N/A: Wow!, Hola :3 no puedo creer que ya son 10 caps en este fic :o, sólo puedo decir que ¡GRACIAS! por todo el apoyo y la buena onda ñ_ñ, también pedirles PERDÓN por tardarme tanto, peeero mi vida no ha estado muy relajada en el último tiempo, en ningún aspecto, en fin… no es excusa xD sorry, sorry, sorry (trataré de tardarme menos)

Gracias a: CMosser, Pamela Garca (te quiero), SKANDROSITA, Addie Redfield, Catching RE, M Bidden, Miku Redfield (hermana virtual hermosa ñ.ñ), mire2006, Clauu (Te adoro linda), Sarah Hudson (te amo), Marilyn, Misses Histery, AdaHetfield6, SaraKennedy007, Jill Filth, Yuna – Tidus – Love, Eunice raudez, Livie – Everything, Jess, Carlos Redfield, emanuel venfield, Rivera, Arovi, Yui – 033, Andrea Valentine y al ñoño más lindo :3(te quiero muchoo y ya arreglé lo que me dijiste) y a Ashe Benitez por darme todo su apoyo en Facebook, te adoro linda.


Quiero darte las gracias

Por darme el mejor día de mi vida

Sólo con estar contigo me das el mejor día de mi vida

Thank You - Dido


Capítulo Diez: Rompiendo Las Reglas.

Viernes 12 de Febrero, 1998, 12:00 am

Los hospitales la mayoría de las veces eran lugares que albergaban malas noticias y experiencias no agradables, para Jill eran sinónimo de aburrimiento e incomodidad jamás le habían gustado, desde pequeña que mantenía el mismo rechazo, detestaba estar en un lugar que parecía ser una especie de imán para atraer dolor y sufrimiento constante. Las cuatro paredes de cada una de las salas del recinto, eran testigo del martirio que padecían los pacientes y en los peores casos; las muertes de éstos, por eso, Valentine evitaba asistir a ellos, pero por acompañar y brindarle apoyo a su compañero y mejor amigo era capaz de tragarse su mala opinión respecto a los dichosos hospitales.

Levantó la vista que mantenía fija y perdida, observar las pulcras baldosas blancas era realmente monótono, pero al alzar la mirada sólo se encontró con lo mismo de siempre, todo era un caos. La gente transitaba a cada minuto por los pasillos, caminaban con prisa y si empujaban a alguien no se molestaban en decir "perdón" - aunque en la actualidad, las disculpas y los buenos modales se estaban extinguiendo - otras personas lloraban o simplemente esperaban desesperados y horriblemente angustiados.

Y Jill…

Ella sólo permanecía sentada, sirviendo como un soporte en donde Chris pudiese apoyarse si así lo requería, ser fiel a la valiosa y fuerte amistad que sostenían era muy importante en la relación que conllevaban, independiente de todo lo sucedido entre ambos en el último mes, ante todo seguían siendo amigos y eso no cambiaría con nada.

Además no podía negarlo; si se encontraba allí era precisamente por él, no es que el accidente de la menor de los Redfield no le afectara, de hecho lamentaba profundamente lo sucedido, pero la razón principal de su estadía y compañerismo ilimitado e incondicional era su camarada de equipo. Aunque la idea no fuese la más optima, debía comenzar asumiéndola… y por sobre todo aceptándola.

Redfield se estaba colando en su piel, por muy agradable y adictiva que resultase la sensación, sencillamente no podía permitir que continuara, no era correcto, no estaba en sus planes y simplemente no podía ser. Todo sucedía muy rápido entre ambos, si no le daba un alto a la travesía que sus emociones estaban realizando probablemente terminaría enamorada sin darse cuenta y aún estaba a tiempo de impedirlo.

—¡Claire, demonios, ¿Por qué no maduras?... haces que mis días se vayan a la real mierda! —Espetó un furioso Chris.

Jill había perdido la cuenta de cuantas veces lo habría escuchado maldecir por lo alto, y verdaderamente no lo culpaba de hacerlo, sino todo lo contrario lo entendía perfectamente bien, después de todo no había descansado lo suficiente y dormir en un sofá rústico empeoraba la situación. Además en evidencias claras, Chris asumía el rol de padre con su hermana menor y eso no era una tarea fácil de realizar.

Los Redfield llevaban alrededor de cuarenta minutos encerrados sin parar de discutir, lo que sería una visita pacífica y fraternal se había transformado en una disputa digna de ser presenciada en el coliseo romano. Al principio todo había resultado normal, Claire saludó a Jill y juntos conversaron unos minutos, pero a medida que la charla se fue profundizando ambos hermanos comenzaron a lanzarse indirectas que no demoraron en convertirse en una discusión, la castaña no tardó en captar que su presencia estorbaba y rápidamente procedió a dejarlos en privado, ahora no tenía el valor suficiente para intervenir.

