Disclaimer's incluidos.

*Sale de su cueva* Hola! A mis amados lectores ¿Cómo se encuentran el día de hoy? Espero que muy bien, después de mucho tiempo aquí vuelvo a ustedes para robarles un par de minutos con estas ideas locas que salen de mi cabeza. Espero que les guste el capítulo que está a continuación, después de tantos meses desaparecida-sin libre acceso a Facebook-he trabajado mucho en esto...y falta tan poco para que terminé un proyecto largo Dramione. No les molestó más, nos leemos abajo.

Gracias a mi beta: Melrosse por tomarse el tiempo de corregir mis horrible errores. Y entregarles algo decente. Sin ella, no sería nada. Después de todo cuando me da la depresión depresiva con esto de la shipp necesito desahogarme con alguien que comparte los mismos feels. Además para que llegue a ustedes un trabajo bien hecho, así que MUCHAS MUCHAS GRACIAS! Sin su ayuda esta pequeña vaga, sería un desastre.

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-The notebook-

Capítulo 10. Cristales empañados

"El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo". —Ludwig Borne.

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El susurro del viento tomando la noche que se alzaba con gracia sobre su cabeza y el olor a algo quemándose parecía cobrar más y más fuerza con el pasar de los minutos. Sin embargo, no se puede mover, algo le murmura que es mejor huir y esconderse. Y aunque se encuentre lejos de la realidad, el miedo aflora por cada poro de su piel, a la expectativa de que las cosas cambien y deba correr nuevamente.

Los golpes consecutivos sobre la madera resuenan con rabia marcada en cada toque.

Furiosos.

La voz llamando desde afuera una y otra vez a su padre, -Draco...- él está llamándole, esperando que abra la puerta del lugar, y lo ve, parado en medio de un corredor desierto, gritando sin cesar para que deje de hacer algo, intentando desesperadamente hacerle entender que simplemente está equivocado y escuchará sus instrucciones próximas.

—Draco—llamó una voz delicadamente a su costado derecho. Ocultos bajo la oscuridad de la mansión, por el tiempo y la situación que paralizaba cada rincón del lugar.

—Madre... creí-

—Lo lamento mucho—interumpió, negando con la cabeza, tocando delicadamente la tez pálida de su hijo. Mirándolo con la tristeza reflejada en sus orbes azules—Sí tan sólo hubiera tenido el valor, no estarías ahora aquí, esperando que Lucius no quemará tus retratos. Son hermosos, has mejorado mucho.

Tragó grueso, mirándola con algo de pena. No era culpa de su madre y las malas decisiones de su padre. No podía esperar que él escuchara a su esposa, después de todo, las peleas se volvían más constantes con el tiempo. Resonando las palabras hirientes y amenazantes que quedaban en el aire, esperando a ser cobradas. Nadie quería eso, sin embargo, el huir no era una opción realmente. ¿Qué sería de ellos? La soledad se encontraba al acecho de cada uno, la familia parecía quebrarse lentamente con el pasar de los días junto a las leves murmuraciones que seguramente serían más frecuentes dentro de algunos años.

—Está bien, no debes preocuparte por eso, yo-

—Nunca he querido esto para ti, no obstante, Lucius tiene demasiado miedo y-

—En serio, madre, no debes preocuparte. Saldremos de está y será todo como antes—prometió con una calma que aparentemente no sentía.

Tomando la mano de su madre y colocándola sobre su mejilla sonrió levemente antes de escuchar las puertas del estudio abrirse de par en par, mostrando a su padre furioso. La última expresión de Lucius Malfoy, que se desvaneció entre el bullicio y las risas del gran comedor.

Otro año en Hogwarts que volvía a comenzar ante sus ojos.

Justo delante de ella, Draco Malfoy estaba sentado en la mesa de los Slytherin con su mano derecha apoyada en el mentón como sinónimo de aburrimiento, lanzando comentarios venenosos hacia los pequeños estudiantes que ingresaban a Gryffindor, mencionando que seguramente serían "sangre sucias". En ese momento seguramente habría lanzado un par de insultos al recuerdo, por esa actitud, preguntándose una y otra vez como fue posible que una persona como él haya llegado al punto de ser prefecto, sin embargo, a esas alturas y por todo lo recorrido ya no era capaz de juzgar al verdadero Malfoy.

