Me desperté, pero mantuve mis ojos cerrados mientras yacía en mi cama sintiendo el brillante sol de Konohagakure contra mis párpados.
Luego estiré la mano y la deslicé por mi cama.
Estaba sola, Sasuke se había ido.
Deslicé mi mano de regreso, metí ambas bajo mi mejilla y curvé mis piernas hacia mi vientre mientras abría los ojos.
Había personas en mi casa, la cocina. Lo sabía porque mi habitación estaba sobre la cocina y escuchaba bajos murmullos viniendo desde ahí.
Probablemente eran mamá y los comandos. Probablemente les estaba preparando donas caseras que ellos rehusarían comer y entreteniéndolos con historias de mis antiguos novios (ninguno de los cuales, a excepción de Sasuke, le gustaba en realidad, pero nunca me dijo eso hasta que los botaba o ellos me botaban a mí).
Seguramente papá estaba en el trabajo. Habían lanzado a su casa bombas incendiarias, había combatido el fuego luego había mirado a los bomberos combatir el fuego después había hablado con la policía luego uno de los chicos de Sasuke llegó en una todoterreno, Sasuke nos subió a mamá, papá, la Sra. Utatane y a mí en ella y el chico de Sasuke (ese que lucía como mitad luchador, mitad gigante, se llamaba Juugo) llevó a la Sra. Utatane a la casa de su amigo Homura y a mis papás y yo a mi casa. Papá había tomado una ducha mientras mamá y yo sacábamos el sofá de mi oficina y hacíamos la cama. Papá y mamá se durmieron, yo me dormí y un tiempo después, probablemente justo antes del amanecer, sentí a Sasuke dormirse junto a mí. Había rodado hacia mí, enroscándose profundamente, pero volví a dormirme antes de saber si estaba o no en la tierra de los sueños.
Incluso con todo esto sospechaba que papá todavía estaba en el trabajo. Toda la costa este podía caerse al mar y papá iría al trabajo después se pondría al teléfono y llamaría a todos sus hombres y preguntaría por qué estaban en casa todavía, afligiéndose por sus seres queridos y la perdida de monumentos nacionales mientras el país hacía un esfuerzo por comprender y lidiar con una
tragedia colosal. Después les habría dicho que deberían estar en la obra, que había trabajo que hacer.
Por supuesto, solo había tenido sus pantalones de pijama y abrigo, pero eso no lo habría detenido.
Cerré mis ojos y suspiré.
El detective Naruto Uzumaki se había aparecido anoche. Había hablado primero con Sasuke, después con papá y Sasuke, luego con mamá y conmigo. Cuando llegó a mamá y a mí, más que nada quería saber si estábamos bien y no hizo preguntas inquisitivas. Luego le había dado a mi brazo un apretón tranquilizador mientras me miraba a los ojos, los suyos intensos (pero todavía conmovedores), después se fue.
Udon había desaparecido antes de que los policías y Naruto aparecieran. Fue por eso por lo que Sasuke no vino a mi casa con nosotros. Sasuke fue a buscar a Udon. No sabía por qué, pero no hice preguntas. Estaba en un extremadamente raro 'Humor Hago lo que Me Dicen' así que cuando Sasuke se puso mandón, no discutí. Hice exactamente lo que me ordenó que hiciera. Me subí a la todoterreno de su chico, llevé a mi familia a la seguridad y calidez, los acomodé y me fui a la
cama.
Con ese pensamiento, mis ojos se inclinaron hacia abajo de la cama y vi a Sasuke entrar a la habitación. Eso me sorprendió. Pensé que estaría fuera haciendo cosas de Sasuke, reuniendo información de manera encubierta para misiones ultra secretas, interrogando sospechosos en cuartos sin ventanas hechos de cemento, golpeando infieles para que se sometieran, cosas así.
También me sorprendió que llevara puestos un par nuevo de pantalones cargo y una camiseta muy ceñida, pero limpia, de manga larga color borgoña. Supongo que sus chicos entregaban cambios de ropa. Me pregunté si tomaban órdenes y tenían crédito en Nodstrom's. Si era así, eso estaría en el lado de los pros de mi lista de Debería Explorar las Cosas con Sasuke 'Taka' Uchiha.