Por fortuna Barry también había concurrido al hospital puesto que Claire era considerada como una hija más para él, Burton no dudo en viajar al poco tiempo que Jill lo había hecho.

La de los orbes azulados suspiró, quizás Barry pudiese impedir que aquellos hermanos se mataran mutuamente.

—¡Trabajaré y arreglaré mi motocicleta aunque no quieras, Christopher!. —Gritó la pelirroja.

Definitivamente si existía alguien en este mundo capaz de enfurecer al Redfield mayor con sólo exclamar una oración; era sin dudas la menor del clan… la jovial y poco consecuente Claire.

La chica permanecía irrefutable en su elección y mucho más en la posición altanera que había adherido, no se dejaba amedrentar ni doblegar por todos esos argumentos racionales y objetivos que le debatía su hermano, por muy lastimada que estuviese, por muy patética que se encontrara y viera, ella permanecía fuerte y digna sin querer dar tregua.

Claire insistía y se negaba de manera rotunda a dejar su estilo de vida sobre dos ruedas, su moto era más que un simple medio de transporte ostentoso, era su compañera y un camino que no quería abandonar, era algo que la apasionaba y no lo ignoraría por haber cometido un error como cualquier ser humano de su edad.

La castaña se acomodó o al menos lo intentó, las sillas que tenían en los pasillos para que las personas se sentaran solían ser muy incómodas, eran pésimas compañeras para esperar durante un largo periodo de tiempo, pero Jill no se arrepentía de hacerle compañía al Redfield, valía la pena.

Barry regresó de su travesía por el hospital intentando encontrar un lugar que sirviera un buen café, divisó a la joven y se aproximó a ella al instante.

Valentine ignoró la presencia de su amigo, permanecía inmóvil con las manos bajo sus muslos y la vista completamente ausente de la realidad, el pelirrojo tosió de manera ronca con claro propósito de llamarle la atención, pero el intento fue inútil seguía manteniendo el gesto extraviado en el rostro. Barry bufó y se sentó a su lado, la chica dio un respingo asustada.

—Maldición, Burton ¿no puedes sentarte de una manera más sutil? —susurró, él rió y le cedió el vaso desechable que contenía el líquido caliente, Jill lo recibió y agradeció a la vez.

El agente S.T.A.R.S la analizó con la mirada, escaneó su imagen y pudo ver que se notaba algo débil como si necesitase que alguien la sostuviera para que no se cayera de sueño, su aspecto se advertía demacrado, su cuerpo parecía flácido y carente de energía.

—¿Estás bien? —inquirió preocupado, la joven asintió —. ¿Cuánto tiempo más estarán allí? — averiguó señalando la puerta de la habitación en donde permanecía interna la pelirroja.

—Supongo que bastante, ninguno de los dos parece querer ceder.

—¡Olvida esa puta moto!

—¡Jamás! —Respondió la chica.

Una vez más se oía la voz enfadada del castaño, aquello demostraba que la controversia dentro de la habitación aún no se daba por terminada, Chris estaba perdiendo la poca paciencia con la que se había despertado ese día.

Barry y Jill se miraron preocupados.

—Deberíamos entrar —sugirió la fémina.

Comenzó a ponerse de pie, pero el pelirrojo posó la mano en su rodilla y la incitó a permanecer en su lugar, el hombre le dedicó una sonrisa calmada diciéndole que no era necesario. Jill obedeció, pero no ocultó la expresión desconcertada en el rostro.

—Desde que conozco a ese par de locos son así —comenzó a narrar—. Viven discutiendo y peleando por asuntos absurdos, puedes estar tranquila… mientras Claire no intente arrojarle algo, podemos quedarnos relativamente en paz.

Jill sintió un escalofrío al tener una imagen mental de Claire actuando como una desquiciada, conocía muy poco a la chica y le costaba verla de un modo que no fuese con ternura, la primera impresión que tenía de ella no era mala y sinceramente no la quería cambiar.

—Hablas como si ella estuviese loca —comentó dándole un sorbo a su café.

—Digamos que… es un tanto temperamental.

—¡Si tengo una vida sexual activa es mi asunto, Chris!

—¡Tenía derecho a saber! —Refutó el chico.

—¡No!, es mi problema, mi vida… yo no me entrometo en la tuya. Además jamás he protestado por las golfas con las cuales te has revolcado.

Jill se atoró con el café que precisamente estaba tragando en esos momentos, comenzó a toser nerviosa, sin entender por qué estaban hablando sobre temas sexuales, no se esperaba que Claire dijera algo así y siendo sincera debía reconocer que todo aquello que involucrase la vida sexual de Chris la angustiaba y la incomodaba de sobremanera. Barry le dio unas pequeñas palmaditas en la espalda observándola con una ceja alzada mientras ella se recuperaba.

—Estás muy rara, muchacha —acotó, la chica lo miró unos instantes haciéndose la desentendida, se acomodó parte del cabello con su mano y continuó bebiendo.