Mirándolo con más detenimiento observa sus ojos grises carentes de brillo a pesar de la supuesta sonrisa que adorna su rostro, una máscara excelente para disimular el dolor de sus corazón, ocultando sus sentimientos para el mundo, tratando de olvidar lo que alguna vez fue importante para él para centrarse en lo que su padre y Voldemort esperaban: la destrucción total de Draco Malfoy, para sobrevivir a una guerra que se aproximaba con rapidez. La verdad que estaba delante de las narices de todo el mundo pero que solo unos pocos fueron capaces de reconocer, como su antiguo director Dumbledore, que en ese momento se veía vigilado estrictamente por esa mujer de vestimenta rosa pero con el corazón tan oscuro que seguramente se estaría descomponiendo por dentro, que a pesar de un jardín de flores, sería imposible ocultar el olor.

Mientras que el escenario cambia nuevamente se pierde en sus recuerdos de esa época oscura en la que sentía que la maldad avanzaba y nunca tendría un fin, cuando parecía que todo lo que hacían se volvía cada vez más en su contra, dejando que el fuerte sonido de las puertas abriéndose la despertaran del transe en que se había sumergido. Tenía que recordar también desde su punto de vista y no olvidar, a pesar de que sabía debía estar de mente abierta y ver más allá de lo que todo el mundo decía, ya que había descubierto que las apariencias cambiaban conforme a una necesidad de sobrevivir y que las personas podrían tener unos antifaces tan perfectos, que ocultaban y mostraban un rostro totalmente distorsionado al de la realidad.

Ahí estaba nuevamente, aquél día en que Umbridge descubrió su ejército para luchar contra Voldemort, contra las injusticias. Y a pesar de ser sólo unos estudiantes ya tenían la valentía de salir a pelear por lo justo aunque los castigos fueran cada vez peores como resultado del poder que el lado oscuro tenía sobre el mundo mágico. Mientras todo a su alrededor comenzaba a perder su color, desapareciendo lentamente para sumergirlos en una oscuridad total, escuchaba sólo los terribles insultos, la voz de Harry a lo lejos y palabras demasiado fuertes para su gusto. Ese momento parecía ser el reflejo de las emociones de Draco cuando su padre fue acusado de traición por el Ministerio y fue juzgado y encarcelado, avecinando el castigo de Voldemort para su familia y la única manera de poder expresar el miedo que sentía de lo que tocaría vivir.

Un grito por parte de su amigo y el odio en el diálogo de Malfoy después de conseguir una pequeña venganza...

Sin embargo, eso no era suficiente. Lo sabía: la historia aún seguía y no se sentía realmente preparada para ver lo siguiente. Recordar el dolor que vivieron en la guerra, la angustia, los gritos y el miedo de la gente. Aunque debía seguir. Seguía la marca de su brazo y conocer el otro lado del cristal.

La tenue luz que salía por una pequeña puerta, a pesar de la oscuridad, la guiarán para llegar al nuevo escenario; en está ocasión, Draco Malfoy sentado delante de su escritorio con el ceño notablemente fruncido y una carta entre sus manos. El aviso de que la guerra estaría a punto de comenzar y una de sus primeras víctimas sería él, para luchar por una causa que nunca sintió suya.

Observando cada uno de sus movimientos, lo vio levantarse de la silla para ir hacía la ventana, en la cual se reflejaba el lago negro que esa noche se movía con violencia gracias a la tormenta afuera del castillo, siendo casi la réplica en pintura de lo que sentía Draco Malfoy en ese momento en su corazón. Eliminando la distancia que había entre ella y el escritorio con la carta de la señora Malfoy, se dispuso a leer con detenimiento las palabras de ella sobre el papel, comenzando por una disculpa y la explicación interminable de que en realidad no era lo que en verdad deseaba para él.

Su único hijo.

