Peter:
Harry había pensado que la charla con el aprendiz del supremo Remus Lupin, sería algo de poca relevancia, estaba equivocado.
Era consciente de que el tiempo que llevaban fuera de la ciudad era alarmante y que si alguien se había percatado de su desaparición ya estarían buscándolos, pero eso en esos instantes no importaba.
Lo que sus ojos estaban presenciando era más de lo que nunca se habría imaginado ver. Remus Lupin y Nymphadora Tonks se estaban enfrentando uno al otro.
Nymphadora se había acercado a ellos curiosa al sentir el poder de dos jinetes en el lugar. Al descubrir que se trataba de él, se había acercado feliz, creyendo que ya había admitido su poder, pero Remus la identificó como una amenaza.
Ambos se habían recibido de forma hostil y ahí estaban, enfrentándose uno al otro.
Las esferas plateadas que Remus invocaba, no tenían nada que ver con las azul eléctrico de Nymphadora, la cual era rápida como una maldita gata. Harry como mudo espectador, observó las barreras que ambos invocaban, pero sobre todo el poder ofensivo que utilizaban.
El momento en que Nymphadora se desapareció y reapareció en otro extremo, él se quedó congelado, pero cuando Remus imitó el movimiento y apresó a Nymphadora desde atrás, colocando una esfera bajo su cuello, fue lo que consiguió hacer reaccionar a Harry:
—Detente, Remus, espera.
Remus y Nymphadora parecieron verlo por primera vez, era evidente que se habían olvidado de su presencia en el lugar, ambos respiraban agitadamente y se habían perdido en su duelo.
—Ha de ser encarcelada Harry, esta mujer…
—Es una amiga Remus, ella fue quien me habló sobre la naturaleza de mi poder.
—Ella es oscura Harry, pertenece a los Jinetes después de todo.
—Aceptaría esa apreciación de cualquier otra persona miserable, pero tú y él, sois iguales a mí.
Escupió Nymphadora furiosa e intentando soltarse del fuerte agarre que Remus ejercía sobre ella.
—No es cierto, Harry y yo somos diferentes, nuestro poder ha surgido de una fuente diferente a la vuestra.
Nymphadora rompió a reír libremente:
—Puedes creer lo que te dé la gana aprendiz, pero eso no lo hará verdad. Mi poder y el vuestro, está conectado, vienen de la misma fuente y esa es la oscuridad.
—Yo no soy un ser de la oscuridad.
Susurró con una voz que le dio escalofríos:
—Y no te he dicho que lo seas, pero eso no implica que yo sí lo sea. Soy diferente al resto de jinetes, aprendiz.
—¿Y por qué habría de creerte?
—No te ha delatado.
Aportó Harry al ver que de nuevo lo habían olvidado, lo miraron en silencio, Remus miró de él a ella:
—Voy a soltarte, si haces cualquier cosa que me dé el más mínimo indicio de que deseas nuestro mal, no hablaré, te acabaré en el acto.
Ella gruñó molesta y rumió una aceptación, en cuanto él la soltó, Nymphadora sonrió y tras encararlo le propinó un rodillazo en la entrepierna que ocasionó que Remus se inclinara adolorido:
—Maldita perra.
—¡Nymphadora!
—Espero que te aproveche, imbécil.
Inquirió molesta y después se colocó al lado de Harry. Remus tardó un poco en recuperarse y fulminó a Nymphadora con la mirada.
—¿Quién demonios eres tú?
Preguntó irritado:
—Mi nombre es Nymphadora Tonks. He venido para ayudar a Harry, Rufus me pidió que lo llevara con él en cuanto estuviese listo.
Remus la miró con los ojos entrecerrados:
—¿Rufus?, ¿Quién demonios es ese?
Ella sonrió de medio lado y se cruzó de brazos:
—Así que tú eres el aprendiz estúpido, pregúntale entonces a tu compañero, él sí que sabe quién es Rufus y lo que hace.
Remus formó una sonrisa despreciativa en su rostro:
—Dudo mucho que Sirius conozca a un jinete y que este siga con vida.
—¿Y quién dijo que Rufus era uno?
El silencio se hizo en el lugar, la única que parecía conforme de los presentes era Nymphadora.
—Si Sirius conoce a Rufus me lo contará todo en cuanto le pregunte por él.
—Del mismo modo que te lo han contado todo hasta ahora, ¿cierto?
Remus apretó los puños molesto y Nymphadora sonrió victoriosa, el perder contra Remus no le había sentado para nada bien.
—Bien, ahora que parece existir un alto en vuestra riña personal, ¿me aclararás eso de que tú poder y el mío proviene de una fuente diferente?
Nymphadora lo miró y suspiró:
—Te digo que eso no es cierto Harry, no sé qué se cree que sabe, pero te garantizo que el poder que poseemos nosotros, proviene del mismo lugar, y eso es la oscuridad.
—Mira, niña estúpida, te digo que el poder de Harry no es os…
—Y yo no digo lo contrario. Su poder al igual que el tuyo e incluso el mío, es puro, aún lo es. Proviene de la oscuridad, pero, ¿quién ha decretado que por ello ha de ser maligno?
Las creencias y las religiones son las que han otorgado a la oscuridad el mal, pero eso no lo hace malo en verdad. Es cierto que somos más propensos a caer en ello, pero estoy segura de que cualquier contenedor de la luz, también podría caer en la maldad.
