Hola, ahora sí lo traje a tiempo :P

Gracias por los reviews y les dejo el cap de CM. Por cierto a partir de este capítulo los personajes tienen su actual imagen, o sea la que nos presento Tite en la saga del agente perdido.

Disfruten!

Declaimer:

Bleach NO es de mi propiedad, es del perezoso de Tite Kubo.

La canción Volverte a ver es de Chenoa.


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Cuando Madures

Capítulo

X

Volverte a ver

Verte aquí es contemplar,
lo que fue, lo que será.
Mi vida, mi vida junto a ti.

Es claro que no pudo ser
de otra forma ya lo ves.
Mi vida, estaba escrita así,
te encontré y te perdí.
Tantos no hoy dicen si

-Chenoa.

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~9 años después~

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Se revolvió inquieta entre las sabanas, moviéndose una y otra vez sobre sí misma, su frente era perlada de sudor y sus cortos cabellos negros le caían por la cara haciendo girones que cubrían sus mejillas, la Kuchiki en 9 años no había cambiado mucho, sólo se hizo un poco más madura y hermosa de lo que era; el astro rey le golpeó con su fulgor, más ella se escondió debajo de la cobija azul con la que se cubría todos los días. Por favor, quería dormir más, hacia apenas unas horas que había llegado de su turno nocturno y no tenia aun las fuerzas para levantarse ni hacer absolutamente nada. El despertador clamó su alarma y la morena lo golpeó sin dejarlo volver a sonar. Al diablo se merecía un buen descanso luego de estar metida 10 horas en el hospital.

Su respiración volvió a ser acompasada y su semblante se relajó, Morfeo la estaba llamando nuevamente con él.

La puerta se abrió un par de minutos después, una mata negra se asomó por la abertura y el perfilado rostro de un niño con ojos dispares se mostró suspirando. Negó repetidas veces al observar a la pelinegra aun dormida, se adentró en la habitación y dejó ver que era bastante alto y delgado, superaba la talla de los de su edad después de todo, su piel melocotón se veía más pálida por la camiseta manga ¾ color gris y sus azabaches cabellos estaban ligeramente despeinados. Se inclinó hacia la morocha que aun estaba con los ojos cerrados. Su mirada impar era una mezcla entre la serenidad de su tío Byakuya y la inocencia de Rukia.

—Mamá, ya vas tarde para el trabajo—musitó moviéndola ligeramente.

—Sólo 5 minutos más Ruichi—gruñó la morena girándose.

—Mamá, hace más de 20 minutos que tu despertador sonó, son 15 para las 8—insistió.

—Sólo 5…¡¿Qué?!—se levantó como si se hubiera convertido en un resorte y miró asustada a su hijo—, Dime que es una broma Ruichi—pidió, más el pequeño pelinegro la observó con una mirada muy parecida a la de Byakuya cuando claramente no bromeaba.

—Karin-nee está por llegar—agregó caminado hacia la puerta e ignorando la exclamación de su madre—, y le ha llegado otro paquete a papá.

—Vale, ponlo en su cuarto junto a los otros—dijo levantándose apresuradamente hacia el baño, tropezó con la esquina de la cómoda y se mordió el labio para evitar soltar un alarido de dolor. Ruichi asintió y salió del sitió rumbo al primer piso. El timbre de la puerta sonó y el pelinegro se dirigió a abrir, su sereno semblante se alteró un poco al sonreírle a lapersona parada delante de la puerta, quien estaba haciéndole un ademan de saludo.

—Karin-nee, buenos días—saludó haciendo amago de ir a la cocina. La morena entró cerrando la puerta.

—Buenos días ¿Listo para la escuela Rui?—inquirió la mediana de los Kurosaki, ahora era más alta y sus facciones ya no daban un aire infantil, su cabello había crecido lo suficiente para atarlo en una coleta; pero aun así seguía teniendo ese aire descarado y fresco de siempre.

Se quitó la cazadora verde que llevaba y la dejó en una de las sillas del desayunador.

—Si—respondió entrando a la cocineta y abriendo una gaveta para sacar un termo.

—¿Y Rukia-nee?—preguntó buscándola con la mirada.

—Se quedó dormida—y como si Rukia lo hubiese escuchado pegó un chillido a causa del agua fría de la regadera.

—¿Otra vez le dieron el turno de noche?—alzó una ceja mientras se acercaba al a niño que tomó la cafetera y empezó a verter el liquido humeante en el termo.

—Sí, es la segunda vez en la semana.

—Pobre de ella—se encogió de hombros antes de acercarle la azúcar—, es verdad, escuché que están exponiendo las fotos de Kon en Nueva York este mes—exclamó, Ruichi la miró de reojo antes de echarle un poco de azúcar al café. Parecía bastante acostumbrado a hacerlo.