Dándose la oportunidad de mirar nuevamente al destinatario de aquella carta, escuchó el fuerte sonido de un trueno y su luz reflejada en la ventana antes de que todo volviera a la oscuridad nuevamente. Sintiendo el frío recorrer su cuerpo con lentitud, dio dos pasos a ciegas tratando de buscar algo, pero fue en vano. Sólo un grito que le calo en los huesos la hizo retroceder para escuchar a continuación de manera consecutiva unas risas llenas de maldad acompañadas de los gritos que lentamente se apagaban con las palabras de una mujer.

Aquella voz tan reconocida, la misma que nunca la permitiría olvidar uno de los peores momentos de su vida.

—¡Levántate Draco! ¿Cómo puede tu hijo ser tan débil, Cissy? Lo consientes demasiado— escuchó a lo lejos, divisando una tenue luz por debajo de la puerta. Sin embargo no era realmente capaz de… ir, a pesar de estar sumergida en unos recuerdos, de saber que nadie podría tocarla y que las sensaciones que percibía su cuerpo eran sólo manifestaciones de los sentimientos de Malfoy.

Volver a esa época tan oscura que tanto les había quitado era revivir todo sus miedos que había decidido enterrar.

—Fue una sensación horrible—murmuró una voz a su lado, sobresaltándola.

Era el Malfoy actual, que después de tantos episodios, volvía a aparecer como si nada.

¿Dónde quedaba supuestamente la guía que iba a otorgarle?

—Creí que iba a morir en ese momento, pero no, todo fue de mal en peor desde ahí. Hubiera deseado que mi tía en uno de sus ataques de locura me hubiera lanzado un Avada Kedavra para evitar todo esto, para que mis sentimientos no hubieran ido más allá y terminaran conmigo lentamente. Prefiero esa muerte rápida a estos años que parecen perderse en el tiempo.

Terminó revelando a su versión joven tirado en el suelo de su casa, el mismo lugar donde Bellatrix la había torturado. Sus cabellos platinados desordenados, su piel más pálida de lo normal, labios resecos y los ojos grises perdidos en un punto muerto. Agotado de todas las maneras posibles.

Escuchando nuevamente la maldición, vio un último esfuerzo por parte de Malfoy para levantarse del suelo. Vestido de traje negro, los brazos temblando de dolor al igual que sus piernas.

Sucio. Un aspecto tan diferente al chico que siempre vio en el colegio.

La cara demacrada con notables ojeras adornando el contorno de sus ojos. Tan similar a su madre, que a unos metros de él se paraba con el rostro lleno de miedo y preocupación.

—No comprendo, Draco. Juegas quidditch y los malditos hechizos los haces a la perfección . ¿Por qué no te levantas? No es nada en comparación a lo que podría sucederte con el Lord y-

—Por favor Bella, no sigas que-

—¡Cállate! Esto es por culpa del inútil de tu esposo, Cissy. Tú hijo debe limpiar su apellido ante el Lord o todos ustedes serán asesinados ¿Qué prefieres?

Había sido la última pregunta de Bellatrix antes de lanzar otro par de Crucios que dejaron en la inconsciencia a Draco. Y los gritos de su madre, llamándolo desesperadamente... todo era para sobrevivir a la guerra, oscura como la noche que se alzaba nuevamente sobre ambos, junto al olor de la sangre en el aire y los gritos de dolor pidiendo clemencia que nunca llegarían.

Ahí estaba finalmente la guerra.

Arrastrada involuntariamente por un enorme pasillo de la que era seguramente la Mansión Malfoy, hasta el mismo maldito salón. En medio de todos, una cabellera rubia y tez blanca miraban sin emoción a su antiguo profesor de estudios muggles, Charity Burbage, tirado en el suelo con signos de tortura en su cuerpo tembloroso, la piel más blanca de lo normal, sus ropas rasgadas y la apariencia completamente sucia, sinónimo de prisionero que sería próximamente ejecutado.