La oscuridad y la maldad son dos cosas muy diferentes.
Por el momento, nuestro don está puro, el vuestro más que el mío, por eso busqué a Harry, él será quien me ayude a no terminar de mancillar mi poder. Él conseguirá salvarme antes de mi iniciación.
Mi padre me vendió a los jinetes y ellos me entrenaron, en un principio pretendían extraer mi poder de mí, decían que debían comprobar algo, pero no les fue posible, algo les sucedió que no pudieron intervenirme como a otros niños les sucedió.
Entonces el jinete mayor me llevó con él, me aseguró que era una de las elegidas, que era un contenedor prometedor.
Me hizo recorrer varias regiones, incluso un mar y un desierto, al final llegamos a un lugar desconocido para mí, yo y otros dos niños que me acompañaban.
Junto con el jinete mayor, había otro hombre, este tenía cara de rata asustada, y supe enseguida que no era un jinete como nosotros, era algo distinto.
Uno a uno nos fueron haciendo ingresar a una sala, mientras entraba uno, los otros dos se quedaban en compañía de Peter.
Nos metían en esa sala, una completamente oscura, el jinete mayor hacía preguntas que nosotros contestábamos.
Al cabo de cuatro días, el primer niño murió, cuando lo hablé con el otro chico, este me explicó que poco a poco se sentía más débil y temeroso. Yo también estaba más asustada, pero no me debilité, fuese lo que fuese lo que hacían en esa sala, a mí no me afectaba.
Él no murió como el otro, pero sí se corrompió, a los diez días, ya no era el mismo niño que yo recordaba, ya no era más inocente y sus ojos brillaban con cierto sadismo.
Volví a esa estancia día tras día, los otros niños rotaban, muchos morían, pero unos pocos sucumbían y resistían lo que les estuviesen haciendo. Tras cinco años con ello, el jinete mayor decidió que había llegado el momento de que yo comprendiera.
Comenzó a instruirme él mismo, a entrenarme, Peter también pasaba largos periodos en los entrenamientos, pero nunca lo vi usar su don, ni siquiera era consciente de si poseía uno.
Con el paso del tiempo, se nos unió uno nuevo, su nombre era Severus, él me observaba con interés y seguía mis progresos.
No comprendía porqué tanto interés en mí, hasta hace cinco años. El jinete mayor me llevó de nuevo a la sala y allí algo intentó corromperme, casi lo logra, por poco no lo consiguió, pero resistí y hui.
Estuve huyendo durante meses hasta que me topé con Rufus, él me acogió y lentamente comenzamos a fiarnos uno del otro, poco a poco, él fue viendo algo en mí, algo que decía que había estado buscando por mucho tiempo.
Y aquí estamos, me asignó esta importante misión.
—¿Qué se supone que pasó en esa sala Nym?
Preguntó Harry sintiendo un escalofrío, algo en su interior le decía que no era buena idea preguntar aquello, Nymphadora se abrazó a sí misma:
—Fue raro, muy extraño, como si otra presencia superior quisiera hacerse con todo mi poder, modificarlo, robarme mi propio ser, dejarme como una cáscara vacía. No obstante su propósito no era dejarme vacía, sino ocuparme.
Harry, estoy segura de que aquello sí que era la fuente de nuestro poder, es como si estuviese buscando un contenedor que lo pueda recibir y no le importa acabar con lo que lo ocupe u ocupara antes que él.
—Espera, espera unos instantes, ¿dices que cogían a niños y los hacían ingresar en la sala?, ¿Qué varios de ellos morían en ese extraño lugar?
—Así es, yo fui una de las pocas que sobrevivió aquello.
—Eso es, creí que no se podía extraer nuestro poder, que el don no podía ser sacado de un cuerpo sin perder la vida en el proceso.
—Y nadie ha dicho lo contrario, de hecho, ya te dije que pocos sobrevivían.
—Pero los había, ¿qué comportamiento tenían los supervivientes?
—¿Acaso no has visto nunca un jinete?, creí que hace unos días os atacaron.
—Sí, ¿qué tiene eso que ver?
—Su poder Remus, su poder es distinto. Es espeluznante, atrayente y a la par da miedo, es como si estuviese cargado de algo maligno.
Expuso Harry como ausente, Nym asintió a sus palabras:
—Exacto, el poder de ellos está corrompido por completo, no lo extrajeron sin más como el de los otros chicos, no, a ellos los malograron como intentaron hacer conmigo.
—Pero tú no perdiste tú poder ni lo mancillaron tampoco, ¿cómo es posible?
Nymphadora se encogió de hombros:
—No sabría decirte, pero el jinete mayor creía que yo contaba con las barreras precisas, de hecho, Rufus me dijo que sería una de las cosas que tendría que aportar en esta misión loca.
—¿Qué?
—Que es una de las cosas que Harry debe aprender de mí, aunque para ser sincera, no tengo la menor idea de qué es lo que quiere que le enseñe, pues esas barreras, bien, si existen llevan ahí desde que nací, nunca las invoqué yo.
El silencio se hizo en el lugar por unos instantes:
—He de suponer que ese tal Rufus quiere algo de Harry también.