—Descuida, sólo quiero descansar —confesó a modo de explicación.

—Por cierto, ¿dónde pasaron la noche?, porque claramente aquí no lo hicieron —el pelirrojo gesticuló una mueca de desagrado revolviéndose en el asiento.

—Dormimos en un hotel pequeño que queda a unas pocas calles de acá, pero en realidad casi ni lo hicimos. —Explicó la castaña terminando las últimas palabras en un bostezo.

De inmediato Barry arqueó ambas cejas dedicándole una sonrisa cómplice y satisfecha, pareciera como si estuviese confirmando algo que creía saber y estar seguro desde hace muchísimo tiempo atrás. La castaña se estremeció por completo ante la mirada que le otorgaba su compañero, suavemente se acomodó correctamente en la silla sin poder ocultar ni disimular la expresión turbada y sonrojada.

—Barry… no quise decir eso, bueno sí, pero no del modo en el cual tu mente perversa lo está interpretando.

—Jill… Jill, tranquila a mi no debes explicarme absolutamente nada, lo entiendo a la perfección y no estoy imaginando cosas perversas sólo repetiré lo que tú has dicho; pasaron la noche juntos, en una habitación, completamente solos… y están cansados es algo normal ¿no? —La joven le dio un manotazo en el brazo.

—Burton, no insinúes cosas morbosas… sé como eres y conmigo no te sirve hacerte el inocente. —La miembro S.T.A.R.S realizó una breve pausa antes de continuar y tardó algunos segundos en organizar las palabras adecuadas previas a comentar algo que empeorara la situación, o peor aún, que terminara por confirmar las inminentes sospechas de Barry —. Nos quedamos charlando muchas horas, noté que Chris estaba cansado y le dije que se fuera a descansar, pero él se negó diciendo que yo también debía dormir, así que optó por quedarse en el sofá y dejarme la cama a mí. Eso fue lo que sucedió.

Barry entrecerró un poco los ojos y la observó bajo un gesto de desconfianza fingida, la chica frunció el ceño molesta y antes de que pudiese abrir la boca y volver hablar, el pelirrojo se le precipitó.

—¡Hey!, está bien, está bien… no te enfades, pero tus actitudes se me hacen bastante extrañas.

—¿Extrañas?, puedes decirme qué tiene de raro el hecho de estar aquí brindándole apoyo a mi compañero. Es algo muy normal, Barry.

—Normal… claro, es muy cotidiano salir como una ráfaga de viento tras tu "compañero" —mencionó sarcástico y haciendo comillas con sus dedos al pronunciar la última palabra —. Le preguntabas desesperada a todo el mundo en dónde quedaba el hospital en cual habían atendido a Claire, incluso hablaste con Amy sabiendo la opinión que tienes respecto a ella, no te importó el detalle de que veníamos regresando de una misión estresante, en la que realizamos un complejo operativo que al final resultó innecesario, puesto que era una falsa alarma; pero aun así Wesker te pidió o mejor dicho, te ordenó que escribieras un informe de todo lo ocurrido. Pero no, nada te importó, te tragaste el estrés y viajaste de todas maneras. Dime, Jilly, sólo para salir de dudas ¿Eso lo haces por todos tus amigos? —inquirió mientras sonreía.

La mencionada lo miró de manera penetrante, no decía nada sólo permanecía en silencio, pestañeó un par de veces intentando no caer rendida al cuestionamiento poco discreto que el pelirrojo insinuaba. Se sentía completamente desnuda e insegura frente a él, era la misma sensación que experimentaba cuando asistía a una misión sin su arma. Evidentemente la plática no estaba tomando un buen curso.

—Tú lo haces también, estás aquí por un motivo en específico, por un amigo. —No se le ocurrió decir otro argumento, Barry era muy inteligente y no era fácil evadirlo. El hombre asintió ante las palabras de su amiga. — Entonces; explícame, por qué razón estás insinuando que yo estoy acá por motivos que no necesariamente son la amistad. Tú sabes mejor que nadie que… Chris no es cualquier compañero, es diferente al menos para mí.

Jill rompió el contacto visual que compartían y enfocó la vista en sus botas.

—Él es… muy especial, nuestro vínculo es distinto y no lo podría comparar con mis otras amistades, créeme que no. Y bueno, te dije la verdad así que cambiemos de tema.

—Oh… ya veo, son algo así como amigos especiales. Lo acabas de decir. —Musitó en tono socarrón para luego soltar una sonrisa afable.

—¡Barry, vete a joder a otra parte! —Expresó la chica cada vez más enfadada.

—No he dicho nada que tú no hayas mencionado —el pelirrojo la apuntaba con su dedo índice —. Estoy siendo factible y fiel a tus palabras. En conclusión, son amigos especiales porque se quieren, tú quieres a Chris y él a ti.