—Creo que sabe la razón de su cómoda estancia en esta Mansión, Señor Burbage, y por consideración a usted, haré que uno de sus antiguos estudiantes lo mate. Como advertencia para el mundo mágico y para evaluar que tan lejos puede llegar el joven Malfoy—rio un poco, seguido por sus seguidores, a excepción de los Malfoy, que callaron al tiempo al ver que su señor volvería a hablar—¿Desea expresar algunas palabras?—preguntó mirándolo con burla, esperando unos minutos con paciencia mientras acariciaba la cabeza de Nagini—Bueno, por su silencio continuaremos. Joven Malfoy, puede comenzar con el espectáculo.

Eliminando un poco más la distancia que los separaba, Malfoy alzó su varita contra el pobre hombre, murmurando un leve cruciatus que desencadenó una serie de gritos llenando la habitación, erizando completamente su piel sintiendo como sus ojos se cristalizaban.

¿Por qué había sido tan injusto? Tantas cosas que hacer, tantas personas inocentes involucradas en una guerra absurda.

—Joven Malfoy ¿Acaso Bellatrix no le enseño a lanzar cruciatus mejores?—escupió con un poco de enojo. Haciendo que la fuerza sobre su varita aumentara, marcando sus venas y repitiendo nuevamente la maldición con más fuerza para satisfacción de Voldemort, vio al pobre hombre en el suelo con los ojos abiertos mirando al techo, la boca expulsando saliva retorciéndose de dolor para el placer de otros.

—Mátalo, Draco. Sus gritos ya me molestan—fueron las únicas palabras de Voldemort, para que el sufrimiento del profesor Burbage terminara con un rayo verde golpeando de pleno en su pecho, apagando su voz finalmente.

La risa de Voldemort y una felicitación antes de marcharse junto a los demás asistentes fue lo último que escucho Draco Malfoy, dejándolo parado en medio de la sala mirando el cuerpo inerte en compañía de su madre que tenía un leve temblor en sus manos. Acompañando a su hijo a la habitación lo dejó para descansar, permitiendo que por fin en su soledad el Slytherin bloqueara la puerta y caminara como peso muerto hasta la ventana.

Era de noche con una luna llena en lo alto del cielo estrellado. Otra que pasaría sin dormir.

Observaron con detenimiento como se tomaba la cabeza con las manos con su mirada perdida, pidiendo entre pequeños susurros a las sombras que por favor lo dejarán de atormentar ya que no podía seguir así o dentro de poco enloquecería...

—No podía dormir, no podía comer. Fue una época asquerosa, nada de lo que viví se parecía a lo que me imaginé que podría llegar a suceder. El día de la iniciación fue lo que marcó mi vida por completo, esta maldita marca en mi brazo me hace recordar y sentir las sombras que antes me atormentaban día y noche, sin embargo ¿Qué podía hacer cuando la vida de mis padres estaba en mis manos? Ahí, en medio de toda oscuridad en la que me veo rodeado, era un simple salvadidas. Aún después de tantos años cuando veo mi reflejo en el espejo me devuelvo al simple estudiante con la piel más pálida de lo normal y las ojeras en el contorno de mis ojos por las noches en vela. Las palabras de Voldemort se repetían una y otra vez en mi cabeza, por eso no podía fallar... por eso todos mis recuerdos felices fueron guardados en un cajón dentro de mí, para sobrevivir y ver lo poco que restaba después de que todo terminará. Sin embargo, es sólo el comienzo de una pesadilla— murmuró escuchando a lo lejos el nombre de Thorfinn Rowle por parte de Voldemort, el nombre de Draco y después gritos que se perdieron entre el sonido de las gotas de agua que comenzaba a inundar sus oídos mientras veía una secuencia de imágenes de Malfoy amenazando a Borgin, el dueño de Borgin y Burkes, mostrando a éste la Marca Tenebrosa en su brazo, la respuesta a lo que antes había preguntando a ese viejo, y finalmente, el sonido más claro que la hizo caer en cuenta que habían vuelto a Hogwarts, más especificamente en el baño de Myrtle la llorona.

