Capítulo X
.
El vendedor me entregó los cigarrillos justo en el momento en que Andrea pasaba tras de mí, tuve el primer impulso de girarme y decirle algo, pero inmediatamente pensé que no sería buena idea acosarla, después de lo que le había hecho.
Odiaba ser tan considerado, más veces de las que quisiera, tenía la sensación de que aquella era la causa de todos mis males. Me di la vuelta, cuando pagué los cigarrillos y la miré disimuladamente. Estaba con sus amigas que se comportaban como fans conteniendo sus impulsos. Ella comenzó a alejarse.
Me quedé en la puerta observándola alejarse. Era extraño, no me había preguntado hasta ahora, cómo era posible que me la encontrara aquí. Me giré hacía Tom, que venía caminado con dos cafés en la mano, presumí que uno para él y otro para mí. Había en mi cabeza, una pregunta sin forma aún. Mi hermano me observó, deteniéndose al llegar a mí, pero no dijo nada. Volví a mirar en la dirección, en la que iba Andrea, como si necesitara que el contacto no se rompiera del todo.
En momentos en la vida de todo ser humano, en las que damos pasos en un camino a oscuras, no sabemos a dónde nos dirigimos, ni que esperamos, pero seguimos avanzando.
- Ve – me dijo Tom, lo miré, me sentía desorientado y extrañamente absurdo, inseguro. Como cuando te gusta una chica de tu clase y la ves día tras día, sin poder hablarle – Ve – me apremió – llévale un café.
Me extendió los dos vasos que traía en las manos y yo los recibí, carente de voluntad. Miré fijamente a Tom, ya que a pesar de que nos peleábamos la mitad del tiempo, y la otra mitad no estábamos de acuerdo. Había momentos como éste, en los que confiaba plenamente en su criterio, aunque luego quisiera matarlo.
Tomé los dos vasos de café y comencé a caminar tras ella, pasando junto a sus amigas, que emitieron una exclamación ahogada. Entonces escuché a mi hermano hablarles.
- ¿Les sobra un café? – preguntó.
Miré hacia atrás, y una chica rubia le respondió en inglés.
- Sí, nos sobra uno.
Me reí casi con ironía, no lo podía creer, estábamos teniendo vida social, en una gasolinera.
La vi entrar en una caravana que había a pocos metros. Así que concluí que como fans estaban en la carretera junto a nosotros. ¿Llevarían siguiéndonos desde hacía mucho? Recién descubierto esto, se me hacía más difícil entender qué le había molestado tanto del beso que le había dado, no era después de todo, algo como eso ¿lo que siempre esperaba una fan?
Quizás no. Y justamente esa interrogante me tenía aquí fuera de la caravana.
Respiré profundamente, notando la insistente formación de un nudo en mi estómago. No quería ponerme nervioso por algo tan simple como intentar hablar con una chica. Y al decir intentar, me refería literalmente, a intentar.
La puerta se abrió de improviso y la retuve con el hombro, o me habría dado en plena cara. Creo que por un momento me puse pálido ante la idea de dar un concierto con marcas de una puerta de caravana en el rostro.
Esperé un segundo, pero nada pasó, me asomé y ella estaba inmóvil en mitad de la pequeña escalera que daba al piso. Ella sólo me miraba intensamente, creo que sorprendida incluso.
- ¿Café? – le pregunté, enseñándole uno de los vasos de café que traía en la mano.
Se quedó un instante más en silencio.
- Gracias… - susurró finalmente, con lo que comprendí que estaba aceptando.
Me sentía un poco más tranquilo, aunque el nudo en el estómago, seguía intentando tomar el poder. No lo dejaría. ¿Desde hacía cuanto, no tenía una sensación así? No lo recordaba, quizás había alzado una pared muy alta entre el mundo y yo. Sólo había abierto una pequeña puerta, para que entrara Reina. Sacudí ese pensamiento. Ahora no pensaría en ella.
Le hice un gesto a Andrea, preguntando si podía pasar.
Me miró atentamente como si estuviese evaluando mis intensiones, lo que me arrancó una sonrisa traidora, bajé la mirada de inmediato, sin poder evitarlo.
- Entra… - dijo finalmente, aguantando una sonrisa también. La miré con mi mejor expresión de inocencia.
- Gracias… - le contesté, subiendo, cuando ella me dejó paso, haciéndose atrás en el pequeño espacio que había – esto es pequeño… - expresé cuando estuve de pie en el interior, un poco encorvado por miedo a golpearme la cabeza.
- Siéntate… - me ofreció en tanto giraba el asiento del conductor hacía la pequeña mesa que había, sentándose en él.
Nos miramos. La luz dentro no era muy intensa ¿Y ahora?
Era evidente que teníamos un problema con la comunicación.
Le extendí el vaso de café, ella sonrió, aunque era más una sonrisa amable, que una de alegría. Abrió el caso y miró su interior, asintiendo cuando vio que era café solo.
- ¿Te gusta? – le pregunté, me imaginaba que sería una pregunta fácil de responder.
- Sí… - asintió inmediatamente.