Dijo Remus, Nymphadora sonrió de medio lado:
—Chico espabilado, es evidente que no ofrecerá su ayuda gratis, antes no sabía lo que este chico podía ofrecerle a Rufus, pero al enterarme de su parentesco con el rey…—no terminó su frase, dejando en claro que ahora Harry sería visto como una persona a tener en cuenta para influir en el rey.
Eso evidentemente a él no le agradó para nada, y si había algo claro, era que nunca haría uso de semejante influencia, pese a que ahora que recordaba ya lo había hecho. Frunció el ceño molesto consigo mismo.
Abrió la boca para dejar ese punto en claro, pero un escalofrío lo recorrió de arriba abajo, antes de darse cuenta se tiró contra Remus y lo apartó.
Ambos cayeron rodando por el suelo, Nymphadora fue también rápida y se agachó en el acto:
—Al fin hemos dado contigo pequeña gatita escurridiza. No pensé que te encontraría en este lugar, pero me alegro.
La voz era ratonil e incluso algo nasal, Harry percibió en el acto que Remus se tensaba y lo apartaba de su lado sin tener el menor cuidado.
Cuando se incorporó miró a su alrededor sorprendido y como buscando algo.
—Peter.
Escuchó que susurraba Nymphadora acercándose a ellos. Al escuchar el nombre, Remus la miró con sorpresa y Harry no pudo más que sentirse curioso, tanto Remus como Harry miraron hacía el mismo lugar que miraba Nymphadora.
Allí había cinco enmascarados con túnicas negras.
—Jinetes.
Se le escapó a él mismo, el que se encontraba frente al resto aplaudió:
—Muy bien chico, veo que comienzas a comprender lo que está sucediendo. Te aconsejo algo, lárgate de aquí, antes de que decida, que quitarte la vida, puede resultar divertido.
—Peter.
Remus habló más fuerte y se puso en pie, no dudo en colocarse ante Nymphadora y mirar a los jinetes, el tipo que se encontraba delante movió curioso la cabeza de un lado a otro, de repente volvió a dar una palmada y sin más retiró su máscara y la dejó caer.
Abrió ambos brazos y una sonrisa adornaba su rostro. Un rostro redondeado, unos ojos pequeños y oscuros, su cabello era pelirrojo y escaso, había algo en él que hizo que Harry se estremeciera, ahora comprendía que la descripción de Nymphadora era acertada.
El tipo parecía realmente una rata, sus dos dientes sobresalientes lo habían ver aún más de ese modo.
—No es posible, ¿Remus?, ¿acaso eres tú?
No había duda de la sorpresa en su voz, y tampoco de la sorpresa en el rostro de Nymphadora, quien al ver que esos dos se conocían, miró a Remus alarmada y asustada:
—¡TÚ!, Debí suponerlo, eres un traidor, creí que podías pertenecer a los que estaban con Rufus, pero no es el caso. Los has avisado, les has revelado mi paradero y querías entregarle a Harry.
Esas acusaciones hicieron a Remus mirarla enfadado:
—¿De qué estás hablando loca?, quédate callada, sin duda estás más guapa. —La apartó de él y encaró a Peter de nuevo: —Así es, soy yo Peter, creí que estabas muerto. Que al igual que Lily y James habías sido asesinado por los Jinetes.
El tal Peter ladeó la cabeza hacía la derecha y sonrió de medio lado:
—¿Cómo iban ellos a matarme siendo la mano derecha del jinete Mayor viejo amigo?
Esas palabras sorprendieron a Remus que rápidamente se tensó:
—¿Mano derecha?, ¿de qué estás hablando? Creí que Sirius, James y yo éramos tú familia.
Peter mostró todos los dientes en un principio y seguidamente echó la cabeza hacía atrás y prorrumpió en una sonora carcajada:
—Remus, siempre fuiste tan buenazo. De todos eras el más listo y a la vez el más tonto. O quizás ese puesto era de James, un tonto confiado. No sé cómo pudo llegar a creer que podía escapar, debió regresar cuando descubrió todo, aceptar su prestigioso destino, asumir su papel en la historia.
—Estás loco Peter.
—Te equivocas viejo amigo, era el único que veía en verdad, que comprendía lo que James era y podía ser. Por eso me quedé a su lado, por eso aguante ser el pequeño y asustadizo Peter durante tanto tiempo.
Pero cuando me reveló sus intenciones de traición, me sentí engañado, tantos años a su lado para que me pagara con destruir todo lo que tanto había añorado. No, no podía permitirlo.
Por ello revelé al mayor de los jinetes el lugar donde se ocultaba él y esa escoria con la que se había juntado.
—Los traicionaste, traicionaste a James y Lily, los vendiste, fuiste tú.
Remus parecía sorprendido y sin poder creérselo, Peter hizo una grácil reverencia y solo levantó su rostro para mirarlo con una sonrisa sarcástica:
—Culpable y para nada arrepentido. Tú deberías estarme agradecido más que nadie, también era consciente del regalo que James te hizo amigo mío, un regalo que yo desee recibir con todo mi ser. Pero para James no parecía ser alguien merecedor de ello.
Te odié, quise que te mataran el primero, pero te entrenaron demasiado bien en esa academia, la cual ahora me pertenece.