El rostro del Slytherin reflejado en el espejo, empapado y confundido. Triste, desesperado porque nada de lo que hace está bien. Las palabras del fantasma dedicadas a él, que sólo lo hacían perder más la cabeza:

«... él es sensible, la gente lo intimida también, y él se siente solo y no tiene a nadie con quien hablar, ¡y él no tiene miedo de mostrar sus sentimientos y llorar! »

Cantaba recordándole que era humano, que a pesar de la tarea que carga sobre sus hombros seguía siendo un adolecente atrapado sin poder decidir. Luego, el grito de Harry y una pequeña batalla que dejó como resultado a Malfoy tirado sobre el suelo inundando cubierto de sangre.

—Tantas cosas salieron mal ese año, tantas cosas que me gustaría olvidar y dejar a un lado. Pero es imposible, me seguirá persiguiendo toda mi vida, recordándome porque no puedo ser feliz, haciéndome entender las razones del destino para jugar conmigo de esta manera y el hecho de enamorarme de ella y no poder tenerla es uno de los castigos más grandes... -susurró suavemente, antes de que todo volviera a cambiar. Dejando que el frío viento rozara su piel, presintiendo el miedo en el aire y la señal de peligro, su respiración volviéndose cada vez más pesada a pesar de estar en un simple recuerdo.

Algo demasiado oscuro venía en camino y no podría cambiar nada.

Dejando escapar un poco del aire contenido en sus pulmones, observó como lentamente un Draco más joven tomaba forma delante de ella junto a Dumbledore, mirando cómo sus manos le temblablan violentamente,el rostro marcado por el miedo y la frustración, y la confusión en sus pensamientos en torno a las decisiones que debía tomar y sobre las cuales dependía su vida y la de su familia.

A pesar de estar unos metros alejada de él parecía poder escuchar sus pensamientos y los latidos de su corazón. Era ahora o nunca, pensó observando sus temores cobrar vida delante de él obligándole a actuar egoístamente para sobrevivir.

«Draco... años atrás, conocí a un chico, que tomó todas las decisiones equivocadas... por favor, déjame ayudarte...»

Aquellas habían sido las palabras pronunciadas por Dumbledore, tan tranquilo a pesar de conocer perfectamente la situación. Seguido por los gritos de Draco, sus palabras reflejaron el temor que sentía por las amenazas constantes, dejando la máscara que había sostenido todo los días para el mundo permitiendo salir al verdadero Malfoy.

« —Usted no lo entiende, nadie lo hará. La tranquilidad de saber que mis padres estarán bien, que aún no moriré. Si no lo mato, yo seré el que ocupe su lugar, no puedo permitir eso en este momento... »

Esas fueron las últimas palabras que escuchó de la conversación, siendo interrumpida por el Draco actual que parecía tener una mirada triste. Le había afectado tanto ese momento de su vida, el cambio de lo que había sido y todo el infierno que tuvo que recorrer para poder llegar a ese punto, que aún así no comprendía todas las enseñanzas que le habían impartido.

Cuestionándose con más frecuencia las razones por las que él tenía que estar en ese lugar, haciendo algo que realmente no deseaba.

Siguiendo las órdenes de un sujeto que estaba por debajo de él...

—Odié cada segundo de esa noche y los días siguiente, parecía que nada iba a tener fin. Las palabras de ese viejo director resonaban en mi mente y parecían estar aliadas a esas sombras que me hacían recordar cada grito, cada mirada que pedía en silencio ayuda para que no los mataran; todo el infierno que vivía me había quitado el sueño. Las ganas de vivir se extinguían con cada misión. Si no hubiese sido por esas promesas hechas seguramente hubiera terminado todo hace mucho y no habría nada que ver en este momento - murmuró quedamente, mirando el recuerdo que parecía empezar a quebrarse lentamente, distorsionando el escenario. Ver a Bellatrix detrás de su sobrino mirando con burla al viejo director, marcando las ansias asesinas en sus orbes, riendo del poco tiempo que le quedaba y en conocimiento de que no podía hacer nada. Desarmado por un simple estudiante controlado por el miedo que ejercía su señor. La supuesta grandeza que intimidaba al mundo y lo hacía caer delante de sus pies.

