Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi.
Como en un Cuento de Hadas
-por: sakuraflower94-
Capitulo 9: Arrepentimiento
En las penumbras de la noche que consumían el cuarto, Rin seguía inerte a cualquier alteración, por más mínima que fuera, a su alrededor. Algo redondo y peludo de color negro apareció de repente en su futón, a un costado de ella, cerca de una de sus manos completamente inmóviles. Después de haberla mirado por un rato, terminó por agachar la cabeza y buscar espacio para poder acurrucarse al cuerpo de la joven. Su pequeño botoncito que tenía por la nariz rozaba tristemente la mano de Rin y mientras lo hacía parecía soltar pequeños y tristes sonidos, como si estuviera hablando.
—Rin. – lloró tenuemente. —Tienes que despertar. Tú no puedes terminar así. Tú tienes que vivir. ¿Qué voy a hacer sin ti Rin? – chilló con más fuerza pero su voz seguía siendo tan solo una pequeña vocecita que tan solo un ser hada podría entender.
El conejito irrumpió en llanto escondiendo su rostro en la vestimenta de Rin, pero ella seguía completamente igual que hasta aquel momento.
— ¿Viste? Te lo dije. – le reprochó entre su tenue llanto. —Te dije que ese muchacho te iba a traer problemas y no me quisiste hacer caso. Ahora mira cómo estás. – volvió a sollozar con más fuerza frotando su naricita contra la mano blanquecina.
— ¡Mira lo que te hizo ese tirano peli plateado y desalmado! – sentenció antes de volver a soltar un débil chillido, al cual terminó ahogando parcialmente, al hundir su rostro en la tela.
Y mientras él seguía llorando alguien conocido entró al cuarto de la azabache apareciendo de la nada. Caminó con paso lento y sigiloso hacia el futón donde yacía Rin inconsciente. Alargó su mano para acariciarle el cabello pero su palma se cerró a unos centímetros en señal de frustración e impotencia por no haber podido evitar el estado en el que se encontraba la joven.
Sesshomaru venía caminando por el pasillo, algo distraído, y al pasar el cuarto de Rin le pareció sentir aroma de alguien sumamente desagradable especialmente cuando ese sujeto se encontraba cerca de Rin. Corrió la puerta y se encontró con aquel hada sentado en el futón junto a Rin, tratando de acariciarla.
Las miradas de ambos se cruzaron, ambas desprendiendo chispas de electricidad que chocaban entre sí como dagas filosas.
— ¿Qué haces aquí? – preguntó Sesshomaru gélidamente traspasando a Kalan con la mirada dorada.
—Vine ver a Rin. – respondió Kalan decidido con firmeza. —Tenía que verla. – suavizó el tono mirándola.
—Ya la has visto. Ahora lárgate. – le contestó tajante Sesshomaru.
— ¿Y quién lo dice? ¿Usted? – espetó sarcásticamente Kalan entre dientes.
—Cuida tu tono mocoso. – advirtió Sesshomaru peligrosamente tranquilo manteniendo su serenidad.
Gordo, mientras tanto, aprovechó para desaparecer, evaporando en el aire porque su instinto animal le decía que se aproximaba una jugosa pelea verbal entre los enamorados de su Ama por su Ama. Una pelea sabrosa entre el tirano peli plateado y el caballo hada a la que no pensaba perderse por nada en el mundo. Observó completamente invisible esperando una pelea sin embargo ambos terminaron saliéndose del cuarto por la ventana.
—Puf – bufó fastidiado. —Justamente cuando parecía ponerse de lo más bueno terminan yéndose. Podría jurar que sus energías estaban que ardían de furia. Pero ninguno de ellos es el indicado para mi Ama. – dijo reflexionando parado en sus últimas dos patas. —Ellos solo son unos zopencos que se creen gran cosa, especialmente el tirano ese que también terminó haciéndole daño a mi Ama bonita. ¡Como se atrevió! – habló furioso. —En nuestro mundo le cortarían la cabeza por la osadía que había cometido con Rin. De hecho, le sacaría yo mismo los ojos – dijo golpeando con sus patas de conejo como si fueran manos. —porque por su culpa mi Ama querida esta así de mal.