—Sí, lo escuché de Shinji-san el otro día que vino a visitar a papá.

—Era uno de sus sueños ¿No?

—Igual que casarse con mamá.

—Apuntaba muy alto, bueno al menos consiguió hacer uno de ellos realidad. Rukia-nee nunca dio su brazo a torcer—sonrió.

—¡Ruichi! ¿Has visto mis llaves?—Rukia entró a la cocina bastante acelerada.

—Están en tu bolsa.

—Y mi…

—Está atrás de ti.

—¡Ah, es verdad! Gracias, eh… ¡Buenos días Karin!—saludó con despiste virándose hacia la silla donde estaba puesta su bolsa de mano.

—Rukia-nee pareces un mapache—sonrió la Kurosaki al ver un par de pequeñas manchas negras bajo los ojos violáceos.

—Ya lo sé, ya lo sé. Bien creo que nada más me falta, llaves, bolsa, chamarra, bufanda, teléfono—enumeró—. Café y… creo que es todo—cogió el termo que Ruichi le extendía, le dio un beso en la frente y le dedicó una sonrisa a Karin—. Gracias por llevarlo, pórtate bien Ruichi, nos vemos en la tarde—se despidió acelerada.

—¿Cuándo crees que lo note?—indagó en voz baja la morena.

—Apuesto 50¥ a que antes de arrancar el auto.

—Trato, yo digo que hasta la avenida.

Uno, dos, tres.

—¡Ah! ¡¿Por qué no me dijeron que aun llevó la bata de baño, chicos?!—gritó la ojivioleta entrando como una bala por la puerta para ponerse el uniforme.

—Lo ves—Ruichi sonrió como el gato de Cheshire. Karin se rió un poco antes de sacar una moneda de 50¥ de su bolsillo.

—Conoces bien a tu madre.

—Me las pagaran par de niños—declaró la Kuchiki antes de salir disparada de la casa, ahora sí que iba tarde.

Karin rodó los ojos, ella ya no era una niña, pero para Rukia y Byakuya lo seguía siendo. A pesar de que hacía 5 años que se había mudado a Kioto para continuar sus estudios en la universidad local y que ya era mayor de edad. Que si bien la razón principal de abandonar Karakura había sido para estar cerca de su sobrino, la ciudad le había gustado un poco y aunque inicialmente iba a vivir en un departamento de bajo presupuesto terminó por vivir en la mansión Kuchiki con Byakuya, porque en la casa de Rukia ya no había espacio.

—Karin-nee—llamó el pequeño Kuchiki, la mayor lo miró saliendo de sus pensamientos.

—¿Byakuya-ojisan* vendrá a cenar hoy?

—Por supuesto, para eso iré a ayudarlo con su trabajo luego de las clases en mi colegio—contestó, aun seguía haciéndolo después de tanto tiempo, era como su deber por no pagar renta ni nada por el estilo—. Y hablando de colegio, vamos que se te hace tarde a ti también—Ruichi desvió los ojos—, ¿Qué pasa? ¿No quieres ir?

—No es eso Karin-nee—musitó en un suspiró cansado—, es sólo que Mashima-kun de la clase de al lado me sigue molestando por el color de mis ojos—se llevó una mano al ojo izquierdo, a él le habían explicado que sus ojos eran inusuales, se sentía orgulloso de ellos porque eran algo especial, una particularidad en un millón y Rukia siempre le decía que eran hermosos. Pero algunos de sus compañeros se burlaban de él y lo molestaban a causa de ellos.

—Sólo ignóralos—le revolvió el cabello—, no les prestes atención en lo que te digan, tus ojos son un tesoro—aseguró sonriendo socarronamente. Agarró su cazadora—, ahora ve por tu abrigo y pongámonos en marcha.

Ruichi la miró un segundo y luego sonrió.

—Vale, ahora regreso—salió corriendo hacia su cuarto para ir por sus cosas.

Karin lo miró desaparecer, ciertamente su sobrino se parecía a Rukia, pero innegablemente era igual a Ichigo, no sólo en la altura sobresaliente para su edad, sino que también en el aspecto de que a ambos los molestaban por algo con lo que habían nacido. A su hermano por el pelo y a Ruichi por los ojos. Sin dudas eran padre e hijo. Esto le recordó la plática que había tenido con Rukia hace un par de noches mientras fregaban los platos y Ruichi jugaba con Byakuya en la sala con un videojuego.

No es que ella tuviera el derecho de ordenarle a Rukia que hiciera algo, pero el tiempo avanzaba muy rápido y Ruichi ya tenía 9 años, a menos de que estuviera esperando algo en especifico, ya iba siendo hora de que le dijese a Ichigo la verdad. Sino sólo seria mas y mas difícil hacerlo y mejor ahora que el moreno era pequeño, que cuando fuese mayor y pudiera rechazar a Ichigo. La Kuchiki le había dicho que venía pensando en eso desde el cumpleaños del pequeño azabache hacia un mes.