A continuación, los demás mortifagos destinados a la misión entraron rápidamente esperando al cumplimiento de las órdenes. No obstante, mientras los segundos corrían con prisa, Draco era presionado sin poder mover ni un músculo, sintiendo las palabras atragantarse en su garganta por el miedo y la culpa. No era una asesino, nada podría resolverse después de eso, y antes de percatarse, unas rápidas palabras y el rayo verde que atravesó la torre cayó en el pecho de Dumbledore empujándolo al vacío mientras los culpables huían de la escena, encabezados por Snape quién arrastraba a Draco.

Ya todo había terminado, rompiéndose en miles de pedazos que atravesaron a ambos dejándolos en la oscuridad, escuchando solo la lluvia que caía con fuerza, ajenos al resto del mundo.

Giró sobre su eje buscando una pista de su nueva localización, oyendo los pasos acelerados sobre el suelo que urgían por llegar a ellos. –Tacones- pensó Hermione, escuchando el golpeteo peculiar del caminar femenino, revelando segundos después una pequeña luz al otro extremo y la figura de una mujer alta y de porte aristocrático.

—Draco—la escuchó susurrar lentamente, cerrando la puerta con seguro y caminando hacía el mencionado que parecía perdido entre tanta oscuridad.

Jalando una pesadas cortinas para revelar la tormenta que tomaba lugar afuera de la mansión, lo vio sentando con la mirada perdida y en una pose relajada —Hijo...

— Estoy bien madre, no debes preocuparte—la miró por unos segundos antes de dirigir sus orbes a la ventanas, deseando perderse en la oscuridad, tratando de comprender qué estaba sucediendo con su vida y de qué manera valía la pena seguir ahí.

—Ya ha pasado tanto tiempo—se acercó preocupada, mirando con la tristeza reflejado en sus orbes azules.

—Es curioso la definición de tiempo, madre. La verdad yo lo siento como si fuese ayer, cada cosa que me ha tocado vivir en este infierno se repite a cada minuto en mi cabeza. Siento sus miradas, las palabras en su último aliento de vida, y es como si pudiera ver sus cuerpos caer delante de mí, uno a uno. Cada segundo que pasa me cuestiono cuando es que terminará todo esto. Sé qué es lo que deseas decirme acerca del Ministerio y el fortalecimiento de Voldemort. Tengo presente que están buscando a Potter, Weasley y Granger, además de lo que hacen con los hijos de muggles, pero entonces nos mantienen encerrados en este maldito lugar por lo que no fui capaz de hacer, aunque sinceramente no sé si debo arrepentirme por eso.

Confesó confuso ante todo lo que aparecía en su mente como una lista perfectamente organizada, rozando con delicadeza el vidrio de la ventana. Frío por la lluvia, apoyó su cabeza cerrando los ojos.

Ojalá pudiera olvidar y evaporarse.

—Pronto terminará todo.

—¿Qué será de nosotros? Sí gana Voldemort todos estarán condenados, si gana Potter pasaremos el resto de nuestras vida en Azkaban o seremos condenados al beso del dementor. Sinceramente no sé cuál sería la mejor opción. Seguramente la segundo, para evitar toda la vergüenza social, olvidar y ser libre por fin — Terminó de hablar dando un largo suspiró, mirando la ventana de su habitación mientras que el recuerdo parecía moverse de un momento a otro a toda velocidad, observando cómo caminaba de un lugar para otro, y junto a los diferente días que pasaban ante sus ojos podría decirse que era la copia exacta de una de esas películas muggles. Casi avisaba que durante mucho tiempo las cosas parecían no haber cambiado, la rutina que marcaba al protagonista y que era la vida tan monótona y aburrida como intentaban describir, resaltando la soledad que abrumaba su vida e intentaba ahogarlos en esas sensaciones que azotaban sin piedad buscando su caída, para tomar su alma y dejarlo a la deriva.

Verlo delante de ella, de esa manera, construyendo una armadura para protegerse del mundo y salvar un poco de lo que quedaba, ocultando lo que en verdad sentía en esos momentos le hacían pensar acerca del gran daño al mundo mágico.

Ya nadie sería igual, nunca.

