Título: Propiedad del Rey

Autor: Red Autumn (red_autumn21@yahoo.com)

Traductor: Darkkie

Pareja(s): Legolas/Aragorn, Arwen/Aragorn (implícito)

Clasificación: PG-13 a NC17 – Slash, violación, Angustia, Pensamientos oscuros, violencia, MPREG.

Resumen: El príncipe Legolas fue secuestrado. Pero ¿quién fue o por que?

Advertencia: Muy, muy oscuro. Muchas descripciones gráficas físicas y mentales. POR FAVOR, POR FAVOR CONSIDEREN LAS ADVERTENCIAS.

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Tolkien y sólo a él. Sólo los tomé prestados para darle vida a mi universo fantástico.

NOTA: Este fic es AU (Universo Alterno) Galadriel no tiene poder/ No existe anillo / No hay Sauron o Mordor.

10. En luto por mi alma.

A través de la noche me había despertado varias veces, empapado de frío sudor, mi corazón latía con rapidez. Las pesadillas seguían en mi sueño. Los ecos de sus palabras y los gemidos se escuchaban en mi mente mientras sus ardientes caricias estampaban una profunda marca en mis recuerdos. Solamente que el dolor era real y aun roía ciertas partes de mi cuerpo.

La habitación estaba completamente a oscuras y no había luz de luna que iluminara el cuarto, las velas de los candelabros hacía mucho que se habían apagado. La fría desolación que lleno el cuarto era tan sofocante, como si estuviera enterrado vivo en las minas de Moria.

Poco antes del amanecer (por que podía ver alguna luz a través de las telas translúcidas de las cortinas como si alguien tuviera una pequeña linterna en ellas) era aun incapaz de dormirme. Me había movido de un lado a otro sin éxito, por mucho que necesitara el descanso. Dándome por vencido, decidí sentarme. Cuando arrime mis piernas hacia mi, la cadena resonó, un fuerte recordatorio de mi estadía en contra de mi voluntad. (Aragorn debió haberme encadenado mientras dormía).

Como alma derrotada, mi espalda se encorvo y mis hombros cayeron. Enrolle mis brazos fuertemente alrededor de mis piernas y mi frente descanso en mis rodillas. Deje que la cascada de cabello sin trenzar me rodeara, escondiéndome del resto del sol.

Mi roto corazón flotaba con melancolía y me sentía morir lentamente. Incapaz de contener mis emociones, las lágrimas comenzaron a caer en mi regazo. De vez en cuando, un fuerte sollozo se escapaba de mi dolida garganta contraída. Me sentía miserable.

Los pensamientos de mi pobre padre y de todos lamentándose mi falsa muerte, me deprimían aun más. Aragorn era verdaderamente malvado. No sólo había robado completamente mi vida, si no que me había arrebatado de todos aquellos a quienes amaba y quería tanto.

Me había convertido en un elfo sin pasado ni esperanza en el futuro. Sin embargo, no me atrevía a contemplar lo que sucede cuando la esperanza abandona a su propietario.

Con la lenta llegada de Anar, mi oscura prisión fue transformada en una alegre y brillante habitación. Ni una huella de la oscuridad se resistía pero no pudo igual lograrlo con mi desánimo.

Cuando el primer rayo de luz me acarició, me erguí y seguí su camino hasta la ventana. Contemple las cortinas caídas sobre el vidrio en tristeza abandonada. El sabor de la libertad se aferraba como cruel ácido en mi boca y mi ser por completo se torturaba sin fin, sabiendo que más allá de la pared de mi prisión, yacía lo que una vez fue mi vida de inocencia y amor protector.

Dejé salir un desquebrajado suspiro. A pesar de que ya había dejado de llorar, mis lágrimas nunca cesaron. Continuaban fluyendo humedeciendo mis mejillas y goteando de mi mentón.

Un inesperado toque en la puerta me alertó, quebrando el silencio momentáneamente. Rápidamente, jalé las mantas hasta mi cuello, cubriendo mi desnudez. Tampoco olvide secar mi rostro con la manta. Sabía que mi visitante no podría ser Aragorn por que él nunca toca antes de entrar.

La puerta se abrió y un joven apareció, balanceando una bandeja en frente de él. Saludó primero y después camino con trabajo hacia mi rápidamente, sus ojos se mantenían en el piso. Podía ver que estaba ligeramente nervioso, por los temblores de sus manos. Me pregunte que estaría pensando.