Al estar lo suficientemente alejados del castillo se detuvieron en el primer prado completamente abierto bajo la luna que directamente podía iluminar débilmente sus perfiles y un par de facciones de sus rostros.
— ¡A usted no le importa Rin! – rugió Kalan. — ¡Si le importara no le hubiera hecho eso!
—Tienes agallas, mocoso. – habló peligrosamente Sesshomaru con ojos entrecerrados. —No cualquiera se atreve a hablarme como lo haces tú.
— ¡Porque no me da miedo enfrentarme a usted por Rin!
—No me digas que la quieres. – habló aburrido pero con un sarcasmo notorio.
—Sí, sí la quiero. – contestó un tanto sonrojado y nervioso. —La amo. – al decir aquello ya se oía mas decidido. —Desde que éramos niños.
—No eres humano pero eres tan patético como ellos con los sentimientos dignos de humanos. – comentó Sesshomaru con desprecio. —No entiendo que le has visto a una humana como Rin. Es repugnante, asquerosa, apesta, es débil. Seres como ella no merecen vivir.
— ¡Se equivoca! – gritó Kalan molesto por la manera tan despiadada a la que se refería a Rin. –Rin no es humana cualquiera eso lo verá tarde o temprano pero le puedo asegurar que cuando se dé cuenta ya ella no va a estar aquí sino conmigo en el mundo donde pertenece y será mi mujer.
Sesshomaru al oír aquello frunció su entrecejo con molestia.
—Rin nunca se irá de aquí mucho menos para ser tu mujer. – sentenció con voz gélida y mirada asesina.
—No se confíe "Milord" – habló con burla y una sonrisa traviesa curvada en los labios. —ella no está atada a usted, nada la une a usted o a este mundo, y si ella quiere, libremente me puede escoger a mi porque usted, por muy lord que sea, no la puede obligar a algo.
— ¿Quieres apostar? – había algo malicioso y perverso en la voz de peli plateado porque hasta su mirada aterraba más que antes.
— ¡Rin no es una cosa que se puede apostar! – rugió el joven hada nuevamente, al escucharlo dirigirse de esa manera a Rin.
—Claro que no. – dijo concordando con Kalan pero de forma malévola. —porque es nada, una basura. Y aunque fuera cierto lo que has dicho antes, no llegará a hacerla superior a mí, y claro que puedo obligarla a permanecer aquí si quiero y más que eso. ¿Sabes qué? Me da la gana de tenerla aquí hasta que muera. Y si es cierto que no es una humana cualquiera, entonces eso quiere decir que vivirá MUCHOS años a mi lado. Tal vez siglos o incluso milenios, quien sabe, y no precisamente como una del servicio domestico sino como mi hembra, hasta que la muerte nos separe.
Kalan gruñó lanzándose sobre Sesshomaru. Sesshomaru lo esquivó con agilidad sin hacer ni más mínimo esfuerzo. Tal parecía que había logrado provocar al mocoso. Kalan golpeó al aire y antes de siquiera darse cuenta Sesshomaru estuvo detrás de él, agarrándole un brazo torciéndoselo.
—Mucho cuidado mocoso. Mucho cuidado con lo que haces y dices. Un día puedes despertar sin lengua o hasta muerto. Así que será mejor que no me provoques porque no quieres saber de lo que soy capaz. – amenazó manteniendo su semblante sereno y peligroso.
Kalan jadeaba con las rodillas en el suelo y el torso agachado, en una situación completamente sumisa. Sin embargo su lengua seguía disparando veneno contra Sesshomaru.
—Usted tampoco. – aseguró seco y tajante, seguido por un quejido cuando Sesshomaru le torció el brazo con más fuerza a la vez que dejaba salir veneno por sus garras quemando la tela y un poco de piel de Kalan.
—Es que tú sinceramente no entiendes cuando se te dice una cosa claramente. – siseó arrastrando las palabras peligrosamente fijando aun mas su agarre sobre el brazo de Kalan sin siquiera cambiar mucho su expresión fría. –Estoy a punto de hacerte perder alguna parte de tu cuerpo o hasta tu vida.
Kalan miró asustado de reojo a Sesshomaru, el veneno que entraba en su cuerpo ya lo hacía ver borroso.