Aquello no era una interrogante ni una falsedad, ni siquiera un intento por enfadarla, Barry se veía bastante serio al decirlo. Lo cierto era que aquello permanecía flotando en el aire, ni siquiera Jill estaba segura a qué punto lo quería con exactitud, lo de su amistad era irrefutable, pero no se atrevía a referirse a un sentimiento más profundo, no aún, todavía conservaba un espacio racional en su cerebro.

—Pues... sí, somos amigos. —Contestó posicionando un mechón de cabello tras su oreja derecha —. A los amigos se les quiere, aunque seas fastidioso a ti también te quiero.

Ambos rieron enérgicamente, la castaña recargó la cabeza en el hombro masculino y llevó su mano hasta el brazo fuerte de su compañero.

El cariño y afecto entre ambos era gigantesco e inquebrantable, Jill percibía el apego que tenía con Barry de la misma manera que lo sentía con Chris, por lo menos en cuanto a cantidad, porque en la demostración y en la práctica ambas amistades eran muy diferentes la una de la otra. Ella veía reflejada en el pelirrojo esa figura paternal y calida que su padre jamás supo ofrecerle, Dick nunca fue de dar abrazos ni de brindar consejos íntegros, por eso, la joven respetaba y guardaba una profunda adoración por Barry Burton.

—Jill, eres una chica muy valiosa y eso te hace ser única, la valentía que posees es admirable, la inteligencia que tienes te hace fuerte y lo hermosa lo traes desde que naciste. Escucha —Barry le frotó al brazo de manera suave y tranquilizadora —: Chris puede ser muy quedado y lento para muchos asuntos, haciendo énfasis en los que implican líos amorosos, pero no es ningún tonto y estoy seguro que él no puede ignorar todas esas bellas cualidades que reflejas.

—Barry…

—A mi no me engañas, Valentine, los conozco a la perfección y soy más viejo que ustedes, por ende, más sabio… quizás no esté en lo correcto, pero yo sé que de hace bastante tiempo pasaron a ser algo más que simples compañeros.

Ella lo miró con verdadero asombro, un brillo bastante particular se apoderó de sus orbes azules haciendo que el color de éstos se profundizaran, estudió a Barry con la mirada y recorrió su expresión con las pupilas, el pelirrojo sonrió de manera ligera al detectar el gesto, Jill tenía la boca abierta y parecía incapaz de pronunciar vocablo alguno.

La joven se rascó la mejilla con delicadeza, tendía a sentir comezón cuando estaba nerviosa.

—Lo siento, debí decírtelo; es que se dio tan rápido y no es fácil de entender, porque no es simple acceder a la idea que implica la relación peculiar que tengo con Chris —la voz de Jill se oía afligida —. Esto no tiene explicación, sólo sucedió y es así.

Expuso con plena sinceridad, el mayor la observó con suma comprensión le fue imposible reprimir las facciones risueñas que se apoderaban de su semblante.

La puerta de la habitación que ocupaba Claire se abrió de manera abrupta y prepotente, posteriormente se dejó ver la figura de Chris cargando consigo una actitud de completo enfado y molestia, sus rasgos estaban marcados por los gestos que lo dejaban en evidencia, el lenguaje corporal no mentía. Se sentó pesadamente al lado de Barry llevándose ambas manos a la cabeza, desesperadamente revolvió sus cabellos y luego se las pasó sobre su rostro.

Barry y Jill le lanzaron una mirada enigmática él no tardó en sentirse observado, ladeó el rostro y los miró fastidiado se sentía como si estuviese parado en una especie de andamio. La agente del equipo alpha se trasladó al lado adyacente de Chris dejando a éste en medio de los tres.

—Si tan sólo mi hermana fuera más madura y menos obstinada mi vida sería bastante menos compleja. —Masculló a modo de explicación por su actitud enrabiada, Jill no pronunció nada se hallaba sumergida en sus divagaciones, parecía estar demasiada concentrada en contemplarlo.

—No se trata sólo de eso —intervino el hombre de cabello rojizo, ambos jóvenes posicionaron sus orbes en él —. A su edad todos somos impulsivos, la inexperiencia nos hace cometer muchísimos errores, la base del problema no cae solamente en la madurez. Claire necesita comprensión, pero también una tercera mano que le brinde ayuda, protección y educación.

Chris bajó la cabeza, se sentía arrepentido de haber discutido con su hermana, la castaña le acarició la espalda en señal de apoyo.

—Tú has hecho todo lo anterior y mejor que muchos padres eso me consta, pero ya es hora de que Claire comience a levantarse por sí sola, ella es muy capaz… reconocerá su error y para eso se va equivocar muchas veces.