Los ojos de Sasuke no se apartaron de mí mientras caminaba a la cama, se sentó en su lado y se inclinó profundamente, su torso atravesado en la cama, su antebrazo sobre ella, su rostro terminando cerca del mío.
—¿Cómo estás, pequeña molestia? —preguntó tranquilamente.
—¿Puedes hacerme un favor? —pregunté en voz baja.
—Depende —respondió.
Lo supuse.
―La próxima vez que estés en una casa que sea bombardeada, ¿puedes detenerte para ponerte una camiseta y zapatos antes de que partas al infierno?
Miré de cerca cuando sonrió.
Luego sus cejas se elevaron.
—¿Partir?
—Está bien, no partiste, corriste. Sabes a lo que me refiero.
Algo en su rostro cambió y no pude saber qué porque sus ojos se movieron a mi cabello.
Después cayó sobre su parte delantera, soportando su peso en su otro antebrazo mientras levantaba su otra mano. Recorrió la línea de mi cabello con sus dedos, bajo alrededor de mi oído y apartó el cabello de mi cuello. Luego sus ojos se movieron a los míos.
Contuve el aliento porque estaban acalorados e intensos como en la cena de anoche.
—Sí, sé a lo que te refieres —susurró y yo quería apartar mis ojos de los suyos, de verdad quería, solo que no pude—. Estabas preocupada por mí.
—Estabas combatiendo un incendio con un par de pantalones cargo —le expliqué, tratando de sonar casual y fallando probablemente.
Sus ojos negros y acalorados sostuvieron los míos por un largo tiempo, tan largo que sentí a mis pulmones comenzaban a quemar.
Luego dijo:
—Está bien, la próxima vez que esté en una casa que es bombardeada, me pondré una camiseta y botas antes de enfrentar el infierno.
—Gracias —susurré.
Sus ojos se movieron por mi rostro entonces preguntó:
—Ahora que aclaramos eso, ¿quieres responder mi pregunta?
—¿Cuál pregunta?
—¿Cómo estás?
—Bien.
Su mirada sostuvo la mía de nuevo por varios largos segundos antes de susurrar:
—Mentirosa.
—Lo estoy —decreté.
—Sakura, estás enroscada en una bola protectora de nuevo.
Mierda. Lo estaba.
Me desenrosqué y levanté, llevándome almohadas conmigo de modo que pudiera apoyarme contra mi cabecera. Sasuke se movió también, empujándose hacia arriba y hacia adentro así su cadera estaba al lado de la mía y su peso inclinado en su mano a mi otro lado.
—¿Mamá está abajo? —inquirí.
—Sí —respondió.
—¿Está haciendo donas caseras? —quise saber.
—¿Esa es una pregunta esperanzadora o una seria? —preguntó como respuesta.
Tenía que admitir que, era esperanzadora, pero solo lo admitiría a mí misma.
Por lo tanto, no hablé.
Él sonrió de nuevo y contestó:
—No, está preparando huevos con tocino.
Mamá preparaba buenos huevos con tocino, pero sus donas eran mejores.
—¿Tengo huevos y tocino para preparar?
—Aparentemente, dado que los está haciendo vestida con su camisón y su bata y no tiene un auto y tampoco tú, así que es dudoso que saliera a comprar.
Probablemente sí tenía tocino y huevos. Al menos huevos, eran ingredientes habituales en todos los tipos de masa para galleta.
—¿Dónde está papá? —quise saber.
—Un tipo vino hace una hora con un cambio de ropa, luego se llevó a tu papá a trabajar.
¿¡Ven!?
—Mi papá es un demente —mascullé.
Levantó una mano y levantó un mechón de mi pelo, estirándolo luego su mano cayó mientras pensaba que eso era hacer algo dulce.
Sasuke podía ser dulce. Sasuke se acurrucaba. Sasuke salvó mi vida, o al menos, me sacó de forma segura de un edificio en llamas.
Las tres para el lado de los pros en la Lista de Debería Explorar las Cosas con Sasuke 'Taka' Uchiha.
Mierda.