—Quiero que te largues de las tierras de mi familia y ni se te ocurra volver, mucho menos se te ocurra acercarte a Rin. ¿Te quedó claro, mocoso?
Kalan titubeó un tanto más, resistiendo el veneno y el dolor, pero al final terminó por aceptar irse permanentemente. Sintió un profundo alivio al sentir el agarre cesar. Se tocó el brazo había rastros de acido y garras. Echándole una última resentida mirada al peli plateado, Kalan terminó evaporando instantáneamente en el aire. Eso era algo que más le desagradaba de aquel hada, porque podía sentirlo pero no siempre podía verlo. Le desagradaba cuando esa habilidad del hada podía ser una desventaja para él. Olfatear y no poder ver, no existía nada más frustrante que eso.
Una vez completamente seguro que el hada había desaparecido por completo, regresó al cuarto de Rin, donde pasó el resto de la noche vigilando el sueño de la azabache.
…
Cuando pasaron cuatro días más, Rin poco a poco comenzó a reaccionar. Era por la tarde pero por tener las ventanas tapadas no podía distinguirse que parte del día era. Al principio recuperó la consciencia, la noción sobre su cuerpo, aunque sus parpados seguían firmemente pegados. Le dolía el cuerpo pero más que dolerle le era sumamente pesado en especial las extremidades, a penas y podía parpadear con un par de dedos.
Después de algunos minutos logró entreabrir los parpados y al hacerlo sintió su cuerpo aun más pesado y cansado que antes. Tardó bastante reconociendo el lugar donde estaba como apenas y podía mover el cuello solo lograba ver el techo y lo que sus rabillos de ojos podían alcanzar a mostrarle.
De pronto escuchó voces que incrementaban de volumen. Pudo identificar que había dos voces, una femenina y una masculina. La fémina era demandante mientras la del hombrecillo era carrasposa y tenue pero también bastante penetrante cuando trataba de sonar demandante. Momentos más tarde, una de aquellas dos personas corrió la puerta adentrándose con la otra.
Aun dentro seguían hablando con normalidad hasta que uno de ellos provocó un ruido al soltar la taza que luego se rompió contra el suelo de madera. También el hombrecillo se quedó estupefacto de la impresión al ver a Rin consciente. La azabache sintió una mano sobre la suya, sosteniéndola y acariciándola, mientras la mujer le hablaba con dulzura y simultáneamente también le acariciaba el cabello.
De pronto comenzó a respirar entrecortadamente, su cuerpo empezó a tiritar levemente, por más que intentaba decir algo no logró pronunciar nada más que algún débil quejido. Escuchó a la mujer ordenarle al hombrecillo quedarse con ella mientras ella salía a buscar al Amo Inu no Taisho. La joven azabache seguía mirando confundida su alrededor subconscientemente deseaba con todas las ganas llorar.
Escuchó la voz profunda y amable de un hombre que inmediatamente tomó su mano y comenzó a acariciarle la melena hablándole tranquilizadoramente al verla cada vez mas alterada. Le pidió decir algo para que pudieran saber cómo se sentía, pero el shock que había sufrido su cuerpo repentinamente la incapacitó.
Al ver que se encontraba demasiado alterada, débil y confundida, Inu no Taisho solo optó por abrazarla y presionarla a su pecho, respirando aliviado que al menos había despertado del profundo letargo que había durado once días. La escuchó hipar y temblar cada vez más abruptamente y eso solo lo hizo abrazarla con más fuerza susurrándole cosas calmantes contra la nuca.
—Todo va a estar bien Rin. Vas a ver como todo va a estar bien. – la sintió calmarse porque ya no percibía hipos ni quejidos sin embargo los músculos de Rin seguían tiritando como si pasaría por el peor frío de su vida. —Mizuki – dijo sereno pero amable. —Trae un poco de caldo, sopa lo que sea y que sea caliente y también prepara algún té, zumo… necesitamos aprovechar que este consciente para que definitivamente recupere todo el liquido y que su cuerpo vuelva a la normalidad.
—Sí, Amo – asintió decidida una sola vez. —ahora regreso.
—Jaken – dijo sereno al ver que había una taza y recipiente con agua en la mesita baja.
— ¿Si señor? – articuló el pequeño sapo youkai tensando su cuerpo como si fuera un palo, empujando orgullosamente el pecho hacia adelante, dispuesto a recibir una orden importante del comandante.
