracia persigue tu mundo, entonces ven a ver el mío.
El frío del otoño se disipó con un nuevo beso, uno que hizo que H no volviera a dudar nunca más. Había que convencerlo de alguna manera.
-Deberías ir a casa a descansar. Puedes regresar a por tu abrigo mañana.
-Soy una convaleciente con tendencias escapistas, ¿sabes? Si quieres que te haga caso, tendrás que escoltarme tú para protegerme de cualquier peligro.
Su padre no había regresado aún. Seguramente tuviera algún asunto entre manos. Desde la marcha del inspector Manzzini, el trabajo en comisaría se había triplicado. De todas formas, Flora prefería que su padre no estuviera. Así al menos podría tener unos momentos a solas con H.
La casa de los Sommers le sorprendió gratamente. No era muy grande, pero se respiraba tranquilidad allí dentro. H casi había olvidado lo que era un auténtico hogar, pues el suyo había sido pasto de las llamas muchos años atrás. Lo primero que hizo fue echarle un vistazo a los portarretratos de las estanterías del salón. La boda del comisario, el primer cumpleaños de Flora, algunas fotos de ella en el colegio... todos los momentos de su vida congelados para siempre en aquellas imágenes. Era asombroso.
En vista del interés de H por todo lo que había en su casa, Flora optó por contarle un poco más sobre ella.
-Me encantan las revistas de decoración, pero lo que verdaderamente me vuelve loca son los cómics.
H cogió uno de los tomos de la estantería. Era un ejemplar de Batman.
-Este me lo sé de memoria. Lo he leído cientos de veces.-dijo H
Flora sonrió al verle mirar la portada. Parecía un niño pequeño en una tienda de juguetes.
-También me gustan mucho los mangas y las películas de ciencia ficción. Siempre las veía aquí con mi padre, aunque me da que él se aburría bastante.
Flora y H se sentaron en el sofá. Él adoptó una postura tan rígida que Flora tuvo que obligarle a apoyarse en el respaldo. Estaba asustado. Lo que sentía por ella le daba cada vez más miedo.
-¿Por qué no me cuentas algo de ti?-le preguntó Flora
-¿Qué quieres saber?
Flora meditó unos segundos. Había algo que se le había escapado, algo tan importante que no podía esperar más.
-H, si te preguntara cuál es tu verdadero nombre, ¿me lo dirías?
-Sí. Me llamo Helia, ese es mi verdadero nombre.
Helia. La palabra dejó una agradable sensación en los labios de Flora. Por fin entendía qué significaba la H.
-Es un secreto. Nadie debe descubrir mi identidad jamás.
Flora asintió.
-Bueno, la verdad es que hay un montón de cosas que estoy deseando saber acerca de la vida de un superhéroe.-prosiguió ella-Por ejemplo, ¿Dónde te compras la ropa? ¿Vives en una cueva o en una guarida secreta? ¿Tienes un mayordomo o algo así?
H soltó una sonora carcajada. Jamás se habría imaginado que Flora hubiera llegado a barajar tales posibilidades.
-Te estás riendo, es la primera vez que te veo reír.
H se tapó la boca con las manos. Aquella chica había logrado destruir su fachada de tipo duro y serio.
-Ahora tengo una razón para hacerlo.
Flora tomó su cara entre las manos. Era la risa más bonita que había escuchado en toda su vida. Finalmente, H le había abierto su corazón y eso la llenaba de felicidad.