—¿De qué estás hablando?, James no…
—Te convirtió en un Jinete, compartió su poder contigo, ¿sabes cuantos hubiesen muerto por conseguir lo que ahora tú posees?, no todo el mundo puede ser receptor de un Potter, Remus, pero yo deseaba que lo intentase, me daba igual morir en el intento, mi vida no significaba nada sin ese gran poder.
—Estás loco, te has vuelto loco de verdad, este poder no es…
—Este poder lo es todo. Este poder, Remus, será lo que domine todo el mundo. Pero ya no hay problema, porque lo conseguí, conseguí el poder de los jinetes y para que otros puedan también conseguirlos, es preciso que me entregues a esa gata que te acompaña.
Ella, será quien nos brinde la posibilidad de hacer crecer nuestra pequeña familia.
El silencio duró unos instantes, lo que tardaron Remus y Harry en procesar esas palabras, antes de darse cuenta, Harry, cogió la mano de Nymphadora y tiró de ella.
—No comprendo lo que estás diciendo Peter, pero hay algo que quiero que entiendas en estos instantes. Vas a morir y lo harás a mis manos.
La voz de Remus sonó rotunda y cargada de odio y rencor, Peter despreció las palabras dichas por este con un movimiento despectivo de su mano e inquirió:
—Venga ya Remus, deja esas amenazas vacías, eres un pobre diablo en comparación a lo que yo soy ahora, además, ambos sabemos que tu lugar está conmigo. Es el lugar a donde James habría pertenecido sino fuera por esa despreciable de Evans.
—¿Vacías?
En ambas manos de Remus aparecieron sendas esferas de color plateado, Harry podía jurar algo, nunca en su vida había visto la expresión que había en el rostro del aprendiz Remus Lupin.
Sus ojos dorados entrecerrados y con un brillo que reclamaba venganza, sus labios finos cerrados en una línea en su rostro, sin rastro de su típica sonrisa amable, su semblante, una máscara de odio.
Por su parte Peter sonreía, confiado sin duda de que lo que Remus pudiera hacerle no era nada del otro mundo.
—Venga Remus, no vas a hacer nada, nunca fuiste de esa clase de gente, tú corazón es demasiado noble para ello.
—Es posible que él no, pero apuesta que no es mi caso.
La voz salió de ninguna parte y la esfera gris se estrelló contra una barrera que cayó en cuanto hizo contacto, la siguiente esfera fue esquivada por cuatro de los cinco Jinetes, pero el quinto no fue capaz y cayó varios metros, no volvió a levantarse.
Peter por su parte recibió un placaje que lo tiró al suelo. Remus, Harry y Nymphadora estaban congelados sin creerse lo que estaban viendo.
—Sirius.
La voz de Remus estaba cargada de miedo y sorpresa, pero no hubo tiempo para seguir observando el cómo Sirius golpeaba con ambas manos a Peter, pues los otros tres se dispusieron a atacar a Sirius.
Remus y Nymphadora se pudieron en marcha en el acto y enfrentaron a los tres, Harry no podía reaccionar. ¿Qué estaba pasando con exactitud? Sus ojos verdes solo veían y seguían un plano en concreto.
Sirius parecía desquiciado y no paraba de repetir que iba a matar a Peter, que vengaría a Lily y James. Que ese pequeño e insignificante ser no sobreviviría a ese día.
¿Quiénes eran sus padres exactamente?
Quienes fueran James y Lilian, no lo sabía, pero sí sabía algo, podían despertar lealtades casi infranqueables y odios casi enfermizos.
Como autómata, se acercó a Sirius y ese insignificante ser que se encontraba bajo él intentando impedir los golpes.
Los observó a ambos, pese a estar siendo golpeado, Peter reía divertido y seguía hablando:
—Tanto rencor y odio contra mí, deberías odiar a tu querido James, nunca confió en ti realmente Sirius.
Era yo quien de verdad lo conocía. ¿Te creías su segundo?, qué iluso, no sabes nada de su historia real, de lo que él y su familia son en verdad.
Tenía miedo que lo descubrieses, tú, el gran Sirius Orión Black, el hombre que más despreciaba a los Jinetes. Eso era James y eso es Remus, un Jinete, ambos tenían la oscuridad en su interior, e incluso yo la tengo ahora, tú eres el único que no pertenece a nuestra familia.
Siempre creíste que era yo el débil y marginado y la realidad era otra.
—Cállate, cállate despreciable rata. No volverás a traicionar a nadie, porque voy a matarte.
En la mano de Sirius apareció una esfera, pero esta ya no era Gris, el color de la esfera se había oscurecido, Peter y Harry lo vieron. Los ojos de Peter brillaron de forma inmediata.
—Eso es, hazlo, hazlo Sirius, sabía, que de todos, tú eras quien más se me parecía, tú deberías haber recibido ese extraordinario regalo de James, pues tú si podrías haber comprendido la magnitud del presente, llegarías a comprender el brillante futuro que James podía construir.
Harry actuó más por instinto que por otra razón, pero al recordar algo que Nymphadora había dicho, no lo dudo, se lanzó contra Sirius y ambos cayeron rodando por la hierba.
Sirius se revolvió como loco contra él y a duras penas consiguió retenerlo:
—¡Ya basta!, SIRIUS.
Eso pareció detenerlo en seco y consiguió que Sirius lo mirara entre sorprendido y aturdido:
—¿Harry?, ¿por qué me has detenido?, suéltame, ese miserable ha de morir, por su culpa James y ...