— ¿Puedes pasarme el recipiente con agua en aquella mesita?
Jaken miró la mesita y se desinflamó por dentro. Le provocaba soltar un suspiro incrédulo y hacer una mueca. Inu no Taisho sonrió al ver su rostro. Suspirando, terminó asintiendo y caminó hacia ella pasando la taza y el recipiente al comandante perro. Ése llenó la taza para luego acercarla a la boca de Rin haciéndola beber poco a poco, tampoco es que debían exagerar para que el cuerpo de Rin no volviera a expulsar lo que tan urgentemente necesita para recuperarse.
Cuando Mizuki regresó con sopa de vegetales y té, Inu no Taisho logró alimentarla mientras la tenía recargada contra su pecho en una posición parcialmente sentada. Lograron hacerla comer una par de cucharas pero luego Rin se negó a seguir indigestando mas liquido porque tenía poco apetito.
A la entrada de la noche volvió a dormirse por sí sola, Inu no Taisho se quedó con ella hasta más tarde pero después dejó el cuarto para que pudiera descansar plenamente.
…
Durmió hasta el mediodía y al despertarse era casi igualmente agónico que el día anterior.
— ¿Cómo te sientes Rin? – preguntó Mizuki de forma maternal.
—Me duele todo el cuerpo. – se quejó débilmente con voz ronca y llorosa y el rostro contraído en una mueca de pena.
—Mira, te traje un poco de caldo para que recuperes fuerzas. – dijo acercando la taza honda y humeante.
Rin sintió repulsión al solo escuchar el verbo comer. Contrajo su rostro en disgusto mientras para hacer su rechazo más evidente también giró lentamente la cabeza a la dirección opuesta de la taza.
—No – se quejó la azabache —no quiero. No quiero. – se quejaba débilmente, negándose a comer.
—Pero tienes que comer. – insistió Mizuki preocupada. —Al menos come un par de cucharas. Vas a ver que te va a sentar bien.
Muy desganada intentó sentarse en el futón pero por más que intentaba hacerlo no podía. Cuando intentó levantar el torso apoyando su peso sobre sus brazos ellos comenzaron a temblar abruptamente y parecían colapsar en cualquier momento. Respiró temblorosa y asustada, sintiendo ganas de llorar. Mizuki al verla batallar tanto por sentarse no dudó en ayudarle.
Una vez sentada, su semblante seguía mostrando fatiga y se sentía mareada. Mizuki llenó la primera cuchara con caldo, sopló para que no fuera demasiado caliente y luego le acercó la cuchara a la boca, cuyo contenido Rin terminó ingiriendo. Después de algunas cucharas más, el caldo terminó por causarle repugnancia y, frunciendo el rostro, optó por volver a acostarse en el futón respirando pesadamente.
—Lamento mucho haberles causado preocupaciones. – articuló sentida. —No debí haber llegado tarde a la práctica con Sesshomaru.
—Más bien él no tenía derecho forzarte como lo hizo. – protestó acaloradamente Mizuki. —Él sabía perfectamente del clima y sin embargo no se detuvo. – depositó la tasa sobre la charola en la mesita. —Porque si él hubiera parado esto no hubiera pasado. El único responsable de lo que pasó aquí es Sesshomaru. Nada más él.
—Por favor no lo culpen de todo – suplicó Rin sentida. —yo también tengo la culpa por haber tardado.
—Rin – la llamó cariñosamente. —no te sientas culpable porque no lo eres.
—Claro que tengo la culpa – insistió Rin débil. —soy tan culpable como Sesshomaru. Yo por tardar y él por no parar.
—Aquí la culpa la tiene Sesshomaru porque por su culpa estuviste inconsciente por ¡once días! – siguió insistiendo Mizuki afirmando decidida. — ¿Tienes idea de lo mucho que es eso? Pasaste tu cumpleaños en una cama sin despertar.
Derrotada dejó de insistir pero no quería que culparan solamente a Sesshomaru por algo que ella sabía perfectamente era la culpa de ambos. Porque ella sí sentía culpa y la seguiría sintiendo a pesar de que tratarían de convencerla de lo contrario. Pero en medio de la culpa tenía miedo de la reacción de Sesshomaru. En el fondo le tenía miedo a Sesshomaru, temía encontrarse con él, verlo. Seguramente ahora él le guardaba más odio y desprecio que antes.