Eso era en lo que estaba pensando antes de que hiciera una pregunta que explicaría el por qué estaba siendo dulce.
—¿Quieres las buenas o las malas noticias?
Genial. Había malas noticias.
—¿Puedo tener las buenas noticias y me dices las malas el siguiente milenio?
—Claro —aceptó y no pensé que fuera bueno.
—Las malas —murmuré.
Su rostro se tornó serio.
—Moegi escapó.
Mi rostro, estaba segura, se veía confundido.
—¿Qué?
—Se escapó.
—¿De qué? ¿El incendio?
—De eso y de los tipos que bombardearon tu casa para hacerla salir.
Oh, mierda.
—¿Entonces no bombardearon mi casa para matarla?
—Sakura, mi auto estaba en tu acera.
—¿Y?
—¿Piensas que ellos creían que dejaría que alguien muriera en esa casa?
Me crucé de brazos y me le quedé viendo.
—Sé que aplicas para superhéroe, Sasuke, pero ¿en serio?
Sonrió.
—¿Crees que aplico para superhéroe?
¡Oh, mierda! Hora de cubrir.
—Estaba siendo graciosa —le informé.
Su sonrisa se hizo más grande.
—No, crees que lo soy.
—¿No tienes buenas noticias que contarme? ―apunté con el fin de cambiar de tema.
—Probablemente fue esa noche que te di el orgasmo triple —permaneció en el tema actual y mi boca se quedó boquiabierta.
Después la cerré para preguntar:
—¿Qué?
—Esa noche cuando hice eso con mi boca y mis dedos y tú...
—No tuve un orgasmo triple, Sasuke —espeté, pero la verdad era, que lo tuve.
—Molestia, lo tuviste, conté.
—No, solo fue realmente largo —mentí.
—Sakura, ¿no crees que sé cuándo dejas de correrte y comienzas otra vez?
—No, no creo que lo sepas —repliqué.
—Pasa bastante ―observó y estaba en lo cierto.
Ahí estaba uno para el lado de los contras de la Lista de Debería Explorar las Cosas con Sasuke 'Taka' Uchiha. Sasuke era arrogante.
—¿Hola? —dije en voz alta—. ¿Buenas noticias? O, tal vez puedas decirme por qué el que Moegi se escapara son malas noticias.
Me sonrió luego por fin cambió de tema.
—El que Moegi se escapara son malas noticias porque, tenía a Moegi bajo control, podía entregársela a Naruto. No tuve a Moegi en mi poder. En su lugar, me enfrenté al infierno en la sala de tu papá.
Sentí que mis cejas se fruncían.
—¿Entregársela a Naruto?
—El único lugar seguro para que ella esté es con la policía. Hace un trato, le acortan la sentencia, o si está metida en la mitad de mierda en la que creen que está, se la entregan a los Federales quiénes a su vez le dan una nueva identidad, Moegi testifica luego desaparece, pero lo hace respirando.
—¿Los Federales? —susurré.
Ante mi susurro y posiblemente la mirada horrorizada en mi rostro, la cara de Sasuke se suavizó.
—Sabes que está metida en serios problemas.
—Sí ―confirmé—. ¿Pero los Federales?
—Su mierda es seria —repitió con una fluctuación.
Miré a mi regazo y susurré:
—Maldición.
Sasuke levantó mi cabeza con su pulgar y dedo en mi barbilla hasta que mi mirada se encontró con la suya, bajó su mano y continuó.
—Si la hubiera tenido en mi poder, no habrían hecho una jugada por ella. Querían hacerla salir y tenerme ocupado. Tuvieron éxito en eso.
—Solo estuvo ahí unos minutos. ¿Tuvieron suficiente tiempo para concebir y llevar a cabo su nefasto plan?
—Son ingeniosos.
Esas no eran buenas noticias.
—Pero se escapó —concluí.
—Se escapó —afirmó Sasuke.
—¿Y Udon? —pregunté.
—Lo encontré. Es alérgico a la policía así que se marchó. Llegó después de que comenzara el incendio, pasando en un auto frente a la casa, vigilándote para Kakashi. No vio nada, ni siquiera a Moegi o estaría en el recinto de ANBU ahora mismo.