Después de colocar la charola al final de la cama, pues parecía temeroso de acercárseme, inclino su cabeza una vez mas y salió de prisa, casi azotando la puerta a su salida.

Mire despreocupado la bandeja bellamente presentada. Nada me apetecía y no sentía hambre, solamente un zumbido ensordecedor me envolvía.

¿Era este un signo de que mi hora se acercaba?

Cuando aminoro, me sentí sediento, bebí un poco de agua. Después de colocarle de nuevo en la bandeja, acomodé mi cabeza entre mis piernas y pecho. Mi luto continuaba.

Cuando un segundo toque vino, ceñí el entrecejo. No estaba molesto por las interrupciones sino más que todo curioso.

Esta vez una joven mujer entró. No había tenido la oportunidad de conocer a las mujeres de los Hombres y no era común encontrarlas en libertad como sus contrapartes. Sin embargo, pude fácilmente adivinar que la mujer era mucho mayor que el jovencito por las líneas de su rostro.

"Ya me han traído el desayuno," le dije.

Me miró, confundida. Sin vacilación o miedo, se acercó a la cama y vio la bandeja que el joven había dejado antes. Sus ojos se suavizaron al entenderlo.

"Mi Lord, ahora pasa del medio día. Le he traído la comida." Respondió cortésmente.

La sorpresa me atrapo. ¿Cómo había pasado todo el tiempo sin haberme dado cuenta?

"Mis disculpas, joven dama. No me di cuenta," le dije con la cortesía de los caballeros como me había enseñado mi tutor en Mirkwood.

Su rostro se volvió brillantemente rojo de inmediato. Una vacilante sonrisa cruzó sus labios.

"Lo siento. ¿Dije algo malo? No estoy habituado a sus costumbres," me disculpé rápidamente.

"No dijo nada malo, mi Lord. Soy un poco tímida," respondió suavemente. "Me llevare la otra bandeja. ¿Desea algo mas?"

"no, pero gracias por preguntar," dije dedicándole una breve sonrisa. Me regresó la sonrisa y saludó graciosamente ante mi, luego partió con un notable y ligero brinco.

De nuevo, no sentía hambre. El delicioso aroma de la comida caliente y la sopa no pudieron tentar a mi apetito.

Un bostezo vino y no pude sofocarle. Sin nada más por hacer, me acosté de nuevo en la cama y me enrolle en el cobertor. Muy pronto me zambullía en un sueño profundo. Bienaventuradamente, las pesadillas no me atacaban la luz del día.

*~*~*~*~*~*~*~*~*

Un sonido lejano capto mi audición. Forcé mis oídos y pronto capte un vago sonido como crujidos y chispas. Moviéndome lentamente, traté de retomar el sentido de todo eso.

Luego algo frío aterrizó en un lado de mi rostro. Inconscientemente trate de golpearle pero el toque no cedió.

Perezosamente, trate de arrastrarme en mi somnolencia. La primera cosa que yo vi, era una borrosa imagen de algo brillantemente amarillo bailando en frente de mí. Parpadee varias veces para lograr enfocar y a la vez aliviar la irritación causada por la resequedad. La borrosa imagen revelaba el fuego ardiendo en la chimenea. Un sirviente debió de haberlo encendido mientras dormía.

Pero no era todo. Sentí una presencia detrás de mí, eché una mirada sobre mi hombro y encontré un velludo rostro encima de mí y una mano colgando sobre mi cabeza. Aragorn había estado sentado cerca de mí y la fría sensación en mi rostro había sido probablemente su mano acariciando mi mejilla.

Su cercana proximidad me había hecho retirarme repentinamente, como si una serpiente se me hubiera aparecido. A pesar de eso, Aragorn no reaccionó a mis acciones. En vez de eso, bajo su mano a la cama, mientras su mirada se posaba sobre mí, como un hombre que aprecia una maravillosa obra de arte ante él.

"Tus ojos están terriblemente rojos. ¿No dormiste bien anoche?" preguntó. Esos fríos ojos acerados nunca vacilaron. El peso de su mirada siempre me había desconcertado, aun desde la primera vez que nos conocimos en Rivendel.

En vez de contestarle, agite mi cabeza débilmente.

