La puerta se oponía a ser abierta. Parecía que estuviese fija en su posición. Pero, finalmente, se escucho el sonido chirriante de las bisagras al girar sobre si mismas, permitiendo que enorme armatoste que sellaba la sala, se desplazara en un arco, dejando tras de si, una estela de luz y viento frío, que penetro y lleno rápidamente el espacio interior de la cámara.
Allí, junto a la puerta, se hallaba la esbelta figura de una muchacha de unos 15 años. Su mano derecha se apoyaba en la puerta, mientras, con un paso lento y tembloroso se adentro en la habitación.
Esta estaba compuesta por 3 paredes, no cuatro. Las paredes formaban un triangulo equilátero, lo mismo que el techo. El piso, sin embargo, daba la impresión de que aquel cuarto, era realmente una sección de otro. El embaldosado a cuadros lo delataba.
Pese a la forma triangular del espacio, realmente era bastante amplio. Cada uno de sus lados media unos 5 metros. Y el techo se mantenía suspendido a más de 10 metros sobre ellos.
En el interior había un escaso y apolillado amueblado. Un escritorio con su respectivo sillón, al estilo medieval. Un maltrecho ropero. Y una cama muy antigua, hecha de un gran marco de madera, sobre el cual se habían amarrado unos cordeles, a modo de acolchonado, y sobre estos, estaban puestas las ropas de la cama. Sobre esta, se hallaba el joven moreno, de ojos fríos. Con la mirada aún perdida, pero con el resto de sus sentidos bien agasajados.
-No deberías haber venido…- Le dijo a la muchacha, provocándole un sobresalto. – Si descubren que estuviste aquí, te meterías en un grave aprieto.-
-Lo…Lo se- Contesto una trémula voz desde el umbral. – Pero… Tenia que confirmar los rumores. No podía quedarme tranquila pensando en que talvez hubieses vuelto…-
-Si se enteran de que estuviste aquí, o peor aun, que ya nos habíamos encontrado, nos meterás a ambos en un lió, y esta vez no podré salvarnos.- Recibió como respuesta.
-Pero…- Refuto la voz- Necesito que me enseñes, necesito que me ayudes. Tú eres el único que alguna vez me ha escuchado. Eres el único con quien, cuando hablo, no comienzo a tartamudear como loca… necesito tus consejos.-
-Pues, mi primer consejo esta vez…- Exclamo impasible su interlocutor, que seguía sentado en la cama, con las piernas cruzadas. – Es que te marches. Nadie debe saber que me has visto, ni hoy ni nunca. No por ahora al menos.- Oyó como la silueta que lo escuchaba en la puerta trataba de balbucear unas palabras, pero lo único que salía de sus labios, era el aire que se le escapaba irremediablemente de sus pulmones. -.Dentro de, aproximadamente un mes, estaré libre. En cuanto lo este, dejare una seña en la pileta del parque central de Konoha. Cuando veas una moneda de plata y una de estaño, arrojadas juntas, sabrás que he salido.-
En ese instante, se escucharon pasos, pasillo arriba. La silueta cerró con gran dificultad la maciza puerta, y se esfumo.
Unos instantes después, la puerta volvió a abrirse, pero esta vez dio paso a una figura reconocible. Una chica, de la misma edad de la anterior, pero esta traía un traje rojo. Su pelo rosa la delataba a primera vista. Sin embargo, la figura que estaba volteada, dándole la espalda a la puerta, no la reconoció por estas características. Sino por el curioso caminar de la kunoishi. Era un paso diferente a todos los demás. Un paso rápido, lleno de decisión, pero que a la vez, denotaba miedo de cometer un error…
-Tsunade-Sama me pidió que por favor le informara sobre su decisión- Dijo esta, repitiendo como una grabadora – Dice que acepta sus demandas. Que la ultima de ellas, se cumplirá la próxima semana. Y me dijo que le entregara esto.- La chica saco unas pesas de su propios tobillos y las deposito en el suelo.- Mañana por la mañana, Shisune le traerá el desayuno.- Cuando termino de decir esto, cerro rápidamente la puerta, apoyo su espalda contra esta, y se dejo caer por su propio peso.
-(¿Por qué Tsunade-sama me envía a cumplir este tipo de misiones? Yo… ¿Debería permitir tal trato a una persona?)- Pensó para sus adentros la pelirrosa.
-Creo que al fin podré tener algo de paz- Dijo para sus adentros Faerigan.
-Yo no lo creo- Dijo la voz grave en su interior - ¿Hace cuantos años que no eres capaz de adquirir realmente la paz? ¿15, Tal vez?-
-De... debemos descansar…- Dijo la voz tímida- Recuerden, solo tenemos un mes…-
-Si, solo un mes…- Dijo El chico de ojos fríos en voz alta, pero aún hablando para su interior.
-¿Pensabas acaso…- Dijo la voz sanguinaria y cruel- … que podrían prescindir de mi? ¿Pensaron acaso, que podrían estar rehuyendo de mi toda nuestra vida?... –
-¡Calla!- Ordeno terminantemente la voz grave.
-¿Por qué?- Replico esa detestable voz liquida…- ¿Acaso asusto al pequeño…?-
-¡Calla ya, condenado esperpento!- Dijo Faerigan, apaciguando todas las demás voces dentro de su cabeza. – lleven a este… Engendro lejos de mis pensamientos.-
Luego de unos instantes, el chico continúo su monólogo en medio de la oscuridad…
-Bien, ahora debemos descansar. Necesitaremos todas nuestras fuerzas almacenadas en el medallón si queremos oponer resistencia ese día.- Un escalofrío recorrió su espalda. – No quiero que le quiten los ojos de encima a "Ese"… Al menos no hasta 24 horas antes de…-
Una vez hubo terminado de decir esto, se recostó en la cama, se tapo con las frazadas. Y cayó profundamente dormido. Pero sin soñar nada, Solo un profundo y siniestro color negro en su cabeza.