—¿Vigilándome para Kakashi?
Su mirada se volvió infeliz.
—Te lo dije, molestia, no deseas la atención de Colmillo, pero la tienes.
—La tengo, lo sé, pero no lo entiendo. ¿Por qué Udon estaba haciendo un rondín?
—Órdenes de Kakashi, te mantenía segura.
Lo miré fijamente.
Luego dije con una exhalación:
― ¿Manteniéndome segura?
Me devolvió la mirada fija.
Luego preguntó:
—Molestia, ¿en serio?
—Me encontré con él una vez —le recordé a Sasuke.
—Dos —me recordó Sasuke.
—Está bien, dos —corregí.
—Sí —estuvo de acuerdo Sasuke.
—Entonces, no lo entiendo. Apenas lo conozco. ¿Por qué mandaría a Udon a cuidarme?
Sasuke me miró fijamente de nuevo y después repitió:
—Molestia, ¿es en serio?
Lancé mis manos hacia arriba y me enderecé en la cama, cruzando mis piernas debajo de mí.
—Sí, Sasuke, en serio. ¿Qué sucede con eso?
Sus ojos se entrecerraron antes de preguntar:
—¿Recuerdas nuestra conversación de anoche?
Oh-oh.
—¿Cuál? —inquirí vacilante.
—En la que te dije que te había fichado antes de siquiera entrar al restaurante donde estabas sentada, entreteniendo a cada hombre en la habitación.
—¡No estaba entreteniendo a cada hombre en la habitación! —espeté.
—Pequeña molestia, sí lo estabas.
—No.
—Sí.
Me incliné un poco hacia delante.
—No lo estaba.
—Cerecita, estabas jugando con tu cabello, te movías en tu taburete, succionabas popotes pero simplemente tu risa es suficiente para hacer que la polla de un hombre se ponga dura.
Otro contra. Algo así. Es decir, todo eso lo estaba haciendo para él y estaba verdaderamente contenta de saber, después de todo este tiempo, que él lo había notado, pero no iba a decírselo.
Y era lindo que le gustara mi risa.
Continuando.
—¿Y eso tiene que ver con Colmillo porque...? —apunté.
—¿No estás viendo el patrón aquí?
—Eh... no.
—¿No estabas en tu patio ayer con Naruto, Kakashi y yo?
Oh-oh.
—Lo estaba —espeté.
—¿Y no estabas en tu sala cuando tu chico Lee apareció?
Mmm. Estaba viendo a lo que se refería.
—Eso no cuenta, he conocido a Lee...
Sasuke me interrumpió.
—Cuenta para él.
Probablemente estaba en lo cierto.
Sasuke continuó.
—Cuenta para mí.
Me crucé de brazos.
—¿Puedes llegar al grano?
—El punto es, que eres el tipo de mujer cuyo horno se descompone, te llaman y arrastras tu trasero hasta su casa para arreglarlo, incluso si estás en medio de un juego.
Oh, mierda. Eso había sucedido. Era justo en medio de un juego de baseball cuando llamé a Lee.
Dios, odiaba que Sasuke supiera todo sobre mí.
¡Otro contra!
—Y también eres el tipo de mujer que, si un hombre ve enroscada en una bola protectora, está decidido a hacer lo que pueda para asegurarse de que eso no suceda de nuevo.
Sentí mis ojos entornarse.
—¿Es por eso por lo que estás aquí?
Negó con la cabeza.
—Estoy aquí porque cuando te corres, lo haces con fuerza, no te contienes, pero sí te aferras y lo haces fuerte. Estoy aquí porque cuando me llamas bebé en esta cama, lo siento en mi pene. Y estoy aquí porque no dudas en contestarme con actitud cuando cualquier otra mujer que conozco no tiene las agallas de decirme boo. Verte asustada y querer hacer algo al respecto es solo una razón extra que me hizo querer estar aquí.
No tenía respuesta para eso así que no di ninguna.
En su lugar, dije:
—¿Y Colmillo?