—Lo único que quiero es que no se exponga, pero la muy soberbia asegura tener todo bajo control e insiste en querer seguir utilizando la jodida moto. —Su tono de voz volvió a oírse grave, duro y agresivo —. Si tan sólo Claire pensara antes de actuar no se habría dispuesto a participar en esa estúpida carrera sólo por demostrarle a una niña igual que ella que era capaz de ganar. Todo eso surgió porque ambas arrastraban una rivalidad a causa de un imbécil y ese tipejo incentivó a la tarada de mi hermana a correr en la competencia, cuando sucedió el accidente el muy hijo de puta desapareció. Eso sólo demuestra que Claire no está preparada para llevar una vida independiente porque no es un ser pensante.

—¡Te estoy escuchando! —Gritó la Redfield.

Chris volvió a ponerse de pie y procedió a entrar nuevamente en la habitación, sus compañeros secundaron su acción, Barry no permitiría otra discusión.

La muchacha le dedicó una mirada desafiante, Jill suspiró preparándose mentalmente para presenciar en primera fila otro simulacro de guerra.

—¡Qué bueno que me estás escuchando! Veamos si esta vez le das uso a tu cabeza hueca, a veces de verdad me pregunto si tienes cerebro —farfulló el castaño, los ojos aguamarina de su hermana lo fulminaron.

—¡Hueco tu…

—¡Se callan! vaya impresión le están dando a Jill —ordenó Barry haciendo uso de su voz paternal. Los hermanos se asesinaban mutuamente con la mirada.

—Ves hermanito, con ese carácter nunca vas a conseguir que Jill sea tu esposa. —Sonrió con arrogancia al advertir el semblante de Chris y añadió —; touche...

El silencio invadió la estancia, el comentario claramente había sido un golpe certero para el Redfield, Chris sintió su cuerpo tenso, si Claire no fuese su hermana la habría mandado al diablo desde hace muchísimo tiempo. Jill no articulaba ningún sonido sólo esbozó una sonrisa ladeada dando la clara y evidente impresión de querer desear estar en cualquier lugar menos en esa habitación.

—Definitivamente el golpe en la cabeza te dejo más estúpida que antes —espetó mirándola con verdaderos deseos de asfixiarla. La joven acentuó su gesto risueño.

—Chicos ya fue suficiente, porque mejor no me dicen qué fue lo que comunicó el medico hace un rato.

—Puedo irme esta tarde. —Informó Claire.

—Supongo que tu motocicleta te cuidara ¿no?

—Chris, por favor —regañó Barry, el joven sólo soltó un bufido —. Aunque es un punto importante, Claire, alguien debe cuidarte aunque sea unos días.

—No es necesario puedo sola.

—Pareces una muñeca desarmada, deja de ser tan soberbia y admite que el dinero debemos invertirlo en alguien que te cuide y no en arreglar una estúpida motocicleta.

La pelirroja no se molestó en ocultar su gesto de molestia. El argumento de su hermano era bueno y lógico, se sentía mal por causarle problemas él únicamente velaba por su seguridad y bienestar no se merecía un trato altanero como el que ella estaba dando.

—Está bien, pero…

—Tengo la solución perfecta a sus problemas —manifestó Barry dejando a la vista una enorme sonrisa, apoyó la mano en el hombro de Chris. — Nos llevaremos a esta jovencita a Raccoon, y se quedará en mi casa hasta que mejore en su totalidad, Kathy la cuidará mejor que nadie y estará feliz de tenerla en nuestro núcleo familiar. Además no gastarán dinero en enfermeras y Claire podrá reparar su amada moto.

—Barry, ya has hecho suficiente, no tienes que hacer nada más…te lo agradecemos, pero no quiero causarte problemas —comenzó el castaño.

—¡Pero qué tonterías dices!, tener a Claire en mi casa es un honor, no un problema. Polly la adora y ni hablar de Kathy. —Lo cortó, los tres jóvenes sonrieron.

Chris posó la vista en su hermana, se veía feliz riendo bajo un gesto infantil que aparentemente había olvidado en ella, desde la muerte de sus padres la chica jamás volvió a ser la misma, fingía ser fría, rebelde y capaz de afrontar por si sola todas sus problemáticas y conflictos escandalosos. En cierto modo, Claire tenía capacidades para asumir gloriosamente una infinidad de desafíos, pero nada podía omitir ni pasar por alto el detalle de que aún era una muchacha muy inestable e indecisa que constantemente se contradecía por no tener un corazón y una mente completamente sana y libre se cicatrices.

Barry y su familia eran gente de su entera confianza, dejar a Claire en sus manos lo dejaba mucho más tranquilo, así podría incorporarse a sus funciones laborales sin estar preocupado constantemente por ella.


Llegada la hora en que Claire podía abandonar libremente el recinto de salud, rápidamente procedieron a organizarse para regresar en tiempo breve a Raccoon City, la Redfield menor viajó juntó a su hermano, los tres habían llegado en sus respectivos vehículos así que tuvieron que devolverse de la misma manera, cada uno por separado. Durante el trayecto comprobaron que el clima ya no estaba frío ni apagado, la tarde se percibía bastante agradable el sol se filtraba calidamente por los vidrios de las ventanas de sus autos, el cielo estaba carente de nubes y el celeste se veía en todo su esplendor.