- Me alegro por qué no sabía… - quise comenzar a explicarle, recordando que nos era prácticamente imposible entendernos. Ella parecía sentirse igual de frustrada.
Suspiré. Se produjo un nuevo momento de silencio, probé mi café.
- ¿Te gustan? – me preguntó entonces, sacando de una bolsa, la caja de chocolates que había comprado hacía un momento.
- Sí… - asentí entre frustrado y resignado.
Comenzó a abrirla, y nos encontramos entonces con cuatro filas de siete bombones cada una. Me ofreció.
Era curioso encontrarme decidiendo cuál de ellos podía tener un relleno que me gustara. Paseé los dedos, por encima de los chocolates, sin decidirme, moviéndolos lentamente mientras cavilaba en la forma de casa pequeño trocito de chocolate y en la sugerencia que me hacía.
Andrea exclamó algo en español, que no comprendí, pero que por el sonido de su voz, me pedía claramente que escogiera.
- Espera… - me reí. Ella entornó los ojos.
- ¡Ese!... – me indicó uno, lo miré, parecía decirme 'soy de trufa', pero no estaba seguro.
- Mmm… - hice un sonido, mirándolo sospechosamente.
- Oh… - se quejó ella, lo tomó y mordió la mitad.
Me quedé observando, la forma en que sus labios se cerraron en torno al bombón, mordiéndolo. La mitad de este se quedó entre sus dedos, en tanto ella comenzaba a saborear.
- Menta… - concluyó, cuando pudo hablar, haciendo un gesto que me indicó que no era precisamente su combinación favorita.
- Bien… - murmuré – comenzando a reconocer los que había en la caja, con la misma apariencia. Los agrupé sobre la tala abierta – menta – le indiqué.
Ella asintió sonriendo, con una expresión algo más alegre.
- Tú… - me indicó.
Arrugué la nariz ante su petición, era obvio que me estaba diciendo que era mi turno. Ella rió más alegremente.
Volví a repasar los chocolates, con los dedos por encima.
- ¡Ahora!... – se desesperaba, y había algo que me gustaba en aquella desesperación. Me divertía.
La miré de reojo, en tanto continuaba con mi movimiento. Andrea observaba atentamente mis dedos. Tomé uno con rapidez, ni siquiera supe cual, pero cuando lo hice ella pestañeo por la sorpresa, que en su rostro, de inmediato fue reemplazada por la curiosidad.
Me llevé el bombón a los labios y lo mordí, ella se quedó observando mi boca, y pensé que esa misma expresión debía de tener yo, cuando la miraba a ella. Inquietud, atención y deseo. Aunque ella se saboreo, algo que yo no llegué a hacer. Sentí el nudo en el estómago, apretarse un poco más de lo que le tenía permitido.
- Café… - sentencié, al notar el sabor en mi boca. Chipándome los dedos, cuando me comí el resto del bombón.
- Ajap… - dijo ella, lo que me pareció que era una especie de expresión de aceptación.
Separó todos los chocolates iguales dejándolos a cierta distancia de los de menta. Con eso, teníamos resuelto la mitad del problema.
- Ahora tú… - la incité. Notando que mi voz se hacía lago más grave en aquella petición. Como cuando buscaba darle cierto énfasis a la letra de alguna canción.
- Ajap… - volvió a decir, mirando los chocolates que había en la caja. Sólo nos quedaban de dos tipos, eso se nos hizo evidente. Pero de todas maneras ella se debatía entre uno u otro.
- ¡Este! – escogí por ella, tomando uno de los chocolates y ofreciéndoselo para que lo mordiera.
- ¿Sólo hablar? – me preguntó, en una mezcla extraña entre el 'sólo' en inglés y el 'hablar' en alemán, ante la sugerencia abierta que yo estaba haciendo, sin siquiera haberlo pensado.
Asentí suavemente.
Me miró y la mezcla de emociones en mi interior no se dejó esperar. Por un momento quise desviar la mirada y aceptar como absurdo mi arranque, pero entonces Andrea se acercó al bombón que le ofrecía, con cierta cautela. Como un cervatillo que intenta salir del bosque. No dejó de mirarme en ningún momento. La presión de sus dientes me obligó a mantener firme la mano y los apretó mordiendo la cobertura, que se rompió y me permitió sentir, en la punta de los dedos, la suave humedad de su boca.
De pronto fue consciente de cada zona, vulnerable al deseo, que había en mi cuerpo. Entreabrí los labios para respirar.
Si tan sólo hubiésemos empezado con los bombones aquella noche.
Ella comenzó a saborear lentamente, podía notar cierta agitación en su rostro.
- Naranja – sentenció.
Por un instante me quedé completamente en blanco, no supe qué debía hacer. Ella entreabrió los labios yo seguía con la mitad del bombón entre los dedos.
- ¿Te gusta? – quiso saber, y yo tuve que obligarme a comprender, que me hablaba del chocolate.
- También… - respondí.
Ella sólo me miraba ¿qué estaría pensando? desee saberlo, pero aunque se lo preguntara, Andrea no sabría cómo responderme.
- ¿A ti?... – pregunté.