—No, no puedes hacer eso, no puedes Sirius, si lo haces te estarás condenando a ti mismo.
—Nadie me juzgará por matarlo.
Sirius intentó librarse de nuevo, pero él no se lo permitió:
—No lo comprendes. Invoca tú poder, míralo, mira en lo que te estás convirtiendo.
No supo si Sirius lo hizo porque se lo había pedido, o porque estaba dispuesto a quitarlo de en medio con él, pero este al final miró la esfera que acababa de invocar. Cuando sus ojos grises vieron la esfera, frunció el ceño:
—No me importa chico, me da igual, solo deseo hacerle pagar lo que….
—Sé lo que deseas Sirius, lo sé muy bien, pero no es el método.
Ambos miraron hacía Peter, quien estaba petrificado mirando hacia ellos, sus ojos pequeños y oscuros solo los enfocaban a ellos, se había quedado a medio camino de limpiarse el labio, una media sonrisa se encontraba congelada en su rostro:
—No es posible, él me aseguró que estabas muerto, me lo dijo riéndose y feliz. Se jactó de que habías muerto a sus pies junto con esa escoria de Lil…
—No se te ocurra decir su nombre.
Cortó Sirius furioso, Peter no pareció escucharlo, pues solo tenía ojos para Harry, cuando sus ojos se encontraron, Peter cerró la boca y se desconcertó:
—Tú no eres James. ¿Quién demonios eres tú entonces?
—Y hay tenemos la razón de por qué no habían ido antes por Harry. Quien traicionó a James y Lily desconocía de su existencia.
Escucharon que decía Remus, justo a su lado se encontraba Nymphadora, ella respiraba agitadamente, su vestido estaba hecho un desastre y su peinado era algo loco.
Peter miró a su alrededor y se encontró con un escenario desalentador ante él, sus cuatro secuaces estaban fuera de combate. Tres heridos de gravedad, uno, inconsciente o muerto. Harry no estaba muy seguro de cuál de las dos cosas había logrado Sirius, aunque algo le decía que era la segunda.
—¿James y Lily?, ¿qué tiene ese muchacho que ver con ellos?
—Te presento a Harry James Potter, Peter, aquello que ahora debemos conseguir.
Peter miró al recién llegado, Harry también lo miró y enseguida lo reconoció, el tipo hizo un pequeño gesto de saludo:
—Hola de nuevo pajarito. –seguidamente miró a Nymphadora, le sonrió de medio lado: —Y a ti también gatita. Confieso que esta reunión no me la esperaba, pero algo me dice que será productiva. Por esta vez habéis ganado, disfrutad de vuestra libertad temporal, muy pronto la perderéis, a no ser que luchéis por conservarla.
Al decir esto, el tipo miró fijamente a Harry:
—En especial tú, pajarito.
Antes de que ninguno pudiera decir nada, Peter y el tipo de cabello negro desaparecieron de allí, los tres jinetes heridos también.
Como si poseyera un resorte, Sirius se movió de forma mecánica y su puño fue a parar en este caso al rostro de Remus, que de la sorpresa cayó al suelo.
—¿Qué demonios haces loco?
Inquirió Nymphadora sorprendida, se agachó para ayudar a Remus quien estaba tardando demasiado en actuar:
—¿Por qué jamás me lo dijiste?, ¿Por qué ambos me lo ocultasteis?
Remus miró a Sirius unos instantes y suspiró:
—Odias a los Jinetes Sirius, James lo sabía mejor que nadie, él mismo no soportaba saber que tenía el poder de uno. Cuando nos dimos cuenta de que mi poder provenía del suyo preferimos no decir nada a nadie. Temíamos tu reacción, tu rechazo.
—Jamás os apartaría de mí. Os conozco de siempre, no dudaría nunca de vosotros, ¡éramos una pandilla! ¿Cómo pudisteis creer que os traicionaría?
—¿Cómo podíamos imaginar que Peter lo haría?, y es justamente lo que sucedió.
Sirius apretó los puños dispuesto a lanzarse contra él:
—No me compares con esa despreciable rata ruin.
—YA BASTA.
Nymphadora invocó dos esferas y apunto a cada uno de ellos con las mismas, Harry chasqueó la lengua irritado, y Sirius al fin la notó:
—¿Quién es esta loca?
—¿Loca?, ¿a quién llamas tú loca perro?
Sirius la miró sorprendido unos instantes y rompió a reír divertido:
—Con carácter, me gustas moza, habéis encontrado una buena pieza. Así que eres amiga de Rufus, ¿y qué quiere ese maniaco ahora?
Sirius se perdió la mirada que Remus le lanzó, Nymphadora por unos instantes lo miró, para seguidamente hacer desaparecer ambas esferas:
—Creo que no es preciso que te lo diga, ya lo sabes, has estado escuchando todo.
Sirius formó una sonrisa despreocupada, como si escuchar a escondidas no fuera malo.
—Si quien yo suponía mi mejor amigo guarda secretos, no me puedes culpar.
—¿Tú mejor amigo? —Remus rompió a reír, su risa era amarga y frustrada: —Y un cuerno, tú y yo no somos nada, realmente nunca lo hemos sido. Te has pasado la mayor parte del tiempo ocultando cosas. ¿Desde cuándo sabes de Rufus?, ¿quién es?