Todos aparcaron sus automóviles frente al hogar de los Burton, a los pocos momentos bajaron, la pelirroja quiso descender por sí sola, pero al apoyar su pie lastimado sintió el horrible dolor de los músculos contrayéndose tortuosamente; exclamó un quejido audible mientras cerraba sus parpados con fuerza toda su cara denotaba sufrimiento. Chris se acercó sin titubear a ella la tomó por la cintura observándola preocupado.

—¿Estás bien? —inquirió acongojado, Claire negó sutilmente con la cabeza mordiéndose el labio inferior. El chico no dudó en cargarla en sus brazos .— Te dije que te ayudaría a bajar.

—Lo sé, es que no estoy acostumbrada a que me cargues como una nena pequeña —dijo echándole una mirada divertida —, Chris…

Él respondió con un sonido ronco mientras la llevaba a la entrada de la casa, Barry y Jill los seguían desde atrás.

—Te quiero —pronunció, su voz sonaba apacible y lánguida —. Perdóname por ser como soy, por causarte infinidades de problemas y dolores de cabeza… sin ti ya estaría perdida.

Chris le besó la mejilla.

—Yo también te quiero, loquita.

La curiosidad de Kathy al sentir muchos vehículos la hizo salir antes, lo primero que vio al abrir la puerta fue la imagen de Chris cargando a su hermana que claramente no se veía en buenas condiciones, se llevó ambas manos al rostro viéndolos sumamente asustada.

—¡Oh Dios!, ¿Q-Qué ha pasado, Claire... qué le sucedió… por qué, cómo? —interrogaba con nerviosismo. Barry no le había comunicado que viajaba por aquellos motivos.

—Tranquila, mujer, Claire está un poco desarmada, pero viva —. Respondió el castaño entrando en la vivienda y dejando a Claire en un sillón pequeño.

Kathy besó brevemente en los labios a Barry a modo de saludo, Jill también le saludó siendo la última en entrar, la castaña sintió una oleada de recuerdos al admirar la sala principal no era la primera vez que visitaba la casa de su compañero, sin mencionar la última ocasión que lo había hecho. Tragó saliva, el sofá revivía muchas memorias.

—Linda, ¿Quieres un vaso de jugo? —la voz de la señora Burton la bajó abruptamente de la nube en que flotaba su mente.

—Claro.


Charlaron un par de minutos, le explicaron a Kathy todo lo sucedido y lo cansados que estaban, pero agradecían que a final de cuentas el accidente de Claire no resultó ser tan trágico como creyeron en un principio, a su vez la mujer de cabellera larga y de color marrón los puso al día sobre todos los acontecimientos y las investigaciones acordes con el caso de las montañas Arklay, por fortuna y para su calma nadie había desaparecido en las últimas veinticuatro horas y Irons no había despedido a nadie, lo cual era un detalle importante.

Claire se veía agotada así que Kathy junto a Moira prepararon la habitación en donde se quedaría, una vez todo estuvo listo la chica se despidió amablemente de Jill agradeciéndole la compañía y la paciencia al soportar sus discusiones con Chris.

—Te vendré a ver todos los días después del trabajo —le avisó Chris mientras Barry la cargaba a las escaleras.

—Más te vale, porque si no lo haces lo pagarás caro, Christopher —advirtió en una sonrisa.

Subieron los peldaños restantes, ambos agentes S.T.A.R.S se quedaron parados viéndolos alejarse, Kathy informó que iría a la cocina unos momentos.

El silencio se hizo presente una vez más a lo largo del día la atmósfera se captaba intensa y llena de sensaciones singulares. Chris giró el rostro y observó a su compañera que estaba de pie junto a él sin emitir sonido alguno, no sabía cómo comenzar la oración para demostrarle lo agradecido que se sentía.

—Gracias por todo, de verdad significa mucho para mi recibir tu apoyo —la fonación del chico era baja, Jill sonrió mirándolo fijamente.

—No tienes que agradecer nada, lo haría de nuevo y sé que tú también lo harías por mí. —Sonrió coqueta y echó una mirada directa al sofá —, lo haría de nuevo — repitió estratégicamente. — ¿Y tú, lo harías por mi?

Chris se quedó helado y mudo a la vez, sintió una opresión en el estómago señal evidente de que su cuerpo estaba experimentando desasosiego y probablemente al cabo de unos minutos la sensación cambiaría a excitación, intentó ignorar el flirteo reciente.

—Por supuesto que lo haría —logró decir al fin —. Lo de apoyarte, me refiero a…

Las carcajadas melódicas y contagiosas de la chica lo interrumpieron.