Tenían que ir a ver a Ichigo y decirle la verdad.

Pero decirlo era muchísimo más fácil que hacerlo, sólo imaginar su reacción le hacía atragantarse; y ella no podía asegurar que pasaría, el pelinaranja era bastante impredecible. Karin concordaba con esto, ya que ella no lo veía desde hace 5 años dado que las veces que iba a Karakura su hermano se encontraba en sus prácticas de la universidad. La última vez que lo miró había sido en la fiesta de año nuevo 3 años atrás y desde su punto de vista seguía igual que siempre.

Ninguna de ellas podría dar una predicción de la reacción de Ichigo al conocer a Ruichi, ¿Se enojaría? ¿Se pondría feliz? ¿Estaría triste? ¿Estaría furioso? ¿Cómo reaccionaría Ruichi? Él sabía que Kon no era su verdadero padre, se lo había explicado cuando tenía como 6 años, lo cual no resultó muy difícil, ya que el chico era muy inteligente, un digno Kuchiki; sin embargo no dejaba de ser apenas un niño y no sabía cómo lo tomaría él. Y aunque Karin dijera que su hermano llegaría a amar al pequeño bribón, Rukia se veía demasiado dudosa de hacerlo.

¿Volver o no volver? Esa era la gran cuestión luego de tanto tiempo.


Aparcó el Chevy azul en el estacionamiento especial para el personal del hospital y se bajó velozmente, había manejado como una loca hasta la clínica y ni quería recordar cuantas posibles infracciones cometió para lograrlo; saludó brevemente al portero que se rió por los apresurados y torpes pasos de la Kuchiki.

—Tenga cuidado Kuchiki-san, el piso esta mojado y un poco congelado por el clima—advirtió el hombre antes de que subiera la rampa y sus pies se deslizaran un poco, gracias al cielo sus zapatos anti-derrape lo impidieron.

—Gracias por el consejo Shintarou-san—le dedicó una pequeña reverencia y entró por la puerta de personal. Sacó su gafete y corrió al checador que marcaba un minuto para su hora de entrada—,Uff, a salvo por un pelo—suspiró relajándose.

—¿Te quedaste dormida otra vez Kuchiki-san?—cuestionó el guardia que estaba en la recepción del checador. La morena lo miró apenada.

—Así es Hanataro-kun.

—Deberías intentar despertarte cuando tu despertador suena, ¿No crees Rukia?—dijo burlón un chico alto de cabellos pelirrojos y ojos salvajes. Llevaba el mismo uniforme blanco que la Kuchiki. Era Abarai Renji, uno de los enfermeros del hospital donde trabajaba—, Dado que eres la nueva jefa de la central de enfermería, digo—rió, ella le sacó la lengua y bufó ligeramente. Aunque fuese verdad que la habían promovido de puesto hacía tres semanas, aun le costaba acostumbrarse a su nueva carga de trabajo, entre turnos dobles y normales la estaban volviendo loca.

—Sí, si ya lo sé, ¿Por cierto, qué haces acá?—caminó hasta las casillas de los empleados, donde abrió la suya y dejó su bolso y abrigo, para después tomar su cofia y atorársela con un gancho de pelo. Tenía tres franjas rojas en lugar de la franja negra normal, muestra de su puesto.

Rukia había decidido estudiar enfermería luego de que Ruichi se enfermara por primera vez cuando tenía 2 años, se dio cuenta que cuidar del bienestar y proteger a otros era su vocación.

—Pues el Dr. Ukitake me mandó por unos papeles del nuevo doctor que llegara esta tarde.

—Es verdad, llega uno nuevo a asistir a Ashido-san en el área de cardiología ¿No?

—Eso creo, por cierto ¿Cómo crees que sea?—preguntó mientras ambos se dirigían al ascensor.

—No lo sé ya ves que pueden ser muy diferentes unos de otros, por ejemplo Ashido-san es bastante amable y serio, Hitsugaya-san en un tanto frio y temperamental.

—Eso es porque esta acomplejado con su altura y edad, siendo un genio no es raro que sea temperamental, es mucho menor que nosotros y ya es el encargado del área de neurología—interrumpió.

Shh cállate tonto, tal vez tengas razón, pero lo que quiero decir es que son todos muy distintos, un ejemplo claro es Kyōraku-san.

—Tienes razón y aun me sorprende que le hayan dado el puesto de coordinador de ginecología, con lo pervertido que es.

—Es un buen doctor, él me atendió luego de que Unohana-san dejara de venir para mis consultas—recordó.