—Mejor no hablar sobre quién ocultó más tiempo algo a quién.
Nymphadora y Harry intercambiaron una mirada uno con el otro desconcertados, pues Sirius y Remus se pusieron a discutir como dos niños pequeños, y a echarse en cara todos los secretos que parecían tenerse el uno al otro. Nymphadora se acercó a Harry y decidió sentarse a mirar el espectáculo.
Entre sorprendido y extrañado, Harry se sentó a su lado, no conseguía asimilar todo lo sucedido allí. James Potter, ¿qué se supone que había querido decir ese tipo con respecto a los Potter´s?
—Parecen un matrimonio. —Inquirió Nymphadora, al mirarla, Harry se la encontró sentada en forma de mariposa, observando la discusión como si se tratase de un combate: —Es una lástima, el tipo parecía un buen partido.
Extrañado miró hacia ella, ¿hablaba de Sirius o de Remus?, al fijarse a quién miraba ella, chasqueó la lengua. Remus le daba pena.
Era evidente por la mirada de Nymphadora que el aprendiz acababa de convertirse en un claro objetivo para ella. Suspiro, su vida se estaba complicando por momentos.
—¿Pensáis terminar hoy?, tenemos que regresar, ya ha anochecido.
Interrumpió cansado, tanto Sirius como Remus miraron hacia el cielo, como cerciorándose de que sus palabras eran ciertas, y seguidamente lo miraron a él.
—Es cierto, debemos regresar, pero antes hay algo que tenemos que comprobar. Ponte en pie Harry.
Remus había recuperado su tono serio y mandatorio, exasperado, Harry obedeció:
—Cierra los ojos Harry. –Como no tenía ganas de discutir y solo deseaba regresar obedeció en el acto: —Ahora quiero que llegues hasta mí y Sirius, que te tele trasportes hasta donde nosotros nos encontramos.
Antes de comenzar con esto, hay tres cosas que debes tener en cuenta Harry, has de estar muy seguro del destino al que quieres llegar, tener la determinación y la desenvoltura precisa, pero sobre todo, estar seguro de la decisión que estás tomando.
Esas son llamadas las tres D´s de las tele-trasportaciones.
—¿Estás seguro de esto Remus?
Preguntó Sirius nervioso:
—Hemos de conseguir que lo haga por su cuenta, si por un casual Harry se desapareciese de un lugar sin previo aviso y de sorpresa incluso para él, sería muy peligroso.
Este poder en concreto, se manifiesta sobre todo cuando alguien se encuentra en una situación delicada. Temí que cuando Dumbledore lo llevó al límite, este se manifestase, pero no fue el caso, no sé si alabar su valor o temerlo.
No podemos arriesgarnos a que surja sin aviso, los que poseen el don de la Luz, no pueden tele-trasportarse, solo los Jinetes poseen esa habilidad, en cuanto lo hiciese una vez, todo el mundo descubriría de dónde procede su poder.
Y puedo apostar mi propio pellejo a que ni siquiera tú, te arriesgarías a comprobar lo que sucedería si eso pasase.
Harry no pudo ver la expresión de Sirius, pero cuando escuchó su gruñido en protesta y la risita divertida de Nymphadora supo la respuesta.
—Concéntrate Harry, no importa lo que tardes, lo único importante es que lo consigas. Una vez hecho, te resultará muy sencillo controlarlo en todo momento y utilizarlo solo en tu beneficio.
El silencio se hizo en el lugar, pero él no sintió ni un mínimo cosquilleo, nada que lo hiciera sentir que podía hacer lo que este decía.
Había visto a Nymphadora y a Remus hacerlo, pero él no se veía capaz de conseguirlo.
—¿Es posible que un Jinete no pueda?
Sirius lo había susurrado, pero en ese silencio no sirvió de nada, Harry lo escuchó perfectamente y se sintió nervioso.
—Quizás no esté listo, conozco algunos Jinetes que han tardado mucho en conseguirlo.
Escuchó que aportaba Nymphadora, Remus los mandó callar a ambos y él se sintió irritado. Tras un nuevo rato en sumo silencio se cansó. Harry abrió los ojos irritado:
—No creo que pueda, en serio, esto es una pérdida de tiempo.
Remus lo observó por unos instantes en silencio, seguidamente se acercó a él:
—A partir de mañana serás mi aprendiz.
No dijo más, se giró y se largó de allí, Sirius se quedó con la boca abierta, mirando a uno y otro:
—¿Cómo?, de eso ni hablar, le dije a Dumbledore que yo sería tu tutor.
Y otro que echó a andar siguiendo a su amigo sin duda para discutir con él sobre aquel asunto. Negó intentando asimilar un poco todo aquello y caminó hasta su caballo, montó en él, y Nymphadora se le acercó.
—Me despido de ti Harry, he de ir a hablar con Rufus sobre nuestro aprendiz, hay algunas cosas curiosas que seguro deseará saber. Además, he de hablarle de ti.
Sonrió de medio lado y comenzó a alejarse, Harry la miró darse la vuelta:
—¿Volverás?
Ella giró el rostro, le guiñó un ojo y sonriendo inquirió:
—No te librarás tan fácilmente de mí, nos veremos antes de que me puedas echar de menos.