—La actitud, hiciste un berrinche en Ride y no muchas mujeres rodeadas por miembros del ANBU despotricarían sobre su hermana y Barbies y un maldito programa de TV.
Mis ojos se entrecerraron más.
—¿Cómo sabes todo eso?
—Tengo ojos en Ride, Cerecita, miré todo el espectáculo y filtras eso a Kakashi y no estaré feliz.
Eso me sorprendió.
—¿Tienes ojos en Ride?
—Sí.
—¿Por qué tienes ojos en Ride?
—No necesitas saber eso.
Eso era verdad. No solo no necesitaba saberlo, no quería saberlo.
—Está bien, dejaste claro tu punto —le dije—. ¿Podemos llegar a las buenas noticias?
—Sí —contestó—. La buena noticia es, que el fuego fue contenido en la sala. Un conocido trabaja en el DBK*; ha estado en la escena esta mañana e informó que tu laptop está bien.
Por alguna razón mi mente se fue a la deriva y me quedé pensando en algo que no había reparado antes.
—Hey, ¿escuchaste lo que dije sobre tu laptop? —dijo Sasuke en voz alta.
Parpadeé y lo miré.
—No usas protección conmigo.
—Lo hice las primeras veces.
Eso era cierto, lo hizo.
—Pero...
—Revolví entre tus cosas, vi tus pastillas anticonceptivas. Te vigilé, vi que no compartías ese cuerpo con nadie excepto yo, decidí que era innecesario.
Mis ojos se entrecerraron de nuevo.
—¿Revisaste mis cosas?
—Sakura, ponte al tanto. Te estaba haciendo mía. Cuando hago mía a una mujer, hago mi tarea. ¿De dónde viene la pregunta?, ¿escuchaste lo que dije sobre tu laptop?
Me le quedé viendo, insegura de lo que eso significaba y decidí por el bien de mi cordura no preguntar.
Entonces mascullé:
—Necesito una dona casera. —Porque la necesitaba. Necesitaba tres. Luego necesitaba llevar mi trasero al centro comercial. Sentía otro vestido negro corto llegando.
Fui interrumpida en mi plan de ataque al centro comercial cuando Sasuke me sacó de la cama de un tirón, me giró, aterricé sobre mi espalda y me presionó contra el colchón con su peso.
—Veo que te estás poniendo estresada —murmuró, sus ojos estudiando mi rostro, sus manos repasando mi cuerpo.
Mmm.
—La casa de mi infancia fue bombardeada anoche y no sé qué hacer contigo. Por supuesto que me estoy estresando.
Su rostro desapareció en mi cuello y murmuró en mi oído:
—Puedo enseñarte mejores maneras de lidiar con el estrés que comer donas.
Sabía que eso era cierto dado que él ya había empleado una justa cantidad de esfuerzo en esas lecciones. A excepción de estar estresada por el motivo por el que lo dejaba visitarme, después de una noche con él, mi cuerpo se sentía como si hubiera recibido una hora y media de masaje de cuerpo completo de las manos de un maestro mientras estaba en una sauna.
Puse mis manos en sus hombros y ejercí presión, diciendo:
—Mi madre y tus comandos están en la cocina.
Su cabeza se levantó y me miró, sus ojos cálidos y mi vientre se puso blando.
—Seremos rápidos y silenciosos —susurró.
¿Él podía ser rápido? Nunca había sido rápido antes. Era un hombre que se tomaba su tiempo y lo hacía de un buen modo.
—No puedo tener sexo en una casa en la que esté Mamá. Y no puedo tener sexo contigo porque no he decidido qué hacer contigo.
No estaba prestando atención así que cuando sus manos encontraron el dobladillo de mi pijama y luego se introdujeron y subieron, el calor de ellas prendió mi piel y me hizo estremecer.
—Qué tal si te ayudo a decidir —ofreció, luego su cabeza bajó y sus labios se deslizaron por mi mandíbula y eso se sintió bien, sumado a sus manos todavía moviéndose sobre mí, me estremecí de nuevo.
Recobré la compostura.
—No, necesito tomar la decisión yo misma. Estoy recopilando una lista mental de pros y contras de si debería o no explorar las cosas contigo.
