¡Saludos, pequeños! Décimo capítulo de esta historia, por fin. Como ya dije en el anterior, os pregunté que si os gustaría que se alargara este fic. Y estoy muy sorprendida, ya que todos me habéis apoyado para que lo haya. :) ¡Muchas gracias! Sin más demora, a leer.
Gintama no me pertenece, es obra de Hideaki Sorachi.
Gintoki estaba viendo la televisión, como siempre, fijándose en el —según él— bonito rostro de Kestuno Ana, la chica que anunciaba el tiempo. De repente, la puerta se abrió y cerró violentamente. Era Kagura, que directamente corrió hacia su habitación sin saludar siquiera.
Él no es el mejor padre, ni lo será. Pero, no le hace falta serlo para deducir que a su hija le sucedía algo. Sin dudar, fue a su habitación.
—¿Kagura? —llamó.
La pelirroja se encontraba sentada, con la mirada perdida, mientras jugueteaba con su camisa. Esa escena ya la había vivido antes.
—¿Qué pasa? —preguntó, sentándose junto a ella.
—Gin-chan, ¿cómo se puede vivir si te tratan como a una asesina? —cuestionó.
Desvió la mirada, recordando en su mente ciertas palabras.
—Viviendo, como todos los que llevamos una carga en nuestra espalda. —observó sus ojos, percatándose de que había derramado lágrimas. —El hecho de que piensen que has robado una vida, no te quita la tuya. Ellos lo intentan, —formó una sonrisa amarga— pero si eres más fuerte que todos, se rendirán.
—Creo... que alguien cercano duda de mí. —recargó su cabeza en el hombro del mayor.
—Demuéstrale que se equivoca. —dijo, acariciando el cabello bermellón con cariño.
Ella sonrió levemente, abrazando a su tutor.
—Gracias por entenderme, Gin-chan. —agradeció.
—De nada, mocosa.
Salió rápidamente de su hogar, con más seguridad que nunca. Se dirigió donde se vieron la última vez, pero no había nadie. Rápidamente, decidió llamar a su mejor amiga. Tecleó el número, bastante nerviosa.
—¿Kagura-chan?
—¿Sabes dónde está-
Antes de acabar la oración, una mano masculina la calló. Tiró su móvil lejos, mientras se oía a Soyo hablar preocupada.
—¿Quién eres tú? —gritó a duras penas, intentando zafarse del agarre.
Estaba totalmente atrapada, no podía escapar. Lo único que vio por última vez fue un rostro varonil y malvado bastante conocido.
La pelirroja despertó en una sala, completamente atada y tumbada, en lo que parecía ser una camilla. Escuchó una risa masculina que le resultaba familiar.
—¡Hermana, cuánto tiempo! —sonrió, como siempre hacía.
Kagura abrió los ojos como platos, muy sorprendida.
—¡K-Kamui! —balbuceó.
Pronunciar su nombre hizo que ensanchara su sonrisa aún más.
—Buenos días, hermanita. —canturreó, contento. —Has dormido bastante, como siempre hacías.
Le daba escalofríos que la llamara hermana con tanta naturalidad, pero intentó aparentar valentía.
—¿Qué has hecho? ¿Por qué estoy aquí? —cuestionó, un poco nerviosa.
Él negó con la cabeza, riendo.
—¡No voy a decirte nada! Además, es hora de comer.
—No tengo hambre. —se negó.
El pelirrojo hizo caso omiso, cogiendo la cuchara para darle de comer.
—¡Abre bien la boca! —dijo, alegre.
La ojiazul obedeció, aunque luego escupió todo el contenido al rostro del chico.
—Tú... —aunque su sonrisa seguía intacta, en su interior estaba muy enfadado.
—Suéltame o te pateo el culo, imbécil. —amenazó.
Kamui iba a hablar, pero un hombre interrumpió la escena. Alto, fuerte y serio. No parecía un enemigo fácil.
—¿Interrumpo algo? —preguntó, con burla.
—No, nada. —negó. —¿Qué ocurre?