Y supo que no mentía, sonrió a su vez, e hizo a su caballo girar y vio como Remus y Sirius lo esperaban ambos, subidos a sus respectivas monturas, al darse cuenta de que los miraba, ambos lo miraron, Sirius sonrió e hizo un gesto con la cabeza como llamándolo a que se acercara a ellos, Remus tan solo sonrió a su vez.
Los contempló por unos instantes, esos dos eran parte de su pasado, un pasado que desconocía y que parecía tener una fuerte repercusión en su futuro más próximo, ¿era conveniente acercarse a ellos y averiguar más de ese pasado?
En su interior sentía curiosidad, pero a la vez, ellos dos, representaban todo lo que él había deseado obviar, que claramente no pertenecía a los Lovegood.
Azuzó a su caballo y cabalgó en dirección hacia ellos, mientras se iba acercando su mente se debatía entre pararse cerca de ellos y cabalgar a su paso, o seguir de largo, ignorarlos, ignorar lo que ellos suponían y lo que podían suponer para él.
Según se acercaba más espoleó a Azabache, los pasó a gran velocidad y percibió las caras de desconcierto de ambos, un sentimiento de culpabilidad lo asaltó, por ello sin detener a azabache gritó a pleno pulmón:
—VEAMOS LO QUE PODÉIS OFRECER.
No tardó en escuchar la risa del aprendiz Sirius Black, ni la voz de Remus Lupin gritando un, "arre", a su propia montura.
No miró para atrás, pero una pequeña sonrisa se formó en su rostro cuando escuchó ambas monturas corriendo a galope tendido tras él.
La cena fue tranquila y bastante amena, Harry había tomado la decisión de hablar lo menos posible, comer rápido y salir de allí.
Tras terminar con esos pasos se decidió por dar una vuelta por los alrededores, pensando seriamente lo que sería de él y en todo lo que Nymphadora había dicho.
Al llegar al lago donde había visto a Lady Granger sonrió de medio lado, aún no podía creerse que aquella muchacha refinada era la misma mocosa que junto a Malfoy lo había dejado fuera de un torneo que deseaba librar.
—Y una se pregunta a qué se debe esa sonrisa en el rostro del nuevo juguete favorito del supremo.
Harry se giró sorprendido de escuchar la voz de la persona en la que precisamente estaba pensando. Se encontraba vestida con uno de sus elegantes vestidos, aunque su peinado no se encontraba tan pulcro como sus vestimentas, él hizo una inclinación de cabeza hacía ella y recuperó su sonrisa:
—Recordaba una anécdota curiosa de mi infancia, Lady Granger.
—¿Y cuál podría ser?
Preguntó interesada, sea cercó hasta él y contempló el lago a su vez:
—¿Qué tal su día en el mercado?, ¿Encontraron algo que les gustase?
Cuestionó cambiando de tema, ella lo miró unos instantes y sonrió a su vez:
—Algunas cosas, no diga nada, pues es una sorpresa, su hermana le tiene un presente. Aseguró que usted quedaría encantado con ello.
Frunció el ceño algo desconfiado, conocía a Luna lo suficiente como para saber que aquello no podía ser nada bueno:
—Tendré que esconderme el mayor tiempo posible de ella.
Lady Granger rompió a reír divertida por sus palabras:
—No puede ser tan malo.
—No conoce a Luna lo suficiente si puede afirmar eso.
Sentenció él, ella sonrió de medio lado y ladeó la cabeza:
—Creo que exagera, a mí me mostró el presente, y de confesar, que no es algo que entre en la línea de regalos típicos de Luna.
—Eso implica que es peor de lo que yo pensaba, ¿no podría ser benevolente conmigo y decirme que artilugio infernal encontró mi hermana en esta ocasión?
Lady Granger alzó su mano y guiñándole un ojo negó:
—No puedo hacer eso, no sería algo que una buena amiga haría.
Él sonrió a su vez:
—Se equivoca, sería lo que una gran amiga haría, prevenir a un joven en serios apuros, eso dejaría a cero la deuda que tiene conmigo.
Sus palabras la desconcertaron:
—¿Deuda?, No recuerdo tener ninguna deuda con usted.
Él sonrió a su vez y se acercó a ella, al hacerlo ella tuvo que alzar un poco su rostro para poder seguir mirándolo a los ojos:
—Se equivoca Lady Granger, tiene usted una deuda conmigo desde hace unos cuantos años. –ella lo miró perdida y sin comprender: —Sí, exactamente desde hace siete u ocho años, cuando decidió dejarme fuera de juego en cierto torneo que se libró en mi casa.
Ella abrió los ojos al máximo sorprendida:
—Se ha acordado.
Él llevó una de sus manos a su nuca, y guiñándole un ojo inquirió:
—Tengo un chichón permanente para recordarlo.
No pensaba decirle que en realidad había sido el príncipe Ronald quien le había hablado de aquél encuentro.
—Pues ha tardado mucho en hacerlo, ¿no?
Él la observó en silencio unos segundos:
—Usted tampoco lo puso muy fácil para mí. He de confesar que no es para nada como la recordaba.
Ella sonrió de medio lado y Harry percibió el brillo en sus ojos, un brillo que le dijo que lo que venía no iba a ser para nada bueno:
—Así que ¿ya no soy la maldita niña sin modales, inteligencia, poco delicada, que parecía más un chico y que no sabía razonar?