"¿Te gustaría dormir un poco mas?" preguntó de nuevo

Me había quedado sin habla y agite mi cabeza otra vez como respuesta.

"¿Por qué no has tocado tu comida? Y por favor di algo. Estoy seguro de que ayer no fui tan cruel con tu preciosa boca como para enmudecerte el día de hoy."

Mi rostro hirvió con ese comentario.

"No tengo hambre," respondí, note que mi voz sonaba rasposa y quebrada. Me senté y empecé a toser varias veces para aclarar mi garganta.

"Bien, yo si tengo hambre. No he comido todavía. ¿Por qué no te me unes?" Era más una orden que una invitación.

No quería estar con él pero tampoco estar en mi prisión más tiempo. Me estaba volviendo claustrofóbico. Y no solamente podría salir, si no que podría evitar sus avances hacia mí. Por ahora.

"Si," respondí rápidamente antes de que cambiara de opinión.

"Creo que es tiempo de que aprendas a llamarme Estel," sugirió.

Podría haberme reído mucho. Estel significa "esperanza" en élfico y claramente yo no veía nada de eso en él. Me preguntaba ¿por que desearía que le llamara así? ¿Sabía lo que había en mi mente? Juro que ese hombre podía leer mi alma algunas veces.

"Si… Estel," vacilé por un breve momento. Él sonrió al escuchar su nombre salir de mis labios.

"¿Puedo confiar en que te comportaras o tendré que atarte antes de salir de la habitación?" bromeó.

No vi nada gracioso en eso.

"Me comportare," musité.

"Bien," respondió con alegría y se aproximó hacia a mi mientras yo retrocedía repentinamente. Se detuvo a medio camino y aclaró. "No te asustes, Legolas. Solamente deseo abrir el grillete." Una gran sonrisa apareció en su rostro.

Me reprendí a mi mismo por ser tan asustadizo.

El Rey sacó la llave de su bolsillo y libero mi pierna. Luego se puso en pie.

"Ven," dijo volviéndose y ofreciéndome su mano izquierda.

Yo tenía miedo y no hice ningún movimiento para tomarla y él nunca la retiro. Después de unos momentos y de un embarazoso silencio, suspire derrotado y le alcancé.

Su agarre era fuerte, pero no como si temiera por mi escape, sino de una manera afectiva.

Me arrastre por la cama cautelosamente por que aun estaba adolorido. Viendo que yo estaba esforzándome, Estel liberó mi mano y me tomó de los brazos para ayudarme, yo evitaba su contacto. El hombre era insistente y no me soltaba.

De pie a un lado mío, me sentí vulnerable. Inconscientemente coloque mis manos en mi entrepierna y le cubrí.

"Toma mi abrigo." El se despojó de su lujoso abrigo café de piel de gamuza forrado con suave piel gris y lo coloco en mí. El abrigo colgaba pesadamente en mi esbelto cuerpo y me inundo de calor inmediatamente, puesto que conservaba aun el calor de su cuerpo dentro de los pliegues de lana cosida.

"Gracias, Estel," murmuré de nuevo. El hablar me parecía difícil el día de hoy. "¿Pero no tendrás frío?" Me lanzo una mirada por mi interesada pregunta, pero en realidad, su abrigo me resultaba repulsivo, por que me recordaba como en varias ocasiones su cuerpo desnudo se enredaba en mi.

"Estoy seguro de que no querrás caminar desnudo," sus ojos se demoraron un momento en lo que cubría entre mis piernas. Tenía que admitir que tenía razón. Cuando mire hacia abajo pude ver que el abrigo me llegaba hasta mi rodilla. Estel era más grande que yo y con el físico característico de los Hombres, por lo que el abrigo me quedaba bastante holgado.

Cerré las aberturas rápidamente antes de que Estel pudiera desarrollar otras ideas en su mente.

"Pero teniéndote a mi lado, ya estoy sintiéndome acalorado," agregó. Con tal patética excusa, me preguntaba como es que la encantadora Undomiel pudo casarse con él.

"Creo que tendré que cargarte," y señaló mis pies desnudos. A mi me mortificaba esa idea, especialmente después de mi intento de escape.

Estel se divirtió con la expresión de mi rostro. "Sabes, te ves tan inocente e infantil con esa expresión. Me gusta eso."

'Una desafortunada razón para alejarte mas de mi.'