—Es cierto. Ahora que me acuerdo ¿Cómo está el campeón? ¿Lo traerás al convivio del sindicato la semana que entra?—cambió de tema.

—Yo creo que sí, mientras no se atraviese otra cosa—llegaron por fin a la central de enfermería, situada en el 8vo piso del hospital. En la recepción de la misma estaba una hermosa mujer de largo cabello lima.

—Rukia-chan al fin llegaste—celebró con un acento ligeramente francés la chica de ojos pardos levantándose para recibir con un gigantesco abrazó a la morena, le sacaba como dos cabezas de altura.

—Nell-chan, ¿Qué sucede?

—Oye Nell mas respeto que es la jefa—bromeó el Abarai. Nelliel Tu Oldeschwank, era una chica francesa que había ido a vivir a Japón desde sus años de instituto y fue compañera de generación de la Kuchiki en la escuela de enfermería.

—Déjame en paz Piña-kun, Rukia-chan ¿Has escuchado lo del nuevo doctor?

—Si ¿Qué tiene eso?

—Ukitake-san me ha dicho que debemos transcribir 7 expedientes de los pacientes de Ashido-san para el medio día—lloró—, me voy a quedar si huellas dactilares.

—Creí que estaban en el sistema—musitó extrañada.

—Se nos ha estropeado el sistema después de que te fueras a casa y el ordenador se averió, no estará listo hasta dentro de un par de días—explicó desganada.

—Eso sí que es malo.

—Sí y lo que es peor, uno de los intendentes trajo eso—apuntó una máquina de escribir sobre el buró—, yo ni siquiera sé cómo se usa esa cosa tan vieja.

—No es muy distinta a una computadora Nell—Renji rodó los ojos.

—¿No?—Rukia secundó al pelirrojo con un movimiento de cabeza—, entonces no es tan malo.

—Bueno, bueno, pongamos manos a la obra, Renji lleva eso a Ukitake, luego regresa aquí para darte tu ronda de hoy, Nelliel inicia con eso mientras yo llamaré a los doctores para que inicien con sus chequeos matutinos—indicó yendo hacia su escritorio.

—Eh, si—Renji se fue por uno de los pasillos blancos. Nell por su parte fue a su mesa para ver el dinosaurio que tendría que utilizar para transcribir.

—Veo que están muy animados hoy Kuchiki—musitó una voz cálida, la morena alzó la vista para toparse con un hombre no muy alto, bastante apuesto, de ojos claros y cabellos caoba. Kanō Ashido, el encargado de cardiología.

—Bueno días Ashido-san—sonrió—, y sí, está muy animado.

—Ya lo creo ¿Qué le pasó a tus ojos?—Rukia le extendió un par de cosas para que firmara y otras para que se llevara.

—Bueno ayer tomé el turno nocturno para cubrir un permiso de Shimura-san y digamos que mis horas de sueño son estas—le enseñó cuatro dedos.

—Deberías evitar hacerlo, el cuerpo necesita descansar—la miró directo a los ojos y Rukia se sintió un poco nerviosa. Era como si el profesor te regañara por escribir mal tu propio nombre.

—Vale haré nota del consejo Ashido-san—tosió desviando la mirada con un ligero rubor bajo sus mejillas.

—Espero que no sólo se convierta en nota Kuchiki—agregó alzando una ceja como advertencia.

—Sí, lo que tú digas. Oh, escuché que tendrás un nuevo compañero en el área.

—Si, al parecer está en sus prácticas de la especialidad, si lo hace bien podrían darle la plaza al terminar—le entregó los papeles.

—¿Y qué opinas de eso?

—Bueno, primero debo conocerlo para tener una opinión Kuchiki—sonrió—, nos vemos después—se despidió. Rukia lo observó hasta que desapareció y luego al no verlo lanzó un sonoro suspiro.

—Se te cae la baba Rukia-chan—dijo burlesca la peliverde.

—¡No es verdad!—se sonrojó.

—Bueno para ser algo bajito Ashido-san es bastante apuesto, no hay nada de malo en que te guste—pronunció comprensiva.

—No me gusta, además soy madre y no puedo estar fijándome en hombres así de fácil.

—Sí, eres madre, pero también eres mujer. Además no creo que a Rui-chan le moleste tener un papá—refuto.

—Ruichi ya tiene un padre. Kon ha sido sin dudas su figura paterna—dijo solemne.

—Pero jamás te casaste con él. Además yo sé que Ruichi tiene un verdadero padre—susurró, la morena en una de las pocas salidas a beber que había tenido con ella terminó por contarle su historia—, que por cierto jamás me has dicho cuando lo iras a ver para decirle la verdad—Rukia se quedó callada.

—Pronto lo haré Nell-chan, tiene que ser pronto—masculló cansadamente.

Indisputablemente no podría aplazarlo por más tiempo.