Según hablaba ella iba acercándose a él y Harry se sintió un maldito estúpido, ¿había dicho él semejantes cosas?, retrocedió intentando mantener las distancias con ella, algo le decía que si no lo hacía, esta lo golpearía:
—Es evidente que me escuchaste tras que desperté, ¿por qué no entraste a hablar conmigo entonces?
Eso la pilló desprevenida y retrocedió un paso:
—Iba a hacerlo, fui a disculparme, pero tú dijiste todo aquello y yo…
Harry la observó por unos instantes y suspiró, repasó su cabello:
—Estaba muy enfadado, me habías quitado una gran oportunidad para conseguir respeto de Nott y el idiota que siempre le seguía. No creí que estuvieses escuchando y lamento si te herí con lo que dije, no era mi intención.
Ella lo miró por unos instantes:
—En realidad tenía deseos de volver a verte, quería demostrarte lo equivocado que estabas, que era todo lo que tú decías que no era. Deseaba que reconocieses que era toda una señorita y después pensaba decirte sobre nuestro primer encuentro.
—¿Querías reírte de mí?
—En realidad hacerte tragar todas tus palabras.
Ella se encogió de hombros con indiferencia: —Ahora no será posible pues ya has recordado.
—Eso no significa que no me las esté tragando todas y cada una de ellas. Es más, creo que deberé pasar por las cocinas antes de retirarme a descansar, necesito un poco de agua para pasarlas del todo, pues se me están atragantando. –Ella levantó la mirada y él continuó: —Nunca me había equivocado tanto con un criterio, os pido mis más sinceras disculpas Lady Granger, no podría haberos juzgado de forma menos acertada.
Se inclinó ante ella, por lo que se perdió por completo la mirada que ella le dedicó, cuando levantó el rostro para mirarla, ella le dedicó un sonrisa radiante y se sintió el idiota más grande de la faz de la tierra.
—Disculpas aceptadas Joven Potter.
Él respondió a su sonrisa, se irguió y le ofreció su brazo:
—¿Aceptáis que este bocazas os haga de escolta hasta vuestros aposentos?
Ella se cogió de su brazo y asintió:
—No podría desear un bocazas mejor.
Ambos rieron divertidos y comenzaron a caminar, su paseo estuvo lleno de pequeñas bromas y algunas palabras amistosas. Cuando llegaron a la habitación que ella ocupaba Harry agarró su mano y la besó:
—Ha sido un honor compartir este tiempo con vos Lady Granger, ojala se repita con frecuencia.
—Eso está hecho.
Iba a solicitarle que se vieran al día siguiente en el lago para que le mostrara un poco más de su don cuando la puerta continua a la de ella se abrió.
Lord Granger apareció por esta, era evidente que iba saliendo para asistir a alguna clase de reunión, en cuanto cerró la puerta y se giró se quedó paralizado.
Sus ojos fueron directos a las manos de ambos, la cual Harry aún no había soltado:
—¿Hermione?, te hacía ya acostada. Joven Potter, no esperaba encontrarlo por estos lares.
La mirada de Lord Granger lo perforó como si se tratara de un asesino, como si le quemara soltó la mano de su hija de inmediato:
—Lord Granger, Buenas noches, solo acompañaba a Lady Granger hasta sus habitaciones, no creí conveniente que pasease sola a estas horas.
—Y uno se pregunta, ¿qué haría mi pequeña paseando a estas horas?, cualquier caballero que se precie de llamarse así, sabría que no son unas horas adecuadas para que una muchacha pasee.
Harry se sintió irritado ante el insulto que Lord Granger le estaba dispensando, pero debía reconocer que en cuanto se encontró con Lady Granger debió ofrecerse a acompañarla a su cuarto y no quedarse a charlar con ella, apretó los puños y se preparó para dispensar una disculpa, pero Lady Granger habló primero:
—Entonces debéis culpar a mi tío padre, pues el rey Arthur tuvo que dejarme regresar sola desde los patios pues sucedió un altercado al que tuvo que atender sin demora. De regreso me encontré con el joven Potter y él enseguida se ofreció a acompañarme.
Harry se abstuvo de mirarla, pero en su interior se preguntaba, ¿cuánto de esa historia era verdad?, estaba claro que la parte concerniente a él no lo era.
Lord Granger contempló a su hija unos instantes y seguidamente a él:
—Buenas noches hija, joven Potter, si es tan amable, me encantaría que pasease conmigo.
No dijo nada más, pasó entremedias de ellos dos y se alejó, entre sorprendido y asustado miró a Lady Granger, ella tenía una sonrisa traviesa en su rostro:
—Buenas noches joven Potter, deseo que su paseo sea de lo más ameno. –seguidamente miró a su padre, se acercó a él rápidamente y lo obligó a acercarse, sintió su aliento a la altura de su oído y ella le susurró: —Veremos si pasas la primera prueba, te diré algo, le gustas.
Ella se separó de él, la miró sin comprender, ¿prueba?, ¿Qué le gustaba al Lord Granger?, si eso era gustarle, ¿qué era desagradarle?
Iba a preguntarle pero Lord Granger habló:
—No tengo todo el día joven Potter.
Lady Granger soltó una risita divertida y se perdió tras su puerta, exasperado y sin comprender nada se acercó a Lord Granger quien lo estaba esperando revisando un documento.
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