Los dos salieron de la habitación, evitando que la chica descubriera algo. Por suerte, Kagura aprovechó ese momento de soledad para romper la cuerda con la que estaba atada. Consiguió liberarse, y espió la conversación de ambos sigilosamente.
—El shogun está muerto gracias a ti, y ahora nosotros te hemos devuelto el favor. —el hombre estaba fumando con tranquilidad. —Ahora ya puedes largarte, no te necesitamos.
Espera... ¿¡Kamui mató al shogun?!
—Te mataré. —intimidó, aunque seguía sonriendo.
El desconocido formó una leve sonrisa, y se fue caminando satisfecho. La pelirroja conocía bien a su hermano, así que estaba segura de que estaba muy furioso. Con rapidez, volvió a la camilla buscando un arma. Afortunadamente, encontró un gran cuchillo que escondió debajo de su almohada.
—Tengo hambre. —dijo, intentando parecer natural.
El pelirrojo dirigió su mirada a ella con furia.
—Cállate, débil. —ordenó.
—¡No! ¡Hermano idiota! —gritó, provocándole.
Kamui cogió una manzana, y caminó hacia Kagura, que sonrió victoriosa.
—Cómete esta manzana y cierra el pico. —obligó.
De repente, el ojiazul abrió bien los ojos y su sonrisa desapareció. Su hermana, Kagura, le había clavado un cuchillo en el abdomen. Respiraba con dificultad y cayó al suelo, agonizando de dolor.
—No vuelvas a acercarte a mí, —pronunció lentamente, mientras hacía más profunda la herida— ¿entendido?
—Maldición... —murmuró.
En ese momento, dos hombres entraron corriendo a la habitación. Estaban camuflados, así que no podía saber sus identidades. Aún así, la pelirroja permanecía alerta, pero ellos no parecían estar en su contra.
—Puedes irte. —habló el más alto. —No nos interesas y no tenemos nada que ver con ese. —señaló a Kamui.
Ella asintió aturdida, para después correr hacia la salida. Observó el cielo, con libertad. Se detuvo unos momentos para respirar profundamente y pensó. Estaba no muy lejos de su hogar, pero ya empezaba a oscurecer. Kagura nunca confió en la policía, ni en esos ladrones de impuestos, pero no tenía ganas de otro secuestro, así que entró a la comisaría. La pelirroja escuchó unas voces muy conocidas para ella, y sonrió feliz.
Todos estaban gritándoles a unos policías, unos nerviosos y otros con lágrimas en los ojos. Gintoki, Soyo, Shinpachi, Otae, Sarutobi, Tsukuyo, Otose y hasta su perro se encontraba allí, ladrando y aullando sin parar. Aunque...
—Hola. —habló sin pensar, tan normal.
El que más la sorprendió fue Okita Sougo, que estaba sentando en una esquina, apartado de la multitud, como un cachorro herido.
¡Y hasta aquí el capítulo! Intenso, ¿eh? La verdad es que mi visión de esta parte era otra, pero al final quedó así... Si os soy sincera, creo que podría haber quedado mucho mejor, pero bueno, este es el resultado. Todavía queda revelar el pasado completo de Kagura y los sentimientos de ambos, lo cual llevará más tiempo. :) ¡Gracias por leer!
Reviews:
Guest: ¡Gracias! :)
Guest-san: Agradezco tu opinión. :D ¡Un abrazo!
i love okikagu: ¡Muchas gracias por tu review! xDDD
Anonymous D: Gracias por compartir tu opinión. ¡Un besazo!
mi-chan: Ay, muchas gracias, Mi-chan. ¡Besis!
Jugem Jugem: Me encanta que esperes mi historia con tantas ganas. :)
mitsuki: Wow, ¡pues gracias! :D
lu89: Me alegro de que te haya gustado. ^^
Leche de fresa: Jajajaja, Soyo es fangirl a más no poder. ¡Gracias!
okita kagura: ¿Ah, sí? D: ¿Podrías decirme algo que no hayas entendido? Mejoraré al escribir, prometido. :)