Una sensación filosa perforaba su pecho cada vez que se acordaba de que Sesshomaru nunca la aceptaría.
…
Poco a poco Rin logró recuperarse. Con el paso de los días le volvió el apetito y ya podía sentarse por sí sola en el futón. También se mostraba algo más animada y con un color de piel más saludable. Poco a poco paso de comer tan solo líquidos a cosas cocidas para masticar. También comía cada vez más, casi tanto como cuando comía antes pero sin llegar a exagerar.
—Veo que ya te volvió el apetito. – bromeó Mizuki levemente con ella cuando Rin se había acabado con tres platos de sopa. Rin sintió sus mejillas calentarse por la pena. Mizuki al ver su reacción sonrió enternecida pocas veces la veía sonrojarse y era realmente muy adorable cuando tenía mejillas tenidas de ese ligero rosa que le daba un toque infantil e inocente.
—Me alegro que ya estés mejor Rin. – le sonrió mientras le acariciaba la mejilla con el dorso de los dedos. Rin devolvió la sonrisa algo melancólica ya que, a pesar de sentirse mejor, aun era débil y bastante delicada.
Alguien entró justamente en aquel momento, alguien verde y de baja estatura con el báculo en las manos e inmediatamente supo que era Jaken. De hecho, lo reconoció mucho antes de verlo ya que nunca podría confundir o no reconocer la voz de aquel demonio sapo al que le tomó cariño a pesar de que la mayoría de las veces solo buscaba fastidiarlo y hacerlo enojar.
Desde que lo había conocido, le pareció que, a pesar de que el pequeño demonio trataba de aparentar odiarla y no sentir más que cosas negativas por ella, él en el fondo también le había tomado cariño solo que por cuestiones de orgullo youkai y su fidelidad a Sesshomaru prefería mantener su afecto oculto bajo aquella capa, que aparentaba impenetrable, de regaños y refunfuños.
No sabía porque pero tenía la sensación de que Jaken y Gordo eran muy parecidos. No tanto en apariencia ni en raza pero si ignoraba aquellas dos pequeñas e insignificantes diferencias entre los dos podría jurar que Gordo y Jaken eran parientes porque a los dos les encantaba sermonear y regañar.
Siempre tenía tan solo sospechas de que el pequeño demonio sapo la quería pero desde que Mizuki le había comentado que Jaken había estado con ella, velando su recuperación estaba segura que sus observaciones y conjeturas resultaron ciertas.
Sonrió al verlo contonearse hasta ella con aquel báculo que parecía tenerlo pegado a sol y a sombra. Recordó que una vez ella le había hecho una broma escondiéndole el báculo para que el sapo pudiera por fin despegarse de él pero no contó con la depresión en la que iba a caer el pequeño youkai. Al principio le pareció divertido pero cuando pasaron días y él seguía sin el báculo parecía estar agonizando de pura tristeza. Siempre tenía curiosidad por saber qué tenía de especial aquel báculo hasta que el mismo Jaken le contó con florecitas e información innecesaria el momento y la persona que le había regalado el báculo. Decidió devolverle el báculo y cuando por fin aprendió la historia detrás del báculo lo trajo adelante, porque durante el cuento de Jaken ella lo mantenía detrás de su espalda, y se lo entrego a Jaken.
La enterneció por completo ver la emoción que se reflejaba en los negros y grandes ojos del youkai, lo feliz que se veía cargando aquel báculo. Aun recordaba lo vehementemente que le daba las gracias hasta que ella le confesó que había sido ella quien le había escondido el báculo. La alegría de Jaken instantáneamente se convirtió en furia y recordaba como se la paso el resto del día persiguiéndola con el báculo gritándole insultos divertidos por haberle escondido el báculo.
—Hasta que te regresó el color al rostro – comentó Jaken sacándola de los pensamientos con su voz carrasposa.
—Muchas gracias por preocuparse por mi abuelo Jaken.