Estel inclinó su cabeza ligeramente, como si me escuchara.

"No dejare que camines descalzo con el piso tan frío. Tal vez, después de comer, si todavía te comportas, les pediré a los sastres que te hagan unas ropas adecuadas para que utilices." Me estaba estudiando de nuevo y yo desvié mi mirada al piso.

Creo que estaba esperando una respuesta. "Gracias, Estel," dije suavemente.

Su conducta me confundía mucho. Era como si dos gentes vivieran en ese cuerpo. En un instante una ostentaba ternura y cariño conmigo y en otro, se volvía frío, un amo sin corazón alguno.

Antes de que notara sus movimientos, repentinamente me encontré cargado protegidamente entre sus brazos. No hice ningún movimiento por pelear con él a pesar de que me sentía incomodo, por que nadie me había cargado de tal manera, a excepción de mi padre y eso fue hace siglos.

Sólo habíamos salido de la habitación, cuando dos guardias que habían esperado afuera se pusieron alertas. Parecía como si Estel no estuviera tomando riesgos con mi próximo intento de escape.

Sintiéndome avergonzado por mi posición, incliné mi cabeza hacia delante para que mi cabello ocultara la mayor parte de mi cara.

'¿En que me he convertido? El hijo del Rey Thranduil era ahora un débil y tratado con modales dignos de una mujer. He humillado a mi propia familia'

Mientras caminábamos por el pasillo, no hablamos. Ni siquiera levante la vista excepto para ver mis manos que estaban incesantemente apretándose entre si frente a mi. No obstante, estaba consciente de la cantidad de miradas incrédulas que nos dirigían. No tenía que mirar sus rostros para saber lo que estaban pensando. Es que no todos los días ve uno a su Rey cargando a alguien que lleva su abrigo en lugar que no fuera su Reina.

No podía entender por que Estel nos estaba poniendo en tan embarazosa situación sin pensar en las consecuencias. ¿Había pensado en como salir de esto? ¿Arwen no se asustaría de escuchar tal escándalo en la Casa Telcontar? Yo estaba seguro de que Estel estaba ocultando todo de ella pero si ella lo averiguaba, ¿podría tener un poco de compasión por uno de su raza y ayudarme a salir de aquí?

Cuando finalmente llegamos al Salón Comedor, Estel me bajo gentilmente en la silla cercana a él. Fue sólo cuando me atreví a mirar. Los sirvientes empezaron a atendernos sin retraso alguno pero no tome ninguno de los alimentos que me ofrecieron, por que no tenía intención de comer. Estel lo notó. Ordenó un tazón de sopa caliente e insistió que me lo terminara.

Obedientemente, tomé la sopa de cebolla en silencio. Él me miraba mientras atacaba su comida con deleite.

Después de que le terminé, un sirviente retiró el tazón. Antes que pudiera rechazar mas comida que me ofrecían, Estel ya había amontonado pedazos de fruta rebanada en la limpia porcelana.

"Termina eso o no dejaremos la mesa, 'aun' y si nos lleva toda la noche" ordenó. Lo mire por tratarme como a un niño. "Hablo en serio, Legolas," agregó, en un tono severo.

Volví la mirada a los trozos de frutas coloridas en frente de mí. Uno pensaría que el Rey estaba torturando a un prisionero con los métodos más despiadados en ese momento, y así me sentía.

No deseando provocar más problemas, hice mi mejor esfuerzo para comer tanto como mi estómago soportara.

"¡Ai! Me siento vigorizado después de tan buena comida, ¿No crees, Legolas?" exclamó felizmente Estel mientras daba palmadas a su estómago.

"Sí, Estel," respondí. Y en ese momento, sentí como si fuera a devolver si ponía mas comida en mi boca.

"No has terminado todavía," dijo observando la mitad de comida en mi plato.

"Por favor, Estel. No puedo comer ya mas." Le mire suplicante.

"Muy bien," consintió al fin. "Vamos con los sastres entonces." Se puso en pie para cargarme de nuevo. Esta vez yo rodee su cuello con mi brazo.

"Me debo asegurar de que comas. Te ves tan delgado y te sientes tan ligero."

"Los elfos comen muy poco," comenté.

"Esa no es una excusa para que no comas nada," respondió.

Pasamos las próximas horas con los sastres antes de que me trajera de nuevo a mi prisión.

TBC…