Dando un paso al frente, mientras todo se volvía negro a su alrededor nuevamente y el aire de antes se volvía cada vez más denso y frío, escuchó un grito. Retrocediendo a sus propios recuerdos que parecían conectados con los de Malfoy se vio tirada en el suelo de la mansión Malfoy con los brazos extendidos y sufriendo la tortura que le estaba aplicando Bellatrix.

Los gritos que lentamente volvían a revivir sus temores, el dolor de que aquel día y el tatuaje sobre su piel que nunca olvidará, y a lo lejos, la voces de sus amigos y la risa llena de gozo de esa mujer a costa de su sufrimiento.

—Odiaré este momento cada día de mi vida, me odiaré a mi mismo por el resto de mi existencia. No podía hacer nada ¿Cómo me podría merecerla ahora? Dímelo. Cada vez que abro los ojos y la veo tirada en ese suelo mugriento, con los brazos extendidos pidiendo ayuda con sus orbes chocolate empañadas por las lágrimas y yo a uno cuántos metros sin poder moverme. A pesar de que mi madre me detuvo, debí ignorar su callada advertencia y haber alejado a mi tía de ella. Para evitar que ella también se rompiera como nosotros—susurró perdido, dando unos pasos más cerca sin despegar sus ojos grises de su pasado, mientras que ella veía a Malfoy y a su madre, con una mirada de preocupación e impotencia, con la varita extendida mientras Narcisa lo tomaba de la mano con fuerza, evitando cualquier locura.

—.Algunas veces contemplo la idea de que si hubiera hecho algo, si hubiera tenido la valentía de un Gryffindor, ya todo sería diferente. Tal vez hubiera matado a Bellatrix, tal vez los cuatro hubiéramos muerto, pero son solo ideas de aguas pasadas. Y aunque no sea de mi agrado total y futuro, es bueno saber por un lado que es feliz y puede gozar de una vida tranquila— dijo agachándose, estirando su mano derecha para tratar de tocar su mejilla aunque a tan solo unos centímetros su cuerpo en el suelo se había evaporado en una nube para dar paso a una cantidad de hechizos impresionante, un bando de cada lado y Dobby ayudándolos a escapar dejando a la mayoría de los mortifagos enojados por la victoria que sabían, se había escapado de sus manos en un abrir y cerrar de ojos.

Las llamas empezaban a consumir todo a su alrededor. - ¿De dónde ha salido todo ese fuego?-, pensó, sintiendo el olor a quemado entrando por su nariz para más tarde ahogar una exclamación al verse suspendida en el aire sobre la sala de los menesteres, donde el antiguo grupo de Malfoy peleaba contra ellos, viendo a Crabbe caer al infierno que se había abierto delante de ellos por un hechizo demasiado poderoso.

—¿Extrañas a tu amigo?—cuestionó sin pensar, sin esperar una respuesta. No obstante, esta llegó más rápido de lo esperado.

—En ocasiones. Murió por una guerra sin sentido, siguiendo órdenes de un demente.

—Siempre será así, siempre morirán inocentes cuándo las causas son cada vez más ridículas.

—Sí, siempre tendrán que pagar algunos por cosas que hacen los demás. Al igual que podemos ser salvados por la persona menos esperada—susurró viendo a Harry subirlo a su escoba y sacarlos.

A continuación pasaron imágenes a toda velocidad que apenas pudo analizar, pero la que más notó fue la de un rubio lleno de suciedad entre el grupo de estudiantes de Hogwarts que veían a Voldemort celebrar delante de él la supuesta victoria por haber asesinado por fin a Harry Potter.

—En algunas ocasiones aún siento su voz llamándome como esa vez, desde el otro extremo, con un escalofrío recorriendo mi cuerpo y las miradas de todos en mí. Recuerdo a mis padres con los rostros llenos de preocupación; sus brazos estirados vacilantes sobre mencionar alguna palabra para acatar las órdenes que Voldemort me entregaba. Tenía mi boca reseca; el miedo estaba tomando control nuevamente. ¿Qué debía hacer? Ya no quería volver, estaba bien al lado de ellos pero… pero… no quería morir. Después de tantas cosas comencé a valorar más el significado de vida. Deseaba volver a hacer lo que me gustaba, sin presiones—explicó, mientras los últimos minutos de la guerra pasaba delante de ellos.