— ¿Abuelo? – explotó indignado el pequeño youkai. — ¿A quién le llamas abuelo? No seas insolente chiquilla – la punteó con sus pequeñas manitas. —que por ser mayor me debes respeto. Así que para ti yo soy el señor Jaken. – sentenció con importancia mostrando su perfil con ojos cerrados y aire superior.
—Está bien, señor Jaken. – sonrió Rin enternecida, sin intención de burlarse. —Muchas gracias. Le quiero mucho señor Jaken. – dijo rodeando al pequeño youkai, estrujándolo contra su cuerpo, tomando a Jaken completamente desprevenido.
Al principio Jaken trató liberarse desesperadamente de aquel contagioso abrazo de Rin pero luego ya no tuvo fuerza ni voluntad para hacerlo.
—Bueno, bueno, niña – dijo después de un tiempo, cuando la duración del abrazo se extendió más de lo normal y ya empezó a sentirse fastidiado estar entre los brazos de la joven. —no seas tan empalagosa y sentimental y ni se te ocurra volver a abrazarme. Si mi Amo lindo me ve abrazándome contigo de seguro que me lanza una piedra. Así que no vuelvas a hacerlo porque no se ve bien que lo hagas. – balbuceó rápidamente mientras buscaba a su Amo bonito con los ojos esperando a recibir una piedra en la cabeza.
…
Al llegar el crepúsculo Rin despertó después de haber dormido la mayor parte de la tarde. Le tomó un tiempo desperezarse lo suficiente para poder enfocarse en lo que quería y en aquel momento lo que ella quería era orinar como gente civilizada. Destapó la sabana que la cubría y al hacerlo sintió una frescura divina golpear contra su piel en las piernas.
Con cuidado bajó las piernas primero. Un mareo, fuerte y repentino, la invadió haciéndola cerrar los ojos mientras algo le picoteaba en la frente. Cuando el mareo se desvaneció, terminó por levantarse del futón. Lo hizo despacio para no marearse. Al estar de pie sintió como si al hacer un solo paso iba a flaquear en las rodillas y que iba a caer, era como si jamás en su vida hubiera estado de pie o que apenas aprendía como caminar.
Al salir al pasillo caminó apoyada a la pared. Caminó hasta el cuarto de baño en primer piso ya después buscaría un recipiente se agacharía y orinaría primero tenía que llegar al baño se dijo. Estar de pie no solo cansaba sino que también la hacía sentirse calurosa y mareada. Estaba segura que se desmayaría en cualquier momento o que al menos perdería el equilibrio.
Cuando terminó de orinar, lo que le pareció una eternidad, se dispuso a regresar a su cuarto solo que esta vez el mareo que sintió era tan fuerte que pensó no solo desmayarse sino también vomitar. Se vio obligada a detenerse. Respiró hondamente para calmarse pero el mareo seguía presente y con la misma intensidad. Se apoyó con la espalda contra la pared y recargada contra la fría superficie comenzó a deslizarse lentamente al suelo hasta que una vez sentada en el suelo, por más que batallaba por no sucumbir bajo el malestar, perdió la consciencia.
…
—Rin. – se escuchó un eco profundo y lejano, pero sobre todo sereno.
Contrajo disgustada el rostro.
—Rin, reacciona. – otra vez esa voz solo que esta vez algo más clara.
Entreabrió los parpados pero tenía problemas enfocar su vista. Con la vista aun borrosa y confundida, sintió como alguien le sacudía levemente los cachetes mientras trataba de hacerla enfocar su vista sobre si. Pero incluso así le tomó un tiempo orientarse y saber de sí misma.
— ¿Qué te pasó? – escuchó la voz serena y fría de Sesshomaru preguntarle mientras retiraba sus manos de su rostro.
Respiró con pesadez mientras trataba de explicar.
—No sé. – habló débil con voz rasposa y respiración honda. —fui a orinar y cuando quería regresar a mi cuarto se me hizo todo negro pero me dio tiempo de recargarme contra la pared y luego ya no supe mas ni de mi misma.
Sesshomaru la observó fijamente mientras escuchaba atento lo que tenía que decir. Cuando ella dejó de explicar le ayudó pararse. Pasó el brazo derecho de Rin por su cuello sujetando su muñeca con una mano mientras su otra mano sujetaba la cintura de Rin. Atravesaron la puerta, caminaron lentamente hasta el futón, después Sesshomaru dejó que Rin se acostara por si misma mientras él caminaba hacia el rincón opuesto.