Estaba sentado en una de las ramas más altas del árbol del patio de recreo, era uno de los tantos gustos que compartía con su madre, como si en las alturas pudiera estar en paz y pensar mejor. Comía su almuerzo con total tranquilidad mientras sus orbes impares miraban a los niños jugando abajo. Deseaba unirse a ellos, pero como le había dicho a Karin, lo molestaban por el color de sus ojos y entonces pensaba que era mejor sólo observar, después de todo no quería meterse en problemas como otras veces había sucedido. Él le había prometido a Kon intentar portarse bien antes de que se fuera, pero a veces no controlaba sus impulsos y todo se iba al traste.

—¿Que estás haciendo aquí cara de sarampión?—escuchó la chillona voz del consentido y pesado de Mashima, dirigió su vista hacia debajo de donde estaba. El regordete y malacariento niño era escoltado por otros chiquillos con la misma expresión pedante.

Estaban rodeando a una niña de 3er grado que comía aislada en las raíces del árbol, tenía la piel blanca, cabello castaño y sus mejillas estaban salpicados de pecas.

—Mashima-kun, y-yo sólo quiero comer aquí—dijo con temor la pequeña.

—Mira no más, pues este es un lugar demasiado genial como para que una cara de sarampión como tu coma aquí, ¿Verdad chicos?—exclamó, varios niños miraban la escena desde la lejanía y nadie hacia nada por detenerlo.

—Sí, aquí no es sitio para ti cara de sarampión—la castaña se levantó rápidamente con los ojos llorosos.

—Lo si-siento Mashima-kun—hizo una reverencia y el robusto infante la tomó del cabello.

—Debo enseñarte que no debes andar donde no puedes cara de sarampión, tu cara me da asco—la jaloneó y los otros rieron como si fuese un chiste.

—P-perdón.

—¡Ya sé!, ¿Por qué no comes algo de pasto para demostrar que estas arrepentida, eh cara de sarampión?—uno de sus compañeros arrancó la hierba y se la pasó. Mashima acercó la planta a la boca de la niña que intentaba con todas sus fuerzas mantenerla cerrada, pero la estaba obligando a abrirla.

—No quiero, no quiero ayúdenme—chilló.

—Cómo si alguien te fuera a…—y su burla se quedó a medias cuando Ruichi saltó desde su lugar para pisarle la espalda y tumbarlo al piso, el moreno lo usó de plataforma y cayó agazapado junto a la niña.

Todos se quedaron callados ante la osada acción del chico de ojos impares.

—Eres un aprovechado Mashima-kun—pronunció enderezándose lentamente, su cuerpo había reaccionado por si sólo al ver lo que hacia el déspota mocoso. La chica de las pecas lo miró sorprendida y como si se tratara de un héroe que llegaba a ayudar a una damisela en peligro—, ¿Estás bien?—le peguntó, ella asintió atontada—, bien, entonces ve y dile a tu maestra—aconsejó.

—¡Sí!—se levantó y salió corriendo.

—¡Maldito ojos de vidrio!—gritó enojado Mashima siendo ayudado a levantarse por sus camaradas—, las ratas se juntan con las ratas y los fenómenos con los fenómenos.

—No somos fenómenos, son nuestros tesoros—defendió calmado, pero poco a poco fue rodeado por la pandilla de Mashima.

—Pues te voy a lastimar tus tesoros pedazo de burro—lanzó el primer golpe, el cual Ruichi logró esquivar fácilmente, enojado el rechoncho pequeño les ordenó a sus amigos que atacaran, Ruichi chasqueó la lengua mientras se retorcía esquivando los golpes. Karin le había enseñado no atacar a menos que ellos empezaran y Kon que si era por algo justo estaba bien pelear.

De ese modo, no era malo si comenzaba a golpear también, ¿Verdad?.


—Touko-san ve por los expedientes de Takumi-san al área de ginecología y si Kyōraku intenta algo indebido infórmale a la encargada de piso, Nanao-san—ordenó la morena concentrada en su trabajo.

—Si Kuchiki-san.

—Kousaki-san necesito que lleves estos documentos a neurología para que autoricen la entrada de Shinko-san a quirófano la semana que entra—le dio un engrapado de papeles.

—A la orden Kuchiki-san.

—¿Nell cómo vas con eso?—se giró a la peliverde que tenía una cara de total aborrecimiento.

—Voy a la mitad, pero ya no siento los dedos.

—Revívelos y sigue con eso.

—Podrías ayudarme un poco ¿No?

—Lo siento, Ukitake-san me pidió que tuviera preparado un recorrido para el nuevo interno, le enseñaré las instalaciones y lo llevaré con sus pacientes. Ashido-san me ayudara en lo demás—respondió subrayando algo de un documento.