Asintió suavemente. Así que acerqué a su boca el resto del chocolate. Ella se tomó un segundo antes de decidirse a tomarlo, y esta vez fue su lengua la que cosquilleo contra mis dedos.
Me sentí, de pronto, sumergido en la situación más sensual que había protagonizado en mi vida. Notando el sopor que comenzaba a invadirme, y el deseo marcándose contra mi pantalón. Al menos, gracias a la mesa, ella no lo notaría. Ya que si lo hacía, me temía que no me llevaría sólo un mordisco.
Ante ese pensamiento me reí son poder evitarlo.
- ¿Qué? – preguntó, tocándose la boca con los dedos, limpiándola.
- Nada… - seguí riendo, ella pensaría que tenía la boca sucia o algo. Pero no era así.
Me miró entonces seriamente, tomó uno de los bombones que nos faltaba por probar y acercó a mi boca con tanta prisa, que me hice hacia atrás por temor a que me atragantara con él.
Bajó la mano, diciendo algo en español, que entendí a medias.
- ¿Idiota? – pregunté calmando la risa. Me miró primero sorprendida, para pasar a una expresión de indiferencia, a la que sólo le falto que se mirara las uñas, para convertirla en un cliché.
- Sí, idiota… - afirmó.
- Lo siento… - me disculpé, ella desconocía la razón de mi risa. Y tampoco iba a decírselo.
Acerqué mi mano a la suya, que aún sostenía el chocolate, que ya comenzaba a derretirse entre sus dedos.
- ¿Puedo?- le pregunté alzando ligeramente su mano desde su muñeca.
Ella me observó.
- ¿Por favor?... – insistí.
Suspiró y asintió, ofreciéndome el bombón, para que lo tomara. Pero en lugar de eso, alce su mano, desde la muñeca, ella me permitió hacerlo algo desconcertada. El corazón me latía fuertemente por la emoción, por aquella lejana sensación de riesgo, de estar haciendo algo temerario.
Me metí el bombón a la boca, incluyendo la punta de sus dedos. Dejando que mi lengua recorriera la extensión del chocolate y lo empujara dentro. Andrea parecía estar conteniendo el aire. Su mano aún sostenida en el aire por la mía. Saboreé mi bocado lentamente, del mismo modo en que deseaba saborear sus labios.
- Trufa… - sentencié finalmente.
Ella no respondió de inmediato. Y cuando lo hizo, sólo se limitó a asentir.
Escuchamos un par de golpes en la puerta y Andrea retiró de inmediato su mano de la mía, casi tirando de ella.
- Bill… - escuché la voz de Gerard – nos vamos.
Resoplé. Sentía que no había averiguado nada de esta chica en realidad.
- Bien, ya voy… - le avisé.
La miré. Sólo habíamos podido cruzar unas cuantas palabras sueltas, no sabía si la volvería a ver, pero sí sabía que deseaba hacerlo.
- ¿Tienes una libreta? – pregunté. Ella me observó arrugando un poco el ceño - ¿papel? – insistí simplificando las palabras.
- ¿Papel? – preguntó. Asentí notando como el nudo de mi estomago iba liberando mariposas que revoloteaban. Ella asintió y se puso en pie caminando, no muy lejos dado el espacio.
Yo notaba como la ansiedad y la sensación de incertidumbre, se mezclaban en mi interior. No sabía cuánto podía confiar en ella, pero quería hacerlo, al menos intentarlo.
- Papel – me dijo, ofreciéndome un cuaderno, que a simple vista, parecía tener mucho uso y un lápiz a continuación.
- Gracias… - le sonreí, tomé aire y comencé a escribir.
"Andrea, esto será tan extraño para ti, como lo es para mí. Me gustaría que pudiésemos seguir conociéndonos, así que te dejo mi correo electrónico"
Apunté mi dirección, sabiendo que arriesgaba el tener que crearme uno nuevo, si las cosas no salían bien. Pero me pareció un costo menor.
"P.D.: El de naranja ha sido mi favorito"
Cuando terminé de escribir la nota, tenía el corazón disparado. Demasiado inquieto para decir algo más. Extendí el cuaderno hacía ella, le sonreí y me puse en pie. Ella me imitó, quedando frente a mí. De haber podido, le habría dicho lo bien que me sentía justo en este segundo, pero como no podía, me arriesgué y dejé un casto beso en su mejilla.
No me podía acusar de nada, por hacer eso.
- Adiós… - le susurré, sintiendo las mejillas encendidas. ¿Podía ruborizarme a estas alturas de mi vida?
- Adiós Bill… - susurró ella, y mi voz en sus labios, se me antojo dulce, sensual y añorado.
Continuará…
Opss… ya está cambiando de rumbo esta historia otra vez, pero me gusta mucho como está quedando. A él le gustó el bombón de naranja, algo me dice que a Andrea le ha gustado el de trufa, un montón!
Espero que me dejen sus mensajitos, y que la historia les esté gustando también.
Besitos.
Siempre en amor.
Anyara.
P.D.: Ya saben que no reviso antes de enviar, así que disculpen los fallos. ^^