Su cabeza se elevó, sus labios en una sonrisa menor pero sus hoyuelos estaban ahí. Una de sus manos se detuvo, pero la otra salió de mi pijama, se elevó y recorrió la línea de mi cabello.
—¿Qué tienes? ―susurró.
—Eres mandón, arrogante, entrometido, molesto y aplastaste a Lee como un insecto sin reflexionar o arrepentirte. Esos son los contras —conté honestamente.
Su sonrisa menor se amplificó.
¡Ven! Impenitente total.
—Oh, y no me escuchas —añadí.
Más sonrisa luego:
—¿Tengo algo a mi favor?
—En muy raras ocasiones puedes ser dulce, te gusta acurrucarte y me sacaste cargando de un edificio en llamas. Esos son los pros.
—¿Me gusta acurrucarme?
—Abrazas de cucharita.
Sus cejas se elevaron.
—¿Eso es lo suficientemente importante para ponerlo en tu lista?
—Eh... sí.
Me miró fijamente, casi sonriendo abiertamente luego mencionó:
—Condenadamente ridículo lo que las mujeres piensan que es importante.
Mis ojos se entrecerraron y espeté:
—¡Contra!
La casi sonrisa se volvió una sonrisa cuando susurró:
—Olvidaste un pro, cerecita.
—No —corregí—. Hasta ahora, esa lista es exhaustiva.
Su mano en mi pijama se movió hacia arriba y su calor acunó mi seno. Aspiré bruscamente y me quedé quieta, luego me derretí y dejé escapar el aire en un tranquilo jadeo cuando la piel de su palma se deslizó por mi pezón.
—Definitivamente un pro —musitó mientras veía mi rostro luego su cabeza bajó y me besó. Eso era una triple amenaza porque su lengua en mi boca, su mano en mi seno (ahora con acción de pulgar que era agradable) y su duro, pesado cuerpo sujetando el mío a la cama era irresistible.
Estaba en lo cierto, definitivamente era un pro.
Su boca liberó la mía, su pulgar dejó su brillante tortura y sus dedos acunaron mi seno y yo descubrí mis dedos curvados alrededor de su nuca, mi otro brazo apretado alrededor de su espalda y uno de mis pantorrillas se había movido para engancharse a la parte de atrás de su muslo.
Estaba mirándolo fijamente y firme en el conocimiento de que quería descubrir lo que era rápido cuando sonrió y su cálida mano le dio a mi seno un firme apretón.
—¿Ves a lo que me refiero, cerecita? —susurró—. Definitivamente un pro.
Parpadeé. Luego me puse tensa.
Después declaré:
—¿Y ves a lo que yo me refiero, bebé? Definitivamente arrogante.
Soltó esa masculina, profunda, divertida risita, bajó la cabeza, besó la hendidura en la base de mi garganta, su mano desapareció de mi seno y se rodó de encima de mí, llevándome con él.
Estábamos sobre nuestros pies al lado de la cama, sus brazos rodeándome, antes de que pudiera parpadear.
—Necesitas trabajar, terminar tus cosas —declaró—. Esta noche te necesito enfocada.
—¿En qué? ―pregunté.
—En mí.
Oh, Dios.
—Mis padres se están quedando aquí —le recordé.
—Tengo una casa —me recordó.
Su guarida. Hmm. Otro estremecimiento que él sintió y lo supe porque provocó que sonriera de nuevo.
Sus brazos me dieron un apretón.
—Trabajo, después esta noche añadiré al lado bueno de tu lista.
Abrí la boca para decirle que debería tomar mi decisión sin mi mente confundida por sus poderes sexuales sobrehumanos pero no conseguí decir palabra alguna. Su cabeza se inclinó, su boca tocó la mía y luego ¡poof! Ya no estaba. Como un ninja.
Me balanceé un segundo sin sus fuertes brazos a mi alrededor y su sólido cuerpo contra el que apoyarme. Luego me di la vuelta para mirar la puerta de la habitación.
Entonces musité:
—Odio cuando hace eso.
Pero no lo hacía. Si era honesta, pensaba que era genial.
.
*DBK: Acortado para Departamento de Bomberos de Konoha