—Vaya, hoy si que estas ocupada Rukia—silbó una voz y la morocha se giró para ver a Ishida llegando y saludándola con una mano, ahora era un poco más alto y su peinado cambió ligeramente con los años, ambos se habían hecho muy buenos amigos.

—Uryu—sonrió—, vienes a las consultas de tus pacientes ¿No?

—Sí, hoy tengo consulta hasta las 6—contestó cogiendo una pluma de su bata tintada de un inmaculado blanco y en su mano se pudo apreciar una alianza de oro. Signo de que no sólo se graduó como medico en ese tiempo, sino que además contrajo nupcias.

—Bueno no es mucho, a diferencia de aquí—apuntó—, el nuevo nos trae locos.

—Escuché sobre eso.

—¿Cómo está Tatsuki? ¿Cuándo regresa de visitar a Orihime en Karakura?—inquirió revisando unas cajas de tarjetas para dárselas.

Ishida suspiró al escuchar el nombre de su esposa, sinceramente no sabía, su mujer era muy apegada a Inoue desde joven, por lo que ahora que estaba en los inicios de sus preparativos para boda sería muy difícil convencerla de no ir a Karakura. Puesto que los dos se trasladaron a Kioto en su segundo año de matrimonio ya que Ishida recibió una oferta de plaza fija en un hospital privado y la karateka simplemente tuvo que pedir un cambio de jefatura para seguirlo.

—Dijo que en el domingo estaba de regreso, pero quien sabe. Aunque ya le dije que tiene que estarse quieta y seguir las instrucciones del Dr. Matsumi—exhaló—, pero es como si le entrara por un oído y le saliera por el otro.

—Bueno, apenas está recuperándose completamente de ese disparo que recibió, es natural que sienta que puede cargar hasta una roca del tamaño de Kioto—la ojivioleta sonrió—. ¿Y Ukyo-chan?—agregó.

—Está en la escuela, pero es igual de cabezota que su madre, el otro día llegó con el labio roto porque una niña la estaba molestando por sus gafas—se quejó. Aunque Ishida Ukyo era una niña muy amable y tranquila, tendía a exaltarse como Tatsuki, era una versión femenina y en miniatura de Ishida, pero su carácter no era para nada parecido al de su padre.

—Tiene 7 años, es normal que se moleste por eso—aludió. Tatsuki e Ishida habían tenido a Ukyo cuando aun eran estudiantes, el de lentes se hizo responsable de ambas pero no se casaron hasta después de haberse graduado los dos.

—Sí, pero juro que me matara de un infarto como siga llegando con golpes—la Kuchiki rió quedamente—, bien entonces te veo luego.

—¿Ukyo-chan y tú irán a la casa a cenar hoy?—preguntó antes de que se fuese por uno de los pasillos.

—Sí, llegaremos como a las 8.

—Ya veo, ahí los esperamos.

—Ok, hasta luego Rukia—se despidieron.

—Así que cena familiar ¿Eh?—musitó Nell.

—Ah sí, es porque Karin logró pasar sus exámenes de medio semestre.

—¿Ya está por graduarse, verdad?

—Sí, luego de que fallara en su primer examen de admisión ha estado trabajando duro para poder graduarse con honores luego de que entró—dijo con un tono orgulloso. El cual la hacía ver como lo que era, una madre.

—Pero administración de empresas no es algo que vaya mucho con su personalidad—repuso la ojipardo.

—Tal vez, sin embargo mi hermano dijo que era muy buena para los negocios.

—Ellos tienen una buena relación ¿Eh?

—Supongo que sí, ella lo ayuda en su oficina fungiendo como asistente y según lo que he visto se entienden bastante, aunque claro, a veces Karin le toma mucho el pelo a mi hermano; es raro y gracioso al mismo tiempo cuando eso pasa, además de que Nii-sama la regaña—musitó.

—Comprendo.

—¡Hey! Chicas—llamó Renji materializándose por el pasillo de obstetricia.

—¿Qué pasa?

—Ya llegó.

—¿Ya llegó quien?—Rukia alzó una ceja.

—Ya llegó el nuevo doctor—anunció, la morena abrió los ojos con sorpresa y Nell gritó por lo bajo que se le había acabado el tiempo—, viene por el ascensor junto con Ashido-san.

—¿Y cómo lo sabes? ¿A caso los viste subir y corriste por las escaleras para decirnos?—gruñó la peliverde. Rukia juntó todos los papeles que tenia para darle en sus manos.

—Eh…¿No? Bueno, lo que sea, el caso es que ya viene, cuando lo vi era un tipo bastante llamativo en mi opinión. Oh mira es ese sujeto—indicó con un dedo, Nell volteó. El celular de Rukia sonó en ese momento haciéndola girarse al lado contrario.