Una vez allí, se sentó en el suelo cruzando sus piernas. Rin al verlo quedarse en el cuarto se sorprendió pero rápidamente la sorpresa fue sustituida por los nervios que de pronto le causaba su presencia. Se sentía incomoda estar bajo la penetrante y fija mirada de Sesshomaru así que cuando escuchó a Jaken acercarse agradeció internamente al pequeño demonio por su interrupción.
—Rin te traje tu cena. – dijo despreocupado atravesando la puerta con la charola en manos hasta que topó con la gélida mirada de su Amo.
—Jaken. – lo llamó Sesshomaru en tono de advertencia haciendo que el pobre Jaken sudara gruesamente. —Retírate.
—P-pero
—Ahora, Jaken. – advirtió Sesshomaru haciendo que el pequeño demonio volteara dispuesto a irse con la charola en las manos.
—Deja la charola aquí. – dijo detrás de él con voz fría y aburrida.
En un completo silencio Jaken caminó hasta Rin y en un solo movimiento poco delicado le dejó la charola en el futón dejando la habitación. La azabache suplicó mentalmente al sapo no irse y dejarla sola en el cuarto con Sesshomaru pero por más que suplicara con los ojos terminó quedándose sola con Sesshomaru.
—Come. – le escuchó ordenarle desde el rincón con aquella voz demandante pero sin mucha alteración en ella.
Tomó la charola y se la puso en regazo.
—Y… ¿piensas quedarte? – preguntó hecha un saco de nervios con un hormigueo en el estomago.
Esperó la respuesta del peli plateado pero ese al principio solo se limitó a mirarla con el entrecejo fruncido.
—Sí. – relajó las facciones de su rostro fijando su mirada hacia las ventanas tapadas. No entendía porque seguían tapadas si no era necesario.
Rin fijó su mirada sobre la charola y los platillos que tenía. Trató de ignorar la presencia de Sesshomaru en el cuarto pero era casi imposible. Cuando entendió que ignorarlo no servía, optó por acostumbrarse a que él estaba allí, en el rincón sentado, no necesariamente observándola, pero que estaba allí.
Comía despacio y cuando terminó su cena aprovechó que él estaba en su cuarto para disculparse con él.
—Perdóname por haber llegado tarde a la práctica. – dijo arrepentida por su desobediencia. Sesshomaru la miró de reojo, encontrándola con la mirada entre bajada y un semblante melancólico. —No volverá a pasar. – aseguró.
Se la quedó viendo un rato mas sin decir nada.
—Espero entiendas porque tienes que ser puntual, especialmente en verano. – dijo con voz monótona con la mirada sobre las ventanas. Sin embargo logró ver por el rabillo del ojo como ella asentía una vez.
Otra vez guardó silencio.
—La práctica – continuó. —tiene una duración fija, entenderás también que como entrenador no puedo cortar horas solo porque tú llegas tarde. Es tu responsabilidad cumplir con los entrenamientos o simplemente me dices que quieres dejar de hacerlo y los dos nos liberamos de obligaciones. Así que ya sabes – se levantó parsimoniosamente del suelo, ya no tenía nada más que hacer en el cuarto de la humana. —si vuelves a tardar yo no tengo absolutamente nada que perder, mientras que tú sí y mucho. – dijo saliéndose del cuarto refiriéndose que la próxima vez tal vez no salga con vida, o al menos intacta, de una situación parecida.
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¡Hola! No es viernes pero es sábado n.n Bien, Rin ya ha despertado y mostró un pequeño cambio. Pienso que así reaccionaria ella al despertar después de estar 11 días en coma. Espero no me he salido mucho del carácter de Sesshomaru. Quise ponerle más relación a Jaken-Rin ya que en el manga y anime tienen muchos momentos juntos n.n También puse a Gordo, el conejo de Rin.
Ahora les quiero agradecer a las chicas que dejaron el review: Caty. Amuto, Irasue15, celeste, Cinderella's-Corner, VeronikaBlackHeart18, black urora, Ako Nomura y Rinissita. ¡Muchas gracias chicas! Espero les guste el capi.
¡Nos leemos el viernes o el sábado!