—Es muy interesante y divertido ver a Chris Redfield nervioso —el rostro femenino reflejaba un infantilismo dulce, al igual que el timbre de voz que utilizó para decir las últimas palabras, ni siquiera el ser más cruel e inflexible del mundo podría eludir resistirse a sus encantos.

Por modo reflejo e instintivo reaccionó ante el juego que ella estaba iniciando, Redfield se acercó imponente reduciendo la distancia que los separaba a sólo unos escasos centímetros, Jill permaneció quieta clavando su mirada azulada en Chris, los ojos de la castaña eran fantásticos, grandes, expresivos capaz de someter a cualquier hombre que tuvieran al frente, pero él ya conocía bien las maneras de no dejarse derrotar ni derretir por ellos.

Acercó su rostro al de ella al igual que sus labios, ambas bocas se rozaron suavemente, llevó las manos a su espalda sujetándola firmemente, Jill comenzó a respirar rápidamente, mojó sus labios y los mordió.

—También es divertido sentirte temblar bajo mi cuerpo. —Susurró él.

—¡Chris!

Inmediatamente se separaron, el aludido conocía mejor que nadie a la dueña de esa voz, los dos la miraron angustiados y extremadamente avergonzados.

—Polly —saludó intentando sonreír y actuar normal, la niña corrió hasta él y lo estrechó en un abrazo que no tardó en ser correspondido .— ¿Cómo estás, enana? — preguntó poniéndose en cuclillas para quedar a una altura más apta con ella.

—Muy bien, ¿vienes a cuidarme? —indagó alegremente.

—No, esta vez no vengo a eso… vine a dejar a mi hermana, va a quedarse un tiempo aquí. —La niña ladeó su pequeño rostro procesando la información recibida —. No puede quedarse conmigo porque debo trabajar y…

—¡¿Claire va a quedarse aquí?! —Exclamó feliz.

Chris asintió la pequeña liberó un chillido demostrando lo contenta que se sentía, posó la vista en Jill que aún permanecía incómoda con la interrupción

—¡Hola! —la castaña le regaló una sonrisa.

—Hola, Polly.

—Voy a ver a Claire —comunicó a sus receptores, corriendo en pequeños pasos dejó tirada su mochila en el piso y subió velozmente las escaleras. Chris botó el aire contenido en los pulmones asumiendo la idea de que la hija menor de Barry poseía un don muy particular para aparecerse en momentos embarazosos.

—Yo… creo que me marcho —habló Jill, Chris volvió a ponerse en pie.

—Creo que también yo.


Sábado 13 de Febrero, 1998, 09:15 am Raccoon Police Department.

La primera tarea que se había dispuesto a realizar Chris ese día; era ofrecerle unas buenas disculpas a Amy, al momento en que ella le había comunicado lo sucedido con su hermana no se comportó de manera correcta y le dio un trato bastante brusco que evidentemente no era su estilo.

La fémina permanecía sentada como siempre en la recepción principal, sin rodeos el castaño se desplazó directamente en su dirección. Amy levantó la vista otorgándole su atención.

—¿Sucede algo? —preguntó con extrañeza puesto que el Redfield en rara ocasión se le acercaba.

—No, no sucede nada, sólo quería disculparme contigo —la rubia enarcó una ceja —. Hace unos días te traté pésimo y tú no tenías la culpa de nada, me sentí como un idiota de verdad lo lamento.

Amy se quedó pasmada y la vez llena de ternura, jamás esperó algo así de su parte.

—No hace falta entiendo tu modo de actuar, quizás yo en tu lugar habría golpeado a quien se me cruzara por delante —él sonrió.

Jill caminaba apurada mientras transitaba por el hall cargando en sus manos una carpeta llena de documentos, divisó a su compañero charlar con la secretaria. Una extraña sensación se apoderó de su pecho, su andar se detuvo en seco automáticamente frunció el ceño, en sus orbes se reflejaba una mezcla de asombro y perplejedidad al ver al dúo reír animosamente, sabía que no estaba en las reglas, pero la sensación era inevitable y odiaba con toda su alma sentirla, los celos jamás habían sido lo suyo los consideraba falta de seguridad y una remota estupidez. Pero en esta oportunidad se estaban apoderando abruptamente de todo su cuerpo.

Sin embargo, nada podía hacer, siguió su camino procurando un estilo calmado al dar sus pasos.


Chris entró en la biblioteca de la comisaría sosteniendo un libro en la mano izquierda, Barry por favor le solicitó si lo podría devolver antes de las seis de la tarde, echó un vistazo a la estancia con dos niveles, era una biblioteca bastante modesta para una estación de policías y sinceramente no le hallaba el significado relevante para que estuviese allí.