—Diga…

—Oh por el amor de Dios, es un adonis—exclamó Nelliel comiéndose al nuevo con la mirada—. Míralo Rukia-chan—incitó, mas la morena estaba concentrada en su llamada.

—¡¿Qué hizo qué?!—vociferó furiosa, el pelirrojo y la ojipardo la miraron extrañados—, en verdad siento eso… no importa ahora mismo voy. Se lo aseguro director, Ruichi es un buen niño, no comprendo esto. Si, lo siento. Ahí estaré—colgó, apretó el aparato y se tocó el puente de la nariz con exacerbación.

—Por el amor de… me va oír. Me va a oír de esta no se salva, hijo de…le repetí mucha veces que no volviera a hacerlo—masculló entre dientes con una cara que daba miedo.

—Hmm, Rukia el nuevo…—intentó recordarle entre susurros su amiga, más la morena se encontraba escribiendo en su cabeza el sermón que la daría a Ruichi por pelearse en la escuela.

—Y aquí es el centro de enfermería, la encargada será quien te dé el recorrido completo por todas las áreas—escuchó a Ashido y sacudió la cabeza, primero tenía que zafarse un rato del trabajo para poder ir a la escuela de Ruichi, siendo Ashido podría comprender su motivo. Se giró abriendo la boca para decir algo, mas sus orbes casi se le salen de las cuencas y la garganta se le cerró al ver a nada más y nada menos que Kurosaki Ichigo parado al lado del pelicaoba.

Él no la notó por estar mirando a su interlocutor, sin embargo en un autoreflejo tiró los papeles al piso ante la estupefacta mirada de sus compañeros y se agachó para quedar oculta tras el mostrador.

Llama al diablo y el diablo vendrá, decía un dicho que pronunciaba la señora Nishiyama algunas veces cuando iba a tomar café con ella.

Por qué de entre todos los seres humanos del mundo, precisamente tenía que ser "Él" quien viniese a parar en su hospital. Aun no estaba preparada para verlo y sabia muy en el fondo de su corazón que jamás lo estaría, era sencillamente demasiado repentino. Y estaba segurísima de que era él, claro ahora era mucho más alto y su cara era ligeramente más madura, pero ese cabello y ceño fruncido eran inconfundibles. Su pecho latía tan acelerado que los oídos le pitaban y estaba ligeramente mareada.

—Hey, ¿Qué sucede?—cuchicheó la peliverde hincándose para "ayudar a la jefa".

—¿Recuerdas que te dije que mi ex-novio era alguien que nunca podrías olvidar?—gruñó entre dientes.

—Sí, ¿Por qué lo di…? ¡Por el amor de Dios, ¿Es él?!—exclamó atolondradamente al darse cuenta las palabras de Rukia, la Kuchiki le tapó la boca y la fulminó con la mirada.

—Sí, él es ese Ichigo.

—¿Qué harás?—se liberó de su mordaza.

—¿Tú qué crees? Pedirle que vaya conmigo a un café para hablar sobre el pasado y decirle: Oh, hace mucho que no nos vemos, desde de… ¡Oh si, desde que me destrozaste el corazón con tu infantilidad absurda! Por cierto tenemos un hijo de nueve años—siseó en voz baja con mucho sarcasmo. Nelliel rodó los ojos—, No sé que tengo que hacer—confesó por lo bajo.

—Por el momento ¿Por qué no actúas normal?

—Además tengo que salir— agregó ignorando su sugerencia, se llevó una mano a la cabeza con desesperación.

¡Dios que alguien se apiade de ella!

—Rukia…

—Tú me cubrirás, si eso haré, me iré de aquí y mientras voy por Ruichi pensaré en como podré enfrentarme a él ahora que trabajaremos juntos por un tiempo, Dios ¿Qué hice para merecer esto? Vale, no contestes a eso—pronunció acelerada.

—Eh, chicas…—llamó con nerviosismo el Abarai. Ashido e Ichigo miraban con las cejas alzadas la recepción de la central ante la extraña actitud de la encargada.

Rukia se mordió el labio y tomó el brazo de Nelliel con fuerza, sería mejor hacerlo ahora que podía y no cuando sus piernas comenzaran a fallarle.

Se levantó.

Mutismo.

Ichigo abrió los ojos tanto como sus parpados se lo permitieron y su corazón comenzó a latir desbocadamente al trabar la mirada con ese par de orbes violáceos que muchas noches soñó con volver a ver, su tiempo al fin había llegado, para darse la oportunidad de intentar reparar sus errores y posiblemente jamás volver a alejarse de ella; tenía unas ganas asesinas de saltar el mostrador y abrazarla entre sus brazos para ver que no era un sueño, sentir su calor. Saber que estaba por ahí le dio la fuerza para seguir adelante por 9 tortuosos años para así poder hallarla un día. Abrió la boca pero nada se dignaba a salir de ella, pasó cientos de días practicando en su soledad lo que le diría a la enana cuando por fin la encontrara, pero ahora era como si ese perfecto discurso se hubiera esfumado de su cabeza en un instante.