Los minutos más críticos que marcarían definitivamente el mundo mágico. Lo que regalaría la paz o dejaría que se consumiera todo con su maldad y se perdiera lentamente, dejando seguramente para el final las cenizas de lo que algún día fue, borrando los sueños que muchos hubieran tenido y matando toda esperanza, aunque, las risas y lágrimas que podía empezar a ver desde su lugar hacían que su corazón saltara nuevamente de alegría, sintiendo la paz inundar todo su cuerpo al saber que ya todo había terminado y que por fin podían pasar una noche tranquila, sin huir de nada y listos para esperar a la mañana brillante como el futuro que se avecinaban.

—Aunque muchos no lo creen, cuándo Potter logró matar a Voldermort, sentí como el peso sobre mis hombros se iba desvaneciendo al igual que el miedo de todo el mundo. Por fin pude ser libre. Cada vez que cierro los ojos y visualizo aquel día donde con caras llenas de suciedad y la ropa manchada, alguna rota, alcancé a ver que todos somos iguales y por fin acepté con libertad quién soy, lo que significa cada persona en mi vida—murmuró distraído, cerrando los ojos grises para escucha la risa de todos, mientras a lo lejos se veía a la familia Malfoy caminando entre los escombros para disfrutar un poco de la libertad antes de empezar la próxima partida, donde debían enfrentar a la ley mágica.

Durante la última mirada a la versión joven de Draco se encontró con sus ojos grises que parecían poder verla después de todo este tiempo, entre los recuerdos, con una disculpa silenciosa mientras de nuevo saltaba a otro tiempo. Un último recuerdo de aquella época oscura que por fin había tenido final, escuchando los insultos y murmullos impregnados con el desprecio en su voz.

La tenue luz que marcaba el comienzo de la nueva era. Los sonidos de la gente moviéndose de un lado para otro, trayendo y llevando objetos para la reconstrucción del callejón Diagon. Odio en el ambiente al ver a la versión de Malfoy pasar entre la multitud, algunos que parecen tornarse más agresivos intentando lanzar objetos a su persona con el fin de lastimarle. Ciegos que en realidad no se dan cuenta de que él también es un joven que no tuvo la opción de elegir, otra simple víctima de las tantas que se vieron obligados a participar y ser sometidos por el miedo, 1unque eso no importara. Después de todo, era del bando enemigo y parecía ser lo que nunca se borraría de la memoria de ellos.

—En ese momento, entre tantos insultos, no me sentí agobiado, para ser sincero. Me los merecía, pero me hubiera gustado saber que hubieran hecho ellos ¿Qué decisión tomarían? Es fácil juzgar cuando no ves el otro lado de la moneda. Durante ese trayecto, y los días siguientes, me di cuenta que los magos son tan superficiales como los muggles, que las apariencias se deterioran y caen, reemplazados por las acciones que tomaba cada uno. Además de eso, después de tanto tiempo de no haber creído en el amor, desde ese momento comencé a entender una parte de su poder, el cuál puede ser tan grande como para salvar a una persona. La historia de Potter es un hecho, al igual que el amor de mis padres. Sabes que mi madre le mintió al Lord con respecto a la muerte de Potter, todo lo que hicieron fue luchando para sobrevivir, y sin importar qué, siempre estaré ahí, por más señalamientos que en estos momentos o en un futuro se presenten—explicó por último, dejando que la oscuridad los rodeará nuevamente.

Mientras eran trasladados a otro escenario, vio a Narcissa Malfoy abrazar a su hijo, quién parecía tener la mirada perdida en la ventana de su habitación la cual daba a un paisaje maravilloso, con el sol radiante en el cielo y un pergamino entre sus manos con un retrato al carbón...era ella.

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Continuará.


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¡Yeih! terminamos el capítulo de hoy, espero que les haya gustado ¿qué les ha parecido? Qué creen que pase en los próximos capítulos. Ya dentro de poco también se terminará, se puede decir que la cuenta regresiva acaba de comenzar.

Gracias por leer, comentar, sus favoritos y alertas.

Cuídense, un beso.

Zhang.