Habló con el encargado del lugar, el cual amablemente le indicó en dónde debía dejar el libro, subiendo la escalera junto a la puerta y la pared encontraría el pasillo. Chris tomó nota mental de todas las indicaciones, aún no se acostumbraba del todo a la compleja construcción en donde cumplía funciones laborales. Parecía estar desierto aunque era lógico, quién diablos iba a darse el tiempo de leer mientras que el trabajo no dejaba de ser intenso en ningún momento.

Al llegar al segundo piso divisó a Jill en el pasillo arreglando unos documentos, la chica percibió los pasos de alguien más y observó a Chris sin entender por qué estaba allí, ambos se encontraron con la mirada él se acercó quedando cara a cara con la miembro del equipo Alpha, era agradable topársela bajo un trance de tiempo inesperado, sonrió, pero Jill no lo hizo antes de que Chris pronunciara algo le arrebató el libro de la mano.

—¿Qué haces leyendo sobre mitología griega? —comentó.

—Barry lo tenía, no yo… ¿Y tú, qué haces acá?

—Perdí un informe del equipo Bravo, me detuve aquí para buscarlo tranquila, pero creo que Enrico me asesinará porque no lo encuentro por ninguna parte, ¡Maldición! —se escuchó una protesta de silencio desde abajo —. Lo siento — murmuró la chica.

—Pero si no hay nadie —manifestó Chris ganándose otra exigencia porque permanecieran callados.

—El jubilado Harris está leyendo una vieja bitácora —informó Jill, Chris le dedicó una mirada dudosa —. Es el encargado de la biblioteca.

—El anciano, ya veo —sus voces eran susurros, no querían darle más molestias al hombre octogenario.

—¿Vas hacer algo después de terminar con el turno? —averiguó la castaña.

—Sí, quedé de salir con Amy realmente teníamos un concepto errado de ella, ¿sabes? No es la típica mujer atractiva descerebrada.

Jill volvió a experimentar la misma sensación que sintió hace unos momentos, la cólera le recorría toda la sangre. Pero puso todo su nivel de improvisación y fingió hacerse la desinteresada,

—¿A dónde irán?

—Ni idea —respondió encogiéndose de hombros —. No planeamos nada en concreto.

Chris no parecía muy entusiasmado y eso la calmaba un poco.

—Y… ¿Seguirás viéndote con ella? —Chris curvó sus labios haciendo un gesto de desazón.

—¿Me estás controlando? —Jill lo miró indignada, dejó el libro sobre una repisa sin molestarse en guardarlo en su respectiva posición. Se cruzó de brazos y lo encaró.

—Claro que no, por mi puedes estar con quien quieras. No te preocupes, no he olvidado las reglas que yo misma impuse y sé que los celos son un factor importante en todo nuestro trato, pero puedes estar tranquilo, éste no es el caso.

—¡Qué alivio! por un momento creí que debería rendirte cuentas —ironizó mientras se alejaba y se disponía a bajar las escaleras.

—Chris —él se dio la vuelta ante el llamado, a Jill no le importó que el encargado de la biblioteca pudiese verlos, se olvidó de todo incluso del sitio en donde estaban se aproximó al castaño y hábilmente le tomó el rostro con ambas manos, el magnetismo era irresistible los incentivaba a unirse a como diera lugar, la joven lo besó de manera frenética, sus labios sensibles se juntaron en una exquisita cadena de deseo y movimientos correspondidos los unos por el otro.

Chris deslizó poco a poco sus manos y se detuvo en la estrecha cintura femenina, posesivamente hundió los dedos en el cuerpo delgado de la castaña, su aliento era fresco y lleno de sensualidad, ella ladeó la cabeza profundizando el nexo de sus bocas para que así la fluctuación de sus lenguas se percibiera más sabrosa y placentera.

Jill se apartó un poco, sin atreverse a finalizar el contacto, abrió los ojos fundiéndose en los de Chris; las respiraciones caían sobre los rostros de ambos.

—Eso no estaba en las reglas —susurró el chico. Sin dejar de mirarse se separaron.

—Las reglas son para romperse —replicó alejándose rápidamente del lugar.

Chris observó como bajaba la escalera. Su fuero interno le gritaba desesperadamente que la siguiera que no se quedará parado como idiota, pero él sabía que no podía hacerlo, porque todo era una irresolución cuando se trataba de sus sentimientos por Jill.


Waah lo iba hacer más largo, pero prefiero dejar cosas e ideas para más adelante además ya llevaba 15 paginas y no me gusta aburrirlos con un testamento xD

En mi país se viene una jornada de celebraciones así que espero tener esos días libres para actualizar a mediados de Septiembre. Nuevamente pido perdón por la demora, pero como muchos saben ya estoy a escasos meses de dar una de las pruebas más importantes de mi vida ;_; espero puedan comprender.

Muchas pero muchas gracias por todos los reviews! son lo más lindo de escribir esta historia y lógicamente el incentivo principal para seguir con esto.

Espero leer sus comentarios y todo lo que quieran expresar. Un abrazo de oso.