—Ella es Kuchiki Rukia, la encargada de la central, Kuchiki él es…

—Kurosaki Ichigo—interrumpió sin dejar de mirarlo, decir su nombre después de tanto tiempo le supo extrañamente agridulce. Por algún motivo su pulso se aceleró mas de ser posible al ver que él esbozaba una pequeñísima sonrisa, que salvo por ella no era percibida por nadie más.

Apenas sus ojos habían chocado, por una fracción de segundo, un efímero instante, volvieron a ser esos Ichigo y Rukia del pasado, esos que se molestaban constantemente, esos que eran inseparables, tan diferentes y tan parecidos a la vez; esos que se habían amado más que a nada en el mundo y que se hirieron sin reservas por un malentendido. Fue como ver al sol encontrarse de cara a la luna en pleno eclipse sorpresa. Como si la luz se plantara frente a la oscuridad y ambas se perdieran en la otra. Como si fuera la primera vez que se vieran.

Nostálgicamente insoportable, así era esa conexión entre ellos en ese momento. Era como ver el pasado en una esquina, como un retrogresión de recuerdos sobre todos esos momentos que pasaron juntos y lejos el uno de otro, mientras a contrapunto se veía la silueta de un futuro incierto.

—Rukia—casi sonó a un suspiro.

—Ustedes dos se…—comenzó a decir el pelicaoba.

—Lo siento Ashido-san—giró el rostro hacia él, rompiendo de esta manera el contacto con los ojos ocre—, me tendrán que disculpar pero debo salir un rato por una emergencia, aquí están los documentos para Kurosaki-san, Nelliel se encargara de lo demás— le entregó el conjunto de engrapados al ojiavellana que aun estaba perdido en sus propios pensamientos.

Agarró un permiso de salida para el personal y ante el desconcierto general salió huyendo a paso apresurado.

—¡Espera, Rukia!—medio gritó Ichigo al darse cuenta que la enana se había ido con velocidad hacia los ascensores. Sus pies estaban por moverse por sí mismos para darle persecución de ser necesario.

—¿Qué sucedió?—instigó el pelirrojo.

—¿Conoces a Kuchiki, Kurosaki?—interrogó Ashido.

—Algo parecido—susurró desviando la mirada, Rukia había desaparecido sin que pudiera ir a seguirla, aunque eso fuera lo que más deseaba.

—Hmmm.

—¿Y porque se fue Rukia, Nelliel?

—Al parecer pasó algo con…—se quedó callada al ver que casi soltaba algo que a ella no le correspondía decir—, s-su hermano.

Por los pelos, la única que debía mencionar algo sobre Ruichi frente al Kurosaki era Rukia, aunque por la expresión de su rostro, por su cabeza pasaba la posibilidad de que la morena en vez de regresar fuera directa al aeropuerto y comprara un boleto a quien sabe donde para huir. Pero siendo Rukia, sabia de sobra que no huiría, al menos esta vez.

Ella regresaría y lo enfrentaría.

El secreto sobre Ruichi estaba un paso más enfrente para ser finalmente revelado. Después de 9 años, Ichigo y Rukia habían vuelto a rencontrarse y ambos ya no eran en ese par de adolescentes inexpertos que se habían herido, ahora eran adultos y poseían algo que los unía más allá de la distancia. Un hijo que tenía derecho a conocer a su verdadero padre. Sin embargo ¿Ichigo verdaderamente había madurado o sólo era por fuera? ¿Era lo suficientemente maduro para saber sobre Ruichi?.

Resultaba que todo era demasiado incierto y probable.

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Continuara

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Uff, al fin lo terminé, jejeje y curiosamente en este momento (en el que escribo esto) suena la canción de Volverte a ver de Chenoa en mi celular e.e cósmico.

Bueno gracias a las personitas que se animas a dejar review, también a los que no, pero me da más animo leer sus comentarios respecto al capítulo, así que si no es mucha molestia, regálenme un review por favor.

También les digo que pueden sugerir canciones que ustedes gusten y les recuerden a la trama. Por cierto ¿Quieren la ficha de Ruichi y Ukyo? Aunque Ukyo no haya salido jejeje, todavía 7w7

Oficialmente inicia la etapa más difícil del fic, el re-enamoramiento y los sentimientos paternos. Jesús, me voy a dar unos tiros con esto, pero juro que término este proyecto de la mejor manera posible.

*Ojisan: es como se dice tío en japonés.

Bien eso es todo.

Comenten por favor.

Akari se despide.

Yanne!